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12/4/21

LIBERAR LAS PATENTES (1ª PARTE)

“Para que las vacunas sean un bien común hace falta una respuesta geopolítica que libere las patentes


Joan Benach / Profesor, investigador y salubrista. Imagen reciente cedida por el entrevistado

"Hace un año, una crisis global de salud pública sacudió los cimientos de nuestras vidas". ¿Qué ha dejado al descubierto la pandemia del coronavirus? ¿Cuán determinante es la realidad económica y social para nuestra salud? 

La Covid-19 ha mostrado la gran vulnerabilidad humana y también las deficiencias de un sistema donde "quien nace pobre también sufrirá las consecuencias en su salud".

Entrevistamos al investigador Joan Benach, que ha publicado el libro titulado 'La salud es política (Icaria, 2020)'. Benach es director del Grupo de Investigación en Desigualdades en Salud-Employment Conditions Network (GREDS-EMCONET), subdirector del Johns Hopkins University-UPF Public Policy Center y catedrático del Departamento de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Pompeu Fabra.

Hace un año de la llegada de la pandemia e inicialmente parecía un “virus democrático”.  A menudo hemos oído que "afectaba a todo el mundo por igual". ¿Ha sido así?

En sí mismo, el virus puede ser “democrático”, pero "las condiciones sociales de las personas y grupos que lo transmiten y generan sus efectos no lo son". La palabra pandemia hace referencia a la extensión masiva de una epidemia y esto puede hacer pensar que afecta a todo el mundo.

Y es cierto, pero no en la misma medida. Por tanto, hay que mirar el problema de manera diferente a como habitualmente nos lo presentan los medios de comunicación.

Estamos ante una pandemia desigual, "esparcida y amplificada por la desigualdad social que -como he señalado muchas veces- es la peor de las epidemias que estamos sufriendo". Por lo tanto, hay 'desigualdades pandémicas' o, si lo queremos decir con Mike Davis, hay una 'constelación de epidemias' que viene determinada sobre todo por factores socioeconómicos y sanitarios no equitativos.

Entonces ya apuntaba a las desigualdades en salud como un factor clave de los desiguales efectos de la Covid-19. ¿Qué hace que las personas más pobres sufran más los efectos de la pandemia?

"Casi todas las enfermedades interactúan dentro de un contexto social caracterizado por la pobreza, las privaciones materiales y desigualdades sociales crecientes". Por ejemplo, el mayor riesgo de contagio que sufren grupos de población precarizados, desahuciados, migrantes, etc. Además, estos grupos sociales tienen más dificultades para protegerse, por ejemplo, "al no poder cambiar a menudo las mascarillas". Además tienen más factores de riesgo y enfermedades (hipertensión arterial, obesidad, diabetes, cardiopatías, etc.) que los hacen más susceptibles a que el coronavirus produzca un impacto más grave

Los estudios científicos muestran con claridad cómo los factores sociales actúan sinérgicamente aumentando la probabilidad de ser contagiado, de enfermar y morir. Es por eso que decimos que la Covid-19 "más que una pandemia es una sindemia". Quizá la pandemia actual se podrá resolver con medidas biomédicas, pero el coronavirus probablemente seguirá con nosotros y aparecerán nuevas infecciones y pandemias.

Más tarde o más temprano frenaremos esta pandemia, pero si no somos capaces de detener las causas políticas profundas que la han originado y las desigualdades sociales, las sindemias seguirán azotándonos con nuevas enfermedades y problemas de salud que afectarán mucho más, como decíamos en un artículo con Juan M Pericàs, a una población “vulnerada”.

El epidemiólogo británico Dave Gordon hizo una lista de las recomendaciones que se suelen hacer en salud y que al final culpabilizan a la víctima, como no fumar o hacer ejercicio... ¿Qué capacidad de elección tenemos en nuestras condiciones de vida?

No se puede comprender –ni resolver– un problema social y colectivo como es la salud pública con una mirada que haga hincapié en los factores personales, por relevantes que estos sean. La ideología liberal nos dice que la libertad es “hacer lo que queremos”, pero "no hacemos lo que queremos sino lo que podemos o nos dejan hacer". 

