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4/4/21

LA ECONOMÍA DE ARGENTINA (2ª PARTE)

...CONTINUACIÓN:

El peronismo

Juan Domingo Perón, fundador del Movimiento Justicialista, también conocido como peronismo

El militar Juan Domingo Perón logró la presidencia en 1946, instaurando el denominado justicialismo ('justicia social') hasta 1955, junto a su mujer Eva Perón, que aún hoy es un icono en Argentina. Su gobierno no sólo mantuvo las prácticas de los regímenes militares previos sino que, de hecho, incrementó de forma sustancial el intervencionismo estatal en la economía, extendió las prácticas mercantilistas e instauró su particular modelo socialista, inspirado en el fascismo italiano de Mussolini.

Entre otros factores, destacan los siguientes, tal y como expone José Ignacio García Hamilton, profesor de Historia de Derecho en la Universidad de Buenos Aires:

UBA (Universidad de Buenos Aires)

  • Nacionalizó varias industrias, como los servicios de electricidad, gas, teléfono, ferrocarriles, transporte urbano, medios de comunicación, etc.
  • Subsidió a grupos sindicales y empresariales próximos al poder.
  • Disparó el gasto público e incurrió en elevados déficits fiscales.
  • El superávit de la balanza de pagos acumulado durante la Segunda Guerra Mundial (Argentina se mantuvo neutral y vendió productos a ambos bandos) no fue suficiente para financiar las “prácticas populistas de Perón”.
  • Fue entonces cuando recurrió a la monetización masiva de deuda a través del banco central, generando una elevada inflación.
  • Subió los impuestos al sector exportador, al capital y, especialmente, al sector rural, y siguió dificultando las importaciones mediante políticas arancelarias.
  • Introdujo rígidos controles sobre la producción y la libre contratación de servicios y trabajadores; fijó precios en el mercado del alquiler y suspendió los embargos inmobiliarios.
  • Creó el Instituto Argentino para la Producción y el Intercambio (IAPI), que eliminó las empresas exportadoras privadas y fijó los precios internos de las cosechas por debajo de los precios internacionales. Luego, el IAPI vendía esos productos en el exterior y retenía la diferencia para aumentar el gasto público.

 Regresa la dictadura, pero no el libre mercado

 

Perón fue derrocado por un nuevo golpe militar en 1955, pero ello no impidió que se mantuviesen los rasgos básicos del intervencionismo argentino hasta la década de los 90, incluso después de la reinstauración de la democracia en 1983.

La alternancia de gobiernos autoritarios y democráticos en el poder no cambió un ápice el modelo mercantilista y socialista que se fue imponiendo progresivamente desde 1930. Como resultado, el desarrollo argentino fue mucho más lento y débil que el del resto de países avanzados durante la segunda mitad del siglo XX.

En esencia, se mantuvo un gasto público elevado (financiado con deuda o emisión); un sustancial control estatal sobre la economía (nacionalización de industrias); el modelo de sustitución de importaciones y, por tanto, el 'aislacionismo comercial'; la emisión desenfrenada de dinero (alta inflación); y un adoctrinamiento cultural (en escuelas y universidades) centrado en el 'nacionalismo', que fomentaba el mercantilismo y el odio hacia el extranjero (incluido el capital foráneo). Y todo ello, en medio de una gran inestabilidad política.

Reformas insuficientes, corralito y kirchnerismo

Carlos Menem

Tras la reinstauración de la democracia (1983), la crisis se agudizó hasta tal punto en la década de los 80 -con hiperinflación de por medio- que el peronista Carlos Menem (1989-1999) intentó revertir la política económica mediante la privatización de empresas estatales (como YPF), cierta apertura comercial al exterior y la fijación del peso argentino al dólar estadounidense para frenar la inflación.

Aunque el país logró crecer con fuerza durante los años 90, las reformas fueron tímidas a la hora de revertir el socialismo de décadas previas. Así, por ejemplo:

 

  • La privatización de empresas públicas se efectuó a dedo, privilegiando a grupos próximos al poder y, en todo caso, limitando hasta el extremo la libre competencia mediante una estricta regulación y fijación de tarifas en la provisión de servicios. Es decir, el monopolio se mantuvo intacto en numerosos sectores.
  • La apertura comercial se limitó a tan sólo a algunos países de América Latina (englobados en el Mercosur), de modo que el aislacionismo nacional fue sustituido por un aislacionismo regional. Es decir, Argentina permaneció cerrada a la globalización.
  • El gasto público siguió aumentando: el gasto en la provisión de servicios públicos fue sustituido por el aumento en “gasto social” (subsidios, subvenciones, prestaciones públicas y ayudas), a modo de clientelismo para comprar votos.
  • De hecho, el peso del Estado sobre la economía siguió creciendo: el déficit público pasó del 0,15% en 1994 al 2,4% en 2000, y la deuda pública del 34% en 1991 al 52% del PIB en 1999. Como resultado, la deuda externa de Argentina -tanto comercial como pública- aumentó de forma sustancial, encareciéndose la financiación para el sector público y privado.

