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26/11/19

EL ODIO AL INDIO

El odio al indio
Evo Morales

Como una espesa niebla nocturna, el odio recorre vorazmente los barrios de las clases medias urbanas tradicionales de Bolivia. "Sus ojos rebalsan de ira. No gritan, escupen; no reclaman, imponen. Sus cánticos no son de esperanza ni de hermandad, son de desprecio y discriminación contra los indios". Se montan en sus motos, se suben a sus camionetas, se agrupan en sus fraternidades carnavaleras y universidades privadas y salen a la caza de indios alzados que se atrevieron a quitarles el poder.

En el caso de Santa Cruz organizan hordas motorizadas 4×4 con garrote en mano a escarmentar a los indios, a quienes llaman 'collas', que viven en los barrios marginales y en los mercados. Cantan consignas de que “hay que matar collas”, y si en el camino se les cruza alguna mujer de pollera la golpean, amenazan y conminan a irse de su territorio.


En Cochabamba organizan convoyes para imponer su supremacía racial en la zona sur, donde viven las clases menesterosas, y cargan -como si fuera un destacamento de caballería- sobre miles de mujeres campesinas indefensas que marchan pidiendo paz. "Llevan en la mano bates de béisbol, cadenas, granadas de gas; algunos exhiben armas de fuego".

"La mujer es su víctima preferida; agarran a una alcaldesa de una población campesina, la humillan, la arrastran por la calle, le pegan, la orinan cuando cae al suelo, le cortan el cabello y la amenazan con lincharla", y cuando se dan cuenta de que están siendo filmados deciden echarle pintura roja.


En La Paz sospechan de sus empleadas y no hablan cuando ellas traen la comida a la mesa. En el fondo les temen, pero también las desprecian. Más tarde "salen a las calles a gritar, insultan a Evo y, con él, a todos estos indios que osaron construir democracia intercultural con igualdad"

Cuando son muchos, "arrastran la Wiphala, la bandera indígena, la escupen, la pisan la cortan, la queman. Es una rabia visceral que se descarga sobre este símbolo de los indios" al que quisieran extinguir de la tierra junto con todos los que se reconocen en él.


"El odio racial es el lenguaje político de esta clase media tradicional". De nada sirven sus títulos académicos, viajes y fe porque, al final, todo se diluye ante el abolengo. En el fondo, la estirpe imaginada es más fuerte y parece adherida al lenguaje espontáneo de la piel que odia, de los gestos viscerales y de su moral corrompida.

"Todo explotó el domingo 20, cuando Evo Morales ganó las elecciones con más de 10 puntos de distancia sobre el segundo", pero ya no con la inmensa ventaja de antes ni el 51% de los votos."Fue la señal que estaban esperando las fuerzas regresivas agazapadas": desde el timorato candidato opositor liberal, las fuerzas políticas ultraconservadoras, la OEA y la inefable clase media tradicional. Evo había ganado nuevamente pero ya no tenía el 60% del electorado; estaba más débil y había que ir sobre él. "El perdedor no reconoció su derrota".


La OEA habló de 'elecciones limpias' pero de una victoria menguada y pidió segunda vuelta, aconsejando ir en contra de la Constitución, que "establece que si un candidato tiene más del 40% de los votos y más de 10% de votos sobre el segundo es el candidato electo"·. Y la clase media se lanzó "a la cacería de los indios". En la noche del lunes 21 se quemaron 5 de los 9 órganos electorales, incluidas papeletas de sufragio.

La ciudad de Santa Cruz decretó un paro cívico que articuló a los habitantes de las zonas centrales de la ciudad, ramificándose el paro a las zonas residenciales de La Paz y Cochabamba. "Y entonces se desató el terror".


"Bandas paramilitares comenzaron a asediar instituciones, quemar sedes sindicales, a incendiar los domicilios de candidatos y líderes políticos del partido de gobierno". Hasta el propio domicilio privado del presidente fue saqueado; en otros lugares las familias, incluidos hijos, fueron secuestrados y "amenazados de ser flagelados y quemados si su padre ministro o dirigente sindical no renunciaba a su cargo". Se había desatado una dilatada noche de cuchillos largos, y "el fascismo asomaba las orejas".

