13/3/17

"LA POESÍA ES LA MADRE DE LA LITERATURA"

Navona recupera ‘Toda la noche oyeron pasar pájaros’, el premio Ateneo de José Manuel Caballero Bonald, a quien entrevistamos

José Manuel Caballero Bonald

Con un inteligente prólogo de Juan Cruz, fechado hace tres meses, reaparece la excelente novela de José Manuel Caballero Bonald (Jerez de la Frontera, Cádiz, 1926) Toda la noche oyeron pasar pájaros (volumen de tapa dura, de un azul deslavazado, en la colección Los ineludibles de la editorial Navona). Creo que en esta novela de 1981, premio Ateneo de Sevilla, es donde el autor se bate el cobre con toda la literatura: memoria y lenguaje. Así pues, poco se puede decir de ella que no se haya escrito por activa y por pasiva, y poco más se puede decir del escritor que no sepamos ya. Merecedor como es del premio Nobel de Literatura.

Esta es una novela, la tercera de su haber, que se inicia con la llegada a un puerto del sur de España de los Leiston, familia inglesa dedicada al negocio marítimo. En sus más de 470 páginas se da cuenta de la vida y milagros de varias familias, con sus respectivos personajes, para las que, si bien respiran mar, todo a su alrededor se vuelve asfixiante, de una densidad tal que ni el aceite. No existiendo un personaje principal, pues todos lo son en un logrado equilibrio a la hora de aportar su parecer sobre la realidad que les circunda. Por eso, la parte más importante es la del lector, pues con esas piezas debe construir el puzle de esa realidad de posguerra española. La realidad, que no deja de ser palabra inventada, domina todo el escenario de ese pequeño teatro portuario. Sabiendo que “la verdad procrea siempre otras verdades igualmente contradictorias”.

La novela, en esta edición, está organizada en tres partes de siete, seis y ocho capítulos respectivamente, y en ellas se desarrollan varias sagas familiares como las de la ya citada o la familia Benijalea, con la participación estelar de otros como los Lacavallería, Casalajunta o Anafre y Gazul, con mamá Paulina a la cabeza; también David, Lorenzo, Estefanía, Mojarrita, Nieves, Antonia, Sagrario, Natalia y Miss Bárbara o Marquitos, sin ir más lejos. O sea, unas familias, cual grupo social, que conforman el encofrado novelístico, con un narrador todopoderoso, que en tercera persona relata los hechos, y con unos personajes a los que deja hablar; y, unas veces directamente y otras indirectamente, los pergeña y hasta devela sus más ocultas intimidades, pues “cada uno es también otro distinto”.

Reconozco que no soy seguidor del vizconde de Bonald como el obispo Kilmuir, pero sí lector de Caballero Bonald. Pues en la aparente sencillez del relato existen diversas lecturas posibles, que necesitan de la complicidad del lector. Y aún diría más, es una novela que ha pasado y con nota de sobresaliente la prueba del tiempo, pues son ni más ni menos que 36 años y mantiene su vigencia, como podrán comprobar si leen esta excelente obra de un grande de los escritores en lengua española.

Y J.M. Caballero Bonald ha tenido la amabilidad de contestar a Librújula las preguntas surgidas al hilo de esta nueva lectura de Toda la noche oyeron pasar pájaros.

¿La reedición de esta novela, en la era digital, llega al lector con un delincuente sigilo, como Lorenzo abrió la cancela para salir a la calle?

Bueno, es una edición especial, una especie de regalo de cumpleaños del editor Pere Sureda. Más que con sigilo, yo pienso que aparece con una cierta condición de resucitada. Me gusta esa imagen de novela resucitada. A ver cómo se porta.

¿Usted tiene la culpable sospecha de que todos sus recuerdos son erróneos, como David?

No es que tenga la sospecha, es que estoy seguro de que nada de lo que recuerdo ha sucedido de verdad, o ha sucedido como lo recuerdo. Bueno, quizá sea un poco exagerado afirmar eso, pero de lo que no tengo dudas es de que en el fondo de la memoria hay un intruso que no dice nunca la verdad, que trata de engañarte. No hace mucho dije en un poema: “Evocar lo vivido equivale a inventarlo”. Pues eso.       