Puesto que la fijación al dólar ataba de pies y manos a su banco central para imprimir dinero y generar inflación (reduciendo así el peso de la deuda externa), Argentina decidió de forma unilateral declararse en default (impago) en 2001, lo cual generó una corrida bancaria y el temido corralito de 2002.

El también justicialista Néstor Kirchner conquistó la Presidencia en 2003, sucediéndole en el cargo su mujerCristina Fernández de Kirchner, en 2007. Así pues, el kirchnerismo va camino de su primera década, impulsando una política económica inspirada en la etapa peronista.

El país ocupa hoy una pésima posición en indicadores clave para el desarrollo económico. Así, Argentina se sitúa en el puesto 113 del ranking mundial en cuanto a facilidad para hacer negocios (Doing Business), que elabora cada año el Banco Mundial, de un total de 183 economías, a la altura de países como Etiopía, Egipto o Kenya. Destaca, sobre todo, por situarse a la cola en indicadores como la apertura de empresas (146), permisos de construcción (169), registro de propiedades (139) o pago de impuestos (144).

 

Néstor Kirchner y su esposa Cristina

Además, en un ranking que mide el respeto a la propiedad privada en 130 paísesArgentina se sitúa entre los 10 peores, tan sólo seguida por Costa de Marfil, Nicaragua, Bangladesh, Nigeria, Burundi, Venezuela, Ucrania, Angola y Libia. Asimismo, el Índice de Calidad Institucional (ICI) sitúa a Argentina en la posición 125 de un total de 194 países, perdiendo 32 puestos desde 2007.

Un 62% de los países obtiene una calificación superior a la de  Argentina en términos de calidad institucional. En las primeras posiciones de América Latina se encuentran Chile, Costa Rica y Uruguay; mientras que Argentina, por el contrario, se aproxima a Nicaragua, Paraguay, Bolivia y Ecuador; las últimas posiciones son para Haití y Venezuela, aunque Cuba también sale malparada. Dentro de este índice, registra las perores calificaciones en materia de libertad económica, funcionamiento de los mercados, estabilidad monetaria y seguridad jurídica.

Hace ahora un siglo, Argentina se encuadraba en el 'top ten' de los países más ricos del mundo. Hoy se sitúa en el puesto 59, según los últimos datos del Fondo Monetario Internacional (FMI), a la altura de México, Líbano o Gabón, y muy próximo a Venezuela (puesto 64). Según el Banco Mundial, la 'renta per cápita' de Argentina en términos de poder de compra (descontando inflación), apenas superaba los 15.500 dólares en 2010, un 70% menos que EE.UU., un 60% inferior a Japón o Alemania y la mitad que Francia o Italia.

FUENTE: infoberdigital.com
25/01/2020 

Está claro que el desplome económico de Argentina se produce a raíz de los diferentes golpes de Estado, auspiciados siempre por esas élites depredadoras, auténticas aves de rapiña, a las que, a pesar de lo que dicen, la patria les importa un 'corno', y no digamos ya el resto de la ciudadanía. 

Y así, comprando voluntades a esos buitres traidores, el 'vecino del lejano Norte' logró impedir que el pueblo argentino lo siguiera adelantando económicamente. 

Quiero finalizar mi comentario con unos versos del amigo Rafael Amor:  

"Picotean el crepúsculo de algún grillo minúsculo

unas cuantas gallinas"

Ahora sustituyan ustedes 'gallinas' por esas 'familias de orden' que conozcan y verán como oscurece de repente...

LA ECONOMÍA DE ARGENTINA (1ª PARTE)

Argentina fue el país más rico del mundo en 1895. ¿Por qué terminó en el puesto 62?
 
Una actualización del Maddison Historical Statistics reveló que entre 1895 y 1896, Argentina fue el país más rico, con el PBI per cápita más alto del mundo, por delante de Estados Unidos, Bélgica, Australia, Reino Unido y Nueva Zelanda. Aunque muchos críticos aseguran que los datos estadísticos de aquellos años en Argentina no eran demasiado fiables.

