27/8/17
24/8/17
CAMARÓN DE LA ISLA
El silencio de Camarón y las palomas oscuras
José Monge Cruz, Camarón de la Isla - Caricatura de Grañena
«Yo no tengo palabras porque no soy hombre de palabras. Sólo sé cantar». No es que se quedara sin palabras, es que no las tenía: no figuraban entre sus posesiones. Podía pasar horas en compañía sin abrir la boca, sin que el vacío le pesara o le obligara. Sobre las tablas, entre tercio y tercio, su silencio no se asemejaba al de otros cantaores. Camarón gimiendo y Camarón callado: dos criaturas diferentes, dos especies. Apretaba la boca, seguía los dedos de Tomatito, escudriñaba en su cara, carraspeaba, dudaba.
Camarón y Tomatito
Luego se arrancaba: brazos hacia atrás, vapuleándose el pecho como si se abriera paso entre toneladas de muertos; calavera transparentada, quijada, uñas hincándose en la palma de la mano, sangre. Y otra vez: silencio. En esos momentos, parecía descubrirse a sí mismo en un lugar desconocido: público, micrófonos, escenario. Un portal a otra dimensión o un agujero de gusano lo había colocado ahí: ese no era su planeta, nadie sabe cuál era el planeta de Camarón, pero asumimos que, fuera el que fuera, había potaje gitano y cajetillas de Winston. Él no comprendía qué hacía sobre esa silla, pero estaba todo tan ensamblado, resultaba tan real... Le rutilaba el iris, y volvía a cantar.
El silencio de José Monge se encuentra también en las palomas que se esconden para morir. Bajo los matorrales o a la orilla de los setos, en sombra, la paloma hincha las plumas y lucha por respirar. Te acercas y no se aparta, le faltan fuerzas. No se reconoce a sí misma: ahora que le molesta el cuerpo toma conciencia de su gravedad, de su cárcel (vivimos pensando que nuestra carne nos pertenece, que la gobernamos). No se marcha. Nos mira: nuestra presencia la agota, la acerca al final porque la obligamos a mirar hacia nosotros, a las hojas, a la tierra; y parece todo tan real. Cuando un ave se cobija así, ya no hay escapatoria. Camarón sí la tenía. Al final de un par de falsetas, detrás de la puerta de un rasgueo, volvía a cantar.
Para los millennials que nacieran en esas tribus payas y gitanas de familias aficionadas al flamenco probablemente no haya existido un tiempo sin el de la Isla. Su voz, siempre presente, iba creciendo como espuma natural desde los altavoces de la minicadena al walkman, al discman, al mp3, al iPod. Pocas veces, para estos privilegiados, el Camarón después de muerto, el de los discos, ha guardado silencio. Ellos no necesitaban ejercer de santotomases y tocar las llagas y comprobar las huellas de sus uñas en sus palmas para alimentarse con la hostia consagrada de su cante.
Distinto era para un niño payo sin una gota de andalucismo en la sangre que, además, había aprendido que el flamenco eran alaridos de gitanos y que la palabra ‘gitano’ contenía un lexema de miedo: en casa se usaba como una burla velada y en la calle se susurraba vigilando bien alrededor porque se entendía, en sí misma, como una acusación o una ofensa. Daba la impresión de que uno creaba al gitano cuando lo nombraba, y era así: nos lo inventábamos mal. Decir que quien se cruzaba con nosotros por la acera era gitano desencadenaba un imposible: de pronto, alrededor de ese señor con bigote y una carretilla de macetas o de esa mujer con bata y moño crecía un ecosistema diferente; iban ellos cargando con su burbuja, en su mundo, aunque pisaran las mismas baldosas que nosotros. Ahí había que dejarlos y no acercarse demasiado.
Camarón rompió esa barrera absurda que, sin embargo, se asumía como una verdad científica. Fue por tangos. A José, los profanos entramos por la ventana de un tango o de una bulería. Rosa María, Una estrella chiquitita… En la época de esas dos canciones aún cantaba con rectitud galante, comprimiendo los párpados y adelantando la boca y la nariz como si no sólo midiera el compás y la afinación sino también el aroma del cante que salía. Seguiriyas, soleá, bamberas, fandangos, alegrías… No había que conocer esa cosa de los palos para disfrutar a Camarón, pero sí -me daría cuenta más tarde- para exprimirlo y comprender la acumulación de huesos que hay detrás de su garganta. “…el viaje milenario de la carne, trepando por los siglos” (que diría el poeta Ángel González), ese viaje, en el flamenco, se guarda en las estructuras y letras de los palos. Se me clavó Camarón por imaginarlo siempre sentado en el valle, debajo de un limonero. Su voz sustituyó aquel lexema temible de la palabra gitano por una devoción tópica, llena de clichés, quizá tan absurda e irreal como el prejuicio primero, pero, sin duda, más justa.
Fue el acceso a los vídeos del genio -el descubrimiento de su forma de esperar, ese estar a punto de callarse para siempre- lo que quebró definitivamente las barreras. Escuchar mucho al de San Fernando te compromete de por vida, te convierte en militante. De repente, sus manos sobre las rodillas o frotando el compás, su forma de tragar saliva seriamente, la sospecha de debilidad. Sus jaleos tímidos, su contención, las fibras de sus brazos, sus ojos semicerrados y descendentes como velas rotas, los pómulos como quillas… "No era una talla de cobre ni de madera oscura, no era un Dios; era, en todo caso, una criatura sincera" escrita por César Vallejo con faltas de ortografía y palabras que nunca saldrán en el diccionario.