En 1999, Dave Gordon difundió un texto en forma de broma que me gusta mucho repetir. En su artículo “Consejos alternativos para tener una salud sana” criticó la visión tradicional de los gobiernos que dan "consejos asociales de los estilos de vida”.

El decálogo de su texto decía cosas como: “No sea pobre, pero si lo es, procure no serlo por mucho tiempo”, o bien “no realice un trabajo estresante, mal pagado y precario”

Las enfermedades y la muerte prematura se dan en todas las personas, pero determinados grupos sociales las padecen con más frecuencia. Al tener menos derechos, recursos, oportunidades o poder, nuestros grados de libertad se reducen.

Cuanto más difícil es la vida familiar, laboral, etc., más probable es que se generen sacudidas y problemas de todo tipo.

Por ejemplo, las adicciones no son, como muchos creen, una simple 'elección personal', sino a menudo una respuesta para aliviar algún trauma que nos genera dolor emocional y sufrimiento.

Vale decir que las conductas compulsivas son hoy una verdadera pandemia social, donde 'nos enganchamos' a casi todo (el juego, las compras, el sexo, la comida, el trabajo, internet, etc), mediante los móviles, las redes sociales y todo tipo de productos y servicios adquiridos a través de Internet ,donde, bajo el neoliberalismo, las grandes empresas y la publicidad nos empujan a ser adictos para así conseguir más ganancias.

A menudo atribuimos la buena o mala salud a elementos biológicos o genéticos, pero según explica en su libro hay muchas más causas... ¿Qué otros factores, más relevantes que nuestros genes, nos generan el tener buena o mala salud?

Al mencionar las causas de la salud, los medios de comunicación difunden una visión que pone excesivamente el acento en los factores biomédicos y la genética.

Tanto es así, que en los últimos años se ha puesto de moda decir: “Es parte de nuestro ADN”, o expresiones similares, al hablar de temas laborales, deportivos y de todo tipo

Los factores genéticos son relevantes para la salud, pero juegan un papel menor en la producción colectiva de la enfermedad. ¿Por qué?

Pues "porque hay pocas enfermedades exclusivamente genéticas y porque la biología interactúa constantemente con un ambiente, que puede o no compensar una determinada desventaja biológica o genética". Estar predispuestos no quiere decir que estemos predeterminados.

¿Por qué enfermamos? La salud de la población, la salud colectiva, depende fundamentalmente de los llamados determinantes ecosociales de la salud

Por citar algunos, la precarización laboral, la pobreza, los problemas de vivienda, las injusticias ambientales o la 'debilidad de la salud pública', aquella disciplina que tiene por objetivo prevenir la enfermedad, y proteger, promover y restaurar la salud de toda la población.

A su vez, estos determinantes dependen de las políticas públicas, sociales, laborales, ambientales, etc., que se elijan y, a su vez, estas políticas dependen de la distribución del poder político en sentido amplio, es decir, de la política.

Cuenta en su libro que, desde antes de nacer y hasta la muerte, incorporamos en los cuerpos y mentes los determinantes políticos y sociales que más tarde expresamos en forma de salud o enfermedad... ¿Tan relevante es de dónde venimos y dónde crecemos?

Es fundamental, tanto a nivel personal y familiar, como del grupo social (clase, género, etnia, situación migratoria) al que pertenecemos y del lugar (barrio, región, país) donde vivimos. Los humanos somos 'seres totales', todo está integrado, pero "el modelo biomédico hegemónico separa la mente del cuerpo, desconecta las emociones de la salud física, y separa al individuo de su entorno, de manera que las personas quedan 'desvinculadas' de sus contextos".

Sin embargo, la enfermedad y la salud son el resultado de múltiples causas interrelacionadas de tipo sistémico e histórico que no deberían separarse. Por ejemplo, si una mujer migrante llega a urgencias de un hospital con un infarto de miocardio, es porque "su cuerpo y su mente expresa todos los problemas y factores de riesgo acumulados durante su vida que, finalmente, se reflejan en su psicología y en su biología".

Su historia personal es también la historia de su clase social, de su género, de su situación migratoria, y del colectivo social, comunidad y país al que pertenece.

