Aunque yo no estaba del todo a favor, pues prefería que mi hija estudiara en un colegio público, la familia me ganó la partida, y comenzó su singladura escolar en el centro que las Reverendas Madres Dominicas poseen en Vistabella-Santa Cruz de Tenerife, habida cuenta de que era subvencionado y tenía una buena calidad de enseñanza.
Pues bien, cierto día, en que debía justificar su ausencia de la jornada anterior, contrarreloj y a la carrera, le escribí una nota con lo primero que tuve a mano: un bolígrafo rojo.
Cuando ella se percató del color de la misiva, se puso cardiaca:
- ¡Papi! No puede ser. La señorita dice que está prohibido escribir en rojo.
"Reminiscencias del Régimen Franquista" -pensé- Pero ya no tenía tiempo para ponerme a buscar otro bolígrafo; la hora se nos había echado encima, y la guagua de transporte escolar estaba al llegar, así que, en un arranque intempestivo, le espeté:
- Pues dile de mi parte, que tu padre es muy de izquierdas y siempre…. siempre… escribe todo en rojo. Y allá fue la pobre con aquel recado.
Y a partir de ese momento, me prometí a mí mismo escribir siempre en rojo, no sólo a mano, sino también en este jodido cacharro.
Miguel Ángel G. Yanes
13/9/11
11/9/11
9/9/11
EDUCAR PARA SER LIBRES
Resumen de un artículo de José Luís Murillo García
El 14 de abril de 1931 se proclamó la II República en todo el Estado español, que encarnó la democracia y la modernidad, la libertad, la educación y el progreso, la igualdad y los derechos universales para todos los ciudadanos. Una escuela pública, obligatoria, laica, mixta, inspirada en el ideal de la solidaridad humana, donde la actividad era el eje de la metodología. Así era la escuela de la II República española. De todas las reformas que se emprendieron a partir de abril de 1931, la estrella fue la de la enseñanza.
El 14 de abril de 1931, la República encontró una España tan analfabeta, desnutrida y llena de piojos como ansiosa por aprender. Y los más ilustres escritores, poetas, pedagogos, se pusieron manos a la obra. De pueblo en pueblo, con la cultura ambulante. A la espera de que se aprobara la Constitución, en diciembre, el Gobierno tomó, mediante decretos urgentes, las primeras medidas: se reconoció el Estado plural y las diferencias lingüísticas (se respeta la lengua materna de los alumnos) y al frente del Consejo de Instrucción Pública que haría caminar las reformas se nombró a Unamuno.
Se proyectó la creación paulatina de 27.000 escuelas, pero mientras, los ayuntamientos adecentaron salas donde educar a los niños. Y a los mayores. Hubo incluso alguna escuelita en las salas de autopsia de los cementerios. Donde se podía. Entonces las maestras desempeñaron un papel primordial: enseñaban en sus casas con la subvención del ayuntamiento.
La República se propuso llenar las escuelas con los mejores maestros. Pero los docentes de la época tenían una formación casi tan exigua como su salario. El sueldo miserable de aquellos voluntariosos maestros subió a 3.000 pesetas al tiempo que se organizaban para ellos cursos de reciclaje didáctico. En las Semanas Pedagógicas recibían asesoramiento de los inspectores, para aumentar su formación. La carrera de Magisterio, elevada a categoría universitaria, dignificó la figura del maestro. A los aspirantes se les exigió, desde entonces, tener completo el bachillerato antes de matricularse en las Escuelas Normales, donde se enseñaba pedagogía y había un último curso práctico pagado.Se hizo del maestro la persona más culta, eran los intelectuales de los pueblos y, con toda la precariedad en que vivían, ejercieron de una forma digna.
Comenzó a tejerse un sistema educativo que puso el énfasis en el alumno, le hizo protagonista de las clases y de su formación. Los niños salían al campo para estudiar ciencias naturales, se trataron de sustituir los monótonos coros infantiles recitando lecciones de memoria por el debate participativo y pedagógico; los niños y las niñas se mezclaron en las mismas aulas, donde se educaban en igualdad, y se favoreció un tránsito sin sobresaltos desde el parvulario a la universidad. Fue una escuela en la que se educó a los niños atendiendo a su capacidad, su actitud y su vocación, no a su situación económica. La educación pública recibió financiación para ello, y eso era algo que la escuela privada miró con recelo. Todo tenía el aroma pedagógico de la Institución Libre de Enseñanza, que fue el soporte intelectual en el que se apoyó la República.
7/9/11
UN EJÉRCITO DE MALVAS Y NARANJAS (POEMA)
(A los empleados de limpieza
de Santa Cruz de Tenerife)
Un ejército de malvas y naranjas,
Uniformes de campo, huestes múltiples
De hombres mayores, jóvenes, muchachas…
En formación avanzan por las calles
Dispuestos a la lucha, decididos
A presentar batalla a la mañana,
Con sus hojas de palma
Como lanzas guerreras adosadas
Al costado metálico del carro:
Flaco rocín gris de testa nula.
La caballería, en este caso atípico,
Aparte de transporte, no sirve para nada.
El peso aquí lo lleva todo la infantería
Que con buen ritmo marcha y se divide
En pequeñas facciones o unidades,
Siguiendo una previa estrategia,
Preparando el ataque a los residuos.
Luego alzarán con brío las espadas,
Las espadas obreras de sus manos
Y barrerán a golpes de mandoble
Todo aquello que afee, ensucie, manche…
Los paseos y aceras, las calzadas,
Plazas, rotondas, parques y jardines.
Y cuando el campo de batalla quede
Limpio y resplandeciente, lo contrario
De lo que suele ocurrir en las contiendas
Militares al uso, recogiendo sus armas,
Retornarán de nuevo a sus cuarteles,
Satisfechos no sé… pero cansados.
