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12/4/21

LIBERAR LAS PATENTES (2ª PARTE)

...CONTINUACIÓN:

Aunque hay excepciones, los estudios de epigenética muestran que "no somos 'máquinas biológicas' aisladas de la sociedad donde hay efectos genéticos inevitables, sino animales sociales fuertemente condicionados por el entorno". Pongamos un ejemplo ya clásico.

Durante el hambre invernal holandesa de 1944 provocada por los nazis al desviar los alimentos hacia Alemania, las mujeres embarazadas apenas si tenían alimentos. Los estudios científicos han mostrado como aquellos que aún no habían nacido (especialmente los que estaban en el primer trimestre del embarazo) al cabo de los años desarrollaron obesidad y problemas de corazón. ¿Por qué?

Pues porque madres y fetos “aprendieron a ahorrar calorías". El cuerpo de estas personas fue 'programado', y más tarde 'recuerda', por decirlo así, la historia sufrida en el seno materno.

¿Cuál es entonces la causa original de esta pandemia? En el libro habla de “las causas" 

Siempre ha habido –y siempre habrá– pandemias, pero durante los últimos decenios hemos visto un aumento de brotes producidos por enfermedades infecciosas. esto ha ocurrido por diversas razones: Una urbanización masiva, la alteración de ecosistemas, y la deforestación y pérdida de biodiversidad que interpone especies entre los patógenos y el ser humano

Además, "existe un modelo industrial de agricultura y producción ganadera mercantil donde hay un gran número de animales hacinados, así como el crecimiento del turismo de masas, con viajes que en pocas horas esparcen virus por todo el mundo, y la mercantilización y precarización de los sistemas de salud pública"

Y un factor muy preocupante es el deshielo de glaciares y del permafrost, debido a la crisis climática, que puede poner en circulación virus hasta ahora desconocidos y que "pueden llevar miles o millones de años bajo el hielo". Detrás de todo ello está la lógica de acumulación, crecimiento, beneficios y desigualdad de un capitalismo que choca con los límites biofísicos planetarios. De ese modo, todo apunta a pensar que ésta no será la última pandemia, sino que vendrán otras y seguramente serán más virulentas. Es pues fundamental que lo sepamos y que nos preparemos.

Hay datos en su libro que impresionan, por ejemplo: una niña nacida en Suecia puede vivir 43 años más que una niña nacida en Sierra Leona. Con ello parece casi inmoral hablar tanto de la covid. ¿Hemos perdido la perspectiva o es que nunca la hemos tenido?


Sabemos que la Covid-19 es un problema de salud pública, económico y social muy serio, pero hay muchos efectos que apenas empezamos a conocer. "Hay una parte no visible del iceberg que oculta un número de muertos muy superior al oficial, con muchas enfermedades no atendidas, y problemas de salud mental, sufrimiento, violencia y desigualdades".

Además, la pandemia amplifica las desigualdades de una gran parte de la población mundial que ya sufría una 'pandemia de desigualdad'. ¿Por qué? 

Pues, "porque 2.500 millones de personas sobreviven con 5 dólares al día, porque 'cientos de millones' de personas no tienen agua potable ni electricidad, la 'mitad de la población mundial' no pueden acceder a medicamentos esenciales, y 5.200 millones carecen de un sistema de seguridad social mínimamente adecuado".

Ahora "la pandemia también nos ha tocado a nosotros, y ha frenado la economía global, pero las 'olas de crisis post-pandémica' seguirán matando más a los pobres, y especialmente a las pobres".

Entre las muchas formas de desigualdad existentes, la de la salud es la más inhumana de todas: no hay peor desigualdad que saber que enfermarás o morirás prematuramente por el hecho de ser pobre.

Es por ello, que a menudo decimos que la equidad en la salud, calidad de vida y bienestar es el mejor indicador de justicia social de una sociedad. Si bien es cierto que se han hecho populares, frases como “es peor tu código postal que tu código genético”. Desde el punto de vista moral, lo peor es que se trata de desigualdades cada vez más evitables

Como comenta el filósofo Thomas Pogge, "debemos valorar la capacidad de hacer frente a la pobreza en comparación con los medios que tenemos". Por ejemplo, "eliminar la pobreza en 1990 habría costado el 10,5% del PIB mundial mientras que en 2013 solo habría costado el 3,3%".