¿Habrá quien vea poesía en la belleza trágica de esa realidad oculta que expone su novela?


Ojalá ocurra algo así en el entramado de la novela. Pienso que la poesía es la madre primera de la literatura y la ausencia de ese nutriente poético produce una especie de sequedad en la prosa narrativa. Por supuesto que no me refiero a la poesía en un sentido simple, convencional, sino en la significación desconocida de las palabras, en el secreto flujo verbal que alimenta lo que se entiende por sugestión literaria.

Por cierto, una imagen poética se hace título de su novela: si la poesía es metáfora, ¿de qué es metáfora el poeta?

Pues ni idea… Pongamos que una metáfora o una alegoría que puede asociarse al poeta es la del perdido en un laberinto que encuentra de pronto la salida. Algo así.

¿Poesía y denuncia social pueden ir de la mano?

Pueden ir, pero solo en el caso de que esa denuncia social esté contenida, integrada en la materia expresiva del poema. Ya se sabe que la poesía no depende de ningún argumento previo, no tiene por qué contar historias, sino intentar descifrar ideas.

¿Del poeta a los dioses hay un verso?


Vamos a ver… La verdadera poesía, es decir, la única posible, tiene también, como el Torá de los cabalistas, un sentido oculto. Llegar a interpretarlo supone la iluminación. ¿Puede andar por ahí el verso que hay entre el poeta y los dioses?

¿En poesía y en Argónida es importante la generosidad?

No veo por ninguna parte qué importancia puede tener la generosidad en la poesía, no me parece que ese sea un buen término de comparación. En el caso de Argónida es distinto. Argónida puede ser el equivalente de la naturaleza concebida como sustitución del edén. Y ahí siempre se filtra una cierta clase de generosidad.

¿Sabe cuánto vale cenar con un poeta?      

Hay poetas que prefieren la cocina tradicional y otros que optan por las bagatelas de esa cocina de laboratorio tan en boga. Yo me quedo sin duda con los primeros, que son los que coinciden con mis gustos gastronómicos y con los que se puede prolongar adecuadamente la sobremesa. En cuanto a la cuenta, como dicen en el Caribe, lo más seguro es quién sabe.

¡Gracias por escribir, maestro!


FUENTE: librujula.com
Texto: Enrique Villagrasa
Fotografía: Elena Blanco

11/3/17

PALABREJAS EXTRAÑAS


No sé si a ustedes les ocurrirá lo mismo, pero en ocasiones me encuentro con palabrejas extrañas que no  tengo claro lo que significan. A veces son términos médicos o tecnológicos, unos relativamente comprensibles y otros indescifrables para mí; tal vez sea porque estoy demasiado anticuado y sin posibilidad de que mi sesera se actualice a una versión moderna. Que le vamos a hacer. 

 

Ayer, sin ir más lejos, mientras conducía, escuchaba un programa radiofónico de divulgación sanitaria en el que oí decir: "tendinopatía rotuliana", "rinitis vasomotora" y "ependimoblastoma". Bueno, de las dos primeras tuve claro que una acepción designaba problemas de tendones de la rodilla y la segunda una afección de las fosas nasales, pero lo de "ependimoblastoma", a pesar de que "blastoma" me sonó a algo cancerígeno, me dejó fuera de juego; así que, al llegar a casa, no me quedó otra que recurrir a un diccionario especializado que pudiera ilustrarme:

Ependimoblastoma.- Tumor neuroectodérmico primitivo supratentorial (PNETs) Tumor maligno de estirpe embrionario (https://www.aecc.es)


Y entonces tropecé con otras dos palabrejas: "neuroectodérmico" y "supratentorial", y me dije:

- Zapatero a tu zapato.

Porque si seguía tirando de aquella hebra, corría peligro de que las pocas neuronas que me quedan se enredaran en ella para siempre.


Lo curioso del asunto fue que, esa misma tarde, en un concurso televisivo (de los pocos de tipo cultural que en este país existen) alguién apostilló en un momento dado:

- Te voy a dar dos ósculos y un amplexo.