La evolución de las ciencias lleva a una creciente superespecialización que, a pesar de ser útil y necesaria, a la vez nos hace difícil comprender de forma completa la 'realidad integrada' que va desde los genes hasta la política. Como si de un virus se tratara, lo político y lo social 'penetra' en nuestros cuerpos y se 'expresa' en forma de 'daño psicobiológico' mediante enfermedades, sufrimiento y muerte prematura.

Versión ampliada de la entrevista publicada originalmente en catalán en la revista Crític

FUENTE: ctxt.es
Elena Parreño (Crític)
07/04/2021

CONTINÚA...

6/2/21

ESPECULAR CON LA VACUNA: UN CRIMEN CONTRA LA HUMANIDAD

Cualquier maniobra especulativa que ponga en riesgo a gran parte de la humanidad, privándola de la posibilidad de acceder a las dosis necesarias para inmunizarse, merece el repudio moral y ético de todos los ciudadanos

Vacuna bursátil - La Boca del Logo

Existe un consenso generalizado entre los juristas sobre la necesidad de encajar en el marco del derecho penal determinadas conductas que conmueven profundamente la conciencia de la humanidad. La mayoría de los códigos penales recogen y castigan comportamientos delictivos que, por su naturaleza y gravedad, se califican como 'delitos contra la comunidad internacional'.

Inevitablemente, el juego de los intereses que priman en la política internacional y la inevitable limitación de la soberanía nacional para aplicar el Derecho Penal al espacio territorial de cada país provoca, a pesar de los tímidos avances de la jurisdicción universal, que muchos de esos delitos se cometan con la más absoluta impunidad. Esta posibilidad ha sacudido la conciencia de la mayoría de los ciudadanos de los países que forman parte de la organización de Naciones Unidas, planteándose la necesidad de establecer una Corte Penal Internacional que garantice, en todo caso, que la justicia internacional sea respetada y puesta en práctica cuando los tribunales nacionales hacen dejación de sus obligaciones de perseguir estas conductas criminales.

Conscientes de la necesidad de reaccionar ante comportamientos que pueden romper los lazos de solidaridad, 'patrimonio común de la humanidad', se convocó una Conferencia Internacional con el objeto de perseguir y castigar estas conductas y consolidar los estrechos vínculos y culturas que configuran la posibilidad de un futuro en común. Aunque algunos pensaban, con escepticismo, que este propósito no iba a llegar a buen fin, los malos augurios no se cumplieron y felizmente cuajó la idea. Después de varios años de negociaciones, "se consigue plasmar en un texto, que consolida la idea de ensanchar el marco del Derecho Penal y Procesal Internacional".

Los esfuerzos alumbraron el denominado Estatuto de la Corte Penal Internacional, firmado en Roma el 17 de julio de 1998 y ratificado por España el 24 de octubre del año 2000. Su función es subsidiaria y sólo actúa cuando las jurisdicciones nacionales permiten la impunidad. Como nos dice en su preámbulo, "es necesario adoptar las medidas de cooperación, en el plano nacional, e intensificar la cooperación internacional para asegurar que estos crímenes sean efectivamente sometidos a la acción de la justicia".

Según las estadísticas más recientes que maneja la Organización Mundial de la Salud, 2 millones de personas han fallecido a causa de la Covid en el mundo, y el número de afectados puede llegar hasta los 100 millones. Una emergencia grave y trascendente para la comunidad internacional. De momento, los medios para atajarla pasan por las medidas sanitarias y sobre todo por la aplicación de las vacunas que han elaborado los laboratorios farmacéuticos.

"Cualquier maniobra especulativa que ponga en riesgo a gran parte de la humanidad, privándola de la posibilidad de acceder a las dosis necesarias para inmunizarse, merece el repudio moral y ético de todos los ciudadanos". El enérgico rechazo de estas prácticas se refuerza por el hecho de que "los avances en la investigación han sido posibles -en contra de lo que comúnmente se cree- "gracias a la inversión con fondos públicos".

La especulación con el precio de las vacunas, ofreciéndoselas al mejor postor, es 'una realidad obscena' que las propias empresas farmacéuticas no se atreven a negar, sino que, al contrario, tratan de justificar invocando las llamadas 'leyes del mercado'. Gran parte de los medios informativos y muchos gobiernos y partidos políticos utilizan este repulsivo mercadeo como munición política para desgastar al adversario.

