Más allá de los distintos elementos que, en la actualidad, componen la indumentaria oficial universitaria (toga, muceta, puñetas, birrete, guantes, anillo, bastón y medallas) las diferentes Escuelas o Facultades de la Universidad Española son identificadas por una serie de colores que forman parte de esa vestimenta que, los componentes de la comunidad universitaria, utilizan en actos muy determinados.
Hoy he aprendido un nuevo término que me hecho soltar una buena carcajada. No cabe duda de que hay gente con un tremendo ingenio que, enfocado hacia el mundo del humor, nos ayuda a sobrellevar la pesadez y machaconería de esta absurda sociedad en la que estamos imbuídos y que, poco a poco, nos va devorando como un producto más de su consumo:
"Sordera testicular"
La padecen personas sin problemas auditivos, que escuchan perfectamente, pero entienden lo que les sale de los cojones.
Tengo la manía de asomarme diariamente al balcón a primera hora de la mañana. En principio para ver si ya están colocada la calle, y si llueve, hace viento o frío, para saber a qué atenerme con respecto a indumentaria y calzado. Y, a continuación, escondiéndome un poco tras la cortina, para que los vecinos no me tomen por más loco de lo que ya lo hacen, impregnarme de la energía del amanecer y, más allá de normas y obediencias religiosas, rogar a mi manera por un mundo más justo a esas entidades cósmicas que -convencido estoy de ello- todo lo llenan.
Pues bien, cierto día, ese ritual se truncó de repente, ya que, al descorrer la hoja de cristal de la puerta, mis ojos quedaron atrapados por una palabra escrita en el asfalto.
Me agradó aquel saludo matutino, no solo por lo inesperado, sino por el cariño y la delicadeza que rezumaba. Y, cómo no decirlo, por su expresión artística. No sé a quién iría dirigido, pero estaba claro que a alguien que habitaba en mi mismo edificio. En previsión de que las rodadas de los coches la borrarán, opté por ir a por la cámara fotográfíca (fíjense que no digo móvil; recuerden que no tengo: NO ME DA LA GANA) Así que, con ella en la mano, me dispuse a inmortalizar aquel "buenos días" a la italiana.
La segunda parte de la historia es bastante más prosaica y me dejó incluso un mal sabor de boca.
Tras la ducha, el desayuno y el resto de rutinas diarias, bajé al bar de costumbre a tomar el primer café de la mañana y echarle un vistazo a la prensa escrita. En ello estaba, cuando otro parroquiano que acababa de entrar, se acerca para decirme:
- Gracias a ti lo pudieron coger.
- ¿A mí?... ¿A quién pudieron coger?
- Al individuo que hizo la pintada. La policía lo detuvo hace unos minutos, dos calles más allá. - ¿Y qué tengo yo que ver con eso? - ¡Ah!... Es que "fulano" dijo que habrías sido tú quien avisó a la policía porque te vío haciendo una foto.
Prometo que, por bajines, me cagué en todo lo cagable, para decir luego en voz alta:
- ¡¿Y por que coño iba a llamar yo a la policía?! Ni que hubiera pintado la puerta de mi casa.
Además, si hice una fotografía fue porque me pareció una manifestación artística digna de guardar, máxime cuando el autor optó por escribir sobre el asfalto, con lo que terminará degradándose y desapareciendo, en lugar de haberlo hecho sobre una pared, como suele ser lo habitual.
Mariano Rajoy Brey, presidente de Gobierno de España
Mariano Rajoy, como es normal en él, suele sufrir frecuentes cortocircuitos lingüísticos que le llevan a perder el hilo de lo que está diciendo, y a decir sonados dislates y frases sin sentido, como aquellas de:
"“Es el alcalde el que quiere que sean los vecinos, el alcalde”
“ETA es una gran nación”
“Lo he escrito aquí y no entiendo mi letra”
“Los españoles son muy españoles y mucho españoles”
Pero el último es para mear y no echar gota. No sé si se trata de un lenguaje críptico o qué:
Una radiografía emocional sobre el desahucio en España, ganadora de DocumentaMadrid ‘La grieta’ recupera una de las heridas sin cicatrizar de la crisis española
Isabel y Dolores vivían una frente a la otra en el barrio madrileño
de Villaverde. Se comunicaban de ventana a ventana, sin apenas necesidad
de teléfono móvil. Dejaron de ser vecinas tras el desahucio de sus
casas, después de que el Ayuntamiento de Ana Botella vendiera miles de
viviendas sociales a fondos buitre. La Cámara de Cuentas de Madrid consideró en 2016 esa venta ilegal. Para entonces, estas dos madres de familia llevaban ya años luchando a través de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH). El caso sigue en los juzgados, pendiente de resolución.