Ahora que tenemos vacunas también sabemos que los países del primer mundo han acaparado prácticamente toda la producción en detrimento de los países económicamente empobrecidos. ¿Cree que puede haber solidaridad en la “nueva normalidad”?

"Los medios de comunicación han creado una visión distorsionada de las vacunas generando la sensación de que la pandemia ya está casi resuelta".

A corto plazo, las vacunas disponibles son seguras y efectivas, pero a medio y largo plazo todavía hay muchas incertidumbres y sabemos poco sobre las nuevas variantes de los virus. Además, el ritmo de vacunación todavía es muy lento y desigual, y puede costar mucho tiempo hasta que toda la humanidad esté vacunada

Si dejamos de lado el siempre relevante tema de hacer una buena gestión, gran parte del problema se debe a las 'políticas neoliberales'

"Aunque las inversiones en investigación de vacunas han sido básicamente públicas, la producción y comercialización se halla en manos privadas. ¿Por qué?"

Por la puesta en marcha en 1995 por parte de la Organización Mundial del Comercio (OMC) del 'acuerdo sobre los derechos de propiedad intelectual asociados al comercio'India, Sudáfrica y muchos otros países han tratado de suspender estos derechos durante la pandemia, pero "la Unión Europea (EU) y los Estados Unidos (EE.UU.) se han opuesto".

La exitosa creación de vacunas esconde que la pandemia es un espejo de la geopolítica mundial y de cómo funciona el 'capitalismo neoliberal'

Es necesario que las vacunas sean un bien común para la humanidad, pero para que eso ocurra será necesaria una respuesta geopolítica que libere las patentes, o una asociación de países del sur con soberanía para producir y distribuir masivamente vacunas.

Nos sentíamos invulnerables... ¿Podemos sacar algo positivo de este sentimiento de vulnerabilidad?

La pandemia deja lecciones importantes: "tener más conciencia del trabajo de una clase trabajadora siempre despreciada; que la sanidad pública y los cuidados son cruciales; y que somos una especie frágil y esencialmente dependiente de los demás y de la naturaleza de la que formamos parte". Desafortunadamente, esto no es suficiente para hacer los cambios profundos que necesitamos. Vivimos en una sociedad pasiva a la que le cuesta aprender y hacer cambios. "Y es que las inercias económicas, políticas y culturales conllevan que hacer cambios profundos sea muy difícil"

Vivimos en una sociedad que precariza, que genera alienación, adiciones y muerte, que nos roba el tiempo, que no deja reflexionar sobre el mundo en que vivimos. "Durante la pandemia han muerto millones de personas de hambre, han muerto cientos de miles de niños por enfermedades diarreicas... fácilmente evitables".

¿Estamos dormidos? ¿Por qué no se habla más de ello? Paulo Freire decía que "la ideología dominante enmascara la realidad y nos hace miopes". El neoliberalismo no solo destruye la vida, sino que infecta nuestras mentes y hace difícil comprender la realidad y sus causas.

El trastorno que ha supuesto la pandemia en todo el mundo, ¿puede ser bueno para despertarnos masivamente?

Si no crece la conciencia social sobre las causas y efectos profundos de la pandemia, sobre la posibilidad de que haya nuevas pandemias, o sobre la 'crisis ecosocial sistémica' que padecemos, será muy difícil cambiar la realidad. Olvidamos y olvidamos rápido. El historiador Jacques Le Goff decía que "una de las máximas preocupaciones de las clases dominantes es 'apoderarse de la memoria y del olvido'"

La pandemia ha producido una conmoción general que ha cambiado la sociedad, pero eso no quiere decir que el mundo vaya a cambiar a mejor. Pero habrá que intentarlo, habrá que cambiar radicalmente mediante una lucha organizada, inteligente y persistente, donde sepamos 'juntar muchas fuerzas locales y globales'.

