27/1/10

LA EDUCACIÓN Y LA MAGIA


Educar es un claro intento de mejorar a la humanidad. Ya decía Herbert Baxter Adams que “un profesor trabaja para la eternidad, porque nadie puede predecir donde acabará su influencia”. Y la magia, también llamada ilusionismo o prestidigitación, puede ser un perfecto coadyuvante para esa educación, dando pie al mago, a través de una serie de trucos, de captar la atención del público, de tal manera, que puede crear la ilusión de que algo imposible está ocurriendo, ya sea en plena calle, en un salón o en un escenario.

 
 Herbert Baxter Adams

Cabría preguntarse si esa facultad del mago para captar la atención de los demás, es extrapolable al educador.

Si el profesor tuviera una capacidad de comunicación amena e ilimitada, la capacidad de asombro y de atención del alumno crecería exponencialmente con la suya; por lo que no sería demasiado descabellado pensar que ambas disciplinas, la educación y la magia, podrían complementarse en algunos casos. De hecho, técnicas y principios desarrollados por distintos magos, han demostrado ser de utilidad a la hora de modificar la atención y la conciencia, de enfermos que sufren enfermedades neurodegenerativas, tales como el alzheimer.



Cuando el mago actúa, al efectuar cualquier truco de ilusionismo, no trata de engañar a la vista, sino que trata de engañar al cerebro, porque no le interesa tanto dirigir o desviar la mirada del espectador; lo que le interesa más, en último termino, es dónde se encuentra concentrada su atención. Un espectador puede estar mirando fijamente un juego de magia, pero sin embargo no va a ver el truco, porque a pesar de tener los ojos puestos en él, su atención puede encontrarse localizada en otro lugar.

La educación funciona de una manera similar. Si el profesor es bueno (como se supone que lo ha de ser el mago) sabrá captar la atención del alumno, por muy tediosa y densa, que sea la materia. Para ello habrá de emplear también una serie de trucos, de distinta índole, pero encaminados al mismo fin: lograr el asombro y la satisfacción.

Miguel Ángel G. Yanes

21/1/10

LA EMPRESA ME HA HECHO UN REGALO DE REYES

Compañeros:

En el día de hoy, 21-01-04, me he enterado por terceros de que “Nuestra Empresa” aunque con cierto retraso, me ha hecho un regalo de Reyes, algo que me ha llenado de regocijo hasta límites insospechados, en primer lugar por lo inesperado y en segundo por el obsequio en sí.


Me embarga una emoción indescriptible, al considerar que han tenido este detalle conmigo. La verdad es que aunque mi verdadero oficio (para el que realmente se nace) sea el de amontonar palabras, ahora no consigo encontrar las adecuadas para expresar, como querría, mi profundo agradecimiento ante el presente ofrecido a mis 30 años de servicio.

Al parecer y como premio a esa dilatada vida laboral han decidido concederme un CAMBIO DE ACOPLAMIENTO FORZOSO a otro departamento, remitiéndose al Apartado 151.2 de la Normativa Laboral y aduciendo que:

“En relación con el compromiso adquirido de recuperar trabajos hasta ahora realizados por empresas colaboradoras (UNA PUTA MENTIRA), se le participa la necesidad de que el empleado con categoría laboral de Subjefe Administrativo Ofimático, acoplado a la Coordinación de Ingeniería-I, perteneciente a la Jefatura de Creación de Red de Canarias, pase a realizar las funciones que le son propias en la Coordinación Planta Externa Canarias II, dependiente de la Jefatura de Planta Externa de Canarias.”
 

Dicha resolución me ha cogido por sorpresa, ya que, no sabía, ni siquiera sospechaba, que esto fuera a ocurrir; aunque lo que más me ha molestado (si cabe) es haberme enterado, por un canal indirecto, de la carta que el Departamento de Recursos Humanos dirige al Comité de Empresa, sin que nadie tuviera la deferencia de comunicarlo a la persona (¡Perdón! Tal vez debería decir “unidad de gasto”) afectada.

Podría hablar largo y tendido sobre quiénes y por qué, pero creo que el simple hecho de nombrarlos, sería darles una consideración que no merecen.

Esto, como el OPUS, es un supo que te meten al revés.


Está claro que hace tiempo que se han perdido las formas, pero mi derecho al pataleo no van a poder reprimirlo. Es más, pienso ponerme botas de tacón cubano para hacer el mayor ruido posible. Lo malo es que ahora, a la “alegría” del cartel de SE VENDE, que me recibe a diario al incorporarme al centro de trabajo, he de sumarle este otro handicap.


Lo que no termino de comprender es por qué gran parte de la plantilla se encuentra desmotivada, deprimida y hasta angustiada, ni por qué es tan alto el índice de absentismo.

