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15/6/19

POR QUÉ HE SOLICITADO MI BAJA EN LA APM


 Virginia P. Alonso, codirectora de Público

Hace unos días solicité mi baja en la Asociación de la Prensa de Madrid (APM). Al recibir mi comunicación, me pidieron amablemente que explicara las causas de mi decisión. Y les redacté y envié el texto que pueden leer a continuación. He reflexionado mucho acerca de si debía o no hacerlo público, lo he consultado con distintos colegas de profesión y finalmente he decidido publicarlo. Lo hago porque pienso que es sano abrir un debate sobre el papel de este organismo, que nos pertenece (o debería pertenecer) a todos los los periodistas.

Lo hago porque amo esta profesión, porque le dedico gran parte de las horas del día desde hace más de 25 años y porque creo que una organización como la APM solo puede ser eficaz, útil y relevante si deja de soslayar asuntos que son claves para la supervivencia y dignidad del Periodismo y de quienes nos dedicamos a su ejercicio.

Quiero aclarar en cualquier caso que la decisión de abandonar la Asociación es estrictamente personal, al igual que los argumentos que la respaldan.


Las causas que me llevan a solicitar mi baja en la APM tras 18 años como socia son variadas y repetidas a lo largo del tiempo. Durante años he esperado un cambio o al menos una señal de que algo podía cambiar, pero he acabado por entender que esto no ocurrirá porque dudo de que haya siquiera un interés en que algo cambie. Lo explicaré de forma somera a continuación:

Por empezar con el detonante de mi decisión, no me siento representada por una asociación que otorga el premio al mejor periodista del año a una persona que ha publicado una información cuando menos cuestionable, proveniente de fuentes integradas en la estructura que montaron los mandos de Interior del anterior Gobierno del PP –la llamada policía política/patriótica– para perseguir a rivales del dicho partido, tal y como concluyó la propia comisión de investigación del Congreso de los Diputados, cerrada en julio de 2017.

Más allá de esto, en general echo en falta en la APM valentía, audacia e independencia para abordar los problemas de esta profesión, que son muchos. Y lo manifiesto con profunda tristeza, porque nada me gustaría más que estar representada por una organización que pusiera sobre la mesa asuntos de tan graves consecuencias para periodistas y para el prestigio de la profesión, pero sobre todo para los lectores, como por ejemplo los intereses económicos y políticos que acaban marcando la agenda de la mayoría de medios de comunicación de este país, algunos de estos sustanciados en acuerdos económicos anuales.


Estoy convencida de que esta circunstancia no se les escapa a los miembros de la junta directiva de la APM, y sin embargo no se aborda de ninguna manera. Como tampoco se les escapa el oscuro reparto de la publicidad institucional, un asunto de gravísimas consecuencias (por lo que tiene de opacidad de las instituciones y por lo que implica de utilización de medios de comunicación al antojo de gobiernos, comunidades autónomas y ayuntamientos). La APM tiene la suficiente entidad como para exigir que se cumpla la ley en este aspecto y velar y vigilar para que esto ocurra. Pero tampoco lo hace.

En relación a estos asuntos, me permito recomendarles la lectura de ‘El director’, el libro de David Jiménez, que relata minuciosa e ingeniosamente este entramado de intereses político-económico-mediáticos. Este libro, por cierto, es ya la revelación editorial de esta temporada y, sin embargo, en la APM no he conseguido encontrar ni una nota acerca de él ni una entrevista a su autor. Sorprendente.

Podría hablar también del criterio de la APM para amparar a periodistas, entiendo que siempre a petición del periodista en cuestión, a pesar de que sea 'vox populi' que sus derechos se han visto menoscabados. Por ejemplo, en junio de 2016 la Policía se presentó en la redacción del medio para el que actualmente trabajo exigiendo sin orden judicial alguna las grabaciones que demostraban la existencia de una 'policía política/patriótica'.


