Miguel Ángel G. Yanes
20/4/21
9/2/21
26/1/21
LA NUEVA DROGA DEL SIGLO XXI
"Las apuestas son la heroína del siglo XXI": así es como las apuestas online han conquistado España
Es un sábado como cualquier otro. Al atardecer, un grupo de 6 adolescentes se concentra en la puerta de una casa de apuestas. Hacen cábalas, comentan el estado de los futbolistas que están a punto de empezar el partido. Uno está en racha marcando goles en los tres últimos partidos, el capitán llega 'in extremis' de una lesión. El portero titular está sancionado y el equipo visitante apenas golea fuera de casa. 'Todo cuenta a la hora de apostar'.
Los chavales se afanan de sus últimas apuestas. “Metí 10 pavos a que Jaime Mata marcaba y la cuota era de 2”. “Yo estuve a punto de marcar el 0-3 tío, la cuota eran 26 pavos y al final puse 1-2”. No dejan de entrar otras personas, adolescentes y mayores. Algunos salen con el resguardo de una apuesta. Otros se quedan a ver el partido. "Esta escena no existía en España hace una década, pero se ha integrado en el paisaje en muy poco tiempo".
El fútbol como aliado
"Que el fútbol sea el telón de fondo habitual en el mundo de las apuestas online no es casual y obedece a un camino que lleva en marcha 3 lustros". En 2004, el Betis se convirtió en el primer equipo de la Primera División española de fútbol en llevar en su camiseta a una casa de apuestas como patrocinadora, Globet.
"Algo que no suscitó ningún tipo de polémica ni debate entre la masa social del club", según nos cuenta el periodista deportivo Pepe Elías, encargado de cubrir al equipo bético en Mundo Deportivo.
Desde aquello, cada vez más clubes de fútbol fueron apuntándose a estos patrocinios en su zamarra, y todas las temporadas salvo la 13/14 y la 14/15 han tenido al menos a un club con la propaganda de alguno de estos operadores en sus equipaciones.
Más allá de las equipaciones, también se ha popularizado el patrocinio de estas casas de apuestas y casinos online a los equipos de fútbol sin necesidad de llevar su logo en la camiseta, 'únicamente' en algunas zonas del estadio, la página web, la aplicación oficial del club y otros emplazamientos con fines promocionales.
En la última temporada completa, la 18/19, este tipo de patrocinio se dio en 19 de los 20 clubes de la Liga Santander. Un 95%.
El único que se salió de esta nueva norma fue la Real Sociedad, que si bien "nunca ha tenido en su equipación un patrocinio de este tipo", sí lo tuvo a nivel de club: Kirolbet, un operador de juego vasco que actualmente sigue patrocinando a otros clubes deportivos.
Objetivo: los jóvenes
Precisamente "son los más jóvenes los que más crecen en las estadísticas de jugadores. Y lo hacen, sobre todo, en el campo de las apuestas deportivas", el sector que más ha capitalizado el crecimiento del juego en los últimos años junto a los casinos, offline u online.
Bingo y póker, por contra, han bajado su relevancia dentro del juego. El póker, tras el boom de principios de década. El bingo, como tendencia enquistada desde que estalló la crisis. En total, casi 1,5 millones de jugadores, según los registros de la Dirección General de Ordenación del Juego, en un país de 47 millones.
"Este auge de las apuestas deportivas tiene mucho que ver con las apuestas online, un negocio que nunca cierra, para el que no hace falta salir de casa" -ni tan siquiera cambiar de planes, puesto que está en nuestro teléfono- y para el que no hay tabúes: "si jugar en un espacio público pudiese llegar a ser algo que avergonzase, con las apps de las casas de apuestas nadie tiene que hacer frente a ese rubor". No obstante, también tiene mucho que ver con las casas de apuestas físicas.
Aunque dependen de legislaciones autónomicas, algunos casos son muy similares. Madrileños y valencianos, por dar 2 ejemplos, vieron cómo los casinos tenían que ubicarse a un número determinado de kilómetros de los centros urbanos cuando el juego volvió a regularse en los años 80, con el Casino de Torrelodones y el de Monte Picayo (en Puçol) respectivamente.