¡La verdad es que no lo entiendo!

Miguel Ángel G. Yanes
Matrícula 92535-7

20/1/10

AUNQUE NUNCA VIVÍ EN TACORONTE


No sé a ciencia cierta si los vecinos de Tacoronte lograron derribar el Plan General de Ordenación Urbana que afectaba al municipio, o si sólo han podido detenerlo de forma provisional. Sea de una manera o de otra, quiero solidarizarme con ellos en su lucha, sobre todo con doña María Virginia González Dorta, cuya carta titulada "Yo tenía una casa y una huerta en Tacoronte", publicada el pasado mes de octubre en la prensa local, me tocó el corazón.
 

Yo nunca tuve un pedazo de tierra, ni en Tacoronte ni en ningún otro sitio. Es más, ni siquiera tendré ya esos dos metros cuadrados que antiguamente nos correspondían, pero de todas formas, quiero solidarizarme con ella en su denuncia de los artífices de un PGOU que pretende arrasar todo lo que se ponga a tiro, eliminando sin ningún tipo de pudor, casas, jardines, huertas, árboles, arbustos y, si no los frenan, hasta la propia identidad tacorontera, representada en parte por esos pocos barrancos aún vírgenes, donde la maravilla de la vegetación silvestre, besa y abraza todo lo que encuentra a su paso, transformando sus cauces en un bello y bucólico vergel; un alimento para el alma y para los sentidos.


Me vienen a la memoria unos versos, para mí de los más hermosos de Emeterio Gutiérrez Albelo, sobre esos idílicos enclaves que llegan a ser los barrancos aún no profanados por la mano del hombre:

"Cañaverales de Agua García / cañaverales que pulsa el viento / rítmicos tubos / varas con flecos... /cañaverales locos del alma / que se me afilan / igual que lanzas hacia los cielos / cañaverales de Tacoronte / cañaverales que pulsa el viento".

Ruego que no los toquen; es parte de la precaria herencia que todavía podemos legar a nuestros hijos, aunque sea tan sólo un simple atisbo del paraíso natural que ya perdimos.


Aunque nunca viví en Tacoronte, lo frecuenté a menudo en mis años jóvenes. Solía acudir en los meses de verano en compañía de mi vecino y amigo Fernando Canino Palma, cuyos abuelos tenían vivienda en Los Naranjeros, justo en ese corto tramo de carretera que aún conserva la sombra y el arrullo de los álamos, junto a la Casa Roja (referencia inútil en estos tiempos porque, hasta ella, ha perdido el color) Allí conocí a los amigos de mi amigo, que luego fueron míos; allí entendí que, o volvíamos al vibrar al ritmo de la naturaleza, o estábamos perdidos; allí logré, sin la maldita prisa, asomarme al cáliz de un gladíolo y descubrir las perlas que el rocío dejaba; allí sentí como nunca el olor de la tierra recién labrada y húmeda. Allí aprendí también a disfrutar del canto de los pájaros, del aroma del mosto, de la fruta, de los tubérculos y de las hortalizas. Y aprendí que la paz de los árboles, a poco que te abraces a ellos, puede trasvasarse al pecho de los hombres, en un desesperado intento por su parte de convertirnos en guardianes del mundo.



Cuando ya las tardes caían, con esa lentitud interminable casi del verano, y la fragancia de los jazmines se expandía por doquier, llegábamos al que, para nosotros, era en aquel entonces, el propio corazón de Tacoronte: "La Juventud Edelweis", el primer teleclub que se abrió en Tenerife, un punto de encuentro que se antojaba mágico; allí charlábamos, jugábamos al ludo, al ajedrez, al ping pong, veíamos la tele, y siempre había alguien dispuesto a arrancarle algún acorde a una guitarra. Por ello, aunque nunca viví en Tacoronte, lo sigo llevando en la memoria y en el corazón. Así que reitero mi apoyo incondicional a todos sus vecinos, y en particular a doña María Virginia González Dorta.

Miguel Ángel G. Yanes
Publicado originalmente el 27/11/09

17/1/10

CHUSMA

Sobran los datos identificativos. Somos pocos y nos conocemos bien, si no personalmente, sí a través de terceros. Por ello voy a obviar tu nombre y apellidos. En realidad no hace ni puñetera falta. La educación me obligaba a decir: Mire usted... pero la efervescencia de la sangre, me empuja a utilizar casi tu lenguaje y soltar:

- ¡Mira, tío! ¿Quién coño te has creído que eres, para permitirte llamar chusma a nuestra propia gente? ¿Acaso has olvidado que la poltrona que ocupas te la otorgó, con sus votos, esa chusma, ese pueblo soberano que tiene que echarse a la calle, porque sus legítimos representantes son incapaces de defenderlo?



