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27/10/19

DATOS DEL GOLPE MILITAR EN CHILE EN 1973

Documentos secretos desclasificados de la Agencia Central de Inteligencia de EE.UU. (CIA) revelan los apoyos de Washington a la Junta Militar del general Pinochet.

Actuación de militares chilenos durante el golpe de Estado de 1973
contra el gobierno de Salvador Allende

Los archivos secretos del asesinato de John Kennedy (expresidente de EE.UU.) recién desclasificados en Estados Unidos, según recoge el autor y analista de renombre Peter Kornbluh para el Centro de Investigación Periodística de Chile (CIPER Chile), aportan nuevos datos de la colaboración de la CIA para destituir a Salvador Allende y consolidar el régimen militar. Los documentos revelan que la CIA contó entre sus agentes chilenos con, al menos, un líder del DC (Partido Demócrata Cristiano) dos directivos de el diario El Mercurio y un alto oficial del Ejército.

También indican que la DC envió a Venezuela a tres militantes para entrenarse en explosivos y comunicaciones clandestinas. Además aportan un dato inédito: "la compra de una estación de radio –US$25.000– para hostigar al gobierno de la Unidad Popular (UP)".

Fueron mencionados por sus nombres de código: “FUBRIG-1”, “FUBRIG-2”, “FUERMINE-5”, “FUBARGAIN-1” y “FUPOCKET-1”. Bajo esas chapas se ocultaban cinco personalidades chilenas que actuaban como importantes agentes de la CIA poco después del golpe de Estado de 1973, según cables de la agencia de inteligencia estadounidense recientemente desclasificados en Estados Unidos.

Dos de ellos eran directivos del diario El Mercurio, otro ocupaba una de las máximas jerarquías de los mandos militares, el cuarto era un importante dirigente del Partido Demócrata Cristiano y el quinto pertenecía al mundo político. Todos apoyaban a la CIA en la consolidación del régimen cívico militar encabezado por Augusto Pinochet.

En septiembre de 1974, luego de que The New York Times revelara las operaciones encubiertas de la CIA –a través de un reportaje de Seymour Hersh y otros que siguieron– para desestabilizar el gobierno de Salvador Allende y asistir a los generales en la toma del poder, la estación de la CIA en Santiago contactó a cinco de sus agentes chilenos para discutir las reacciones provocadas por esas filtraciones.

Fuerzas militares disparando sobre el Palacio de la Moneda,
 sede del gobierno de la república

 También les preocupaba cómo mantener fuera del alcance público los secretos que compartían. La serie de reuniones se realizó entre el 8 y el 10 de septiembre y dieron paso a extensos informes enviados al cuartel general en Estados Unidos.

“La CIA financió secretamente huelgas sindicales y gremiales en Chile por más de 18 meses, antes de que el Presidente Salvador Allende fuera derrocado, revelaron fuentes de inteligencia estadounidenses”, así se iniciaba el impactante reportaje de Hersch en el The New York Times, en septiembre de 1974.

En el mismo reportaje, Hersch dice que sus fuentes le informaron que la mayoría de los “US$8 millones autorizados por la CIA para actividades clandestinas en Chile”, fueron utilizados en 1972 y 1973 para proveer de fondos y apoyo logístico a los huelguistas anti Allende. Entre ellos, se cita a los camioneros que participaron en el paro nacional del sector que duró 26 días (1972), “dañando la economía chilena y provocando la primera de una serie de crisis laborales para el presidente Allende”.

En otro acápite del extenso reportaje de Hersch, se dice que parte del financiamiento de la CIA fue al diario El Mercurio, “el principal medio opositor en Chile”. Una de las fuentes de Hersch le dijo: “Era la única fuerza política seria entre los diarios y las estaciones de TV en Chile”.

