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12/4/21

LIBERAR LAS PATENTES (2ª PARTE)

...CONTINUACIÓN:

Aunque hay excepciones, los estudios de epigenética muestran que "no somos 'máquinas biológicas' aisladas de la sociedad donde hay efectos genéticos inevitables, sino animales sociales fuertemente condicionados por el entorno". Pongamos un ejemplo ya clásico.

Durante el hambre invernal holandesa de 1944 provocada por los nazis al desviar los alimentos hacia Alemania, las mujeres embarazadas apenas si tenían alimentos. Los estudios científicos han mostrado como aquellos que aún no habían nacido (especialmente los que estaban en el primer trimestre del embarazo) al cabo de los años desarrollaron obesidad y problemas de corazón. ¿Por qué?

Pues porque madres y fetos “aprendieron a ahorrar calorías". El cuerpo de estas personas fue 'programado', y más tarde 'recuerda', por decirlo así, la historia sufrida en el seno materno.

¿Cuál es entonces la causa original de esta pandemia? En el libro habla de “las causas" 

Siempre ha habido –y siempre habrá– pandemias, pero durante los últimos decenios hemos visto un aumento de brotes producidos por enfermedades infecciosas. esto ha ocurrido por diversas razones: Una urbanización masiva, la alteración de ecosistemas, y la deforestación y pérdida de biodiversidad que interpone especies entre los patógenos y el ser humano

Además, "existe un modelo industrial de agricultura y producción ganadera mercantil donde hay un gran número de animales hacinados, así como el crecimiento del turismo de masas, con viajes que en pocas horas esparcen virus por todo el mundo, y la mercantilización y precarización de los sistemas de salud pública"

Y un factor muy preocupante es el deshielo de glaciares y del permafrost, debido a la crisis climática, que puede poner en circulación virus hasta ahora desconocidos y que "pueden llevar miles o millones de años bajo el hielo". Detrás de todo ello está la lógica de acumulación, crecimiento, beneficios y desigualdad de un capitalismo que choca con los límites biofísicos planetarios. De ese modo, todo apunta a pensar que ésta no será la última pandemia, sino que vendrán otras y seguramente serán más virulentas. Es pues fundamental que lo sepamos y que nos preparemos.

Hay datos en su libro que impresionan, por ejemplo: una niña nacida en Suecia puede vivir 43 años más que una niña nacida en Sierra Leona. Con ello parece casi inmoral hablar tanto de la covid. ¿Hemos perdido la perspectiva o es que nunca la hemos tenido?


Sabemos que la Covid-19 es un problema de salud pública, económico y social muy serio, pero hay muchos efectos que apenas empezamos a conocer. "Hay una parte no visible del iceberg que oculta un número de muertos muy superior al oficial, con muchas enfermedades no atendidas, y problemas de salud mental, sufrimiento, violencia y desigualdades".

Además, la pandemia amplifica las desigualdades de una gran parte de la población mundial que ya sufría una 'pandemia de desigualdad'. ¿Por qué? 

Pues, "porque 2.500 millones de personas sobreviven con 5 dólares al día, porque 'cientos de millones' de personas no tienen agua potable ni electricidad, la 'mitad de la población mundial' no pueden acceder a medicamentos esenciales, y 5.200 millones carecen de un sistema de seguridad social mínimamente adecuado".

Ahora "la pandemia también nos ha tocado a nosotros, y ha frenado la economía global, pero las 'olas de crisis post-pandémica' seguirán matando más a los pobres, y especialmente a las pobres".

Entre las muchas formas de desigualdad existentes, la de la salud es la más inhumana de todas: no hay peor desigualdad que saber que enfermarás o morirás prematuramente por el hecho de ser pobre.

Es por ello, que a menudo decimos que la equidad en la salud, calidad de vida y bienestar es el mejor indicador de justicia social de una sociedad. Si bien es cierto que se han hecho populares, frases como “es peor tu código postal que tu código genético”. Desde el punto de vista moral, lo peor es que se trata de desigualdades cada vez más evitables

Como comenta el filósofo Thomas Pogge, "debemos valorar la capacidad de hacer frente a la pobreza en comparación con los medios que tenemos". Por ejemplo, "eliminar la pobreza en 1990 habría costado el 10,5% del PIB mundial mientras que en 2013 solo habría costado el 3,3%".

Ahora que tenemos vacunas también sabemos que los países del primer mundo han acaparado prácticamente toda la producción en detrimento de los países económicamente empobrecidos. ¿Cree que puede haber solidaridad en la “nueva normalidad”?