Thatcher hablaba de la TINA (There is No Alternative), decía que 'no había alternativa al capitalismo neoliberal'. La paradoja es que ahora si que no hay alternativa: " o cambiamos o vamos camino del ecocidio y el genocidio".

Hará falta una transformación ambiciosa para que la humanidad no acabe colapsando... ¿Cuáles serán las claves?

La pandemia es un baño de humildad que nos debería hacer comprender que somos naturaleza, y que al dañarla también nos dañamos. Hay que resolver la emergencia climática generada por los países, empresas y clases sociales más ricas, y hacer frente a la crisis ecológica que provoca que 'gastemos 1,7 planetas', y una próxima crisis de energía. Todo esto es infinitamente peor que la pandemia.

El peor virus que tenemos es un 'capitalismo fosilista' que necesita una acumulación constante, un crecimiento ilimitado y, por supuesto, despojar de los bienes comunes, lo que quiere decir que "la vacuna más efectiva debe ser un cambio político profundo".

Por ello, además de hacer frente a la crisis pandémica y post-pandémica que frenen la precarización laboral y vital, y la desigualdad, y fortalecer los servicios sociales y de salud  golpeados por las políticas neoliberales. Dice Varoufakis que "hay que salir de la lógica económica y cultural de un 'capitalismo tecno-feudal' que está en guerra con la vida". Las reformas son importantes e imprescindibles, pero muy pronto nos enfrentaremos con situaciones límite que obligarán a cambios sistémicos muy profundos para evitar el colapso.

¿Vienen tiempos convulsos,  pues? 


"No hay muerte, solo lo visible y lo invisible. El sufrimiento permanece sin comprensión. La Naturaleza no es el foco, la Humanidad sí"

El escritor Carl Amery planteó que "la lucha por los recursos escasos en una Tierra finita era el tema crucial del siglo, y que un 'grupo superior neofascista' trataría de imponer una sociedad autoritaria, represiva y racista para defender su forma de vida ante 'grupos inferiores'"

La pandemia ha producido miedo, mucho miedo, "un miedo que oculta el dolor y el malestar. Es probable que cuando el miedo se desvanezca surja con mucha fuerza un sufrimiento oculto ahora reprimido".

Las consecuencias de este dolor, con un sufrimiento que se ha ido multiplicando y con la falta de expectativas laborales y vitales, puede manifestarse en forma de diverso tipos de violencia: "hacia dentro, en forma de suicidio, o hacia fuera, en forma de agresividad y destrucción".

En un tiempo lleno de inseguridades, miedos, pérdida de legitimidad, desconfianzas y desigualdades crecientes donde, como ya ha anunciado el FMI, aumentarán las revueltas sociales, "los movimientos populistas y neofascistas tienen un campo abonado"

"La alternativa es luchar por una sociedad más democrática y fraterna que cuide de la vida en todos sus niveles, con una economía homeostática y un decrecimiento selectivo y justo adaptado a los límites biofísicos de la Tierra". Tenemos que aprender a vivir mejor con muchos menos recursos y bienes y eso significa crear 'una sociedad no capitalista, ecofeminista y anticolonial'. No será fácil. Habrá que crear una sociedad consciente y organizada, que aprenda a hacer políticas sistémicas complejas, que haga frente a los que 'no querrán renunciar a sus privilegios… aunque el mundo se acabe'

Es clave que mucha gente tome conciencia de la dimensión de la crisis actual y de que "es posible vivir bien de otra manera, con mucho menos consumo, de forma más saludable, humana y realmente sostenible, con más tiempo libre y energías para aprender, crear, meditar, desarrollar relaciones más fraternas y ser más conscientes de nuestra vida y de nuestra muerte".