Luego de la Revolución de Mayo en 1810 y la Independencia lograda en 1816, Argentina no pudo encontrar fácilmente un modelo de prosperidad. Tras los gobiernos de Juan Manuel de Rosas, y su derrocamiento en la Batalla de Caseros (1852), el país tomó el proyecto de Constitución de Juan Bautista Alberdi (1853/60), de clara orientación liberal. El nuevo marco político y legal fue proinmigración, defendió la libre empresa, mantuvo al Estado apartado del desarrollo productivo y se limitó a ofrecer el marco jurídico apropiado dentro de un Estado de derecho.

 “En 1914, Argentina era 'el país del futuro'. Su PIB 'per capita' era más alto que el de Alemania, Francia o Italia. Para un hombre joven y ambicioso la elección entre Argentina y California era muy difícil”, apuntaba The Economist en su reciente nota de tapa titulada “La tragedia de Argentina. 100 años de decadencia.

Argentina es uno de los países que ha registrado un mayor deterioro económico durante el último siglo. Su tránsito de la riqueza a la pobreza se podría resumir en la sucesión de tres grandes etapas:

  • Auge y desarrollo gracias a la globalización, la estabilidad monetaria y la liberalización económica (desde mediados del siglo XIX hasta el primer tercio del siglo XX); 
  • el período de entreguerras, desde 1930 hasta 1945, en donde se fue imponiendo paulatinamente la autarquía y el proteccionismo;
  • y el ascenso del peronismo (1946-1955), cuyo legado pervive desde entonces, de una u otra forma, pese a la sucesión de distintos regímenes dictatoriales y democráticos.


Uno de los países más ricos del mundo

Al igual que otros países, Argentina se integró en la economía global durante el siglo XIX gracias a la apertura comercial, la libre circulación de capitales y la estabilidad monetaria que imponía el entonces vigente patrón oro. Argentina prosperó de forma sustancial hasta 1930, atrayendo un gran volumen de inversión extranjera y capital humano (inmigrantes).

 

 Inmigrantes llegando a Argentina
 
Tras su proceso de independencia y un turbulento período de conflictos civiles, la emancipación definitiva de Argentina llegó con la Constitución de 1853, que instauraba como principios básicos: la división de poderes, la igualdad ante la ley y un respaldo absoluto a la propiedad privada y el libre comercio.

Los distintos gobiernos surgidos de la Carta Magna potenciaron las infraestructuras, alentaron la inmigración y la inversión extranjera y garantizaron el cumplimiento estricto de sus compromisos financieros.

Jura de la Constitución nacional argentina

Este período, caracterizado por la apertura comercial y la libertad económica, se resume en los siguientes indicadores:

1. La población aumentó desde los 3,3 millones de personas en 1890 hasta los 7,5 en 1913 (un crecimiento medio anual del 3,5%). Casi la mitad de este incremento se debió a la inmigración, procedente sobre todo de Europa.


 Inmigrantes polacos en Argentina

2. El porcentaje de capital extranjero subió desde el 32% en 1900 hasta el 48% en 1913, como resultado de que Argentina "presentaba entonces las condiciones económicas e institucionales más favorables de toda América Latina para la inversión foránea".

3. La acumulación de capital aumentó de media un 4,8% anual desde 1890 hasta 1913, permitiendo que la renta per cápita avanzara a un ritmo del 2,5% anual. El desastre de la Primera Guerra Mundial afectó, sin duda, al desarrollo argentino, como resultado del desplome del crédito internacional y el retroceso de la economía mundial, de forma que la acumulación de capital decayó hasta el 2,2% anual y la renta per cápita avanzó un 0,8% entre 1913 y 1929, pero no impidió que Argentina siguiera desarrollándose hasta 1930.

4. Hasta la Primera Guerra Mundial, su renta per cápita era similar a la de EE.UU.; era uno de los mayores exportadores de cereales y carne, hasta el punto de representar casi el 7% de todo el comercio internacional; Argentina acumulaba el 50% del PIB de toda América Latina en 1913; el sueldo medio en Buenos Aires era hasta un 80% superior al de París, y cuando un inmigrante desembarcaba en Argentina ganaba casi lo mismo que el que se ubicaba en Nueva York.

5. Durante los años 20 se mantuvo como uno de los 10 países más ricos del planeta, con una riqueza comprable e, incluso, superior al de la mayoría de países europeos, similar al de Francia o Alemania, y mayor que Italia o Japón; el salario promedio superaba al que percibían los europeos. De hecho, durante los años 30, EE.UU., Canadá, Australia y Argentina estaban entre los 'países más ricos del mundo', con un PIB per cápita en torno a los 5.000 dólares.

