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13/9/19

46 ANIVERSARIO DEL GOLPE DE ESTADO EN CHILE QUE DERROCÓ A SALVADOR ALLENDE

Pinochet, el triunfo del fascismo de mercado y su admiración mutua con el general Franco

El doctor en Historia Mario Amorós publica 'Pinochet. Biografía militar y política', una obra que aspira a convertirse en una referencia mundial para estudiar la figura del dictador chileno desde sus inicios en el Ejército hasta sus últimos días de vida.

El general Augusto Pinochet (l), jefe de la junta militar chilena, saluda el 11 de septiembre de 1973 en Santiago, poco después de la muerte del presidente Allende, elegido en las urnas.- AFP
El general Augusto Pinochet, jefe de la junta militar chilena
tras el golpe de estado y muerte del presidente Salvador Allende.
AFP

Era el 11 de septiembre de 1973. La República de Chile era la democracia más avanzada de América Latina, pero el contexto internacional era complicado. Muy complicado. Tres años antes, el candidato de la Unidad Popular, Salvador Allende, se había impuesto en las elecciones presidenciales con su "vía pacífica al socialismo".

Pero Estados Unidos tenía muy claro que la Unidad Popular no podía triunfar. Lo había dejado clarísimo su secretario de Estado, Henry Kissinger durante una reunión del Consejo para la Seguridad Nacional celebrada en 1970:

Henry Kissinger

"El éxito de un gobierno marxista elegido por el pueblo constituiría un claro ejemplo (e incluso un precedente) para otras partes del mundo".

Ahí mismo, en 1970, comenzaron los ataques a la economía chilena para aislarla, debilitarla y desestabilizarla hasta hacer de Chile un país ingobernable. "Pero Allende resistía". La Unidad Popular seguía en el poder y conservaba el apoyo social. Fue entonces, un 11 de septiembre, cuando se recurrió a la violencia. A las armas. A la sangre. Cuando el Ejército de Chile conquistó su propio país y Allende se quitó la vida acorralado en el Palacio de la Moneda. "La historia es nuestra y la hacen los pueblos", lanzó el socialista en su último mensaje a la nación chilena.

El ejército chileno atacando el palacio de la Moneda,
sede del gobierno del país, el 11 de septiembre de 1973

"Ese 11 de septiembre de 1973 se consumó la infamia". Un acto de guerra, como el bombardeo del palacio de La Moneda, acababa con la democracia chilena. Se prohibían los partidos políticos, se suprimían las libertades y derechos de la ciudadanía. Llegaba el exilio y la represión sistemática. También se acababa el control de precios, el reparto de leche en colegios y la protección laboral de los trabajadores.

Se imponía el imperio del terror. En la cúspide de la brutal dictadura y como cara visible se fue imponiendo la figura de Augusto Pinochet, el que había sido jefe máximo de las Fuerzas Armadas durante la presidencia de Allende. El militar se presentaba así ante el mundo como un paradigma de dictador despiadado y entronizado desde la traición. Como escribió el histotriador Josep Fontana, "Pinochet simbolizó, como nadie, la imagen del fascismo en América Latina".
Portada del libro 'Pinochet. Biografía militar y política' (Ediciones B)

Ahora, cuando se cumplen 46 años de este momento clave, el doctor en Historia por la Universidad de Barcelona, Mario Amorós publica "Pinochet. Biografía militar y política (Ediciones B)", la primera biografía histórica del dictador fundamentada en archivos y bibliotecas de cuatro países diferentes, cientos de artículos y referencias en prensa, discursos, entrevistas, testimonios y opiniones de familiares y colaboradores. En definitiva, una obra de más de 800 páginas que aspira a convertirse en referencia mundial para tratar una de las figuras del siglo XX: Augusto Pinochet.

El título llega, además, en un momento nuevamente complicado. Líderes como Jair Bolsonaro, presidente de Brasil, se han mostrado a favor de Pinochet y de su golpe de Estado. También seguidores de Donald Trump, que han escogido su nombre para una polémica camiseta que lleva como lema Pinochet no hizo nada malo!" y en cuya parte posterior se ve a "un helicóptero lanzando personas al vacío". E incluso Vox, en España, ha establecido contacto con José Antonio Kast, líder de la ultraderecha chilena. Así, la ola reaccionaria que recorre el mundo trata de recuperar para sí la figura de Pinochet.


