La izquierda, ante el reto de recuperar la bandera de España que ondea en su contra
La protesta contra el Gobierno se ha envuelto en la bandera constitucional. Los partidos progresistas tienen ante sí el desafío de recuperar un símbolo que se ondea en su contra y cuyas connotaciones históricas siempre suponen un escollo
"En los balcones, en las muñecas y hasta en las mascarillas". De solapa o largas como para cubrir una calle entera. Asidas a un asta u ondeando sobre la espalda. Banderas de todas las formas posibles han vestido las 'protestas contra el Gobierno surgidas en el barrio madrileño de Salamanca y extendidas al resto del país bajo el aliento de la derecha".
También de todos los colores, pues algunos ciudadanos respondieron a la 'marea de rojigualdas' sacando la 'tricolor republicana'. Y entre tanto cruce de banderas, surge un enredo para la izquierda española: "cómo convivir con un símbolo que se ondea en su contra".
"Las banderas quedaron asociadas a regímenes políticos muy concretos y los símbolos siempre se impusieron desde arriba, nunca hubo un consenso, político, social y cultural, sobre los mismos", sostiene el historiador Juan Carlos Sánchez Illán.
Juan Carlos Sánchez Illán
Un contexto histórico que propicia, a día de hoy, la "apropiación indebida de determinados símbolos, particularmente de la bandera, el elemento movilizador por antonomasia".
"Una apropiación por parte del sector conservador y ultraderechista que se ha acrecentado durante los últimos años", asegura el historiador Diego Díaz, autor de 'Disputar las banderas'
(Editorial Trea, 2019)
Tras una cierta normalización de la mano de los
éxitos deportivos de la selección de fútbol, "con el procés las
derechas se las han vuelto a apropiar de estos símbolos, las banderas
siempre están en disputa", aclara.
Una rojigualda que no siempre ha sido anudada a los balcones desde el patriotismo, sino también desde el 'patrioterismo', "una inflamación del sentimiento nacionalista" que, según Sánchez Illán, "se asocia a momentos de crisis del Estado-nación, como, por ejemplo, estamos viendo frente al desafío del secesionismo de Catalunya".
"Parece que estamos en el país de prestado, que nos dejan estar",
asegura Errejón sobre esta apropiación de la patria que deja a las fuerzas
progresistas como una suerte de 'antiespaña'"
"A menudo la derecha ha patrimonializado los símbolos del país, exhibiéndolos contra la otra mitad", afirma el líder de Más País, Íñigo Errejón.
"Sea por razones 'patrióticas' o 'patrioteras', el resultado para la izquierda es el mismo y no es otro que haberse quedado sin sitio entre el rojo y el amarillo del estandarte". Llegados a este punto, los hay proclives a recuperar el terreno perdido.
"No veo con malos ojos que se le arrebate a
la derecha la exclusividad de determinados símbolos y determinadas
banderas", comenta el líder de Compromís, Joan Baldoví. Pero,
¿cómo recuperarla? Una difícil pregunta para una izquierda que
primeramente se cuestiona si acaso alguna vez la poseyó.
La rojigualda de Carrillo y González
El exalcalde de Madrid Tierno Galván junto a Fraga y Carillo.- EFE
Excluida
de manera sistémica de la vida política, "cuando una coalición de
izquierdas llegó al poder, tras las elecciones constituyentes de 28 de
junio de 1931, tuvo que construir sus símbolos", afirma Sánchez Illán.
Es por ello que sus partidos "no tienen que convivir con la rojigualda
hasta la llegada de la transición".
"Nosotros aceptamos la bandera con
ruido de sables y una pistola encima de la mesa", asegura el ex
secretario general del Partido Comunista en Andalucía, Felipe Alcaraz
Aún aceptando a regañadientes para conseguir la legalización del
partido, Santiago Carrillo "hizo más uso de la bandera rojigualda del
que el posfranquismo le obligaba a hacer" en pos de dar al PCE una
imagen de "partido moderado y con sentido de Estado", defiende Díaz.
Al mismo tiempo, "el PSOE consiguió despojar a la rojigualda del águila imperial en 1981 y Felipe González hizo buen uso de ella"
en la campaña que le llevaría a la Moncloa.
"Gracias por levantar la
bandera de la Constitución, esa bandera que ya hemos conquistado para
todos y que ya es patrimonio de todos los españoles y no patrimonio de
grupos sectarios", afirmó la noche del 28 de octubre de 1982 mientras
saboreaba su victoria electoral en el balcón del Hotel Palace de Madrid.
"Para Errejón, tanto el PCE como el PSOE se quedaron 'entre dos aguas', aceptando estos colores heredados, pero sin disputarlos", desembocando en la situación que vivimos a día de hoy: "Sería una anomalía histórica que seamos la única izquierda del mundo que no tiene patria".
