21/3/10

HABRÍA QUE PREGUNTARLE A LOS TOROS

Afortunadamente, para nuestro prestigio como pueblo culto, civilizado y respetuoso con los animales, se tomó, en su momento, la medida de prohibir las corridas de toros en las Islas. Lo cual nos honra, aunque haya, como es lógico, quienes no estén para nada de acuerdo con el hecho.
 

Aunque tal afición nunca arraigó entre nosotros, con la que está cayendo, necesito manifestarme sin ambages a favor de los toros; y cuando digo esto, no me refiero a esa manida frase de... "En defensa de los toros", porque es falsa de cuerno a rabo. A los toros los defendemos los que estamos en contra de que se los martirice. La frase correcta para lo contrario debería ser "en defensa del espectáculo taurino", que no de los toros.

Dándole vueltas al asunto, me ha dado por elucubrar sobre un diálogo imposible, pero que, tal vez, sirva para romper una lanza (mejor una puya) en favor de estos bóvidos: Y si preguntáramos a los toros qué les parece la Fiesta Nacional, y ellos fueran capaces de entender la pregunta y nosotros capaces de entender la respuesta... ¿imaginan lo que podrían decirnos? Supongo que, entre mugido y bramido, nos mandarían a tomar por donde toman los aviones.


Y si, entrando en detalles sobre la lidia, pudiéramos preguntarle a algún toro, a ése que, muy de tarde en tarde, resulta indultado y, hecho unos zorros, es devuelto al toril para que lo remienden... cuál fue su tercio preferido. ¿Qué diría? Seguro que nos mandaría a tomar por donde toman los aviones.

Hacer sufrir por gusto a cualquier animal es una salvajada propia de pueblos bárbaros.


Entiendo que en épocas pasadas ese entretenimiento fuera cosa común, pero a estas alturas de civilización no tiene razón de ser. Con todo, aún hay quienes se atreven a asegurar que el toro bravo, como tal, no siente el dolor que se le inflige.

Preguntado al respecto, el astado aduce: "Les hablaré del castigo más leve. Prueben ustedes a clavarse esos arpones en la espalda, o en las nalgas que está más blandito, y después me cuentan... ¡Ah! Y váyanse a tomar por donde toman los aviones".

P.D.: Recuerden quitarse antes las banderillas.

Miguel Ángel G. Yanes

19/3/10

LA PLICA

Al leer con detenimiento la entrevista efectuada a Cecilia Domínguez en las páginas de La Opinión de Tenerife, termino coincidiendo con su apreciación de que, es la ética del jurado lo que en realidad engrandece un premio literario. Y es entonces cuando caigo en la cuenta de que jamás he relatado públicamente, algo que tiene cierta similitud con el tongo acaecido en el premio de novela Alfonso García Ramos que, en su día, ella misma desveló.

Años ha, presenté un poemario a un certamen convocado por un organismo oficial. Pues bien, una vez fallado y no habiendo conseguido dicho premio, acudí, tal y como permitían las bases del mismo, a retirar mi trabajo que, como saben bien los que se dedican a estas lides, nos cuesta unos buenos euros entre papel, tinta, sobres, gastos de correos... por lo que, es de agradecer la recuperación de las copias, en los pocos concursos en los que no son destruidas.


Una vez mostrado el correspondiente resguardo, me devolvieron las seis copias entregadas y la plica, que es, lo digo para los que no estén familiarizados con el tema, un sobre cerrado que contiene los datos del autor. Yo, ingenuo de mí, cogí todo el material sin prestarle demasiada atención, y me marché tan pancho. Pero hete aquí que al llegar a casa, observo con incredulidad que la plica estaba abierta por uno de sus bordes. Se me llevaron todos los demonios (me suele ocurrir de vez en cuando) y la impotencia me hizo soltar un buen montón de palabrotas.

Se supone que la única plica que debe abrirse es la perteneciente al trabajo ganador. ¿Alguien podría explicarme por qué aquélla estaba abierta?

Lo cierto es que resultaba motivo más que suficiente para impugnar el certamen, pero para ello debí andar más listo y percatarme en el instante exacto de la recepción, no después; y tener algún testigo... ¡claro!

No había forma de demostrar que la plica me fue entregada abierta.

Recuerdo que en aquellos momentos comenté la "anécdota" con mi amigo Adolfo Martín Coello, y mi asombro fue mayúsculo al enterarme de que, tiempo atrás, a él le había ocurrido lo mismo; y que también picó de ingenuo, como yo. Entonces nos planteamos que, tal vez, a los ojos de algunos-as, no teníamos el caché suficiente para recibir ese premio, o quizá fuéramos políticamente inadecuados para sus intereses, o vaya usted a saber que otras razones de oscuro e inexplicable peso, por lo que, a partir de ahí, mirábamos todo lo referente a estos eventos con la lupa de la desconfianza.