El golpe de Estado del 11 de septiembre no sería un acto de guerra sino "una intervención para salvar a Chile del comunismo". Pinochet no sería un dictador sino un gobernante autoritario que, a través de la Constitución de 1980, se puso límites. En definitiva, Pinochet habría sentado las bases para un Chile moderno. Quizá por ello la obra de Amorós es ahora más imprescindible que nunca. La Historia frente al olvido, frente a la manipulación. "Pinochet simboliza la imagen del fascismo en América Latina". Pero en este caso no hablamos del fascismo de la Europa de entreguerras. Se trata de un fascismo de mercado.

"El golpe en Chile fue el golpe de una clase social, la burguesía, que se sirvió de la fuerza del Ejército para aplastar a las organizaciones de izquierdas e implantar un modelo neoliberal de economía de la manera más descarnada", explica Amorós a Público. El autor, de hecho, describe a Pinochet como "un dictador despiadado que demostró una insaciable ambición de poder". Y su instrumento fue el terror, puesto que no vaciló en desencadenar la única guerra en la que participó a lo largo de su vida:

"la guerra contra un pueblo desarmado", 
escribe Amorós.

El exdictador chileno Augusto Pinochet ante sus tropas en 1975 - REUTERS

Así, la represión de la dictadura chilena sirvió también para convertir a Chile en el "laboratorio mundial del neoliberalismo". El dictador cedió en 1975 el timón económico del país a un grupo de jóvenes profesionales formados en la Universidad de Chicago y que aplicaron las recetas neoliberales de Milton Friedman y Arnold Harberger.


En definitiva, la dictadura chilena llevó a cabo una "contrarrevolución capitalista" en toda regla que deshizo el proceso de nacionalizaciones iniciado por Allende, devolvió a sus antiguos propietarios las tierras ocupadas por los campesinos, liberalizó los precios, redujo el gasto público en más de un 25% y derogó leyes que impedían los despidos de los trabajadores. Todo ello fue recomendado por los Chicago Boys y por el "plan diseñado por Friedman para Chile". El plan contó conla represión y la violencia como principal apoyo.


Milton Friedman

"El 'milagro chileno' de los Chicago Boys, tan exaltado por determinados sectores, supuso que, tras su derrota en el plebiscito de 1988, el 11 de marzo de 1990, Pinochet entregara un país que "tenía al 40% de su población en la pobreza más absoluta". Y sus efectos se dejan sentir hasta el día de hoy "con unas pensiones miserables, una atención sanitaria adecuada solo para quienes pueden pagarla, la enseñanza superior más cara de América Latina y una brecha social de las más acusadas del mundo", denuncia Amorós.

Una admiración mutua entre dictadores

 Augusto Pinochet - Francisco Franco

El terror generado por Pinochet llegó a tal punto que, según documento del Ministerio de Asuntos Exteriores, el embajador español en Chile, Enrique Pérez-Hernández, le recomendó al dictador chileno "moderación y clemencia" y le señaló que la represión contra la izquierda estaba siendo "muy dura". Pinochet, según esta documentación, aseguró al funcionario español que tendría cuidado, especialmente, con casos concretos "como el de Neruda".Otro documento de la diplomacia española hacía un balance de cómo era la situación en Chile en aquellos días: "La situación está absolutamente controlada por la Junta de Gobierno; pero a punta de bayonetas y metralletas".

"La represión ha sido dura y continúa siéndolo. Alguien ha visto que no menos de 200 muertos son llevados al depósito de cadáveres cada noche e, incluso, nuestro Embajador ha llegado a verlos de día. El número de muertos se calcula que es de unos 4.000, de los que la mitad lo han sido en combates y la otra mitad fusilados sin juicio previo", informaba la diplomacia española.
El rey Juan Carlos junto a Augusto Pinochet

Sin embargo, mientras la diplomacia informaba al régimen franquista de las "graves violaciones de Derechos Humanos cometidas en Chile", el dictador español se carteaba con el chileno. Sólo un día después del golpe de Estado en Chile, Pinochet enviaba una carta a Francisco Franco para comunicarle la sustitución del embajador de Chile en España y transmitirle una admiración, que según Amorós, era mutua: "Os ruego aceptéis los sinceros votos que formulamos por el bienestar de Vuestra Excelencia y por la grandeza de España".