El intervencionismo de los años 30

Los países más desarrollados por entonces, entre ellos Argentina, presentaban -al igual que ahora- una serie de rasgos comunes, entre ellos la seguridad jurídica, un marco institucional estable y, sobre todo, la apertura económica, un estado pequeño, escasas regulaciones y estabilidad monetaria.

Sin embargo, aquella economía abierta, favorable al capitalismo, fue cediendo terreno paulatinamente al intervencionismo estatal, el nacionalismo económico (autarquía) y, finalmente, el 'peronismo' (una especie de socialismo) que, de una u otra forma, preside Argentina desde los años 50.

Los años 30 son conocidos como la 'década infame', ya que se sucedieron una serie de golpes de Estado que otorgaron el poder a los militares, quienes instauraron un creciente intervencionismo económico, la autarquía (sustituir importaciones por producción nacional) y el proteccionismo comercial.

Además, resurgió de nuevo el mercantilismo, en donde el Estado se apropiaba de forma arbitraria de ciertos recursos privados para redistribuirlos entre determinados grupos de interés, favoreciendo así a las élites más próximas al poder político, en detrimento del libre mercado. Ya entonces la explotación de hidrocarburos estaba bajo el control del Gobierno -los recursos del subsuelo pertenecían al Estado-, y el poder político comenzó a intervenir de forma cada vez más activa en sectores clave del país, tales como la producción de carne y los cereales.

Es decir, Argentina pasó de tener una economía abierta y un estado pequeño, a una economía cerrada al comercio internacional y fuertemente intervenida. A ello, se sumó el abandono del 'patrón oro' y la adopción de 'políticas keynesianas', basadas en el estímulo fiscal y monetario (más gasto público y bajos tipos de interés), para tratar de impulsar el crecimiento en medio de la Gran Depresión.

Aunque esto no es algo extraordinario de esa época -muchos países optaron por políticas similares-, sí lo es el hecho de que este tipo de prácticas se extendió y agudizó tras la Segunda Guerra Mundial mediante la instauración del peronismo.

FUENTE: infoberdigital.com
25/01/2020

CONTINÚA...

13/6/20

LO QUE MUESTRAN LAS MANIFESTACIONES EN ESTADOS UNIDOS

Las manifestaciones contra el racismo en Estados Unidos han evolucionado ‎rápidamente hacia una promoción de las ideas que el Partido Demócrata quiere ‎implantar.

Ya no se trata de luchar por la igualdad de derechos para todos, ni de ‎cuestionar los prejuicios de ciertos policías sino de reabrir un verdadero conflicto ‎cultural, lo cual implica el riesgo de hacer estallar una nueva Guerra de Secesión.‎

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Las manifestaciones en Estados Unidos ya no están dirigidas contra el racismo sino contra los ‎símbolos de la historia del país. La Guardia Nacional fue desplegada para proteger ‎monumentos. Aquí la vemos, el 2 de junio de 2020, en el Lincoln Memorial de Washington. ‎ 

"Las manifestaciones que se han iniciado en diversos países de Occidente contra el 'racismo' en ‎Estados Unidos están desvituando la verdadera evolución del conflicto en suelo estadounidense". ‎

En los propios Estados Unidos, los hechos se han deslizado de un cuestionamiento inicial de "las ‎secuelas que aún persisten desde los tiempos de la 'esclavitud'" hacia un conflicto ‎diferente, "capaz de poner en peligro la 'integridad' misma del país".

La semana pasada yo recordaba en este mismo sitio web que "Estados Unidos pudo haberse ‎disuelto después de la desaparición de la Unión Soviética ya que parte de la identidad ‎estadounidense se basaba entonces en la oposición a la URSS".

Sin embargo, "el proyecto imperialista –'la ‎‎guerra sin fin'– puesto en manos de George W. Bush permitió reactivar el país después de los ‎atentados del 11 de septiembre de 2001". También subrayaba que durante las últimas décadas "la población estadounidense se había desplazado considerablemente para reagruparse ‎geográficamente por 'afinidades culturales'". 

"Los matrimonios entre personas de ‎razas diferentes comenzaron a disminuir nuevamente". Y llegaba a la conclusión de que "la ‎integridad de Estados Unidos estaría en peligro cuando otras minorías, 'aparte de los negros', ‎se unieran al movimiento de protesta".‎


Eso es precisamente lo que hoy estamos viendo. "El conflicto ya no es de blancos contra negros ‎ya que los blancos se han hecho mayoritarios en ciertas 'manifestaciones antirracistas' y visto ‎el hecho que 'hispanos y asiáticos' se han unido a las marchas y que el Partido Demócrata ahora ‎se implica en ellas".‎

Desde el mandato de Bill Clinton, "el Partido Demócrata se ha identificado con el proceso de ‎'globalización financiera', tendencia que el Partido Republicano apoyó tardíamente" y sin llegar ‎nunca a adoptarla plenamente.