Sabía que "ósculos" eran besos, pero (reconociendo públicamente mi ignorancia) jamás había oído lo de "amplexo", aunque el significado de la frase dejara claro que debía tratarse de un abrazo. Así que, "vuelta la burra al trigo", tiré del diccionario de la RAE para enterarme con detalle de que...

amplexo
Del latín amplexus.
Poéticamente. abrazo.
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Miguel Ángel G. Yanes

8/3/17

DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER

Diez escritoras silenciadas por la historia 

Siempre a la sombra de los literatos, su legado cayó en el olvido o fue tímidamente reivindicado a lo largo de los años.

Cecilia Böhl (1796-1877)
Fernán Caballero

Pionera en nuestro país, tuvo claro que si quería hacer carrera literaria en la España de mediados del ochocientos, no podía hacerlo con un nombre de pila que sonaba casi a provocación; Cecilia Böhl de Faber y Larrea. Es por ello que decidió cambiárselo por el varonil seudónimo de Fernán Caballero, nombre con el que se daría a conocer en la época.

Hija del cónsul Juan Nicolás Böhl de Faber  y de la también escritora Frasquita Larrea, los críticos sitúan la obra  de Cecilia Böhl —y en concreto la novela La Gaviota (1849)— como precursora de la novela realista española. Le seguirían otras obras como La familia Alardea, Una en otra, Elia y Clemencia. Pero fue su obra La farisea, publicada en 1963, la que se hizo con el beneplácito del gran público.

Caterina Albert (1869-1966)
Víctor Catalá

Las furibundas críticas que recibió la obra teatral La infanticida,  fechada en 1898 y escrita por una jovencísima narradora catalana  llamada Caterina Albert, hicieron que ésta se decidiera por ocultar su  verdadera identidad para evitar así la reprobación profundamente sexista  que sufrió con su estreno literario.

La autora —ya como Víctor Català— pudo desarrollar una fructífera carrera narrativa que alcanza su cénit con Solitud,  texto que se enmarca dentro del modernismo. Locura, violencia y destino  configuran el universo narrativo de una escritora que rompió moldes y  escandalizó a la burguesía catalana de la época. El veredicto estaba  claro: una mujer no podía escribir con el desparpajo y la fuerza  expresiva con que lo hacía Caterina Albert.

Colette (1873-1954)
La inefable Colette 

Nacida Sidonie Gabrielle Colette, contrajo  matrimonio con el escritor parisino Henry Gauthier Villars, quien,  consciente de la capacidad literaria de su joven esposa, tuvo a bien  publicar bajo su nombre una serie llamada Claudine, basada  en los recuerdos que esta tenía de su niñez y adolescencia. El éxito  fue tal que superó incluso las expectativas de Gauthier, convirtiéndose  en un auténtico fenómeno literario. Las continuas infidelidades de  Gauthier hicieron que Colette se replanteara su matrimonio,  desarrollando posteriormente una fructífera carrera como escritora,  crítica teatral e incluso llegó a hacer sus pinitos en el music-hall.

Mary MacLane (1881-1929)
Mary Maclane

Pese a que en su día contó con un moderado  éxito, lo cierto es que la historia no ha hecho justicia con la joven  Mary MacLane. Con un estilo transgresor y confesional que adelantó a  escritoras de la talla de Virginia Woolf o Clarice Lispector, esta  canadiense de finales del siglo XIX se sacó de la manga con tan solo 19  años un dietario que más parece un tratado de irreverencia e indignación  para con el provincianismo de la época.

El artefacto, retitulado en su día con un modoso La historia de Mary MacLane —el original llevaba uno algo más urgente: Deseo que venga el diablo—,  encuentra sus lazos literarios en gente como Whitman, Rimbaud o Sylvia  Plath, y ofrece líneas memorables como: "No son las muertes, los  asesinatos, los ardides ni las guerras los que hacen de la vida una  tragedia —confiesa en una de sus anotaciones—. Es la Nada lo que la hace  tragedia. Es día tras día, año tras año, y la Nada".