La grieta, documental de Irene Yagüe y Alberto García Ortiz ganador del premio del Jurado al mejor largometraje nacional del festival DocumentaMadrid 2018,
comienza en los meses previos a esa venta, cuando las casas todavía
estaban ocupadas por personas y no podían entregarse a firmas como
Blackstone y Goldman Sachs.
Isabel llegó a Villaverde tras sufrir la expropiación de su anterior
hogar, necesaria para ensanchar la Avenida de los Poblados. Le
entregaron a cambio este piso en régimen de alquiler social. “Dejé dos
meses a deber y decidieron echarme. Cuando intenté pagarlo, me lo
impidieron. Decían que el proceso de desahucio ya estaba en marcha y era
imparable”, cuenta a través del teléfono.
Yagüe y Ortiz comenzaron grabando a la PAH a finales de 2012 para un
reportaje televisivo, en uno de los momentos álgidos de la crisis de los
desahucios en España, pero a medida que iban recopilando más datos y
más emociones, se dieron cuenta de que la historia necesitaba otro
formato. “Era muy potente la que estaban armando en la PAH, en especial
las mujeres, que suelen pelear más por sus familias y se avergüenzan
menos de mostrar su sufrimiento”, comenta a EL PAÍS Irene Yagüe.
Pasarse al lenguaje documental les permitió “rodar desde otro punto de vista y adoptar una narrativa más cinematográfica”, tomarse más
tiempo y esperar “a que las cosas sucedieran por sí solas”. Con su
cámara han registrado la reacción de jueces y otras instituciones
sociales ante las reivindicaciones de la plataforma y la atención de los
medios de comunicación. También se muestran las consecuencias personales de esta epidemia
social que ha convertido a cientos de miles de familias en refugiados
dentro de su propio país desde el inicio de las crisis, y que en 2017 sumó otros 60.754 desahucios, según el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ). La sororidad de dos mercheras como Dolores e Isabel, en representación de todo un grupo social, sirve de hilo conductor en La grieta
y resultó imprescindible “para llegar a entender que el desahucio,
además de dejarte sin techo, arrasa con todo tu entorno”, comenta Yagüe
en una de las sedes de DocumentaMadrid.
Dolores se encarga en solitario de sus dos hijos tras huir del
maltrato de su marido. Ocupó una casa en Villaverde durante años. A lo
largo del metraje de La grieta, intercambia con Isabel y con otros vecinos consejos, para que el próximo desahucio no los pille desprevenidos. Una cita de El Lute sirve de prólogo a esta película, en clara referencia al género quinqui
que se popularizó en el cine español en los años 70 y 80. “Para las
clases sociales desfavorables, a menudo su barrio lo es todo; entre
vecinos crean un punto de apoyo que no encuentran en otras partes de la
sociedad -comenta Yagüe-. La forma de enfrentarse a determinado tipo de
poder de estas dos mujeres, y de tantos otros mercheros, y su forma de
reivindicar desde el coraje y la desobediencia nos hizo querer contar su
historia a fondo”. “Han pasado años y todavía me preguntó por qué nos ha ocurrido algo
así”, comenta Isabel, que desde que abandonó Villaverde ha tenido que
cambiar de casa en otras dos ocasiones junto a su familia. Su hija
adolescente acude desde 2013 a psicólogos y psiquiatras. “Dejé que
grabaran todo lo que nos estaba pasando porque veíamos que la nuestra
iba a ser otra de esas injusticias que pasan de largo, sin que nadie se
entere”.
Auge y caída de la música contestataria en el País Vasco
El historiador y escritor David Mota Zurdo presenta este jueves en Madrid un ensayo en el que analiza más de tres décadas de
Rock Radikal Vasco. La convocatoria contará con la presencia de Virginia Pérez Alonso, codirectora del diario 'Público', y la escritora y académica Edurne Portela.
David Mota Zurdo
Antes, mucho antes de que condenaran a Valtonyc por enaltecimiento del terrorismo e injurias graves a la Corona; antes de Hasél, de los Titiriteros o de César Strawberry; antes incluso de que secuestraran por orden judicial el libro de Nacho Carretero Fariña, hubo una generación de bandas vascas que transitaron los límites de la libertad de expresión en nuestro país.