Dinero de la CIA para Democracia Cristiana


Bombardeo aéreo del Palacio de la Moneda

“FUERMINE-5”, uno de los agentes activos de la CIA dentro de la Democracia Cristiana, “tomó con tranquilidad las noticias sobre la revelación de US$9 mil para un viaje de los líderes del PDC. Mientras movía su cabeza sobre esa filtración, él cree que a menos que la revelación genere una investigación especifica no les causará problema” (ver cable).

El “viaje” fue un tour de relaciones públicas europeo realizado por líderes democratacristianos en octubre de 1973. Un “Truth Squad” –según la CIA– que incluyó a Enrique Krauss, Pedro Jesús Rodríguez, Juan Hamilton y Juan de Dios Carmona, para defender la necesidad del golpe de Estado, y fue financiado por la agencia de inteligencia estadounidense.

En el mismo cable ya citado se lee a continuación que “Fuermine-5” cree que “los fondos que pasaron por sus manos fueron aproximadamente US$4000, los que fueron cambiados en el mercado libre en vez de hacerlo al cambio fijado por la estación de la CIA. El siente que eso ayudará a ocultar apropiadamente la identificación incluso dentro del PDC sobre el origen de estos fondos”.

Otro de los agentes chilenos –“FUERMINE-1” – expresó su alivio en esas reuniones de que sus identidades no hubieran sido reveladas. Pero hizo ver su preocupación por el “momento excepcionalmente malo” en que aparecieron estas filtraciones. Y ello, porque según lo registra el cable desclasificado,“coincidió exactamente con la llegada de Eduardo Frei a Estados Unidos” (Frei Montalva era el dirigente máximo del PDC y expresidente de Chile).

No solo información se compartió en esas reuniones. Hubo también sospechas. “FUERMINE-1” se preguntaba “si eso (la revelación) había sido deliberada”, reportó la CIA desde Santiago, según se lee en el cable secreto del 12 de septiembre de 1974.

Ciudadanos prisioneros en el Estadio Nacional de Chile

“FUBARGAIN-1”, un alto oficial militar que se reunió con la CIA en Santiago el 10 de septiembre, también hizo explícitas sus sospechas:“La mayoría de los oficiales chilenos vio las revelaciones y el momento en que se hicieron como un intento deliberado de un sector del gobierno de Estados Unidos (aunque del Poder Legislativo) de dañar deliberadamente a la Junta y lanzar falsamente dudas sobre su independencia y rol en el derrocamiento de Allende” (ver cable).

Pero lo más importante fue que en esa reunión este agente reveló a la CIA la reacción del general Augusto Pinochet cuando fue informado de la filtración:“El 10 de septiembre, ‘FUBARGAIN-1’ dijo que el general Pinochet no parecía muy alterado”, pero comentó en su presencia que la filtración “parecería ser una tontera que había que hacer”.

En ese mismo cable se lee: “Por primera vez en nuestra relación con ‘Furbargain-1’ él mostró su descontento sobre el creciente sentimiento de incomprensión hacia el gobierno de Chile por parte del gobierno de Estados Unidos. Dijo que otros altos oficiales que han viajado a Estados Unidos y están más familiarizados con ese gobierno, podrían parcialmente entender las actuales actitudes y acciones del gobierno de Estados Unidos. 

Sin embargo, la mayoría de los oficiales jóvenes (junior) están molestos y preocupados sobre lo que ellos sienten como el fracaso de Estados Unidos de ser un ‘buen amigo’ de Chile a pesar de los importantes sacrificios realizados aquí en la lucha mundial contra el comunismo” (ver cable).

La CIA y El Mercurio


Dos de los agentes encubiertos de la CIA en Santiago que participaron de esas reuniones –“FUBRIG-1” y “FUBRIG-2” –, expresaron su preocupación por “las implicancias de los efectos de las revelaciones”.

Otro cable desclasificado, fechado en septiembre de 1974, muestra que en la estación de la CIA en Santiago compartían la preocupación de los agentes chilenos, pero por razones distintas. Según se lee en ese registro hasta ahora secreto, la inquietud se refería a los “exagerados desmentidos” hechos por El Mercurio en su cobertura sobre el financiamiento que le había proporcionado la CIA.