Concha Méndez (1898-1986)

Empezó a escribir versos bajo la  influencia de Lorca y Alberti. Tras su largo noviazgo con Luis Buñuel,  Concha Méndez comenzó una fructífera labor como colaboradora en publicaciones  de la época como La Gaceta Literaria, Hèlix o Parábola. La  trayectoria de Méndez siempre se caracterizó por un anhelo de  independencia y de libertad que le llevó a vivir en Londres, Montevideo y  Buenos Aires. Cultivó la poesía pero siempre a la sombra de sus  mentores –los ya mencionados Lorca y Alberti– y a medio camino entre la  herencia clásica y la vanguardia del momento. Son de esta etapa sus  primeros poemarios publicados; Inquietudes (1926), Surtidor (1928) y Canciones de mar y tierra  (1930). En ellos, Méndez convierte en materia poética una realidad  vital que experimentó de forma intensa. 

Supo como pocas plasmar la  alegría y el vitalismo propio de los felices años veinte, pero también  hubo de enfrentarse al fatalismo de la guerra, el exilio e incluso a la  muerte de un hijo. De esa época son Vida a vida (1932), Niño y sombras (1936) y Lluvias enlazadas,  tres poemarios en los que se despoja del vanguardismo que le vio nacer  como poetisa, y dan paso a una voz depurada y personal, una voz  confesional en la que el dramatismo y la autenticidad se imponen a los  experimentos iniciales.

Luisa Carnés (1905-1964)
Luisa Carnés, la feminista olvidada y silenciada de la generación del 27

A Luisa Carnés no se le caían los  anillos. Escritora autodidacta, hizo las veces de periodista, camarera y  sombrerera en el taller de su tía. Nacida en 1905 en el seno de una  familia de clase obrera de Madrid, las duras condiciones de vida durante  su infancia le servirían de inspiración posteriormente en su carrera  literaria. Calles mugrientas llenas de miseria preludio de un siglo que  se adivinaba agitado. De ahí surge la pluma afilada y aguda de Carnés,  una voz que nunca encajó en el mundillo literario de la época y que  injustamente terminó siendo engullida por esa máquina de olvido que fue  la Guerra Civil.

Así, pese a que en su día fue reconocida  como una de las más prometedoras narradoras de nuestro país, tuvieron  que pasar más de 60 años para que el historiador Antonio Plaza  desempolvara parte de la obra de Carnés. Una trayectoria literaria que  comenzó en 1927 con Peregrinos de Calvario, un libro de relatos que daría paso dos años más tarde a Natacha, donde testimonia la dura vida de una empleada en un taller textil. La editorial Hoja de Lata rescató recientemente Tea Rooms. Mujeres obreras,  novela periodística en la que narra las desventuras y miserias de un  grupo de mujeres trabajadoras en una ciudad en la que la pobreza campa a  sus anchas.

María Teresa León (1903-1988)

Se inició en el periodismo bajo el pseudónimo de María Teresa Goyri y sus primeros artículos salieron publicados en el Diario de Burgos.  Cuando los felices veinte –para algunos– llegaban a su fin y un tiempo  de turbulencias se abría paso, María Teresa León publicó su primera  obra, Cuentos para soñar. Era el inicio de una fructífera  carrera literaria en la que cultivaría la novela, la biografía, los  cuentos, el teatro, los guiones y una gran cantidad de colaboraciones  periodísticas.

La defensa de la cultura y la mujer  fueron sus temas predilectos. Sin olvidar su compromiso político, que se  mantuvo firme a los ideales comunistas hasta sus últimos días. Una  trayectoria prolífica y nómada debido al exilio que le llevó a vivir  –siempre a la sombra de su gran amor, Rafael Alberti– a París, Argentina  y, finalmente, Roma. Es aquí donde perfila una de sus obras más  emblemática, Memoria de la melancolía, una insuperable crónica del recuerdo en la que repasa episodios pasados como el fracaso de su primer matrimonio.

