10/9/09
UNA HISTORIA ALTERNATIVA
En esta ciudad nuestra ocurren cosas realmente extrañas. Tiempo ha, el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife colocó un rótulo en la fachada de la casa parroquial de la Iglesia de la Concepción, en concreto en la esquina que da al Barranco de Santos y a la calle Bravo Murillo, que rezaba "Charco de la Casona", dando nombre así a la vía que discurre paralela a la margen izquierda del barranco. No sé si retirada por las autoridades municipales, escamoteada por amigos de lo ajeno o coleccionistas sin escrúpulos, la cuestión es que la mencionada placa ha desaparecido.
Está históricamente documentada la existencia de una casona, aunque no tengo muy claro si mandada a erigir o comprada y luego reformada por el Adelantado D. Alonso Fernández de Lugo, a principios del siglo XVI, a orillas de un charco cercano a la desembocadura del barranco.
Hace más de cuarenta años, mi abuelo paterno, que se había criado en aquellos lares, me relató una historia alternativa bastante curiosa. Según él, existía, aún en los albores del siglo XX, un charco permanente en el cauce del barranco, entre el antiguo Hospital Civil y la Iglesia de la Concepción, donde las mujeres de la zona acudían a lavar la ropa, y los chicos a bañarse cuando hacía buen tiempo. A dicho charco, que tenía comunicación con la mar, solían acceder con la subida de la marea, peces de distinto tamaño, que los lugareños se afanaban en atrapar.
Cierto día se coló un cazón, y un grupo de muchachos logró acorralarlo contra la orilla, pero una de las lavanderas que había observado toda la maniobra, los apartó a empellones alegando que ella lo había visto primero. Se acercó resueltamente, le echó mano y logró cogerlo por la cola, instante en que el animal, al verse atrapado, giró la cabeza hacia atrás y le asestó tal mordisco en el brazo, que no tuvo más remedio que soltarlo, con lo que, aprovechando la confusión, el cazón huyó a toda pastilla.
Los chicos se desternillaron de la risa y, a partir de ese lance, la apodaron "La Cazona" y por extensión lo de "Charco de La Cazona".
Nuestro seseo permite perfectamente la viabilidad de la historia.
Miguel Ángel G. Yanes
4/9/09
HA MUERTO “LA OFICINA”
Cuando
uno regresa de algún viaje más allá de las lindes de este piélago que
rodea las islas, para bien o para mal, siempre encuentra algún cambio.
En este verano del 2009 ha sido para mal, al menos para mi espíritu y
para las costas, cada día más frágiles de mi memoria. Advierto con
desazón, al paso por la calle de Los Bolos, que ha muerto “La Oficina”.
Ante mis atónitos ojos, las palas mecánicas, aún ávidas, devoran los
restos de lo que otrora fuera un santuario del vino y de la poesía, un
referente incuestionable de las noches laguneras. Pero… ¿quién ha
permitido tamaño desatino?
La primera vez que me adentré en aquel templo mágico, contaba apenas 13 ó 14 años (hablo de finales de los 60); fue ya de recalada, con la noche a la espalda y después una intensa jornada en San Diego del Monte celebrando, como era de rigor, la fuga estudiantil de aquel curso incipiente. Tanto me impactó su ambiente, su aroma, su estampa de otra época, que al llegar a casa se lo comenté a mi abuelo. !Qué sitio! le dije ¡una bodega increíble! sin caer en la cuenta de que él era un lagunero de pro, quiero decir honrado y honesto como corresponde a los pobres, no porque fuera una persona importante o de prestigio, y que conocía “La Oficina” desde sus albores, allá por la década de los 40.
Años más tarde, acudí alguna que otra vez acompañando a mi amigo el afamado folclorista y etnólogo Juan López Izquierdo, quien, según creo recordar, había hecho la mili en los pagos laguneros con Ramón Mario Herrera Correa, actual propietario de ”La Oficina” que la heredó de su padre Don Ramón Herrera Amaya (q.e.p.d.). Y en alguna ocasión el propio Juan llegó a contarme que Ramón mantenía abierto el negocio, si es que podía calificársele así, más por tradición o por pasar el rato con sus parroquianos, que por otra cosa, porque en realidad no lo necesitaba para vivir.
Llega un momento en que la vida se complica con su montón de sendas y hay algunas que dejas de transitar, y claro, el polvo del tiempo oculta nuestras huellas, pero con todo, los amigos distantes y los antiguos lugares de encuentro como “La Oficina”, pervivirán por siempre en nuestro corazón, aunque su demolición haya supuesto un durísimo golpe para el ocio y para la cultura.
He buscado opiniones al respecto en la prensa, y veo que si hay alguien que se manifiesta realmente enfadado con este flagrante atentado cultural, ha sido D. Antonio Cubillo Ferreira, que, como suele ser habitual en él, define con gran lujo de datos y detalles, los avatares de su historia y a los personajes que la frecuentaron. Lo dicho; como siempre, explica y culturiza.
Hoy siento el desconsuelo y la pena de no poder mostrarle a mi hija, que ya comienza a frecuentar la ciudad universitaria, ese trozo de historia que flotaba, nostálgico, entre el vapor y el humo del vino y del tabaco, en el aroma a maderas antiguas, a quesos, a embutidos. Y aunque ya hayan pensado, como parece, en contratar a algún resucitador al uso, por mucho empeño que le pongan, aunque rescriban los poemas en las nuevas paredes, coloquen las mismas barricas, la antigua barra y las vetustas alacenas, ya nunca volverá a ser lo mismo, porque los espíritus que habitaban sus muros han tenido que huir apresuradamente… y nadie sabe a donde.
"Requiescat In Pace"
Miguel Ángel G. Yanes
3/9/09
DEL GRIEGO "PIROS" (FUEGO)
Hay, como poco, un pirómano-a, en la zona de Cruz del Señor-Barrio del Perú en Santa Cruz de Tenerife.