Como desconozco si esas situaciones anómalas se producen a menudo o no, quiero llamar la atención, sobre todo de los jóvenes escritores, para que procuren "estar al loro" y no permitan que les tomen el pelo.

Miguel Ángel G. Yanes

18/3/10

EL MATACÁN

Cuando lo conocí era ya un hombre bastante mayor, alto, seco, de ojos claros, pelo cano y seriedad extrema. Tenía fama de brusco, lo que a los chicos nos daba cierto temor, por lo que solíamos rehuirle, aunque, a fuer de ser sincero, he de decir que siempre lo vi comportarse educadamente. ¡Eso sí! cortante y parco en palabras como nadie.

Todos los vecinos sabíamos que había sido perseguido tenazmente durante la posguerra, lo que le obligó a vivir a salto de mata, huyendo siempre, escondiéndose acá y allá, dando esquinazo a sus acosadores.


Nunca supe por qué lo llamaban "El Matacán", siempre creí que era un apodo sin más, hasta que muchos años después me enteré de lo que una de las múltiples acepciones de dicha palabra significaba:

"Liebre que ha sido perseguida muchas veces por los perros pero nunca ha sido cogida por ellos; de ahí lo de Matacán, porque mata a los canes haciéndolos correr hasta la extenuación.

Miguel Ángel G. Yanes

14/3/10

FIEL AMIGO EL LIBRO

Me abrió los ojos, a esa parte de la realidad que encierra la desigualdad y el abismo económico entre ricos y pobres, mi buen amigo José María Trujillo; fue a través de una categórica frase que deja caer Gabriel García Márquez en su novela Cien años de soledad (para mí, de las mejores obras que he leído) y que había subrayado en rojo: 

"El día que la mierda tenga valor, 
los pobres nacerán sin culo".

Vino a tiro hecho, a primera hora de la mañana, con el libro abierto entre las manos, a mostrársela a don Juan González Albertos (q.e.p.d.) que era la persona de mayor edad en aquella caótica oficina, y posteriormente a mí, que era el más joven, recién incorporado, apenas con diecisiete añitos, a aquel maldito pademonium. Al leerla, son Juan cabeceó seriamente con una severa mueca de sus labios, y yo sonreí por la gracia que me causó la frase. Dos posturas diferentes, aunque no encontradas: la vejez y la juventud, el omega y el alfa de la propia vida.

Cien años de soledad era un libro que siempre estuvo en casa, pero jamás me había atrevido a leerlo. Su portada, con aquella viejita encogida en una silla, en el rincón de una habitación de baldosas azules y blancas, traslucía tanta tristeza y tanta soledad, que sólo mirarlo ya me inspiraba grima.




Bastó aquella frase, para que esa tarde diera con él, y me pusiera a leerlo con fruición; apenas me duró dos días. Hace casi cuarenta años de ello, pero sus imágenes (perdón... ¡mis imágenes!) siguen nítidas en mi memoria. Ahí estriba el tremendo poder de la literatura y su magia incontestable: cada lector crea sus propios personajes; les da una forma, unos rasgos, una voz... que nada tienen que ver con los que puedan darle otras personas, aunque la historia sea exactamente la misma. Cuando leemos, nuestras neuronas están trabajando a destajo, siguiendo el hilo conductor que el autor ofrece, crean un cielo, unas nubes, un paisaje... dan forma a todo un universo ¡único, irrepetible! Cosa que no pueden hacer cuando la imagen viene dada de antemano. Por eso, cuando leo una buena obra literaria, si luego, por los lazos del demonio, es llevada a la pantalla, siempre evito visionarla, porque esas imágenes físicas, mucho más cómodas ¡qué duda cabe! van a superponerse, irremediablemente, sobre las mías que terminarán por desaparecer.

Por ello, reivindico desde aquí el poder, la magia y la sabiduría que los libros encierran.


Hoy que la tecnología apunta hacia el libro electrónico o digital como si fuera el summun, sé de antemano que nunca me acostumbraré a él. Para mí, los libros siempre han sido fieles compañeros de este viaje fugaz al que llamamos vida, y no quiero renunciar a ellos por mucho que se empecinen, la industria, el mercado o la propia sociedad. Los necesito a mi lado. Necesito sentir el tacto del papel, el olor de la tinta, el peso de sus páginas, pero también al espíritu vegetal que todavía se manifiesta en esa carne de árbol, palpitando entre mis manos... respirando también cuando respiro.

Miguel Ángel G. Yanes

28/2/10

EL MIRLO DE LA CABEZA BLANCA

Toda la vida he oído decir, cuando se trataba de alguien con unas cualidades únicas, que era "un mirlo blanco", como paradigma de rareza, de algo prácticamente imposible de ver, ya que, al parecer, no existe esa capa de color en tal ave. Por eso me he decidido a escribir sobre el asunto.