"Los medios de comunicación han creado una visión distorsionada de las vacunas generando la sensación de que la pandemia ya está casi resuelta".

A corto plazo, las vacunas disponibles son seguras y efectivas, pero a medio y largo plazo todavía hay muchas incertidumbres y sabemos poco sobre las nuevas variantes de los virus. Además, el ritmo de vacunación todavía es muy lento y desigual, y puede costar mucho tiempo hasta que toda la humanidad esté vacunada

Si dejamos de lado el siempre relevante tema de hacer una buena gestión, gran parte del problema se debe a las 'políticas neoliberales'

"Aunque las inversiones en investigación de vacunas han sido básicamente públicas, la producción y comercialización se halla en manos privadas. ¿Por qué?"

Por la puesta en marcha en 1995 por parte de la Organización Mundial del Comercio (OMC) del 'acuerdo sobre los derechos de propiedad intelectual asociados al comercio'India, Sudáfrica y muchos otros países han tratado de suspender estos derechos durante la pandemia, pero "la Unión Europea (EU) y los Estados Unidos (EE.UU.) se han opuesto".

La exitosa creación de vacunas esconde que la pandemia es un espejo de la geopolítica mundial y de cómo funciona el 'capitalismo neoliberal'

Es necesario que las vacunas sean un bien común para la humanidad, pero para que eso ocurra será necesaria una respuesta geopolítica que libere las patentes, o una asociación de países del sur con soberanía para producir y distribuir masivamente vacunas.

Nos sentíamos invulnerables... ¿Podemos sacar algo positivo de este sentimiento de vulnerabilidad?

La pandemia deja lecciones importantes: "tener más conciencia del trabajo de una clase trabajadora siempre despreciada; que la sanidad pública y los cuidados son cruciales; y que somos una especie frágil y esencialmente dependiente de los demás y de la naturaleza de la que formamos parte". Desafortunadamente, esto no es suficiente para hacer los cambios profundos que necesitamos. Vivimos en una sociedad pasiva a la que le cuesta aprender y hacer cambios. "Y es que las inercias económicas, políticas y culturales conllevan que hacer cambios profundos sea muy difícil"

Vivimos en una sociedad que precariza, que genera alienación, adiciones y muerte, que nos roba el tiempo, que no deja reflexionar sobre el mundo en que vivimos. "Durante la pandemia han muerto millones de personas de hambre, han muerto cientos de miles de niños por enfermedades diarreicas... fácilmente evitables".

¿Estamos dormidos? ¿Por qué no se habla más de ello? Paulo Freire decía que "la ideología dominante enmascara la realidad y nos hace miopes". El neoliberalismo no solo destruye la vida, sino que infecta nuestras mentes y hace difícil comprender la realidad y sus causas.

El trastorno que ha supuesto la pandemia en todo el mundo, ¿puede ser bueno para despertarnos masivamente?

Si no crece la conciencia social sobre las causas y efectos profundos de la pandemia, sobre la posibilidad de que haya nuevas pandemias, o sobre la 'crisis ecosocial sistémica' que padecemos, será muy difícil cambiar la realidad. Olvidamos y olvidamos rápido. El historiador Jacques Le Goff decía que "una de las máximas preocupaciones de las clases dominantes es 'apoderarse de la memoria y del olvido'"

La pandemia ha producido una conmoción general que ha cambiado la sociedad, pero eso no quiere decir que el mundo vaya a cambiar a mejor. Pero habrá que intentarlo, habrá que cambiar radicalmente mediante una lucha organizada, inteligente y persistente, donde sepamos 'juntar muchas fuerzas locales y globales'.

Thatcher hablaba de la TINA (There is No Alternative), decía que 'no había alternativa al capitalismo neoliberal'. La paradoja es que ahora si que no hay alternativa: " o cambiamos o vamos camino del ecocidio y el genocidio".

Hará falta una transformación ambiciosa para que la humanidad no acabe colapsando... ¿Cuáles serán las claves?

La pandemia es un baño de humildad que nos debería hacer comprender que somos naturaleza, y que al dañarla también nos dañamos. Hay que resolver la emergencia climática generada por los países, empresas y clases sociales más ricas, y hacer frente a la crisis ecológica que provoca que 'gastemos 1,7 planetas', y una próxima crisis de energía. Todo esto es infinitamente peor que la pandemia.

El peor virus que tenemos es un 'capitalismo fosilista' que necesita una acumulación constante, un crecimiento ilimitado y, por supuesto, despojar de los bienes comunes, lo que quiere decir que "la vacuna más efectiva debe ser un cambio político profundo".