En la última noche han ardido varios contenedores de basura (y no es la primera vez), principalmente los azules que, por contener papel, arden con mayor facilidad. Algunos pudieron ser apagados a tiempo, pero otros se convirtieron literalmente en cenizas.
El peligro manifiesto de que el fuego se propague a las viviendas, viene acrecentado por la posibilidad de que ardan los vehículos cercanos a dichos contenedores, con la posible explosión de los depósitos de combustible, lo que podría acarrear una tragedia de gran magnitud, amén de la propia destrucción de los vehículos, con lo que ello conlleva para nuestra precaria economía.
No sé si será mucho pedir que la policía (municipal o nacional -igual me da-) acreciente su vigilancia por la zona, a fin de localizar a este-a-os-as enfermos, maníacos del fuego.
Quiero puntualizar que implico a ambos sexos, habida cuenta de una peculiar anécdota que me ocurrió hace años: “Alguien quemaba los botones del ascensor en el edificio donde vivo”. Lógico era pensar que el culpable tenía que ser un fumador, pero hete aquí que no sólo se usan encendedores para prender cigarros o cigarrillos, también se utilizan para encender petardos, para quemar aviones de papel antes de lanzarlos desde el balcón, para alumbrar en los conciertos, para hacerle la puñeta al prójimo… Y éste era uno de esos casos.
Cierto día, al acceder a la cabina del ascensor, tropecé con dos jovencitas que salían de él. Unas risitas nerviosas me hicieron sospechar que algo inusual ocurría. En efecto, los pulsadores, a medio derretir, todavía estaban calientes.
Así que, en aras de la igualdad, habrá que buscar pirómano-a-os-as, que “tanto queman, queman tanto”.
Miguel Ángel G. Yanes
30/8/09
PLAZA... FUENTE... "JACUZZI"
En
un principio fue plaza, más tarde fuente y ahora… "jacuzzi" ¿Saben de
qué lugar les hablo? Supongo que sí. Pues bien, quiero referirme a esa
intersección en concreto, al cruce de las Ramblas de Santa Cruz con la
avenida de General Mola y la Rambla de Pulido, al que, a pesar de que
sólo era fuente, seguíamos llamando plaza de La Paz, más por tradición
que por lógica. Pero, dada la desaparición de la rotonda central que la
sustentaba, creo que acabará siendo La Paz a secas (aludo para ello a la
megafonía del Tranvía Metropolitano que irá calando, poco a poco, en
la la conciencia de los ciudadanos).
Como espero haber dejado claro el lugar en cuestión con tan largo preámbulo, intentaré explicar ahora el motivo de mi carta.
En la confluencia de las vías antedichas, siempre existió un círculo alrededor del cual se fueron estructurando los edificios. Ese círculo, ya fuera plaza o fuente, obligaba a los conductores a un determinado quiebro para esquivarlo, lo que, en alguna ocasión, por imprudencia o por despiste, acarreó algún accidente. Abundo en ello porque, a pesar de haber desaparecido el obstáculo central, el quiebro a efectuar sigue siendo el mismo. Ha sido entonces cuando he echado en falta la valla de protección que existía delante del Edificio Asuncionistas-2, donde antaño estuvo el Cine La Paz. Creo que sería conveniente su reposición, no vaya a ser que cualquier día (con la agravante de que no hay pretil), un vehículo incontrolado entre a saco por el salón de los juegos recreativos, o se lleve por delante a algún peatón que transite la acera o que esté esperando el cambio de semáforo.
Miguel Ángel G. Yanes
10/03/08
20/8/09
AVENIDA DE LA TRINIDAD
En
aras de la modernidad, la comodidad, la puntualidad y un largo etcétera
de ventajas que nos ha proporcionado el nuevo tranvía, y que no dejo de
reconocer, hay determinadas cosas que hemos perdido y que,
personalmente, echo de menos. Sin ir más lejos (ahora mismo imposible
hacerlo por ser final de trayecto), al apearme en el andén de la avenida
de La Trinidad, observo que la imagen estética que presenta la misma
deja mucho que desear con relación a tiempos pasados. Entre la
construcción del aparcamiento subterráneo en sus entrañas y la
instalación de las vías en superficie, ha desaparecido todo un símbolo
de esta arteria lagunera: el jardín central que, engalanado de esbeltos
pinos de oro y una corte multicolor de hortensias (léase "flor de
mundo"), ofrecía una llamativa imagen que se grabó en mis ojos en la
infancia, tal vez por el fuerte contraste con el oscuro cielo del
invierno.
Entiendo
la imposibilidad de recuperarlo; me refiero al jardín ¡claro!, el cielo
afortunadamente aún no podemos modificarlo a nuestra conveniencia o
antojo, aunque todo se andará, pero lo que no entiendo es por qué en los
nuevos parterres laterales que se han habilitado han plantado creo que…
camelias, en vez de las hermosas hortensias que fueron siempre su seña
de identidad.Miguel Ángel G. Yanes
23/02/08
10/8/09
LA SEÑAL ITINERANTE
Llevo año y medio viviendo en el Puerto de la Cruz y desde un principio
me chocó bastante la existencia, en la acera del Jardín Botánico, justo
en la confluencia de las calles Retama y Robles, de una valla con una
indicación de tráfico amarrada con unos alambres que reza: Santa Cruz-La
Laguna-La Orotava, Ctra. TF-131.
Pues bien, alguna que otra vez la han tirado al jardín que se encuentra tras ella, otras, simplemente, la han derribado en la misma acera, dejando, en ambos casos, el cruce sin la correspondiente señalización. Pero, hace unos días, alguien "más gracioso" la colocó en mitad de la calzada, como si la calle Retama estuviera cortada al tráfico, obligando a los conductores que desconocieran la broma a descender por la calle Robles hacia la parte baja de La Paz, acabando en un callejón sin salida, ya que el acceso desde esa zona a la mencionada carretera nunca se ha habilitado, por lo que no había otro remedio que retroceder hasta la carretera general para poder abandonar la ciudad.