Valtonic, Hassel, La Insurgencia y Strawberry
El historiador David Mota Zurdo analiza en Los 40 Radikales (Ediciones Beta III Milenio) la evolución de la música contestataria vasca desde 1980 hasta la actualidad, centrándose fundamentalmente en los géneros
del punk, hardcore y hip-hop. Más de tres décadas de música en las que
subyace una batalla por el relato y un intento por parte del Estado de
silenciar y vetar aquellas letras incómodas que ponían en entredicho el
discurso oficial de la Transición.
Un ensayo necesario que se centra, por un lado, en la estrategia de instrumentalización de la música underground
que llevó a cabo la izquierda nacionalista vasca para transmitir y
expandir su ideario entre la juventud durante las décadas de 1980 y
1990; y, por otro, en los cambios, las sinergias y las dificultades que
desde entonces ha padecido este tipo de música contestataria.
Cartel del Festival Homenaje a La Polla Records, Eskorbuto y Kortatu.
La presentación del libro tendrá lugar este jueves 17 de mayo a las 19.30 en lalibrería madrileña La Sombra (San Pedro, 20) en el Barrio de La Letras. La convocatoria contará con la presencia del autor y de Virginia Pérez Alonso (codirectora del diario Público) y Edurne Portela (escritora y doctora en Literaturas Hispánicas North Carolina University).
Tiempo atrás prometí identificarles a otros voceros de la derecha española, más allá de aquellos conocidos miembros de La Caverna: Arcadi Espada, Carlos Herrera, Juan Carlos Girauta y Salvador Sostres, cuyas fachas ya contemplamos aquí el pasado 4 de abril. Helos aquí:
Federico Jiménez Losantos
Fernando Sánchez Dragó
Isabel San Sebastián
José Manuel de Prada
Cristina Tárrega
Alfonso Rojo
Curri Valenzuela
Francisco Marhuenda
Pilar Urbano
Hermann Tersch
Ana Rosa Quintana
Eduardo Inda
Alfonso Ussía
Bueno. Por si no consiguen encontrar la anterior entrada, voy a dejarles también las imágenes de los cuatro que faltan:
Arcadi Espada
Carlos Herrera
Juan Carlos Girauta
Salvador Sostres
Poco recomendable seguir el hilo de sus alocuciones o de sus textos; siempre echando pestes de todo lo que les huele a libertad. Con su discurso ultraconservador solo siembran discordia, odio, xenofobia, posicionados descaradamente a favor de las élites, ya sean monárquicas, empresariales o católicas, nos llenan los oídos de inmundicia y el alma de cascotes. Miguel Ángel G. Yanes
He oído decir muchos disparates a lo largo de mi vida, pero como el de hoy, pocos. Que conste que me entristece profundamente escuchar barbaridades como esa, que vienen a dar el bajo perfil cultural de algunos pueblos. Fue en el bar de costumbre, donde suelo recalar a echar una cerveza después de comprar el pan nuestro de cada día.
Alguien podría aducir que es invención mía porque raya lo esperpéntico, pero tengo un testigo que puede corroborar la veracidad del hecho: se llama Juan Antonio Acosta "Morocho", y se hallaba a mi lado cuando ambos escuchamos decir a un parroquiano, que comenzó identificándose como futbolero de pro de uno de los "grandes" equipos de este "pís", algo que nos dejó lelos: - ¡Estoy en contra de ese fascismo comunista!
Nos miramos con asombro, y si no fuera porque somos ateos, nos habríamos quedado haciendo cruces. ¡Qué cultura, caballero, qué cultura!... ¿Cómo es posible que haya gente que aún no sepa que fascismo y comunismo son doctrinas antagónicas?
Pero lo grave no fue eso, sino que luego empató con un "colega" y la incultura se multiplicó por dos: incultos y orgullosos de serlo:
- ¡Había miles de gentes!
Y es que hay gobiernos que restringen todo lo que pueden la educación y la cultura a los menos pudientes. Es una de sus múltiples técnicas de control . Saben que cuanto más inculto sea el pueblo, más fácil será de manipular.
