30/10/09

UNA BOUGANVILLA SE RESISTE A MORIR

Primero voy a intentar ubicarla por si ustedes no han reparado en ella: Puerto de la Cruz; Urbanización La Paz, parking del supermercado SPAR; confluencia con la avenida Marqués Villanueva del Prado. (¡Que venga Dios y la vea! No entiendo cómo una ciudad turística se puede permitir tener el asfalto de su acceso principal en unas condiciones tan deplorables). Pues bien, en esa esquina, una bouganvilla se resiste a morir.
 
 

Cuando se asfaltó, años ha, el terreno de lo que hoy en día es el mencionado aparcamiento, ella ya se encontraba allí, pero nadie tuvo la delicadeza de dejarle, al menos, un palmo de tierra junto al muro donde pudiera medrar. La cortaron a ras del suelo y la cubrieron de "piche".

Pues sí, "piche" fue lo que sepultó las raíces de la bouganvilla, una capa asfixiante, ardiente, pegajosa, densa y oscura que parecía condenarla sin remedio, pero también fue "piche" lo que, contra todo pronóstico, se resquebrajó un día ante su empuje.

Y hoy, diminutas ramas intentan aferrarse con desesperación al aire diáfano, a un rayo de sol, a una gota de lluvia.


No molesta a nada ni a nadie, y sin embargo sobrevive a duras, a durísimas penas en un rincón carente de lo más elemental, sin que se le preste la más mínima ayuda. Así y todo, en un alarde de generosidad, regala sus incipientes flores a los ojos de todos aquellos que reparan en ella.  
 

No sé de quién depende el minúsculo territorio donde habita; si del ayuntamiento, del supermercado o de algún particular, pero pido por favor que, sea quien sea, tenga a bien compensar su empeño, su lucha, su generoso sacrificio, habilitándole un mínimo espacio, una diminuta poceta, un puñado de tierra desde donde pueda trepar libremente hacia la luz, porque así, al tiempo que crece, la magia de su alquimia va a llenarnos el alma de paz, de malva, de silencio.

Miguel Ángel G. Yanes
01/04/09

25/10/09

A CUENTA DE UN POEMA DE MACCANTI

 Comencé a conocer la obra de Arturo Maccanti a principios de los años 80, merced a mi amiga Mª Cleofé Linares, que era y supongo seguirá siendo (no hemos hecho mucho caso a Platón y ha crecido algo de hierba en el sendero de nuestra amistad) una ferviente admiradora del poeta.

De inmediato me sentí cautivado por la profundidad de su poesía. Leí con avidez los libros que a mis manos llegaron y descubrí que me sentía bastante identificado con su perspectiva de la vida, con el ritmo vital de su búsqueda y también de su denuncia. Puede que haya leído poemas más hermosos, pero pocos me han impactado tanto como "Columpio solo".

Lo he releído en repetidas ocasiones a lo largo de estos años y sigue estremeciéndome el mismo escalofrío de la primera vez. Cuánto dolor y cuánta tristeza se hilvanan hilo a hilo para formar la urdimbre, cuánta ternura pende de sus hebras y cuánto desconsuelo tiñe su enfurtida memoria.

El inmenso dolor de haber perdido un hijo más allá de la luz. Quizá el mayor dolor del mundo para el qué, los consuelos humanos o divinos, no sirven demasiado. Queda la fe, el resto de la familia, los amigos... pero esa herida abierta nunca dejará de sangrar en el pecho de un padre (no digamos ya en el de una madre).

No puedo remediarlo. Aquel poema caló tan profundo en mi interior qué, cuando alguna vez al anochecer, se me hace paso frente a los columpios del García Sanabria, me paro a contemplarlos con una especie de temor reverencial, al tiempo que desgrano sus versos mentalmente. Ahí sigue columpiándose sobre la piel del aire y no consigo evitar que una humedad nocturna distorsione en mis ojos la frágil realidad que nos circunda.

Asumir el dolor de los demás, hacerlo propio, no llegará jamás a tener la intensidad de quien lo sufre pero, si un temblor repentino nos estremece, acaso ese hijo perdido sea nuestro también, por arte de la magia sublime de unos versos.

Miguel Ángel G. Yanes

22/10/09

CHÍCHARO

En la Sexta de televisión, en las jornadas de liga futbolística, ponen un programa titulado Minuto y Resultado (bastante logrado desde mi punto de vista) en el que van detallando las incidencias de los diferentes partidos. En el mismo, cada vez que se produce un gol, aparece un pez desfilando de izquierda a derecha de la pantalla, y el locutor de turno indica que se ha marcado un chicharro en tal o cual campo.