Y yo me pregunto: ¿en año y medio, el Ayuntamiento del Puerto de la Cruz no ha tenido tiempo ni medios para colocar una simple señalización vertical que acabara con estas molestias?
Entiendo que no haya presupuesto para asfaltar la calle Robles que… ¡señores! cuando se discurre por ella, parece que uno tuviera el mal de San Vito, o para repavimentar la acera del Jardín Botánico que, con el paso de los años, se ha ido hundiendo, fracturándose las losetas y provocando un peligro latente, sobre todo para los frágiles tobillos de la gente mayor; y si llueve, aún peor, porque se forman enormes charcos que hay que ir sorteando a la pata coja, pero lo de la señal itinerante… ¡clama al cielo!
Aunque... las hay peores ¡eh!
Miguel Ángel G. Yanes
26/12/07
Pues bien, alguna que otra vez la han tirado al jardín que se encuentra tras ella, otras, simplemente, la han derribado en la misma acera, dejando, en ambos casos, el cruce sin la correspondiente señalización. Pero, hace unos días, alguien "más gracioso" la colocó en mitad de la calzada, como si la calle Retama estuviera cortada al tráfico, obligando a los conductores que desconocieran la broma a descender por la calle Robles hacia la parte baja de La Paz, acabando en un callejón sin salida, ya que el acceso desde esa zona a la mencionada carretera nunca se ha habilitado, por lo que no había otro remedio que retroceder hasta la carretera general para poder abandonar la ciudad.
Y yo me pregunto: ¿en año y medio, el Ayuntamiento del Puerto de la Cruz no ha tenido tiempo ni medios para colocar una simple señalización vertical que acabara con estas molestias?
Entiendo que no haya presupuesto para asfaltar la calle Robles que… ¡señores! cuando se discurre por ella, parece que uno tuviera el mal de San Vito, o para repavimentar la acera del Jardín Botánico que, con el paso de los años, se ha ido hundiendo, fracturándose las losetas y provocando un peligro latente, sobre todo para los frágiles tobillos de la gente mayor; y si llueve, aún peor, porque se forman enormes charcos que hay que ir sorteando a la pata coja, pero lo de la señal itinerante… ¡clama al cielo!
Aunque... las hay peores ¡eh!
Miguel Ángel G. Yanes
26/12/07
31/7/09
FINIS LABORIS
“Ahora me véis, después no me veréis...” (no sé como se dice en latín)
Tras treinta y tantos años en este convento, apenas he mejorado mi latín, quizás porque rezo poco y maldigo mucho; pero es que la actual situación laboral me empuja más a lo segundo que a lo primero, y como todos sabemos, siempre se maldice en la lengua materna. Si lo dudan, prueben a darse un martillazo en un dedo, a ver cual es el primer palabro que les brota por muchos idiomas que dominen.
Pues bien, hoy que lo que prima es el capitalismo globalizado y salvaje, donde los trabajadores pierden comba a cada paso, en aras de una cacareada rentabilidad empresarial que, al parecer, es lo único importante; hoy que todas las mejoras sociales que lograron nuestros mayores, y nosotros mismos tiempo ha, se van, ante nuestros atónitos ojos, por un desagüe insaciable; hoy que la precariedad laboral campa por sus respetos; hoy que los sindicatos mayoritarios han perdido fuerza y terreno, a cuenta de tragar ingentes ruedas de molino que han lastrado su credibilidad y su capacidad de convocatoria; hoy que, más que nunca, con el culo al aire y viviendo siempre al ras o por debajo del IPC (lo que nos impide sacar la cabeza del agua) vemos difuminarse el "estado del bienestar" al que aspirábamos, aunque unos pocos no lo necesiten para nada; hoy que mi vida laboral toca a su fin, me viene a la memoria una frase de Felipe. No... de Felipe González no; me refiero al amiguito de Mafalda cuando, al finalizar el curso escolar, grita:
Miguel Ángel G. Yanes
C/ Agustín Espinosa García, 20, 2º Izq.
38007 - Santa Cruz de Tenerife
Teléfono: 922202687
E-mail: magyanes@gmail.com
Un fuerte abrazo.
P.D.
Mi amiga Montse Ortí me hace llegar la frase que no supe traducir:
"Nunc ego, iam non videbitis me", lo cual agradezco profundamente.
Tras treinta y tantos años en este convento, apenas he mejorado mi latín, quizás porque rezo poco y maldigo mucho; pero es que la actual situación laboral me empuja más a lo segundo que a lo primero, y como todos sabemos, siempre se maldice en la lengua materna. Si lo dudan, prueben a darse un martillazo en un dedo, a ver cual es el primer palabro que les brota por muchos idiomas que dominen.
Pues bien, hoy que lo que prima es el capitalismo globalizado y salvaje, donde los trabajadores pierden comba a cada paso, en aras de una cacareada rentabilidad empresarial que, al parecer, es lo único importante; hoy que todas las mejoras sociales que lograron nuestros mayores, y nosotros mismos tiempo ha, se van, ante nuestros atónitos ojos, por un desagüe insaciable; hoy que la precariedad laboral campa por sus respetos; hoy que los sindicatos mayoritarios han perdido fuerza y terreno, a cuenta de tragar ingentes ruedas de molino que han lastrado su credibilidad y su capacidad de convocatoria; hoy que, más que nunca, con el culo al aire y viviendo siempre al ras o por debajo del IPC (lo que nos impide sacar la cabeza del agua) vemos difuminarse el "estado del bienestar" al que aspirábamos, aunque unos pocos no lo necesiten para nada; hoy que mi vida laboral toca a su fin, me viene a la memoria una frase de Felipe. No... de Felipe González no; me refiero al amiguito de Mafalda cuando, al finalizar el curso escolar, grita:
Pues... ¡usarla! ¿Qué sí no?
A partir de hoy condenaré al despertador al exilio permanente, y me acostaré, levantaré, pasearé, leeré, y todos los "re" que se os ocurran, cuando me dé la gana...
