En
aras de la modernidad, la comodidad, la puntualidad y un largo etcétera
de ventajas que nos ha proporcionado el nuevo tranvía, y que no dejo de
reconocer, hay determinadas cosas que hemos perdido y que,
personalmente, echo de menos. Sin ir más lejos (ahora mismo imposible
hacerlo por ser final de trayecto), al apearme en el andén de la avenida
de La Trinidad, observo que la imagen estética que presenta la misma
deja mucho que desear con relación a tiempos pasados. Entre la
construcción del aparcamiento subterráneo en sus entrañas y la
instalación de las vías en superficie, ha desaparecido todo un símbolo
de esta arteria lagunera: el jardín central que, engalanado de esbeltos
pinos de oro y una corte multicolor de hortensias (léase "flor de
mundo"), ofrecía una llamativa imagen que se grabó en mis ojos en la
infancia, tal vez por el fuerte contraste con el oscuro cielo del
invierno.

Miguel Ángel G. Yanes
23/02/08
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