¿No será un chícharo en lugar de un chicharro?

Según consta en la vigésima segunda edición del diccionario de la lengua de la Real Academia Española, un chicharro o jurel es un pez teleósteo marino que, entre otras cosas, da nombre a un gentilicio, del cual me honro, dado a los habitantes de Santa Cruz de Tenerife, aunque, en la actualidad, se extiende a todos los habitantes de la isla: chicharrero (término despectivo empleado por los habitantes de La Laguna, que fue la capital isleña hasta el siglo XIX, para designar a las gentes del entonces pobre y pequeño puerto de pescadores de Santa Cruz y que, al trasladarse la capitalidad a dicha población, sus ciudadanos asumieron como propio.) Pero no entiendo qué relación tiene la palabra chicharro con un gol. Sin embargo "chícharo" sí que la tiene.




Recuerdo que de pequeño oía decir: "Le metieron tantos chícharos", refiriéndose a goles, pues la palabra chícharo, también según el diccionario de la RAE, hace mención a algo redondo, como puede ser un guisante o un garbanzo, y esto sí que tiene un claro símil con un balón; pero lo de chicharro, sigo sin verlo claro.

¡Ah! También hay una frase que los canarios hemos hecho nuestra: "no disparar chícharo" refiriéndose a no dar ni golpe en el trabajo, y que tiene su origen en el lenguaje coloquial de los cubanos.

Miguel Ángel G. Yanes

14/10/09

AROZARENA, RAFAEL


Me gustaría poner mi granito de arena en memoria del recientemente fallecido Rafael Arozarena Doblado. Desaparecido tan sólo del mundo de las formas, porque, en la medida en que continúe en nuestro recuerdo y en nuestros corazones, seguirá estando vivo; amén de su pervivencia a través del conjunto de su magnífica obra literaria.

En los últimos tiempos, a pesar de tener la salud bastante quebrantada, no perdió un ápice de su agudeza ni de su proverbial socarronería. Me contaba mi mujer que, recientemente, a raíz de sus problemas renales, no le quedó más remedio que acudir al hospital, y cómo, aún en aquellas condiciones, tuvo humor para piropearla por aquellos ojos que vislumbraba sobre la mascarilla. Ella se identificó como mi esposa, pero él no consiguió recordarme.


La última vez que lo vi fue en la zona de la Cruz del Señor, en compañía de Juan José Delgado, y ya era evidente el deterioro físico que le provocaba la enfermedad. Solía acudir con relativa frecuencia a una empresa editorial que, hasta hace poco, se hallaba ubicada en los bajos del Edificio Mataverde, donde vivo desde hace más de veinte años; y después de gestionar sus asuntos se dirigía, acompañado por Raquel la propietaria de la editorial, a tomar un cortado al bar Los Tres Mosqueteros. Allí coincidimos en alguna ocasión.

Comencé a conocer sus poemas a principios de los años 80, gracias a Fátima Said, con quien le unía una buena amistad. Leí parte de su obra poética con especial deleite, hasta el punto de que algunos de sus versos, quedaron en mi memoria para siempre: "Altos crecen los cardos / brillantes y espinosas / inútiles espuelas"… "vestida de altramuces / con tus maizales verdes"... También leí, años ha, su famosa novela Mararía. Con posterioridad, cuando fue llevada al cine, no quise verla; sabía que, de hacerlo, las imágenes que aún bullen en mi cabeza, serían sustituidas sin remedio por las que aparecieran en pantalla.


Reconozco públicamente que tengo una deuda pendiente con Rafael Arozarena. A pesar de escucharle decir en alguna ocasión que su mejor novela era "Cerveza de grano rojo", aún no me he decidido a leerla. Prometo hacerlo. Hoy, como sentido homenaje a su persona, adjunto este pequeño poema, escrito para él en octubre de 2000 y que forma parte del poemario titulado “Húmedo labio de la isla”, inédito aún.
Roto y vencido el día
(A Rafael Arozarena)
La sangre sin fin de las amapolas, / el amargo sudor de las ortigas, / la dolorida tierra, su cansancio, / el fragor de los lirios combatiendo / con espadas de luz en la maleza, / el tembloroso labio del helecho / ante el cariz final de la batalla, / y en su pasión, las zarzas / coronando la tarde con espinas / ante la rendición total / de un ejército azul de girasoles.


Miguel Ángel G. Yanes

13/10/09

JEFES TÓXICOS


11 características que los definen

¿Cómo son los jefes que sacan de sus casillas a sus empleados?
 