César Vallejo
Escucharlo, verlo, cuando ya se había clausurado su historia, clicar uno a uno, sin orden, en los vídeos dispersos que circulaban en el mundo inmediatamente anterior a Youtube, ofrecía la ventaja de visitar a la vez todos los camarones que existieron. Así la línea cronológica de su cante desaparecía. Si oímos primero un tema de sus últimos años, en nuestro mapa íntimo adquirirá un color de obra temprana. Y al revés: si degustamos sus primeros cantes grabados, aquellos de la Venta de Vargas, en último lugar, asumiremos sin preguntarnos nada que volvió a ser niño antes de disiparse de la tierra. El resultado es un Camarón atemporal, ronco y claro a la vez, largo y agotado; con La Perla de Cádiz y La Repompa o con el encostrado del tabaco y la droga vibrándole sincronizadamente en la garganta.
Hay un solo vídeo en que asistimos a este Camarón circular. Llego a él gracias a la mención de Francisco Peregil en El dolor de un príncipe. Se trata de un concierto en Montreux de 1991.
Interpreta Soy gitano junto a Charo Manzano y El Pelé. El cantaor disfruta, se despista y se hace gracia, se ha tomado en serio el sabor de la yerbabuena, y mira a Tomatito, que goza. Se descontrola la cosa, el genio no sabe dónde entrar y dice eso de partirse la camisa con una ronquera que iba engordando demasiado y enfilando ya el camino de la muerte. Al final, Charo lo observa como si mirara a un niño prodigio y lo anima: “Amo allá”. Él le hace una indicación con la cabeza: se levantan de la silla, corriendo, saltito a saltito, se arrancan a bailar. Ahí se ven las dos palomas oscuras que era Camarón, “una el sol y la otra la luna”, pero las dos él, en Torres Bermejas y en Montreux, dos palomas escondidas, hinchadas, pero que siempre volvían a cantar.
FUENTE: ctxt.
Esteban Ordóñez
09/08/2017
Nunca tuve la oportunidad de escucharlo en directo, pero la primera vez que lo oí cantar me convertí en un incondicional suyo para siempre. Iba conduciendo mi viejo Honda Civic, a altas horas de la madrugada, por la carretera que asciende desde Tabaiba a La Esperanza (Tenerife) cuando sonó, a través de la radio, "La leyenda del tiempo".
Un profundo estremecimiento recorrió mi cuerpo, hasta el punto de detener el coche a un lado del camino, para poner todos los sentidos en la rotundidad mágica de su voz.
¡Magnífico... ¡soberbio!... ¡impresionante!...
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21/8/17
MISA CON ESTRAMBOTE
Doy por hecho que todo el mundo sabe lo que es una misa, pero quizá muchos no sepan lo que es un estrambote; pues ni más ni menos que un verso o conjunto de ellos que, por lo general de tipo humorístico, suelen añadirse al final de un poema de estructura fija como el soneto (compuesto por 14 versos endecasílabos: 2 cuartetos y 2 tercetos) lo que conlleva un alargamiento de la composición poética.
AUTOR: LOPE DE VEGA
Saco a colación esta palabra a raíz de la asistencia de este ciudadano a una misa, cosa harto infrecuente, ya que, como saben, soy creyente, pero creo en cosas que no son del ámbito religioso en concreto. Pero, a veces, para que cumplir con familiares o amigos, uno tiene que acercarse a sus ritos.
Hace unos días, el amigo Ingo nos avisó, a mi mujer y a mí, de que iba a celebrarse una misa en memoria del primer aniversario del fallecimiento de Mª Rosa, su esposa, en la parroquia de la Cruz del Señor. Y, como nobleza obliga, acudimos al acto. Saludamos a los presentes, aún en la plaza, y todos nos dirigimos a la iglesia.
Ingo
Nada más entrar, y a pesar de los mútiples ventiladores, el calor agosteño se me hizo insoportable, además, el volumen de la megafonía estaba tan alto que hería los oídos. Así que, aprovechando que me encontraba en la última fila (es lo mío) en cuanto pude, regresé a la plaza.
Cuando yo era niño, recuerdo que una misa normal, no concelebrada o de relumbrón, solía durar media hora a lo sumo, así que cuando ésta, que yo oía desde el exterior (recuerden el volumen de la megafonía) alcanzó los tres cuartos de hora, otros parroquianos fueron saliendo a hacerme compañía.
Parroquia de la Cruz del Señor
¡Una hora y quince minutos! Eso fue lo que duró la misa en aquella tarde calurosa de agosto. Ante tremendo alargamiento me salió del alma (fíjense que cosa) lo del estrambote.
Para mas inri, el sacerdote (ese día, de casulla roja) adoptando la costumbre típica de determinadas iglesias norteamericanas, fue despidiendo a los asistentes, uno por uno, en la puerta del templo, lo que contribuyó a prolongar aún más el asunto.
Casulla roja
Viendo las caritas de agotamiento de los que salían, estuve tentado de acercarme y decirle:
"Padre, la mitad de esta gente no volverá jamás.
A no ser que abrevie, se va a quedar sin feligresía".
Plaza de la Cruz del Señor
SONETO CON ESTRAMBOTE
HOMENAJE A LA "Z"
La zeta es la que da final feliz
a las letras de nuestro abecedario.