"Donald Trump representa una tercera vía: la del 'sueño americano', o sea la vía del ‎empresariado" contrario al mundo de la finanza.

"Trump logró ganar la elección presidencial bajo ‎el lema 'America First!', que no era –aunque así se dijo– una referencia al 'movimiento ‎aislacionista pronazi' de los años 30 sino al regreso de los puestos de trabajo que las ‎transnacionales estadounidenses habían trasladado a otros países mñas rentables sin importarles el 'aumento del ‎desempleo' en Estados Unidos".

Trump contó ciertamente con el apoyo del Partido Republicano, ‎pero sigue siendo un 'jacksoniano' [seguidor de los principios políticos de Andrew Jackson, el ‎séptimo presidente de Estados Unidos (1829 a 1837)] y no es lo que normalmente se entiende ‎por 'conservador'". ‎

Trump pide represión dura contra las manifestaciones antirracistas.

Como lo demostró el historiador Kevin Phillips –el consejero electoral de Richard Nixon–, "la cultura ‎anglosajona ha dado lugar a 3 'guerras civiles' sucesivas":

-"la primera guerra civil inglesa, también llamada 'Gran Rebelión', entre los seguidores de Oliver ‎Cromwell y los defensores del rey Carlos I, de 1642 a 1651";

- "la segunda guerra civil inglesa o 'Guerra de Independencia de Estados Unidos', de 1775 ‎a 1783"

- "la tercera guerra civil anglosajona o 'Guerra de Secesión', en Estados Unidos, de 1861 ‎a 1865". ‎

"Los acontecimientos actuales en Estados Unidos podrían llevar a una cuarta guerra". Al menos ‎eso es lo que parece pensar el general James Mattis, ex secretario de Defensa, quien acaba de ‎expresar a la publicación estadounidense The Atlantic su "inquietud ante la política del presidente ‎Trump, estimando que acentúa la división en vez de unir".


Volvamos a la historia de Estados Unidos en relación con los bandos en pugna. "El presidente ‎Andrew Jackson (1829-1837), catalogado como 'populista', impuso su veto al Banco Federal (Fed), ‎instituido por el primer secretario del Tesoro, Alexander Hamilton", uno de los padres de la ‎Constitución, quien era "favorable al 'federalismo' debido a su 'violenta oposición personal a la ‎democracia'".

"Como buen 'discípulo' de Jackson, el presidente Trump también está hoy 'en conflicto ‎con la Fed'".

"Veinte años después de la presidencia de Jackson estalló la 'Guerra de Secesión' (1861-1865", ‎que los manifestantes de hoy usan como referencia.

Según los manifestantes, "en la 'Guerra de ‎Secesión' se enfrentaron el 'sur esclavista' y el 'norte humanista'".

"El 'movimiento de protesta' que ‎comenzó a partir de un acto 'racista' –el asesinato de George Floyd por un policía blanco en ‎Minneapolisahora continúa con la destrucción de estatuas de generales 'sudistas', como Robert ‎Lee".

Acciones similares ya habían tenido lugar en 2017 pero "ahora cobran importancia con la participación de varios gobernadores del Partido ‎Demócrata".

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El gobernador de Virginia, Ralph Northam, del Partido Demócrata, anunció el ‎desmantelamiento de una célebre estatua del general sudista Robert Lee, a pedido de ‎manifestantes blancos. Ya no se trata de luchar contra el racismo sino de destruir los símbolos ‎de la unidad del país. ‎

Pero esa narración no se ajusta a la realidad. "Al inicio de la 'Guerra de Secesión', ambos bandos ‎eran 'esclavistas'. Y al final, ambos bandos era 'antiesclavistas'".

"El fin del 'esclavismo' no fue un ‎logro de los abolicionistas". Simplemente, ambos bandos necesitaban más soldados para enviarlos ‎al frente (daba igual el color).

"En la 'Guerra de Secesión' se enfrentaron 'el sur agrícola, católico y rico' y 'el norte industrial, ‎protestante y ansioso de enriquecerse'".

"El conflicto se cristalizó alrededor de la cuestión de los ‎'derechos de aduana' -los sudistas estimaban que cada Estado debía establecer sus 'derechos de ‎aduana'- pero los nordistas querían 'abolirlos entre los Estados' y dejar su control en manos del ‎'gobierno federal'".