Más que hartos de carros, carretas y carretones, los chicharreros han vomitado por fin, a las puertas del ayuntamiento, la malsana indigestión de esta clase política que nos lastra y condena, salpicando, de paso, las relucientes botas de aquellos que, siguiéndoles el juego, se han prestado a retirar los necesarios medios técnicos, para sofocar así la voz de la protesta.

Soy parte de esa chusma. Me honro de ella y me avergüenzo de ustedes.

Miguel Ángel G. Yanes

10/1/10

LA PAREJA DE LAS CUATRO BUTACAS

"Soy el hombre de azul que estaba al fondo, de pie, apoyado en el rincón oscuro, a la izquierda... donde suelo estar siempre. Lo digo porque sé a ciencia cierta, que ambos repararon en mi presencia, pues me encontraba situado a escasos dos metros de ustedes".


Hoy venía al Museo de la Ciencia y el Cosmos, Ernesto Cardenal de la mano de Caco Senante, acompañados ambos por Rubén Díaz, Leiko Krahe y Claudio Briones. Espectáculo que no me podía perder.

Se me complicó la tarde más de la cuenta y tuve que apurarme para coger el tranvía que me dejará a tiempo a las puertas del museo. Al acceder a la sala de actos, abarrotada ya, aun cuando el evento no había comenzado, me encaminé, como suelo hacer, al amparo de esa esquina invertida que para mí es el ángulo, donde apoyé las manos y la espalda. Desde esa atalaya que me permitía ver no sólo el espectáculo, sino también el patio de butacas, contemplé con lujo de detalles la insólita manera de actuar de una pareja que se hallaba sentada en la última fila; como digo, a dos metros escasos de mis propias narices.

Al haberse completado el aforo, el museo facilitó una serie de sillas plegables a los más rezagados pero, a los pocos minutos se habían agotado y el público continuaba accediendo al recinto. Entonces fue cuando me fijé en ellos. Tenían ocupadas las butacas de ambos lados; una con un bolso y la otra con una mariconera.

Lógicamente, las personas que llegaban, ya a oscuras, comenzado el acto, se acercaban a preguntar sobre aquellas butacas. A fe que, al hablar en voz baja, no pude saber lo que la pareja argüía al respecto... si esperaban a alguien, si se hallaban en el baño o cualquier otra excusa. La cuestión es que no cedieron los asientos a nadie.

Mi asombro iba "in crescendo" a medida que el acto avanzaba y nadie acudía a ocuparlos. Una señora que se apoyó en la pared, justo a mi lado, echaba chispas por tener que estar a pie firme mientras las dichosas butacas continuaban vacías. Afortunadamente para ella, alguien se marchó antes de tiempo y consiguió sentarse.

Pues bien, finalizó el acto, que duró unas dos horas, y acabaron desiertas. Por eso repito: "Soy el hombre de azul que estaba al fondo, de pie, apoyado en el rincón oscuro, a la izquierda... donde suelo estar siempre... ¡Y los tengo calados!".

Miguel Ángel G. Yanes
10/11/09

7/1/10

LA BOMBA DEL PGO

¡Vaya! Me parece muy bien que el Sr. Zerolo no deje patear la puerta del Ayuntamiento. Pero con la misma rotundidad, no debería permitir tampoco que se patearan los derechos de los ciudadanos. Ahora que la bomba del PGO sigue haciendo tic tac entre sus manos, creo que cabría hacer una profunda reflexión, porque cuando el pueblo patea las puertas de su propia casa... ¡algo muy grave ocurre!



Aunque no me afecta el PGO, decidí acudir a la concentración matutina, el pasado 29 de diciembre, en compañía de un par de amigos a los que, curiosamente, tampoco les afecta... ¡por ahora!; con la clara intención de solidarizarnos con los afectados.

Dada la cantidad de vecinos, unos 70.000 que, según la prensa, se encuentran perjudicados por este asunto, me pareció escasa su afluencia. Es más, me queda la duda de que llegáramos a mil las personas congregadas allí, tal y como apuntan los datos, por lo que aprovecho para pedir a todos los afectados y a los que, aún sin serlo, consideren una tremenda injusticia lo que está ocurriendo, se echen a la calle el día 4 de enero, fecha del próximo pleno municipal, para hacernos oír "in situ".



No podemos permitir que "nuestros políticos" sigan haciendo lo que les venga en gana. Es inadmisible que, siendo nuestros legítimos representantes, en lugar de trabajar para el bien común trabajen para el beneficio de unos pocos.