"Para Errejón, tanto el PCE como el PSOE se quedaron 'entre dos aguas', aceptando estos colores heredados, pero sin disputarlos", desembocando en la situación que vivimos a día de hoy: "Sería una anomalía histórica que seamos la única izquierda del mundo que no tiene patria".
Tras estos
primeros conatos durante la transición, "la relación de la izquierda con
la bandera se fue enfriando, quedando reducida en la actualidad a una
discreta convivencia y contados affairs que han sido recibidos con tibieza por el electorado", recuerda Díaz.
La ostentosa aparición de Sánchez en 2015
"Como ejemplo reciente, ostentosa y sonada fue la aparición 'a la americana' de Pedro Sánchez en 2015",
cuando se presentó oficialmente como nuevo candidato socialista a la
presidencia con una gigantesca bandera de fondo. "Las propuestas
recientes han sido fallidas, se han quedado en globos sonda. Esos
movimientos nunca han calado hacia abajo", sentencia Díaz.

No obstante, "para consuelo de una izquierda ateamente adicta a expiar sus pecados", el historiador reconoce que, más allá de la singularidad de tener dos banderas en pugna.
"No hay que creer que en España somos diferentes, en la mayor parte de los países la bandera es parte de la derecha"
En esa línea, aún reconociendo en Reino Unido o EEUU casos de mayor consenso
en torno a símbolos como la bandera, Sánchez Illán recuerda que
"curiosamente, la poderosa idea o mito de 'las dos Españas', tan
gráficamente expresado por Antonio Machado, llegó a nuestra cultura a
través de Francia", otro país que se suele esgrimir como ejemplo de
unidad.
Reconciliarse con la bandera
Los 'experimentos patrios fallidos' atisban un necesario paso previo: "antes de reconquistar, la izquierda ha de reconciliarse con una bandera que presenta muchos escollos"
para su idiosincrasia. "Algunos nos sentimos más cómodos y más
identificados con la bandera de nuestra comunidad autónoma", comenta
Baldoví sobre la comprometida convivencia de la rojigualda con el resto
de identidades nacionales presentes en el país.
Una dificultad
extra para construir una 'identidad nacional' desde la izquierda que,
reconoce Errejón, "tiene que ser compatible con la idea de que en España
convivimos con pueblos con diferentes identidades nacionales".
Una circunstancia que se torna especialmente controvertida para la
izquierda republicana en el marco actual, en el cual "la Casa Real
se ve continuamente salpicada por la polémica".
Alcaraz señala cómo estas circunstancias hacen que "mucha gente se
identifique más con la tricolor y apunta que para con la rojigualda la
reconciliación es muy difícil, aunque no imposible".
En su herencia de la dictadura, la
bandera perdió el águila pero no la corona, quedando inevitablemente
vinculada su aceptación a la de la monarquía
Para
otros como el filósofo José Luis Villacañas, este reencuentro es más
plausible y necesario, y está 'por encima de los símbolos', incluso para
los propios republicanos., sostiene coincidiendo en
ese punto con Errejón, quien, reconociendo una deuda pendiente con el
pasado, prefiere "una discusión en el presente sobre qué España somos y qué España queremos ser".
Patria y justicia social
Abogando ambos por una recuperación de la patria,
cada uno apuesta por una vía diferente. Villacañas sostiene que "la
inmensa mayoría de los españoles mantiene con la bandera y los símbolos una relación de cierta tibieza que es razonable mantener", asegurando que "si entramos en una guerra de símbolos, la gente que vote progresista será menos".
Aunque tampoco aboga por una lucha abierta, Errejón otorga más importancia a los símbolos, entendiendo que la izquierda necesita de "emociones compartidas, canciones, banderas, nombres, hitos, fechas", en definitiva, cuestiones tangibles, para representar el interés general de la gente. Para el líder de Más País, esta recuperación no llegará con un debate teórico ni exclusivamente desde la política, sino con una "apropiación paulatina de la idea de España" en la que también participe la población y el mundo de la cultura.
Aunque tampoco aboga por una lucha abierta, Errejón otorga más importancia a los símbolos, entendiendo que la izquierda necesita de "emociones compartidas, canciones, banderas, nombres, hitos, fechas", en definitiva, cuestiones tangibles, para representar el interés general de la gente. Para el líder de Más País, esta recuperación no llegará con un debate teórico ni exclusivamente desde la política, sino con una "apropiación paulatina de la idea de España" en la que también participe la población y el mundo de la cultura.
Salvando sus diferencias, ambos insisten en "la importancia de vincular la patria con la justicia social".
Señalan cómo "la crisis del coronavirus ha dejando patente la necesidad
de un Estado que proteja a la población", abogando por que sean conceptos
como este los que hagan a uno sentirse orgulloso de ser español.
FUENTE: publico.es
Juan Corellano
Madrid - 24/05/2020
"Banderas, banderines, banderolas, banderillas... ¡bandidos!
Historias en las que siempre triunfa 'el bueno' entre comillas".
Rafael Amor ('Pequeño manual del reprimido')
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