Esto significa la necesidad de una 'reeducación ciudadana política y cultural muy profunda'. Hay que seguir experimentando vivir de una manera diferente, con 'cooperativas de producción y consumo', y 'nuevas formas de vida y relaciones'. Es necesario disponer de grupos de análisis (think tanks) potentes que hagan análisis y propuestas para "arrinconar a las fuerzas reaccionarias y neofascistas"

"Y hay que juntarse, ganar fuerzas, y movilizarse sostenidamente con movimientos a la vez locales y globales, descentralizados y coordinados, ágiles, resistentes y capaces de adaptarse a los cambios y presionar a los gobiernos".

Versión ampliada de la entrevista publicada originalmente en catalán en la revista Crític

FUENTE: ctxt.es
Elena Parreño (Crític)
07/04/2021
 
Yo, desde mi pobre óptica de ciudadano de a pie, voy a preguntar lo mismo de siempre:

¿Quién le va a poner el cascabel al gato? ¿Quién o quiénes se van a atrever a enfrentarse a las grandes empresas multinacionales? cuando es evidente que, con este invento capitalista de la Globalización, los países no pueden controlar a esos monstruosos oligopolios porque, en realidad, son ellos quienes gobiernan un mundo convertido en Mercado.

O nos concienciamos de la necesidad de nuestra unión como seres humanos, más allá de políticas, países, razas, credos... para frenar en seco este sistema "devorador de seres y de sueños" o, efectivamente, no existirá un futuro.

LIBERAR LAS PATENTES (1ª PARTE)

“Para que las vacunas sean un bien común hace falta una respuesta geopolítica que libere las patentes


Joan Benach / Profesor, investigador y salubrista. Imagen reciente cedida por el entrevistado

"Hace un año, una crisis global de salud pública sacudió los cimientos de nuestras vidas". ¿Qué ha dejado al descubierto la pandemia del coronavirus? ¿Cuán determinante es la realidad económica y social para nuestra salud? 

La Covid-19 ha mostrado la gran vulnerabilidad humana y también las deficiencias de un sistema donde "quien nace pobre también sufrirá las consecuencias en su salud".

Entrevistamos al investigador Joan Benach, que ha publicado el libro titulado 'La salud es política (Icaria, 2020)'. Benach es director del Grupo de Investigación en Desigualdades en Salud-Employment Conditions Network (GREDS-EMCONET), subdirector del Johns Hopkins University-UPF Public Policy Center y catedrático del Departamento de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Pompeu Fabra.

Hace un año de la llegada de la pandemia e inicialmente parecía un “virus democrático”.  A menudo hemos oído que "afectaba a todo el mundo por igual". ¿Ha sido así?

En sí mismo, el virus puede ser “democrático”, pero "las condiciones sociales de las personas y grupos que lo transmiten y generan sus efectos no lo son". La palabra pandemia hace referencia a la extensión masiva de una epidemia y esto puede hacer pensar que afecta a todo el mundo.

Y es cierto, pero no en la misma medida. Por tanto, hay que mirar el problema de manera diferente a como habitualmente nos lo presentan los medios de comunicación.

Estamos ante una pandemia desigual, "esparcida y amplificada por la desigualdad social que -como he señalado muchas veces- es la peor de las epidemias que estamos sufriendo". Por lo tanto, hay 'desigualdades pandémicas' o, si lo queremos decir con Mike Davis, hay una 'constelación de epidemias' que viene determinada sobre todo por factores socioeconómicos y sanitarios no equitativos.

Entonces ya apuntaba a las desigualdades en salud como un factor clave de los desiguales efectos de la Covid-19. ¿Qué hace que las personas más pobres sufran más los efectos de la pandemia?

"Casi todas las enfermedades interactúan dentro de un contexto social caracterizado por la pobreza, las privaciones materiales y desigualdades sociales crecientes". Por ejemplo, el mayor riesgo de contagio que sufren grupos de población precarizados, desahuciados, migrantes, etc. Además, estos grupos sociales tienen más dificultades para protegerse, por ejemplo, "al no poder cambiar a menudo las mascarillas". Además tienen más factores de riesgo y enfermedades (hipertensión arterial, obesidad, diabetes, cardiopatías, etc.) que los hacen más susceptibles a que el coronavirus produzca un impacto más grave

Los estudios científicos muestran con claridad cómo los factores sociales actúan sinérgicamente aumentando la probabilidad de ser contagiado, de enfermar y morir. Es por eso que decimos que la Covid-19 "más que una pandemia es una sindemia". Quizá la pandemia actual se podrá resolver con medidas biomédicas, pero el coronavirus probablemente seguirá con nosotros y aparecerán nuevas infecciones y pandemias.