A día de hoy, ni la APM ni la FAPE han amparado a los periodistas afectados; una de ellas, a la sazón, recibe varias querellas semanalmente -aparte de amenazas- del entorno de ‘las cloacas’, sin que ninguna de estas organizaciones haya hecho ni un comentario al respecto a pesar de que hemos publicado reiteradamente estas circunstancias.

Tampoco se ejerce desde la APM una tarea de vigilancia de los estándares periodísticos básicos, algo que, a mi juicio, es esencial para devolver la confianza a los lectores no ya tanto en los medios de comunicación como al menos en el periodismo. Portadas que son un insulto para la inteligencia colectiva de la ciudadanía, contenedoras en ocasiones de mentiras o de inexactitudes, pasan al catálogo/hemeroteca de las 'vergüenzas periodísticas de este país' sin que nadie de su organización haga el más mínimo comentario al respecto.

Sin ir más lejos, estos días hemos visto en numerosos medios de comunicación cómo a un diputado, ahora número 2 del cuarto partido político, se le reducía a unas ‘rastas’ en un sinfín de titulares. Ni una palabra. ¿De verdad es necesario que alguien se queje para denunciar una mala práctica periodística como esta? ¿Quién o quiénes o cuántos tienen que quejarse para que se atienda?

 

En mi opinión, abordar estos asuntos desde una posición técnica (ética, deontológica y jurídica), y no necesariamente a instancia de parte sino 'motu proprio' desde la APM o la FAPE, es esencial para acercarse siquiera a esa regeneración/transformación del periodismo con la que muchos se llenan la boca pero que al final no deja de ser mero decorado para engolar discursos. Sólo con esa regeneración real lograremos más lectores y, por tanto, medios más sostenibles. Al menos yo estoy firmemente convencida de ello.

Por tanto, no me representa una asociación que se solidariza con los despidos de compañeros, pero hace más bien poco o nada por abordar los problemas de fondo cuya consecuencia última es la salida de colegas de sus medios, los recortes salariales o, en el peor de los casos, el cierre de un medio; y cuya consecuencia primera es el desprestigio imparable de una profesión que algunos aún intentamos ejercer con orgullo, humildad y vocación de servicio público.

No me representa una asociación que ofrece como beneficios a sus asociados descuentos para distintas actividades de ocio, pero que no ataca las que a mi entender son las verdaderas dolencias del periodismo español. Y, desde luego, no me representa una asociación que sigue celebrando 'una corrida de toros anual' como uno de sus emblemas.


Si en algún momento deciden modificar los focos de atención de la asociación para acercarse a lo planteado anteriormente, abonaré gustosamente los 62 euros trimestrales de cuota e incluso les sugeriré incrementar la misma.

Un saludo.

FUENTE: publico.es
Virginia P. Alonso
11/06/2019

Este ciudadano apoya incondicionalmente la valiente postura de Virginia. Es mas, pide para ella es grito de:


¡Las mujeres al poder!

21/4/19

UNA IGLESIA DE ESTADO

El periodista Ángel Munárriz se sumerge en las claves de la financiación de la Iglesia Católica en España en el libro "Iglesia SA", en el que revela que la Iglesia Católica “es un gran poder conservador a cargo del erario público".

El periodista Ángel Munárriz, autor de Iglesia SA (Editorial Akal)
El periodista Ángel Munárriz, autor de Iglesia SA (Editorial Akal)

Ángel Munárriz. Qué personaje. Un tipo ingenioso y riguroso, uno de esos que sopesa el valor exacto de cada palabra antes de escribirla. La Iglesia Católica, su financiación y su influencia en la cultura española es uno de sus temas de investigación. No es el único asunto que le interesa -su mente es bien curiosa y muy talentosa-, pero sí es uno que ha estudiado a fondo.