Por la Plaza de la Cruz del Señor, aquí en Santa Cruz de Tenerife, revoltea desde hace algún tiempo un curioso pájaro. Se me hace difícil de aceptar pero... yo, desde mi ignorancia ornitológica, diría que es un híbrido de mirlo. No sé con que otra especie puede haberse cruzado, pero obviando el color de su blanca cabeza y unas plumas, también blancas, en el borde de las alas, es exactamente igual al resto de los mirlos, en cuanto a su tamaño y al color de las patas y el pico. Es más, se mueve con ellos.



Que conste que, a pesar de mi desconocimiento científico sobre el mundo de las aves, a estos pájaros los conozco bien, habida cuenta de que, al no tener ningún tipo de enemigos, se han multiplicado de tal manera que se les puede ver prácticamente a cualquier hora y en cualquier lugar, sobre todo en parques y jardines.



El mirlo es un pájaro de tamaño mediano, inquieto y ruidoso, lanza una serie de discordantes chasquidos que contrastan con su armonioso canto, que suele emitir situándose en la atalaya más alta que encuentre, ya sea la copa de un ciprés, de un pino o una antena de televisión. Macho y hembra se diferencian en el plumaje; mientras que el del macho es negro brillante, el de la hembra es pardo y apagado, también en el color del pico, anaranjado en el macho y parduzco en la hembra. Al observar sus ojos, oscuros, vivarachos, rodeados también por un aro naranja, se me antoja que son bastante listos.

Una curiosidad sobre ellos: En alguna ocasión me han sobresaltado, porque al contrario que otros pájaros, que caminan dando pequeños y pausados saltos, los mirlos son tan rápidos que parecen que corrieran, y más de una vez, cuando alguno ha salido a escape de entre la hojarasca, he creído que se trataba de una rata.



El contacto con los seres humanos los ha desinhibido de su ancestral recelo, y hoy por hoy, campan a sus anchas en las ciudades. Se han adaptado por completo al entorno y forman parte, junto con tórtolas, palomas, gorriones, y algún que otro canario, de lo que podríamos denominar la fauna urbana.

La primera vez que vi a ese pájaro de la cabeza blanca, se hallaba posado en la rama de un laurel de indias, y en una de esas asociaciones inconscientes, un fogonazo de la memoria me trajo, de repente, la última escena de la película La Mosca, dirigida por Kurt Neumann en 1958; aquélla en la que el niño se acerca a una tela de araña donde un insecto se debate infructuosamente, y dice: "Mira, una mosca con la cabeza blanca", sin percatarse de que era un híbrido de díptero y humano, a punto de ser sacrificado por los quelíceros terribles del arácnido.



A todas estas, volviendo sobre el pájaro de marras, ruego que, si no se trata de un mirlo, disculpen el rollo que les he endilgado, pero apelo a quien tenga conocimientos sobre el tema, para que me saque de la duda.

Bueno... y ahora que lo pienso... Si en realidad es un mirlo de cabeza blanca ¿no podríamos proponerlo para presidente de gobierno?

Miguel Ángel G. Yanes

26/2/10

TABAIBA DESPUÉS DEL TEMPORAL


Estuve personalmente allí, en el edificio El Moro, tres días después del temporal, con Paco Brito y Miguel Ángel Guerrero. Hablamos con algunos vecinos y con el presidente de la comunidad de dicho edificio. Pero quien nos dejó bien claro lo que había sucedido, fue una señora de unos 60 años que, según nos explicó, llevaba 40 viviendo en ese mismo sitio. Según ella, el problema no lo provocó el agua en si, sino los escombros que quedaron de la ampliación de la autopista (el famoso tercer carril) que, al ser arrastrados ladera abajo, taponaron los pocos cauces habilitados, por lo que el agua buscó camino por donde pudo. Nos indicó que en esos 40 años, ha llovido de forma torrencial en tres o cuatro ocasiones, y ni siquiera cuando el famoso temporal del 31 de marzo de 2002, ocurrió nada parecido, porque en ese momento los cauces estaban despejados. Para más inri, un contenedor de vidrio, quedó encajonado por la fuerza del agua, en el arco de hormigón, al principio de la escalera que lleva a la playa, por lo que el caudal, al desviarse, entró a saco en las viviendas.



Si se fijan en la fotografía superior, verán una enorme cascada a la izquierda del edificio; esa es la salida natural del agua al descender por la escalera; la que sale por los balcones es la que desviaron los escombros y el contenedor reseñado.

El presidente de la comunidad también nos dijo que había estado allí la ministra, acompañada de los "canchanchanes" de turno, para ver el desaguisado, y como anécdota, nos comentó que los zapatos le habían quedado inservibles; y eso que no llegó a bajar a las viviendas, pues aunque estaba decidida a hacerlo, "aquéllos" pensaron que era demasiado peligroso y no lo permitieron.