Magda Donato (1906-1966)
Magda Donato

Antes, mucho antes de que la pluma  desquiciada y narcótica de Hunter S. Thompson se inventara aquello del  gonzo, hubo una periodista que tuvo a bien pergeñar en los años 30 lo  que bautizó como “reportajes vividos”, consistentes en testimoniar de  primera mano lo que sucedía para luego contarlo. Hija de comerciantes de  ascendencia judeo-alemana, Magda Donato —pseudónimo de un bizarro Carmen Eva Nelken Mansberger—,  tuvo la fortuna de crecer en una familia cosmopolita, educada y  moderna, a años luz del analfabetismo rampante que imperaba en la España  de la época.

Una buena muestra de su obra periodística se puede leer en Reportajes  (Ed. Renacimiento), en cuyo prólogo la académica Margherita Bernard  pone en valor la popularidad que en su día —principios de los 30—  alcanzaron los textos de Donato. Cuenta Bernard que los lectores, ávidos  de detalles y matices, escribían agitados al periódico, debatían y  polemizaban sobre su veracidad. No fue la única, curiosamente en  aquellos años de la II República, otras autoras como Josefina Carabias,  también hicieron las veces de “periodistas infiltradas” en la revista  ilustrada La Estampa o en medios de mayor tirada como Ahora.

Jane Auer (1917-1973)

Truman Capote, gran amigo de la escritora, la  describe sentada en un café de la casbah tangerina, con su “cabeza como  una dalia”. Es quizá una de las escritoras más subestimadas de la  historia, siempre a la sombra de Paul Bowles —nómada, músico y  autor de entre otras obras El cielo protector—. Su legado pasaría a la  historia, no así el de Auer. Mujer cosmopolita que vivió por y para la  literatura, se convertiría en el alma máter de esa pléyade de escritores  retirados del mundanal ruido tras la II Guerra Mundial con Tennessee  Williams, Gore Vidal y el ya mencionado Capote como cabezas de cartel.

Su obra En el cenador, recuperada por la editorial malagueña Alfama, y la reedición por parte de Anagrama de su novela Dos damas muy serias y su libro de relatos Placeres sencillos,  dan muestra del talento innato de Auer. Una adelantada a su tiempo de  quien el editor Jorge Herralde llegaría a ensalzar su “humor  extravagante y chiflado”, asegurando que del binomio Paul-Jane, esta  última era “el verdadero genio”. Su querido Truman Capote, además de  hacer malabares lingüísticos con la forma de su cabeza, no dudó en poner  en valor la capacidad poética de Auer; sárcástica y carente de tabúes.

Lenore Kandel (1932-2009)

Decir Beat Generation es como decir Jack  Kerouac, Neal Cassady, Allen Ginsberg o William Burroughs. Poco se sabe  del talentoso elenco de mujeres que quedaron relegadas tras la  imaginería contracultural de machirulos convenientemente  alicatados. Hablamos de Elise Cowen, Denise Lesertov, Diane di Prima,  Mary Norbert Körte y, muy especialmente, de Lenore Kandel. Nacida en Nueva York en 1932, pergeñó un libelo con cuatro poemas titulado The Love Book en  pleno verano del amor. Acusado de obsceno fue retirado de circulación,  el revuelo fue tal que la policía irrumpió en varias librerías en su  búsqueda. A pesar de ser reverenciada por casi todos los protagonistas  de aquella generación, su obra apenas ha trascendido y es el  macho-beatnik el que pasará a los anales de la historia de la  literatura. La historia, una vez más, se repite.

FUENTE: publico.es
Juan Losa - Madrid
08/03/2017

7/3/17

LA VIEJA CASONA (POEMA)


Atisba el gato de las orejas negras,
desde el borde del búcaro,
la tarde somnolienta.

Húmeda niebla hiende
la textura naranja
y aprisiona, con lentitud,
las formas detenidas
en el enmarañado
jardín de los olvidos.

Una similitud extraña de medidas
se conjuga en las líneas
de la vieja casona.

Ciento cuarenta y cuatro
varillas de metal
amarillean el paño
de la tapia blanquísima,
cuya profundidad
divide en sí la anchura
del frente y las espaldas.

Tres metros y catorce centímetros
entre techos y suelos,
planta tras planta así
hasta el mágico triángulo
del desván, donde ahora,
bajo un velo de polvo,
con sus hilos enhebran las arañas,
coordenadas de tiempo,
rescatando,
del silencio ancestral, ritos prohibidos.