Miguel Ángel G. Yanes
5/9/11
HÉROES
Athos, Porthos y Aramis eran los nombres de los mosqueteros que, por capricho de Alejandro Dumas, se saltan a la torera al cuarto personaje, D'Artagnan, que viene a ser el principal, y prescindiendo de él, dan título a la famosa novela
Me parece magnífico que pueda intervenirse a un animal y aliviarle su dolencia, e incluso conseguir que vuelva a caminar si no podía hacerlo. ¡Una maravilla! ¡"Chapeau" por el cirujano! Pero, irremediablemente, vinieron a mi imaginación miles de niños huérfanos, hambrientos, mutilados... y para acallar el clamor de mi conciencia, reparando en los floretes que adornaban la pared, eché en falta héroes de verdad que emprendieran la lucha cuanto antes.
Estaba planteándome la utópica y urgente necesidad de que se reencarnaran, en un desesperado intento de enderezar el rumbo de esta sociedad, Athos, Porthos, Aramis, D'Artagnan, Robin Hood, El Jabato, El Cosaco Verde, El Capitán Trueno... cuando, de repente, la imagen televisiva cambió y los héroes llenaron la pantalla. Pero no eran personajes solitarios, ni parejas, ni tríos, ni cuartetos. ¡No! ¡eran cientos... miles! de todas las razas, colores y culturas: maestros, médicos, monjas, enfermeros, misioneros, ciudadanos anónimos, convenientemente agrupados, ávidos de ayudar a los más necesitados, haciendo por su cuenta y riesgo lo que los gobiernos no son capaces de hacer. Ellos son los héroes.
Miguel Ángel G. Yanes
Hago esta reseña porque, a diario, acudo a tomar el café matutino y, de paso, a echarle un vistazo al mentidero nacional o prensa, a un bar cercano a casa, cuyo nombre coincide con el título de la obra en cuestión. Pues bien, esta mañana, harto de esquelas, fútbol y política, que me agriaron el gesto, doblé en dos el diario y... (salvo de la quema la columna que Andrés Chaves dedicaba al piropo y a la "técnica del cucurucho", con la que logró arrancarme una sonrisa) me dispuse a entablar conversación con alguno de los pocos parroquianos presentes o con el propio dueño. Pero a estas horas de la mañana (aún no eran las ocho) ya estaban todos pendientes del televisor y de como un cirujano-veterinario operaba a un perro de una hernia discal. Y un sentimiento encontrado torció aún más mi gesto.Me parece magnífico que pueda intervenirse a un animal y aliviarle su dolencia, e incluso conseguir que vuelva a caminar si no podía hacerlo. ¡Una maravilla! ¡"Chapeau" por el cirujano! Pero, irremediablemente, vinieron a mi imaginación miles de niños huérfanos, hambrientos, mutilados... y para acallar el clamor de mi conciencia, reparando en los floretes que adornaban la pared, eché en falta héroes de verdad que emprendieran la lucha cuanto antes.
Estaba planteándome la utópica y urgente necesidad de que se reencarnaran, en un desesperado intento de enderezar el rumbo de esta sociedad, Athos, Porthos, Aramis, D'Artagnan, Robin Hood, El Jabato, El Cosaco Verde, El Capitán Trueno... cuando, de repente, la imagen televisiva cambió y los héroes llenaron la pantalla. Pero no eran personajes solitarios, ni parejas, ni tríos, ni cuartetos. ¡No! ¡eran cientos... miles! de todas las razas, colores y culturas: maestros, médicos, monjas, enfermeros, misioneros, ciudadanos anónimos, convenientemente agrupados, ávidos de ayudar a los más necesitados, haciendo por su cuenta y riesgo lo que los gobiernos no son capaces de hacer. Ellos son los héroes.
Miguel Ángel G. Yanes
3/9/11
1/9/11
ESA JODIDA COMA
Con los nuevos medios de comunicación (chats, blogs, mensajes sms...) y su imparable velocidad hay, entre los signos de puntuación de la lengua castellana, una hermana pobre abandonada a su suerte a pesar de su importancia: la coma.
Pueben ustedes a leer de corrido un texto carente de comas y verán cómo les falta el aire. Yo he probado a hacerlo a menudo en Internet y he estado en un tris de asfixiarme, pero el no va más fue esta mañana cuando, al intentar bajar de la Red un tema musical, leí en la lista de descargas un título que me descolocó: "Mátalas en vivo" de Alejando y Vicente Fernández...
- ¡Coño!, dije para mis adentros (yo soy así de mal hablado, disculpen ustedes) es que "en muerto" ya no se puede.
¡La coma, joder!... ¡la coma!
Pues esa hermana pobre, esa jodida coma (queda claro que está bien jodida) cuya función es permitir la existencia de pequeñas pausas dentro de un enunciado, pudo cambiar el curso de la historia. Imaginen a Julio César diciendo: "Eres Bruto hijo mío", en lugar de "Eres, Bruto, hijo mío". O al Emperador Carlos V cambiando una coma de lugar en el momento de firmar una sentencia, para que dijera: “Perdón, imposible que cumpla su condena” en vez de "Perdón imposible, que cumpla su condena". O mejor aún, comprueben en la siguiente frase, cómo el cambio de ubicación de la coma modifica claramente su sentido:
"Si el hombre supiera realmente el valor que tiene, la mujer andaría a cuatro patas en su búsqueda"
"Si el hombre supiera realmente el valor que tiene la mujer, andaría a cuatro patas en su búsqueda"
Queda patente la importancia de la coma, "esa puerta giratoria del pensamiento" como la denominaría el inmortal escritor argentino Julio Cortazar; así que... ¡A CUIDARLA!