Por ello, además de hacer frente a la crisis pandémica y post-pandémica que frenen la precarización laboral y vital, y la desigualdad, y fortalecer los servicios sociales y de salud  golpeados por las políticas neoliberales. Dice Varoufakis que "hay que salir de la lógica económica y cultural de un 'capitalismo tecno-feudal' que está en guerra con la vida". Las reformas son importantes e imprescindibles, pero muy pronto nos enfrentaremos con situaciones límite que obligarán a cambios sistémicos muy profundos para evitar el colapso.

¿Vienen tiempos convulsos,  pues? 


"No hay muerte, solo lo visible y lo invisible. El sufrimiento permanece sin comprensión. La Naturaleza no es el foco, la Humanidad sí"

El escritor Carl Amery planteó que "la lucha por los recursos escasos en una Tierra finita era el tema crucial del siglo, y que un 'grupo superior neofascista' trataría de imponer una sociedad autoritaria, represiva y racista para defender su forma de vida ante 'grupos inferiores'"

La pandemia ha producido miedo, mucho miedo, "un miedo que oculta el dolor y el malestar. Es probable que cuando el miedo se desvanezca surja con mucha fuerza un sufrimiento oculto ahora reprimido".

Las consecuencias de este dolor, con un sufrimiento que se ha ido multiplicando y con la falta de expectativas laborales y vitales, puede manifestarse en forma de diverso tipos de violencia: "hacia dentro, en forma de suicidio, o hacia fuera, en forma de agresividad y destrucción".

En un tiempo lleno de inseguridades, miedos, pérdida de legitimidad, desconfianzas y desigualdades crecientes donde, como ya ha anunciado el FMI, aumentarán las revueltas sociales, "los movimientos populistas y neofascistas tienen un campo abonado"

"La alternativa es luchar por una sociedad más democrática y fraterna que cuide de la vida en todos sus niveles, con una economía homeostática y un decrecimiento selectivo y justo adaptado a los límites biofísicos de la Tierra". Tenemos que aprender a vivir mejor con muchos menos recursos y bienes y eso significa crear 'una sociedad no capitalista, ecofeminista y anticolonial'. No será fácil. Habrá que crear una sociedad consciente y organizada, que aprenda a hacer políticas sistémicas complejas, que haga frente a los que 'no querrán renunciar a sus privilegios… aunque el mundo se acabe'

Es clave que mucha gente tome conciencia de la dimensión de la crisis actual y de que "es posible vivir bien de otra manera, con mucho menos consumo, de forma más saludable, humana y realmente sostenible, con más tiempo libre y energías para aprender, crear, meditar, desarrollar relaciones más fraternas y ser más conscientes de nuestra vida y de nuestra muerte".

Esto significa la necesidad de una 'reeducación ciudadana política y cultural muy profunda'. Hay que seguir experimentando vivir de una manera diferente, con 'cooperativas de producción y consumo', y 'nuevas formas de vida y relaciones'. Es necesario disponer de grupos de análisis (think tanks) potentes que hagan análisis y propuestas para "arrinconar a las fuerzas reaccionarias y neofascistas"

"Y hay que juntarse, ganar fuerzas, y movilizarse sostenidamente con movimientos a la vez locales y globales, descentralizados y coordinados, ágiles, resistentes y capaces de adaptarse a los cambios y presionar a los gobiernos".

Versión ampliada de la entrevista publicada originalmente en catalán en la revista Crític

FUENTE: ctxt.es
Elena Parreño (Crític)
07/04/2021
 
Yo, desde mi pobre óptica de ciudadano de a pie, voy a preguntar lo mismo de siempre:

¿Quién le va a poner el cascabel al gato? ¿Quién o quiénes se van a atrever a enfrentarse a las grandes empresas multinacionales? cuando es evidente que, con este invento capitalista de la Globalización, los países no pueden controlar a esos monstruosos oligopolios porque, en realidad, son ellos quienes gobiernan un mundo convertido en Mercado.

O nos concienciamos de la necesidad de nuestra unión como seres humanos, más allá de políticas, países, razas, credos... para frenar en seco este sistema "devorador de seres y de sueños" o, efectivamente, no existirá un futuro.

26/3/20

LO QUE SE ESTÁ OCULTANDO

Lo que se está ocultando en el debate sobre la pandemia


Hace unos días hubo una reunión 'telemática' de varios 'expertos', miembros de la International Association of Health Policy, procedentes de varios 'países y continentes' para analizar la respuesta  a la 'pandemia actual de coronavirus'. Eran 'profesionales' procedentes de varias disciplinas, desde 'epidemiólogos' y otros 'expertos en salud pública' a 'economistas', 'politólogos' y profesionales de otras 'ciencias sociales'.