"Cuando las fuerzas populares movilizadas para resistir este golpe civil comenzaron a retomar el control territorial de las ciudades con la presencia de obreros, trabajadores mineros, campesinos, indígenas y pobladores urbanos -y el balance de la correlación de fuerzas se estaba inclinando hacia el lado de las fuerzas populares- vino el motín policial".


"Los policías habían mostrado durante semanas una gran indolencia e ineptitud para proteger a la gente humilde" cuando era golpeada y perseguida por bandas fascistoides. Pero a partir del viernes, con el desconocimiento del mando civil, muchos de ellos "mostraron una extraordinaria habilidad para agredir, detener, torturar y matar a manifestantes populares". Claro, antes había que contener a los hijos de la clase media y, supuestamente, no tenían capacidad; sin embargo "ahora, que se trataba de reprimir a indios revoltosos, el despliegue, la prepotencia y la saña represiva fueron monumentales". Lo mismo sucedió con las Fuerzas Armadas.

"Durante toda nuestra gestión de gobierno nunca permitimos que salieran a reprimir las manifestaciones civiles, ni siquiera durante el primer golpe de Estado cívico del 2008". Y ahora, en plena convulsión y sin que nosotros les preguntáramos nada, plantearon que no tenían elementos antidisturbios, que apenas tenían 8 balas por integrante y que para que se hagan presentes en la calle de manera disuasiva se requería un decreto presidencial.


No obstante,"no dudaron en pedir/imponer al presidente Evo su renuncia rompiendo el orden constitucional". Hicieron lo posible para intentar secuestrarlo cuando se dirigía y estaba en el Chapare; y "cuando se consumó el golpe salieron a las calles a disparar miles de balas, a militarizar las ciudades, asesinar a campesino".

Y todo ello sin ningún decreto presidencial. "Para proteger al indio se requería decreto. Para reprimir y matar indios sólo bastaba obedecer lo que el odio racial y clasista ordenaba. Y en sólo 5 días ya hay más de 18 muertos, 120 heridos de bala. Por supuesto, todos ellos indígenas".


La pregunta que todos debemos responder es ¿cómo es que esta clase media tradicional pudo incubar tanto odio y resentimiento hacia el pueblo, llevándola a abrazar un fascismo racializado y centrado en el indio como enemigo?

¿Cómo hizo para irradiar sus frustraciones de clase a la policía y a las FF. AA. y ser la base social de esta fascistización, de esta regresión estatal y degeneración moral? Ha sido el rechazo a la igualdad, es decir, el rechazo a los fundamentos mismos de una democracia sustancial.


Los últimos 14 años de gobierno de los movimientos sociales "han tenido como principal característica el proceso de igualación social, la reducción abrupta de la extrema pobreza (de 38 al 15%), la ampliación de derechos para todos (acceso universal a la salud, a educación y a protección social), la indianización del Estado (más del 50% de los funcionarios de la administración pública tienen una identidad indígena, nueva narrativa nacional en torno al tronco indígena), la reducción de las desigualdades económicas (caída de 130 a 45 la diferencia de ingresos entre los más ricos y los más pobres)".

Es decir "la sistemática democratización de la riqueza, del acceso a los bienes públicos, a las oportunidades y al poder estatal. La economía ha crecido de 9.000 millones de dólares a 44.000", ampliándose el mercado y el ahorro interno, lo que ha permitido a mucha gente tener su casa propia y mejorar su actividad laboral.


Pero esto dio lugar a que en una década el porcentaje de personas de la llamada 'clase media', medida en ingresos, haya pasado del 35% al 60%, la mayor parte proveniente de sectores populares, indígenas. "Se trata de un proceso de democratización de los bienes sociales mediante la construcción de igualdad material" pero que, inevitablemente, ha llevado a una rápida devaluación de los capitales económicos, educativos y políticos poseídos por las clases medias tradicionales.

Si antes un apellido notable o el monopolio de los saberes legítimos o el conjunto de vínculos parentales propios de las clases medias tradicionales les permitía acceder a puestos en la administración pública, obtener créditos, licitaciones de obras o becas, "hoy la cantidad de personas que pugnan por el mismo puesto u oportunidad no sólo se ha duplicado -reduciendo a la mitad las posibilidades de acceder a esos bienes- sino que, además, los 'arribistas', la nueva clase media de origen popular indígena, tiene un conjunto de nuevos capitales (idioma indígena, vínculos sindicales) de mayor valor y reconocimiento estatal" para pugnar por los bienes públicos disponibles.