Miguel Ángel G. Yanes
Entiendo que los medios impongan nuevos cambios, pero más que deteriorar las actuales estructuras lingüísticas, lo que deberían es mejorarlas, evitando los modismos y anglicismos que van degradando nuestra lengua, y para ello es necesario partir de un uso correcto y necesario de los signos de puntuación.Pueben ustedes a leer de corrido un texto carente de comas y verán cómo les falta el aire. Yo he probado a hacerlo a menudo en Internet y he estado en un tris de asfixiarme, pero el no va más fue esta mañana cuando, al intentar bajar de la Red un tema musical, leí en la lista de descargas un título que me descolocó: "Mátalas en vivo" de Alejando y Vicente Fernández...
- ¡Coño!, dije para mis adentros (yo soy así de mal hablado, disculpen ustedes) es que "en muerto" ya no se puede.
¡La coma, joder!... ¡la coma!
Pues esa hermana pobre, esa jodida coma (queda claro que está bien jodida) cuya función es permitir la existencia de pequeñas pausas dentro de un enunciado, pudo cambiar el curso de la historia. Imaginen a Julio César diciendo: "Eres Bruto hijo mío", en lugar de "Eres, Bruto, hijo mío". O al Emperador Carlos V cambiando una coma de lugar en el momento de firmar una sentencia, para que dijera: “Perdón, imposible que cumpla su condena” en vez de "Perdón imposible, que cumpla su condena". O mejor aún, comprueben en la siguiente frase, cómo el cambio de ubicación de la coma modifica claramente su sentido:
"Si el hombre supiera realmente el valor que tiene, la mujer andaría a cuatro patas en su búsqueda"
"Si el hombre supiera realmente el valor que tiene la mujer, andaría a cuatro patas en su búsqueda"
Queda patente la importancia de la coma, "esa puerta giratoria del pensamiento" como la denominaría el inmortal escritor argentino Julio Cortazar; así que... ¡A CUIDARLA!
Miguel Ángel G. Yanes
27/8/11
13/8/11
EL BEÑESMÉN
En el orden espiritual, el Beñesmén era el día en que los guanches entonaban preces de agradecimiento a sus dioses por los favores recibidos, y solicitaban su ayuda en el futuro, sobre todo a las dos divinidades masculinas más importantes: Achamán (el cielo) y Magec (el sol), y a una divinidad femenina: Chaxiraxi (la madre tierra, hija y madre del sol) identificada posteriormente con la Virgen de Candelaria o de La Candela, cuya imagen había aparecido en la playa de Chimisay (Güimar) años antes de la llegada de los castellanos. Aunque en su mitología existía también el espíritu del mal, al que denominaban Guayota (el demonio) y que, según su tradición, habitaba en el interior de Echeyde (el infierno) o volcán Teide. El ritual de agradecimiento y petición a sus dioses concluía con la ruptura de un gánigo (cuenco) con leche y miel, y con el encendido de candelas de color verde.
Aunque no se ha demostrado fehacientemente la existencia de un asentamiento templario en Tenerife, se supo de una comunidad de europeos que habitó en las costas de Güimar con el beneplácito de los nativos, muy posiblemente con posterioridad a la disolución de la Orden del Temple en 1307; por lo que no resulta descabellado pensar, habida cuenta de los amplios conocimientos que poseían para la época y de su extensa flota naval, que supieran de la situación de las Islas y buscaran cobijo en ellas. Datos como la aparición de la imagen mariana ("la última virgen negra del Temple" según Rafael Alarcón), el uso de candelas verdes en sus rituales, así como una tradición oral que habla de procesiones nocturnas por las playas (que pudieron ser copiadas por de los guanches) bien podría indicarlo.
tal vez al lejano continente americano que, posiblemente, también conocerían.
Miguel Ángel G. Yanes
11/8/11
9/8/11
EL LAGO DE BAÑOLAS
La primera vez que visitamos el lago de Bañolas (en catalán, L'Estany de Banyoles) ubicado en la provincia de Girona, fue en el verano de 1993. El impacto que me produjo su repentina visión, tal vez por lo inesperado, quedó para siempre grabado en mi retina. Me resultó un lugar extrañamente mágico y cautivador; un cierto halo de misterio flotaba sobres sus aguas, entreverando a su vez la frondosa arboleda circundante y las curiosas casas levantadas en su orilla. Por aquel entonces yo desconocía por completo la historia de este lago.
Situado en el término municipal de Banyoles, es un lago de tipo tectónico, es decir, producido por una falla o hundimiento del terreno, que tras la formación de la cadena montañosa de Los Pirineos hace unos 250.000 años, creó la zona lacustre. Con una longitud de 2.208 metros y una anchura máxima de 774, es el mayor lago natural de Catalunya y se nutre principalmente de fuentes subterráneas. Aunque la profundidad media se estima en unos 63 metros, se desconoce la misma en determinados puntos, lo que ha dado pie a innumerables leyendas, como la de un supuesto monstruo equiparable al del lago Ness; si bien es cierto que también se han producido desapariciones inexplicables, de personas, de embarcaciones e incluso de un avión militar ruso en plena guerra civil española. Otros hablan de extrañas luces y de sonidos provenientes de las profundidades, e incluso de avistamientos ovni; no obstante, entre una multitud de teorías, tesis, suposiciones... es destacable la de un buzo espeleólogo, desaparecido en el sur de Francia y cuyos restos fueron hallados en Bañolas. Curiosamente, el submarinismo está prohibido en sus aguas.
No cabe duda de que es un lago extraño, que avisa incluso de la proximidad de un terremoto con una brusca bajada de sus aguas, lo que lleva a preguntarse sobre la existencia de profundas cavidades bajo su lecho, e incluso si no será el cráter de un antiguo volcán.
Regresamos al lago en 1999, un año después del desgraciado accidente que costó la vida a 21 ciudadanos franceses, que perecieron ahogados en sus aguas al hundirse, al parecer por exceso de ocupantes, el moderno barco que vino a sustituir a "La Oca", el antiguo de toda la vida. Por lo que, cerrado el negocio de transporte, y por ende, la casita donde se vendían toda suerte de recuerdos, tampoco pudimos contemplar a "La Ramona - Bis", una carpa enorme que mantenían en una jaula sumergida en las propias aguas del lago.
