9/12/14

EL LADRÓN DE PERIÓDICOS

Esta mañana, un pelín más tarde que de costumbre por avatares matutinos, bajé al bar a echar el cafelito de rigor y... ¡vacío total! 


Tras tres tristes días de puente decembrino, es posible que los parroquianos hubieran perdido un ritmo que aún debían recuperar pues, por no estar, no estaba ni el periódico. Pensé que esa misma fractura del ritmo cotidiano, habría hecho olvidarse a Tasito de su compra, y no comenté nada. 

Tomé el café, pagué, me despedí, y allá que fui con la idea de visitar a mis antiguos "compis" Blanca y Manolo, en la cafetería en la que suelen desayunar; viaje inútil, porque no apareció ninguno de los dos. Creo que en vez de "puente" hicieron "acueducto", a no ser que la salud les haya jugado una trastada.



Cuando, ya de regreso a casa, pasé de nuevo por la puerta del bar de Tasito, me preguntó:

- ¡Míguel! ¿cuándo tú estuviste aquí todavía había periódico?

- ¡No! Pensé que te habías olvidado de comprarlo.

- Pues alguien se lo llevó aprovechando que yo estaba en la cocina. Aunque sospecho quién fue: ¡uno que tiene perrito!

- Pero si no lo viste llevárselo, y tampoco hay testigos, no debes acusarlo, aunque... tal vez, puedas conseguir que se delate él solo.

-¿Cómo?

- Cuando vuelva a entrar, coméntale que esa mañana, quien menos te esperabas, te levantó el periódico, y que lo sabes porque quedó grabado en la cámara de vigilancia. Una de dos: o el caco matutino se descubre a si mismo y se disculpa o no vuelve más (si tiene vergüenza, claro).

Miguel Ángel G. Yanes


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