¡Ah! y no obedeceré más órdenes que las de mi mujer... mi hija... mi suegra... mi...
Por si en algún momento necesitan algo de mí, aquí les dejo mis datos:
Por si en algún momento necesitan algo de mí, aquí les dejo mis datos:
Miguel Ángel G. Yanes
C/ Agustín Espinosa García, 20, 2º Izq.
38007 - Santa Cruz de Tenerife
Teléfono: 922202687
E-mail: magyanes@gmail.com
Un fuerte abrazo.
P.D.
Mi amiga Montse Ortí me hace llegar la frase que no supe traducir:
"Nunc ego, iam non videbitis me", lo cual agradezco profundamente.
30/7/09
EL TRANVÍA NIVELA ACERAS Y ASFALTO
Las
calles situadas en pendiente en esta ciudad nuestra (creo que alguna
hay) por las que transitará el magnífico, honorífico, beatífico tranvía,
están de enhorabuena. Gracias a las obras del susodicho invento, han
desaparecido los pretiles en algunos tramos, por lo que, merced a un
justo principio de igualdad, han alcanzando el asfalto y la acera un
mismo nivel; por lo que, cuando llueva abundantemente, el agua, en lugar
de discurrir junto al pretil, formando arroyos a veces insalvables para
los zapatos, lo hará sobre la acera, ahogando irremisiblemente a
nuestros pobres pies. También comercios y viviendas particulares que
carezcan de un mínimo escalón correrán el peligro de inundarse, porque
el curso de agua buscará, como es lógico, el amparo de las fachadas en
su presuroso discurrir.
Miguel Ángel G. Yanes
04/02/07
Y
no sólo eso: el que la acera esté al mismo nivel de la carretera, sin
ningún tipo de división, es un peligro evidente, pues se corre el riesgo
de sufrir un golpe fortuito por parte de cualquier vehículo, a poco que
los conductores o los propios peatones se despisten.
04/02/07
21/7/09
EL CULTO AL CARGO
Con este nombre se conoce a una especie de movimiento religioso, aparecido entre diversas tribus de Australia y Melanesia, a raiz del lanzamiento de víveres durante la Segunda Guerra Mundial por parte de la aviación norteamericana, con lo que, los nativos, al considerarlo como algo mágico, le rendían culto, llegando a fabricar ídolos a imágen y semejanza de aquellos dioses a los que veían sobrevolar la selva, esperando pacientemente a que aquel maná se repitiera.
Aunque nos cueste creerlo, con un enfoque algo diferente, en esta empresa en la que laboro también existe un culto al cargo. No digo por parte de todos los mandos, pero si por parte de algunos, y ellos, mejor que nadie, saben a quiénes me refiero. Un ansia indescriptible que apenas si los deja vivir, royendo no sólo su salud y estado físico y mental, sino desmoronando a su alrededor, familia, compañerismo, amistad; empujándolos a una vorágine que, tal vez, los engulla para siempre a cambio de una absurda falacia de posición social y… ¿reconocimiento? Porque los hay incluso capaces de venderle el alma al diablo. ¿Y todo para qué?
Teniendo en cuenta que la mera obtención de un cargo, ya sea de índole laboral o política, suele favorecer al individuo pero no al ser (me refiero al que viaja dentro, aunque no está de moda); podemos inferir qué, aquéllos que dada su posición jerárquica se creen superiores al resto de sus subordinados (y que conste que conozco a más de uno) están en un craso error, considerando que lo único que hace superiores a las personas es la capacidad de amar a sus semejantes (bondad y lealtad viajan con ella) tal y como nos enseñó hace ya dos mil años el último avatar de la divinidad. Todo lo demás son memeces y globos de vanidad que, hinchando el ego, lo hacen ascender, irremediablemente, hacia el sol de nuestras ambiciones. Una esfera luminiscente que nos ciega, y la mayor parte del tiempo nos impide ver las líneas del camino.
Por ello y desde mi condición de "indio sin plumas", "clase de tropa" y otras estupideces que entre ellos nos llaman, denuncio la pobreza de espíritu de unos seres mediocres que sólo aspiran a dinero y poder, sin importarles los medios ni las víctimas para alcanzar su meta.
Por ello ruego una oración por sus atribuladas almas, a fin de que, algún día, puedan llegar a entender que:
"Si no tenemos Amor / venimos a ser / como metal que resuena / o címbalo que retiñe. / Y si tuviéramos / el don de profecía / y entendiéramos / todos los misterios / y toda la ciencia / y tuviéramos toda la fe, / de tal manera / que pudiéramos trasladar / hasta los montes, y no tuviéramos Amor, / nada seríamos."
Pablo de Tarso
P.D.: ¿Saben un secreto? El 55% de los jefes fracasan por falta de comunicación.
Miguel Ángel G. Yanes
20/7/09
EL OSCURO PROBLEMA DEL CAFÉ
No es la primera vez que me ocurre, pero sí es la primera vez que, públicamente, lo denuncio.
Hay restaurantes en los que, en virtud de no sé que medida empresarial, los domingos y festivos se niegan a servir café. No voy a dar el nombre, pero diré que me ocurrió en un conocido restaurante de San Andrés (“ellos” saben en cuál)
He llegado a preguntar el por qué de esta restricción no sólo a los camareros, sino al dueño del negocio en cuestión, y la respuesta ha sido unánime: “es que estos días hay mucha clientela y la gente tarda demasiado en tomarse el café”
No me creo, ni poco ni mucho, lo de que se tarde demasiado en tomar el café. De hecho, la inmensa mayoría, cuando observamos que hay otras personas pendientes de mesa, abreviamos lo necesario a fin de cederles el sitio. ¿O no es así?
No digo que no haya quienes remoloneen y prolonguen la sobremesa más de la cuenta, y que conste que están en su derecho de tardar lo que les apetezca (lo están pagando ¿o no?), a no ser que se ponga de moda, claro está, el estilo militar o carcelario y tengamos que comer todos a toque de pito.