No obstante, al acercarnos a la orilla, y aunque una valla impedía el acceso a la vivienda, pudimos observar que aún existía la jaula adosada a la misma, y que había peces en su interior. Pero... "¿Y quién los alimentará?", pensé. Mi pregunta se respondió sola cuando un anciano se detuvo a nuestro lado con dos bolsas de pan. Se presentó educadamente: "mi nombre es Lero", dijo, "tengo 93 años y soy el patriarca de la familia que regentaba este negocio". Y dirigiéndose a Laura le preguntó si quería ayudarlo a echarle de comer a los peces, lo que a ella, como es lógico, le encantó. Lero abrió la cancela, y allá que fueron.
Charlamos un buen rato con él; nos contó sobre el infortunado accidente del barco, de cómo le habían clausurado el negocio y de los tiempos duros que vinieron. No obstante, gracias a que todos los miembros de la familia permanecieron unidos, lograron salir adelante explotando el restaurante que habían montado en el paseo. También nos contó que su vida se circunscribió siempre al lago, desde su época de pescador hasta la actualidad y que había sido él quien pescó la primera Ramona. Nos despedimos y continuamos nuestro paseo por la orilla hasta alcanzar la terraza de una cafetería, en una zona acotada para el baño (previo pago, claro está) donde tomar un respiro y un refresco para combatir la canícula.
Laura contaba por aquel entonces 10 años de edad, y ante nuestro asombro de padres, decidió bañarse en aquellas aguas, para nosotros extrañas e inquietantes. He de confesar que yo no las tenía todas conmigo cuando la vi zambullirse alegremente, aunque había otros críos disfrutando del baño junto a ella. Reconozco que, a pesar del excesivo calor, si hubiera tenido un bañador a mano, no me habría atrevido a sumergirme.
Miguel Ángel G. Yanes
7/8/11
CANTOR QUE AMA GUITARRAS (POEMA)
(A Rafael Amor)
Cruje tu canto
tallado en las entrañas
y brota tu voz
dispuesta siempre
al grito libertario.
Corren tus dedos
-funámbulos extraños-
sobre el acero
de cuerdas consentidas,
detrás de las furtivas
mariposas que escapan
del sagrado embeleso
de su alma.
Entre tus brazos vibra,
caricia tras caricia,
su textura sutil,
mansamente, feliz,
-guitarra enamorada-
y al calor de tu pecho
deja escapar mimosa
ese plañir
de amada satisfecha,
y en tierno abrazo
formáis un solo cuerpo
para engendrar un hijo
de amor, garganta y cuerda.
Miguel Ángel G. Yanes
5/8/11
LA CASA DE CELIA
Todo lo que me voy a atrever a contar flota entre las nieblas de mi lejana infancia, así que habrá cosas, datos, personajes, que tal vez confunda, pero con estos retales de la memoria intentaré bosquejarlo lo mejor posible.
Melania, mi abuela paterna, tenía familia en la villa mariana de Candelaria, y todos los años, en cumplimiento de una promesa que nunca conocí, acudíamos por las fiestas de agosto, a bordo de una renqueante guagua, por la peligrosa y vieja carretera del sur, a rendir pleitesía a la Virgen de Candelaria y a visitar, de paso, a los familiares.
Repito que todo resulta bastante borroso para mí, son recuerdos de cuando contaba apenas tres o cuatro años de edad, pero lo que sí aparece en ellos con nitidez es la casa de Celia, a la sazón fonda y vivienda familiar, situada en primera línea sobre el risco de Santa Ana, con su enorme balcón de madera colgando casi sobre la plaza de la basílica, atestada en esas fechas de romeros y de ventorrillos. No recuerdo a Celia que (no lo he dicho) era tía de Melania, ni a ninguna otra persona de la familia, salvo cuando todos se arremolinaban en la entrada para saludar la llegada de Agustín. Aquí voy a hacer un inciso para dejar caer una frase de su sobrina Fini Torres que lo retrata a la perfección, y que, con una diferencia de casi 30 años, parece calcada de la imagen que mi memoria guarda de él:
"Agustín era todo un personaje: elegante, vestido de blanco, pulcro, con esa pícara sonrisa en la boca."... y ese fino bigote siempre cuidado y perfilado, añadiría yo.
Melania y Agustín tenían otro hermano, Eusebio, al que no consigo recordar, salvo de alguna foto. Tampoco tengo claro si por aquella época, finales de los años 50, vivía aún o no. Pues bien, Eusebio viene a ser el abuelo materno de Fini.
Mi vida está ligada indefectiblemente a la casa de Celia. Explicaré por qué:
Esta parte de la historia me fue relatada por mis abuelos, por lo que resulta fidedigna al cien por cien. De hecho no podría recordar ningún detalle aunque quisiera porque, apenas contaba un año de edad. Era noche cerrada y la fonda se hallaba atestada de foráneos, familiares y amigos que, al empezar la exhibición pirotécnica en honor de la virgen, acudieron en tropel al balcón, donde mi abuelo Juan, conmigo en brazos, ya ocupaba la primera fila. Pero... ante el ruido atronador de los voladores, presa del pánico, rompí a llorar desgarradamente, por lo que optó por llevarme a la habitación, donde Melania se encargó de mí. Él regresó al balcón para seguir disfrutando del espectáculo, pero según se apoyó de nuevo en la barandilla, un volador le estalló en el pecho, provocándole severas quemaduras.
El llanto me salvó la vida, pero quedó una pregunta en el aire: ¿Fue casualidad?