Primer capítulo del libro 'De senectute politica. Carta sin respuesta a Cicerón' (Acantilado, 2018), la nueva obra del escritor Pedro Olalla. Un diálogo sobre los empeños que surgen con el pasar del tiempo
¿Conoces estos versos, Marco? Extraño se me haría que tu amor por lo
griego y el desvelo por las Musas de tu devoto amigo Tito Pomponio Ático
los hubieran dejado pasar inadvertidos. A mí—a los de nuestro tiempo—me
han llegado hace poco, rotos y lacunarios, en unos deplorables
fragmentos de papiro reutilizados para amortajar, sin muchos
miramientos, una momia de Egipto. Son versos de Safo: sobrios
tetrámetros de tres pies jónicos y uno trocaico. Aun entorpecido por la
corrupción de la tinta y de las frágiles fibras sobre las que han
sobrevivido al tiempo y al olvido, he querido leerlos así:1
De las Musas traigo, de violeta ceñidas, estos hermosos dones, jóvenes,
aplicada de nuevo a la esbelta y melodiosa lira de tortuga;
pues mi piel, antes tersa, ya ha ajado la vejez, y blanca se ha tornado mi negra cabellera,
y pesado se ha vuelto mi ánimo, y ya no me sostienen las rodillas
que en otro tiempo, ágiles, danzaban como gamos.
Tales cosas a menudo lamento. Pero ¡qué puedo hacer
si no les es dado a los mortales el sustraerse a la vejez!
De Titono contaban que la Aurora, la de brazos rosados,
presa de amor, se lo llevó con ella al fin del mundo,
siendo joven y hermoso, y, con todo, lo alcanzó con el tiempo
la canosa vejez, aun teniendo en su lecho a una inmortal.
… cree
podría dar
pero yo amo la delicadeza este y a mí
al sol el amor me ha brindado claridad y belleza.
Safo de Metilene, Safo de Lesbos o simplemente Safo,
considerada por Platón como la décima musa.
Es imposible que no lo hayas hecho, Marco: tengo casi la certeza de
que los has leído. Incluso pienso que estás en situación de elucidar
para nosotros si esos últimos cuatro versos mutilados, que cita Ateneo
el sofista,2 pertenecen acaso a otro poema—con lo que éste se
quedaría entonces en un lamento resignado ante las pérdidas propias de
la vejez—, o si, por el contrario, son corolario de este mismo, como
quiero pensar, lo que conferiría a la canción de Safo un giro inesperado
y misterioso hacia una consolatio senectutis. Pues no te oculto, Marco, que es precisamente esa otra consolación ante la vejez,
que tú escribiste aquel invierno en tu amado refugio de Túsculo y que
con tanto afecto dedicaste a Tito, lo que me mueve a mí—no Tito
Pomponio, pero sí Ático, otro Ático—a dirigirte ahora esta
larga misiva desde Atenas. Me la inspira ese diálogo a la manera griega
que compusiste sintiéndote apartado del ejercicio de la política por
tantas insidiosas ambiciones que habían acabado ya con la Res publica,
recogido en la intimidad del pensamiento tras la terrible pérdida de tu
joven hija Tulia—tu puerto, tu descanso, tu fuente de conversación y de
dulzuras—, y entregado febrilmente a poner por escrito todo cuanto
pensabas de la vida, con una urgencia tal como si un dios te hubiera
susurrado al oído el gélido oráculo de la proximidad de tu abyecto
final. En aquel tiempo denso, te aplicaste a escribir, además, acerca de
la amistad, de los deberes, del bien y del mal, de la adivinación y del
hado, de la muerte y de la naturaleza de los dioses; pero lo que me
mueve ahora, como te digo, a compartir contigo mi discurso es, sin
embargo, tu hermoso diálogo entre Catón, Escipión y Lelio, esa obra
llena de voluntad y de firmeza que escribiste entonces, Marco, no porque
la vejez sea buena, sino, tú bien lo sabes, para que la vejez sea
buena.