Por consiguiente, "con la eliminación de 'símbolos sudistas', vistos como restos del 'esclavismo', ‎en realidad se rechaza 'la visión sudista de la Unión'".


Por cierto, "es particularmente injusto ‎arremeter contra la memoria del general Robert Lee", quien puso fin a la 'Guerra de Secesión' ‎al rechazar la adopción de una táctica de acciones de guerrillas para proseguir el conflicto desde ‎las montañas y optó por la 'unidad nacional'.

En todo caso,"estos actos abren el camino a una ‎'cuarta guerra civil anglosajona'".

"Hoy en día, las antiguas nociones estadounidenses de 'norte' y 'sur' ya no corresponden a ‎realidades geográficas. Sería más apropiado hablar de Dallas contra Nueva York y Los Angeles".

"No es posible escoger sólo los aspectos considerados 'positivos' en la historias de un país y destruir ‎todo lo que se considera 'malo' sin cuestionar todo lo construido".

Al hacer referencia al eslogan de Richard Nixon en las elecciones de 1968 –'Law and Order', ‎o sea 'Ley y Orden', "Donald Trump no predica exactamente el 'odio racista'", como afirman numerosos ‎comentaristas, sino que "vuelve al pensamiento del autor de ese eslogan", el ya mencionado Kevin ‎Philipps.


"Trump no está interesado en provocar la 'disgregación' de Estados Unidos sino en hacer ‎volver el país al pensamiento de Andrew Jackson", contrario al predominio del mundo de la ‎finanza. Y es que "se ve en la situación que vivió el soviético Mijaíl Gorbachov a ‎finales de los años 1980"

"La economía de su país –no la finanza– está en evidente 'declive' desde hace ‎décadas", pero sus conciudadanos se niegan a reconocer las consecuencias de ese declive. "Estados Unidos sólo puede sobrevivir si se fija nuevos objetivos.Pero ‎ese tipo de cambio se hace especialmente difícil en periodo de 'recesión'".

Paradójicamente, "Donald Trump se aferra al 'American Dream', o sea al célebre 'Sueño ‎Americano', la posibilidad de 'hacer fortuna', en una sociedad estadounidense estancada, donde ‎la clase media está en vías de desaparición" y en momentos en que los nuevos inmigrantes ya ‎no son europeos. Frente a él, "sus opositores –la Fed, Wall Street y Silicon Valley– proponen un ‎nuevo modelo, pero en detrimento de las masas".

"El problema de la URSS era diferente, pero la situación es la misma. Gorbathov fracasó y la URSS ‎'se derrumbó'".

"Sería sorprendente que el próximo presidente de Estados Unidos, sea quien sea, ‎lograra preservar la 'unidad nacional'".


El próximo 26 de diciembre se cumplirán oficialmente 29 años 
de la disolución de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas

FUENTE: voltairenet.org
Thierry Meyssan
Damasco (Siria)
09/06/2020

Yo no entiendo mucho de política, pero sí de lógica, y ésta me dice que todo lo que sube, tarde o temprano baja. Me lo enseñaron 'las abuelas bondadosas y buenas' de las que hablaba mi querido amigo Rafael (Amor) que en gloria esté.

Todos los grandes imperios 'que en el mundo han sido', nacieron, crecieron, alcanzarón su cénit y terminaron cayendo, desmoronándose poco a poco o de golpe y porrazo según los avatares de la Historia. Pregúntense si no, dónde está el Imperio Persa, el Alejandrino, el Cartaginés, el Egipcio, el Romano, el Bizantino, el Mongol, el Chino... Todos terminaron por desaparecer.  Y éste no será una excepción. Tarde o temprano se derrumbrá y será sustituido por 'otra cosa'. Mejor o peor, eso nadie lo sabe. Pero lo que está claro es que estamos asistiendo a la caída de un imperio.


24/5/19

MECENAZGOS Y DONACIONES DE LOS PODEROSOS

 
En nuestras "despóticas sociedades globalizadas bajo el prisma capitalista y neoliberal", son frecuentes los "lavados de cara sociales de los más ricos y poderosos" (el famoso 1%), para quedar bien con el 99% restante de la población, "mediante sus ya típicas actividades de patrocinio, filantropía, mecenazgo o donaciones". Y así, por ejemplo, en nuestro país, el fundador del imperio empresarial Inditex, Amancio Ortega, "donó recientemente 320 millones de euros a la sanidad pública, en su campaña de lucha contra el cáncer"

Pongamos en primer lugar un par de datos sobre la mesa para calibrar dicha cantidad en su justo término: la primera es que "su imperio empresarial ganó un 18% más durante el primer trimestre del año, en comparación con el año anterior". La segunda es que, proporcionalmente y en números aproximados (teniendo en cuenta que su fortuna está estimada en más de 70.000 millones de euros)


"Es algo así como si alguien hubiera donado 300 euros sobre un total de 70.000". De hecho, se calcula que sólo "entre 2011 y 2014, este personaje evadió más de 585 millones de euros a la Hacienda pública". Pero hoy día estos casos están muy extendidos en el ámbito internacional. "Los poderosos y sus famosas obras de caridad son parte del pan nuestro de cada día".