Las puertas, todas,
dan medidas exactas
de camposanto y miran
la muerte desde el centro
de sus almas dormidas.

El ojo circular de su frente,
un instante
cegado por el rayo que en mitades
ha cortado la niebla,
deja escapar un último destello
desde una esquirla de cristal,
milagrosamente
al párpado aferrada.

Doce ventanas tienden
un sueño roto de cristales al sol
mientras las tejas
resbalan en silencio
una tras otra y quedan
oscilando en el borde
quebrado del alero.

Los pájaros detienen
su vuelo en las entrañas
abiertas, y en las vigas
de tea y en las huecas
heridas de su carne
anidan y gorjean.
Un lento ronroneo
vigila sus quehaceres.

La tarde
ya no da más de si.
Se abisma en el mutismo
de unos labios
como puñales fríos.

La casona se pierde,
nocturna, entre las sombras.
Sólo brillan los ojos
refulgentes del gato
que ha cambiado la curva
de la boca del búcaro
por la rama de un árbol.

Miguel Ángel G. Yanes

5/3/17

DESDE LAS SAGRADAS ALTURAS DE MACHU PICCHU


Río Urubamba y carretera de acceso a 
Machu Picchu.

 Y ahora vamos a girar la foto:

¿Qué les parece?...
 
¿Un rostro pétreo que hacia los cielos mira?


Miguel Ángel G. Yanes

2/3/17

LA MAGIA DE LOS NÚMEROS


La amiga Jeannette me ha devuelto un libro que le había prestado tiempo atrás, y en el momento de regresarlo a su lugar, no pude evitar la tentación de abrirlo para leer aquella reseña que anoté en su momento:
2-3-1995*

 "¡Las fechas! Siempre la magia de los números.
Tal día como hoy viajaba hacia Perú 
hace 16 años."


Perseguía un sueño pergeñado a la vista de una fotografía en blanco en negro, cuando apenas tenía 13 años de edad. Era la primera imagen que contemplaba de las ruinas de la ciudad perdida de Machu Picchu, y el impacto fue tal que, en ese mismo instante, me prometí a mí mismo, que algún día la visitaría. Y así fue: años más tarde me planté allí, completamente solo y con una sencilla mochila a la espalda ("ligero de equipaje" como mandan los cánones) decidido a impregnarme de su energía.


Más allá de paparruchadas y fantasías esotéricas o ufológicas, no sé si fue un viaje iniciático o no, pero cambió mi perspectiva de la vida para siempre.

(*) Los que me conocen, saben bien de mi costumbre de fechar los libros al llegar a mis manos.

Miguel Ángel G. Yanes

23/2/17

23, 23, 23...

23/02/1981 - Intento de golpe de estado.

Nunca lo olviden 
porque, a poco que nos despistemos, 
volverán a la carga.

Miguel Ángel G. Yanes

20/2/17

METAMODERNISMO

 

El Metamodernismo es un movimiento artístico de absoluta actualidad.  Metamodernismo es decencia, ética, integridad, honestidad, verdad... Metamodernismo es oscilación y tecnología digital. Pero Metamodernismo es también apropiación de todo aquello del pasado que valga la pena. Es la revolución contra el Postmodernismo, que ha sido el imperio de la chanza, de la mentira y del todo vale. Pero también de las patentes, la globalización y los derechos de autor.

Primera consecuencia: la juventud está fuera de onda, y no por primera vez. O corre, o se queda fuera del progreso intelectual y moral. Sin embargo, se les espera. Los realmente jóvenes se acercan a la verdad... Redes sociales como Snapchat son decencia en estado puro: "No tengo nada que decir, de momento, pero estoy aprendiendo y cambiando cada día. Por lo tanto, no quiero que quede ningún recuerdo de cómo fui ayer. No me comprometo con ninguna idea hasta que conozca el mundo real".


El Postmodernismo ha terminado. Basado en mentiras dio lugar a una forma de pensamiento nihilista absolutamente negativo. Ante la perspectiva de la muerte merecida (todos los occidentales éramos asesinos de inocentes), todo valía. "A disfrutar, que son cuatro días". Tiempos de yuppies y de porqueyolovalguismo randiano.