"Se trata, por tanto, de un desplome de lo que era una característica de la sociedad colonial": la etnicidad como capital, es decir, del fundamento imaginado de la superioridad histórica de la clase media por sobre las clases subalternas porque aquí, "en Bolivia, la clase social sólo es comprensible y se visibiliza bajo la forma de jerarquías raciales".

"El que los hijos de esta clase media hayan sido la fuerza de choque de la insurgencia reaccionaria es el grito violento de una nueva generación que ve cómo la herencia del apellido y la piel se desvanece ante la fuerza de la democratización de bienes".


Así, aunque enarbolen banderas de la democracia entendida como voto, "en realidad se han sublevado contra la democracia entendida como igualación y distribución de riquezas". Por eso el desborde de odio, el derroche de violencia; porque "la supremacía racial es algo que no se racionaliza", se vive como impulso primario del cuerpo, como tatuaje de la historia colonial en la piel.

"De ahí que el fascismo no sólo sea la expresión de una revolución fallida" sino, paradójicamente también en sociedades postcoloniales, el éxito de una democratización material alcanzada.


Por ello "no sorprende que mientras los indios recogen los cuerpos de alrededor de una veintena de asesinados a balazos, sus victimarios materiales y morales narran que lo han hecho para salvaguardar la democracia". Pero en realidad saben que lo que han hecho es proteger el privilegio de casta y apellido.

"El odio racial no es más que una primitiva venganza de una clase histórica y moralmente decadente que demuestra que, detrás de cada mediocre liberal, se agazapa un consumado golpista".


FUENTE: nuevatribuna.es
Álvaro García Linera
22/11/2019

13/9/19

46 ANIVERSARIO DEL GOLPE DE ESTADO EN CHILE QUE DERROCÓ A SALVADOR ALLENDE

Pinochet, el triunfo del fascismo de mercado y su admiración mutua con el general Franco

El doctor en Historia Mario Amorós publica 'Pinochet. Biografía militar y política', una obra que aspira a convertirse en una referencia mundial para estudiar la figura del dictador chileno desde sus inicios en el Ejército hasta sus últimos días de vida.

El general Augusto Pinochet (l), jefe de la junta militar chilena, saluda el 11 de septiembre de 1973 en Santiago, poco después de la muerte del presidente Allende, elegido en las urnas.- AFP
El general Augusto Pinochet, jefe de la junta militar chilena
tras el golpe de estado y muerte del presidente Salvador Allende.
AFP

Era el 11 de septiembre de 1973. La República de Chile era la democracia más avanzada de América Latina, pero el contexto internacional era complicado. Muy complicado. Tres años antes, el candidato de la Unidad Popular, Salvador Allende, se había impuesto en las elecciones presidenciales con su "vía pacífica al socialismo".

Pero Estados Unidos tenía muy claro que la Unidad Popular no podía triunfar. Lo había dejado clarísimo su secretario de Estado, Henry Kissinger durante una reunión del Consejo para la Seguridad Nacional celebrada en 1970:

Henry Kissinger

"El éxito de un gobierno marxista elegido por el pueblo constituiría un claro ejemplo (e incluso un precedente) para otras partes del mundo".

Ahí mismo, en 1970, comenzaron los ataques a la economía chilena para aislarla, debilitarla y desestabilizarla hasta hacer de Chile un país ingobernable. "Pero Allende resistía". La Unidad Popular seguía en el poder y conservaba el apoyo social. Fue entonces, un 11 de septiembre, cuando se recurrió a la violencia. A las armas. A la sangre. Cuando el Ejército de Chile conquistó su propio país y Allende se quitó la vida acorralado en el Palacio de la Moneda. "La historia es nuestra y la hacen los pueblos", lanzó el socialista en su último mensaje a la nación chilena.

El ejército chileno atacando el palacio de la Moneda,
sede del gobierno del país, el 11 de septiembre de 1973

"Ese 11 de septiembre de 1973 se consumó la infamia". Un acto de guerra, como el bombardeo del palacio de La Moneda, acababa con la democracia chilena. Se prohibían los partidos políticos, se suprimían las libertades y derechos de la ciudadanía. Llegaba el exilio y la represión sistemática. También se acababa el control de precios, el reparto de leche en colegios y la protección laboral de los trabajadores.