¿Creen Vds. que es lógico tener una cafetera en perfectas condiciones de funcionamiento y negarle ese servicio a los clientes? Pues que la quiten y se ahorren unos buenos impuestos o se dejen de trapisondas y cumplan con su obligación: servir lo que la clientela les demanda.
¿Pero qué necesidad tengo de ir a otro sitio, ya sea andando, en coche o en bicicleta? si lo que me apetece es tomarlo aquí donde he comido; pagar y regresar a casa o a donde sea que luego se me antoje.
Y es que a mí, personalmente, no me apetece un trozo de tarta ni un helado después de comer; lo que me en realidad me apetece es una taza de café.
¿Estoy desbarrando o exigiendo un derecho que, como consumidor, me corresponde?
Miguel Ángel G. Yanes
12/12/06
Hay restaurantes en los que, en virtud de no sé que medida empresarial, los domingos y festivos se niegan a servir café. No voy a dar el nombre, pero diré que me ocurrió en un conocido restaurante de San Andrés (“ellos” saben en cuál)
He llegado a preguntar el por qué de esta restricción no sólo a los camareros, sino al dueño del negocio en cuestión, y la respuesta ha sido unánime: “es que estos días hay mucha clientela y la gente tarda demasiado en tomarse el café”
No me creo, ni poco ni mucho, lo de que se tarde demasiado en tomar el café. De hecho, la inmensa mayoría, cuando observamos que hay otras personas pendientes de mesa, abreviamos lo necesario a fin de cederles el sitio. ¿O no es así?
No digo que no haya quienes remoloneen y prolonguen la sobremesa más de la cuenta, y que conste que están en su derecho de tardar lo que les apetezca (lo están pagando ¿o no?), a no ser que se ponga de moda, claro está, el estilo militar o carcelario y tengamos que comer todos a toque de pito.
¿Creen Vds. que es lógico tener una cafetera en perfectas condiciones de funcionamiento y negarle ese servicio a los clientes? Pues que la quiten y se ahorren unos buenos impuestos o se dejen de trapisondas y cumplan con su obligación: servir lo que la clientela les demanda.
- Puede Vd. tomarlo en otro lugar. Me ha dicho más de uno.
¿Pero qué necesidad tengo de ir a otro sitio, ya sea andando, en coche o en bicicleta? si lo que me apetece es tomarlo aquí donde he comido; pagar y regresar a casa o a donde sea que luego se me antoje.
Y es que a mí, personalmente, no me apetece un trozo de tarta ni un helado después de comer; lo que me en realidad me apetece es una taza de café.
¿Estoy desbarrando o exigiendo un derecho que, como consumidor, me corresponde?
Miguel Ángel G. Yanes
12/12/06
16/7/09
FLATULENCIAS VACUNAS
Mi capacidad de asombro no tiene límite, pero hay cosas que, verdaderamente, me desconciertan. Y una de ellas es la noticia emitida por una cadena de televisión, donde se informaba de la tremenda contaminación por metano que provocan, en la atmósfera, las flatulencias emitidas por las vacas.
Por lo visto, lo más grave ya no es la contaminación industrial, ni el humo producido por automóviles, barcos, aviones, cohetes espaciales… Ahora lo peor para nuestra salud y la del planeta, son los pedos y los eructos de las vacas. ¡Sí! Como lo leen. Hasta tal punto esto es así, que se está llevando a cabo un estudio encaminado a modificar su dieta alimentaria, con el fin de que expulsen menos metano a la atmósfera.
Está claro que toda actividad humana exige un tributo y, por supuesto, el consumo desmedido de carne también. Según los últimos datos difundidos, el sector ganadero ya supera al del transporte en la emisión mundial de gases, convirtiéndose así en la principal fuente de degradación de los suelos y del agua. Hace más de una década, un informe de la FAO exigía medidas urgentes, un cambio drástico que hiciera sostenible el actual sistema de producción de carne, pero nadie se ha atrevido a ponerle el cascabel al gato.
El primer gobierno en dar la voz de alarma sobre este asunto, fue el de nuestras antípodas; no en vano, Nueva Zelanda supera los 50 millones de cabezas de ganado, lo que, si lo multiplicamos por los, aproximadamente, 90 kg, anuales de metano que produce una vaca, da una cifra monstruosa: 4.500 millones de kg, o lo que es lo mismo 4,5 millones de toneladas.
Pero no acaba aquí la historia; hay una segunda parte a tener en cuenta.
En plena época de la información y de la subsiguiente manipulación de la misma, nunca terminaremos de saber la verdad al completo de nada, siempre habrá algo que se oculte, se desvirtúe, o se nos escape, por lo que me va a quedar la duda de siempre:
Porque si lo razonamos a fondo, el mero hecho de cambiar la alimentación a las vacas por otra que produzca menos gases, generará cambios importantes, sobre todo en algunos bolsillos.
Miguel Ángel G. Yanes
10/7/09
MALOS MODOS POLICIALES
El
miércoles pasado, a eso de las 7:30 de la tarde, observé cómo un
policía local de Santa Cruz de Tenerife increpaba a una señora, que
trataba de disculparse por haber dejado el coche, con una persona en su
interior, subido sobre la acera en la Rambla General Franco, justo a la
altura de la clínica Hospitén Rambla (supongo que para hacer alguna
gestión en la misma).
No estoy hablando de abuso de autoridad ni de violencia física, simplemente de malos modos: de falta de tacto y de caballerosidad. No hubo empujones ni porrazos ni disparos al aire, pero sí falta de respeto hacia una ciudadana que, aparte de ser debidamente sancionada, se sintió ofendida, como me hubiera sentido yo mismo, por el trato recibido.
Que conste que conozco a bastantes miembros de este Cuerpo que son correctos y educados, pero hay alguno al que no estaría de más matricularlo en un cursillo de "buenas maneras" o regalarle aquel famoso librito de urbanidad que algunos no llegaron a conocer.