De todas formas, gran parte de la culpa es nuestra. Siguen ahí porque les continuamos dando nuestros votos. Por favor, no me obliguen a decir aquello de que... "los pueblos tienen el gobierno que se merecen".

¡Joder!... y lo he vuelto a decir.

Miguel Ángel G. Yanes

5/1/10

PONGAMOS POR CASO

Pongamos por caso que una pareja de ciudadanos europeos viaja desde el aeropuerto de Copenhague hasta el de Tenerife-Sur, con la idea de pasar unos días entre nosotros.

Pongamos por caso que él sea español... canario... palmero... y que se llame Jaime Matos Abreu (ex presidente de la Asociación Canaria en Dinamarca), que tenga 66 años de edad, lleve más de 40 trabajando y residiendo en dicho país, y que haya decidido pasar, en compañía de su esposa Kirsten, las fiestas navideñas en su isla natal.


Pongamos por caso que se alojen en el Puerto de la Cruz, donde, al día siguiente de su llegada contratan, en una agencia de viajes, billetes de ida y vuelta a La Palma, con la compañía Islas Airways, que los traslada allí sin ningún tipo de problemas; pero que la cosa se complica cuando, un temporal de viento y lluvia, obliga a cerrar el aeropuerto palmero, no quedándoles otra opción que regresar a Tenerife por vía marítima.


Pongamos por caso que, al llegar al Puerto de la Cruz, la agencia de viajes está cerrada por ser día festivo, y que el señor en cuestión se desplaza a la oficina que la compañía aérea tiene en el aeropuerto de los Rodeos, con la idea de que le devuelvan el importe de los billetes no utilizados.


Pongamos por caso que plantea correctamente su reclamación a la señorita que atiende el mostrador, y que ésta le responde a las claras, que quien único le puede reintegrar el dinero es la agencia de viajes, y que sólo percibirá el 70 % del importe. Ante lo cual, asombrado e incrédulo, intenta razonar con ella, indicándole que ha de abandonar Puerto de la Cruz a las 8 de la mañana siguiente, rumbo al aeropuerto del Sur, para tomar el vuelo de regreso a Dinamarca y, por tanto, no tiene ninguna posibilidad de pasar por la agencia de viajes; pero ella sigue repitiendo la misma cantinela:

-Señor, Vd. no nos compró los billetes a nosotros. De haberlo hecho así, se los reintegraríamos sin más.

Es entonces cuando el cliente, visiblemente molesto, aunque sin perder la compostura ni la educación, aduce lo siguiente:

- Vamos a ver, señorita ¿Con quién he contratado yo el servicio, con la agencia de viajes o con su Compañía? ¿O es que intenta decirme que Vds. no reciben el importe de la venta?


Mire: el hecho de no haber podido regresar de La Palma en avión, nos ha ocasionado una serie de trastornos. En principio nos hemos visto obligados a desembolsar 142 euros para poder venir en barco con la compañía Fred Olsen, pagando Clase Oro (la tarifa más cara) que era lo único disponible en ese momento. Pero como el atraque se realiza en el puerto de Los Cristianos, tuvimos que pagar también 24 euros a la Compañía Titsa por dos trayectos efectuados por carretera: Los Cristianos-Santa Cruz y Santa Cruz-Puerto Cruz. Y si ahora le sumamos a estos gastos, el importe de 124 euros de los billetes de avión que, por lo visto, no vamos a poder recuperar, y además, lo que nos cobre ahora el taxi por traernos y devolvernos al Puerto de la Cruz, habremos perdido más de 300 euros, sin contar las molestias ni el tiempo malgastado. Así que, como comprenderá, la "publicidad gratuita" que haremos entre nuestros familiares, amigos, compañeros y vecinos, no los va a dejar muy bien parados. 

 

La verdad es que la imagen de las Islas que se lleva esta pareja deja mucho que desear, porque lo evidente es que ellos no han sido los causantes de temporal que azotó La Palma, pero si han pagado el pato.

 

Miguel Ángel G. Yanes

22/12/09

EL CULTO A LA HERRUMBRE

Debe ser que ya soy muy antiguo, pero no entiendo bien la moda de la herrumbre.


Parece que existiera un culto hacia la misma, porque la mayoría de esculturas, vallas, miradores, que se instalan en la actualidad, todo ello es de desnudo hierro sin pintar y, por lo tanto, tarde o temprano, lo recubre esa maldita herrumbre, ese óxido u orín que, al resbalar, deteriora aceras, muros, pedestales… mancha la ropa y hasta los ojos de los ciudadanos, hartos como yo, de ese tedio rojizo que ha invadido el entorno.


La corrosión que ocasiona la herrumbre suele deberse a la humedad o a la salinidad, y si no se aplica un producto que la detenga, es como una caries que lo devora todo sin remedio y termina arrastrando con ella, poco a poco, las propias estructuras.