Los ejemplos se extienden a patrocinio de diversos eventos, mecenazgo dentro de algún nicho de mercado o tipo de actividades, o como es el caso, "donaciones concretas para algún área de investigación o desarrollo. Y se extienden tanto al ámbito público como al privado", es decir, tanto al mundo empresarial como al ámbito del organismo público o de la Universidad (Cátedras, Fundaciones, Congresos, ciclos, conferencias, jornadas, etc.). Una situación que se está poco a poco normalizando hoy día, pero que sin duda representa "un claro síntoma de alienación y decadencia social".


"Detrás de dichas aparentes acciones altruistas, se encuentra un fenómeno de clara deriva privatizadora de los recursos y actividades públicas", para ir legitimando dicho proceso. Por poner ejemplos concretos, y tal como nos cuenta Luisa Lores en este artículo para el medio Nueva Tribuna, la AECC (Asociación Española de Lucha contra el Cáncer), que se presenta como la gran valedora de la defensa de los pacientes con esta dura enfermedad, "está realmente dirigida por Inés Entrecanales (Grupo Acciona), la Banca March y la Fundación Garrigues"

Por otra parte, e intentando ir al fondo de la cuestión, "a estas empresas y a sus poderosos dueños y accionistas no les interesa la Atención Primaria, el ratio de profesionales en la sanidad pública, la promoción de la salud, o la mejora de los hábitos de vida para disminuir la incidencia del cáncer en nuestras sociedades, sino el diagnóstico con equipos de alta tecnología y el tratamiento con costosos fármacos". En última instancia "no les interesa la salud de la población, sino sus beneficios económicos".


"La salud entendida desde un punto de vista integral depende de sus determinantes sociales (tales como la alimentación, el trabajo, la vivienda, el medio ambiente, etc.), y éstos no parecen interesar tanto a los magnates". Además, "no es la falta de dichos equipos tecnológicos, sino la falta de personal para utilizarlos, lo que aumenta las listas de espera para los pacientes con cánce". La falacia por tanto es absoluta, al pretender presentar como un gran beneficio para la sociedad la donación interesada de un magnate dentro de un ámbito relativo, en este caso, a la salud pública. 

Luisa Lores concluye de forma muy gráfica e ilustrativa: "Por una sanidad pública y de calidad para todos, financiada por impuestos al 100%, a través de una hacienda libre de amnistías fiscales, sin donaciones, mecenas, magnates ni multinacionales en su seno, con profesionales dedicados al sistema público y con control de su I+D+i como cualquier empresa que se precie".


"Los parámetros de una sociedad justa ya poseen los mecanismos como para no tener que recurrir, aceptar ni agradecer la supuesta generosidad, altruismo o caridad de ninguna persona o entidad privada". Pero es precisamente esta base de la pirámide, es decir, los parámetros de una sociedad justa, los que fallan, en este caso los de "una justa y progresiva fiscalidad, que obligarían al señor Amancio Ortega, y a otros muchos como é, a tributar, en la medida correspondiente, para contribuir de forma 'justa y equitativa' a los progresos, avances y recursos de su sociedad"

Por otra parte, nos choca bastante que estos magnates pretendan presentarse tan interesados por la salud pública (o cualquier otro ámbito social), teniendo en cuenta que "sus empresas se encuentran deslocalizadas en terceros países, en los cuales tanto habría que mejorar en lo que a condiciones dignas de trabajo se refiere"

En el caso concreto del Grupo Inditex, "su ropa se elabora en gran parte en países como Marruecos, Brasil o Bangladesh, a través de mano de obra semiesclava mediante subcontratas que obligan a trabajar en condiciones de explotación salvaje, y cometiendo graves violaciones de los derechos humanos fundamentales".