De la web a la app pasando por la ley de 2011
El juego online llegó a España en la década del 2000, con las casas de apuestas y casinos online ganando popularidad año tras año y con el punto de inflexión de la Ley del Regulación del Juego de 2011, que llegó como respuesta a estos nuevos operadores que cambiaron por completo la forma de jugar.
"Gasto en marketing, margen neto de juego online, número de jugadores... Todos los indicadores del juego están al alza".
Hasta entonces, "estos operadores tributaban los ingresos obtenidos en España en países como Malta o Luxemburgo, donde habían logrado licencias por tratarse de naciones que habían regulado esta actividad de forma temprana".
"El gobierno español de Rodríguez Zapatero hizo esta reforma para que cualquier empresa de juegos de azar y apuestas deportivas que operara en España tuviera que tributar también en España, y acogerse a su legislación". Pasaron de los dominios .com a .es.
Aquella reforma terminó de regular un negocio en auge para el que no estaba preparada la legislación anterior. Y con ella "llegó el definitivo despegue del negocio", que abandonó la incertidumbre e incluso dio el salto del online al establecimiento físico, aumentando año tras año el número de jugadores españoles -contando los de juegos de azar y apuestas, pero no los de la ONCE ni Loterías y Apuestas del Estado-. Los datos comienzan en 2013 por ser el primer año completo desde que entró en vigor la ley y su prórroga posterior.
Conquistando los barrios obreros
"En los últimos años se ha instalado la percepción de que estos establecimientos tienen mayor prevalencia en barrios y distritos con rentas bajas, mientras que los de rentas altas apenas están viviendo este boom de aperturas".
El de Madrid es el único ayuntamiento español con un portal de datos abiertos lo suficientemente completo y codificado como para poder corroborarlo, y en su caso, la percepción se cumple: "los barrios con menores niveles de renta, como Usera -4.992 habitantes por casa de apuestas-, Tetuán -4.660- o Carabanchel -6.595- tienen una densidad mucho mayor de salones de juego por habitante que los de rentas superiores, como Fuencarral-El Pardo -21.705-, Hortaleza -25.780- o Retiro -16.931-".
"El perfil del ludópata ha pasado del cincuentón de las tragaperras a veinteañeros con las apuestas"
“He visto cómo los ludópatas que vienen a rehabilitarse han pasado de ser los cincuentones de las tragaperras a chavales que no tienen ni 20 años, a veces ni 18, adictos a las apuestas deportivas”. Esta frase es de Julián Mompradé, que de ludopatía sabe mucho: cayó en esta adicción durante su juventud y convivió con ella hasta los 63 años.
Hoy, 10 años después, está rehabilitado y ayuda a otros ludópatas a combatir su dependencia del juego en la asociación Vida Sin Juego, de Madrid: “Antes el ritmo al que se podía jugar era limitado, lo marcaban los tiempos de una tragaperras o un bingo. Ahora puedes apostar a un solo partido dinero prácticamente ilimitado, todo lo que tengas, y perderlo en unos pocos minutos”, explica Bayta.
“Cuando alguien empieza una terapia casi nunca empieza por gusto, por iniciativa propia. El 99% vienen obligados por la familia. Y lo hacen porque hay un problema económico latente, pero fuera del dinero no suelen considerar que tengan un problema con el juego”, explica Julián. Eso va cambiando conforme avanzan las sesiones, y lo habitual es que el adicto termine reconociendo el problema.
FUENTE: xataka.com
23/1/21
28/2/20
"ELLOS" GANAN, LOS OBREROS PIERDEN
FUENTE: publico.es/tremending
22/02/2020
1/2/20
ADOCTRINADOS Y SUBVENCIONADOS
En 2007, durante el primer Gobierno de Zapatero, el concepto 'pin parental' no existía aún, pero una asignatura, Educación para la Ciudadanía, "echaba a las calles a decenas de políticos conservadores y miles de padres preocupados e indignados con la terrible idea de que alguien pudiese adoctrinar a sus hijos" en ideas tales como 'cruzar el semáforo en verde', 'tirar el plástico al contenedor amarillo' o 'respetar al compañero negro'.