Sigo sin entender el porqué de esta nueva manía por la herrumbre, máxime cuando ya existen en el mercado convertidores poliméricos, que vienen a ser productos anticorrosivos que se aplican directamente sobre el óxido, logrando encapsularlo para, quitándole el oxígeno, evitar la corrosión, creando al mismo tiempo una especie de pavonado protector; evitando así el trabajo que suponía lijar y pintar luego esas superficies.


Es una pena que no pueda adjuntar aquí más fotografías que lo documenten, pero si a partir de ahora intentan fijarse en lo que digo, descubrirán que existen multitud de cosas que la herrumbre recubre a nuestro alrededor y, cómo no, sus correspondientes regueros de incontenibles manchas: la valla exterior del Hospital Universitario, la pared de la vía del barranco de Santos, la horrorosa "escultura" del puente de la calle Salamanca, el "tobogán" de la Plaza de Europa, la chimenea de la Estación Marítima, la base de "la fea" que conmemora la derrota de Nelson, la fachada del Hotel-Escuela, El Parque de Cuchillitos de Tristán, los miradores de toda la isla, etc. etc. etc.

 
¡Ah!... También había, en sustitución de una magnífica fuente, cuatro vigas herrumbrientas que, en posición vertical, por lo visto adornaban la Plaza del Cristo de La Laguna. Afortunadamente el pueblo hizo presión y fueron retiradas.

Miguel Ángel G. Yanes

12/12/09

EL TRANVÍA Y LA JOVEN CRI

Me llamaba la atención, desde un principio, el silencio casi religioso en que se sumía, prácticamente, la totalidad de los viajeros del tranvía, en contraposición a la distendida algarabía que se suele escuchar en las guaguas.


Tal vez íbamos demasiados tensos por lo novedoso del medio de transporte y, a no ser que sonara algún teléfono móvil, obligando a responder a la llamada, no se oía ni una mosca. De haber sido así, parece que lo vamos superando, porque ya se escuchan las conversaciones de rigor, algún chiste, algunas risas y como no… los que pueden romperte el tímpano con un chorro de decibelios disparado a toda presión contra tu oído.

La joven que hoy iba sentada frente a mí, era una de estas personas.

El tono de su voz era demasiado agudo y su intensidad altísima (supongo que se le oiría perfectamente en todos los vagones) pero, además, “rajaba” que daba gusto. Hablaba a grito pelado con un amigo que iba a su lado y no se hartaba de decir lindezas de una conocida común:

“Que basta es. ¿Tú te has fijado como viste? No sé para que se pone esos tacones, si no sabe caminar con ellos. A todos lados va con el novio; tendrá miedo de que se lo quiten. Y pretendía presentarse a Miss…”

Yo la observaba con detenimiento y no conseguía entender cómo una chica joven y guapa como aquélla, sólo echaba sapos y culebras por la boca.

Hay que ver. Con la edad que tengo y a veces no consigo reprimirme. Nunca terminaré de aprender.

Así que cuando ya me encontraba de pie, a punto de abandonar el tranvía, viendo que ella continuaba con su larga letanía, me giré y le dije:

“Señorita, le recomiendo que cambie de canal”.

Reconozco que soy un entrometido.

Miguel Ángel G. Yanes

30/11/09

ME HA LLEGADO LA ONDA...


Sí, como lo leen. Me ha llegado la onda de que un grupo de personas intenta presionar, con una serie de razones más o menos discutibles, para que se vuelvan a permitir las corridas de toros, prohibidas por ley del Gobierno Canario desde 1991, aduciendo que la ley "se refería fundamentalmente a los animales domésticos, y el toro bravo no lo es", lo cual llevaría a revocar la misma, cosa harto improbable. Todo ello con la digna idea de preservar, de alguna manera, la plaza de toros de Santa Cruz de Tenerife, amenazada por una bandada de buitres inmobiliarios que la sobrevuela con insistencia, y evitar así su demolición, que conllevaría la construcción de un edificio de viviendas, aparcamientos y locales comerciales.  

Una de las frases cogidas a vuelapluma fue: "Es que es la fiesta nacional de España". Sí señor, eso no lo discute nadie, aunque habría que preguntarle a los toros por la palabra "fiesta", pero no la de Canarias. Y eso quedó claro hace 18 años. 
Alguien apuntó también, supongo que con su mejor intención, la posibilidad de que fuera un espectáculo enfocado al turismo que nos visita, y yo me quedé mascullando entre dientes que si, quieren ver corridas de toros, vayan a la Península, que en sus dos países las celebran (creo que el verbo no es el apropiado) o detrás de los Pirineos que también, aunque por poco tiempo.  
 