Más tarde o más temprano frenaremos esta pandemia, pero si no somos capaces de detener las causas políticas profundas que la han originado y las desigualdades sociales, las sindemias seguirán azotándonos con nuevas enfermedades y problemas de salud que afectarán mucho más, como decíamos en un artículo con Juan M Pericàs, a una población “vulnerada”.

El epidemiólogo británico Dave Gordon hizo una lista de las recomendaciones que se suelen hacer en salud y que al final culpabilizan a la víctima, como no fumar o hacer ejercicio... ¿Qué capacidad de elección tenemos en nuestras condiciones de vida?

No se puede comprender –ni resolver– un problema social y colectivo como es la salud pública con una mirada que haga hincapié en los factores personales, por relevantes que estos sean. La ideología liberal nos dice que la libertad es “hacer lo que queremos”, pero "no hacemos lo que queremos sino lo que podemos o nos dejan hacer". 

En 1999, Dave Gordon difundió un texto en forma de broma que me gusta mucho repetir. En su artículo “Consejos alternativos para tener una salud sana” criticó la visión tradicional de los gobiernos que dan "consejos asociales de los estilos de vida”.

El decálogo de su texto decía cosas como: “No sea pobre, pero si lo es, procure no serlo por mucho tiempo”, o bien “no realice un trabajo estresante, mal pagado y precario”

Las enfermedades y la muerte prematura se dan en todas las personas, pero determinados grupos sociales las padecen con más frecuencia. Al tener menos derechos, recursos, oportunidades o poder, nuestros grados de libertad se reducen.

Cuanto más difícil es la vida familiar, laboral, etc., más probable es que se generen sacudidas y problemas de todo tipo.

Por ejemplo, las adicciones no son, como muchos creen, una simple 'elección personal', sino a menudo una respuesta para aliviar algún trauma que nos genera dolor emocional y sufrimiento.

Vale decir que las conductas compulsivas son hoy una verdadera pandemia social, donde 'nos enganchamos' a casi todo (el juego, las compras, el sexo, la comida, el trabajo, internet, etc), mediante los móviles, las redes sociales y todo tipo de productos y servicios adquiridos a través de Internet ,donde, bajo el neoliberalismo, las grandes empresas y la publicidad nos empujan a ser adictos para así conseguir más ganancias.

A menudo atribuimos la buena o mala salud a elementos biológicos o genéticos, pero según explica en su libro hay muchas más causas... ¿Qué otros factores, más relevantes que nuestros genes, nos generan el tener buena o mala salud?

Al mencionar las causas de la salud, los medios de comunicación difunden una visión que pone excesivamente el acento en los factores biomédicos y la genética.

Tanto es así, que en los últimos años se ha puesto de moda decir: “Es parte de nuestro ADN”, o expresiones similares, al hablar de temas laborales, deportivos y de todo tipo

Los factores genéticos son relevantes para la salud, pero juegan un papel menor en la producción colectiva de la enfermedad. ¿Por qué?

Pues "porque hay pocas enfermedades exclusivamente genéticas y porque la biología interactúa constantemente con un ambiente, que puede o no compensar una determinada desventaja biológica o genética". Estar predispuestos no quiere decir que estemos predeterminados.

¿Por qué enfermamos? La salud de la población, la salud colectiva, depende fundamentalmente de los llamados determinantes ecosociales de la salud

Por citar algunos, la precarización laboral, la pobreza, los problemas de vivienda, las injusticias ambientales o la 'debilidad de la salud pública', aquella disciplina que tiene por objetivo prevenir la enfermedad, y proteger, promover y restaurar la salud de toda la población.