Lleva en ello un tiempo ya. Desde 2016 escribe sobre los problemas mundanos de la Iglesia en www.infolibre.es y en el verano de 2017 se embarcó en el libro Iglesia SA, que la editorial Akal acaba de colocar en las estanterías de las librerías de todo el país y en el que Munárriz sostiene, después de haber indagado a fondo, que, en España, "la Iglesia se financia fundamentalmente a través del Estado. La Iglesia es un gran poder conservador a cargo del erario público. La Iglesia necesita un Estado débil para que el Estado necesite una Iglesia fuerte", analiza Munárriz.

Escribir Iglesia SA le ha costado un año de su vida. Ha sido “un empeño” fuera de sus rutinas habituales como periodista, “más ceñidas a la producción continuada de textos más o menos breves ligados a la actualidad”. Iglesia SA, en palabras de su autor, es “un trabajo periodístico en el que, sobre la base de los hechos que he logrado recabar, me permito ofrecer interpretaciones subjetivas que en un artículo para Infolibre me reservaría. El tipo de pacto con el lector es, creo, diferente que en el periódico, donde mi punto de vista se omite”.

“Quiero creer que el libro ha superado el propósito inicial y tiene cierta profundidad”, agrega Munárriz. No lo dude el lector o lectora que ahora lee este texto más o menos breve ligado a la actualidad: la tiene. Iglesia SA tiene profundidad. Ahí va una muestra. 


Si uno se sienta con Ángel Munárriz y le pregunta, así como por accidente, ¿Qué es la Iglesia, Ángel? Munárriz responde lo siguiente: “La Iglesia católica es una inmensa institución multinacional, antiquísima, de enorme complejidad, extraordinaria y fascinante, con capacidad de poder e influencia, que trata de capear una creciente secularización aferrándose a sus posiciones de fuerza material más que mediante la seducción religiosa. La Iglesia ha renunciado a la seducción de buena parte de su rebaño potencial. Es una institución cara (más que rica, cara), que necesita el dinero para sobrevivir pero no tiene suficientes medios para producirlo, porque es una institución mal adaptada al capitalismo, lo cual la aboca a una total dependencia del Estado".

"En España -agrega Munárriz- la Iglesia se expresa a través de más de 40.000 entidades entre parroquias, ONG, diócesis, hermandades, fundaciones, universidades... La Iglesia son los Legionarios de Cristo y Comunión y Liberación, Rouco Varela y el prior falangista del Valle de los Caídos, es la educación elitista de las business school de los jesuitas y el Opus y las proclamas reaccionarias de Kiko Argüello. Pero también es Javier Baeza, el párroco de San Carlos Borromeo, y el amplio movimiento crítico de base de Redes Cristianas, y los obispos templados que tratan de que el mensaje del papa Francisco cale en España".

"La Iglesia es pues en España una institución contradictoria y plural. Pero si sacudimos la hojarasca, si la miramos fríamente y en detalle, lo que nos queda es la delegación local de un Estado teocrático extranjero, el Vaticano, ultraconservadora en lo moral y antirreformista en lo social, aferrada a un estatus privilegiado de raíz franquista en los campos simbólico, educativo y fiscal. Súmale a eso que la jerarquía española, la que le imprime más decididamente su carácter, arrastra una acusada impronta reaccionaria. El resultado es que la Iglesia es un gran poder conservador a cargo del erario público”, remacha el autor. Lo que sigue a partir de ahora es un resumen de la entrevista que Munárriz mantuvo con Público estructurada a través los temas que se tocaron en ella.

La financiación de la Iglesia en España


"La Iglesia se financia fundamentalmente a través del Estado. A través de la aportación de todos los españoles vía IRPF, por ejemplo. Ojo, porque en relación con el IRPF la jerarquía, a través de sus múltiples terminales, suele hacer una trampa argumental. Sostienen los obispos que la Iglesia se autofinancia, o se financia a través de sus fieles, con los que marcan la equis. No es verdad. El que marca la equis no pone un euro más de su bolsillo, sino que decide que una parte de lo recaudado a todos vaya a la Iglesia. La Iglesia española la pagan católicos, ateos, agnósticos y todo lo contrario, les guste o no".