No poseo ningún tipo de conocimientos sobre arquitectura y, aunque he leído que la plaza data de 1893 y se remodeló en los años veinte tras sufrir un aparatoso incendio, desconozco si dicha construcción pertenece al estilo neomudéjar, "neo-puro hormigón" u otros, y si arquitectónicamente tiene algún valor; aunque, fiándome de la magnífica reflexión efectuada por D. Federico García Barba en la Red de Redes:


He de inferir que no. Pero la he visto ahí durante toda mi vida; la considero un importante punto de referencia de la ciudad y no me gustaría que desapareciera. Pero claro, habrá que darle alguna utilidad.

 

Miguel Ángel G. Yanes
26/05/09

22/11/09

A MANUEL DE LOS REYES PEÑA SIVERIO, IN MEMORIAM

Hoy he perdido a uno de mis mejores amigos. Un hombre íntegro, un artista al que nunca le sonrió la suerte. Nació pobre, vivió pobre y murió pobre en una aséptica habitación de hospital. Tenía talento, mucho talento, pero nadie le dio jamás una oportunidad. Si en sus años de juventud algún mecenas lo hubiera encaminado, tengo por seguro que habría sido sería un pintor de renombre. Pero no fue así.


"Aquí quedaría bien una foto suya,
pero, lo que son las cosas,
no tengo ninguna."

Poseía una mano única para el dibujo, y sí no, que se lo pregunten a la gente de nuestra época. La mayoría de los tatuajes que lucen fueron dibujados por él. También tenía una facilidad innata para la música y no digamos nada para todo tipo de manualidades; trabajó el cuero, la madera, el metal, haciendo cruces, pulseras, pendientes. Reparó lavadoras, televisores, equipos de música, teléfonos móviles. Eran pocos los aparatos domésticos que se le resistían, pero siempre a base de cáncamos, laborando al tran tran, porque nunca consiguió un puesto de trabajo estable. ¡Miento!… tuvo uno. Allá por los años 70 llegó a ser oficial troquelador en la Litografía Ramírez, hasta que el famoso Santaella arrambló con los cuartos y se fue todo al traste. Y como aquel era un oficio a desaparecer, máxime cuando la única empresa que quedaba activa en ese ramo comenzaba a rescindir plantilla, no tuvo más remedio que demandar empleo como peón en la oficina de marras. Y jamás lo llamaron. Luego vendrían los años más duros, económicamente hablando, hasta los últimos tiempos en que sobrevivían (él y su familia) apenas con una mísera pensión y el poco dinero que sacaban los domingos, vendiendo en el Rastro una serie de objetos que vecinos y amigos les llevaban.



Desde estas líneas quiero pedirle a Israel, su hijo, que guarde su memoria. Que lo recuerde con el respeto y el cariño que merece, como un buen padre que sólo buscaba lo mejor para su hijo, aunque algunas veces no acertara en las formas. Sé que chocaban, como chocan siempre las diferentes generaciones, pero también sé que lo amaba profundamente y que se sentía orgulloso de él, aunque hubiera querido que no abandonara los estudios. Espero que cumplas sus expectativas, y te conviertas en un hombre de bien, como él quería.

Tu padre fue todo un personaje: autodidacta, innovador, casi un ídolo de aquellos años en los que fuimos jóvenes. Sí, aunque no te lo creas, nosotros también fuimos jóvenes; luchamos a brazo partido por un mundo mejor y nos vencieron... casi. Por eso te pido que jamás abandones, que no te rindas nunca, que luches por sacar adelante a tu familia, que protejas a tu hermana (la mayor tristeza de tu padre era no poder verla crecer) y que persigas tus sueños con ahínco, hasta el final. Es algo que le debes.


Miguel Ángel G. Yanes

20/11/09

AL AYUNTAMIENTO PORTUENSE

Es de bien nacido ser agradecido. Por ello considero que, después de haber denunciado en su momento el lastimoso y deplorable estado en que se encontraba la calle Robles del Puerto de la Cruz (para quienes no la ubiquen, diré que es la que comienza frente al Jardín Botánico para desembocar en la calle Aceviño, en la parte baja de La Paz) ahora me toca felicitar a la corporación municipal, ya que, por fin, se están acometiendo las obras de asfaltado y repavimentación de dicha vía, cosa que agradezco profundamente como usuario de la misma.


No obstante me gustaría puntualizar que la calle Retama, donde se encuentra la entrada principal del Jardín Botánico, aunque no alcanza aún el grado de deterioro de la anterior, va camino de ello, pues al servir de enlace con la Carretera del Este, ha experimentado, en los últimos años un importante aumento en el volumen de tráfico, lo que ha provocado que el firme (que no lo es tanto) se haya resentido sensiblemente.
 