De hecho, dos años después, el 18 de septiembre de 1975, apenas dos meses antes de la muerte de Franco, el jefe del Estado Mayor del Ejército español, el teniente general Emilio Villaescusa, entregaba a Pinochet, en nombre de Franco, "la máxima distinción del Ejército español en tiempos de paz, la Gran Cruz al Mérito Militar".


Gran Cruz al Mérito Militar con distintivo blanco

La muerte de Franco estaba cerca, pero la correspondencia entre ambos aún no había finalizado. El 27 de septiembre, Franco ejecutaría los últimos cinco fusilamientos de la dictadura. "Tres miembros de ETA y dos del FRAP" serían fusilados tras unos consejos de guerra sin las más mínimas garantías procesales. El mundo daba la espalda al régimen de Franco. Pero Pinochet, aplaudía: "Estoy cierto que de esta dura prueba emergerá una España aún más fuerte, unida y respetada por la fortaleza de sus convicciones y la reciedumbre de sus actitudes y abrigo la esperanza de que en el futuro se valorizará mejor el esfuerzo de los pueblos de carácter para forjar su destino propio".

La carta sería contestada por el dictador español en los siguientes términos: "No podemos tolerar que la maquinación urdida por organizaciones enemigas de nuestra patria comprometa el normal desarrollo, en paz y prosperidad, de nuestro pueblo y es deber del gobernante preservar la paz y la seguridad de su país contra aquellos que subvierten el orden público poniendo en peligro la estabilidad y el sosiego de la sociedad”.


Esta fue la última comunicación establecida entre Franco y Pinochet. El español moriría el 20 de noviembre de ese mismo año y el chileno acudiría a España a su funeral. Llegó el día 21. Viernes. A los pies del avión le recibía Juan Carlos, heredero del dictador. Se dieron un abrazo. "En estos momentos Franco ha pasado a la historia, es un Caudillo que nos ha mostrado el camino a seguir en la lucha contra el comunismo", declaró Pinochet tras reunirse unos minutos con el que sería proclamado poco después rey de España.

Paralelismos entre ambas dictaduras

Militares chilenos golpistas

La admiración que Pinochet sentía hacia el dictador Franco también se dejó ver en aquellos días en los que se enterraba al autoproclamado "caudillo" de España. El asesor del dictador chileno Federico Willoughby-MacDonald leyó un comunicado en el que establecía paralelismos con la dictadura española: "España durante mucho tiempo ha sufrido como nosotros sufrimos hoy el intento perverso del marxismo que siembra el odio y pretende cambiar los valores espirituales por un mundo materialista y ateo. El coraje y la fe que han engrandecido a España inspiran también nuestra lucha actual...".

De hecho, Pinochet siguió una estrategia parecida a la de Franco para justificar, con el paso de los años, su participación en el golpe de Estado. "En Pinochet se aprecia un providencialismo presente. Tal y como hizo Franco, prácticamente justificó el golpe para salvar a Chile del comunismo. Sólo le faltó autoproclamarse Caudillo de Chile por la gracia de Dios", cuenta Amorós.

23 de noviembre de 1975. De izquierda a derecha, el vicepresidente dominicano, Rafael Gosico Morales, Imelda Marcos y Augusto Pinochet junto a su esposa participan del funeral de Franco. EFE
El vicepresidente dominicano, Rafael Gosico Morales, Imelda Marcos
 y Augusto Pinochet junto a su esposa en el funeral de Franco. EFE

Las similitudes son importantes. Pinochet, como Franco, no fue el instigador del golpe de Estado sino que se sumó al mismo a última hora, y fue lo suficientemente listo para imponer su poder al resto de militares golpistas. Pinochet, como Franco, justificó su golpe de Estado como un "deber patriótico" para salvar a Chile de las garras del comunismo y ante el riesgo de "quebrantar la unidad nacional". Los golpistas chilenos, como los españoles, contactaron con una potencia extranjera (Brasil) para tener armamento de guerra en caso de que el golpe de Estado fracasara y se llegara a una Guerra Civil, como en España. Y Pinochet, como Franco, se esforzó mucho en mantener una propaganda que le situara como "una especie de enviado de Dios" para salvar a su país.