"Que las subvenciones al cine español supongan calderilla en comparación con otros sectores subvencionados, o que se sitúen a la cola de Europa, muy por detrás del apoyo público que el sector del cine recibe en países como Francia, Italia o Alemania, no ha hecho ni hará que las críticas desaparezcan". Que asignaturas como Educación para la Ciudadanía o que los 'talleres del plan educativo' tengan fines tan poco ambiciosos como "educar en mínimos de respeto y convivencia", tampoco.
"El acoso contra la Educación y la Cultura por parte de algunos sectores no es casual". Ambas son las excepciones a una regla no escrita que dice que, "en España, los principales espacios de influencia deben estar tomados por una ideología conservadora, cuya normalidad es la ausencia de ciertos valores de justicia social".
No encontramos esas críticas contra 'el mundo del fútbol', "controlado por la 'crème' de la mafia empresarial y subvencionado con excenciones fiscales o cesión de terrenos públicos. Tampoco las encontramos en 'los toros', también controlados por un monopolio conservador y subvencionado", desde el que se emiten consignas que nunca son consideradas partidistas.
Si lo que preocupan son las 'subvenciones públicas' o el 'adoctrinamiento', sería de esperar que los mismos medios de comunicación subvencionados, mediante publicidad institucional y controlados por cuatro o cinco grandes grupos económicos, "se llevasen también las manos a la cabeza por cada ayuda pública recibida por la 'industria del automóvil', la 'banca', el 'calzado', la 'energética', la 'armamentística' o cada proyecto empresarial fracasado de Florentino Pérez ante el que el Estado responde económicamente". Nunca sucede. Como tampoco se detecta una especial preocupación por "el 'adoctrinamiento' que pueda darse desde otro espacio 'ultra subvencionado' como es la Iglesia católica".
Monarquía, empresariado, jueces, Fuerzas Armadas… "La lista de sectores que nunca causan revuelo por mucha doctrina ideológica y/o subvenciones que arrastren a su espalda es tan larga como corta es la excepción a la regla que dice que todo debe ser controlado por la 'ideología conservadora': principalmente Educación y Cultura".
No. "Los ataques contra los educadores o los creadores no tienen nada que ver con el adoctrinamiento o la subvención pública, sino con un sistema social español que tiende a un 'monopolio ideológico' que impone una ausencia de valores sociales como muestra de normalidad". Un sistema que, históricamente, ha fracasado en su intento de controlar esas dos piezas. Con lo que eso jode.
La 'ideología conservadora', expuesta por Burke y Maistre "se opone a los principios de la Ilustración y de la Revolución Francesa, defiende el legitimismo y la alianza entre la Corona y la Iglesia y aboga por la pervivencia de los privilegios de la monarquía y de la aristocracia".
FUENTE: ctxt.es
Tecetipos
Gerardo Tecé
27/01/2020
24/11/19
PASOLINI, UN POETA EN LA BANDA IZQUIERDA
"La madrugada del 2 de noviembre de 1975, la polizia romana encontró el cuerpo sin vida de Pier Paolo Pasolini en un desangelado descampado de Ostia, a las afueras de Roma, cerca de la desembocadura del Tíber". Los forenses informaron de que presentaba heridas por todo el cuerpo: "golpes en la cabeza, cortes, magulladuras; hemorragias internas, la más importante provocada por una violentísima patada en los testículos. Y evidencias de atropello". Aquella muerte salvaje, como el desenlace de sus libros, sobrecogió el alma de todo el país.
Con los días, los investigadores reconstruyeron los hechos. Aquella noche, "Pasolini había quedado para recoger los negativos de su última película, robados días antes por un grupo de extrema derecha". Llevaba tres mil liras. "En un bar del barrio de Termini, invitó a Pino Pelosi, un golfillo de diecisiete años, a dar una vuelta en su Alfa GT plateado".