A su vez, estos determinantes dependen de las políticas públicas, sociales, laborales, ambientales, etc., que se elijan y, a su vez, estas políticas dependen de la distribución del poder político en sentido amplio, es decir, de la política.

Cuenta en su libro que, desde antes de nacer y hasta la muerte, incorporamos en los cuerpos y mentes los determinantes políticos y sociales que más tarde expresamos en forma de salud o enfermedad... ¿Tan relevante es de dónde venimos y dónde crecemos?

Es fundamental, tanto a nivel personal y familiar, como del grupo social (clase, género, etnia, situación migratoria) al que pertenecemos y del lugar (barrio, región, país) donde vivimos. Los humanos somos 'seres totales', todo está integrado, pero "el modelo biomédico hegemónico separa la mente del cuerpo, desconecta las emociones de la salud física, y separa al individuo de su entorno, de manera que las personas quedan 'desvinculadas' de sus contextos".

Sin embargo, la enfermedad y la salud son el resultado de múltiples causas interrelacionadas de tipo sistémico e histórico que no deberían separarse. Por ejemplo, si una mujer migrante llega a urgencias de un hospital con un infarto de miocardio, es porque "su cuerpo y su mente expresa todos los problemas y factores de riesgo acumulados durante su vida que, finalmente, se reflejan en su psicología y en su biología".

Su historia personal es también la historia de su clase social, de su género, de su situación migratoria, y del colectivo social, comunidad y país al que pertenece.

La evolución de las ciencias lleva a una creciente superespecialización que, a pesar de ser útil y necesaria, a la vez nos hace difícil comprender de forma completa la 'realidad integrada' que va desde los genes hasta la política. Como si de un virus se tratara, lo político y lo social 'penetra' en nuestros cuerpos y se 'expresa' en forma de 'daño psicobiológico' mediante enfermedades, sufrimiento y muerte prematura.

Versión ampliada de la entrevista publicada originalmente en catalán en la revista Crític

FUENTE: ctxt.es
Elena Parreño (Crític)
07/04/2021

CONTINÚA...

27/3/21

LA CREACIÓN ARTIFICIAL DE LA ESCASEZ: EL CASO DE LAS VACUNAS

 

Un vial de vacunas etiquetado con el nombre de Astra-Zeneca, con una jeringuilla, y la bandera de la UE al fondo - REUTERS / Dado Ruvic/ Ilustración

El desaparecido economista y catedrático de la Universidad de Salamanca, David Anisi escribió en 1995 un libro titulado 'Creadores de escasez. Del bienestar al miedo' (Alianza Editorial). En el explicaba que, "en contra de lo que se creía, la crisis que se produjo a partir de los años 70 no había sido lo que obligó a cuestionar el Estado de Bienestar", sino que fue al revés: "la puesta en cuestión de este último originó la crisis".

Como explicaba Anisi:

"Había llegado el momento de disciplinar a los trabajadores". Y así se hizo.
 

Mano dura

Para ello se recurrió a la forma siempre más efectiva, generando 'el desempleo'. Quien carece de ingresos y medios de vida no tiene más remedio que aceptar lo que sea para salir adelante y se convierte así "en un ser personal, mental y socialmente frágil, fácilmente manipulable y disciplinado".

Para provocar deliberadamente 'el desempleo' que disciplinara a las clases trabajadoras se aplicaron políticas basadas en la 'creación artificial de escasez', aumentando los tipos de interés (lo que frenaba la inversión productiva pero al mismo enriquecía así a los poseedores del dinero), 'reduciendo salarios' (lo que reducía a la vez el consumo, pero aumentaba los beneficios de las grandes empresas que tienen mercados cautivos) y provocando déficits públicos y mucha deuda (ralentizando así la economía pero aumentando el negocio del capital financiero).

El efecto de esas políticas es el mismo que "el que tiene el ir pisando el freno en un vehículo constantemente: disminuye la velocidad de crucero, gasta mucha más energía y se deteriora el conjunto de la maquinaria". En una economía la consecuencia es que "disminuye la tasa de crecimiento de la actividad económica y aumenta 'el desempleo'".