Seamos realistas, son pocos los individuos a los que les apasiona ir a trabajar y que disfrutan plenamente con lo que hacen. ¿Tú eres de esos que no soporta ir a trabajar? Bienvenido al club... porque no estás solo.

Si ya se hace duro levantarse por las mañanas para tomar unas tostadas rápidamente y salir corriendo hacia la oficina, si encima tienes un jefe (o jefa) que se encarga de que el lugar de trabajo sea lo más parecido al infierno, vivir se hace muy duro.

Jefes hay de muchos tipos, y seguro que a lo largo de tu vida te has cruzado con alguno que te ha amargado la existencia. Pues hoy vamos a hablar de los jefes tóxicos, esos jefes que no queremos ver ni en pintura.


Los jefes tóxicos afectan negativamente al bienestar de los empleados

La relación de los superiores con los subordinados ha sido fruto de diversos estudios en el ámbito laboral, y los psicólogos de las organizaciones se han interesado por esta relación por muchos motivos, pero principalmente porque una buena relación entre los jefes y los empleados aumenta la productividad y los resultados de la compañía.

No menos importante es saber que, aunque muchas empresas no presten la debida atención a este fenómeno, el estilo de liderazgo de los superiores afecta al bienestar de los empleados.


El bienestar de los empleados también está íntimamente relacionado con los resultados de la empresa

Y por eso, las organizaciones deberían tener especial cuidado a la hora de valorar esta variable, porque el estrés y el malestar laboral, entre otras causas, pueden ser fruto de una relación tóxica entre estos actores.

Un estilo de liderazgo tóxico y unas malas habilidades de liderazgo por parte de los superiores puede provocar fenómenos como el conflicto de rol, la ambigüedad de rol o la sobrecarga de rol, que a su vez pueden provocar sentimientos negativos en los empleados: como el de querer dejar la empresa o tener una pobre sensación de pertenencia hacia la compañía.



El liderazgo transformacional para un mejor bienestar de los empleados

El mundo organizacional ha sufrido grandes cambios en las últimas tres décadas debido a la globalización, y el estrés se ha convertido en un problema muy serio para las empresas. 

La crisis ha creado situaciones realmente complicadas para los trabajadores, que se han tenido que adaptar a los cambios y a un entorno laboral menos seguro. Por no decir que sus expectativas son muy distintas a las de hace solo unos lustros, igual que sus necesidades.


Los estudios sugieren que uno de los estilos de liderazgo que mejor encaja con los tiempos que corren es el liderazgo transformacional. Los líderes transformacional emplean niveles altos de comunicación para conseguir los objetivos y aportan una visión de cambio que consiguen transmitir a los empleados.

Son grandes motivadores y aumentan la productividad de los trabajadores que están a su cargo. Con su carisma causan un gran impacto sobre sus subordinados y se ganan la confianza, respeto y admiración. Todo lo contrario que los jefes tóxicos.

Cuatro de cada diez jefes son tóxicos



Y es que hay más jefes tóxicos de lo que pensamos. Al menos eso se puede leer en el diario El Mundo, pues en uno de sus artículos se hacía eco de una afirmación que aparece en el libro, Nuevo management para dummies. Según este texto, cuatro de cada 10 jefes son tóxicos.

Además, en el mismo periódico aparece una lista de cinco perfiles de jefe tóxico que, según Ana María Castillo y Juan Carlos Cubeiro, dos reconocidos profesionales con una amplia experiencia en el ámbito universitario y empresarial, crean un mal ambiente laboral y afectan negativamente a los empleados. Son los siguientes:
  • El acosador o intimidador, caracterizado por humillar a sus subordinados y dar órdenes abusando de su poder.
  • El microdetallista, que es incapaz de delegar porque piensa que nadie está a la altura.
  • El adicto al trabajo, que piensa que los turnos laborales son de 24 horas.
  • El todo-números, que solo da valor a los resultados económicos.
  • El favoritista, que no es justo ni imparcial.


Características de un jefe tóxico

Estos son los 11 rasgos característicos de los jefes que han perdido su sentido de la equidad:


1. Son arrogantes y no comunican bien

Los jefes tóxicos son arrogantes y no se comunican de manera correcta con los subordinados. Piensan que siempre tienen la razón y esperan que los demás acepten sus palabras sólo por el hecho de ser el jefe.

2. No tienen en cuenta las necesidades de los empleados

Los jefes que han perdido el sentido de su función en la empresa nunca tienen en cuenta las necesidades de los empleados, pues solo piensan en los números. No son conscientes de que lo trabajadores son el motor de la empresa y, por tanto, hay que cuidarlos.