Se acabó.

El Postmodernismo ha muerto... ¡¡¡por fin!!!

El primer presidente postmoderno no ha sido Trump, aunque Trump lo sea, sino Putin. Pero no será el último: las elecciones en Holanda, Francia, Austria y otros países avanzados van a dar que hablar. Sobre todo a los medios cautivos del mal, y a sus serviles enanitos cabezones.

Por supuesto, los restos del postmodernismo, caducos, muertos, acusan de fascistas a todos los futuros presidentes de las naciones que intentan renacer de sus cenizas. No debe extrañarnos. Los financiadores de los medios (prensa, radio, televisión, cine, arte, teatro y demás mierda mediática) conocen la falsedad de las causas que crearon el postmodernismo. Son, de hecho, sus inventores.

¿Sabéis de qué hablo? De "obras de arte" como éstas:










Basura absoluta que no vale ni el material del que está hecha, pero que los marchantes venden a ciertos idiotas que, agradecidos al Postmodernismo que los hizo ricos, gastan fortunas en auténtica mierda. ¡Y esperan hacer un buen negocio porque cada día nacen muchos más idiotas que se hacen ricos y quieren comprar mierda postmodernista!

De Duchamp a Hirst, pasando por Warhol, Bastiat, Pollock, Lichtenstein, Rothko, Koons, todo basura a costo astronómico. Los precursores fueron los dadaístas, Duchamp y su carísimo retrete industrial al frente.



El verdadero Arte siempre precede a las ideas sociales. Los artistas son así, tienen un sexto sentido para hacer lo que toca hacer. El metamodernismo lleva progresando desde el cambio de siglo. Los artistas metamodernos han vencido dificultades monumentales. El sistema los ha ninguneado y, por si fuera poco, los artistas son desconocedores de los fraudes que los han impulsado a ponerlo todo patas arriba. Nada saben de la ineficiencia de las bombas A y H o de holofalacias.  

El impulso ha sido absolutamente espontáneo como reacción al absurdo, a la injusticia, al ridículo de un sistema que encumbra a los idiotas que no tienen nada que decir. Porque el sistema premia el que no se diga nada verdadero hasta ese ridículo punto, con tal de encubrir las falacias en las que fundamente sus "valores universales" incontestables. Mientras, eso sí, mutila salvajemente a sus neonatos o se niega a comer la carne de un animal que no haya sido completamente desangrado en presencia de un sacerdote. Postmoderno, ¿a que sí? A tope de postmoderno...


 Obra de Takashi Murakami

Los necios también intuyen buena parte del pastel. Intuyen que si argumentan con tópicos más manoseados que el coño de una dama de la noche, el sistema los premiará. Aunque cada vez los premia menos, la verdad: un sueldo fijo quizás. Porque la mentira cuesta cada día más sostenerla, hacen falta hordas de lacayos, coros completos de enanos intelectuales que la ensalcen cada día. Y los recursos son limitados. Y los que pagan son tacaños hasta la miseria.

En fin, ahora toca enseñaros verdaderas obras de arte metamoderno actuales:












Probablemente, acostumbrados a la mierda que os han vendido durante cien años, no veáis diferencia. Pero la hay.

¿Acaso no os dais cuenta de que todas lanzan un mensaje al espectador? "Piensa. Rebélate. Activa tus neuronas para derribar el Imperio de la Mentira". Sin traidor progresismo barato, sin cinismo, sin falacias.

En ciencia, recientes experimentos demuestran que la velocidad de la luz no es un invariante y que hay partículas millones de veces más rápidas que la luz. Los ingenieros lo saben desde hace mucho tiempo, porque fueron los responsables de poner en marcha los satélites GPS. Pero se callan porque quieren seguir cobrando a fin de mes.

Sistema de satélites GPS

¿Y en política? Pues lo mismo: la verdad ante todo. El sentimiento natural del hombre sin cortapisas, sin vergüenza de ser hombre. La Tercera República Constitucional de Trevijano, un anciano que seguramente ignora lo muy metamoderno que es. Ojalá viva muchos años.