Está claro que "parche aquí, parche allá" es un estribillo que no acaba de solucionar el problema, porque a los pocos días cambia y vuelve a sonar "bache aquí, bache allá". Me parece que para solventarlo se hace necesario recurrir también a una cura en profundidad más temprano que tarde.


Y ya que hablamos de calles, no puedo dejar de mencionar la avenida Marqués Villanueva del Prado. La entrada principal a una ciudad turística no puede estar en esas condiciones. Si tengo que buscar una palabra para definir su estado sólo me sale ¡lamentable!



Espero que la obra de la calle Robles, así como la del Mirador de La Paz, que también se está ejecutando en la actualidad, no sean algo puntual, sino el comienzo de una verdadera campaña de restauración que, junto con otro tipo de medidas que se antojan urgentes ante el visible deterioro experimentado en los últimos años, sirva para que esta ciudad recupere su prestigio y su proyección internacional como centro turístico de primer orden.

Miguel Ángel G. Yanes
28/04/09

10/11/09

EL DIOS DE LA AVARICIA MATERIAL


Como un canario más con, al menos, dos dedos de frente, quiero solidarizarme con los razonamientos expuestos por don Pedro Antonio Martínez Martín, publicados en la presnsa local el 31-03-09, bajo el título "Tren del Sur". Escueto y puntual. Pocas razones de tanto peso pueden aducirse con menos palabras.


Aunque hay algo con lo que no estoy totalmente de acuerdo. Yo no creo que lo que en realidad motive a esos "descerebrados" sean las grandes locuras, sino más bien los grandes pelotazos. ¿Pero es que no vemos lo que ocurre ante nuestros propios ojos? Los mismos de siempre enriqueciéndose a manos llenas, a costa de arrasar nuestro patrimonio natural, de llevar a cabo obras faraónicas, de destruir y construir sin tino, deteriorando irreversiblemente este frágil territorio y, con él, el futuro de nuestros hijos.



Está claro, clarísimo, que "los de la pomada" tienen todas sus necesidades cubiertas y que, en el fondo, les importan un… (iba a decir un carajo, pero me pareció de mal gusto) las verdaderas necesidades de la isla y de los isleños. Sólo los mueve un desmedido afán de riqueza y poder. ¿Cómo es posible que este pueblo nuestro no reaccione, no se rebele de una vez contra tanto despilfarro, tanto despropósito y tanto mamoneo?

¡Señores!, aquí hay una ciudadanía trabajadora que paga religiosamente sus impuestos y se merece un respeto. Y éste pasa por cubrir con urgencia sus necesidades perentorias.

 

¡Sí! Yo también abogo por una sanidad en condiciones (me viene a la memoria una viñeta humorística donde un mago dice: "Pedí una sanidad en condiciones y me dieron un policía autónomo"). Esa es otra fruslería de alguien que también desea pasar a la posteridad como artífice de otro despropósito. 

Los pueblos no evolucionan fomentando el crecimiento de cuerpos represivos, sino fomentando la educación y la cultura. Pero claro, los que manejan los hilos saben a ciencia cierta que, cuanto más culto es un pueblo, más difícil resulta de manipular. O sea, que las marionetas, cuantos más hilos tienen, más complicadas son.



Después del Tren del Sur, vendrá el Tren del Norte, y si nos descuidamos, un tren transversal que una el norte con el sur, y más tarde un tren turístico que descienda a las profundidades del Averno, para visitar el balneario que regenta el patrón de estos "mammones": servidores de Mammón, el dios de la avaricia material.

Miguel Ángel G. Yanes
13/04/09

2/11/09

AUTORIDAD PORTUARIA

Tengo 54 años ya cumplidos y nunca me había ocurrido esto.

El martes, 27 de octubre de 2009, a las once de la mañana, el puerto de Santa Cruz de Tenerife presentaba la imagen de otra época. Al contrario de lo que suele ser común, y coincidiendo con el comienzo de la temporada de cruceros, la línea de atraque del muelle sur se hallaba al completo.


Tres trasatlánticos gigantescos y un magnífico velero (el único cinco palos del mundo), ocupaban la totalidad de un muelle casi siempre vacío y desangelado.


No ya por los grandes trasatlánticos, que a fin de cuentas se me antojan enormes edificios flotantes, sino por ver de cerca el "Royal Clipper", decidimos, el amigo Paco Morera y yo, acercarnos al mismo. Digo bien "decidimos", porque "poder" no pudimos. Unos agentes de la autoridad portuaria (ella y él) nos impidieron el paso en la misma entrada del muelle.


