Revolotea en mi memoria aquella copla que cantaba Carlos Puebla referida a la OEA: “Vaya una cosa más fea“… el TEA. Tan fea, que hasta el antiguo laurel de indias decidió suicidarse para no formar parte del desaguisado.
Y por si fuera poco, ahora, en la ciudad de La Laguna, considerada Patrimonio de la Humanidad, se lleva a efecto la gran cancaburrada del edificio de los juzgados. Un atentado en toda regla contra el centro histórico lagunero, denunciado públicamente incluso por Miguel Ángel Matrán, director del CICOP (Centro Internacional para la Conservación del Patrimonio) con quien me place solidarizarme en la denuncia. Mientras tanto, la concejal de patrimonio del ayuntamiento, Julia Dorta, opina que "es un efecto óptico", recalcando que la desproporción del nuevo inmueble "no entraña ningún peligro para el título que le otorgó la Unesco al casco lagunero", a pesar de que, como indica el Sr. Matrán, "rompe la armonía arquitectónica de la plaza y acota el horizonte de la ciudad a sus propios muros, en detrimento del paisaje desde San Roque".
Oiga: ¿Y en una “democracia”, no debería ser el pueblo soberano (me refiero a los ciudadanos) en lugar de cuatro gerifaltes, quiénes dieran el visto bueno o no a los proyectos públicos mediante votación popular?
Algo habrá que cambiar en este “mamoneo”.
(*) Palabra utilizada en las Islas Canarias y que viene a significar una burrada enorme o la mayor de las burradas.
Miguel Ángel G. Yanes
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