"Nos enfrentamos a una pandemia de efectos devastadores sobre la vida y la salud de las personas. Ningún país está libre de ella". Es la humanidad la que se siente afectada por las maniobras que se están realizando, a ciencia y paciencia de muchos gobiernos e instituciones, en la distribución del único antídoto que puede combatir y remitir la tragedia que estamos viviendo. "Los datos son aterradores, nunca se habían alcanzado estas cifras de contagios y fallecimientos en la historia de la humanidad, aun sumando las víctimas de todas las grandes guerras que últimamente se han vivido".

"Los directivos de las grandes empresas farmacéuticas no pueden manejar la distribución de las vacunas como si se tratase de cualquier otro producto de consumo". Las únicas leyes admisibles en una sociedad democrática son aquellas que emanan de la soberanía popular representada por los respectivos poderes legislativos. Las llamadas 'leyes del mercado', impuestas por poderes económicos, al margen de la soberanía popular, deben ser cuestionadas en cualquier sociedad democrática que respete los valores y principios recogidos en sus constituciones.

"Si no se actúa enérgicamente para atajar estos desmanes, los políticos deben reconocer que 'están traicionando' los deberes y obligaciones que les ha encomendado el pueblo. Las instituciones democráticas se convierten así en una mera fachada y en un instrumento ineficaz para conseguir la defensa de los intereses generales que, en este caso, van más allá de los límites territoriales de un Estado y afectan a la humanidad en general, sobre todo a aquellas personas que son más vulnerables, física y económicamente".

Vaya por delante que no soy partidario de expandir el Derecho Penal como solución para toda clase de conflictos, pero creo sinceramente que, ante la magnitud de la tragedia, hay que explorar todas las vías jurídicas disponibles. Ante la imparable expansión de la enfermedad y la muerte, no se puede permanecer impasible. Con toda seguridad se podrán esgrimir argumentos para contradecir mis afirmaciones.

Estoy seguro que a los tradicionales círculos y medios de comunicación neoliberales les parecerá que lo que estoy diciendo es, como mínimo, una transgresión e, incluso, un desvarío de una persona que ha perdido la capacidad de respetar los principios rectores del Derecho Penal. Ante la insoportable gravedad de lo que estamos viviendo, me gustaría conocer las alternativas que ofrecen para hacer frente a las maniobras especulativas.

Es cierto que la competencia de la Corte Penal Internacional es limitada. Descartados los delitos de genocidio, crímenes de guerra y agresión, nos queda la posibilidad de explorar si la 'especulación comercial con las vacunas' puede incluirse en la categoría delictiva de los 'crímenes contra la humanidad' que se extiende, según el texto del Estatuto, "a la posibilidad de castigar cualquier acto inhumano que cause intencionalmente grandes sufrimientos o atente gravemente contra la integridad o la salud mental o física de las personas.

Reconozco que la tarea es compleja. Habría que identificar a los autores y acreditar que actuaron con notorio desprecio de las consecuencias que podrían derivarse de sus decisiones. Tendrían que justificar la primacía de sus intereses comerciales sobre la obligación de contribuir, solidaria y responsablemente, a la lucha contra esta pandemia que ha alterado hasta nuestras formas de convivencia. "Para acusar ante un Tribunal, es preciso investigar y encontrar las claves de estas maniobras especulativas que, sin perjuicio de su posible reproche penal, carecen de cualquier sustento ético y moral".

El Estatuto de la Corte Penal Internacional contempla la posibilidad de que el fiscal pueda iniciar de oficio una investigación acerca de unos hechos que podrían ser competencia de la Corte, recabando información de los órganos de Naciones Unidas, las organizaciones intergubernamentales (UE) y de toda clase de organizaciones y personas. Con todas estas informaciones, una vez depuradas y analizadas, puede solicitar autorización para llevar adelante la investigación

"El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas podría acordar que la Corte no inicie la investigación, o que la suspenda temporalmente. Esta decisión exigiría un debate en el Pleno". Será interesante conocer los argumentos de los países que lo componen, y así valorar cuáles son las razones y los argumentos para considerar que una especulación con las vacunas contra la Covid-19 puede ser delictiva o simplemente una operación comercial.