"Realmente no tenemos aún conciencia suficiente de qué hay detrás de un pantalón de Pull Bear, de una chaqueta de Massimo Duti o de un vestido de Zara", cuando lo adquirimos en cualquier tienda de cualquier centro comercial de nuestras ciudades. "Si desean lavar su imagen y presentarse como empresas éticas y con sensibilidad social, es ahí donde tienen que demostrarlo", en vez de ofreciendo regalos o donaciones a cualquier organismo o sector público.  


Albert Recio lo ha explicado en los siguientes términos: "La moraleja es clara: uno se hace muy rico a cuenta de pagar mal y eludir impuestos. Y en lugar de utilizar esta riqueza para generar empleo o bienestar social, la utiliza para seguir acumulando activos (que generarán nuevas rentas). Es evidente que, si Inditex pagara mejor a sus empleados directos e indirectos, mejorara sus condiciones de trabajo, y pagara decentemente los impuestos, sus beneficios serían menores y Amancio Ortega no habría sido capaz de construir su actual imperio"

"Vivimos en una sociedad que mientras jalea los donativos de un magnate para el sector sanitario, ha recortado el derecho universal a la salud", ha implantado copagos a personas de escasos recursos, jubilados o enfermos crónicos, y ha endurecido los requisitos para acceder a las prestaciones por desempleo.


Y concretamente "en el sector sanitario, ha contribuido a desbordar las capacidades de centros y profesionales, mediante cierres de instalaciones y de quirófanos, falta de material, bajas de trabajadores que no se reponen, cierres de camas y de plantas hospitalarias, o incremento vergonzoso de las listas de espera para determinadas pruebas o consultas". A la vez, se nos agita el mantra de la "insostenibilidad de los servicios público", así como de las llamadas "bondades de la llamada colaboración público-privada mediante los conciertos sanitarios", llevando hasta la saciedad el mensaje de que la iniciativa privada gestiona mejor que la pública. 

¿Se han posicionado estos magnates de las grandes empresas en este sentido? "¿Son éstos los cimientos de una sociedad justa y responsable? ¿Son demostraciones de una sociedad coherente, sensible y decidida a defender los derechos humanos, y la universalidad de sus servicios públicos?"  


Por tanto, "lo que necesitamos es más defensa de los derechos fundamentales desde las instancias públicas, una mayor justicia fiscal, menos colaboración público-privada, menos limosnas de los grandes magnates, y más inversión pública en los servicios que garantizan nuestro Estado del Bienestar (educación, sanidad, dependencia, pensiones, desempleo, servicios sociales, etc.)"

"Todo ello parte de los cimientos de una sociedad justa, que evitara la existencia de  fortunas tan elevadas a costa de la enorme pobreza, precariedad, exclusión y miseria de gran parte de la población". En el fondo, "por tanto, lo que hay detrás de estas "altruistas donaciones" de los poderosos no es más que una campaña de marketing para el lavado de las conciencias de estos personajes, que se aprovechan de la pobreza espiritual de las actuales sociedades, dominadas bajo los parámetros del salvaje neoliberalismo".


"La filantropía de estos magnates a nivel mundial (que tuvo su origen en el mundo anglosajón, y está muy extendida en Estados Unidos) ha derivado de hecho en peores servicios públicos, y por consiguiente, en un incremento de las desigualdades sociales y económicas". Hemos de revertir estos parámetros, hemos de denunciar la falsa retórica que entiende estos hechos como buenas noticias, y hemos de situar el foco de atención sobre las auténticas intenciones de estas campañas y donativos.

"Un modelo de sociedad justa, avanzada y equitativa jamás necesitará las limosnas de los más ricos y poderosos, entre otras cosas, porque impediría que existieran personajes tan ricos y poderosos como para realizarlas"


COMENTARIOS

"Si Amancio Ortega quisiera ayudar de verdad a su país y no humillarlo más, lo primero que debería hacer sería un ejercicio de patriotismo y amor a España, tributando aquí las ventas que realiza su empresa por Internet en Estados Unidos, Canadá o Japón, en lugar de hacerlo en Irlanda, un paraíso fiscal en el que paga sólo un 12% de impuesto de sociedades, la mitad de lo que los pequeños y medianos empresarios decentes pagan en nuestro país para que pueda tener carreteras, escuelas, hospitales, aeropuertos, estaciones de trenes, puertos y ambulatorios"

Raúl Solís

"¿Qué hacemos entonces? (...) ¿Seguir como hasta ahora, reverenciando al multimillonario cuando dona una mísera parte de su fortuna mientras evade todo lo posible, sabiendo que si paguese en la misma proporción que nosotros y nosotras, no sería necesaria su caridad indecente?"

Tomás Miguel

FUENTE: Agenda Roja Valencia
Rafael Silva