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9/12/19

VIGILANCIA INFANTIL

Los padres de Lola se iban al cine y la dejaban al cuidado de su hermana pequeña, Alicia de 4 añitos. La madre, sabedora de que en cuanto salieran, el novio de Lola vendría de visita, le dijo a la pequeña:


-Si viene Luis, el novio de tu hermana, no los dejes solos; no los pierdas de vista  ni un momento. ¿Entendido?

- Sí, mami.

A la mañana siguiente la madre pregunta a la niña:


- ¿Vino Luis? 

- ¡Sí!

- ¿Y pasó algo extraño?


- No. Estuvieron todo el rato muy juntitos en el sofá viendo la tele.

- ¿Y nada más?

- Bueno... Luis, que es un poco bruto jugando, de pronto saco un palo que tenía escondido y le dio a Lola. Menos mal que fue entre las piernas porque si le da en la cabeza la mata.

Miguel Ángel G. Yanes

28/5/19

EL GOLPE DE FIDEL

Tropecé ayer, en un centro comercial de esta capital, con mi amigo y ex compañero laboral Fidel Cañas, fiel seguidor de este blog, que me felicitó efusivamente por la reciente boda de Laura, mi hija.


Agradeciendo sus afectuosos parabienes, le dije:

- Como padre, estoy contento porque creo que ha encontrado a un buen hombre que la quiere y la respeta como nadie, pero lo que nunca imaginé, es que terminaría emparentado con la policía.

 Laura e Iván

- Lo mío es peor... ¡mi hijo es de Ciudadanos!

No pude reprimir la carcajada.



 Miguel Ángel G. Yanes

14/9/14

LA MORRETADA

Aunque a veces oigo decir "morretazo" (que también), era "morretada" palabra más común de nuestras gentes; si bien es cierto que tendente a desaparecer del lenguaje cotidiano canario. Tal vez porque, al haber disminuído sensiblemente el nivel de violencia de la sociedad con relación a épocas pasadas, ese golpe no se utiliza con la asiduidad de antaño.

La morretada del canario era temible. Un brusco giro de pescuezo y ¡zas!: el tremendo cabezazo daba en el suelo con el contrario que, aturdido, quedaba fuera de combate, sangrando profusamente por la nariz partida.

Una técnica de lucha que supongo heredada de nuestros ancestros guanches; útil sólo para distancias cortas, ya que, se debía estar muy cerca del rostro del contrario para ejecutarla, pero de una infalibilidad incustionable.

Miguel Ángel G. Yanes