El ayuntamiento debería pulir estas aristas, que en nada benefician la imagen de uno de los cuerpos de Policía Local más completos del país.
Miguel Ángel G. Yanes
25/03/06
2/7/09
"M"
Corría el año de 1971 y cursábamos 6º curso de bachillerato en el Instituto Nacional de Enseñanza Media de Santa Cruz de Tenerife (INEM). Luego vendría el ministerio de trabajo a robarle las siglas para el Instituto Nacional de Empleo, pero esa es otra historia.
"M" era alto, grueso y bonachón. Tenía alguna pequeña deficiencia cognitiva, y por ello sus conocimientos de las distintas materias eran algo precarios, su capacidad de memorizar bastante deficiente y sus aptitudes deportivas prácticamente nulas, pero su bondad suplía con creces el resto de carencias.
Nunca coincidimos en la misma clase, pero lo conocía desde años atrás y le tenía cierto afecto.
Le encantaba acudir como espectador a todos los eventos deportivos del Centro.
Recuerdo cierto día en que se disputaba la final de balonmano. Ya había empezado el partido y las gradas estaban a rebosar, cuando comenzó a subir por ellas buscando un hueco para sentarse.
De pronto se oyó la voz sonora de Pepe Machín que, desde la última fila le grita:
- ¡"M"!... Recuerdos de Bolaños.
- ¿Y quién es Bolaños?
- ¡El que tiene unos huevos de este tamaño! Le responde, separando las manos lo máximo posible.
- Pues yo no conozco a ese señor.
Y se sienta, inocente y feliz, sin caer en la cuenta de que las carcajadas se dirigen a él
¿O tal vez es más listo de lo que parece y nos hace creer lo contrario?
Miguel Ángel G. Yanes
"M" era alto, grueso y bonachón. Tenía alguna pequeña deficiencia cognitiva, y por ello sus conocimientos de las distintas materias eran algo precarios, su capacidad de memorizar bastante deficiente y sus aptitudes deportivas prácticamente nulas, pero su bondad suplía con creces el resto de carencias.
Nunca coincidimos en la misma clase, pero lo conocía desde años atrás y le tenía cierto afecto.
Le encantaba acudir como espectador a todos los eventos deportivos del Centro.
Recuerdo cierto día en que se disputaba la final de balonmano. Ya había empezado el partido y las gradas estaban a rebosar, cuando comenzó a subir por ellas buscando un hueco para sentarse.
De pronto se oyó la voz sonora de Pepe Machín que, desde la última fila le grita:
- ¡"M"!... Recuerdos de Bolaños.
- ¿Y quién es Bolaños?
- ¡El que tiene unos huevos de este tamaño! Le responde, separando las manos lo máximo posible.
- Pues yo no conozco a ese señor.
Y se sienta, inocente y feliz, sin caer en la cuenta de que las carcajadas se dirigen a él
¿O tal vez es más listo de lo que parece y nos hace creer lo contrario?
Miguel Ángel G. Yanes
30/6/09
ESTACIÓN DE GUAGUAS
Al no haber sido capaz de localizar, en la extensa página web del
Ayuntamiento de S/C de Tenerife, un apartado en el que formalizar una
determinada queja, me dirijo a los ciudadanos en general , por ver si
alguien puede orientarme sobre este asunto.
Como usuario del servicio interurbano de Titsa, acudo con cierta asiduidad a la estación de guaguas de esta ciudad. Pues bien, en horario nocturno, una vez que ha cerrado sus puertas el edificio de la terminal, existe una deficiencia importantísima en cuanto a la luminosidad del recinto y de sus aledaños: una penumbra que da cierta grima, habida cuenta de lo aislado y poco transitado del lugar, siendo, según parece, una zona poco segura y carente de vigilancia policial.
Al menos hay seis farolas de alumbrado público que no funcionan, amén de otra (la que se halla justo en la parada de taxis) cuya intermitencia exaspera; permanece más tiempo apagada que encendida.
No sé si con anterioridad alguien habrá denunciado esta situación; pero como hace ya bastante tiempo que la observo y continúa sin corregirse, he optado por tomar esta iniciativa, no sin antes hacerme una pregunta que, a tenor de la agudeza de los lectores, voy a obviar, para dar cumplida respuesta a la misma:
"Claro. Es que ellos no viajan en guagua, ni tienen que ir a recoger a sus hijos a la estación, ni esperan un taxi en la oscuridad, ni... Si les afectara directamente, seguro que el problema se habría solucionado de inmediato".
Es por eso que ruego, a quien competa, se sirva dar las órdenes oportunas para solucionar dicha deficiencia, en aras de ofrecer a los usuarios una mejora verdaderamente necesaria, y dar, al mismo tiempo, una imagen de modernidad, y no tercermundista, como la actual. Y si no, pregunten a los turistas (extranjeros o del país) que llegan en horario nocturno a dichas instalaciones. Verán la impresión que les produce.
Miguel Ángel G. Yanes
20/01/06
Como usuario del servicio interurbano de Titsa, acudo con cierta asiduidad a la estación de guaguas de esta ciudad. Pues bien, en horario nocturno, una vez que ha cerrado sus puertas el edificio de la terminal, existe una deficiencia importantísima en cuanto a la luminosidad del recinto y de sus aledaños: una penumbra que da cierta grima, habida cuenta de lo aislado y poco transitado del lugar, siendo, según parece, una zona poco segura y carente de vigilancia policial.
Al menos hay seis farolas de alumbrado público que no funcionan, amén de otra (la que se halla justo en la parada de taxis) cuya intermitencia exaspera; permanece más tiempo apagada que encendida.
No sé si con anterioridad alguien habrá denunciado esta situación; pero como hace ya bastante tiempo que la observo y continúa sin corregirse, he optado por tomar esta iniciativa, no sin antes hacerme una pregunta que, a tenor de la agudeza de los lectores, voy a obviar, para dar cumplida respuesta a la misma:
"Claro. Es que ellos no viajan en guagua, ni tienen que ir a recoger a sus hijos a la estación, ni esperan un taxi en la oscuridad, ni... Si les afectara directamente, seguro que el problema se habría solucionado de inmediato".