Daba verdadera lástima contemplar todos los enseres de los vecinos, cubiertos de barro, totalmente inservibles, apilados en aquella escalera: colchones, muebles, electrodomésticos... ¡Un desastre!

Pudimos ver el interior de una de las viviendas; la marca del barro en las paredes alcanzaba casi un metro de altura. Y oyendo el relato de algunas personas, de cómo el agua los arrastró hasta el balcón, es increíble que no se ahogara nadie.



Volvemos a lo de siempre: la necesidad de respetar el cauce natural de los barrancos. ¡Joder! Si la naturaleza los ha excavado de esas dimensiones durante miles de años, es que tarde o temprano los va a necesitar; pero claro, vienen los listos de turno con sus titulitos debajo del brazo, haciendo oídos sordos a quienes de verdad conocen el asunto, colocan unos "tubos de mierda", y lían la que lían.

Miguel Ángel G. Yanes

25/2/10

SÍMBOLO VIOLENTO

Los carnavales del 2010, para bien o para mal, han pasado a la historia, pero aún queda algún vestigio en nuestras calles. Sin ir más lejos, en la parte baja de la Calle del Castillo, podemos ver el contenedor que sirvió de oficina a la Unipol en dichas fiestas. Al fijarme en él, reparo también en su emblema:



un perro de presa, mostrando los colmillos en franca actitud amenazadora.

Como ciudadano, no me ofrece ninguna confianza un cuerpo policial que se identifica con tal símbolo. Me suena más a un intento de amedrentar que de imponer respeto. Esa simbología rezuma violencia y represión. No entiendo cómo se ha permitido tamaño despropósito.


¿Qué significa esto? ¿Que tal vez se sienten identificados con alguna de las cabezas de Cerbero, el monstruoso perro al que Hades nombró guardián del inframundo; o con Carcharot, el perro de Morgorth, al que J. R. Tolkien hace aparecer como el feroz centinela de Angband, en su obra El Silmarillión; o acaso con Los Perros de Tíndalo, que moran más allá del mundo de las formas y del espacio-tiempo conocido, esperando agazapados el momento idóneo para manifestarse y atacarnos?


Miguel Ángel G. Yanes

27/1/10

LA EDUCACIÓN Y LA MAGIA


Educar es un claro intento de mejorar a la humanidad. Ya decía Herbert Baxter Adams que “un profesor trabaja para la eternidad, porque nadie puede predecir donde acabará su influencia”. Y la magia, también llamada ilusionismo o prestidigitación, puede ser un perfecto coadyuvante para esa educación, dando pie al mago, a través de una serie de trucos, de captar la atención del público, de tal manera, que puede crear la ilusión de que algo imposible está ocurriendo, ya sea en plena calle, en un salón o en un escenario.

 
 Herbert Baxter Adams

Cabría preguntarse si esa facultad del mago para captar la atención de los demás, es extrapolable al educador.

Si el profesor tuviera una capacidad de comunicación amena e ilimitada, la capacidad de asombro y de atención del alumno crecería exponencialmente con la suya; por lo que no sería demasiado descabellado pensar que ambas disciplinas, la educación y la magia, podrían complementarse en algunos casos. De hecho, técnicas y principios desarrollados por distintos magos, han demostrado ser de utilidad a la hora de modificar la atención y la conciencia, de enfermos que sufren enfermedades neurodegenerativas, tales como el alzheimer.



Cuando el mago actúa, al efectuar cualquier truco de ilusionismo, no trata de engañar a la vista, sino que trata de engañar al cerebro, porque no le interesa tanto dirigir o desviar la mirada del espectador; lo que le interesa más, en último termino, es dónde se encuentra concentrada su atención. Un espectador puede estar mirando fijamente un juego de magia, pero sin embargo no va a ver el truco, porque a pesar de tener los ojos puestos en él, su atención puede encontrarse localizada en otro lugar.

La educación funciona de una manera similar. Si el profesor es bueno (como se supone que lo ha de ser el mago) sabrá captar la atención del alumno, por muy tediosa y densa, que sea la materia. Para ello habrá de emplear también una serie de trucos, de distinta índole, pero encaminados al mismo fin: lograr el asombro y la satisfacción.

Miguel Ángel G. Yanes

21/1/10

LA EMPRESA ME HA HECHO UN REGALO DE REYES

Compañeros:

En el día de hoy, 21-01-04, me he enterado por terceros de que “Nuestra Empresa” aunque con cierto retraso, me ha hecho un regalo de Reyes, algo que me ha llenado de regocijo hasta límites insospechados, en primer lugar por lo inesperado y en segundo por el obsequio en sí.


Me embarga una emoción indescriptible, al considerar que han tenido este detalle conmigo. La verdad es que aunque mi verdadero oficio (para el que realmente se nace) sea el de amontonar palabras, ahora no consigo encontrar las adecuadas para expresar, como querría, mi profundo agradecimiento ante el presente ofrecido a mis 30 años de servicio.