Ya todas tributaron en rosario
y bajo ella extiendo mi tapiz.
Zumbido de mosquito en la nariz,
avestruz o zorzal del estepario.
Del zenit el trasluz es emisario,
del sueño su zum-zum tiene cariz.
Zambra baila con sus variadas poses
zarabanda de zombies del vudú,
huye la zarigüeya en un fru-frú.
Es símbolo de Zeus, dios de dioses
ante quien se prosternan reyezuelos.
Zigzaguea la zeta por los cielos.
Feliz y sin recelos
escucho los aplausos de lectores
exhaustos de mis versos trovadores.
La zeta es la que da final feliz
a las letras de nuestro abecedario.
Ya todas tributaron en rosario
y bajo ella extiendo mi tapiz.
Zumbido de mosquito en la nariz,
avestruz o zorzal del estepario.
Del zenit el trasluz es emisario,
del sueño su zum-zum tiene cariz.
Zambra baila con sus variadas poses
zarabanda de zombies del vudú,
huye la zarigüeya en un fru-frú.
Es símbolo de Zeus, dios de dioses
ante quien se prosternan reyezuelos.
Zigzaguea la zeta por los cielos.
Feliz y sin recelos
escucho los aplausos de lectores
exhaustos de mis versos trovadores.
AUTOR: MARAMÍN
Estrambótico templo abandonado en la selva de Indonesia
Del sustantivo estrambote deriva estrambótico que, según el Diccionario de la Lengua de la R.A.E. significa "extravagante, irregular y sin orden".
Miguel Ángel G. Yanes
14/8/17
Se conoce como WhatsApp a un pequeño programa informático gratuito que permite el envío y la recepción de mensajes a través de equipos móviles, tanto celulares como tabletas. Dicho servicio permite el intercambio, de manera instantánea, de ficheros de texto, audio y vídeo, así como de fotografías.
El término WhatsApp tiene su origen en una expresión de uso común de la lengua inglesa: “What’s up?”, que podemos traducir como "¿Qué es lo que pasa?", “¿Cómo andas?” o "¿Qué hay de nuevo?"
“App” es el acrónimo de la palabra inglesa “application” (aplicación). La combinación de “What’s up?” y “app” derivó en WhatsApp.
Jan Koum
Con más de 800 millones de usuarios a nivel mundial, WhatsApp se ha convertido en una de las aplicaciones más populares para el intercambio de mensajes, habida cuenta de que resulta más económico que utilizar el sistema SMS (Short Message Service ) de la telefónía móvil. No obstante tiene un importante hándicap con respecto a otras aplicaciones: la imposibilidad (por el momento) de realizar videoconferencias. Aún así, su popularidad sigue en aumento.
Miguel Ángel G. Yanes
7/8/17
LOS DRAGONES DEL ALBA
(A Alejandro, Ángel y Laura)
Fue su primer amanecer; jamás
Habían sentido la descarga, el golpe,
La sacudida energética que aturde
Los sentidos y muestra, tras un velo
Irracional, la magia, lo prohibido:
La desintegración de la razón
Mostrándoles, durante unos instantes
Una grieta sin tiempo en la que flotan
Los universos múltiples que habitan.
Límpida y fría, la transparencia
De la mañana aún se hallaba en ciernes,
Fraguando su esplendor sobre la oscura
Soledad de las aguas, cuando un grito
Común les hizo alzarse de pronto al ver
Monstruos marinos que de la mar brotaban.
Con las primeras luces se agitaron
Sobre la soledad salobre los dragones
Metálicos del alba, gigantescas,
Terribles criaturas que, de pronto,
Antes de alzar el vuelo transmutaron,
Sin saber por qué y cómo, en grandes barcos:
Petroleros al uso hechos de acero,
De silencios cuerpos que quedaron
Prendidos al amparo de la rada,
Mientras ellos, sonrientes, admirados,
Aún se preguntaban qué habían visto.
Miguel Ángel G. Yanes
3/8/17
MARGULLANDO
Sentados en la terraza del bar de Tasito, la amiga Luchi y yo compartíamos el café matutino a la luz de un sol-luna, leve aún, por lo temprano de la hora y el terroso tamiz de la calima, cuando se avino a desvelarme su futuro inmediato.
- Estoy margullando en la posibilidad de volver a embarcarme, me dijo.
Aquella palabra "margullando" vino a despertar ecos lejanos de mi infancia. Resonó en mi cabeza, con su timbre metálico, la voz de Juan, mi abuelo paterno diciéndome:
- Ya sabes nadar. Ahora tienes que aprender a margullir.
Fue un tarde de verano, a mediados de los años 60, en la piscina pública de Candelaria, cuando aún se accedía a ella libremente sin necesidad del pago de una entrada. ¡Tiempos aquellos!
Habíamos llegado a la villa mariana tras un periplo insular (vuelta a la isla) que realizamos a bordo de una guagüita (microbús, para los que no sean de aquí) que poseían Domingo y Menchu, hijo y nuera respectivamente de Natalia, a la sazón vecina y comadre de mi abuelo.
No recuerdo con exactitud cuantas personas viajábamos a bordo de aquel micro, pero, aparte de sus propietarios y sus ¿dos? hijos, iban también Natalia (la matriarca familiar), Librada, África... todos miembros de la misma familia, y como invitados, Juan y Melania (mis abuelos) y yo.