Dos efectos que se agravan cuando todo eso ocurre, como ocurrió en los años 80 y 90 del siglo pasado, en medio de una revolución tecnológica. Cuando ésta se produce, aumenta la productividad y si este aumento no va a acompañado de una reducción de la jornada y de políticas expansivas del gasto, el efecto del frenazo es mucho mayor. Eso es lo que vienen provocando las políticas neoliberales y por eso decimos que crean escasez artificialmente.

Destrozan a toda la economía y disminuyen la provisión de bienes y servicios pero benefician mucho, a los propietarios del capital financiero (que se enriquecen más cuanto mayor es la deuda) y a las grandes empresas que dominan los mercados y tienen clientes cautivos o una masa de liquidez muy grande con la que se enriquecen en los mercados financieros.

Puede parecer que esta tesis que acabo de exponer es demasiado perversa como para ser verdad pero, si no la creen, lean lo que escribió en la página 183 de su libro 'El final de la edad dorada' (Ed. Taurus 1996) quien fue ministro de Economía de Felipe González, Carlos Solchaga:

Carlos Solchaga

«La 'reducción del desempleo', lejos de ser una estrategia de la que todos saldrían beneficiados, es una decisión que si se llevara a efecto podría acarrear perjuicios a muchos grupos de intereses y a algunos grupos de opinión pública».

No se puede reconocer más explícita y claramente. En efecto, el capitalismo de nuestros días es un 'creador artificial de escasez' y una manifestación sangrante de ello la estamos contemplando en estos momentos "en el caso de las vacunas".

Cuando se extendió la pandemia, las autoridades mundiales reconocieron lo elemental y lógico: "su remedio no podía ser otro que una vacunación masiva y muy rápida de la mayor parte de la población mundial".

La presidenta de la Comisión Europea reclamó que las vacunas se convirtieran en un bien público porque «la Unión Europea había invertido muchos miles de millones en desarrollar las primeras». El Fondo Monetario Internacional pedía en su informe de enero pasado una «distribución universal de vacunas… a precios asequibles para todos»

Sin embargo, "no es eso lo que está ocurriendo, sino todo lo contrario: los gobiernos de los 'países ricos' se niegan a que las vacunas puedan producirse y distribuirse masivamente a precios asequibles en 'todos los países del mundo', como sería imprescindible para acabar con la pandemia".

Se sigue 'creando escasez' aunque ahora no sea para disciplinar a las clases trabajadoras sino para "salvaguardar el beneficio y el poder de las grandes empresas farmacéuticas", de cuya naturaleza y estrategia escribía hace unos días el profesor Vicenç Navarro en estas mismas páginas (aquí).

Vicenç Navarro

Para desarrollar vacunas de distribución universal, como pide el FMI, es precisa la colaboración de científicos y productores de todo el planeta, pero eso solo ocurrirá "si se pone a disposición de todos ellos el conocimiento y las técnicas que las hacen posible; algo que resulta de todo punto imposible mientras no se suspendan las 'patentes' y 'derechos de propiedad intelectual'".

Eso es lo que están pidiendo desde hace meses la gran mayoría de países del mundo, líderes políticos, organizaciones de todo tipo, centros de investigación, personalidades, dirigentes de iglesias...

Pero en contra de esa opinión mayoritaria, están los gobiernos de los países ricos (Estados Unidos, Unión Europea, Japón, Reino Unido, Brasil, Canadá, Noruega y unos pocos más) que se oponen constantemente a ello.

Con tal de salvaguardar los intereses comerciales de las 'grandes empresas farmacéuticas' que producen las vacunas (igual que  podría decirse de otros bienes, dispositivos o instrumentos de diagnóstico que están siendo imprescindibles durante la pandemia), se está dando lugar a una 'carencia generalizada de vacunas', sencillamente, porque "no se está aprovechando toda la capacidad potencial de fabricación de vacunas". Los datos son inapelables:

Solo se está utilizando un 43% de la capacidad que hay en el mundo para producir las vacunas ya aprobadas (aquí).