Se imponía el imperio del terror. En la cúspide de la brutal dictadura y como cara visible se fue imponiendo la figura de Augusto Pinochet, el que había sido jefe máximo de las Fuerzas Armadas durante la presidencia de Allende. El militar se presentaba así ante el mundo como un paradigma de dictador despiadado y entronizado desde la traición. Como escribió el histotriador Josep Fontana, "Pinochet simbolizó, como nadie, la imagen del fascismo en América Latina".
Portada del libro 'Pinochet. Biografía militar y política' (Ediciones B)

Ahora, cuando se cumplen 46 años de este momento clave, el doctor en Historia por la Universidad de Barcelona, Mario Amorós publica "Pinochet. Biografía militar y política (Ediciones B)", la primera biografía histórica del dictador fundamentada en archivos y bibliotecas de cuatro países diferentes, cientos de artículos y referencias en prensa, discursos, entrevistas, testimonios y opiniones de familiares y colaboradores. En definitiva, una obra de más de 800 páginas que aspira a convertirse en referencia mundial para tratar una de las figuras del siglo XX: Augusto Pinochet.

El título llega, además, en un momento nuevamente complicado. Líderes como Jair Bolsonaro, presidente de Brasil, se han mostrado a favor de Pinochet y de su golpe de Estado. También seguidores de Donald Trump, que han escogido su nombre para una polémica camiseta que lleva como lema Pinochet no hizo nada malo!" y en cuya parte posterior se ve a "un helicóptero lanzando personas al vacío". E incluso Vox, en España, ha establecido contacto con José Antonio Kast, líder de la ultraderecha chilena. Así, la ola reaccionaria que recorre el mundo trata de recuperar para sí la figura de Pinochet.


El golpe de Estado del 11 de septiembre no sería un acto de guerra sino "una intervención para salvar a Chile del comunismo". Pinochet no sería un dictador sino un gobernante autoritario que, a través de la Constitución de 1980, se puso límites. En definitiva, Pinochet habría sentado las bases para un Chile moderno. Quizá por ello la obra de Amorós es ahora más imprescindible que nunca. La Historia frente al olvido, frente a la manipulación. "Pinochet simboliza la imagen del fascismo en América Latina". Pero en este caso no hablamos del fascismo de la Europa de entreguerras. Se trata de un fascismo de mercado.

"El golpe en Chile fue el golpe de una clase social, la burguesía, que se sirvió de la fuerza del Ejército para aplastar a las organizaciones de izquierdas e implantar un modelo neoliberal de economía de la manera más descarnada", explica Amorós a Público. El autor, de hecho, describe a Pinochet como "un dictador despiadado que demostró una insaciable ambición de poder". Y su instrumento fue el terror, puesto que no vaciló en desencadenar la única guerra en la que participó a lo largo de su vida:

"la guerra contra un pueblo desarmado", 
escribe Amorós.

El exdictador chileno Augusto Pinochet ante sus tropas en 1975 - REUTERS

Así, la represión de la dictadura chilena sirvió también para convertir a Chile en el "laboratorio mundial del neoliberalismo". El dictador cedió en 1975 el timón económico del país a un grupo de jóvenes profesionales formados en la Universidad de Chicago y que aplicaron las recetas neoliberales de Milton Friedman y Arnold Harberger.


En definitiva, la dictadura chilena llevó a cabo una "contrarrevolución capitalista" en toda regla que deshizo el proceso de nacionalizaciones iniciado por Allende, devolvió a sus antiguos propietarios las tierras ocupadas por los campesinos, liberalizó los precios, redujo el gasto público en más de un 25% y derogó leyes que impedían los despidos de los trabajadores. Todo ello fue recomendado por los Chicago Boys y por el "plan diseñado por Friedman para Chile". El plan contó conla represión y la violencia como principal apoyo.