De hecho, el mismo dictador chileno confesó al presidente del Cabildo de Gran Canaria, Lorenzo Olarte, el 24 de noviembre de 1975, en su escala de regreso a Chile, que le gustaría que en su país se construyera un "Valle de los Caídos" que le recordara para la posteridad, tal y como escribió el periodista Fernando Olmeda en la obra "El Valle de los Caídos. Una memoria de España".


Y así, tal y como relata Amorós, el fascismo español consideró a Pinochet como "uno de los suyos". La admiración se comprobó en las Cortes durante la ceremonia de juramento y proclamación de Juan Carlos de Borbón como rey de EspañaEl dictador chileno fue aclamado por el público apostado en la calle como cuando se sentó en el Congreso: "Particularmente, los militantes de Falange le vitoreaban y le lanzaban sus boinas rojas. Con toda razón el fascismo español le contaba entre uno de los suyos"

Sin embargo, el dictador chileno no tuvo su Valle de los Caídos. Sus cenizas permanecen enterradas en una capilla de una parcela privada de la familia Pinochet en Los Boldos, en el litoral central de Chile, bajo una lápida de mármol. En España, mientras tanto, "Franco continúa en el Valle de los Caídos" y el Tribunal Supremo hará público el próximo 24 de septiembre si permite su exhumación o no.


FUENTE:
Alejandro Torrús
Madrid - 11/09/2019

Lo que resulta inadmisible es que Pinochet llegara a estar hospitalizado en Londres y, una vez finalizado el tratamiento, lo dejaran regresar tranquilamente a su país sin entregarlo al Tribunal de Justicia Penal Internacional de La Haya. Lo que demuestra que todo es un merecumbé.

¡Ah! ¿Saben ustedes que era lo que más unía a Franco y Pinochet? Pues la fe... la fe católica.
 

10/9/19

UN PLANETA EN LLAMAS

Los bosques del planeta arden en el altar del Capitalismo, y sigue el sobreconsumo teledirigido


Los bosques del planeta están ardiendo en el altar del capitalismo: la quema es el mecanismo previo al saqueo capitalista. Gran parte de las áreas quemadas son bosque protegido: una vez arrasadas por el fuego, una vez desplazadas las comunidades indígenas, los territorios serán saqueados por multinacionales mineras, hidroeléctricas, del agro industrial. Cometiendo ecocidio y genocidio las multinacionales perpetran su acumulación capitalista: miles de especies son extinguidas, los últimos pueblos indígenas de los bosques tropicales sufren exterminio.


La burguesía transnacional coloca a sus matarifes más eficaces en las presidencias de países estratégicos (porque no nos engañemos, es la burguesía la que coloca presidentes, dirigiendo el "voto" a través de sus medios de alienación masiva). Así por ejemplo, en Brasil, país riquísimo en recursos, la burguesía colocó a un Bolsonaro que claramente expresó que "acabaría con las reservas indígenas por considerarlas un obstáculo a la economía", es decir por considerarlas un obstáculo al lucro que perpetran un puñado de multimillonarios. Por eso no se está agilizando el apagar los incendios en Brasil, porque hay una voluntad de quema.

 Jair Bolsonaro, presidente de Brasil

"La burguesía echa mano de su herramienta fascista cuando pretende incrementar brutalmente los niveles de saqueo del medio ambiente e incrementar la tasa de explotación contra las y los trabajadores".


Por todo el mundo, impera la perversa lógica de capitalizar, de "liberar tierras de bosque" para lucrarse del territorio y sus recursos. El fuego avanza y no hay nunca suficientes hidroaviones para apagar incendios porque los Estados, funcionales al Capital, aducen que "no hay presupuesto para comprarlos", en cambio sí tienen presupuesto para comprarle decenas de aviones de guerra al complejo militar industrial, para inyectarle capital público a la banca privada, para gigantescos cuerpos represivos encargados de reprimir el descontento social que genera la explotación, la injusticia social y el saqueo.