El descontento y la preocupación de la estación de la CIA en Santiago quedaron explícitas en el texto que se lee en otro de los cables y que también data de septiembre de 1974:

“Después de citar otras fuentes, El Mercurio concluye negando que alguna vez ha habido algún ingreso inconfesable en su historia. Los libros contables de El Mercurio fueron exhaustiva y hostilmente escrutados durante el régimen marxista sin que haya sido posible especificar irregularidades. 

Por lo tanto, El Mercurio rechaza con legítimo desprecio los cargos hechos por un estrecho colaborador de Mr. Kennedy y se siente autorizado a conjeturar que el ataque es fruto de la irresponsabilidad periodística o de la animosidad de los consejeros de un candidato presidencial que está detenido hace varios años en sus ambiciones por los cuestionamientos a su conducta moral de que ha sido objeto en su país” (ver cable).

Junta militar chilena

Los registros de la estación de la CIA sobre la cobertura de El Mercurio, dan cuenta de la preocupación que generó su despliegue: “La respuesta de El Mercurio tendrá aquí efecto neto en el aumento de más preguntas que respuestas. Este aumento de la cobertura acrecentará la presión y el posible escrutinio de los agentes de la estación envueltos; y puede afectar a aquellos no directamente involucrados. 

El 13 de septiembre ‘FUPOCKET-1’ fue interpelado aquí por un reportero de Newsweek sobre su conocimiento del financiamiento. ‘FUPOCKET-1’ negó todo conocimiento sobre el financiamiento del extranjero. Detalles en una carpeta de cables separados” (ver cable).

La magnitud del impacto que podría provocar la revelación del financiamiento encubierto entregado a El Mercurio, ocupó largamente a los agentes chilenos convocados por la estación de la CIA en Santiago para esa serie de reuniones. “‘FUBRIG-2’ estaba preocupado sobre las implicancias de los efectos de las revelaciones y opinó que el sistema en Washington debería ser cambiado para evitar filtraciones”, se lee en uno de los cables (ver cable).

“Cambiar el sistema en Washington” era una pretensión osada. Al tenor de las opiniones que vierte en esa reunión “‘FUBRIG-2’, según esos registros, queda claro que el agente de la CIA en El Mercurio no era cualquier persona: “El Mercurio pudo haber tomado esta posición, porque además de su visión de derecha, la administración actual ignora el financiamiento (CIA) que tuvo lugar cuando ‘FUBRIG-2’ dirigía el show. ‘FUBRIG-2’… (tachado en el original) dijo a COS (el jefe de la estación de la CIA en Santiago) que actualmente nadie en El Mercurio sabe de ese financiamiento” (ver cable).

Pero no solo El Mercurio recibió financiamiento de la CIA: hubo también una radio en Santiago, hecho que hasta ahora se desconocía. “FUPOCKET-1”,  otro agente chileno de la CIA involucrado en operaciones de propaganda, estaba visiblemente molesto en esos días con la filtración que reveló la compra de una estación de radio en US$25.000 muy poco después de la elección de Allende.“Nadie dentro de su grupo sabía que él le dio dinero por el lado para comprar esa estación de radio y no quedaron registros de su parte en el negocio”, reportó la CIA.“Tu gente necesita cambiar sus sistemas para que estas noticias no se escapen”, se quejó “FUPOCKET-1” (ver cable)

Muertos y desaparecidos

FUENTE: Hispantv.com
11/11/2017

Está totalmente confirmado que el gobierno estadounidense financió el cruento golpe de Estado en Chile. Lo hizo en beneficio de sus propios interes y de los la clase dominante chilena. 

Y es que, con tal de no perder ni un ápice de poder, son capaces de matar a quienes sea. Les importa una mierda que hayan sido elegidos democráticamente por el pueblo soberano, porque siempre se han pasado la voluntad popular por el forro de los cojones. Pero llegará un día -téngalo claro- en que esa situación se revertirá.

