Miguel Ángel G. Yanes
17/4/21
HABLAR DE CAPITALISMO
4/10/20
PLAN DE RECONSTRUCCIÓN EUROPEO
¿Por qué Europa no se atreve a subir los impuestos a los más ricos?
Tras el acuerdo en verano sobre el fondo de reconstrucción, los dirigentes de la UE empiezan a debatir este otoño la creación de nuevos impuestos europeos para financiarlo. Pero se resisten a aumentar la fiscalidad sobre las grandes empresas.
Fue uno de los momentos álgidos de la política europea en julio: "el acuerdo 'in extremis' en Bruselas sobre el fondo de reconstrucción". Si el verano estuvo marcado por este pacto para que la Unión Europea destine 390.000 millones de ayudas y 360.000 millones de préstamos para paliar la crisis del Covid-19, ahora se debe concretar cómo se reparte este dinero, que empezará a llegar a las arcas de los países a partir de principios del año que viene. Además, los dirigentes europeos discutirán en otoño otro aspecto esencial del fondo de reconstrucción: ¿cómo obtendrán los recursos para devolver esta deuda europea?
"Para financiar la totalidad de esos 750.000 millones del fondo, la Comisión Europea se ha propuesto dotarse de recursos propios". La creación de estos nuevos impuestos europeos fue uno de los temas principales de la reunión informal de los ministros de Economía europeos del 11 y 12 de septiembre en Berlín.
"Debemos vincular las políticas a los fondos de la UE para abrir un nuevo camino (…) para contribuir a invertir la lógica de la justa devolución", indicaba el documento del ministro alemán para esta reunión, en la que también se examinó el problema del fraude fiscal en el Viejo Continente. "Conscientes de que la recesión disparará los déficits públicos, los ejecutivos buscan la manera de equilibrar la balanza fiscal".
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La capacidad de las instituciones europeas de recaudar sus propios impuestos no hizo más que deteriorarse en los últimos años. Los derechos de aduanas y una parte del IVA cobrado directamente por Bruselas solo representan un 28% del presupuesto de la UE. Para compensarlo —y financiar los nuevos fondos para la reconstrucción—, los dirigentes desean la creación de unos nuevos impuestos especiales europeos, "como una tasa sobre los plásticos no reutilizables u otra sobre las emisiones de CO2 en las fronteras del Viejo Continente". También están sobre la mesa un tributo especial para las transacciones financieras y otro sobre los gigantes de Internet, aunque estas medidas generan fuertes discrepancias entre los países miembros.
En cambio, "se descarta crear un impuesto europeo sobre los grandes patrimonios o el conjunto de las multinacionales". Aunque la pandemia ha acentuado aún más las desigualdades, no parece una prioridad para los gobernantes apostar por una reforma progresiva de la fiscalidad. Y así acabar con décadas de dominio de las tesis neoliberales que "favorecieron una regresividad de la presión fiscal sobre las grandes fortunas y que países como Holanda, Irlanda o Luxemburgo se convirtieran en campeones del dumping fiscal".
Incremento de las desigualdades con la pandemia
"Se habla mucho del plan de reconstrucción europeo, pero aún no se ha precisado cómo se financiará", lamenta Lucas Chancel, profesor en la Paris School of Economics. Este prestigioso economista recuerda "cómo se han acentuado con la crisis del Covid-19 las diferencias de ingresos entre los más pobres y los más ricos". Lo que urge a acabar con los privilegios de numerosas multinacionales.
"Cuando alguien se toma un café en un bar cualquiera, éste pagará un 25% de impuestos. Pero si lo hace en un Starbucks, éste otro prácticamente dejará un 0% en las arcas públicas", añade Chancel, que codirige junto con Thomas Piketty y Gabriel Zucman el Laboratorio sobre las desigualdades mundiales.
Según un informe reciente de Oxfam, 32 de las empresas más poderosas en el planeta "aumentaron sus beneficios en 109.000 millones de dólares durante la pandemia" en comparación con la media de los años precedentes. Para compensarlo, la ONG propone la creación de "un impuesto sobre los beneficios excepcionales, necesario para responder al incremento de las desigualdades económicas, raciales y de género generadas por la pandemia".
Sin embargo, ¿por qué los dirigentes europeos no apuestan por aumentar la fiscalidad sobre las multinacionales? ¿Por qué se muestran reacios a la adopción de este corona-impuesto sobre las grandes fortunas? "En Europa siguen predominando las doctrinas neoliberales, que defienden que no se pueden aumentar los impuestos a los más ricos", recuerda Henri Sterdyniak, economista de la Oficina Francesa de Coyunturas Económicas (OFCE) y miembro del colectivo de los Économistes Atterrés.