 

"La resolución del Consejo de Seguridad sería clarificadora y contribuiría a consolidar la democracia o mantenerla en un estado de hibernación, sometida a otros poderes ajenos a la soberanía popular". Acabo de leer en esta revista una reflexión muy interesante sobre las enseñanzas que nos proporciona la reciente invasión del Capitolio de Washington por las hordas fascistas capitaneadas por Donald Trump.  El artículo se titula “Esa colina no resplandece”. Los oligarcas ya habían tomado la Shining Hill mucho antes que las hordas trumpistas (Andy Robinson23 enero 2021).

Efectivamente, las turbas fueron desalojadas y es posible que algunos de ellos resulten condenados. Pero otros serán ensalzados por esa parte de la sociedad norteamericana que "ya no cree en los valores fundacionales de su democracia". Pero los verdaderos ocupantes del Capitolio son invisibles y omnipresentes; "las grandes corporaciones financieras, industriales y tecnológicas, 'dirigen el país' desde hace tiempo y suplantan la voluntad y los intereses de sus ciudadanos". El triunfo de la democracia se produciría si alguien, a ser posible con menos violencia que en el pasaje evangélico, las arrojase del templo y las recondujese a su verdadera y noble condición de ciudadanos.


La existencia de la intención y el conocimiento de la ilicitud de los comportamientos puede inferirse de los hechos y las circunstancias del caso. "No podemos refugiarnos en el puro positivismo legal, materialista y descarnado, para justificar la inactividad y la indolencia frente a unos hechos que repugnan a cualquier conciencia recta y éticamente formada".

Si estoy equivocado, me gustaría que los representantes de esas grandes empresas farmacéuticas que tienen en su mano los destinos de la humanidad convocasen una rueda de prensa para reconocer o desmentir, ante la indignada opinión pública mundial, que su concepción del mercado responde a criterios y normas que están por encima de cualquier otra consideración. "Si nos resignamos y sometemos a las decisiones de los poderosos, habremos puesto en peligro las condiciones necesarias para conseguir la paz, la seguridad y el bienestar de la humanidad".

FUENTE: ctxt.es
Derecho penal
José Antonio Martín Pallín
31/01/2021 

O sea, hablando en román paladino, para que se me entienda: 
 
"Todo esto lo pagamos nosotros desde el principio al fin"
 
Y es que las multinacionales se nutren del dinero público que les dan los estados y que, como todo, ha salido de nuestro bolsillos, del mogollón de impuestos que pagamos los ciudadanos 'paganinis' del mundo, para que luego, determinadas empresas, nos vendan el producto que les hemos financiado y se forren a nuestra costa, dejándonos con auténticas caras de 'gilipollas'.

11/1/21

CONTAGIO GLOBAL (2ª PARTE)

CONTINUACIÓN:

La han iluminado falsamente porque han elegido un marco tranquilizadoramente personal y, por lo tanto, narrativo y no sistémico. Pero la han iluminado a su manera. El Covid, como he dicho,"fue efectivamente creado en un laboratorio porque el capitalismo ha convertido la naturaleza entera en un laboratorio"; las vacunas, por su parte, traducen efectivamente ambiciones de poder porque el poder económico penetra ya todas las esferas del conocimiento y, aún más, del conocimiento aplicado.

Hay muchos motivos para desconfiar del 'origen natural' del coronavirus y otros muchos también para desconfiar de esas vacunas desarrolladas a velocidad sideral para contenerlo; pero ninguno de ellos tiene nada que ver con la maldad del gobierno chino o el afán de dominio mundial de Bill Gates. Ojalá fuera todo tan sencillo y tranquilizador.

Bill Gates

Queremos creer en los políticos y resulta que "la política está secuestrada por los índices bursátiles, la prima de riesgo y los límites draconianos de déficit público". Queremos creer en los científicos y resulta que "la ciencia está secuestrada por las farmacéuticas. El mercado, en efecto, es la sindemia". Fijémonos en lo que significa 'ciencia': "la hermosísima idea de una comunidad efectiva de intercambio transparente y generalizado en la que el progreso, necesariamente lento, sólo puede ser garantizado por la colaboración entre sus miembros y el apoyo de la ciudadanía exterior a través del Estado".