Al parecer y como premio a esa dilatada vida laboral han decidido concederme un CAMBIO DE ACOPLAMIENTO FORZOSO a otro departamento, remitiéndose al Apartado 151.2 de la Normativa Laboral y aduciendo que:

“En relación con el compromiso adquirido de recuperar trabajos hasta ahora realizados por empresas colaboradoras (UNA PUTA MENTIRA), se le participa la necesidad de que el empleado con categoría laboral de Subjefe Administrativo Ofimático, acoplado a la Coordinación de Ingeniería-I, perteneciente a la Jefatura de Creación de Red de Canarias, pase a realizar las funciones que le son propias en la Coordinación Planta Externa Canarias II, dependiente de la Jefatura de Planta Externa de Canarias.”
 

Dicha resolución me ha cogido por sorpresa, ya que, no sabía, ni siquiera sospechaba, que esto fuera a ocurrir; aunque lo que más me ha molestado (si cabe) es haberme enterado, por un canal indirecto, de la carta que el Departamento de Recursos Humanos dirige al Comité de Empresa, sin que nadie tuviera la deferencia de comunicarlo a la persona (¡Perdón! Tal vez debería decir “unidad de gasto”) afectada.

Podría hablar largo y tendido sobre quiénes y por qué, pero creo que el simple hecho de nombrarlos, sería darles una consideración que no merecen.

Esto, como el OPUS, es un supo que te meten al revés.


Está claro que hace tiempo que se han perdido las formas, pero mi derecho al pataleo no van a poder reprimirlo. Es más, pienso ponerme botas de tacón cubano para hacer el mayor ruido posible. Lo malo es que ahora, a la “alegría” del cartel de SE VENDE, que me recibe a diario al incorporarme al centro de trabajo, he de sumarle este otro handicap.


Lo que no termino de comprender es por qué gran parte de la plantilla se encuentra desmotivada, deprimida y hasta angustiada, ni por qué es tan alto el índice de absentismo.

¡La verdad es que no lo entiendo!

Miguel Ángel G. Yanes
Matrícula 92535-7

20/1/10

AUNQUE NUNCA VIVÍ EN TACORONTE


No sé a ciencia cierta si los vecinos de Tacoronte lograron derribar el Plan General de Ordenación Urbana que afectaba al municipio, o si sólo han podido detenerlo de forma provisional. Sea de una manera o de otra, quiero solidarizarme con ellos en su lucha, sobre todo con doña María Virginia González Dorta, cuya carta titulada "Yo tenía una casa y una huerta en Tacoronte", publicada el pasado mes de octubre en la prensa local, me tocó el corazón.
 

Yo nunca tuve un pedazo de tierra, ni en Tacoronte ni en ningún otro sitio. Es más, ni siquiera tendré ya esos dos metros cuadrados que antiguamente nos correspondían, pero de todas formas, quiero solidarizarme con ella en su denuncia de los artífices de un PGOU que pretende arrasar todo lo que se ponga a tiro, eliminando sin ningún tipo de pudor, casas, jardines, huertas, árboles, arbustos y, si no los frenan, hasta la propia identidad tacorontera, representada en parte por esos pocos barrancos aún vírgenes, donde la maravilla de la vegetación silvestre, besa y abraza todo lo que encuentra a su paso, transformando sus cauces en un bello y bucólico vergel; un alimento para el alma y para los sentidos.


Me vienen a la memoria unos versos, para mí de los más hermosos de Emeterio Gutiérrez Albelo, sobre esos idílicos enclaves que llegan a ser los barrancos aún no profanados por la mano del hombre:

"Cañaverales de Agua García / cañaverales que pulsa el viento / rítmicos tubos / varas con flecos... /cañaverales locos del alma / que se me afilan / igual que lanzas hacia los cielos / cañaverales de Tacoronte / cañaverales que pulsa el viento".

Ruego que no los toquen; es parte de la precaria herencia que todavía podemos legar a nuestros hijos, aunque sea tan sólo un simple atisbo del paraíso natural que ya perdimos.


Aunque nunca viví en Tacoronte, lo frecuenté a menudo en mis años jóvenes. Solía acudir en los meses de verano en compañía de mi vecino y amigo Fernando Canino Palma, cuyos abuelos tenían vivienda en Los Naranjeros, justo en ese corto tramo de carretera que aún conserva la sombra y el arrullo de los álamos, junto a la Casa Roja (referencia inútil en estos tiempos porque, hasta ella, ha perdido el color) Allí conocí a los amigos de mi amigo, que luego fueron míos; allí entendí que, o volvíamos al vibrar al ritmo de la naturaleza, o estábamos perdidos; allí logré, sin la maldita prisa, asomarme al cáliz de un gladíolo y descubrir las perlas que el rocío dejaba; allí sentí como nunca el olor de la tierra recién labrada y húmeda. Allí aprendí también a disfrutar del canto de los pájaros, del aroma del mosto, de la fruta, de los tubérculos y de las hortalizas. Y aprendí que la paz de los árboles, a poco que te abraces a ellos, puede trasvasarse al pecho de los hombres, en un desesperado intento por su parte de convertirnos en guardianes del mundo.