En el momento histórico que vivimos se agudizan las contradicciones. La contradicción de intereses entre la clase explotadora y la clase explotada se agudiza: la clase explotadora incrementa la tasa de explotación e intensifica su arremetida de privatizaciones, excluyendo a millones de personas de una vida digna, precarizando cada día más las condiciones de vida. La contradicción entre los intereses de la clase explotadora y la supervivencia del mismo planeta, también queda de manifiesto.


La contradicción entre la naturaleza y un modelo socioeconómico perverso basado en capitalizar, es ya inocultable, cuando hay un "continente" de plástico flotando en el Océano Pacífico; cuando el sobreconsumo teledirigido convierte al planeta en un basural; "cuando los bosques tropicales, pulmones del planeta, son arrasados; cuando el modo de producción alimentario capitalista nos envenena; cuando un puñado de multinacionales modifican genéticamente las semillas y prohíben el uso de las semillas autóctonas; cuando se derriten los polos; cuando las emisiones de CO2 a la atmósfera, producto del modo de producción y consumo capitalista, son abrumadoras".


No obstante la evidencia de la devastación de la naturaleza, no obstante los discursos de los voceros  políticos de la burguesía (que fingen preocuparse por el cambio climático), siguen vigentes todos los mecanismos de destrucción del medio ambiente, porque al capital no le piensan poner freno. Para que un puñado de multimillonarios acumule más y más riqueza, sigue vigente la criminal Obsolescencia Programada (se programa, desde la producción, que cada cosa dure un tiempo muy inferior al que podría durar, para fomentar la compra de otro objeto... la lógica aberrante del usar y tirar significa negocios para el gran capital); sigue también vigente la alienación masiva que perpetra la clase explotadora contra la clase explotada a través de sus medios de propaganda y publicidad, incitando incesantemente a las masas a consumir, a practicar una orgía de sobreconsumo que calcina al planeta.


Los voceros de la burguesía proponen tiritas para la gangrena, medidas cosméticas: en vez de prohibir la Obsolescencia Programada, te invitan a llevarte una bolsa de tela para tus compras (o a comprar las bolsas de plástico), te proponen espejismos de "soluciones" siempre individuales, nunca se ataca la raíz del problema, y a estas alturas de la destrucción, hay que atacar la raíz sistémica de la depredación. "La gangrena no se cura con cosmética". Por muy buena voluntad que tengamos a nivel individual, frenar la barbarie capitalista requiere de una toma de consciencia de la raíz del problema (no solamente de sus síntomas), requiere de una lucha colectiva.


La burguesía instala, a través de sus medios, la idea fatalista de que "el ser humano es malvado", para obviamente evitar ser señalada como la depredadora que es, para sembrar inmovilismo y el "sálvese quien pueda". Los medios nunca dicen que es la clase explotadora y su sistema capitalista el que origina esta devastación del planeta, esta devastación en la que también son depredados los seres humanos, porque también los seres humanos son intoxicados, alienados al punto de ser funcionales a este sistema, enajenados de toda empatía y de toda relación de armonía con la naturaleza.


Es la lógica del capitalismo: "capitalizar cada día más, monopolizar en desmedro de lo que haga falta". Desde la desaparición de la URSS, los niveles de acumulación capitalista, de concentración de riqueza en monopolios cada vez más descomunales, los niveles de explotación y saqueo, se han venido incrementando de manera brutal: es algo tangible y verificable. Al no existir contrapeso importante al capitalismo, las burguesías han procedido a desmantelar paulatinamente los llamados "Estados de Bienestar" en las metrópolis capitalistas, ya que no les son ahora necesarios para fingir la estafa del supuesto "rostro humano del capitalismo". El capitalismo NO tiene rostro humano, y las caretas se caen cuando ya no son necesarias. La burguesía está hoy en una arremetida contra la seguridad social, contra las pensiones públicas, contra la educación pública, contra la sanidad pública, etc. 