Miguel Ángel G. Yanes


Repito que todo resulta bastante borroso para mí, son recuerdos de cuando contaba apenas tres o cuatro años de edad, pero lo que sí aparece en ellos con nitidez es la casa de Celia, a la sazón fonda y vivienda familiar, situada en primera línea sobre el risco de Santa Ana, con su enorme balcón de madera colgando casi sobre la plaza de la basílica, atestada en esas fechas de romeros y de ventorrillos. No recuerdo a Celia que (no lo he dicho) era tía de Melania, ni a ninguna otra persona de la familia, salvo cuando todos se arremolinaban en la entrada para saludar la llegada de Agustín. Aquí voy a hacer un inciso para dejar caer una frase de su sobrina Fini Torres que lo retrata a la perfección, y que, con una diferencia de casi 30 años, parece calcada de la imagen que mi memoria guarda de él:
"Agustín era todo un personaje: elegante, vestido de blanco, pulcro, con esa pícara sonrisa en la boca."... y ese fino bigote siempre cuidado y perfilado, añadiría yo.
Melania y Agustín tenían otro hermano, Eusebio, al que no consigo recordar, salvo de alguna foto. Tampoco tengo claro si por aquella época, finales de los años 50, vivía aún o no. Pues bien, Eusebio viene a ser el abuelo materno de Fini.
Mi vida está ligada indefectiblemente a la casa de Celia. Explicaré por qué:
Esta parte de la historia me fue relatada por mis abuelos, por lo que resulta fidedigna al cien por cien. De hecho no podría recordar ningún detalle aunque quisiera porque, apenas contaba un año de edad. Era noche cerrada y la fonda se hallaba atestada de foráneos, familiares y amigos que, al empezar la exhibición pirotécnica en honor de la virgen, acudieron en tropel al balcón, donde mi abuelo Juan, conmigo en brazos, ya ocupaba la primera fila. Pero... ante el ruido atronador de los voladores, presa del pánico, rompí a llorar desgarradamente, por lo que optó por llevarme a la habitación, donde Melania se encargó de mí. Él regresó al balcón para seguir disfrutando del espectáculo, pero según se apoyó de nuevo en la barandilla, un volador le estalló en el pecho, provocándole severas quemaduras.
El llanto me salvó la vida, pero quedó una pregunta en el aire: ¿Fue casualidad?
Miguel Ángel G. Yanes
4/8/11
¡AY!... SI A TOMÁS LE GUSTARAN LOS TOROS
El de Galapagar toreó como los ángeles, pero la tarde tuvo un problema: que los hastados eran simples becerrillos.
FUENTE: elpais.com
Antonio Lorca
Huelva - 04/08/2011
Reconozco que a mí me gustan los toros, pero como a las vacas, libres en las dehesas, sin nadie que los martirice; pero... también me gustan las palabras. Si aún existiera la figura del corrector de prensa, no se les colarían, más que gazapos, tan tremendos conejos.
Bueno... He vuelto a entrar a la página web, cuando son las 22:37 h. y veo, con agrado, que lo han corregido. Ahora sí que "los astados eran simples becerrillos".
1/8/11
EL CUATRIMOTOR
En aquella época de posguerra, era costumbre de los niños (me refiero a los pequeños que ya empezaban a dominar el lenguaje) saludar el paso de los aviones, abanando enérgicamente con las manos y gritando: "adiós papá, adiós mamá", sin caer en la cuenta de que ambos estaban en tierra: el papá en el tajo y la mamá lidiando con la casa. Nunca supe a que obedecía aquel diario saludo a los escasos bimotores que surcaban los cielos de la isla. Una moda infantil un tanto extraña. Cosas de adultos, imagino. ¿Sería la reminiscencia de alguna despedida, que alguien repitió y los demás copiaron? Porque implantar una moda es algo fácil. Ya decía el amigo Reyes (q.e.p.d.):
"Sólo hay que tener iniciativa y poco sentido del ridículo. Si salgo mañana con una berenjena amarrada a la cabeza; ten por seguro que, al día siguiente, al menos uno ya me habrá imitado".
El ronroneo de las vetustas aeronaves detenía el juego de los niños que, absortos en su vuelo, agitaban las manos con frenesí repitiendo la frase de marras; días tras día así, hasta que, una tarde, un estruendo atronador sobrecogió el ánimo de la chiquillería. Allí estaba, surgiendo de entre las nubes como un ser mitológico, el gran monstruo volador de nuestra infancia. Era el cuatrimotor: un dragón metálico que atravesaba los cielos rugiendo y exhalando grandes chorros de humo; saludado con gran júbilo por unos y con cierto temor reverencial por otros.
No cabe duda de que resultaba mágico, pues pura magia era que aquel pesado artefacto, merced a la aeronáutica, lograra elevarse y volar, impulsado por cuatro motores a hélice, y las entrañas llenas a saber de qué cosas, que traía desde el lejano continente. Hoy que vemos tantos monstruos aéreos de todo tipo y colorido: de pasaje, de carga, de combate... surcando el cielo sin cesar sobre nuestras cabezas, apenas elevamos los ojos para mirarlos. Y es que nos hemos acostumbrado tanto a su ingente trasiego, que apenas les prestamos atención. No obstante, estoy convencido de que si, de pronto, desde las profundidades de la memoria, pudiéramos materializar, en el aire, uno de aquellos ruidosos cuatrimotores de antaño; con la boca abierta, todos se detendrían a mirarlo.
Miguel Ángel G. Yanes
29/7/11
FULANITO
Dando tumbos por los pasillos virtuales de la Red, he tropezado esta mañana con una frase categórica atribuida a Pitaco de Mitilene, uno de los siete sabios de Grecia, que vivió entre los años 640 y 568 A.C.