3. Son autocráticos

Los jefes tóxicos solo permiten que ellos tomen decisiones y fijen las directrices sin la participación del grupo. Son ellos quienes concentran todo el poder y nadie desafía sus decisiones.

4. Son fácilmente irritables

Los malos jefes tienen poca paciencia y se irritan con facilidad. Puesto que no están abiertos a las ideas de los demás, no quieren que les molesten. Los jefes tóxicos no son conscientes de que la verdadera riqueza de su organización es el capital humano.

5. Son inflexibles

Los jefes tóxicos son mentalmente cerrados y tienen pánico al cambio, por lo que son poco innovadores. La falta de innovación, en la mayoría de ocasiones, dificulta la adaptación al mercado moderno y, por tanto, el progreso de la organización.

6. Son demasiado controladores

Este tipo de jefes controlan en exceso. Es por eso que, al supervisar todas y cada una de las tareas que realizan sus subordinados, merman la capacidad creativa de estos.

7. No tienen confianza en sí mismos

Pueden aparentar que tienen confianza en sí mismos, pero la realidad es que no es así. Un líder con confianza en sí mismo no tiene miedo a delegar cuando es necesario, ni tiene miedo en valorar las opiniones del grupo. Su inseguridad les convierte en jefes tóxicos.

8. Tienen expectativas irreales

Los jefes tóxicos tienen expectativas irreales, por lo que suelen exigir más de lo que deben a sus empleados. No solo eso, sino que son poco agradecidos cuando los demás hacen las cosas bien, puesto que solo se centran en lo negativo.

9. Discriminan

Los jefes sin estilo están llenos de prejuicios. De hecho, suelen tener una mentalidad sexista y racista, además de otros comportamientos discriminatorios.

10. Gestionan mal el tiempo

La planificación, tanto del trabajo como del tiempo es primordial a la hora de liderar equipos, pues puede ser una fuente de estrés si no se hace correctamente. Uno de los problemas de los jefes tóxicos es la incapacidad para gestionar y priorizar su tiempo de un modo correcto y eficaz, lo que puede llevar a la saturación de tareas y de responsabilidades. Al final, su la mala gestión del tiempo la pagan sus subordinados. 

11. No dan pie a la creatividad

Los malos jefes son incapaces de reconocer el talento y la creatividad de sus empleados. Se rigen por normas y dinámicas rígidas, sin dejar ningún margen a la improvisación. Esto causa que los empleados tengan funciones totalmente mecánicas y no logren desarrollar sus capacidades. Es un error común, y la empresa es la principal perjudicada de esta actitud.



FUENTE: https://psicologiaymente.net/
AUTOR: Juan Armando Corbin (licenciado en Psicología por la Universidad de Buenos Aires. Máster en Recursos humanos y experto en comunicación empresarial y coaching. Posgrado en Nutrición y Alimentación Sanitaria y Social por la UOC).


Después de leer diversos artículos sobre este asunto. llego a la conclusión de que la crisis económica y el estrés laboral que genera ha creado un caldo de cultivo en el que los jefes tóxicos crecen como las setas. 

Según un programa presentado por la aseguradora DKV, la pérdida de talento en las empresas se multiplica por cuatro cuando éstas no se preocupan de la salud laboral de sus empleado, y gran culpa de ello la tiene los jefes tóxicos, que castran las expectivas de sus subordinados.

En contra del criterio empresarial que los suele tener en alta estima, las estadísticas "cantan" que los jefes tóxicos y su poca empatía con el personal, generan un auténtico lastre para las empresas, un quebranto que afecta a los resultados de las mismas, en cuanto que generan a su alrededor un nefasto ambiente laboral.

Y es que...

"No hay peor tirano que un esclavo
con una látigo en la mano."

10/10/09

“TUROKA” (LA CIUDAD DE PIEDRA)


Lo de “Turoka” es una licencia que me he permitido en alusión a “Turok”, El Guerrero de Piedra, de Editorial Novaro que, allá por la década de los 60, formó parte de nuestra iconografía infantil de héroes de lo que, en las Islas, dimos en llamar “colorines”, en clara alusión a sus portadas a todo color (en aquellos años, las páginas interiores aún se editaban en blanco y negro) y que en otras latitudes denominaron comics, tebeos, historietas…
  
 

¿Qué niño de aquella época no recuerda el formato apaisado del Capitán Trueno, El Jabato o El Cosaco Verde?

Fueron las aventuras de Turok de las primeras, que yo recuerde, en aparecer en formato vertical y con las páginas interiores coloreadas, lo que daba un plus de belleza e intensidad a sus andanzas, siempre ambientadas en la Edad de Piedra y rodeado de todo tipo de dinosaurios.
 