"También se financia a través de entradas a sus templos. Se beneficia de exenciones fiscales. Y están las aportaciones de los fieles y de entidades privadas, con un régimen fiscal ad hoc. Pero lo básico para la Iglesia, lo que la da su sustento, es el Estado, su verdadero mecenas. A veces se dice, y a la Iglesia le molesta, que el Estado aporta 11.000 millones de euros a la Iglesia al año.

Es cierto que esa cifra supone arracimar conceptos muy diferentes: del sueldo de los capellanes castrenses y los profesores de Religión a los conciertos educativos, de las subvenciones a ONG a la aportación vía IRPF, de la restauración patrimonial al presupuesto de la Obra Pía de los Santos Lugares, de las exenciones del IBI a los contratos sanitarios. Es una cuenta problemática, que mezcla conceptos dispares. Pero da una idea de la íntima relación económica de la Iglesia y el Estado".

Opacidad casi total


"'Dinero negro' y 'caja b' son expresiones de uso corriente que, aunque no tienen un significado penal, remiten a corrupción. Y hasta donde yo he comprobado, no hay corrupción, salvando los manejos desvelados en instituciones como los Legionarios de Cristo a nivel internacional. Pero también hasta donde yo he comprobado, la opacidad es casi total. En cuanto al dinero negro, parte de lo que ingresa la Iglesia se computa como donaciones, aunque no lo sean, y queda lejos del hocico de Hacienda. Pero no porque la Iglesia se salte una ley para hacerlo, sino porque tiene la ley de su parte para hacerlo".

"La ley y su amplia zona de grises. Hay que recordar que en la agenda de la que fue presidenta de Gescartera, Pilar Giménez-Reyna, había una anotación que decía "dinero B de la Iglesia"? Cuando se le preguntó a Asenjo, respondió: "Con el régimen fiscal vigente para la Iglesia no creo que sea necesario ningún dinero negro, puesto que las donaciones a la Iglesia están exentas de impuestos". El problema es que la Iglesia considera donativos, por ejemplo, el dinero de entrada a sus templos".

"Además la jerarquía de la Iglesia ha dado muestras de una administración poco ética y nada transparente del dinero eclesial, que es en teoría el dinero "de los fieles". ¿Qué pinta dinero del cabildo de Córdoba en una filial de Abengoa? Se podrían citar también sus operaciones mediante sicav, aunque ya les ha puesto freno, no sé si por el coste reputacional o porque no le salen a cuenta. Cajasur demostró que, puesto dinero en grandes cantidades en manos de hombres con alzacuellos, su conducta no difiere demasiado de la que siguen en similar posición los hombres con corbata y traje de diseño".

El poder de la Iglesia Católica


"La Iglesia manda menos de lo que desea, pero más de lo que parece. Influye más que manda, eso sí. Y hoy en día es más agua que roca, una máxima muy del Opus. Es fuerte en la política, los medios y la universidad. Es fortísima en los tribunales, sobre todo en los de alta instancia. Tiene buena posición en los círculos del big money, sobre todo en Madrid.

Está bien conectada con la gran empresa a través de fundaciones, universidades, escuelas de negocio y organizaciones como el Opus, la aportación más importante de España a la Iglesia mundial en el último siglo. El carácter de la jerarquía española es más Opus que Cáritas".

"También es cierto que la Iglesia se ha llevado importantes palos en el campo financiero, por ejemplo con Cajasur y el Popular. Pero no sólo hay que mirar al dinero y las instituciones para explicar su poder.