Iniciamos el recorrido de buena mañana, comenzando por el norte de la isla: La Laguna, Tacoronte, El Sauzal, La Matanza, La Victoria, Santa Úrsula, Puerto de la Cruz... para, regresando por el sur, recalar en Candelaria y, después de visitar la basílica y subir al camerino de la Virgen (hoy no quiero hablarles de las joyas, pero ya lo haré) dirigirnos a la piscina mencionada para darnos un chapuzón.
Allí, agarrado a los hombros de Domingo, crucé por primera vez aquel vaso seminatural de Candelaria, pero a la vuelta, mi soporte, viendo que me defendía bien, optó por hundirse y dejarme solo. Ante mi propio asombró, chapoteando como pude, alcancé el muro más cercano por mis propios medios. Ya sabía nadar.
Fue entonces cuando mi abuelo Juan, ayudándome a salir del agua, dijo aquella palabra, totalmente nueva para mí: "margullir".
Los que ya peinamos canas y los que ya no tengan nada que peinar, supongo que sabrán su significado. De lo que ya no estoy tan seguro es de si las nuevas generaciones lo conocen. Es por ello que me permito adjuntar lo que de ella dice la Academia Canaria de la Lengua, habida cuenta de que, como canarismo que es, en el diccionario de la R.A.E. no aparece:
Margullir o margullar.
Ya en julio de 2010, y en este mismo blog, escribí una entrada titulada "margullir". Espero que sepan disculpar la redundancia.
Solo me resta agradecerle a Luchi que haya refrescado mi memoria, margullando (buceando) en la opción de volverse a embarcar.
Miguel Ángel G. Yanes
- Estoy margullando en la posibilidad de volver a embarcarme, me dijo.
Aquella palabra "margullando" vino a despertar ecos lejanos de mi infancia. Resonó en mi cabeza, con su timbre metálico, la voz de Juan, mi abuelo paterno diciéndome:
- Ya sabes nadar. Ahora tienes que aprender a margullir.
Fue un tarde de verano, a mediados de los años 60, en la piscina pública de Candelaria, cuando aún se accedía a ella libremente sin necesidad del pago de una entrada. ¡Tiempos aquellos!
Habíamos llegado a la villa mariana tras un periplo insular (vuelta a la isla) que realizamos a bordo de una guagüita (microbús, para los que no sean de aquí) que poseían Domingo y Menchu, hijo y nuera respectivamente de Natalia, a la sazón vecina y comadre de mi abuelo.
No recuerdo con exactitud cuantas personas viajábamos a bordo de aquel micro, pero, aparte de sus propietarios y sus ¿dos? hijos, iban también Natalia (la matriarca familiar), Librada, África... todos miembros de la misma familia, y como invitados, Juan y Melania (mis abuelos) y yo.
Iniciamos el recorrido de buena mañana, comenzando por el norte de la isla: La Laguna, Tacoronte, El Sauzal, La Matanza, La Victoria, Santa Úrsula, Puerto de la Cruz... para, regresando por el sur, recalar en Candelaria y, después de visitar la basílica y subir al camerino de la Virgen (hoy no quiero hablarles de las joyas, pero ya lo haré) dirigirnos a la piscina mencionada para darnos un chapuzón.
Allí, agarrado a los hombros de Domingo, crucé por primera vez aquel vaso seminatural de Candelaria, pero a la vuelta, mi soporte, viendo que me defendía bien, optó por hundirse y dejarme solo. Ante mi propio asombró, chapoteando como pude, alcancé el muro más cercano por mis propios medios. Ya sabía nadar.
Fue entonces cuando mi abuelo Juan, ayudándome a salir del agua, dijo aquella palabra, totalmente nueva para mí: "margullir".
Piscina municipal de Candelaria en los años 60
Margullir o margullar.
1.
v.
Nadar debajo del agua. Se tiraron a la piscina a ver quién aguantaba más tiempo margullando.
2.
v.
Meter bajo tierra un sarmiento largo sin separarlo del
tronco, dejando fuera el extremo, para que la parte enterrada eche
raíces y forme una nueva planta, acodar.
Ya en julio de 2010, y en este mismo blog, escribí una entrada titulada "margullir". Espero que sepan disculpar la redundancia.
Piscina municipal de Candelaria (2017)
Solo me resta agradecerle a Luchi que haya refrescado mi memoria, margullando (buceando) en la opción de volverse a embarcar.
Miguel Ángel G. Yanes
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30/7/17
HACIENDA Y LA MOTA NEGRA
En la novela "La Isla del Tesoro", de Robert Louis Stevenson, aparece una curiosa referencia: "la mota negra". Se trataba de un pedazo de papel (normalmente una hoja de la Biblia) con una mancha negra en el centro, de uso común entre los piratas, que se hacía llegar a alguien como amenaza de una muerte inminente.
Pues Hacienda utiliza algo parecido para acojonar a los contribuyentes: la temida "carta negra" que, cuando llega lo oscurece todo, le nubla el seso a uno y lo hace mentar a las madres y a los difuntos de toda suerte de representantes gubernativos, adornándolo, con una sarta de tacos e improperios que, ni siquiera sabía que sabía. Bueno, lo oscurece todo menos la cuenta corriente que, como hembra vegonzosa que es (al menos la mía), enseguida se pone colorada al quedarse en pelotas frente al requerimiento del estado.