Al hacer una referencia genérica, enseguida me vino a la boca la palabra fulano que, dicho sea de paso, ya no es tan de uso común como antaño; tampoco sus sinónimos ordinales, mengano y zutano. Incluso recuerdo una canción de los años setenta, cantada por Pere Pubill Calaf "Peret", en la que jugaba con estas palabras. Aquí, en Canarias, adoptamos también ciclano, al parecer importada de Cuba y con el mismo significado, en clara alusión a alguien cuyo nombre se desconoce o no quiere expresarse.
Como los canarios somos muy dados a los diminutivos, terminándolos siempre en "ito" e "ita", según el género al que correspondan: camioncito, viejita, niñito, carterita... lo hemos llevado también a la tríada anterior, que queda reducida a fulanito, menganito y zutanito. Es por ello que he trasladado la frase de Pitaco de Mitilene a nuestro lenguaje habitual, para decir prácticamente lo mismo pero empleando nuestros queridos diminutivos:
"Si queréis conocer a un gran hombre, revestidle de un gran poder.”
Al hacer una referencia genérica, enseguida me vino a la boca la palabra fulano que, dicho sea de paso, ya no es tan de uso común como antaño; tampoco sus sinónimos ordinales, mengano y zutano. Incluso recuerdo una canción de los años setenta, cantada por Pere Pubill Calaf "Peret", en la que jugaba con estas palabras. Aquí, en Canarias, adoptamos también ciclano, al parecer importada de Cuba y con el mismo significado, en clara alusión a alguien cuyo nombre se desconoce o no quiere expresarse.
Como los canarios somos muy dados a los diminutivos, terminándolos siempre en "ito" e "ita", según el género al que correspondan: camioncito, viejita, niñito, carterita... lo hemos llevado también a la tríada anterior, que queda reducida a fulanito, menganito y zutanito. Es por ello que he trasladado la frase de Pitaco de Mitilene a nuestro lenguaje habitual, para decir prácticamente lo mismo pero empleando nuestros queridos diminutivos:
“SI QUIERES SABER QUIÉN ES FULANITO, DALE UN CARGUITO”
Miguel Ángel G. Yanes
25/7/11
LA CHOLA
Hoy me apetece divagar un tanto sobre la palabra chola.
Si la buscan en el Diccionario de la Lengua de la Real Academia Española, observarán que sólo aparecen dos acepciones:
1. f. coloq. Cabeza (y por extensión, entendimiento, juicio)
2. adj. Am. Mestiza de sangre europea e indígena (masculino, cholo).
Pero para nosotros, los canarios, chola, es un tipo de calzado ligero, playero incluso; lo que en otras latitudes se conoce como chancleta. Aunque, hurgando en la Red, he visto que en Venezuela se denomina así al pedal del acelerador de los automóviles. Tiene mucha lógica, porque es ahí donde se apoya la chola, dando pie también a la frase "dar chola" para apresurar la ejecución de algo.
En las islas es bastante frecuente decir "está como una chola" para significar que alguien no está bien de la cabeza. Pero lo que me ha dado pie para escribir esta entrada, ha sido el recuerdo de una anécdota contada por mi amigo Tono, relativa a los años de la infancia. Todos los que pasamos ya de la cincuentena recordaremos (unos más y otros menos) aquellos cholazos que daban nuestras madres cuando nos portábamos mal o no obedecíamos sus directrices. La chola era un arma temible en las manos maternas, sobre todo si la cegaba la cólera y terminaba arreándote por donde te trancara.
Si la buscan en el Diccionario de la Lengua de la Real Academia Española, observarán que sólo aparecen dos acepciones:
1. f. coloq. Cabeza (y por extensión, entendimiento, juicio)
2. adj. Am. Mestiza de sangre europea e indígena (masculino, cholo).
Pero para nosotros, los canarios, chola, es un tipo de calzado ligero, playero incluso; lo que en otras latitudes se conoce como chancleta. Aunque, hurgando en la Red, he visto que en Venezuela se denomina así al pedal del acelerador de los automóviles. Tiene mucha lógica, porque es ahí donde se apoya la chola, dando pie también a la frase "dar chola" para apresurar la ejecución de algo.
En las islas es bastante frecuente decir "está como una chola" para significar que alguien no está bien de la cabeza. Pero lo que me ha dado pie para escribir esta entrada, ha sido el recuerdo de una anécdota contada por mi amigo Tono, relativa a los años de la infancia. Todos los que pasamos ya de la cincuentena recordaremos (unos más y otros menos) aquellos cholazos que daban nuestras madres cuando nos portábamos mal o no obedecíamos sus directrices. La chola era un arma temible en las manos maternas, sobre todo si la cegaba la cólera y terminaba arreándote por donde te trancara.
Pues Tono contaba que no había forma humana de escapar de la chola, porque por mucho que intentara huir, siempre recibía su ración de cholazos.
- Mi madre -decía él- en aquellos tiempos, ya tenía una chola ¡teledirigida!... y es que, aunque echaras a correr o hicieras mil quiebros en la huida, ella la lanzaba tras de ti y siempre... siempre, te acertaba.
Miguel Ángel G. Yanes
Miguel Ángel G. Yanes
21/7/11
EL DOGAL QUE NOS CIÑE
Muchos son los que piensan que mi postura crítica con respecto a los teléfonos móviles y otros cacharros ("buenas noches amigos y enemigos"*) implica un rechazo frontal a la evolución tecnológica. Quiero aclarar que esto no es así. Sólo me planteo si el enfoque que se le da a la utilidad de esos trastos, nos llevará por el camino correcto, aquél que nos conduzca a un reparto equitativo de la riqueza y a una sociedad más culta, libre y justa. Y llego a la conclusión de que no, porque a pesar de tener tantos trastos y tantos adelantos técnicos a nuestro alrededor, en lo esencial avanzamos poco o nada. Es más, son instrumentos que, aunque su uso nos beneficie en parte, a quiénes realmente favorece, generándoles pingües beneficios, es a los que nos controlan y manipulan, sin que nos demos cuenta.