Milton Friedman

"El 'milagro chileno' de los Chicago Boys, tan exaltado por determinados sectores, supuso que, tras su derrota en el plebiscito de 1988, el 11 de marzo de 1990, Pinochet entregara un país que "tenía al 40% de su población en la pobreza más absoluta". Y sus efectos se dejan sentir hasta el día de hoy "con unas pensiones miserables, una atención sanitaria adecuada solo para quienes pueden pagarla, la enseñanza superior más cara de América Latina y una brecha social de las más acusadas del mundo", denuncia Amorós.

Una admiración mutua entre dictadores

 Augusto Pinochet - Francisco Franco

El terror generado por Pinochet llegó a tal punto que, según documento del Ministerio de Asuntos Exteriores, el embajador español en Chile, Enrique Pérez-Hernández, le recomendó al dictador chileno "moderación y clemencia" y le señaló que la represión contra la izquierda estaba siendo "muy dura". Pinochet, según esta documentación, aseguró al funcionario español que tendría cuidado, especialmente, con casos concretos "como el de Neruda".Otro documento de la diplomacia española hacía un balance de cómo era la situación en Chile en aquellos días: "La situación está absolutamente controlada por la Junta de Gobierno; pero a punta de bayonetas y metralletas".

"La represión ha sido dura y continúa siéndolo. Alguien ha visto que no menos de 200 muertos son llevados al depósito de cadáveres cada noche e, incluso, nuestro Embajador ha llegado a verlos de día. El número de muertos se calcula que es de unos 4.000, de los que la mitad lo han sido en combates y la otra mitad fusilados sin juicio previo", informaba la diplomacia española.
El rey Juan Carlos junto a Augusto Pinochet

Sin embargo, mientras la diplomacia informaba al régimen franquista de las "graves violaciones de Derechos Humanos cometidas en Chile", el dictador español se carteaba con el chileno. Sólo un día después del golpe de Estado en Chile, Pinochet enviaba una carta a Francisco Franco para comunicarle la sustitución del embajador de Chile en España y transmitirle una admiración, que según Amorós, era mutua: "Os ruego aceptéis los sinceros votos que formulamos por el bienestar de Vuestra Excelencia y por la grandeza de España".

De hecho, dos años después, el 18 de septiembre de 1975, apenas dos meses antes de la muerte de Franco, el jefe del Estado Mayor del Ejército español, el teniente general Emilio Villaescusa, entregaba a Pinochet, en nombre de Franco, "la máxima distinción del Ejército español en tiempos de paz, la Gran Cruz al Mérito Militar".


Gran Cruz al Mérito Militar con distintivo blanco

La muerte de Franco estaba cerca, pero la correspondencia entre ambos aún no había finalizado. El 27 de septiembre, Franco ejecutaría los últimos cinco fusilamientos de la dictadura. "Tres miembros de ETA y dos del FRAP" serían fusilados tras unos consejos de guerra sin las más mínimas garantías procesales. El mundo daba la espalda al régimen de Franco. Pero Pinochet, aplaudía: "Estoy cierto que de esta dura prueba emergerá una España aún más fuerte, unida y respetada por la fortaleza de sus convicciones y la reciedumbre de sus actitudes y abrigo la esperanza de que en el futuro se valorizará mejor el esfuerzo de los pueblos de carácter para forjar su destino propio".

La carta sería contestada por el dictador español en los siguientes términos: "No podemos tolerar que la maquinación urdida por organizaciones enemigas de nuestra patria comprometa el normal desarrollo, en paz y prosperidad, de nuestro pueblo y es deber del gobernante preservar la paz y la seguridad de su país contra aquellos que subvierten el orden público poniendo en peligro la estabilidad y el sosiego de la sociedad”.


Esta fue la última comunicación establecida entre Franco y Pinochet. El español moriría el 20 de noviembre de ese mismo año y el chileno acudiría a España a su funeral. Llegó el día 21. Viernes. A los pies del avión le recibía Juan Carlos, heredero del dictador. Se dieron un abrazo. "En estos momentos Franco ha pasado a la historia, es un Caudillo que nos ha mostrado el camino a seguir en la lucha contra el comunismo", declaró Pinochet tras reunirse unos minutos con el que sería proclamado poco después rey de España.