La verdad que resulta amedrentadora y de mal gusto la puñetera carta. La primera que recibí me retrotrajo a la infancia: a aquellas epístolas fúnebres de uso común por aquel entonces y que, cuando llegaban, ponían los pelos de punta a toda la familia. Algún allegado, ya fuera familiar o amigo, la había palmado.
No obstante, dichas misivas solo traían un estrecho ribete negro, adornando tanto en el sobre como el escrito; nada que ver con la puta mota negra de hacienda.
Miguel Ángel G. Yanes
Pues Hacienda utiliza algo parecido para acojonar a los contribuyentes: la temida "carta negra" que, cuando llega lo oscurece todo, le nubla el seso a uno y lo hace mentar a las madres y a los difuntos de toda suerte de representantes gubernativos, adornándolo, con una sarta de tacos e improperios que, ni siquiera sabía que sabía. Bueno, lo oscurece todo menos la cuenta corriente que, como hembra vegonzosa que es (al menos la mía), enseguida se pone colorada al quedarse en pelotas frente al requerimiento del estado.
La verdad que resulta amedrentadora y de mal gusto la puñetera carta. La primera que recibí me retrotrajo a la infancia: a aquellas epístolas fúnebres de uso común por aquel entonces y que, cuando llegaban, ponían los pelos de punta a toda la familia. Algún allegado, ya fuera familiar o amigo, la había palmado.
No obstante, dichas misivas solo traían un estrecho ribete negro, adornando tanto en el sobre como el escrito; nada que ver con la puta mota negra de hacienda.
Miguel Ángel G. Yanes
23/7/17
EL LADRÓN DE ESPAGUETIS
Hoy quiero contarles una anécdota relatada por mi amigo RH (no sé si positivo o negativo) que le aconteció durante su estancia en un centro hospitalario.
Lo ingresaron para una delicada operación quirúrgica: hacerle un "bypass" coronario de vena safena, para lo cual era condición "sine que non" que bajara de peso, sí o sí.
Lo mantuvieron durante una serie de días exclusivamente a puré de calabaza, algo que odia, pero que no tenía más remedio que tragarse porque no había otra cosa.
El día anterior a la operación, en el que la dieta ha de ser absoluta, le pudo más el hambre que la razón, así que, a la hora del almuerzo, aprovechando que su compañero de habitación había salido momentáneamente, se abalanzó sobre su bandeja y se zampó un plato de espaguetis que no le correspondía, lo que le costó una monumental reprimenda de la enfermera de turno y, por supuesto, posponer la operación.
-Miguel -me dijo- tú me conoces. Yo nunca había robado nada, pero no me puede reprimir.
Miguel Ángel G. Yanes
Lo ingresaron para una delicada operación quirúrgica: hacerle un "bypass" coronario de vena safena, para lo cual era condición "sine que non" que bajara de peso, sí o sí.
Lo mantuvieron durante una serie de días exclusivamente a puré de calabaza, algo que odia, pero que no tenía más remedio que tragarse porque no había otra cosa.
El día anterior a la operación, en el que la dieta ha de ser absoluta, le pudo más el hambre que la razón, así que, a la hora del almuerzo, aprovechando que su compañero de habitación había salido momentáneamente, se abalanzó sobre su bandeja y se zampó un plato de espaguetis que no le correspondía, lo que le costó una monumental reprimenda de la enfermera de turno y, por supuesto, posponer la operación.
Miguel Ángel G. Yanes
16/7/17
LA VIRGEN DEL CARMEN
Hoy, el santoral litúrgico conmemora la festividad de la Virgen del Carmen.
Aunque nunca fuí demasiado católico (la razón no me lo permite) y, ya de niño me fugaba de misa todos lo domingos y fiestas de guardar, con los años, al revés de lo que suele ocurrir, me he ido radicalizando; sigo siendo panteísta y ácrata como cuando era joven, pero con algunas vueltas de tuerca de más, lo que me ha convertido en un individuo asaz huraño y bastante descontento con el sistema imperante; iba a decir también " protestón" pero, recapacitando, me di cuenta de que lo he sido siempre, es algo inherente a mi carácter.
Todo este preámbulo viene a cuento de que voy a atreverme a disertar sobre la Virgen del Carmen, una de las muchas advocaciones marianas que, no solo en sentido religioso, sino cultural, saturan nuestro calendario.
Al parecer su nombre y veneración se remontan a una comunidad de eremitas que, en la antigüedad, habitaban en el monte Carmelo (palabra esta derivada del árabe karmel: jardín), ubicado en la localidad israelita de Haifa. Hoy en dia existe allí un santuario, una hospedería y un gran mirador sobre el valle de "El-Muhraqa", todo ello gestionado por los monjes carmelitas.
En España se la considera la patrona del mar y de la Armada Española, y es conocida con el sobrenombre de "Estrella de los mares" (Stella maris). De ahí que la salve marinera comience con esas palabras:
No obstante quiero hacer una puntualización al respecto de su advocación: si bien es cierto que se la considera la santa patrona de los marineros, comparte patronazgo con San Pedro, aunque aquí, en la isla de Tenerife, la tradición popular tuvo siempre a San Telmo como patrón de los navegantes, y en concreto como protector de nuestros pescadores. Hasta tal punto que, en determinadas procesiones marineras que se siguen celebrando en la actualidad, se embarcan ambas imágenes: la Virgen del Carmen y San Telmo.