Con la crisis sanitaria, que reflejó los estragos de recortar lo público, algunos países se pusieron las pilas en equilibrar su balanza fiscal. "Dinamarca prepara, por ejemplo, un impuesto especial a los bancos y las grandes fortunas para financiar las jubilaciones anticipadas de aquellos que ejercen las profesiones más duras". Pero éste no es el ejemplo seguido por la mayoría de países". El gobierno francés anunció el pasado 3 de septiembre "un plan de reconstrucción de la economía gala fundamentado en una disminución de 20.000 millones de impuestos a las empresas. Una rebaja fiscal basada en la política de la oferta y los regalos fiscales a los más ricos por los que apuesta el presidente Emmanuel Macron".
El voto por unanimidad en la UE, el gran obstáculo de la reforma fiscal progresiva
Los 28 países de la Unión Europea
"Entre los nuevos impuestos, la creación de una tasa especial a los gigantes de Internet obligaría a contribuir a estas multinacionales que se substraen de sus obligaciones con el erario público". No obstante, estos grupos tecnológicos "solo representan un 5% de las grandes empresas que evaden impuestos en el Viejo Continente", sostiene Chancel. "No necesitamos un impuesto europeo a los GAFAM (Google, Apple, Facebook, Amazon y Microsoft), sino a todas las multinacionales", añade.
Además, los dirigentes europeos ya discutieron la aplicación de esta tasa a principios de 2019, pero al final la descartaron a la espera de "encontrar un acuerdo con Estados Unidos en el marco de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE)". Unas negociaciones ahora paralizadas por voluntad del mismo Donald Trump. "Deberemos esperar a las presidenciales norteamericanas y que Trump no salga reelegido", pronostica Sterdyniak, quien "duda de que los gobiernos tengan el coraje necesario para impulsar esta tasa a los GAFAM".
"Otro obstáculo al aumento de los impuestos a los más ricos en Europa es el hecho de que las políticas fiscales deben ser votadas por unanimidad en el Consejo Europeo por los 28 países miembros". Esto favorece que países como Holanda, Irlanda, Luxemburgo o Malta, cuyo modelo se basa en el dumping fiscal, actúen como una minoría de bloqueo. "Impiden cualquier reforma profunda para combatir el fraude y la falta de progresividad en el pago de impuestos".
"La regla de la unanimidad en materia fiscal representa el principal problema", afirma Chancel, quien recuerda que para cambiarla "también hace falta unanimidad entre todos los gobiernos". Por este motivo, este especialista en las desigualdades económicas propone que "algunos países como Francia, España, Italia o incluso Alemania decidan actuar más deprisa y cooperen para crear un impuesto conjunto sobre los beneficios de las multinacionales". Estos proyectos de mayor cooperación entre países europeos resultan posibles bajo los actuales tratados de la UE, pero no suelen llevarse a cabo ante el miedo de acentuar las divisiones.
Para acabar con el dumping fiscal (ergo fraude) en Holanda o Irlanda, "hace falta que haya gobiernos progresistas en Alemania, Francia o España que apuesten por establecer una nueva correlación de fuerzas con estos países y que les sometan a una mayor presión", sostiene Sterdyniak. Este economista keynesiano recuerda que en 1962 las autoridades francesas llegaron a someter a un bloqueo las conexiones terrestres y marítimas de Mónaco para obligar al principado a cambiar sus reglas fiscales.
Holanda, Luxemburgo e Irlanda: verdaderos paraísos fiscales
Más que en islas paradisíacas perdidas en medio del océano, la mayor parte de la evasión fiscal en Europa se produce a través de otros países comunitarios. Según un estudio del economista francés Gabriel Zucman —un aventajado discípulo de Piketty—, "las empresas francesas defraudan 12.235 millones de euros del impuesto de sociedades. Y el 83% de este fraude tiene lugar a través de otros países de la UE. Una situación parecida se produce en España, donde el 85% de este fraude—por un total de 3.890 millones anuales— se efectúa mediante otros países comunitarios, sobre todo en Holanda (1.316 millones) y Luxemburgo (968 millones)".
Holanda, Irlanda o Luxemburgo han desarrollado agresivos mecanismos de dumping, pero esto no es suficiente para que las autoridades europeas los consideren paraísos fiscales. Una anomalía que dificulta la lucha contra el fraude. Tras el estallido de la crisis sanitaria y el anuncio de medidas astronómicas para mantener la economía a flote, "los gobiernos de Polonia, Francia, Bélgica o el regional de Escocia anunciaron que no darían ayudas públicas del Covid-19 a los grupos implantados en paraísos fiscales". Aparentemente de buena fe, estas medidas "tienen sobre todo un valor simbólico", explica Vincent Vicard, economista en el Centro de Estudios Prospectivos e Informaciones Internacionales (CEPII).