Cuando ya las tardes caían, con esa lentitud interminable casi del verano, y la fragancia de los jazmines se expandía por doquier, llegábamos al que, para nosotros, era en aquel entonces, el propio corazón de Tacoronte: "La Juventud Edelweis", el primer teleclub que se abrió en Tenerife, un punto de encuentro que se antojaba mágico; allí charlábamos, jugábamos al ludo, al ajedrez, al ping pong, veíamos la tele, y siempre había alguien dispuesto a arrancarle algún acorde a una guitarra. Por ello, aunque nunca viví en Tacoronte, lo sigo llevando en la memoria y en el corazón. Así que reitero mi apoyo incondicional a todos sus vecinos, y en particular a doña María Virginia González Dorta.

Miguel Ángel G. Yanes
Publicado originalmente el 27/11/09

17/1/10

CHUSMA

Sobran los datos identificativos. Somos pocos y nos conocemos bien, si no personalmente, sí a través de terceros. Por ello voy a obviar tu nombre y apellidos. En realidad no hace ni puñetera falta. La educación me obligaba a decir: Mire usted... pero la efervescencia de la sangre, me empuja a utilizar casi tu lenguaje y soltar:

- ¡Mira, tío! ¿Quién coño te has creído que eres, para permitirte llamar chusma a nuestra propia gente? ¿Acaso has olvidado que la poltrona que ocupas te la otorgó, con sus votos, esa chusma, ese pueblo soberano que tiene que echarse a la calle, porque sus legítimos representantes son incapaces de defenderlo?



Más que hartos de carros, carretas y carretones, los chicharreros han vomitado por fin, a las puertas del ayuntamiento, la malsana indigestión de esta clase política que nos lastra y condena, salpicando, de paso, las relucientes botas de aquellos que, siguiéndoles el juego, se han prestado a retirar los necesarios medios técnicos, para sofocar así la voz de la protesta.

Soy parte de esa chusma. Me honro de ella y me avergüenzo de ustedes.

Miguel Ángel G. Yanes

10/1/10

LA PAREJA DE LAS CUATRO BUTACAS

"Soy el hombre de azul que estaba al fondo, de pie, apoyado en el rincón oscuro, a la izquierda... donde suelo estar siempre. Lo digo porque sé a ciencia cierta, que ambos repararon en mi presencia, pues me encontraba situado a escasos dos metros de ustedes".


Hoy venía al Museo de la Ciencia y el Cosmos, Ernesto Cardenal de la mano de Caco Senante, acompañados ambos por Rubén Díaz, Leiko Krahe y Claudio Briones. Espectáculo que no me podía perder.

Se me complicó la tarde más de la cuenta y tuve que apurarme para coger el tranvía que me dejará a tiempo a las puertas del museo. Al acceder a la sala de actos, abarrotada ya, aun cuando el evento no había comenzado, me encaminé, como suelo hacer, al amparo de esa esquina invertida que para mí es el ángulo, donde apoyé las manos y la espalda. Desde esa atalaya que me permitía ver no sólo el espectáculo, sino también el patio de butacas, contemplé con lujo de detalles la insólita manera de actuar de una pareja que se hallaba sentada en la última fila; como digo, a dos metros escasos de mis propias narices.

Al haberse completado el aforo, el museo facilitó una serie de sillas plegables a los más rezagados pero, a los pocos minutos se habían agotado y el público continuaba accediendo al recinto. Entonces fue cuando me fijé en ellos. Tenían ocupadas las butacas de ambos lados; una con un bolso y la otra con una mariconera.

Lógicamente, las personas que llegaban, ya a oscuras, comenzado el acto, se acercaban a preguntar sobre aquellas butacas. A fe que, al hablar en voz baja, no pude saber lo que la pareja argüía al respecto... si esperaban a alguien, si se hallaban en el baño o cualquier otra excusa. La cuestión es que no cedieron los asientos a nadie.

Mi asombro iba "in crescendo" a medida que el acto avanzaba y nadie acudía a ocuparlos. Una señora que se apoyó en la pared, justo a mi lado, echaba chispas por tener que estar a pie firme mientras las dichosas butacas continuaban vacías. Afortunadamente para ella, alguien se marchó antes de tiempo y consiguió sentarse.

Pues bien, finalizó el acto, que duró unas dos horas, y acabaron desiertas. Por eso repito: "Soy el hombre de azul que estaba al fondo, de pie, apoyado en el rincón oscuro, a la izquierda... donde suelo estar siempre... ¡Y los tengo calados!".