Sólo unas determinadas familias de ricachones, una élite, son los únicos que, a nivel internacional, progresan, medran, viven desahogadamente, haciéndose, a su vez, con el control de todos los recursos del planeta a través de grandes holdings, bancos o empresas multinacionales, sirviéndose para ello de la tan cacareada globalización. Mientras, el resto de la humanidad, sufre diferentes formas de esclavitud: física, mental, económica, lo que provoca un claro estancamiento con respecto a los poderosos que, con todos los hilos en sus manos, optan por mantenernos a raya; no siempre a golpes o a tiros, como antaño, sino de una forma mucho más sutil: dejándonos caer unas migajas, generándonos una serie de dependencias y sobre todo, haciéndonos creer que somos libres.
Ahora que se ha destapado la caja de los truenos con el escándalo de las escuchas telefónicas en el Reino Unido, tal vez algunos entiendan mi postura. Ellos ("los que dividen y matan, los que roban, los que mienten, los que venden nuestros sueños..."**) jamás pensaron que la facilidad que tiene hoy el pueblo para acceder, a través de Internet, al conocimiento y a la información, fuera tan peligroso para sus intereses. Sí no, a buena hora nos habrían abierto esa puerta) Ahora, repito, cuando se descubre hasta dónde llega la manipulación de la ciudadanía por parte del poder, hasta dónde nos hacen bailar a su antojo, es el momento de preguntarse: ¿Queremos seguir siendo títeres, muñecos, marionetas... ejércitos de hormigas, carne de cañón... prestos a luchar y a morir defendiendo los intereses de unos pocos, convencidos de que lo estamos haciendo por nuestros derechos, por nuestras libertades, por nuestros hijos?... ¡Ja!
(*) Resumen de noticias - Silvio Rodríguez.
(**) No me llames extranjero - Rafael Amor.
Miguel Ángel G. Yanes
17/7/11
HOY ME VOY A METER CON UN PREMIO NÓBEL DE LITERATURA
¡Sí!... como lo leen. Me voy a meter con el eximio Sr. D. Camilo José Manuel Juan Ramón Francisco de Gerónimo Cela Trulock (q.e.p.d.) académico de la R.A.E., Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1987, Premio Nóbel de Literatura en 1989, Premio Cervantes en 1995, y Marqués de Iria Flavia en 1996; más conocido como Camilo José Cela, remitiéndome a una frase suya.
En cierta ocasión en que le preguntaron sobre la inspiración poética, contestó que aquello era sólo una invención de los poetas, y que la única inspiración, devenía de clavar los codos en la mesa y estrujarse los sesos.
¡Coño! – dije para mis afueras (porque de hecho se oyó bien alto y claro) este individuo tan famoso y tan galardonado, aunque logró escribir poemas, jamás sintió el repentino y profundo estremecimiento de la Poesía; de lo contrario, no se explica tal afirmación.
Reconozco que no está bien meterse con quien no puede defenderse, pero tampoco está bien hablar de lo que no se conoce.
Miguel Ángel G. Yanes
En cierta ocasión en que le preguntaron sobre la inspiración poética, contestó que aquello era sólo una invención de los poetas, y que la única inspiración, devenía de clavar los codos en la mesa y estrujarse los sesos.
¡Coño! – dije para mis afueras (porque de hecho se oyó bien alto y claro) este individuo tan famoso y tan galardonado, aunque logró escribir poemas, jamás sintió el repentino y profundo estremecimiento de la Poesía; de lo contrario, no se explica tal afirmación.
Reconozco que no está bien meterse con quien no puede defenderse, pero tampoco está bien hablar de lo que no se conoce.
Miguel Ángel G. Yanes
13/7/11
AUNQUE SEA ERRÓNEO
Hay palabras con las que me peleo de continuo. Desconozco la razón, pero a la hora de escribirlas, algunas se me resisten tremendamente. Me ocurre, por ejemplo, con la palabra lámpara; no sé si será debido a la extrema sensibilidad del teclado del ordenador, pero siempre le casco una vocal de más, y termino escribiendo lámapara, aunque... ahora que lo pienso, esto ya me sucedía con la máquina de escribir; tal vez sea algún tipo de dislexia o algo así. Me ocurre lo mismo con párpados y con algunas otras que, justo ahora, no acuden a mi memoria.

Hay una anécdota de mi época de oficinista (mal "limpriadito" tiempo) que justo viene al pelo. Mecanografiaba yo, en aquella época, las cartas de remisión de facturas a las entidades bancarias, y tras una tediosa jornada aporreando teclas sin descanso, pasé el tocho de escritos a la firma del jefe. Éste las revisó y me las devolvió ya rubricadas. Pero, justo al doblarlas para introducirlas en los correspondientes sobres, una palabra llamó mi atención: CERDITO. Había escrito, en el encabezado de la carta, Sr. Director del BANCO ESPAÑOL DE CERDITO. Lo corregí sobre la marcha, pero me quedé pensando, por cuántas manos habría podido pasar sin que nadie reparara en ello. Y es que, muchas veces, la rutina y la lógica nos vencen, y nos hacen ver, no sólo en los textos, sino en las múltiples facetas de la vida, aquello que consideramos obvio... aunque sea erróneo.
Miguel Ángel G. Yanes

Hay una anécdota de mi época de oficinista (mal "limpriadito" tiempo) que justo viene al pelo. Mecanografiaba yo, en aquella época, las cartas de remisión de facturas a las entidades bancarias, y tras una tediosa jornada aporreando teclas sin descanso, pasé el tocho de escritos a la firma del jefe. Éste las revisó y me las devolvió ya rubricadas. Pero, justo al doblarlas para introducirlas en los correspondientes sobres, una palabra llamó mi atención: CERDITO. Había escrito, en el encabezado de la carta, Sr. Director del BANCO ESPAÑOL DE CERDITO. Lo corregí sobre la marcha, pero me quedé pensando, por cuántas manos habría podido pasar sin que nadie reparara en ello. Y es que, muchas veces, la rutina y la lógica nos vencen, y nos hacen ver, no sólo en los textos, sino en las múltiples facetas de la vida, aquello que consideramos obvio... aunque sea erróneo.