"Solo unas pocas empresas se ven afectadas por esta denegación de ayudas. Las podremos contar con los dedos de las manos", lamenta Eric Vernier, investigador en el IFRI. Según este experto en el blanqueo de capitales, el impacto probablemente escaso de estas medidas muestra "la dificultad de determinar qué es un paraíso fiscal".
"Los ejecutivos se basan en la polémica 'lista negra de la UE', de solo 13 países: Bahamas, Botsuana, Brunéi, Guatemala, Islas Marshall, Islas Vírgenes, Anguila, Nauru, Niue, Panamá y Seychelles". Entre ellos no aparece ninguno de los países europeos —Holanda, Irlanda, Luxemburgo, Chipre…— donde tiene lugar la mayor parte de la evasión fiscal en el Viejo Continente.
"El fondo de reconstrucción europeo y su financiamiento han puesto en el centro del debate la necesidad de equilibrar la balanza fiscal". Pero la falta de voluntad política y las insuficiencias de las herramientas para combatir el fraude lo dificultan. "Todos los países salen perdiendo con el modelo actual. Si no resolvemos los actuales desequilibrios, el problema de la justicia acentuará aún más las fracturas en el seno de la UE", advierte Chancel.
FUENTE: publico.es
Enric Bonet
Madrid - 26/09/2020
Los autores del fraude fiscal en todos los países del mundo siempre son los mismos, los más pudientes; aquellos que escaquean lo que, en buena lid, deberían compartir con los pobres.
24/5/19
MECENAZGOS Y DONACIONES DE LOS PODEROSOS
Pongamos en primer lugar un par de datos sobre la mesa para calibrar dicha cantidad en su justo término: la primera es que "su imperio empresarial ganó un 18% más durante el primer trimestre del año, en comparación con el año anterior". La segunda es que, proporcionalmente y en números aproximados (teniendo en cuenta que su fortuna está estimada en más de 70.000 millones de euros)
"Es algo así como si alguien hubiera donado 300 euros sobre un total de 70.000". De hecho, se calcula que sólo "entre 2011 y 2014, este personaje evadió más de 585 millones de euros a la Hacienda pública". Pero hoy día estos casos están muy extendidos en el ámbito internacional. "Los poderosos y sus famosas obras de caridad son parte del pan nuestro de cada día".
Los ejemplos se extienden a patrocinio de diversos eventos, mecenazgo dentro de algún nicho de mercado o tipo de actividades, o como es el caso, "donaciones concretas para algún área de investigación o desarrollo. Y se extienden tanto al ámbito público como al privado", es decir, tanto al mundo empresarial como al ámbito del organismo público o de la Universidad (Cátedras, Fundaciones, Congresos, ciclos, conferencias, jornadas, etc.). Una situación que se está poco a poco normalizando hoy día, pero que sin duda representa "un claro síntoma de alienación y decadencia social".
"Detrás de dichas aparentes acciones altruistas, se encuentra un fenómeno de clara deriva privatizadora de los recursos y actividades públicas", para ir legitimando dicho proceso. Por poner ejemplos concretos, y tal como nos cuenta Luisa Lores en este artículo para el medio Nueva Tribuna, la AECC (Asociación Española de Lucha contra el Cáncer), que se presenta como la gran valedora de la defensa de los pacientes con esta dura enfermedad, "está realmente dirigida por Inés Entrecanales (Grupo Acciona), la Banca March y la Fundación Garrigues".
Por otra parte, e intentando ir al fondo de la cuestión, "a estas empresas y a sus poderosos dueños y accionistas no les interesa la Atención Primaria, el ratio de profesionales en la sanidad pública, la promoción de la salud, o la mejora de los hábitos de vida para disminuir la incidencia del cáncer en nuestras sociedades, sino el diagnóstico con equipos de alta tecnología y el tratamiento con costosos fármacos". En última instancia "no les interesa la salud de la población, sino sus beneficios económicos".
Luisa Lores concluye de forma muy gráfica e ilustrativa: "Por una sanidad pública y de calidad para todos, financiada por impuestos al 100%, a través de una hacienda libre de amnistías fiscales, sin donaciones, mecenas, magnates ni multinacionales en su seno, con profesionales dedicados al sistema público y con control de su I+D+i como cualquier empresa que se precie".