Paralelismos entre ambas dictaduras

Militares chilenos golpistas

La admiración que Pinochet sentía hacia el dictador Franco también se dejó ver en aquellos días en los que se enterraba al autoproclamado "caudillo" de España. El asesor del dictador chileno Federico Willoughby-MacDonald leyó un comunicado en el que establecía paralelismos con la dictadura española: "España durante mucho tiempo ha sufrido como nosotros sufrimos hoy el intento perverso del marxismo que siembra el odio y pretende cambiar los valores espirituales por un mundo materialista y ateo. El coraje y la fe que han engrandecido a España inspiran también nuestra lucha actual...".

De hecho, Pinochet siguió una estrategia parecida a la de Franco para justificar, con el paso de los años, su participación en el golpe de Estado. "En Pinochet se aprecia un providencialismo presente. Tal y como hizo Franco, prácticamente justificó el golpe para salvar a Chile del comunismo. Sólo le faltó autoproclamarse Caudillo de Chile por la gracia de Dios", cuenta Amorós.

23 de noviembre de 1975. De izquierda a derecha, el vicepresidente dominicano, Rafael Gosico Morales, Imelda Marcos y Augusto Pinochet junto a su esposa participan del funeral de Franco. EFE
El vicepresidente dominicano, Rafael Gosico Morales, Imelda Marcos
 y Augusto Pinochet junto a su esposa en el funeral de Franco. EFE

Las similitudes son importantes. Pinochet, como Franco, no fue el instigador del golpe de Estado sino que se sumó al mismo a última hora, y fue lo suficientemente listo para imponer su poder al resto de militares golpistas. Pinochet, como Franco, justificó su golpe de Estado como un "deber patriótico" para salvar a Chile de las garras del comunismo y ante el riesgo de "quebrantar la unidad nacional". Los golpistas chilenos, como los españoles, contactaron con una potencia extranjera (Brasil) para tener armamento de guerra en caso de que el golpe de Estado fracasara y se llegara a una Guerra Civil, como en España. Y Pinochet, como Franco, se esforzó mucho en mantener una propaganda que le situara como "una especie de enviado de Dios" para salvar a su país.

De hecho, el mismo dictador chileno confesó al presidente del Cabildo de Gran Canaria, Lorenzo Olarte, el 24 de noviembre de 1975, en su escala de regreso a Chile, que le gustaría que en su país se construyera un "Valle de los Caídos" que le recordara para la posteridad, tal y como escribió el periodista Fernando Olmeda en la obra "El Valle de los Caídos. Una memoria de España".


Y así, tal y como relata Amorós, el fascismo español consideró a Pinochet como "uno de los suyos". La admiración se comprobó en las Cortes durante la ceremonia de juramento y proclamación de Juan Carlos de Borbón como rey de EspañaEl dictador chileno fue aclamado por el público apostado en la calle como cuando se sentó en el Congreso: "Particularmente, los militantes de Falange le vitoreaban y le lanzaban sus boinas rojas. Con toda razón el fascismo español le contaba entre uno de los suyos"

Sin embargo, el dictador chileno no tuvo su Valle de los Caídos. Sus cenizas permanecen enterradas en una capilla de una parcela privada de la familia Pinochet en Los Boldos, en el litoral central de Chile, bajo una lápida de mármol. En España, mientras tanto, "Franco continúa en el Valle de los Caídos" y el Tribunal Supremo hará público el próximo 24 de septiembre si permite su exhumación o no.


FUENTE:
Alejandro Torrús
Madrid - 11/09/2019

Lo que resulta inadmisible es que Pinochet llegara a estar hospitalizado en Londres y, una vez finalizado el tratamiento, lo dejaran regresar tranquilamente a su país sin entregarlo al Tribunal de Justicia Penal Internacional de La Haya. Lo que demuestra que todo es un merecumbé.

¡Ah! ¿Saben ustedes que era lo que más unía a Franco y Pinochet? Pues la fe... la fe católica.
 

6/8/19

NEFASTO ANIVERSARIO

Se cumplen 74 años, para oprobio y vergüenza de la humanidad, del lanzamiento de la primera bomba atómica sobre la ciudad japonesa de Hirosima. Pero es necesario que recordemos lo ocurrido con todo lujo de detalles, por triste y doloroso que sea, para intentar no volver a repetir tamaña monstruosidad. Es por ello que dejo aquí este tremendo artículo periodístico, que define como pocos textos que haya leído anteriormente, la terrorífica masacre y sus posteriores secuelas.