Termino aquí, no sin invitaros a leer más sobre Metamodernismo.

Y otra cosa, lector... Te aviso: Si este post no te llega, simplemente suicídate*.


Un saludo.

Un ácrata postmoderno
(como todos los ácratas habidos y por haber) 
FUENTE: acratas.net



(*) O como diría mi difunta compañera laboral, Mª Paz Ballesta: 

"Pégate un tiro 
con mierda de pavo viudo"

16/2/17

FACUNDO CABRAL - A VECES YO ME PREGUNTO (VÍDEO)



No tuve la fortuna de conocer en persona a Facundo Cabral, antes de que un "ERROR" del Sistema lo eliminara para siempre del mundo de los vivos, pero su obra, firmemente apuntalada por sus canciones, sus agudos razonamientos, sus reivindicaciones sociales, su humor caústico y sobre todo por el caudal de su risa, ha quedado aquí para siempre, en la inmortalidad de su voz: un eco rotundo capaz de sacudir corazón y conciencia bajo el ritmo mágico de unos dedos acariciando siempre un cuerpo de mujer, mitad guitarra.

Miguel Ángel G. Yanes

7/2/17

LA MUJER DE LAS FUENTES (POEMA)


(A ella misma) 

La rítmica cadencia
del agua golpeando
sobre la piel del agua.

Las ramas de los árboles
trenzando en las alturas
una cúpula verde
que adormece el anillo
circular de la plaza.

Un rayo de sol tibio
pugnando por hundirse
bajo la sombra tenue
de las hojas.

En franca algarabía,
gorriones, loros, mirlos,
tórtolas y palomas,
y algún grito de niño,
rompen en trozos múltiples
el cristal que envolvía
la silenciosa
tristeza del templete,
despertando recuerdos
diluidos
en el acuoso mirar
de los ancianos.


Veo llegar de lejos
una figura
familiar que no logro
ubicar con acierto.
Esta memoria mía
va perdiendo neuronas
a medida
que el tiempo amarillea
con rabia mis papeles. 

¡Ah! ya sé:
la mujer de las fuentes.

Viene a cumplir el rito
diario de bañarse,
ajena por completo
al mundo que rodea
el borde de su mundo.

Se desnuda despacio;
el cuerpo ofrece
a la dulce caricia
del agua y no me advierte
siquiera a cuatro pasos,
haciéndome partícipe,
sin querer, de un secreto
que a diario trasluce
y nadie entiende.
 

Sólo vemos un cuerpo
desnudo de mujer
en una fuente
y absortos lo miramos
sin comprender,
en realidad, qué ocurre:

Ella conserva aún
la relación, la magia
que nosotros
-absurdos habitantes
de la prisa-
perdimos en las grietas
difusas de algún sueño.

La mujer de las fuentes
siente un ansia,
una atracción,
irresistible acaso
y no puede pasar
junto al murmullo
encantador del agua
sin sentirlo en el cuerpo.

Necesita
que golpee su frente,
que resbale
por sus ojos y labios,
por sus senos y pubis,
por sus muslos;
que su energía penetre,
a través de su piel,
hasta la roja esencia
de los huesos
y ser una con ella,
ajena a mí
y a todo el universo.
 

Como una ninfa espúrea
es una estrella
de luz húmeda y quieta,
fascinada en el tacto
del agua, adormecida
en el rayo de sol
licensioso que intenta,
resbalando
por los tejados fríos
penetrar por el hueco
de las arbóreas copas
y abrazarse a su cuerpo
en un descuido.

Ahora me ha mirado
desde la lejanía
profunda de sus ojos
y un ligero destello
me ha hecho cómplice suyo
para siempre.

Dos loros colilargos
captan por un instante
mi atención en un vuelo
de estridencias que asusta
a los laureles. Siento
en el aire su pálpito
mientras espero
a mi mujer y a mi hija
que ya descienden
por el rayo de sol
hasta mi encuentro.

Al girar la cabeza
la mujer ya no está.
Sola, canta la fuente,
y en la arena,
húmedas huellas van 
persiguiendo silencios
de lejanos jardines.

 
Miguel Ángel G. Yanes