Miguel Ángel G. Yanes
10/11/09

7/1/10

LA BOMBA DEL PGO

¡Vaya! Me parece muy bien que el Sr. Zerolo no deje patear la puerta del Ayuntamiento. Pero con la misma rotundidad, no debería permitir tampoco que se patearan los derechos de los ciudadanos. Ahora que la bomba del PGO sigue haciendo tic tac entre sus manos, creo que cabría hacer una profunda reflexión, porque cuando el pueblo patea las puertas de su propia casa... ¡algo muy grave ocurre!



Aunque no me afecta el PGO, decidí acudir a la concentración matutina, el pasado 29 de diciembre, en compañía de un par de amigos a los que, curiosamente, tampoco les afecta... ¡por ahora!; con la clara intención de solidarizarnos con los afectados.

Dada la cantidad de vecinos, unos 70.000 que, según la prensa, se encuentran perjudicados por este asunto, me pareció escasa su afluencia. Es más, me queda la duda de que llegáramos a mil las personas congregadas allí, tal y como apuntan los datos, por lo que aprovecho para pedir a todos los afectados y a los que, aún sin serlo, consideren una tremenda injusticia lo que está ocurriendo, se echen a la calle el día 4 de enero, fecha del próximo pleno municipal, para hacernos oír "in situ".



No podemos permitir que "nuestros políticos" sigan haciendo lo que les venga en gana. Es inadmisible que, siendo nuestros legítimos representantes, en lugar de trabajar para el bien común trabajen para el beneficio de unos pocos.

De todas formas, gran parte de la culpa es nuestra. Siguen ahí porque les continuamos dando nuestros votos. Por favor, no me obliguen a decir aquello de que... "los pueblos tienen el gobierno que se merecen".

¡Joder!... y lo he vuelto a decir.

Miguel Ángel G. Yanes

5/1/10

PONGAMOS POR CASO

Pongamos por caso que una pareja de ciudadanos europeos viaja desde el aeropuerto de Copenhague hasta el de Tenerife-Sur, con la idea de pasar unos días entre nosotros.

Pongamos por caso que él sea español... canario... palmero... y que se llame Jaime Matos Abreu (ex presidente de la Asociación Canaria en Dinamarca), que tenga 66 años de edad, lleve más de 40 trabajando y residiendo en dicho país, y que haya decidido pasar, en compañía de su esposa Kirsten, las fiestas navideñas en su isla natal.


Pongamos por caso que se alojen en el Puerto de la Cruz, donde, al día siguiente de su llegada contratan, en una agencia de viajes, billetes de ida y vuelta a La Palma, con la compañía Islas Airways, que los traslada allí sin ningún tipo de problemas; pero que la cosa se complica cuando, un temporal de viento y lluvia, obliga a cerrar el aeropuerto palmero, no quedándoles otra opción que regresar a Tenerife por vía marítima.


Pongamos por caso que, al llegar al Puerto de la Cruz, la agencia de viajes está cerrada por ser día festivo, y que el señor en cuestión se desplaza a la oficina que la compañía aérea tiene en el aeropuerto de los Rodeos, con la idea de que le devuelvan el importe de los billetes no utilizados.


Pongamos por caso que plantea correctamente su reclamación a la señorita que atiende el mostrador, y que ésta le responde a las claras, que quien único le puede reintegrar el dinero es la agencia de viajes, y que sólo percibirá el 70 % del importe. Ante lo cual, asombrado e incrédulo, intenta razonar con ella, indicándole que ha de abandonar Puerto de la Cruz a las 8 de la mañana siguiente, rumbo al aeropuerto del Sur, para tomar el vuelo de regreso a Dinamarca y, por tanto, no tiene ninguna posibilidad de pasar por la agencia de viajes; pero ella sigue repitiendo la misma cantinela:

-Señor, Vd. no nos compró los billetes a nosotros. De haberlo hecho así, se los reintegraríamos sin más.

Es entonces cuando el cliente, visiblemente molesto, aunque sin perder la compostura ni la educación, aduce lo siguiente:

- Vamos a ver, señorita ¿Con quién he contratado yo el servicio, con la agencia de viajes o con su Compañía? ¿O es que intenta decirme que Vds. no reciben el importe de la venta?


Mire: el hecho de no haber podido regresar de La Palma en avión, nos ha ocasionado una serie de trastornos. En principio nos hemos visto obligados a desembolsar 142 euros para poder venir en barco con la compañía Fred Olsen, pagando Clase Oro (la tarifa más cara) que era lo único disponible en ese momento. Pero como el atraque se realiza en el puerto de Los Cristianos, tuvimos que pagar también 24 euros a la Compañía Titsa por dos trayectos efectuados por carretera: Los Cristianos-Santa Cruz y Santa Cruz-Puerto Cruz. Y si ahora le sumamos a estos gastos, el importe de 124 euros de los billetes de avión que, por lo visto, no vamos a poder recuperar, y además, lo que nos cobre ahora el taxi por traernos y devolvernos al Puerto de la Cruz, habremos perdido más de 300 euros, sin contar las molestias ni el tiempo malgastado. Así que, como comprenderá, la "publicidad gratuita" que haremos entre nuestros familiares, amigos, compañeros y vecinos, no los va a dejar muy bien parados. 