La reunión, organizada por la revista International Journal of Health Services, tenía como propósito compartir 'información y conocimientos' con un objetivo común: "ayudar a las organizaciones 'internacionales y nacionales' a resolver la 'enorme crisis social' creada por la 'pandemia'". De la reunión se extrajeron varias 'conclusiones' que detallo a continuación.

La expansión de la pandemia era predecible y así se había alertado


En primer lugar, "se repasaron 'varios estudios' realizados durante los últimos años (el último en 2018) que 'habían predicho' que tal 'pandemia' ocurriría, habiéndose 'alertado' que el mundo 'no estaba preparado' para ello a no ser que se tomaran 'medidas urgentes' para paliar sus 'efectos negativos'".

Tales 'alertas' no solo 'no se atendieron e ignoraron', sino que muchos Estados a los dos lados del Atlántico Norte aplicaron 'políticas públicas' que han 'deteriorado la infraestructura de servicios' (a base de recortes de gasto público y privatizaciones), así como otras 'políticas públicas desreguladoras de mercados laborales' que han 'disminuido la protección social' de amplios sectores de la población, 'afectando' primordialmente a las 'clases populares' de tales países. 

La 'evidencia científica', ampliamente publicada en 'revistas académicas', ha puesto de manifiesto el 'enorme impacto negativo' que tales 'políticas' han tenido en la 'disponibilidad y calidad de los servicios sanitarios y sociales' (con notables reducciones del número de camas hospitalarias y del número de médicos, por ejemplo, en Italia y España desde 2008)

Los hospitales españoles suprimieron 14.000 camas en el verano de 2018

Otros estudios han mostrado también el 'impacto negativo' de las 'reformas laborales neoliberales', que han 'deteriorado la calidad de vida' de amplios sectores de las 'clases populares' en estos y en muchos otros países (siendo el caso más conocido la 'reducción de la esperanza de vida' entre amplios sectores de la 'clase trabajadora de EE.UU.', resultado del incremento de las 'enfermedades' conocidas como 'diseases of despair', 'enfermedades de la desesperación', tales como 'suicidios', 'alcoholismo', 'drogadicción' y 'violencia interpersonal')

Estas políticas (consistentes, como ya he indiciado, en 'recortes del gasto público social y reformas del mercado de trabajo' que incrementaron la precariedad) fueron ampliamente 'aplicadas' en muchos países y estimuladas por organismos internacionales (el FMI, el Banco Mundial, el Banco Central Europeo, entre otros), dejando 'sin protección a amplios sectores de la población' y 'debilitando el sistema de protección social', pieza clave en la respuesta a la 'pandemia' en tales países. 

Los enormes 'déficits de camas, de médicos y enfermeras, de mascarillas, de respiradores' y un largo etcétera se han hecho 'patentes' en cada uno de estos países, 'donde 'a austeridad tuvo mayor impacto' (de nuevo, como en Italia y en España, y ahora EEUU). Y 'déficits similares' aparecen en los 'servicios sociales de atención a las personas mayores y a las personas dependientes', especialmente 'agudos' en estos momentos de la 'pandemia'.


Se sabían, y se continúan sabiendo, las causas de la pandemia y cómo responder a ella. Y se sabía y se sabe que hay en el mundo recursos para controlarla y vencerla

La segunda 'observación' que hicieron los 'expertos' es que 'la causa de la pandemia era predecible', así como el modo de responder a ella. Y lo que también se sabía y se sabe es que 'hay recursos para contenerla y resolverla'. Había un amplio acuerdo en que "el mayor 'problema' que existiría no sería la 'falta de recursos', sino las 'enormes desigualdades' en la 'disponibilidad' de los mismos". No sería, pues, un problema 'económico', sino 'político'. No había (y no ha habido) 'voluntad política' para 'anular' las condiciones que han causado la 'pandemia'."

Como ocurre con otro 'gran problema social' existente también a 'nivel mundial' –el cambio climático–, 'las causas son conocidas y los recursos para resolverlo existen', pero 'lo que no existe es la voluntad política de los Estados y de las agencias internacionales' que los 'Estados hegemónicos' dominan para 'eliminar las causas de tales crisis', lo cual lleva a la discusión de quiénes controlan dichos Estados y dichas 'agencias' y 'organismos internacionales'.