Esa comunidad existe y sigue produciendo resultados epistemológicamente fundados; si no fuera así, "si las farmacéuticas sólo vendieran aire y humo, habrían patentado y comercializado el cuerno de rinoceronte, el bálsamo de Fierabrás y los abracadabra de las magias blanca y negra". Esa comunidad existe y trabaja sin parar, pero ha sido intervenida, fragmentada y redirigida por un mercado paradójico que necesita verdadera ciencia y científicos convencidos, pero que sólo puede funcionar -al contrario que la ciencia y sus científicos- con opacidad, insolidaridad y precipitación; es decir, que sólo puede funcionar "violando las reglas íntimas de la comunidad científica".

Compuesto curativo según la literatura caballeresca medieval. Su fórmula aparece en el capítulo 17 de Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes

El mercado, digamos, necesita vender verdadera ciencia y, al mismo tiempo, necesita disolver las únicas condiciones en las que la humanidad puede producir verdadera ciencia; necesita una comunidad científica universal y efectiva, y necesita –y no sólo en el ámbito de la ciencia destruir todos los vínculos comunitarios universales y efectivos. Cuando no somos capaces de advertir y afrontar esta contradicción, acabamos cediendo sin remedio a una de estas dos tentaciones: "la de confiar en el mercado, confundiéndolo con la ciencia, o la de desconfiar de la ciencia, confundiéndola con el mercado".

"Una y otra tentación alimentan la 'sindemia'; la primera, la de los 'consumidores pasivos', porque acepta sin protesta la pérdida de transparencia, universalidad y eficacia médica; la segunda, la de los 'conspiranoicos totalitarios', porque no deja ninguna grieta por la que pueda colarse la verdadera política y la verdadera ciencia". La verdadera política, por cierto, nada tiene que ver con la gobernanza neoliberal, y la verdadera ciencia no se agota ni en las enfermedades ni en los remedios que reconoce y rentabiliza la farmacéutica privada o el 'sistema médico' en general.

La cuestión es la siguiente: "la producción y distribución de vacunas –cuya existencia hay que celebrar con alborozo– reproduce el modelo sindémico de la producción y distribución del virus. Es decir: "hay presión sobre la comunidad científica desde las farmacéuticas como hay presión sobre los animales y sobre la naturaleza desde las empresas agroalimentarias; y hay desigualdad social –y por lo tanto geográfica– en la distribución de las vacunas como la hay en la distribución e incidencia de la enfermedad". Eso es, en realidad, lo que quiere decir 'sindemia'".

Como sabemos, la velocidad con la que se han desarrollado las primeras vacunas contra la Covid-19 (Moderna, Pfizer, Oxford) "no tiene precedentes en la historia de la medicina". Siguiendo a la profesora Charlotte Summers, podemos aceptar que eso se debe en parte a los conocimientos acumulados en los últimos años, que "garantizan a los hallazgos un mínimo de seguridad epistemológica; es decir, el mínimo de fiabilidad que los hace vendibles en el mercado".

Pero esa velocidad despierta también justificadas reservas dentro de la propia comunidad científica, algunos de cuyos miembros consideran -con no menos fundamento epistemológico- que la 'presión sindémica' ha impedido agotar los plazos cautelares aplicados a investigaciones anteriores, de manera que –como explica Els Torreele, fundadora de la iniciativa Medicamentos para Enfermedades Olvidadas "no tenemos ninguna certeza acerca de la duración de la cobertura inmunológica de estas vacunas ni está claro que los vacunados no puedan transmitir el virus".

La velocidad, pues, "es inseparable de la opacidad y de la falta de colaboración y genera un resultado inseguro que –añade Torreele– puede acabar siendo contraproducente, no sólo por los eventuales efectos colaterales para la salud sino porque puede minar además la confianza en la vacunación en general, alimentando las peligrosas teorías de la conspiración". La urgencia, sin duda, ha estado justificada, pero no conviene ignorar los riesgos potenciales –incluso para la credibilidad de la ciencia de esta precipitación inducida 'extramuros de la comunidad científica'.

Els Torreele

Esta incertidumbre, añade la científica belga, "está asociada a la competencia entre empresas farmacéuticas rivales que han mantenido en secreto sus investigaciones, contraviniendo las reglas de la práctica científica misma; así que al final las agencias sanitarias de los Estados, muchas veces, han autorizado estos productos 'sin más datos que una nota de prensa de la empresa'"

¿Y por qué esta velocidad? Las presiones, externas e internas, son obvias. Las internas tienen que ver con el hecho de que, "aunque buena parte de la financiación es pública, las patentes de explotación comercial son privadas".