La Iglesia está metida hasta el tuétano en nuestra cultura, aunque aquí estoy hablando más de la religión que de la Iglesia. No en vano, los acontecimientos más relevantes de nuestra existencia, desde el nacimiento a la muerte pasando por el compromiso con la pareja, han reservado espacios preeminentes a la cruz y el sacramento. Todo eso se traduce en poder".

Rouco Varela, firme defensor de la escuela concertada

"Poder simbólico, si quieres. Poder implícito, pero omnipresente. Yo no dramatizo esto. Es decir, a mí un crucifijo en la pared de un hospital público (otra cosa sería un aula, que es un espacio científico) no me molesta. Es más, es un símbolo familiar, próximo, que puede llegar a ser cálido. Y si hay alguien a quien le da fuerza o consuelo, estupendo. Ahora bien, si alguien quiere quitarlo, se tiene que quitar, porque es lo más acorde con el principio de aconfesionalidad".

"Y pregunto: ¿Por qué a la jerarquía, sobre todo a los duros de la jerarquía en la estela integrista de Rouco Varela, les molesta tanto la retirada de símbolos religiosos del espacio público? Porque entienden que el simbólico es el primer campo de batalla de la guerra en defensa de sus privilegios materiales.

Y el mayor de todos estos es su posición en el campo educativo a través de la educación concertada católica, hoy más importante que el púlpito para una Iglesia en la que los bancos de las iglesias se vacían a ojos vista. La jerarquía considera el aula el último dique ante la pérdida de su vieja influencia. Las aulas son el último reducto del viejo poder de la Iglesia.".

Los gobiernos de España y la Iglesia


"Los gobiernos en España han tratado de ponerse a la Iglesia de su parte, o de mitigar su oposición, nunca de embridarla. A mi juicio, Felipe González tuvo muy presente el desastre de la cuestión religiosa durante la Segunda República y se cuidó de revisar la relación de la Iglesia con el Estado, decisión que vista en perspectiva no carece de cierta lógica".

"Ese pespunte mal dado de la Transición nunca se ha terminado de coser. Se ha quedado una especie de aconfesionalidad que no es tal, porque la misma Constitución nombra a la Iglesia católica, y porque la relación entre ambos cuerpos queda rematada por unos acuerdos con la Santa Sede de 1976-1979 que son la traducción más o menos creíble al lenguaje democrático de unos privilegios de raíz franquista".

"Al final la aconfesionalidad a la española ha sido a la separación Iglesia-Estado lo que el Estado autonómico al ordenamiento federal: un amago, una aproximación insuficiente".

"En cuanto a Zapatero, a mi entender creyó que para el desarrollo de su legislación social, por ejemplo sobre matrimonio gay, aborto, eutanasia o educación, debía tener contenta a la Iglesia en cuanto a sus dineros y estatus. Hay que recordar que fue con Zapatero, ese supuesto laicista radical, cuando la Iglesia se apuntó el éxito de subir al 0,7% cada equis en el IRPF".


"No obstante, la jerarquía siempre está más cómoda con gobiernos de la derecha, porque adaptan mejor a sus intereses la normativa en su conjunto, especialmente la educativa, y porque colocan mejor a los suyos".

"Y también porque la sintonía ideológica del alto clero español con las ramas más nacionalistas de la derecha española es una constante desde Juan Pablo II".

"Mirando atrás, sus mejores posiciones las alcanzó durante la presidencia de Aznar. Rajoy mantuvo más las distancias, aunque a última hora, quizás no queriendo perder pie ante el revival nacionalcatólico que ahora vemos, sus ministros se lanzaron a una sobreactuación confesional".

La exhumación de Franco


"El Gobierno de Pedro Sánchez lo ha apostado todo a la exhumación de Franco y ha descuidado el ambicioso programa laicista que el PSOE llevó a las generales, si bien es cierto que su exigua mayoría tampoco le permitía grandes alegrías. Creo que Pedro Sánchez es consciente de que evidenciar la distancia entre lo que se dice y lo que se hace en este campo irrita a parte de su electorado, pero lo cierto es que al final el tema se ha aparcado".

