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20/1/21

UN MANTO DE SILENCIO

¿Por qué creen ustedes que el 'Caso Pujol' sigue en 'standby'?

Jordi Pujol i Soley fue presidente de Catalunya durante 23 años (desde 1980 a 2003) Actualmente imputado por diferentes casos de corrupción y titularidad de abultadas cuentas corrientes en paraísos fiscales

Simple y llanamente porque le tienen miedo. Y es que si Jordi Pujol hablara, este remedo de democracia se iría a hacer puñetas, ya que, sus basamentos están podridos hasta el tuétano por la corrupción imperante, y él tiene todos los datos al respecto; quiénes, cuándo, cómo... han saqueado sistemáticamente la economía española, enriqueciéndose a destajo, robando a la sordina, medrando sin parar. De ahí el manto de silencio que lo recubre.

Supongo que habrá quienes estén esperando, como agua de mayo, que su provecta edad lo finiquite para que no llegue a decir todo lo que sabe, caso de que no haya un acuerdo judicial, se entiende. Aunque la verdad desnuda debe estar oculta en algún sitio, bien arropada entre documentos comprometedores para muchos; y allí seguirá aunque él desaparezca, como una espada de Damocles suspendida sobre este 'pís'.

Miguel Ángel G. Yanes

10/5/20

EL CANTO DE LOS PÁJAROS

Desde que el virus nos encerró, los pájaros cantan distinto

Los mirlos, extrañados del silencio urbano, como el resto de las aves

Veo en el telediario que a causa del confinamiento masivo en las ciudades los pájaros han cambiado su trino. 

Ahora cantan distinto, porque ya no se enfrentan al estrés que supone tener que hacerse oír por encima del ruido que atormenta lo urbano: el tráfico, las obras, el runrún de pasos y conversaciones callejeras… Todo eso terminó. En menos de 48 horas de silencio, los pájaros son capaces de modificar su lenguaje y comunicarse sin la angustia de no llegar al otro, de no ser oídos… En nuestra mano está exigir a nuestra vuelta a la ‘normalidad’, un modo de vida que nos dañe menos, que nos devuelva un poco a lo que pertenecemos. 

Hoy, en la escalera de mi casa -que da directamente a un trigal- he encontrado sentado a un zorro que en mi poca atención he confundido con un gato hasta que se ha desperezado, desapareciendo sin prisa en dirección al bosque. Desde que el virus nos encerró, el exterior se ha quedado huérfano de ruido y ha muerto temporalmente la amenaza. Los animales, que no responden a un concepto del tiempo humano, rápidamente han entendido que pueden ser más ellos y no defenderse de un peligro que ya no está.


¿Por qué una reacción tan rápida? ¿Tan sencillo es?

Lo es si no intentamos descifrarlo desde lo humano: mientras nosotros/as llevamos las dos primeras décadas de nuestro nuevo siglo buscando el santo grial de la quietud mental y combatimos ansiedad, angustia y toda clase de terapias, versiones de mindfullness, yoga, medicación e intentos más o menos útiles de no proyectarnos en el pasado ni en el futuro y de vivir lo que somos en el corto plazo, la naturaleza existe desde el principio de los tiempos sobre una única coordenada: el aquí y el ahora.

Cuando un peligro desaparece, el mundo natural reacciona de inmediato y la amenaza se desprograma. Si el estrés sonoro urbano calla de golpe y el silencio se mantiene, los pájaros tardan poco o nada en entender que la situación es nueva y más ventajosa, porque supone menos amenaza. 


La naturaleza –y reconozco que hasta yo, que habito en lo rural (no en lo salvaje) debo repetírmelo a diario– es el paradigma de la inmediatez, porque en ella el tiempo no es lineal. Existe solo un presente y todo y todos se adaptan a él.

Lo veo en la carretera que me lleva a la compra un par de veces por semana. Dos o tres días después del inicio del confinamiento, los jabalíes, conejos, perdices, tejones, zorros y corzos empezaron a campar a sus anchas por prados y cunetas, (re)ocupando lo que es suyo en un aquí y un ahora que da que pensar. Hoy, en las ciudades, son muchos/as los/as que por primera vez oyen cantar a los pájaros y se sorprenden.

“Así que estaban ahí y la vida con ellos, sin otro filtro que la compañía mutua, puede sonar así”, piensan.


El silencio ha abierto la caja de pandora del engaño en el que hemos construido un bienestar que no es tal y la esperanza es que esta toma de conciencia, este haber podido escuchar lo que es una ciudad sin que la aturda el estruendo de toda nuestra cadena de engaños (trabajar ocho horas, más las que se tercien, llegar muertos a nuestro piso compartido y cenar con el tenedor en el plato y el dedo en la pantalla del móvil para que la actualidad no nos deje atrás, una hora dedicada en dos turnos –el de mañana y el de noche– a nuestros perros, etc.) puede quedar solo en eso, en un atisbo de lo que nos gustaría y no será “porque es imposible” o, por el contrario, se transforma en una experiencia que ha llegado para quedarse.