Es por eso que ruego, a quien competa, se sirva dar las órdenes oportunas para solucionar dicha deficiencia, en aras de ofrecer a los usuarios una mejora verdaderamente necesaria, y dar, al mismo tiempo, una imagen de modernidad, y no tercermundista, como la actual. Y si no, pregunten a los turistas (extranjeros o del país) que llegan en horario nocturno a dichas instalaciones. Verán la impresión que les produce.
Miguel Ángel G. Yanes
20/01/06
20/6/09
PEATONES EN PRECARIO
Quiero hacer desde aquí un llamamiento, a quienes competa, sobre la
urgente necesidad de instalar semáforos en dos pasos de peatones dada su
extrema peligrosidad.
Uno de ellos situado a la salida del edificio de Traumatología del Hospital de la Candelaria, donde los peatones, muchos de ellos personas mayores o con problemas físicos, provenientes o en dirección a dicho Centro, han de atravesar cuatro carriles dependiendo solamente de la benevolencia de los conductores, y así y todo, arriesgándose a ser atropellados; como le ha ocurrido a mi suegra días atrás cuando, a pesar de que los vehículos que circulaban por los carriles de subida se detuvieron para cederle el paso, otro, que venía en sentido contrario, terminó atropellándola.
A raíz del atestado correspondiente, me entero de que esta circunstancia es bastante frecuente. De hecho se han producido dos atropellos en la misma semana.
El segundo de los pasos de peatones a los que me refiero, se encuentra ubicado a la salida del profundo badén que cruza bajo la Autopista del Norte, una vez pasado el Hospital Universitario, en la carretera Cuesta-Taco y que, a esa altura, presenta también cuatro carriles de circulación. Aquí he tenido la desagradable oportunidad de contemplar cómo otra señora mayor ha escapado de chiripa de ser atropellada, merced a los reflejos del conductor y a un frenazo de esos que sobrecogen el ánimo. De tal manera que hubo que atender a la pobre señora, víctima de un ataque de nervios. Y es que el paso de peatones, a pesar de la conveniente señalización, queda muy cercano al cambio de rasante, por lo que el tiempo de reacción de los conductores que circulan en sentido Taco es sensiblemente menor al de los que lo hacen en sentido contrario que lo tienen a la vista desde bastante lejos.
¿Más víctimas o mayor lentitud?
Elijan.
29/10/04
Uno de ellos situado a la salida del edificio de Traumatología del Hospital de la Candelaria, donde los peatones, muchos de ellos personas mayores o con problemas físicos, provenientes o en dirección a dicho Centro, han de atravesar cuatro carriles dependiendo solamente de la benevolencia de los conductores, y así y todo, arriesgándose a ser atropellados; como le ha ocurrido a mi suegra días atrás cuando, a pesar de que los vehículos que circulaban por los carriles de subida se detuvieron para cederle el paso, otro, que venía en sentido contrario, terminó atropellándola.
A raíz del atestado correspondiente, me entero de que esta circunstancia es bastante frecuente. De hecho se han producido dos atropellos en la misma semana.
El segundo de los pasos de peatones a los que me refiero, se encuentra ubicado a la salida del profundo badén que cruza bajo la Autopista del Norte, una vez pasado el Hospital Universitario, en la carretera Cuesta-Taco y que, a esa altura, presenta también cuatro carriles de circulación. Aquí he tenido la desagradable oportunidad de contemplar cómo otra señora mayor ha escapado de chiripa de ser atropellada, merced a los reflejos del conductor y a un frenazo de esos que sobrecogen el ánimo. De tal manera que hubo que atender a la pobre señora, víctima de un ataque de nervios. Y es que el paso de peatones, a pesar de la conveniente señalización, queda muy cercano al cambio de rasante, por lo que el tiempo de reacción de los conductores que circulan en sentido Taco es sensiblemente menor al de los que lo hacen en sentido contrario que lo tienen a la vista desde bastante lejos.
Entiendo
que la instalación de semáforos con pulsador ralentizaría el tráfico,
ya de por sí bastante lento, sobre todo en las horas punta, pero la
reflexión es simple:

¿Más víctimas o mayor lentitud?
Elijan.
Miguel Ángel G. Yanes
13/6/09
EN CONTRA DE LA GUERRA
¿Cómo es posible que después de miles de años de civilización sigamos repitiendo esa maldita guerra del principio? ¿Es que esta humanidad no va a aprender nunca? ¿No sabemos que todas las guerras las pierden siempre los mismos: ancianos, mujeres, niños... estén del lado que estén? ¿A qué esperan todos los soldados del mundo para negarse a matar a otro semejante? ¿Qué miedo tenemos de rebelarnos contra unos pocos que quieren prevalecer y enriquecerse a nuestra costa? ¿Por qué no dirimen sus diferencias los dirigentes en persona en el campo de batalla y se matan los unos a los otros, en vez de enviar a nuestros hijos a morir por ellos? ¿Por qué seguimos aceptando como dogmas de fe sus falacias fratricidas: patria, raza, bandera, religión, cuando sólo existe un afán desmedido de poder que se esconde tras ellas? ¿Pero a quién vamos a odiar si todos somos parte integrante de esta humanidad única en este planeta único?
Me voy a permitir la vanidad de adjuntar unos versos de un poema propio, que vienen al caso:
Es más, me atrevo también a reseñar una frase que, a menudo, oía decir a mi abuelo paterno:
"Si los más sabios, los más justos y los más honrados nos gobernaran, otro gallo nos cantaría"
Pero está claro que ni los más sabios, ni los más más justos, ni los más honrados, se avienen a ello. Por algo será. Con todo esto, quiero dejar constancia de mi rechazo frontal a cualquier guerra, pero sobre todo a la que está en ciernes, donde, si nuestra voluntad no lo remedia, vamos a formar parte de los agresores, y que yo sepa "los agresores son siempre los culpables"
Miguel Ángel G. Yanes
9/6/09
JUBILACIÓN
Cuando hablamos de jubilación nos quedamos tan sólo en la primera acepción de la palabra que, según el diccionario de nuestra lengua, dice textualmente:
"Eximir del servicio a un funcionario por razón de la edad".