"El tema 'político' es, por lo tanto, 'clave'". Hay que preguntarse: ¿qué fuerzas económicas y financieras dominan los Estados? Y lo que hemos estado viendo es que las 'políticas económicas y sociales' promovidas por la gran mayoría de tales Estados han sido aquellas políticas que representaban los 'intereses minoritarios de grupos económicos y financieros' que 'antepusieron sus beneficios particulares al bien común'. "La 'evidencia' empírica que apoya esta 'tesis' es abrumadora".

Y un punto central de esta 'ideología neoliberal' ha sido 'disminuir las intervenciones del Estado que favorezcan el bien común', hecho 'responsable del enorme descenso de la calidad de vida y bienestar de las poblaciones', contribuyendo con ello a crear la enorme 'crisis climática', por un lado, y a la 'pandemia', por el otro.

De ahí la necesidad que han tenido las 'fuerzas políticas' que secundan dicha ideología de 'negar e incluso ocultar la existencia de esas crisis'. La administración Trump y sus 'aliados a nivel internacional' son la versión 'más extrema' de esta sensibilidad política (bastante extendida entre las 'derechas españolas', incluyendo las catalanas, sean estas secesionistas o no)



A ambos lados del Atlántico Norte ha habido una gran 'derechización de la cultura e instituciones políticas', causa y consecuencia a la vez de la 'enorme desigualdad y del deterioro de las instituciones democráticas', lo que explica que nuestros países estén hoy en una 'situación muy vulnerable frente a la pandemia'. Repito que Italia y España, en Europa (y EEUU en América del Norte), están en una situación que les ha hecho 'muy vulnerables' frente a la 'propagación de la enfermedad del Covid-19' (ver mi artículo 'Las consecuencias del neoliberalismo en la pandemia actual', Público, 17.03.20).

De nuevo, hay una 'relación directa' en esta parte del mundo entre 'desigualdad, calidad democrática, protección social y crisis sociales'. En aquellos países del 'capitalismo desarrollado' donde hay 'mayores desigualdades de clase', hay 'menor protección social' (y mayores desigualdades de género), así como una 'menor atención a los problemas medioambientales' y, ahora, una mayor dimensión de los 'efectos negativos de la pandemia'.

El bien común sobre el beneficio privado: la importancia del Estado

Ética y política: el bien común

Ni que decir tiene que "la 'pandemia' es un 'fenómeno mundial' que requiere una respuesta también 'mundial'". Otra observación de los 'expertos' fue que se requería una 'colaboración entre los Estados', de manera que estos 'compartieran recursos y conocimientos' para, en base a un 'proyecto común', desarrollar 'organismos internacionales que prioricen el bienestar de las poblaciones sobre cualquier otro objetivo'. Continuar utilizando 'instituciones internacionales' que priorizan exclusivamente 'intereses específicos', 'financieros' o 'comerciales' es 'desaconsejable', pues han jugado un papel clave en la configuración de la 'situación actual'. Hay que desarrollar 'organizaciones alternativas' o realizar 'cambios profundos' en las actuales. 

Ahora bien, los 'expertos' subrayaron que "la importancia de la 'internacionalización' de la respuesta no significaba 'debilitar el rol' de los Estados en la 'resolución del problema' creado por la 'pandemia'". El grupo de 'expertos' fue 'muy crítico' con una percepción muy generalizada hoy en centros académicos y mediáticos influyentes de que "los Estados están 'perdiendo poder' y no pueden atender a 'problemas como las pandemias'", actitud también presente en círculos progresistas tal y como muestran autores como Negri y compañía, que gozan de tener grandes cajas de resonancia en los medios.

'El error de este posicionamiento' queda reflejado en el hecho de que los países (sean grandes o pequeños) que han podido 'controlar la epidemia' han sido aquellos donde 'el Estado ha ofrecido un liderazgo, priorizando las intervenciones públicas sobre las privadas' (y supeditando las segundas a las primeras), 'enfrentándose', en caso de que fuese necesario, con 'grandes lobbies económicos y financieros' que anteponían 'intereses particulares a los generales'


Tal 'experiencia internacional' muestra que aquellos Estados que han tenido 'un rol más activo y han liderado contundentemente la respuesta a la pandemia' han sido más exitosos que aquellos (como EE.UU.) en los que 'el Estado está teniendo un rol más pasivo'. Y un componente fundamental de este 'liderazgo' ha sido no solo la adopción de 'medidas de distanciamiento social' (necesarias, pero insuficientes), sino también 'su enfrentamiento con intereses particulares' (repito, de lobbies financieros y económicos) que han estado ejerciendo una 'gran influencia en la vida política y mediática de tales países' a fin de 'garantizar el bien común', por encima de los 'beneficios de unas minorías'.