Es tanto y tan intenso lo que la pandemia ha traído consigo que quizá cuando volvamos a la 'normalidad' prefiramos retomar la vida donde la dejamos, sin más. 

Pero también es cierto que la verdad es cruel, porque podemos negarla y disimularla hasta que se nombra en voz alta. Y es esta: no nos merecemos vivir como lo hacemos ni dejar que nos convenzan de que esta es la forma que más nos conviene, que el bienestar era esto. No es verdad. Bienestar no es no poder oírnos por defecto, ni vivir en lo rural pensando que vivimos en lo salvaje. 
 
Un falso bienestar

Estamos encerrados y, entre otras cosas, tenemos tiempo para ver el silencio que hemos dejado fuera. Mirémoslo. Por primera vez tenemos ese privilegio. Nos ha tocado retirarnos de la actividad y tenemos la posibilidad de ser testigos directos de hasta qué punto lo humano se ha alejado de lo animal y está en nuestra mano exigir a nuestra vuelta un modo de vida que nos dañe menos, que nos devuelva un poco a lo que pertenecemos.

Es muy fácil. Se trata simplemente de no dejar que el trino de los pájaros vuelva a apagarse en nuestras calles. Solo eso.

FUENTE: elasombrario.com
Columnistas
Alejandro Palomas
06/04/2020

Para los habitantes de la ciudad a los que nos gusta madrugar, ahora mismo es una gozada ver amanecer, ya sea desde la ventana o desde el balcón e impregnarnos conscientemente de esa energía vital, disfrutando de la paz y del canto de los pájaros, hasta ahora oculto tras el fragor matutino de una civilización que le ha dado la espalda a la naturaleza.

28/10/19

SILENCIO E INDEFERENCIA

Denuncian el "silencio y la indiferencia" de Díaz Ayuso ante el legado de Vicente Aleixandre

La presidenta de Madrid rechaza una reunión con la Asociación de Amigos de Vicente Aleixandre para tratar sobre la situación de abandono de la casa del poeta, con la excusa de que no tiene hueco en la agenda.

La casa del poeta Vicente Aleixandre,cerca de la Ciudad Universitaria, en Madrid.
La casa del poeta Vicente Aleixandre,cerca de la Ciudad Universitaria, en Madrid.

El pasado 4 de septiembre, la Asociación de Amigos de Vicente Aleixandre envió una carta a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, en la que le solicitan una reunión para tratar sobre "la situación de abandono en que se encuentra la casa del poeta". Poco más de un mes más tarde, el colectivo ha recibido una misiva de José Luis Carreras, jefe de Gabinete de Ayuso, en la que les explica que "la responsable del gobierno madrileño no puede recibirles porque tiene muchos asuntos institucionales que atender".

"La respuesta ha irritado a los miembros de la asociación", que no entienden que Ayuso no tenga un hueco disponible en la agend,a y han recordado que el gobierno autónomo nunca se ha significado por la defensa y protección del legado del que fuera "uno de los máximos representantes de la Generación del 27".

 Vicente Aleixandre

El presidente de la asociación, Alejandro Sanz, ha explicado a este diario que, en la carta, Contreras alude al interés que la institución siempre ha mostrado por la figura del premio Nobel de literatura y pone como ejemplo el reciente cambio de nombre de la estación de Metro "Metropolitano” por la de "Vicente Aleixandre".

"Ese cambio", precisa Sanz, "no se produjo para honrar la figura del gran poeta español, sino para que la histórica estación de Metropolitano no se confundiera con la de Wanda Metropolitano próxima al estadio de fútbol del club rojiblanco".
Antigua biblioteca de Vicente Aleixandre hoy vacía en la casa de Velintonia 3. / AAVA

"Sanz rechaza igualmente el argumento esgrimido en el escrito por el jefe de Gabinete de Ayuso" de que se ha establecido una categoría de tutela en la nueva Ley de Patrimonio Histórico, que podría significar la salvaguarda del histórico inmueble de la calle Velintonia.

Ley de Patrimonio Histórico


"Lo que no nos explica", matiza Sanz, "son las razones por las que con la antigua Ley de Patrimonio Histórico su gobierno no protegió adecuadamente la casa e incumplió una resolución aprobada en la Asamblea de Madrid en octubre de 2017, que abordaba este tema de forma clara y que pretendía crear una comisión de trabajo en la que iban a participar todos los grupos políticos, junto con el Ministerio de Cultura, el Ayuntamiento de Madrid y la Asociación de Amigos de Vicente Aleixandre". 