"Los parámetros de una sociedad justa ya poseen los mecanismos como para no tener que recurrir, aceptar ni agradecer la supuesta generosidad, altruismo o caridad de ninguna persona o entidad privada". Pero es precisamente esta base de la pirámide, es decir, los parámetros de una sociedad justa, los que fallan, en este caso los de "una justa y progresiva fiscalidad, que obligarían al señor Amancio Ortega, y a otros muchos como é, a tributar, en la medida correspondiente, para contribuir de forma 'justa y equitativa' a los progresos, avances y recursos de su sociedad".
Por otra parte, nos choca bastante que estos magnates pretendan presentarse tan interesados por la salud pública (o cualquier otro ámbito social), teniendo en cuenta que "sus empresas se encuentran deslocalizadas en terceros países, en los cuales tanto habría que mejorar en lo que a condiciones dignas de trabajo se refiere".
"Realmente no tenemos aún conciencia suficiente de qué hay detrás de un pantalón de Pull Bear, de una chaqueta de Massimo Duti o de un vestido de Zara", cuando lo adquirimos en cualquier tienda de cualquier centro comercial de nuestras ciudades. "Si desean lavar su imagen y presentarse como empresas éticas y con sensibilidad social, es ahí donde tienen que demostrarlo", en vez de ofreciendo regalos o donaciones a cualquier organismo o sector público.
Albert Recio lo ha explicado en los siguientes términos: "La moraleja es clara: uno se hace muy rico a cuenta de pagar mal y eludir impuestos. Y en lugar de utilizar esta riqueza para generar empleo o bienestar social, la utiliza para seguir acumulando activos (que generarán nuevas rentas). Es evidente que, si Inditex pagara mejor a sus empleados directos e indirectos, mejorara sus condiciones de trabajo, y pagara decentemente los impuestos, sus beneficios serían menores y Amancio Ortega no habría sido capaz de construir su actual imperio".
"Vivimos en una sociedad que mientras jalea los donativos de un magnate para el sector sanitario, ha recortado el derecho universal a la salud", ha implantado copagos a personas de escasos recursos, jubilados o enfermos crónicos, y ha endurecido los requisitos para acceder a las prestaciones por desempleo.
¿Se han posicionado estos magnates de las grandes empresas en este sentido? "¿Son éstos los cimientos de una sociedad justa y responsable? ¿Son demostraciones de una sociedad coherente, sensible y decidida a defender los derechos humanos, y la universalidad de sus servicios públicos?"
Por tanto, "lo que necesitamos es más defensa de los derechos fundamentales desde las instancias públicas, una mayor justicia fiscal, menos colaboración público-privada, menos limosnas de los grandes magnates, y más inversión pública en los servicios que garantizan nuestro Estado del Bienestar (educación, sanidad, dependencia, pensiones, desempleo, servicios sociales, etc.)".
"Todo ello parte de los cimientos de una sociedad justa, que evitara la existencia de fortunas tan elevadas a costa de la enorme pobreza, precariedad, exclusión y miseria de gran parte de la población". En el fondo, "por tanto, lo que hay detrás de estas "altruistas donaciones" de los poderosos no es más que una campaña de marketing para el lavado de las conciencias de estos personajes, que se aprovechan de la pobreza espiritual de las actuales sociedades, dominadas bajo los parámetros del salvaje neoliberalismo".
"Un modelo de sociedad justa, avanzada y equitativa jamás necesitará las limosnas de los más ricos y poderosos, entre otras cosas, porque impediría que existieran personajes tan ricos y poderosos como para realizarlas".
COMENTARIOS
"Si Amancio Ortega quisiera ayudar de verdad a su país y no humillarlo más, lo primero que debería hacer sería un ejercicio de patriotismo y amor a España, tributando aquí las ventas que realiza su empresa por Internet en Estados Unidos, Canadá o Japón, en lugar de hacerlo en Irlanda, un paraíso fiscal en el que paga sólo un 12% de impuesto de sociedades, la mitad de lo que los pequeños y medianos empresarios decentes pagan en nuestro país para que pueda tener carreteras, escuelas, hospitales, aeropuertos, estaciones de trenes, puertos y ambulatorios"
Raúl Solís
"¿Qué hacemos entonces? (...) ¿Seguir como hasta ahora, reverenciando al multimillonario cuando dona una mísera parte de su fortuna mientras evade todo lo posible, sabiendo que si paguese en la misma proporción que nosotros y nosotras, no sería necesaria su caridad indecente?"
Tomás Miguel
FUENTE: Agenda Roja Valencia
Rafael Silva



