Tampoco se me oculta, pensando en tu preocupación por la vejez, tu
deseo de vivirla rodeado de buenos libros. Ésa fue tu pasión, los
libros, y, si los demás la censuraron, Tito asumió el deber de
satisfacerla. No sabes cuántas veces paso por los lugares que
frecuentasteis juntos en Atenas y os imagino a los dos en el Ágora, o en
lo que queda del Jardín de Epicuro, o en el espacio que ocupó el
Gimnasio de Ptolomeo al pie de la Acrópolis, escuchando a Antíoco
Ascalonita en la buena compañía de tu hermano Quinto y de tu primo
Lucio. Y, otras veces, lo imagino a él solo, a Tito, buscando por el
barrio del Cerámico las estatuas de Hermes que le encargabas en tus
cartas y, sobre todo, los volúmenes para esa biblioteca que iba con
diligencia reuniendo y que le conminabas, una y otra vez, a no vender a
nadie, pues reservabas para ella todas tus economías pensando en
adquirirla para solaz de tu vejez. Si vieras, Marco, cómo está hoy el
Cerámico… Cuántos pobres, caídos en desgracia—ancianos, muchos de
ellos—, buscan en las basuras y duermen este invierno, envueltos en
harapos, al escaso abrigo de sus callejones y sus soportales… Del
Pórtico donde se reunían los estoicos, a quienes escuchaste con tanta
consideración, no quedan más que los cimientos, y en sus inmediaciones
se agolpan buhoneros que ofrecen cosas viejas y otros que venden libros. Qué pensarás si te digo que en ese maremágnum he encontrado yo los
poemas de Safo, las elegías de Solón, los diálogos platónicos que tanto
te inspiraron, e incluso… incluso una obra tuya vertida al griego: Κάτων ο Πρεσβύτερος Περί Γήρατος. Cato Maior De senectute.
La senectud de la que tú escribiste, claro está, ha existido desde
que existe el hombre; pero es que en este tiempo, Marco, hay tanta gente
entrada en años que a veces me parece que esa tercera edad de la que hablas refiriéndote a Néstor3
es una creación de nuestra época, un reto privativo de este tiempo. La
gente vive más que en épocas pasadas, o, por mejor decir, ahora son
muchos más aquellos que llegan a una edad provecta. Otra cosa es si
vivimos bien, si conocemos de verdad el ars vivendi, el ars senescendi—¿acaso envejecer bien puede ser algo diferente a vivir bien los años postreros de nuestra vida?—, o incluso el ars moriendi;
si vivimos una vejez aislada, dependiente, precaria, enferma, resignada, apática, fútil o egoísta, o todo lo contrario; si tenemos, de
cierto, vida en nuestros años o tan sólo más años de vida. Tú has dejado
claro en tu obra, al hablarnos de que las dificultades de la vejez no
provienen tanto de la edad como del carácter y de la actitud vital de
las personas, que envejecer es, en un alto grado, un empeño ético; y yo
deseo ahora que reflexionemos sobre si el hecho de que nuestra sociedad
esté o no organizada y facultada para posibilitar dicho empeño no hace
del envejecer, también, un propósito político. Pues se me figura, Marco,
que no basta para una buena vida ser buen autor de la biografía propia,
sino también ser coautor, y bueno, de la biografía colectiva.
Nuestra deficiente democracia parece haber perdido hoy el ímpetu transformador que le conferían sus valores esenciales
El cuadro "Cicerón denuncia a Catilina" de Cesare Maccaria - Wikimedia
El hecho insólito de que, en algunas partes de la Europa de este
tiempo, más de la mitad de los ciudadanos con derecho a voto superen los
cincuenta años no es la única razón para afirmar que nuestra sociedad
está políticamente envejecida; yo me atrevo a afirmar que lo está más
aún por otra preocupante razón: pues, como sucedió también con vuestra Res publica—de la que fuiste denodado defensor—, nuestra deficiente democracia parece
haber perdido hoy el ímpetu transformador que le conferían sus valores
esenciales en su lejana juventud, cuando empezó a forjarse aquí en
Atenas.
Por otro lado, para dilucidar si es el envejecer un doble empeño,
ético y político a la vez, me ha parecido idóneo recurrir al
diálogo—contigo, con tu obra—, pues Sócrates, Platón y tú mismo lo
habéis consolidado como el género más propio para tratar con libertad
cuestiones de esta índole.
Sócrates y Platón
Si te he elegido a ti para este diálogo—tal
vez, casi monólogo—es porque has demostrado con tu vida que la filosofía
y la política son prerrogativas del hombre libre y del hombre de
acción, por haber defendido la justicia contra cualquier expresión del
egoísmo, y, como ya te he dicho, por haber sido autor de esa amena obra
sobre la vejez. Y, al igual que en ella, para reflexionar sobre la
senectud, tú no elegiste a Titono—un personaje mítico y lejano—, sino al
viejo Catón—uno real y casi de tu tiempo—, yo, ahora, para reflexionar
desde este tiempo sobre una suerte de senectud política, te elijo a ti, porque, además de senex, fuiste también depositario y servidor de todas las virtudes políticas y humanas que sostuvieron en tu tiempo la Res publica: auctoritas, nobilitas, dignitas, veritas, libertas, aequitas, ius- titia, firmitas, laetitia, fides, pietas, humanitas. No me parece empeño inútil, Marco, éste para el que ahora recurro a
tu ayuda; pues, en una sociedad donde el poder político tiende a actuar
en beneficio propio si no es espoleado por las demandas firmes de los
ciudadanos, la imagen que éstos tengan de la vejez en sí, y el grado de
conciencia que alcancen para hacerla valiosa y respetada, se me antojan
ambos de una importancia capital para una vida digna.