De hecho, cuando se desataba algún vendaval y los hombres se hallaban en la mar (tuve familia en el barrio de Los Llanos y lo recuerdo perfectamente) las mujeres musitaban, como si fuera un mantram, una jaculatoria que, aunque rindieran pleitesía a la Virgen del Carmen como madre celestial, no iba dirigida precisamente a ella:
Miguel Ángel G. Yanes
Aunque nunca fuí demasiado católico (la razón no me lo permite) y, ya de niño me fugaba de misa todos lo domingos y fiestas de guardar, con los años, al revés de lo que suele ocurrir, me he ido radicalizando; sigo siendo panteísta y ácrata como cuando era joven, pero con algunas vueltas de tuerca de más, lo que me ha convertido en un individuo asaz huraño y bastante descontento con el sistema imperante; iba a decir también " protestón" pero, recapacitando, me di cuenta de que lo he sido siempre, es algo inherente a mi carácter.
Todo este preámbulo viene a cuento de que voy a atreverme a disertar sobre la Virgen del Carmen, una de las muchas advocaciones marianas que, no solo en sentido religioso, sino cultural, saturan nuestro calendario.
Al parecer su nombre y veneración se remontan a una comunidad de eremitas que, en la antigüedad, habitaban en el monte Carmelo (palabra esta derivada del árabe karmel: jardín), ubicado en la localidad israelita de Haifa. Hoy en dia existe allí un santuario, una hospedería y un gran mirador sobre el valle de "El-Muhraqa", todo ello gestionado por los monjes carmelitas.
En España se la considera la patrona del mar y de la Armada Española, y es conocida con el sobrenombre de "Estrella de los mares" (Stella maris). De ahí que la salve marinera comience con esas palabras:
No obstante quiero hacer una puntualización al respecto de su advocación: si bien es cierto que se la considera la santa patrona de los marineros, comparte patronazgo con San Pedro, aunque aquí, en la isla de Tenerife, la tradición popular tuvo siempre a San Telmo como patrón de los navegantes, y en concreto como protector de nuestros pescadores. Hasta tal punto que, en determinadas procesiones marineras que se siguen celebrando en la actualidad, se embarcan ambas imágenes: la Virgen del Carmen y San Telmo.
De hecho, cuando se desataba algún vendaval y los hombres se hallaban en la mar (tuve familia en el barrio de Los Llanos y lo recuerdo perfectamente) las mujeres musitaban, como si fuera un mantram, una jaculatoria que, aunque rindieran pleitesía a la Virgen del Carmen como madre celestial, no iba dirigida precisamente a ella:
"San Telmo bendito, ayúdalos"... "Protégelos, San Telmito"
Miguel Ángel G. Yanes
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10/7/17
EL LIBRO SECRETO DE JULIO CORTÁZAR
Se recupera “Prosa del observatorio”, una obra entre la filosofía, el erotismo y el experimento literario
Su dificultad radica en la aridez del estilo: “De pronto, de noche, al mismo tiempo, todo río es río abajo, de toda fuente hay que huir”. Asistimos a los razonamientos de una mente enajenada, que fluye a través de una serie de percepciones, en busca de la riqueza de expresión; su apetito de aventura nos lleva a la siguiente conquista, un lugar donde “enjambre de parámetros (…) la desceñirán hasta entregarla a ese amante que la espera en lo más alto del laberinto matemático”.
La devoción del lector, si sobrevive, sufre desdenes, hasta que el libro, casi al final, entrega su belleza en ruinas, una vida en jirones que ya no necesita. (1972; Alfaguara, 2017) del escritor, traductor e intelectual argentino Julio Cortázar (Bruselas, Bélgica, 1914-París, Francia, 1984) denuncia las formas en que nos jugamos la vida intentando remontar las corrientes irresistibles de la literatura, “como el que busca las mensuras estelares, no para saber; no para nada”.
Su relato es, ante todo, la cuenta de una obsesión: la del narrador con la forma, en diferentes contextos, tras múltiples identidades, todo ello ilustrado por las fotos originales tomadas por el autor del observatorio astronómico del sultán Jai Singh en Singapur. Una cualidad indefinible nos magnetiza desde el principio, nos manipula en su propio beneficio: “Jai Singh sabe que la sed que se sacia con el agua volverá a atormentarlo, Jai Singh sabe que solamente siendo el agua dejará de tener sed”.
La esperanza de un profundo sentimiento de realidad surge con cada reencuentro; un duro escrutinio nos une al narrador, mientras nos abandonamos a la repetición de su encantamiento. En lugar de descripciones psicológicas, representaciones biológicas de lo cambiante conducen a ese sitio donde “las anguilas laten su inmenso pulso, su planetario giro, [donde] todo espera el ingreso en una danza que ninguna Isadora danzó nunca de este lado del mundo”.
Se suceden los mandatos contra el cliché, contra la descripción genérica, junto a burlas de idees reçues, con irreverente sentido del humor. Cambios de escena, sin solución de continuidad, nos llevan a bocetos relámpago, entre animados elencos de excéntricos y revolucionarios; las alusiones literarias de ese enamoramiento surgen al ritmo de los latidos del corazón.