En cuanto a los países concebidos como meras "bodegas de recursos", los países de la periferia capitalista (los países de África, Asia y América Latina), ya sabíamos de la cara infame del capitalismo, porque llevamos décadas padeciendo la injerencia imperialista, padeciendo los golpes de Estado fomentados desde el Pentágono, los servicios secretos franceses, belgas, ingleses y demás potencias neocoloniales, contra todo gobierno que pretenda frenar el saqueo capitalista. Sabemos de "la cara infame del capitalismo" porque sufrimos su arremetida brutal: sufrimos los bombardeos "humanitarios" de la OTAN en las guerras imperialistas que la UE y EEUU implementan para arrodillar a pueblos enteros a un mayor saqueo de sus recursos (Libia, Siria, Irak, etc.); sufrimos Estados criminales como el Estado colombiano (por poner un ejemplo entre muchos), que le hacen la guerra al pueblo con Terrorismo de Estado (con militares y paramilitares, con tortura y masacres) para desplazar comunidades enteras de las zonas codiciadas por multinacionales, para exterminar toda oposición al saqueo que perpetra el gran capital transnacional.


Sabemos de la cara infame del capitalismo, porque sabemos de éxodos forzados, porque vemos el cinismo de la UE, Estados Unidos y demás metrópolis capitalistas que succionan las riquezas de África, Asia y América Latina, pero rechazan a las personas desposeídas, construyendo Fronteras-Fortalezas entorno al botín saqueado... "Fronteras-Fortalezas frente a las que mueren anualmente miles de seres humanos, intentando escapar de la pesadilla a la que el saqueo capitalista ha arrojado a sus países".


"Hay una guerra de clases". La burguesía le hace la guerra a la población al precarizar sus condiciones de vida, es una guerra de explotación, de empobrecimiento, de despojo, de hambreamiento, de alienación (la clase explotadora fomenta racismo, machismo, individualismo, xenofobia, a través de sus medios: la estrategia es "dividir para reinar", poco le importa a la clase explotadora que su fomento del odio racista cause matanzas horrendas, que su fomento de la misoginia cause feminicidio, lo importante es mantener a la clase explotada dividida, en "caos controlado" como mecanismo de control social).


La guerra de alienación que perpetra la clase explotadora contra la clase explotada es un mecanismo fundamental del capitalismo, y es cimiento de la aberrante destrucción de la naturaleza en el altar del sobreconsumo: las masas son bombardeadas de publicidad, de incitación permanente al "consumo compensatorio de las frustraciones y soledades creadas por el mismo sistema": el individualismo y la destrucción del tejido social resultan ser abono para el sobreconsumo, los constantes mecanismos de alienación teledirigen a millones de personas hacia la orgía sobreconsumista.


La guerra que perpetra la clase explotadora contra la clase explotada también se expresa en el exterminio físico contra las y los luchadores sociales que se oponen a la explotación de las y los trabajadores y al saqueo de la naturaleza.


Frente a la explotación y a la devastación que perpetra la clase dominante, los pueblos luchan por sus derechos a una vida digna, a la educación, la vivienda, la alimentación saludable, la salud, el derecho a un entorno seguro, el respeto por el medio ambiente. Los pueblos indígenas, las comunidades afrodescendientes, el pequeño campesinado del planeta, luchan en primera línea contra las multinacionales mineras, energéticas, del agro industrial... luchan por la soberanía alimentaria, por la preservación de la naturaleza. "La burguesía, a través de sus matarifes, asesina a centenares de ambientalistas, sindicalistas y luchadores sociales anualmente": para acallar sus voces y toda organización social que cuestione la barbarie y sus causas sistémicas.


Pero pese a la represión brutal y a la criminalización de la protesta, la lucha sigue porque para algunos pueblos es cuestión de supervivencia inmediata, porque "para la clase explotada mundial es urgente salir de este sistema que todo lo depreda y lo pudre, incluídas las relaciones humanas, porque para el planeta es cuestión vital".


FUENTE: www.cecilia-zamudio.blogspot.com 
Pensamiento crítico 
Cecilia Zamudio
26/08/2019



El mayor problema del Capitalismo es que todo, absolutamente todo, lo quiere convertir en dinero...
para unos pocos, claro.