- ¿A dónde van? Nos espetaron.

- A ver de cerca ese velero. Contesté.

- ¡No se puede pasar!

- ¿Me explica por qué?

- ¡Órdenes!... Por seguridad.

-¿Quiere decir que, a dos ciudadanos nacidos aquí, que viven aquí y que pagan escrupulosamente sus impuestos aquí, no se les permite acceder al muelle (construido y mantenido con esos impuestos) para ver un barco de cerca?

-¡Exactamente! Hablaba él, sonreía ella.

De pronto se me llevaron todos los demonios (y aún no he vuelto)

-Pues esto habrá que denunciarlo en algún medio. Repliqué.

-¡Pues hágalo Vd!. Se me dijo con sorna. Y en ello estoy.



Cuando nos frenaron en seco, pensé que tal vez hubiera bastado con llevar una cámara al hombro para acceder al dique sin problemas, porque de la interminable hilera de supuestos turistas que nos antecedía, no vimos que detuvieran a nadie, ni que pidieran ningún tipo de identificación, salvo a nosotros. ¿Será porque mi amigo y yo somos morenos y de baja estatura, qué resultamos sospechosos? Me da la sensación de que con la excusa del terrorismo internacional, están estrangulando muchas de nuestras libertades. 


Me crié en ese muelle. Me fugaba del colegio con doce o trece años para deambular por aquel mágico lugar que abarcaba desde la Marquesina a la Grúa Titán. Soñaba con los barcos; subía sus escalas, unas veces con más suerte que otras, por el mero placer de recorrer la cubierta, sobre todo si se trataba de algún buque de vela, sentir su tenue balanceo una vez los cabos atados al noray, chapurrear con la tripulación algunas palabrejas en un inglés de puro garrafón… y no digamos nada si te dejaban tocar la rueda del timón. Es menester decir que algún que otro coscorrón alcancé en mis intentos. Pero nadie nos prohibía el acceso a los muelles, y los chicos de entonces nos movíamos libremente por aquella extensión del paraíso. 


Pero… ¿a qué situación hemos llegado en la actualidad? El puerto parece un país extranjero, con sus fronteras, su propia policía, sus excesivas normas... Y después se preguntan por qué los chicharreros vivimos de espaldas a la mar.

Si por razones de seguridad, el pueblo llano no puede acceder a la plataforma portuaria, pido desde aquí a quién competa, que se vuelva a habilitar el acceso al paseo del muelle sur, para que todos los ciudadanos podamos disfrutar de "nuestro puerto" como hacíamos antaño. 
  


¡Y déjense de "mamonadas"!

Miguel Ángel G. Yanes

30/10/09

UNA BOUGANVILLA SE RESISTE A MORIR

Primero voy a intentar ubicarla por si ustedes no han reparado en ella: Puerto de la Cruz; Urbanización La Paz, parking del supermercado SPAR; confluencia con la avenida Marqués Villanueva del Prado. (¡Que venga Dios y la vea! No entiendo cómo una ciudad turística se puede permitir tener el asfalto de su acceso principal en unas condiciones tan deplorables). Pues bien, en esa esquina, una bouganvilla se resiste a morir.
 
 

Cuando se asfaltó, años ha, el terreno de lo que hoy en día es el mencionado aparcamiento, ella ya se encontraba allí, pero nadie tuvo la delicadeza de dejarle, al menos, un palmo de tierra junto al muro donde pudiera medrar. La cortaron a ras del suelo y la cubrieron de "piche".

Pues sí, "piche" fue lo que sepultó las raíces de la bouganvilla, una capa asfixiante, ardiente, pegajosa, densa y oscura que parecía condenarla sin remedio, pero también fue "piche" lo que, contra todo pronóstico, se resquebrajó un día ante su empuje.

Y hoy, diminutas ramas intentan aferrarse con desesperación al aire diáfano, a un rayo de sol, a una gota de lluvia.


No molesta a nada ni a nadie, y sin embargo sobrevive a duras, a durísimas penas en un rincón carente de lo más elemental, sin que se le preste la más mínima ayuda. Así y todo, en un alarde de generosidad, regala sus incipientes flores a los ojos de todos aquellos que reparan en ella.  
 

No sé de quién depende el minúsculo territorio donde habita; si del ayuntamiento, del supermercado o de algún particular, pero pido por favor que, sea quien sea, tenga a bien compensar su empeño, su lucha, su generoso sacrificio, habilitándole un mínimo espacio, una diminuta poceta, un puñado de tierra desde donde pueda trepar libremente hacia la luz, porque así, al tiempo que crece, la magia de su alquimia va a llenarnos el alma de paz, de malva, de silencio.

Miguel Ángel G. Yanes
01/04/09