Miguel Ángel G. Yanes 

*

 
Hiroshima: símbolo de la barbarie atómica 

Visitar esta ciudad japonesa, que mantiene sus cicatrices abiertas como recuerdo de lo que nunca más debe ocurrir, es dar un paseo por la más desgarradora encarnación de la crueldad bélica.

Explosión atómica fotografiada desde el avión que lanzó la bomba

Sucedió por estas fechas, en un verano triste y apagado. Cuentan que fue un relámpago silencioso, una detonación sorda, un soplo onírico de nube súbitamente transformada en bola de fuego. Un segundo y la destrucción absoluta. Era el 6 de agosto de 1945, a las 8.15 de la mañana.

"Little boy" fue el nombre dado a la primera bomba atómica

Hay acontecimientos históricos que escuecen como vinagre en las heridas, pero que a su vez son una lección de Historia que nunca se debe olvidar. Hiroshima, la ciudad japonesa que fue víctima de la primera bomba atómica durante la Segunda Guerra Mundial, vive con la huella indeleble de este funesto episodio. Y aunque ha logrado pasar página, mantiene vivo el recuerdo de lo que nunca, jamás, debe volver a ocurrir.

 
"Enola Gay", bombardero Boeing B-29 Superfortress


Porque el día en que el Enola Gay escupió ese hongo letal de nombre macabramente irónico (Little Boy o Pequeño Niño), los relojes se pararon en esta metrópoli de la región de Chugoku, en el oeste nipón. Un segundo y 85.000 muertos en el acto y unos devastadores efectos radiactivos que devolvieron muertes y más muertes hasta 20 años después de la catástrofe.

Efectos de la radiación atómica sobre el cuerpo humano

Fue el lanzamiento de la primera bomba nuclear y todo quedó reducido a cenizas. Todo, excepto el armazón desnudo y desangelado de un edificio que aún hoy puede contemplarse en su devastado estado. Un edificio que ha quedado como  símbolo eterno del holocausto nuclear. Su historia, claro, es una historia muy triste.

Auditorio para la Promoción industrial

Concebido como el Auditorio de la Prefectura de Hiroshima para la Promoción Industrial, esta construcción de corte occidental había sido diseñada por el arquitecto checo Jan Letzel para acoger bajo su cúpula verde iniciativas empresariales, ferias, exhibiciones y todo tipo de eventos comerciales tan comunes por aquellos tiempos de paz, cuando Hiroshima era una ciudad próspera y dinámica, ajena a la crueldad y la barbarie.

El Domo de Hirosima conocido antes de la explosión como "Bussan Chinretsukan"


Aquella mañana tibia del verano del 45, el cielo se iluminó unos instantes justo encima de su tejado. Todas las personas que se encontraban en su interior fallecieron en el acto y todo aquello que le rodeaba (casas, calles, barrios enteros) se fundieron hasta desaparecer por completo.

Un torii (arco tradicional japonés) increiblemente mantenido en pie.

Sin embargo, al caerle justo encima, la onda expansiva no ocasionó en este edificio más que algunos daños colaterales. Por eso, aunque sus muros quedaron perforados, su estructura pudo mantenerse en pie, testigo de la destrucción, erguida hacia ese cielo desde el que se había derramado el silencio acompañado de la muerte.


Con el tiempo, la ciudad de Hiroshima fue completamente reconstruida hasta convertirse en la ciudad moderna que es hoy. Pero la cúpula Genbaku, con sus hierros desdentados abrazando la nada, quedó para siempre inalterada como un símbolo del absurdo al que puede llegar el ser humano.

Hirosima en la actualidad

Como un recuerdo imborrable de una de las mayores tragedias que ha vivido la edad contemporánea. Por eso la Unesco declaró Patrimonio Mundial a este amago de monumento, que adoptó el feo nombre de Bomb Dome.

Bomb Dome

A unos metros está el Museo Conmemorativo de la Paz de Hiroshima y el Memorial, con ese cenotafio por las víctimas donde arde una llama permanente. Una llama que tan sólo será apagada cuando no quede una sola arma nuclear sobre la faz de la tierra.

Museo Conmemorativo de la Paz de Hiroshima y el Memorial

FUENTE:
Noelia Ferreiro 
Fotos actuales: georgeclerk / GETTY