Contemplando las obras de ejecución del viario y rehabilitación del Barranco de Santos, no sé si es bueno o malo que las márgenes y los aledaños del mismo se hayan cubierto de piedras de arriba abajo; estéticamente es bastante discutible, por lo que tampoco voy a entrar a dilucidar si resulta denso, feo y monótono o sus correspondientes antónimos, pero lo que sí sé, es que no se ha dejado un margen para la vegetación, para que descienda o trepe, igual me da, y cubra en parte, las desnudez vertical de sus paredes.

Hay que recordar que el cauce del barranco (vamos a dejar las basuras que tiramos, a un lado) siempre fue un espacio de una belleza agreste, unas verdes pinceladas de musgo, charcos y arbustos, dando un toque silvestre al exceso de asfalto y hormigón de este paisaje urbano.


Por mucho que se haga mención en el Proyecto de Rehabilitación del Barranco, al “descubrimiento de su roca natural y reimplante de vegetación”, tengo la sospecha de que nadie ha pensado revestir vegetalmente todos esos muros cuya visión… ¡cansa!

Miguel Ángel G. Yanes
30/07/08

6/10/09

ESPERO QUE LO LEA

Hoy hablo de un amigo que está postrado en la cama de un hospital... más bien de alguien que lo atiende, supongo que no gratuitamente, sino cobrando el salario que, en virtud de su categoría laboral, le corresponde. Pues bien, este individuo (lo sé por boca de mi amigo, al que se le saltaban las lágrimas al contármelo) se permite la licencia de gritarle y avasallarlo verbalmente por el hecho de hacerse sus necesidades encima.


El paciente no se hace sus necesidades encima porque le da la gana. No lo puede evitar. Hay una enfermedad terrible que le está deshaciendo los órganos internos (eso debe saberlo usted mejor que yo) y le está provocando una diarrea incontrolable que lo tiene realmente abatido. Si usted encima lo avasalla y lo pelea por algo sobre lo que su organismo ya no tiene ningún control, moralmente lo hunde en la miseria, hasta el punto de negarse a comer para evitar esas heces que luego lo avergüencen.



Me parece una postura deleznable por su parte, máxime cuando estas personas requieren sobre todo apoyo y comprensión. No voy a pedirle que sea cariñoso, no es su cometido; el cariño ya se lo damos otros. Es por eso que hoy, públicamente, me quejo de su forma de actuar aunque no lo nombre, porque tampoco es plan que su incompetencia, me refiero a la humana, no a la laboral, salpique a sus compañeros ni al centro de trabajo.

Mire "amigo", para desempeñar esa labor, aparte de verdadera vocación, hay que tener don de gentes. Si usted no vale para ello, por favor, dedíquese a otra cosa, que hay muchas personas humanamente cualificadas, esperando la oportunidad de un puesto de trabajo. Y no se olvide de que mañana, a más tardar, puede ser usted mismo ese paciente que no consigue controlar sus esfínteres. Supongo que no le gustaría que alguien lo avasallara.

Miguel Ángel G. Yanes

5/10/09

MERCEDES SOSA

A través de la prensa, me entero en la mañana de este lunes caluroso de otoño, de la muerte de Mercedes Sosa.

La tristeza, con húmedo aleteo, se ha posado de pronto en mis pestañas, despertando un sinfín de recuerdos que dormían sepultados bajo el polvo del tiempo. A pesar de que llevábamos muchos años sin vernos, y de que ya no suena su voz tan a menudo en casa, siempre existirá entre ambos un vínculo de poesía y música.

Tuve el honor de conocerla aquí, en nuestra isla, a raíz de un concierto que ofreció en la Plaza de San Pedro de Güímar, del que guardo un imborrable recuerdo, aunque mi memoria no consigue fijar la fecha de su actuación; debió ser a finales de los años 70 o principio de los 80, y tampoco tengo la certeza de si fue esa la primera vez que actuó en Tenerife, aunque así me suena.


El timbre de su voz, la potencia de sus graves, y la pureza de su corazón derramaron un río de sentimientos sobre los que tuvimos la fortuna de disfrutar de aquella noche mágica, a pesar del penetrante zumbido que emitía uno de los focos del escenario, que a punto estuvimos de apedrear.

Mercedes era, es y será por siempre "La Voz de América"; una garganta puesta al servicio de los pobres, de los humildes, de los desheredados. Defensora a ultranza de las causas más nobles, recorrió el planeta poniendo el alma en el loable empeño de conseguir un mundo más justo para todos.