La reforma de la Lomce y la eliminación del criterio de "demanda social" de la planificación educativa se han quedado en el tintero".

Apostarlo todo a la exhumación de Franco, en cuanto a las decisiones de calado en relación con la Iglesia, ha sido una elección problemática. Podía haber sido otra. ¿Y si en vez de jugárselo todo a la exhumación de Franco se lo juega a la denuncia de los acuerdos con la Santa Sede? 

Políticamente hubiera sido una decisión de más peso. Eso ya hubieran sido palabras mayores. Eso ya hubiera sido interpretado como un gesto de hostilidad hacia el Vaticano".


"Al final, ¿qué ha quedado? Pues, al margen del aliento de modernidad de la toma de posesión sin crucifijos y del mantenimiento de la debida distancia, poco. Y no es que sea desdeñable. Venimos de los cuatro ministros con el canto legionario en Málaga y de las banderas a media asta de Cospedal".

"Y no dudo que un Gobierno del PP de Pablo Casado, con un perfil identitario muy marcado, abundaría en este desdibujamiento de fronteras. Pero lo cierto es que con el Gobierno del PSOE no ha habido avances en autofinanciación de la Iglesia, ni en inmatriculaciones, ni en educación..."

"En cuanto a la jerarquía, su colaboración para sacar a Franco del Valle de los Caídos ha sido la justita. La justa para que no se pueda decir que ha boicoteado la exhumación. Pero sin mojarse. Y eso que el arzobispo Carlos Osoro es sobre el papel de los más alejados de la línea irrendentista de Rouco. La Iglesia ha dejado pasar una oportunidad de oro de marcar distancias con lo peor de su pasado".

Separación Iglesia-Estado


"En todas partes cuecen habas, aunque hay un ejemplo laico, que es Francia, con esa Ley de Separación de 1905 que establece: “La República no reconoce, no paga, ni subsidia religión alguna”. Más claro, agua. La Constitución republicana española lo intentó. "El Estado español no tiene religión oficial", decía.

"El Estado, las regiones, las provincias y los municipios no mantendrán, favorecerán, ni auxiliarán económicamente a las iglesias. Una ley especial regulará la total extinción, en un plazo máximo de dos años, del presupuesto del clero". Aquello sonó en el alto clero a declaración de guerra".

"Esa es la diferencia cualitativa de España con respecto a eso que se suele llamar "los países de nuestro entorno": aquí es obvia la herencia nacionalcatólica del estatus oficial de la Iglesia, y su colaboración con la dictadura está muy reciente. Sería un impresionante paso adelante que la jerarquía diera el paso de pedir perdón. Pero no lo hace. El papa Francisco ha pedido perdón a los evangelistas pentescostales por su persecución durante el fascismo en Italia. En Argentina la Iglesia ha reconocido sus "pecados" en la dictadura de Videla. En cambio en España se resiste".

"¿Por qué? A mi juicio, porque el estatus de la Iglesia en democracia tiene su base en el alcanzado durante el franquismo, cuya deslegitimación socavaría la posición de la institución.
 Me preguntabas por una separación real Iglesia-Estado.


Desde luego como no se consigue es confundiendo la religión con la Iglesia, ni desviando el tiro hacia la crítica a las manifestaciones de religiosidad popular o cultural.Por decirlo llanamente, en Sevilla sólo consideran que la Semana Santa es un fenómeno puramente religioso los integristas y los anticlericales más pasados de frenada. Los dos se equivocan, por fortuna".

"Para separar la Iglesia del Estado hay que mirar a la luna de su anclaje legal, no al dedo de las manifestaciones culturales. Hay que hacer reformas profundas del modelo educativo, que es el terreno crucial. Y, elevando el tiro, habría que derogar o reformar a fondo los acuerdos con la Santa Sede".