Cuando la ciudadanía ya no aguante más y se eché en masa a las calles, el Estado no tendrá suficientes soldados ni policías para detener la imparable avalancha de su justa cólera. Tiempo al tiempo.

UNA ÚLTIMA NOTA: El golpe de estado de Chile y los siguientes años de dictadura militar provocaron más de 40.000 víctimas entre la población; de ellas 3.065 fueron muertes o desapariciones; el resto, torturas, abusos, violaciones, etc.

13/9/19

46 ANIVERSARIO DEL GOLPE DE ESTADO EN CHILE QUE DERROCÓ A SALVADOR ALLENDE

Pinochet, el triunfo del fascismo de mercado y su admiración mutua con el general Franco

El doctor en Historia Mario Amorós publica 'Pinochet. Biografía militar y política', una obra que aspira a convertirse en una referencia mundial para estudiar la figura del dictador chileno desde sus inicios en el Ejército hasta sus últimos días de vida.

El general Augusto Pinochet (l), jefe de la junta militar chilena, saluda el 11 de septiembre de 1973 en Santiago, poco después de la muerte del presidente Allende, elegido en las urnas.- AFP
El general Augusto Pinochet, jefe de la junta militar chilena
tras el golpe de estado y muerte del presidente Salvador Allende.
AFP

Era el 11 de septiembre de 1973. La República de Chile era la democracia más avanzada de América Latina, pero el contexto internacional era complicado. Muy complicado. Tres años antes, el candidato de la Unidad Popular, Salvador Allende, se había impuesto en las elecciones presidenciales con su "vía pacífica al socialismo".

Pero Estados Unidos tenía muy claro que la Unidad Popular no podía triunfar. Lo había dejado clarísimo su secretario de Estado, Henry Kissinger durante una reunión del Consejo para la Seguridad Nacional celebrada en 1970:

Henry Kissinger

"El éxito de un gobierno marxista elegido por el pueblo constituiría un claro ejemplo (e incluso un precedente) para otras partes del mundo".

Ahí mismo, en 1970, comenzaron los ataques a la economía chilena para aislarla, debilitarla y desestabilizarla hasta hacer de Chile un país ingobernable. "Pero Allende resistía". La Unidad Popular seguía en el poder y conservaba el apoyo social. Fue entonces, un 11 de septiembre, cuando se recurrió a la violencia. A las armas. A la sangre. Cuando el Ejército de Chile conquistó su propio país y Allende se quitó la vida acorralado en el Palacio de la Moneda. "La historia es nuestra y la hacen los pueblos", lanzó el socialista en su último mensaje a la nación chilena.

El ejército chileno atacando el palacio de la Moneda,
sede del gobierno del país, el 11 de septiembre de 1973

"Ese 11 de septiembre de 1973 se consumó la infamia". Un acto de guerra, como el bombardeo del palacio de La Moneda, acababa con la democracia chilena. Se prohibían los partidos políticos, se suprimían las libertades y derechos de la ciudadanía. Llegaba el exilio y la represión sistemática. También se acababa el control de precios, el reparto de leche en colegios y la protección laboral de los trabajadores.

Se imponía el imperio del terror. En la cúspide de la brutal dictadura y como cara visible se fue imponiendo la figura de Augusto Pinochet, el que había sido jefe máximo de las Fuerzas Armadas durante la presidencia de Allende. El militar se presentaba así ante el mundo como un paradigma de dictador despiadado y entronizado desde la traición. Como escribió el histotriador Josep Fontana, "Pinochet simbolizó, como nadie, la imagen del fascismo en América Latina".
Portada del libro 'Pinochet. Biografía militar y política' (Ediciones B)

Ahora, cuando se cumplen 46 años de este momento clave, el doctor en Historia por la Universidad de Barcelona, Mario Amorós publica "Pinochet. Biografía militar y política (Ediciones B)", la primera biografía histórica del dictador fundamentada en archivos y bibliotecas de cuatro países diferentes, cientos de artículos y referencias en prensa, discursos, entrevistas, testimonios y opiniones de familiares y colaboradores. En definitiva, una obra de más de 800 páginas que aspira a convertirse en referencia mundial para tratar una de las figuras del siglo XX: Augusto Pinochet.