Pero también existe un segundo significado que identifica jubilación como un acto de alegría y regocijo, y es con esta segunda lectura con la que debemos quedarnos en el día de hoy. Júbilo y satisfacción por la labor llevada a cabo con esmero y entrega durante gran parte de la vida. Júbilo y satisfacción por el reconocimiento de todos los compañeros, que aquí se reúnen para así testimoniarlo. Fin de una etapa vital que hoy da paso a una nueva andadura que permita, entre otras cosas, mandar el despertador al exilio permanente, y cultivar, no sólo el descanso del cuerpo, sino el bienestar del espíritu, dedicando ese tiempo precioso que ahora brilla por sí mismo, a hacer esas cosas para las que nunca se tuvo tiempo suficiente:
Leer, pasear, escribir, pintar, y sobre todo observar la Naturaleza con la paz y el sosiego necesario para poder desentrañar sus misterios que, normalmente, han ido quedando ocultos tras el velo impenetrable de la prisa y, así, ir rescatando el verdadero significado de la vida; pues no en vano es, de su contemplación relajada y serena, de donde fluyen las verdaderas claves para recorrer el resto del camino.
Aquí, bajo el tintineo alegre de los vasos, la charla distendida entre algún que otro chiste y la correspondiente carcajada, un cúmulo ingente de recuerdos tomará forma para hacernos sentir esa felicidad de haber compartido gran parte de la vida, no sólo como compañeros, sino en la mayoría de los casos como verdaderos amigos.
Es el momento de rememorar a todos aquellos, que por unos u otros motivos hoy no están con nosotros, aunque bien es cierto que, mientras vivan en nuestra memoria, han de seguir por siempre a nuestro lado.
Miguel Ángel G. Yanes
"Eximir del servicio a un funcionario por razón de la edad".
Pero también existe un segundo significado que identifica jubilación como un acto de alegría y regocijo, y es con esta segunda lectura con la que debemos quedarnos en el día de hoy. Júbilo y satisfacción por la labor llevada a cabo con esmero y entrega durante gran parte de la vida. Júbilo y satisfacción por el reconocimiento de todos los compañeros, que aquí se reúnen para así testimoniarlo. Fin de una etapa vital que hoy da paso a una nueva andadura que permita, entre otras cosas, mandar el despertador al exilio permanente, y cultivar, no sólo el descanso del cuerpo, sino el bienestar del espíritu, dedicando ese tiempo precioso que ahora brilla por sí mismo, a hacer esas cosas para las que nunca se tuvo tiempo suficiente:
Leer, pasear, escribir, pintar, y sobre todo observar la Naturaleza con la paz y el sosiego necesario para poder desentrañar sus misterios que, normalmente, han ido quedando ocultos tras el velo impenetrable de la prisa y, así, ir rescatando el verdadero significado de la vida; pues no en vano es, de su contemplación relajada y serena, de donde fluyen las verdaderas claves para recorrer el resto del camino.
Aquí, bajo el tintineo alegre de los vasos, la charla distendida entre algún que otro chiste y la correspondiente carcajada, un cúmulo ingente de recuerdos tomará forma para hacernos sentir esa felicidad de haber compartido gran parte de la vida, no sólo como compañeros, sino en la mayoría de los casos como verdaderos amigos.
Es el momento de rememorar a todos aquellos, que por unos u otros motivos hoy no están con nosotros, aunque bien es cierto que, mientras vivan en nuestra memoria, han de seguir por siempre a nuestro lado.
Miguel Ángel G. Yanes
4/6/09
EL FESTÍN DE LAS RATAS
Supongo
que el miedo, asco, repulsión, etc. que la mayoría de los humanos
sentimos hacia estos roedores, se incrementa en gran manera al
contemplarlos de cerca, sobretodo, si de una forma inesperada saltan
sobre tus pies. Por lo menos a mí, así me ocurre.
Puede que nuestro temor, amén de por el cúmulo de enfermedades que transmiten, tenga invisibles lazos también con el futuro. Quién nos puede decir si no serán ellas nuestro relevo como mamíferos preponderantes sobre la Tierra, si en nuestro desatino terminamos autoinmolándonos en aras del "progreso". No en vano su capacidad de adaptación y multiplicación es asombrosa; una estadística efectuada hace ya bastantes años calculaba, para la isla de Manhattan, una media de siete ratas por habitante. Cuestión de multiplicar por unos cuantos millones. De hecho viven a expensas nuestras y sin verdaderos enemigos que puedan mantenerlas a raya.
Este largo preámbulo viene a colación de mi deseo de denunciar públicamente el festín que las ratas se dan, noche tras noche, en la confluencia de las calles Felipe Pedrell y Juan Álvarez Delgado de esta capital. Hasta media docena de ejemplares de tamaño respetable he podido contemplar desgarrando, sin ningún tipo de pudor, las bolsas de basura que, al no caber en los contenedores, son depositadas al pie de los mismos. Aunque en alguna ocasión también las he visto a pleno día, al amparo del pretil y los coches, recorriendo las calles adyacentes en busca de comida.
A quien competa, ruego arbitre las medidas necesarias para atajar esta proliferación de roedores, ya que, si salen tantas a la superficie, no quiero pensar siquiera cuántas habitan el subsuelo.
Creo que también sería conveniente aumentar el número de contenedores, aunque vaya en detrimento de algún aparcamiento (perdonar el beso por el coscorrón), porque claro está que resultan insuficientes; evitando así que gran parte de los desperdicios sirvan para cebar a nuestros inteligentes enemigos.
Miguel Ángel G. Yanes
21/09/03
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