Hay que intervenir empresas privadas

En este sentido, "es profundamente 'erróneo' intentar resolver la gran 'escasez' de material de 'protección' para los 'profesionales del sector sanitario' a base primordialmente y/o exclusivamente de la 'compra' de tales productos en el mercado nacional o internacional". La realidad es que nos encontramos ante una 'escasez internacional' de estos productos debido a su 'gran demanda'; 'escasez' que precisamente 'beneficia a sus productores', que 'aumentan los precios', aprovechándose de una 'situación excepcional'


En una situación de 'guerra' (y estamos en una de estas situaciones), el Estado hace lo que debe hacer para conseguir los materiales que necesita para armarse, 'confiscando y nacionalizando industrias si ello es necesario'. "Es digno de 'aplauso' que algunos 'empresarios' en España hayan ofrecido 'voluntariamente' cubrir tales 'déficits' cambiando incluso sus 'líneas de producción'", tal y como aplaude Antón Costas en su artículo La pandemia como oportunidad, publicado en El Periódico el 13 de marzo. Pero 'tales medidas voluntarias son dramáticamente insuficientes'. España tiene una 'industria textil muy desarrollada', y 'no hay falta de material para poder hacer mascarillas'. "Se tiene que 'obligar a las empresas a que las fabriquen', y pronto, solo por poner un ejemplo".

Ni que decir tiene que "habría una 'gran oposición' a esta línea de actuación por parte de las 'instituciones financiero-económicas' que ejercen un 'enorme dominio' sobre los Estados". Pero la experiencia muestra que 'tales medidas intervencionistas serían enormemente populares', si se mostrara que se realizan 'en defensa del bien común', que debe anteponerse al bien particular. En este sentido, 'la creciente impopularidad de Trump' está basada precisamente en que es percibido como 'un mero instrumento de aquellos intereses', sin atreverse o tener la voluntad de ejercer el liderazgo que el país necesita.

El futuro que nos espera: la barbarie o el bien común


"No hay duda de que 'el futuro será distinto': 'cambiará el mundo'. Y la tolerancia hacia las coordenadas de 'poder existentes' se desvanecerá. Estamos siendo 'testigos' del 'fin del neoliberalismo', fruto de la urgencia de cambio". La 'pandemia' está mostrando la necesidad de 'cambiar profundamente las correlaciones de fuerzas dentro los Estados', a fin de 'eliminar' la 'excesiva influencia' de unos 'intereses particulares' que 'obstaculizan alcanzar el bien común'. Ello requiere 'un cambio en cada Estado' y también en la manera en cómo estos Estados se relacionan entre sí; se hace necesario 'cambiar la orientación de la globalización actual', basada en el 'control' del llamado 'mercado' por parte de 'unas pocas manos', reconociendo la interdependencia entre los países y 'la necesidad una respuesta colectiva' basada en el 'conocimiento científico, la voluntad popular y el bien común'

De ahí que "los 'adversarios' de estos 'cambios' sean los mismos 'factores' que crearon la 'crisis climática' y la 'pandemia': el 'neoliberalismo', promotor de los intereses de una 'minoría', y el 'nacionalismo populista', que 'antepone sistemáticamente los intereses particulares a los del conjunto'". La gravedad del problema actual "requiere unos 'cambios más sustanciales' en el 'ordenamiento económico y político' de las sociedades en las que vivimos 'de los que ahora se están considerando'". La evidencia de ello es abrumadora. Así de claro.

FUENTE: publico.es
Pensamiento crítico
Vicenç Navarro
24/03/2020

10/8/19

DESABASTECIMIENTO FARMACÉUTICO

¿Una guerra comercial? 


Acopiar la medicación habitual se ha convertido para muchos pacientes, sobre todo los crónicos, en una molesta aventura abocada a largas esperas:

 — «vuelva mañana a ver si hay suerte», «lo pedimos todos los días al distribuidor», «le aseguro que no es usted el único»— y demasiadas veces infructuosas.

El desabastecimiento de productos farmacéuticos se ha instalado como una incómoda rutina en las farmacias españolas, cada día más impotentes para dispensar un listado de medicamentos que no para de crecer, y que hasta hace poco eran fáciles de conseguir.