Sus comienzos musicales no fueron demasiado fáciles, hasta que en 1965, Jorge Cafrune (bendita sea su memoria) la invitó a cantar en el Festival de Cosquín, donde se consagró ante un público enfervorizado. A partir de ahí despuntó de manera fulminante, hasta convertirse en el mayor exponente de la música popular latinoamericana.


En la discografía de Mercedes Sosa hay temas realmente magníficos. Podría enumerar docenas de ellos: Gracias a la vida, La viajerita, La oncena, Como un pájaro libre, Si se calla el cantor, Alfonsina y el mar… pero una de mis canciones preferidas se titula Marrón:

"…Por las calles de la villa / se me astilla mi canción / dos niños se pelean / por un rayo de sol / miseria está muy fea / miseria que pasó / no dejes que te vea / tu espejo de cartón…" "…monedero sin dinero / no se asusta del ladrón".

Como personaje de talla mundial, sus restos fueron velados en el Salón de los Pasos Perdidos, en el congreso de la nación que la vio nacer: Argentina, aunque dado su compromiso social, su lucha en pro de los desfavorecidos y su proyección internacional, me atrevo a catalogarla, con palabras del filósofo Lanza del Vasto (discípulo de Gandhi) como "ciudadana del mundo".


Por todo lo que nos legaste… ¡Gracias Mercedes! Descansa en paz.

Miguel Ángel G. Yanes

1/10/09

TONTO LO JUSTO

Afortunadamente en Canarias no existen guindos (árbol de la familia de las Rosáceas, especie de cerezo, del que puede distinguirse por ser las hojas más pequeñas y el fruto más redondo y comúnmente ácido)

Que conste que no lo digo porque no me gusten las guindas. Me encantan. Incluso el árbol en sí tiene un porte exquisito. Sobre todo cuando se encuentra en flor, es una maravilla para los sentidos.



Lo digo por la sencilla razón de que, si aquí hubiera guindos, tal vez me habría caído de uno sin darme cuenta. Esa, al menos, es la sensación que percibo. Como si determinadas personas estuvieran convencidas de que me caí de alguno; cuando son ellas las que se pasan la vida columpiándose como si fueran micos, hartándose a reventar en las alturas y tirándonos luego sus desperdicios.

La verdad es que pesan demasiado, en el ánimo y en el carácter, tantos años de vida laboral. Me doy perfecta cuenta de que estoy envejeciendo y, francamente, ya no estoy por la labor de aguantarle “miconadas”… digo… mariconadas a nadie.

Tonto lo justo, no más.

Miguel Ángel G. Yanes

28/9/09

LA MIRADA DEL ORANGUTÁN


Ahora que ha muerto Copito de Nieve, y que conste que no me parece excesiva, como apuntan algunos, la difusión que se ha dado a la noticia, pues no en vano era el único ejemplar de gorila albino que se ha conocido en el mundo, amén de haber sido un referente importantísimo de la ciudad condal. Es más, me ha parecido un acto de caridad tremendo el hecho de que le hayan practicado la eutanasia para evitarle los terribles dolores que, al parecer, sufría. Y me decanto también a favor de los que se oponen a que se le diseque o mucho menos que se le clone. Creo que merece un respeto.
 
"Copito", el gorila albino del zoo de Barcelona

Ahora que ha muerto, repito, y al remirar unas viejas fotos de su juventud, observando la intensidad de su mirada, aquellos ojos claros y penetrantes, la indiferencia con que parecía observar a los humanos; me viene a la memoria la mirada de otro primate y el profundo impacto que me causó entonces.

Fue hace bastantes años, veinte quizás, cuando por primera vez visité el zoo madrileño. Allí había también un ejemplar emblemático de la Villa y Corte que, aunque sin la excepcional singularidad del gorila, tenía el “privilegio” de ser el primer oso panda nacido en cautividad: Chu-Lin, tempranamente desaparecido a los 13 años de edad, cuando al parecer, pueden alcanzar sin problema el doble de la misma. Era un cachorro encantador (como todos los cachorros de los mamíferos) y hacía las delicias, sobre todo de los niños, que lo veían como un peluche bicolor con vida propia. Pero a pesar de su atractivo, no es de él de quien guardo el recuerdo más impactante de esa visita. 
 
"Chu-Lin", el oso panda del zoo de Madrid

No sé si aún la zona dedica a los simios, en el zoo de Madrid, sigue estructurada de la misma forma. En aquella época, las jaulas de los “grandes monos” tenían rejas por un costado y un cristal blindado por el otro. Fue allí donde hallé a un viejo orangután, de pelaje naranja y encrespado que, apoyado en el cristal, reposando la cabeza sobre el antebrazo, en un gesto tremendamente humano, miraba hacia sus pies sin prestarnos la menor atención.