Finalmente, Sanz muestra su escepticismo ante la promesa de Carreras de que el gobierno regional “continuará rindiendo tributo al maestro de poetas”. “¿Cómo?”, se pregunta, “si hasta el momento lo único que han hecho, con su silencio e indiferencia, es despreciar su nombre y lo que representa”. En su opinión, las tres administraciones deben llegar a un acuerdo que permita la "recuperación del inmueble y su uso como Casa de la Poesía", sin que nadie intente montar su propio chiringuito.


“Nadie debe ideologizar los espacios culturales. La casa de Vicente Aleixandre debe estar abierta a todo el mundo, con independencia de ideologías. Es una casa de la poesía y no debe hacerse política con la cultura”, remachó.

FUENTE: publico.es


La Derecha nunca ha ligado demasiado bien con la Cultura. Sus líderes tienen clarísimo que cuanto más culto sea el pueblo, más difícil de manipular.

15/6/19

POR QUÉ HE SOLICITADO MI BAJA EN LA APM


 Virginia P. Alonso, codirectora de Público

Hace unos días solicité mi baja en la Asociación de la Prensa de Madrid (APM). Al recibir mi comunicación, me pidieron amablemente que explicara las causas de mi decisión. Y les redacté y envié el texto que pueden leer a continuación. He reflexionado mucho acerca de si debía o no hacerlo público, lo he consultado con distintos colegas de profesión y finalmente he decidido publicarlo. Lo hago porque pienso que es sano abrir un debate sobre el papel de este organismo, que nos pertenece (o debería pertenecer) a todos los los periodistas.

Lo hago porque amo esta profesión, porque le dedico gran parte de las horas del día desde hace más de 25 años y porque creo que una organización como la APM solo puede ser eficaz, útil y relevante si deja de soslayar asuntos que son claves para la supervivencia y dignidad del Periodismo y de quienes nos dedicamos a su ejercicio.

Quiero aclarar en cualquier caso que la decisión de abandonar la Asociación es estrictamente personal, al igual que los argumentos que la respaldan.


Las causas que me llevan a solicitar mi baja en la APM tras 18 años como socia son variadas y repetidas a lo largo del tiempo. Durante años he esperado un cambio o al menos una señal de que algo podía cambiar, pero he acabado por entender que esto no ocurrirá porque dudo de que haya siquiera un interés en que algo cambie. Lo explicaré de forma somera a continuación:

Por empezar con el detonante de mi decisión, no me siento representada por una asociación que otorga el premio al mejor periodista del año a una persona que ha publicado una información cuando menos cuestionable, proveniente de fuentes integradas en la estructura que montaron los mandos de Interior del anterior Gobierno del PP –la llamada policía política/patriótica– para perseguir a rivales del dicho partido, tal y como concluyó la propia comisión de investigación del Congreso de los Diputados, cerrada en julio de 2017.

Más allá de esto, en general echo en falta en la APM valentía, audacia e independencia para abordar los problemas de esta profesión, que son muchos. Y lo manifiesto con profunda tristeza, porque nada me gustaría más que estar representada por una organización que pusiera sobre la mesa asuntos de tan graves consecuencias para periodistas y para el prestigio de la profesión, pero sobre todo para los lectores, como por ejemplo los intereses económicos y políticos que acaban marcando la agenda de la mayoría de medios de comunicación de este país, algunos de estos sustanciados en acuerdos económicos anuales.


Estoy convencida de que esta circunstancia no se les escapa a los miembros de la junta directiva de la APM, y sin embargo no se aborda de ninguna manera. Como tampoco se les escapa el oscuro reparto de la publicidad institucional, un asunto de gravísimas consecuencias (por lo que tiene de opacidad de las instituciones y por lo que implica de utilización de medios de comunicación al antojo de gobiernos, comunidades autónomas y ayuntamientos). La APM tiene la suficiente entidad como para exigir que se cumpla la ley en este aspecto y velar y vigilar para que esto ocurra. Pero tampoco lo hace.

En relación a estos asuntos, me permito recomendarles la lectura de ‘El director’, el libro de David Jiménez, que relata minuciosa e ingeniosamente este entramado de intereses político-económico-mediáticos. Este libro, por cierto, es ya la revelación editorial de esta temporada y, sin embargo, en la APM no he conseguido encontrar ni una nota acerca de él ni una entrevista a su autor. Sorprendente.

Podría hablar también del criterio de la APM para amparar a periodistas, entiendo que siempre a petición del periodista en cuestión, a pesar de que sea 'vox populi' que sus derechos se han visto menoscabados. Por ejemplo, en junio de 2016 la Policía se presentó en la redacción del medio para el que actualmente trabajo exigiendo sin orden judicial alguna las grabaciones que demostraban la existencia de una 'policía política/patriótica'.