– Las 3 empresas más grandes fabricantes de vacunas solo están produciendo para el 1,5% de la población mundial, un volumen muy por debajo de su capacidad potencial al no tener acceso a las licencias (aquí).

– A pesar de la escasez, "cuando algunos fabricantes se ofrecen a producirlas no reciben respuesta de las empresas que, 'con el beneplácito de los gobiernos', dominan el mercado". Eso ha pasado con la danesa Bavarian Nordic que podría fabricar, si se lo permitieran, casi '250 millones de vacunas' (aquí).

– Algo parecido ocurre en países como India: "uno de sus fabricantes está produciendo millones de vacunas pero hay al menos otras 20 fábricas, y muchas más en todo el mundo, que podrían estar produciéndolas si tuvieran 'acceso a las licencias' (aquí).

La consecuencia de todo esto es doblemente absurda y me atrevería a decir que criminal.
 

En primer lugar, miles de millones de personas de los países más pobres se quedan al margen de la vacunación que les permita evitar la enfermedad. "Los 'países ricos' (el 16% de la población mundial) acumulan el 60% de las vacunas, mientras que los más pobres están desabastecidos".

El Reino Unido había distribuido más de 31 dosis por cada 100 habitantes, y Estados Unidos más de 22 a finales de febrero, Asia en su conjunto, algo más de 2, y África menos de un 0,55 de media en los pocos países donde habían llegado (aquí).

"La tercera parte de la humanidad no ha recibido aún ni una sola dosis" y, según The Economist, más de 85 países, con toda probabilidad, no vacunarán lo suficiente hasta 2023 (aquí), mientras que los gobiernos de los 'países ricos' han comprado más del triple de unidades de las que necesita su población.

Esto no solo es 'un genocidio' sino que se trata de una 'completa estupidez'. La acumulación de vacunas en los 'países ricos' no va a terminar con la pandemia porque, pura y llanamente ésta es global y las mutaciones pueden venir de cualquier país donde la vacuna aún no haya llegado.

Y es también una 'política estúpida' porque, como expliqué en un artículo anterior, "financiar la vacunación en todos los países del mundo supone 338 veces menos dinero que el que costará, a la larga, el daño de no hacerlo".(aquí).

Una prueba más de que las decisiones económicas que se toman no persiguen ni la eficiencia ni el ahorro, sino el 'enriquecimiento de unos pocos'.

La política de los 'países ricos' es igualmente absurda porque, a la postre, va a crear racionamiento también en su interior, como está ocurriendo en la Unión Europea. Y es también una 'estupidez' responder a la escasez que ellos mismos han ocasionado, con la medida de restringir las exportaciones porque así ni mejorará el aprovisionamiento interior ni el global, y provocarán respuestas del mismo tipo que perturbarán las cadenas de aprovisionamiento.

La pandemia no se está combatiendo como los propios líderes mundiales decían que había que combatirla, "porque no son capaces o no desean poner límite a la avaricia de unos pocos". Se está provocando una crisis económica gigantesca y la pérdida de millones de empresas y empleos por salvaguardar los privilegios de los grandes monopolios.

"Van a morir innecesariamente millones de personas porque se da prioridad a los intereses comerciales".

Terminaré citando a un autor maldito porque creo que llevaba toda la razón. Me refiero a Federico Engels quien decía en su obra 'La situación de la clase obrera en Inglaterra' que "cuando las personas mueren como víctimas de nuestro desorden social y de las clases que tienen interés en ese desorden, se comete un 'asesinato social'".

"Eso es lo que ahora está sucediendo con las vacunas y por eso resulta cada vez más necesario que se definan y persigan los 'crímenes económicos' contra la humanidad".

FUENTE: blogs.publico.es
Economía
Juan Torres - 16/03/2021

Resulta evidente la necesidad de que los trabajadores del mundo se hagan con el control de los medios de producción, para que se generen beneficios igualitarios para todos y no para unas determinadas élites.
 
Ahora: ¿quién, cómo y cuándo le va a poner el cascabel al gato?
 
¡'Datis'!: That is... ¡the question!