"El paseo, no obstante, se torció: discutieron –según Pelosi– porque se negó a aceptar las proposiciones sexuales del escritor". Hubo insultos, algún bastonazo. Pasolini detuvo el coche en aquel descampado porque Pelosi necesitaba orinar. A partir de aquí, comenzaban las "incoherencias en la declaración de Pelosi". ¿Había asesinado él solo a Pasolini o había más implicados? ¿Cómo había podido reducirlo, cuando Pasolini era un hombre atlético y en plena forma? ¿Una discusión por mantener sexo anal había desencadenado aquel atroz asesinato?
"La única evidencia cierta es que, horas después del hallazgo del cuerpo, una patrulla de carabineros detuvo a Pelosi conduciendo el Alfa GT a toda velocidad por las calles de Roma". Sin embargo, para muchos el golfillo parecía un simple chivo expiatorio de una conspiración más grande. Durante la investigación, la polizia barajó varias opciones. ¿Podría tratarse de un asesinato político, de Estado? Podría: Pasolini se había convertido en un incordio para el poder. “La burguesía no es una clase social, es una enfermedad”, había dicho. ¿Podría ser un simple robo? También.
"Pasolini había sido un hijo de los borgantes de Roma", pero su recurrente vuelta a los suburbios más empobrecidos podría haber levantado envidias entre los más desfavorecidos. ¿Y un crimen pasional? Sí. Y "aquellos furtivos encuentros con golfillos la excusa perfecta de la extrema derecha para denostarlo".
"Aunque Pelosi se autoinculpó como único asesino, nunca se pudo corroborar la veracidad de su declaración", en parte porque él mismo agrandó el misterio cambiando los detalles con frecuencia. "Hace dos años, Pelosi se llevó la verdad a la tumba".
“Hay un destino físico en la ideología”, había afirmado Pasolini. También para él, aunque nunca le importase demasiado. "Comunista. Tifoso del Bolonia. Poeta de la miseria. Ensayista polémico. Guionista provocador. Director de cine contracorriente. Católico y marxista para unos; pederasta y pornógrafo para otros".
"Sus películas habían escandalizado a toda una generación y sus libros habían iluminado los desgarros más profundos de su país". Y aún le quedaba por delante una brillantísima carrera, tan artística como polémica.
El niño futbolista
"'Casualidades de la vida', el descampado donde Pasolini fue asesinado estaba cerca del campo de fútbol de Ostia. 'Casualidades de la muerte', los supuestos chavales que lo abordaron podrían haber sido los protagonistas de sus dos novelas más famosas: 'Los chavales del arroyo' y 'Una vida violenta'". Y 'casualidades de la literatura' –siempre entre vivos y muertos–, la combinación de esos dos títulos resume "el tipo de vida de los chavales de los suburbios que tanto amó: una sobrecogedora violencia de la que solo escapan cuando juegan al fútbol".
Una imagen que se repite en ambas novelas: “Dos equipos de chavales trastiberinos están jugando al balón, chillando de mala manera, corriendo como rebaño de ovejas”, escribió Pasolini, 'todos al ataque o todos en defensa'. "Juegan sin camisetas, a pecho descubierto. La mayoría, descalzos. No tienen miedo ni a los balonazos ni a las patadas porque la vida es dura para quien tiene los pies blandos”.
"El fútbol les ha enseñado el juego en equipo": si uno tiene hambre, el otro le consigue una porción de pizza; si uno necesita unas liras para jugárselas a las cartas, el otro se las fía; si uno no puede con tanta chatarra, el otro tira del carro. "El fútbol es el último fleco de infancia; lo que les aleja de los navajazos, la tuberculosis, la cárcel o la muerte".
El fútbol no fue el primer amor de Pasolini. De niño, le fascinaba jugar a la guerra hasta que, con 14 años, se enamoró perdidamente de ese “mundo solo de machos. O de machos solos”. Sucumbió a la 'febbre del calcio' viviendo los mejores años de la historia del Bolonia "con varios scudettos: en 1925, en 1929, desde 1936 hasta 1939". El paso del tiempo nunca pudo borrar las alineaciones de aquellas temporadas, marcadas a fuego en su imaginación. Ni siquiera cuando "la todopoderosa Roma flirteó con él en su madurez": Pasolini había jurado amor eterno al Bolonia.