Esta situación sume un estado de alarma a muchos enfermos, sobre todo si sus medicinas son de presentación única y no hay disponibilidad de otras marcas ni tampoco de un genérico que las sustituya, o al menos de un medicamento con un principio activo similar que resuelva como alternativa parcial su necesidad terapéutica. Pero que este problema del desabastecimiento se haya agravado de un modo exponencial hasta llegar a las altas cotas actuales, no significa que nos encontremos ante algo nuevo.

En contra de lo que podría parecer, el origen del desabastecimiento data desde hace casi quince años, y una referencia clave la encontramos en mayo de 2005 cuando se celebró la primera rueda de prensa para abordar los fallos en la distribución de fármacos, presidida por la entonces ministra Elena Salgado junto con representantes de la industria farmacéutica.

Desde entonces, y a pesar de los intentos por minimizar el problema con informaciones ambiguas por parte de los laboratorios, la situación ha empeorado año tras año. Según el Centro de Información online de Medicamentos (CIMA), actualmente hay problemas para encontrar un total de 547 referencias en las farmacias.


Si bien es cierto que en la mayoría de los casos es posible —por ahora— resolver el problema con equivalentes genéricos, el exceso súbito de demanda de estas alternativas hace previsible que también los genéricos entren en desabastecimiento al desaparecer las existencias por imposibilidad de hacer frente a las necesidades del mercado.

Antes de analizar las causas y las soluciones para el desabastecimiento, quisiera llamar la atención sobre la escasa repercusión que este problema está teniendo en los medios (no recuerdo haber escuchado la noticia en ningún telediario de gran difusión), siendo que este tema surge a diario en las salas de espera de los consultorios médicos, en las visitas a los facultativos y en las oficinas de farmacia, donde las quejas de los clientes son constantes ante unos farmacéuticos que para nada son culpables de no recibir los medicamentos afectados.

CAUSAS Y SOLUCIONES


Se impone plantearse cuales puedan ser las causas que han conducido a tan incómoda situación. Todo apunta a que, más allá de los posibles problemas que puedan afectar a la fabricación o la capacidad de distribución de los medicamentos, nos encontramos ante un conflicto de tipo económico en el que los bajos precios de los medicamentos en nuestro país (de los más baratos de Europa) juegan un papel crucial.

Tanto es así que a la industria farmacéutica le resulta incómodo trabajar con un mercado donde muchos medicamentos se venden a unos precios que les obligan a replantearse si elegirlo o no como cliente. Y, reconozcámoslo, es lógico que una empresa decida dónde quieren colocar —o dejar de suministrar— sus productos en su empeño por obtener los mayores beneficios posibles o, en casos ya extremos, de no incurrir en pérdidas.

Según Juan Pedro Rísquez, vicepresidente del Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos, «la bajada progresiva de precios está repercutiendo negativamente, y poniendo en peligro la viabilidad en la comercialización, por lo que están surgiendo propuestas de poner un suelo de precio que evite esta situación».


Un ilustrativo ejemplo lo tenemos en el Ibuprofeno, un medicamento muy conocido y utilizado cuyo coste de materia prima era de 10€ por kilo y hoy se ha triplicado mientras que una caja de 40 comprimidos se sigue vendiendo en nuestro país al mismo precio de 1,97€

Otro llamativo ejemplo afecta al Omeprazol, un fármaco también muy popular que en los dos últimos decenios ha bajado su precio de referencia de 23 € a 2,42 € mientras que el IPC subía un 40% en ese mismo periodo.

 Ante estos datos, es comprensible que la industria farmacéutica exija al Gobierno una revisión al alza de los precios de referencia, sobre todo cuando los costes de producción, los controles de calidad y los índices de pecios de consumo van en ascenso. También es comprensible el empeño de las empresas farmacéuticas para que su negocio sea rentable, aunque nada justifique que tantas veces sus estrategias rocen las finas líneas que delimitan el negocio de la ética, máxime cuando lo que estas empresas producen no son piezas para yates de recreo sino unos productos de consumo sanitario a los que todos, sin excepción, deberían tener acceso.


Una primera conclusión, es la necesidad de que la Administración reflexione acerca de que, entre disponer de medicamentos muy baratos (en su empeño por fijar unos precios más asequibles que garanticen la sostenibilidad del sistema sanitario) o no disponer de ellos, resulta obvio que lo primero sería tomar medidas para que los laboratorios no dejen de fabricar y de abastecernos, máxime cuando en nuestro sistema sanitario, un elevado porcentaje del costo de los medicamentos lo financia el Estado y no repercute directamente en el bolsillo de los pacientes.