Notas 1. Desde 1922, el poema sólo nos era conocido a través de un
fragmento de los Papiros de Oxirrinco (Fr. 58x = poxy. 1787), en el que
aparecen, corrompidos, los cuatro versos finales, si bien falta el
arranque de los cuatro primeros. El hallazgo de una nueva copia entre
las mortajas de una momia, adquiridas por la Universidad de Colonia en
2002 (PKöln., inv. 21351 re), ha permitido la reconstrucción de los doce
primeros versos (v. M. Gronewald y W.R. Daniel, «Nachtrag zum neuen
SapphoPapyrus», zpe, 149, 1-4, 2004), que algunos estudiosos consideran
el poema completo. Otros, por el contrario, incluyen en la obra los
dieciséis versos (v. A. Lardinois, «The New Sappho Poem», en: E. Green y
M. Skinner (ed.), The New Sappho Old Ages. Textual and Philosophical
Issues, Washington d.c., chs, «Hellenic Studies Series», 38, 2009). La
traducción que aquí se aventura se basa en las reconstrucciones del
texto original hechas por M. Gronewald y W. R. Daniel («Ein neuer
SapphoPapyrus», en: Zeitschrift für Papyrologie und Epigraphik, 147:1-8,
2004), y por Edgar Lobel (ΣΑΠΦΟΥΣ ΜΕΛΗ: The Fragments of the Lyrical
Poems of Sappho, Oxford, Clarendon Press, 1925), a partir de ambos
papiros, cuyas imágenes fotográficas se encuentran disponibles en
http://www.unikoeln.de/phil-fak/ifa/pk21351+21376r.jpg y en
http://163.1.169.40/
cgi-bin/library?e=q-000-00---0poxy--00-0-0--0prompt-10---4
---ded--0-1l--1-en-50---20-about-1787--00031-001-1-0utfzz-8-00&a=d&
c=poxy&cl=search&d=hash3ab17c3611f1479c9be7fe 2. Ateneo, Banquete, 687b. 3. De senectute, x, 31, «Tertiam iam enim aetatem hominum videINT De
senectute politica_ACA0370_1aEd.indd 90 6/4/18 11:44 bat». Cf.
Homero, Ilíada, i, 250 ss.: «τῷ δ᾽ ἤδη δύο μὲν γενεαὶ μερόπων ἀνθρώπων |
ἐφθίαθ᾽, οἵ οἱ πρόσθεν ἅμα τράφεν ἠδ᾽ ἐγένοντο | ἐν Πύλῳ ἠγαθέῃ, μετὰ
δὲ τριτάτοισιν ἄνασσεν» (‘dos generaciones había visto perecer de
mortales nacidos y criados en la divina Pilos, y reinaba sobre la
tercera’).
Fragmentos del poema lírico de Safo
FUENTE: ctxt.es Lectura Pedro Olalla* 07/05/2018
(*) Pedro Olalla es autor, entre otros libros, de Grecia en el aire. Herencias y desafíos de la antigua democracia ateniense vistos desde la Atenas actual (Acantilado, 2015), Historia Menor de Grecia. Una mirada humanista sobre la agitada historia de los griegos (Acantilado, 2012) y Atlas Mitológico de Grecia (Lynx Edicions, 2002), y de las películas documentales Ninfeo de Mieza: El jardín de Aristóteles y Con Calliyannis. Reside en Grecia desde 1994 y es Embajador del Helenismo.
Para que todos alcancemos una vida digna necesitamos una sociedad más justa y un reparto equitativo de la riqueza.
Las profesoras de literatura de antaño (no recuerdo que hubiera ningún profesor de dicha materia en el instituto) apenas se detenía en la figura de Safo, supongo que por disposiciones del régimen político imperante pasaban de refilón sobre ella, y lo único que nos recalcaban era su lesbianismo, como si eso fuera un demérito para su poesía.