Prosa es el recuento de una pasión que nos impele a comprometemos con la vida con el mismo fervor que abrazamos la revolución. Prosa es, en definitiva, una de las narrativas más intricadas del autor de Rayuela (1963), en la cual se nos invita a sumergirnos en una utopía a la vez pública y privada, ética y erótica: “Basta entrar en la noche pelirroja”, nos dice Cortázar, “aspirar profundamente un aire que es puente y caricia de la vida; habrá que seguir luchando por lo inmediato, compañero, porque Hölderlin ha leído a Marx y no lo olvida”.
El poeta
de Salvo el crepúsculo (1984) logra capturar el dolor exquisito
de la obsesión y la capacidad humana para la crueldad, creando una
narrativa alucinada que rebosa compasión.
FUENTE: http://www.librujula.com/
José María Barea
Su dificultad radica en la aridez del estilo: “De pronto, de noche, al mismo tiempo, todo río es río abajo, de toda fuente hay que huir”. Asistimos a los razonamientos de una mente enajenada, que fluye a través de una serie de percepciones, en busca de la riqueza de expresión; su apetito de aventura nos lleva a la siguiente conquista, un lugar donde “enjambre de parámetros (…) la desceñirán hasta entregarla a ese amante que la espera en lo más alto del laberinto matemático”.
La devoción del lector, si sobrevive, sufre desdenes, hasta que el libro, casi al final, entrega su belleza en ruinas, una vida en jirones que ya no necesita. (1972; Alfaguara, 2017) del escritor, traductor e intelectual argentino Julio Cortázar (Bruselas, Bélgica, 1914-París, Francia, 1984) denuncia las formas en que nos jugamos la vida intentando remontar las corrientes irresistibles de la literatura, “como el que busca las mensuras estelares, no para saber; no para nada”.
Julio Cortázar
Su relato es, ante todo, la cuenta de una obsesión: la del narrador con la forma, en diferentes contextos, tras múltiples identidades, todo ello ilustrado por las fotos originales tomadas por el autor del observatorio astronómico del sultán Jai Singh en Singapur. Una cualidad indefinible nos magnetiza desde el principio, nos manipula en su propio beneficio: “Jai Singh sabe que la sed que se sacia con el agua volverá a atormentarlo, Jai Singh sabe que solamente siendo el agua dejará de tener sed”.
La esperanza de un profundo sentimiento de realidad surge con cada reencuentro; un duro escrutinio nos une al narrador, mientras nos abandonamos a la repetición de su encantamiento. En lugar de descripciones psicológicas, representaciones biológicas de lo cambiante conducen a ese sitio donde “las anguilas laten su inmenso pulso, su planetario giro, [donde] todo espera el ingreso en una danza que ninguna Isadora danzó nunca de este lado del mundo”.
Isadora Duncan
Se suceden los mandatos contra el cliché, contra la descripción genérica, junto a burlas de idees reçues, con irreverente sentido del humor. Cambios de escena, sin solución de continuidad, nos llevan a bocetos relámpago, entre animados elencos de excéntricos y revolucionarios; las alusiones literarias de ese enamoramiento surgen al ritmo de los latidos del corazón.
Prosa es el recuento de una pasión que nos impele a comprometemos con la vida con el mismo fervor que abrazamos la revolución. Prosa es, en definitiva, una de las narrativas más intricadas del autor de Rayuela (1963), en la cual se nos invita a sumergirnos en una utopía a la vez pública y privada, ética y erótica: “Basta entrar en la noche pelirroja”, nos dice Cortázar, “aspirar profundamente un aire que es puente y caricia de la vida; habrá que seguir luchando por lo inmediato, compañero, porque Hölderlin ha leído a Marx y no lo olvida”.
Karl Marx
FUENTE: http://www.librujula.com/
José María Barea
7/7/17
LA CÓLERA, ERROR DIVINO (POEMA)
Como si en las alturas
Alguien hubiera abierto
Miles de cataratas,
Llovió toda la noche
Sin cesar; todo un río
Vertical derramado
Desde la inmensidad.
La mañana siguió
Con el aquel diluvio
De fuerza indescriptible,
Hasta que pudo el sol,
Al mediodía casi,
Abrir un hueco en medio
De las oscuras nubes
Y derramar su luz S
obre la tierra henchida
De lluvia y de esperanza.
Cesado ya el despliegue
De la naturaleza,
Un anciano sonriente
De cabellera extensa
Y luenga barba cana,
Sentado en una roca,
Feliz y ensimismado,
Contemplaba su obra,
Frente a un espejo líquido
Que el cielo reflejaba,
Cuando un ruido lejano
Vino a romper la paz
De aquel perfecto instante.
Un joven, con su moto
Cromada y refulgente,
De potentes caballos
Con sonido metálico,
Cruzó a toda pastilla
Sobre el charco infinito,
Y una ola de barro
Cayó sobre el anciano:
Salpicó su cabeza,
El arrugado rostro,
La descuidada barba,
Su ropaje y los pies
Delgados y desnudos,
Como si fueran naúfragos
Aferrados al cuero
De sus sandalias viejas.
Colérico. Alzó el brazo
Y de la punta helada
De sus huesudos dedos
Brotó, fugaz, un rayo
Que alcanzó al motorista
Antes que lo engullera
La distancia. Y un trozo
De carbón aferrado
A una amalgama
De hierros retorcidos,
Fue el único vestigio
Que quedó, pendulando,
Sobre la incierta línea
Del horizonte: un caos,
Que oscureció, de pronto
La azul luminiscencia
De aquel planeta mágico.