No pude remediarlo. Cerré el puño y golpee con suavidad la pared transparente que nos separaba. Elevó la cabeza unos centímetros y… una mirada de tristeza infinita me taladró hasta el fondo del alma.

¡Dios mío!… Si fuera yo quien hubiera caído en manos de otros seres que no pudieran entenderme de ningún modo (vamos a obviar los signos de escritura y dibujo, suponiendo que no los conociera) posiblemente estaría ocupando su lugar en una jaula. Por un instante me sentí identificado por completo con aquel prisionero.


Entendí entonces el porqué del desdén que Copito manifestó siempre hacia el público. Yo también les habría dado la espalda durante todo el tiempo que me fuera posible.

Apariencias aparte, apenas nos separan unos pocos genes, unos cuantos giros de la evolución y la huella de las culturas subsiguientes. Por ello veo necesario que reconsideremos nuestra postura hacia los grandes simios y dejemos de condenarlos a cadenas perpetuas que no merecen en absoluto.


Por muy grandes y cómodas que las celdas sean, las cárceles nunca dejarán de ser cárceles.

¿Cuál ha sido su crimen?

¿Y el nuestro?

Miguel Ángel G. Yanes

21/9/09

QUÉ PREGUNTA...

Hacía tiempo que nadie me atravesaba el pie de una manera tan descarada, y es que la pregunta tenía su enjundia:

- ¡Papi! En esencia, los seres humanos ¿qué somos?

- ¡Jo! La hora que es y el recado que traes. Qué complicado me lo pones. Pero…mmm… te lo voy a decir:

   Somos esa fuerza, esa energía que se asoma a los ojos. Eso somos.




- … ¿Y los ciegos?

Miguel Ángel G. Yanes

20/9/09

¡CARAMBA!, ESTA CIUDAD ESTÁ LLENA DE "SETAS"




Qué variedad de "setas". Las hay de todos los tamaños, texturas y colores; adornan parques, jardines, parterres, pocetas, terraplenes, pero sobre todo alfombran las aceras, de tal forma que hay que ir saltando a la pata coja para no pisarlas: una especie de juego del tejo para todos los públicos.

Es todo un espectáculo cuando alguien pisa alguna, y un "enervante aroma" se eleva y lo convence de que se va a sacar el primer premio en algún juego de azar, a poco que lo intente.

También es increíble ver cómo, si se pisa una "seta" chaparra y poco consistente, sirve de clase gratuita de patinaje artístico e incluso de ballet, consiguiendo, a veces, hacer un "spagat" en el primer intento.
¡Ah! ¿Que no son setas?: Deposiciones, porquería, excrementos, heces, deyecciones, caca... Bueno, dejémonos de eufemismos y empleemos el término correcto, el que se nos viene a la boca cuando nos cabreamos: ¡mierda! ¡Sí!, ¡mierda!, ¡mierda de perros!

Pido al ayuntamiento mano dura con los incívicos que no recogen la de sus propias mascotas. Al parecer, hasta que no se les apriete el bolsillo, no se decidirán a agachar el lomo como hacemos algunos/as y, cogiendo una bolsa, un papel, o cualquier otro artilugio, retirar de la vía pública lo que, con toda seguridad, retiran de sus propios hogares.

Miguel Ángel G. Yanes
15/06/08

17/9/09

HOMENAJE PÓSTUMO A MANUEL PICÓN

Escribo desde la isla de Tenerife.

Me he enterado, a través de la página web de Rafael Amor, que para el próximo 29 de septiembre de 2004 a las 20 h. está previsto celebrar, en la Casa de América en Madrid, un homenaje póstumo a Manuel Picón, cuando se cumplen 11 años de su desaparición de este universo físico, que no del de la memoria, pues sigue entre nosotros agitando recuerdos con su voz y su música.

 
En dicho evento actuarán: Olga Manzano (su mitad en este lado de la realidad) y diversos cantautores, amigos y poetas de la talla del propio Rafael Amor (Argentina), Numas Moraes (Uruguay), Pablo Guerrero (España), Quintín Cabrera (Uruguay) y Luis Pastor (España) entre otros; todos ellos de la mano de Fernando Lucini que será el encargado de la presentación.

Tuve la inmensa fortuna de conocer a Olga y a Manuel a principio de los años 80. Fue a través de mi amiga Maca, quien mantenía una cordial amistad con ellos, hasta el punto de que, cuando actuaban en la Isla, era ella quien solía quedar al cuidado de sus hijos.