Han encontrado la más fabulosa oportunidad de negocio en un mercado literalmente global que convierte a 7.600 millones de seres humanos en potenciales clientes de sus productos.

 "El 'capitalismo sindémico' siempre ha seleccionado y sigue seleccionando qué enfermedades son curables y cuáles no en virtud de criterios puramente económicos"

La misma lógica extractiva que se aplica a otros sectores –del petrolero al agroalimentario se ha aplicado aquí para extraer fondos de los Estados y conocimientos de la comunidad científica. En cuanto a las presiones externas, cabe señalar dos orgánicamente asociadas: la de los gobiernos nacionales a los que ha tocado gestionar la pandemia y que –incluso por razones electoralestienen que responder ante sus ciudadanos; y la de la población mundial, sobre todo la clase media occidental, a la que se prometió 'seguridad total' y que, por eso mismo, temblorosa y levantisca, exige 'una solución inmediata y definitiva'.

Ni el 'capitalismo sindémico' ni sus víctimas humanas –al menos en Occidente– "pueden aceptar la idea de la muerte y la fragilidad". La paradoja es que, "para satisfacer la demanda de inmortalidad individual, una vacuna insuficientemente testada puede aumentar, al contrario, la vulnerabilidad e inseguridad generales".

"La producción de vacunas remeda la del propio virus". Ahora bien, eso mismo ocurre en el ámbito de la distribución farmacéutica, donde la velocidad de la rivalidad empresarial impide la falta de colaboración; es decir, "la universalización de los beneficios". Como recordaba Juan Elman en un reciente artículo “la gran mayoría de los países no tienen garantizadas las dosis necesarias para vacunar a su población.

Mientras que Canadá, Reino Unido, Estados Unidos, la UE, Australia y Japón tienen ya aseguradas entre 4 y 8 dosis por persona, son muy pocos los países de renta media que llegan a una sola dosis (cuando se necesitan dos para la inmunización).

Juan Elman

"Ninguno de los países más pobres ha firmado acuerdo alguno para acceder a la vacuna"

La propuesta inicial de India y Sudáfrica para liberar las patentes y suspender cualquier derecho intelectual sobre medicamentos o vacunas –al menos hasta que el 70% de la población mundial estuviera inmunizado fue rechazada en la OMS por los países europeos, Estados Unidos, Canadá y Brasil.

Por otro lado, el fondo Covax, supervisado por la propia Organización Mundial de la Salud y destinado a vacunar a poblaciones de bajos recursos, no ha sido apoyado por Estados Unidos y no recibe más que migajas de los países que acordaron su creación. Las vacunas, como vemos, "reproducen, en lugar de interrumpir, el movimiento en bucle, articulado y sin salida, de la 'sindemia capitalista'".

En definitiva, "si el capitalismo es una 'sindemia', va a seguir produciendo sin parar virus y pandemias; y va a seguir produciendo, también sin parar, vacunas y medicamentos selectivos y mal distribuidos. Ese es el futuro y no es nada halagüeño para la humanidad". Pero si el capitalismo es una 'sindemia', entonces la política y la ciencia, hoy cautivas, deberían estar luchando para liberar a la humanidad y a ellas mismas del capitalismo. "Eso sí sería bueno para todos".

 

FUENTE: ctxt.es
Santiago Alba Rico
04/01/2021

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Este artículo fue originalmente publicado el pasado 24 de diciembre en el periódico digital en lengua árabe aljumhuriya.net, fundado en el año 2012 por intelectuales y académicos sirios. Agradezco a su jefe de redacción, Yassin Swehat, su precisa y brillante traducción al árabe.

La prueba palpable de que el capitalismo no nos conduce a ningún sitio son las sucesivas crisis económicas del propio sistema, cada vez más brutales y cercanas en el tiempo, que niegan a los pobres cualquier posibilidad de mejorar, hundiéndolos aún más en la miseria.

Y es que el gran problema de nuestra civilización es que todo, absolutamente todo, lo queremos convertir en dinero.