Miguel Ángel G. Yanes
7/7/11
ESTA NARANJA AZUL (POEMA)
No me creo eso de que lo hayan matado por error.
"Ellos" saben muy bien cuál es la voz del pueblo e intentan silenciarla;
tarea inútil, porque es imposible erradicar su eco.
tarea inútil, porque es imposible erradicar su eco.
(A Facundo Cabral, en la memoria)
Aunque las aves de presa hayan logrado
picotearte con saña el pecho y darte
una muerte feroz, tan sólo muere
la carcasa que habitas: ese cuerpo
donde amaste y soñaste un simple instante,
un destello fugaz, apenas nada.
Pero ha bastado el brillo de tu estrella
erradicando las sombras a su paso,
liberando los sueños uno a uno,
dando a luz ese pulso que hará libre
algún día a los pueblos de la tierra.
Y esa conciencia, aturdida y febril,
despertará por fín y sentiremos,
más allá de culturas, religiones,
filosofías, leyendas, mitos, razas...
más allá de culturas, religiones,
filosofías, leyendas, mitos, razas...
que una sola humanidad palpita
sobre la frágil piel de esta naranja
delicada y azul.
Ten por seguro, amigo, ¡no lo dudes!
que aunque, físicamente, ya no habites
tu conocida forma, y estos ojos
humanos no te alcancen,
estarás siempre aquí, junto a nosotros:
Vivirás en la voz, en la esperanza,
en las profundidades del alma de los pobres,
en el hondo latido de sus pechos,
en las grietas de sus dolientes manos,
en su risa, en su lecho, en su tristeza,
en la sed de sus ardientes labios,
en su amor, en sus ansias,
y en el golpe rotundo de sus párpados.
¿Lo oyes?
Es el eco de tu voz marcando,
metrónomo celeste, el ritmo mágico
del corazón del indio que acompasa,
a su vez, el corazón de fuego
de esta naranja azul.
Miguel Ángel G. Yanes
5/7/11
EL RARITO
Hasta hace pocos años, llamaba bastante la atención ver a alguien hablando sólo en mitad de la calle, como si de pronto se hubiera loco, y hasta nos reíamos de él. Hoy es todo lo contrario, todo el mundo habla, habla, habla… con ese adminículo pegado a la oreja, ya sea en plena calle, en el parque, en la plaza, en el trabajo, en casa, en el transporte público... Ahora resulta que los raritos somos nosotros, los poquísimos que no hemos entrado por el aro, los que nos hemos negado a formar parte de esa legíón de usuarios enganchados, como si de una droga se tratase, a ese cacharrito que llaman celular o teléfono móvil.
Vuelvo a repetir, como ya he hecho otras veces, que no reniego de la utilidad que el susodicho invento pueda tener para solucionar una urgencia, una avería, un recado urgente... pero ¡coño! eso de que la gente vaya en fila por la calle, con la mano pegada a la oreja, como si se tratase de la procesión del santo telefonillo, ya pasa de castaño oscuro.
Las empresas de telefonía, que ya se han encargado de meterle a la gente el jodido aparato por los ojos, y que acabarán metiéndoselo por otros sitios...: el oído, por ejemplo, cuando logren minimizarlo lo suficiente; han generado en la población una dependencia tal (¡y encima hay que pagarla!) que provoca ya hasta síndrome de abstinencia.
No cabe duda de que este invento ha cambiado el mundo. Ahora todos, menos algún rarito, desean poseerlo. Y si es el más rápido, el de mayor cobertura, el más vistoso o el más caro, mejor que mejor. Hasta los niños nacen ya, en lugar de con un pan, con un móvil bajo el brazo. El es negocio del siglo. Que digo del siglo... ¡del milenio! Se están forrando como locos a medida que nos van generando mayores necesidades, haciéndonos creer que son algo imprescindible para vivir. Menos mal que el rarito se mantiene firme, y cuando alguien (su mujer, su hija, su suegra...) quieren regalarle alguno, ya sea por Reyes, por su santo o por su cumpleaños, se niega en redondo y dice:
- ¡La poca libertad que me queda, no me la van a joder con un cacharro de esos!
- Es que te pierdes y no podemos localizarte.
- Si alguna vez me pierdo... ¡¡¡será porque lo necesito!!!
¿Se dará cuenta el resto de la ciudadanía, en algún momento, de que ese trasto (virtudes aparte) también atenta contra nuestra intimidad, nuestra seguridad y sobre todo nuestra libertad individual?
Piensen una cosa:
"La araña siempre sabe en que lugar de la red se debate la mosca"
Miguel Ángel G. Yanes
3/7/11
1/7/11
VOLADORES
En Canarias llamamos voladores a los artefactos pirotécnicos que estallan en el aire, es decir, aquellos que, una vez encendida la mecha a ras del suelo, echan a volar, para acabar dando su espectáculo de estruendo, luz y colorido en las alturas, pero parece que tal palabra se encuentra ya en desuso; ahora queda más fino decir fuegos artificiales. Quiero puntualizar que sí, que lo son, pero también lo son las ruedas de fuego o las cascadas: fuegos de artificio que no vuelan. Por tanto, considerando la palabra volador muy específica y muy nuestra, no entiendo por qué estamos dejando de utilizarla. Da la sensación de que nos avergonzáramos de ella, cuando debería ser todo lo contrario, porque esa forma particular que tenemos de hablar el castellano, es lo que nos diferencia del resto, proporcionando una seña más de nuestra identidad como pueblo.
Miguel Ángel G. Yanes
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