En la adolescencia, lució el brazalete di capo en el equipo de su universidad. Jugaba de extremo, en la banda izquierda. “Lo llamábamos Stukas”, recordó su amigo Ninetto Davoli, “por su típica manera de lanzarse por el lateral y su ardiente carrera”. Peleaba cada balón con la misma valentía con la que escribía. Amaba el fútbol como un niño, sí, pero siempre con las botas en el suelo: “Tampoco querría parecer un defensor inconsciente del fútbol porque sé perfectamente que es una evasión”, dijo. Las cosas a su alrededor no estaban para evadirse; "había que mirar la realidad y atreverse a contarla. Y él lo hizo".
El poeta goleador
Lo dijo, además, como solía, sin rodeos: “Los deportistas están poco cultivados, y los hombres cultivados son poco deportistas. Yo soy una excepción”. Y no se quedó ahí: “En Italia”, aseguró, “el fútbol no ha tenido todavía el honor de captar una atención inteligente”. Con él, al fin la tuvo.
"Estudió el fútbol con la misma pasión con la que lo jugó". Un claro ejemplo fue el artículo que publicó el 3 de enero de 1971 en el diario Il Giorno titulado 'El fútbol es lenguaje con sus poetas y sus prosistas', donde analizó el juego desplegado en la final del Mundial de México. "Brasil se había impuesto por un contundente cuatro a uno a la selección azzurra", y Pasolini razonó aquel resultado: "la prosa electrizante de los suyos había sido goleada por la poesía brasileña".
Años más tarde, todos sus artículos deportivos escritos entre 1957 y 1971 aparecieron reunidos en 'Sobre el deporte': "los traumas de los futbolistas, el sufrimiento o la alegría que flotaba en las barberías cada lunes, el dolor por las derrotas del Bolonia o el cattenaccio de Helenio Herrera". Pasolini recordó los partidos en los Prados de Capara como los momentos más hermosos de su vida. Y confesó que había tenido un sueño: "arrancar en campo propio, regatearse a todos los contrarios y marcar el gol de su vida". “Cada gol es siempre una invención, es una perturbación del código”, escribió, “todo gol es fulguración, estupor, irreversibilidad”.
Dejó muchas sentencias para la eternidad: “El máximo goleador es siempre el mejor poeta del año”; pero, sobre todo, legó una teoría: 'el fútbol como lenguaje'. "Un futbolista solo tenía una oportunidad para escribir su jugada. El balón era su palabra y los regates, sus adjetivos. Con un pase ponía un punto y final a su jugada; con una pared, un punto y coma. Solo escogiendo bien cada palabra, escucharía el murmullo de la red: la expresión máxima de su poesía".
“Puede haber un fútbol como lenguaje fundamentalmente prosístico”, explicó Pasolini, “y un fútbol como lenguaje fundamentalmente poético”. Los futbolistas se dividían en dos equipos: "los que jugaban en prosa y los que lo hacían con poesía", explicó, “tal es la unidad mínima, tal es un poema”. La narración del fútbol, en definitiva, no distaba mucho de la de un libro: entre el andamiaje narrativo debía surgir la chispa que iluminase el escondrijo del gol. “El fútbol que expresa más goles es el fútbol más poético”, resumió.
El escritor jugador
“Para mí, el arte es juego, así como también, de algún modo, el juego es arte”, dijo Pasolini. Siempre defendió el fútbol, consciente de que era 'el opio del pueblo'; pero un opio con propiedades terapéuticas para el pueblo: “Las dos horas en el estadio como hincha (agresividad y fraternidad) son liberadoras”.
Pasolini sabía que había pocas sensaciones como ver un estadio lleno hasta la bandera. La cercanía con el ídolo transformaba a las personas. La tragedia o el milagro en los coliseos modernos podía cambiar sociedades enteras. “El fútbol vuelve a ser un espectáculo en el que el mundo real, de carne, en las gradas del estadio, se mide con los protagonistas reales, los atletas en el campo”, escribió.