Una segunda conclusión es que, pese a la penalización que supone para los laboratorios que los medicamentos no suban de precio en consonancia con el resto de la economía del país, no es ética ni socialmente admisible la estrategia comercial de castigar con el desabastecimiento de ciertos fármacos, algo que sin duda está sucediendo por más que lo niegue la industria farmacéutica.

Es comprensible que cualquier empresa dé prioridad como cliente a un país con los precios fijados más altos que a otro con bajos precios de referencia, pero de ningún modo es admisible —ni lo debe tolerar la Administración que un laboratorio decida no vender un medicamento en un país por no serle rentable el precio fijado por el Estado.


Para el vicepresidente del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Madrid, Manuel Martínez del Peral «una bajada sostenida de precios ha hecho que España esté dejando de interesar; hay que tener en cuenta que el precio de la materia prima ha subido, todo ha subido y los medicamentos no dejan de bajar».

Cuando falta medio año para que finalice 2019, los últimos datos oficiales de que disponemos reconocen que en 2018 hubo un incremento del 44% en los problemas de suministro y desabastecimiento de fármacos; cifras que ponen en evidencia la gravedad de un asunto que afecta ya a muchos medicamentos de uso frecuente.

Es por ello que ante el imparable aumento de notificaciones de problemas de suministro de medicamentos, se impone cuestionarse si la administración sanitaria está haciendo todo lo que debería o si, por el contrario, tiene las manos atadas en el pulso que mantiene con la industria farmacéutica.


Aunque la mayoría de los casos (algún dato apunta que 9 de cada 10) los resuelve el farmacéutico cuando afecta a medicamentos que pueden ser sustituidos por otros de marcas diferente o genéricos, un problema grave surge cuando no existe un fármaco sustitutivo y el médico se encuentra en la disyuntiva de recurrir a fármacos que, por mucho que se aproximen a la finalidad terapéutica deseada, no cumplen plenamente los objetivos logrados por el medicamento no disponible.

Para abordar las soluciones, deberíamos partir de la premisa de que la industria farmacéutica, como negocio, recurrirá a todo lo que esté en sus manos con tal de no entrar en pérdidas, independientemente de que las medidas que adopte cubran o no las necesidades de los pacientes. Es por ello que las autoridades sanitarias (en España el Ministerio de Sanidad y a la Agencia Española del Medicamento) deberán ser rigurosas y exigentes para asegurar que los laboratorios no vulneren ningún derecho de los pacientes —como es el acceso a los medicamentos que cada cual necesite— ni incumplan ninguna de sus obligación legales.

También se hace necesario revisar la legislación vigente —y hacerlo rápida y eficazmente siendo que el problema ya se ha asentado en nuestro día a día— con el objetivo de que los precios de los fármacos afectados por el desabastecimiento resulten más atractivos para que los laboratorios decidan mantenerlos en el mercado. Consideremos que si un medicamento congela o baja su precio mientras el coste de la materia prima sube, la industria farmacéutica obrará en consecuencia.


En este sentido, el Gobierno debería mantener un contacto continuo con los laboratorios farmacéuticos, y hacerlo ininterrumpidamente día y noche mientras sólo un paciente que acuda a una farmacia no encuentre la medicación que precise porque los laboratorios y los distribuidores no quieren suministrarla. 

Consideremos que aunque España sea uno de los países más afectados, este es un problema global que afecta a Europa. De hecho, un informe sobre el desabastecimiento realizado por la PGEU (Agrupación Farmacéutica Europea) concluye que en 2018, en 21 países del Viejo Continente, los farmacéuticos dedicaron 5,6 horas semanales a gestionar stocks y búsqueda de medicamentos alternativos, etc. relacionados con esta problemática. En este estudio, la PGEU propone que se generen canales de información y comunicación para asegurar un seguimiento puntual y eficaz de los desabastecimientos.

Nos encontramos en pleno siglo XXI ante un grave problema de índole económico e industrial del que apenas se nos informa y que cada año que pasa repercute cada vez más en el derecho a la salud. Es obligación de los gobiernos evitar que este conflicto revierta en un problema sanitario. También, que de ningún modo afecte a la disponibilidad de los fármacos que la Organización Mundial de la Salud (OMS) considera imprescindibles en todo momento, en cantidades suficientes, en las formas farmacéuticas apropiadas, con una calidad garantizada, y a un precio asequible para las personas y para la comunidad.


FUENTE: nuevatribuna.es
Alberto Soler Montagud
14/07/2019 



Creo que "cómo no nos echemos" a la calle (como es menester) "no nos harán" ni puñetero caso.