"Esto no me parece ahora mismo verosímil, por más que lo diga el programa del PSOE, porque originaría una crisis diplomática con el Vaticano y, tal y como está el patio político, un follón interno impresionante. No hay mayoría política para hacerlo, además. No creo que con la crisis política que hay en España este melón se vaya a abrir ahora".

No hay derecha laicista


"Y algo más: si el laicismo no cala en el centro y la derecha, la Iglesia tiene las de ganar. Si el terreno de discusión sobre la relación Iglesia-Estado está embarrado por el cainismo, es imposible avanzar. Sin un centro-derecha liberal laico no hay quien despegue a la Iglesia del Estado. Al igual que ese feminismo liberal que propugna Ciudadanos, ¿por qué no un laicismo liberal?

Ocurre que en España, al igual que no hay derecha republicana, no hay derecha laicista".

"El laicismo no solamente no cala en el centro-derecha, sino que ahora está regresando el esencialismo nacionalcatólico de la mano del PP de Pablo Casado y de Vox, que defienden una suerte de guerra cultural bajo la bandera de la identidad única española, que sería católica y castellana, con exclusión de todo lo demás. Mi pregunta es: ¿Se va a subir el episcopado español a ese carro?"

"Porque el papa Francisco, con todas las limitaciones de su empeño, y aunque de momento ha dado más prédica que trigo, rema en la dirección contraria. Es mucho más aperturista. Incluso ha defendido que el Estado debe ser laico. Pero a España su palabra y su mensaje reformista no llegan".

Un balance: la Iglesia siempre gana


"La Iglesia, como la banca, siempre gana. En España siempre se sale con la suya. Es una institución magistral en el uso de los tiempos, las palabras y los silencios".

"Es más lista que el Estado, porque la Iglesia ha sido Estado, y no al revés. De otro modo sería inconcebible que se hubiera llevado el gato al agua, incluso tras desvelarse el caso, con las inmatriculaciones".

"Vale, convengo que tiene al menos parte de la razón técnica y legal de su lado, aunque incluso aquí hay interpretaciones múltiples. Pero, ¿y la razón moral? ¿De verdad es defendible esa inscripción masiva a escondida de bienes comunes por parte de una institución que se dice al servicio del pueblo?

¿Alguien puede defender que la Mezquita-Catedral de Córdoba, inmatriculada de forma nada transparente, sea gestionada a su antojo por el cabildo, con aberraciones narrativas incluidas, y ni siquiera se haga público cuántos ingresos recaba? ¡Hablamos de un monumento patrimonio de la humanidad!"


"Pues, aun así, no sólo ganan en el terreno político y judicial, sino que también logran empatar, o incluso ganar, ante la opinión pública. Porque logran arrastrar el debate hacia lo identitario y lo cultural. Como si criticar a la jerarquía de la Iglesia fuera atacar a la identidad española, sus costumbres y tradiciones".

"Profundizar en la actividad económica de la Iglesia me ha permitido conocer aspectos como sus inversiones, las exenciones fiscales a bienes sin uso religioso ni caritativo ni educativo, sino comercial, las triquiñuelas para sembrar el equívoco en torno al IRPF, las ventas de patrimonio inmatriculado, las interioridades de las batallas en el Vaticano..".

"Y una apreciación que me gustaría hacer constar: la Iglesia necesita un Estado débil para que el Estado necesite una Iglesia fuerte.

Es decir, la Iglesia educadora, la Iglesia sanadora, la Iglesia caritativa necesita un Estado anémico que no llegue a todas partes para ofrecerse como complemento y reclamar conciertos y subvenciones".

Ayuda mutua

FUENTE: publico.es 
Raúl Bocanegra 
Sevilla - 24/03/2019


Ya dijo Karl Marx aquello de que "la religión es el opio del pueblo", y hay muchos gobiernos expertos en suministrar sus dosis. 

Al Concordato me remito.