A día de hoy, ni la APM ni la FAPE han amparado a los periodistas afectados; una de ellas, a la sazón, recibe varias querellas semanalmente -aparte de amenazas- del entorno de ‘las cloacas’, sin que ninguna de estas organizaciones haya hecho ni un comentario al respecto a pesar de que hemos publicado reiteradamente estas circunstancias.

Tampoco se ejerce desde la APM una tarea de vigilancia de los estándares periodísticos básicos, algo que, a mi juicio, es esencial para devolver la confianza a los lectores no ya tanto en los medios de comunicación como al menos en el periodismo. Portadas que son un insulto para la inteligencia colectiva de la ciudadanía, contenedoras en ocasiones de mentiras o de inexactitudes, pasan al catálogo/hemeroteca de las 'vergüenzas periodísticas de este país' sin que nadie de su organización haga el más mínimo comentario al respecto.

Sin ir más lejos, estos días hemos visto en numerosos medios de comunicación cómo a un diputado, ahora número 2 del cuarto partido político, se le reducía a unas ‘rastas’ en un sinfín de titulares. Ni una palabra. ¿De verdad es necesario que alguien se queje para denunciar una mala práctica periodística como esta? ¿Quién o quiénes o cuántos tienen que quejarse para que se atienda?

 

En mi opinión, abordar estos asuntos desde una posición técnica (ética, deontológica y jurídica), y no necesariamente a instancia de parte sino 'motu proprio' desde la APM o la FAPE, es esencial para acercarse siquiera a esa regeneración/transformación del periodismo con la que muchos se llenan la boca pero que al final no deja de ser mero decorado para engolar discursos. Sólo con esa regeneración real lograremos más lectores y, por tanto, medios más sostenibles. Al menos yo estoy firmemente convencida de ello.

Por tanto, no me representa una asociación que se solidariza con los despidos de compañeros, pero hace más bien poco o nada por abordar los problemas de fondo cuya consecuencia última es la salida de colegas de sus medios, los recortes salariales o, en el peor de los casos, el cierre de un medio; y cuya consecuencia primera es el desprestigio imparable de una profesión que algunos aún intentamos ejercer con orgullo, humildad y vocación de servicio público.

No me representa una asociación que ofrece como beneficios a sus asociados descuentos para distintas actividades de ocio, pero que no ataca las que a mi entender son las verdaderas dolencias del periodismo español. Y, desde luego, no me representa una asociación que sigue celebrando 'una corrida de toros anual' como uno de sus emblemas.


Si en algún momento deciden modificar los focos de atención de la asociación para acercarse a lo planteado anteriormente, abonaré gustosamente los 62 euros trimestrales de cuota e incluso les sugeriré incrementar la misma.

Un saludo.

FUENTE: publico.es
Virginia P. Alonso
11/06/2019

Este ciudadano apoya incondicionalmente la valiente postura de Virginia. Es mas, pide para ella es grito de:


¡Las mujeres al poder!

7/4/17

ESPEJO Y TIEMPO (POEMA)


El silencio es la luna de un espejo;
El sonido, por contra, sus pedazos
Cuando de pronto caen de un golpe dado
Y sus añicos se esparcen por el suelo
Como un veloz repique de campanas.

Hay una magia extraña en su tañido:
Una escueta secuencia que acelera
Los ritmos de la vida unos instantes
Para romper los velos que recubren
Ese eterno secreto que los hombres
Hemos llamado tiempo, y que los dioses,
Algo más sabios que nosotros dieron
En ponerle por nombre eternidad.

Porque no pasa el tiempo, queda
Inmutable y eterno. Solo fluye
Para nuestros sentidos que no entienden
 Que somos los humanos, criaturas efímeras,
Quienes, fugazmente, flotamos sobre él.

Miguel Ángel G. Yanes

9/10/14

A LA SOMBRA DE LA HIGUERA

A pesar de saber, por boca de las abuelas, que su sombra resultaba desaconsejable (la de la higuera, no la de las abuelas), este ciudadano, en su juventud solía tumbarse a leer bajo una enorme (higuera, que no abuela) que existía (no sé si lo hará aún) en la zona montañosa de Los Campitos.

Apoyada en un semiderruido muro de piedra seca, antaño soporte de un bancal de cultivo, formaba una verdadera cúpula vegetal bajo la que solía cobijarme del sol, y es que la copa de la higuera crece en función de lo que crezcan sus raíces; y allí, donde silencio y soledad enhebraban con su aroma embriagador el paso furtivo de las horas, boca arriba, con la espalda aplastando la hierba amarillenta y seca, y la mirada perdida en los mundos que me abrían las páginas de un libro, disfrutaba de aquella libertad sin límites, leyendo sin medida y sin tregua, hasta que la luz se rendía en mis ojos y me gritaba: ¡basta!

Miguel Ángel G. Yanes