Aunque "nunca terminó de fiarse de aquel deporte-espectáculo que abalaban las grandes marcas comerciales, un poderoso imperio que formaban millones de almas y sólo unos pocos controlaban": ¿Qué manos van amontonando los enormes beneficios de la pasión de cada domingo?
"El dinero carcomía la parte más sacra del fútbol". Por eso, "Pasolini siempre defendió el deporte amateur". Soñaba con equipar a todos por igual para que los chavales del arroyo tuvieran las mismas opciones de victoria "en el partido de esa vida tan violenta que les había tocado jugar".
En una de sus últimas entrevistas, un periodista le preguntó qué le gustaría haber sido de no haberse dedicado al cine o la literatura. “Un valiente jugador de fútbol”, contestó. Sin duda, fue mucho más que eso.
Miguel Ángel Ortiz Olivera
29/10/2019
8/1/18
CULTURILLA FUTBOLERA
A nuestro lado, otra mesa, dispuesta para cuatro comensales, dejaba ver la palabra "reservado" bajo la transparencia de las copas, colocadas boca abajo, como mandan los cánones, para que no se llenaran de polvo u otras suciedades.
El exceso de clientela traía de cabeza a camareros y camareras que, pese a su diligencia, no daban avío. Supusimos que en la cocina pasaría otro tanto, por lo que decidimos aguardar con calma y no apremiarlos. No obstante, con esa cierta libertad de clientes asiduos, recogimos la carta en la barra para ir ganando tiempo.
Ya estábamos a mitad de comida cuando aparecieron dos parejas de mediana edad y ocuparon la mesa reservada. Cayeron en la cuenta también, como nosotros, de que aquella avalancha de comensales traía de cabeza al personal, y que tardarían bastante en atenderlos, pero al parecer no tenían prisa y decidieron esperar.
Entre la barahúnda de voces del local, me llegaban, de forma intermitente, retazos de su conversación: por lo general frases entrecortadas, pero hubo una que llegó nítida a mis oídos. Hablaban de algún grupo de amigos en concreto, cuando uno de los varones dijo:
- Son una gente más aburrida que el carajo. Nunca hablan de fútbol.
Miguel Ángel G. Yanes
23/11/15
AL PUEBLO, PAN Y CIRCO
Ésa era la máxima de los emperadores de la antigua Roma para tener al pueblo controlado.
Aquí, dos mil años después, se sigue empleando la misma técnica, si bien, el circo, que ha cambiado de nombre y de escenario, genera pingües beneficios con los que ni siquiera se atrevieron asoñar los dirigentes del Imperio, mientras que el pan comienza a escasear en muchas mesas.
Sinceramente, a mí me importa un rábano este circo moderno. No soy forofo, ni hincha, ni seguidor de ningún manípulo, cohorte o legión de futboleros. No quiero decir con esto que no me guste el fútbol, tan solo que me da igual quién gane, tenga los colores que tenga. Que lo haga aquel que mejor juegue, aunque no siempre la suerte y la justicia avancen de la mano.
Desde niños, los padres, los tíos, los amigos... nos obligan a decantarnos por un determinado club, unos colores, emblemas y bufandas (con las que hay que cargar aunque no tengas frío). Nos enseñan a aplaudir y arengar hasta desgañitarnos las acciones del equipo al que se vende el alma, y abuchear como energúmenos todo lo que haga el equipo contrario, por muy bueno que sea; atendiendo más a las vísceras que a la razón.
En el fondo, ese circo cumple una función social que los gobiernos controlan desde antaño: consiste en desfogar a los ciudadanos, restarles fuerzas y energías, para que no les queden ganas, durante el resto de la semana, de echarse a la calle para reivindicar lo que en buena lid les corresponde y ellos se empeñan en negarles.
Lo peor del asunto, es que este deporte (tal cual está enfocado), libera de tensiones y angustias cotidianas solo cuando se gana, pero enquista en el alma la rabia sorda de perder, y eso nos daña irremisiblemente.
Parece un disparate, pero puede llegar a convertirse en odio.
Miguel Ángel G. Yanes



