 

La verdad es que la imagen de las Islas que se lleva esta pareja deja mucho que desear, porque lo evidente es que ellos no han sido los causantes de temporal que azotó La Palma, pero si han pagado el pato.

 

Miguel Ángel G. Yanes

22/12/09

EL CULTO A LA HERRUMBRE

Debe ser que ya soy muy antiguo, pero no entiendo bien la moda de la herrumbre.


Parece que existiera un culto hacia la misma, porque la mayoría de esculturas, vallas, miradores, que se instalan en la actualidad, todo ello es de desnudo hierro sin pintar y, por lo tanto, tarde o temprano, lo recubre esa maldita herrumbre, ese óxido u orín que, al resbalar, deteriora aceras, muros, pedestales… mancha la ropa y hasta los ojos de los ciudadanos, hartos como yo, de ese tedio rojizo que ha invadido el entorno.


La corrosión que ocasiona la herrumbre suele deberse a la humedad o a la salinidad, y si no se aplica un producto que la detenga, es como una caries que lo devora todo sin remedio y termina arrastrando con ella, poco a poco, las propias estructuras.

Sigo sin entender el porqué de esta nueva manía por la herrumbre, máxime cuando ya existen en el mercado convertidores poliméricos, que vienen a ser productos anticorrosivos que se aplican directamente sobre el óxido, logrando encapsularlo para, quitándole el oxígeno, evitar la corrosión, creando al mismo tiempo una especie de pavonado protector; evitando así el trabajo que suponía lijar y pintar luego esas superficies.


Es una pena que no pueda adjuntar aquí más fotografías que lo documenten, pero si a partir de ahora intentan fijarse en lo que digo, descubrirán que existen multitud de cosas que la herrumbre recubre a nuestro alrededor y, cómo no, sus correspondientes regueros de incontenibles manchas: la valla exterior del Hospital Universitario, la pared de la vía del barranco de Santos, la horrorosa "escultura" del puente de la calle Salamanca, el "tobogán" de la Plaza de Europa, la chimenea de la Estación Marítima, la base de "la fea" que conmemora la derrota de Nelson, la fachada del Hotel-Escuela, El Parque de Cuchillitos de Tristán, los miradores de toda la isla, etc. etc. etc.

 
¡Ah!... También había, en sustitución de una magnífica fuente, cuatro vigas herrumbrientas que, en posición vertical, por lo visto adornaban la Plaza del Cristo de La Laguna. Afortunadamente el pueblo hizo presión y fueron retiradas.

Miguel Ángel G. Yanes

12/12/09

EL TRANVÍA Y LA JOVEN CRI

Me llamaba la atención, desde un principio, el silencio casi religioso en que se sumía, prácticamente, la totalidad de los viajeros del tranvía, en contraposición a la distendida algarabía que se suele escuchar en las guaguas.


Tal vez íbamos demasiados tensos por lo novedoso del medio de transporte y, a no ser que sonara algún teléfono móvil, obligando a responder a la llamada, no se oía ni una mosca. De haber sido así, parece que lo vamos superando, porque ya se escuchan las conversaciones de rigor, algún chiste, algunas risas y como no… los que pueden romperte el tímpano con un chorro de decibelios disparado a toda presión contra tu oído.

La joven que hoy iba sentada frente a mí, era una de estas personas.

El tono de su voz era demasiado agudo y su intensidad altísima (supongo que se le oiría perfectamente en todos los vagones) pero, además, “rajaba” que daba gusto. Hablaba a grito pelado con un amigo que iba a su lado y no se hartaba de decir lindezas de una conocida común:

“Que basta es. ¿Tú te has fijado como viste? No sé para que se pone esos tacones, si no sabe caminar con ellos. A todos lados va con el novio; tendrá miedo de que se lo quiten. Y pretendía presentarse a Miss…”

Yo la observaba con detenimiento y no conseguía entender cómo una chica joven y guapa como aquélla, sólo echaba sapos y culebras por la boca.

Hay que ver. Con la edad que tengo y a veces no consigo reprimirme. Nunca terminaré de aprender.

Así que cuando ya me encontraba de pie, a punto de abandonar el tranvía, viendo que ella continuaba con su larga letanía, me giré y le dije:

“Señorita, le recomiendo que cambie de canal”.

Reconozco que soy un entrometido.

Miguel Ángel G. Yanes