Y cuando el viejo quiso
Volver a hacer la luz
Sobre ese mundo suyo,
Ya no le fue posible.
Las sagradas palabras
Ya no le funcionaban.
Su voz había perdido
El poder de crear.
Y la eterna penumbra
Se adueñó para siempre
De aquel sueño lumínico
Que él mismo condenó
Con su cólera infame.
Solitario, incompleto,
Preso de angustia y miedo
Lloró de rabia y pena:
La mitad de si mismo
Yacía calcinada
Entre los humeantes
Vestigios de la máquina.
Miguel Ángel G. Yanes
30/6/17
"PÁRQUINES Y ESLÁLONES"
En los últimos tiempos inunda la prensa un alud de barbarismos adaptados al castellano a machamartillo. Claro ejemplo de este afán son las dos palabras que dan título a esta entrada: "párquines" y "eslálones", que me han dejado estupefacto.
La primera se supone que quiere ser el plural de la palabra inglesa parking; lo que en castellano sería aparcamiento, término éste que casi nadie usa, pero que existir, existe.
Aunque la palabra parquin aún no figura en el diccionario de la RAE, existe una propuesta como adaptación gráfica para la voz inglesa parking (lugar destinado al aparcamiento de automóviles), en la que se especifica que su plural debe ser párquines, mientras que en su lengua original se forma añadiéndole una ese, de lo que resulta parkings.
En cuanto a la segunda palabra, que ya me ha parecido rizar el rizo de lo cutre, resulta que la RAE ha aceptado oficialmente que se escriba "eslalon", especificando que es palabra proveniente del noruego slalom (competición de esquí alpino sobre un trazado descendente en zigzag con pasos obligados) abriendo la puerta por tanto a "eslálones" frente a slaloms o slalom, ya que, desconozco si dicha palabra acepta plural en noruego.
¡Por amor de dios, señores de la RAE!, vuelvan atrás y debatan nuevamente sobre la necesidad o no de la adaptación de estos extranjerismos a la lengua de Cervantes. Háganme el favor.
Miguel Ángel G. Yanes
Dos párquines y unas 800 plazas en el entorno del futuro mercado lagunero
Mañana vuelven los eslálones de tierra al circuito de Las Andoriñas
La primera se supone que quiere ser el plural de la palabra inglesa parking; lo que en castellano sería aparcamiento, término éste que casi nadie usa, pero que existir, existe.
Aunque la palabra parquin aún no figura en el diccionario de la RAE, existe una propuesta como adaptación gráfica para la voz inglesa parking (lugar destinado al aparcamiento de automóviles), en la que se especifica que su plural debe ser párquines, mientras que en su lengua original se forma añadiéndole una ese, de lo que resulta parkings.
¡Por amor de dios, señores de la RAE!, vuelvan atrás y debatan nuevamente sobre la necesidad o no de la adaptación de estos extranjerismos a la lengua de Cervantes. Háganme el favor.
Miguel Ángel G. Yanes
21/6/17
DICCIONARIO UNIVERSAL DEL SILENCIO
Paco
Vila-Guillén
inventa un diccionario universal del silencio
para
mostrar el lenguaje de los que no quieren hablar.
Viaja por lugares
cotidianos portando una maleta llena de mar,
sueños en la punta de los
dedos
o palabras letales que, como armas cargadas,
son capaces de matar
caballos en el tablero de ajedrez.
Otras
palabras llenas de amor reposan, recién envasadas,
en el lineal de los supermercados, esperando que alguien las compre.
En este gran teatro del mundo todo vale,

todo se compra, todo se vende.
Enfermos de avaricia, ingerimos dosis de veneno pecuniario
y nos inyectamos religión por vía intravenosa
para cometer todos los pecados con la excusa del perdón.
en el lineal de los supermercados, esperando que alguien las compre.
En este gran teatro del mundo todo vale,

todo se compra, todo se vende.
Enfermos de avaricia, ingerimos dosis de veneno pecuniario
y nos inyectamos religión por vía intravenosa
para cometer todos los pecados con la excusa del perdón.
Hacemos
el amor con los ojos enredados en una absurda tela de araña,
mientras no tomamos de la mano a nuestros amantes.
Dejamos olvidada encima de la mesa la jeringuilla
que contiene la vacuna para salir del letargo,

esa pesadilla donde la justicia no lo es,
donde ídolos con cuerpos de madera y alma de nada,
Ese mal sueño donde solo quedan piedras para comer.
mientras no tomamos de la mano a nuestros amantes.
Dejamos olvidada encima de la mesa la jeringuilla
que contiene la vacuna para salir del letargo,

esa pesadilla donde la justicia no lo es,
donde ídolos con cuerpos de madera y alma de nada,
tienen legiones de acólitos que se postran sumisos.
Ese mal sueño donde solo quedan piedras para comer.
Tú eliges. Ábrela y verás que lanzarla no sirve de nada. Al final solo vence la palabra.
FUENTE: www.pacovilaguillen.com
Este magnífico trabajo fue galardonado en el VII Premio de Poesía Experimental de la Diputación de Badajoz 2008. A pesar de estar encuadrado bajo el concepto de Poesía Visual viene acompañado de palabras preñadas de cotidianeidad, de amor, de lucha, de desencanto, de esperanza... todo ello enredado en la inasible intemporalidad del sueño, en la búsqueda eterna de esas claves que desvelen la esencia de uno mismo.
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