Me viene a la memoria, con total nitidez, la primera vez que los escuché en directo. Fue en el Teatro Guimerá, la entrada era gratuita y sin embargo, por mor del desconocimiento, los asistentes apenas llegábamos a la docena. Así y todo, cantaron poniendo el alma en cada tema, y no sólo eso, sino que al finalizar la actuación, descendieron al patio de butacas estableciendo con todos nosotros un diálogo distendido y ameno. Años más tarde sería prácticamente imposible encontrar una localidad para sus actuaciones, a no ser que se hubiera comprado con bastante antelación, lo que da una idea de su calidad y de su continua progresión.


Recuerdo a Manuel Picón como un personaje encantador, de mirada profunda y luminosa, trato afable, prudente siempre (cuando viajábamos en coche nos solía rogar que no superáramos los 90 km. por hora) y, por supuesto, un profesional como la copa de un pino, con una magia de aves canoras en la voz.  


Gracias a él, que adaptó y musicalizó muchos poemas de Pablo Neruda, los jóvenes de entonces entramos de lleno en el mágico universo de su poesía que, para mí, hasta esa fecha se circunscribía a “20 poemas de amor y una canción desesperada”, “Las piedras del cielo” y poco más.


De los múltiples trabajos de Olga y Manuel, mi preferido es indiscutiblemente “Los versos del Capitán”. Hay temas de este disco que continúan a mi lado después de tantos años; siguen sonando en el cassette del coche, en el ordenador de casa, e incluso, a veces, tarareo, entre dientes, sus estrofas:


“Amor mío, si vieras / si vieras que de pronto / mi sangre cae y mancha / las piedras de la calle, /
ríe, porque tu risa / será para mis manos / como una espada fresca / en las horas oscuras.

…niégame el pan, el aire, / la luz, la primavera, / pero tu risa nunca / porque me moriría.”

Aunque también otros discos suyos anidan aún en mi colección de vinilos: “Fulgor y muerte de Joaquín Murieta”, “Papá Bolero”, "Te quiero al alba"…



Me queda el desconsuelo de no poder asistir a ese homenaje, y a fe que me gustaría, pero mis obligaciones laborales me lo impiden. No obstante dejo la reseña para quien quiera o pueda hacerlo.

Miguel Ángel G. Yanes

10/9/09

UNA HISTORIA ALTERNATIVA



En esta ciudad nuestra ocurren cosas realmente extrañas. Tiempo ha, el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife colocó un rótulo en la fachada de la casa parroquial de la Iglesia de la Concepción, en concreto en la esquina que da al Barranco de Santos y a la calle Bravo Murillo, que rezaba "Charco de la Casona", dando nombre así a la vía que discurre paralela a la margen izquierda del barranco. No sé si retirada por las autoridades municipales, escamoteada por amigos de lo ajeno o coleccionistas sin escrúpulos, la cuestión es que la mencionada placa ha desaparecido.




Está históricamente documentada la existencia de una casona, aunque no tengo muy claro si mandada a erigir o comprada y luego reformada por el Adelantado D. Alonso Fernández de Lugo, a principios del siglo XVI, a orillas de un charco cercano a la desembocadura del barranco.

Hace más de cuarenta años, mi abuelo paterno, que se había criado en aquellos lares, me relató una historia alternativa bastante curiosa. Según él, existía, aún en los albores del siglo XX, un charco permanente en el cauce del barranco, entre el antiguo Hospital Civil y la Iglesia de la Concepción, donde las mujeres de la zona acudían a lavar la ropa, y los chicos a bañarse cuando hacía buen tiempo. A dicho charco, que tenía comunicación con la mar, solían acceder con la subida de la marea, peces de distinto tamaño, que los lugareños se afanaban en atrapar.

Cierto día se coló un cazón, y un grupo de muchachos logró acorralarlo contra la orilla, pero una de las lavanderas que había observado toda la maniobra, los apartó a empellones alegando que ella lo había visto primero. Se acercó resueltamente, le echó mano y logró cogerlo por la cola, instante en que el animal, al verse atrapado, giró la cabeza hacia atrás y le asestó tal mordisco en el brazo, que no tuvo más remedio que soltarlo, con lo que, aprovechando la confusión, el cazón huyó a toda pastilla.

Los chicos se desternillaron de la risa y, a partir de ese lance, la apodaron "La Cazona" y por extensión lo de "Charco de La Cazona".

Nuestro seseo permite perfectamente la viabilidad de la historia.

Miguel Ángel G. Yanes