El título llega, además, en un momento nuevamente complicado. Líderes como Jair Bolsonaro, presidente de Brasil, se han mostrado a favor de Pinochet y de su golpe de Estado. También seguidores de Donald Trump, que han escogido su nombre para una polémica camiseta que lleva como lema Pinochet no hizo nada malo!" y en cuya parte posterior se ve a "un helicóptero lanzando personas al vacío". E incluso Vox, en España, ha establecido contacto con José Antonio Kast, líder de la ultraderecha chilena. Así, la ola reaccionaria que recorre el mundo trata de recuperar para sí la figura de Pinochet.


El golpe de Estado del 11 de septiembre no sería un acto de guerra sino "una intervención para salvar a Chile del comunismo". Pinochet no sería un dictador sino un gobernante autoritario que, a través de la Constitución de 1980, se puso límites. En definitiva, Pinochet habría sentado las bases para un Chile moderno. Quizá por ello la obra de Amorós es ahora más imprescindible que nunca. La Historia frente al olvido, frente a la manipulación. "Pinochet simboliza la imagen del fascismo en América Latina". Pero en este caso no hablamos del fascismo de la Europa de entreguerras. Se trata de un fascismo de mercado.

"El golpe en Chile fue el golpe de una clase social, la burguesía, que se sirvió de la fuerza del Ejército para aplastar a las organizaciones de izquierdas e implantar un modelo neoliberal de economía de la manera más descarnada", explica Amorós a Público. El autor, de hecho, describe a Pinochet como "un dictador despiadado que demostró una insaciable ambición de poder". Y su instrumento fue el terror, puesto que no vaciló en desencadenar la única guerra en la que participó a lo largo de su vida:

"la guerra contra un pueblo desarmado", 
escribe Amorós.

El exdictador chileno Augusto Pinochet ante sus tropas en 1975 - REUTERS

Así, la represión de la dictadura chilena sirvió también para convertir a Chile en el "laboratorio mundial del neoliberalismo". El dictador cedió en 1975 el timón económico del país a un grupo de jóvenes profesionales formados en la Universidad de Chicago y que aplicaron las recetas neoliberales de Milton Friedman y Arnold Harberger.


En definitiva, la dictadura chilena llevó a cabo una "contrarrevolución capitalista" en toda regla que deshizo el proceso de nacionalizaciones iniciado por Allende, devolvió a sus antiguos propietarios las tierras ocupadas por los campesinos, liberalizó los precios, redujo el gasto público en más de un 25% y derogó leyes que impedían los despidos de los trabajadores. Todo ello fue recomendado por los Chicago Boys y por el "plan diseñado por Friedman para Chile". El plan contó conla represión y la violencia como principal apoyo.


Milton Friedman

"El 'milagro chileno' de los Chicago Boys, tan exaltado por determinados sectores, supuso que, tras su derrota en el plebiscito de 1988, el 11 de marzo de 1990, Pinochet entregara un país que "tenía al 40% de su población en la pobreza más absoluta". Y sus efectos se dejan sentir hasta el día de hoy "con unas pensiones miserables, una atención sanitaria adecuada solo para quienes pueden pagarla, la enseñanza superior más cara de América Latina y una brecha social de las más acusadas del mundo", denuncia Amorós.

Una admiración mutua entre dictadores

 Augusto Pinochet - Francisco Franco

El terror generado por Pinochet llegó a tal punto que, según documento del Ministerio de Asuntos Exteriores, el embajador español en Chile, Enrique Pérez-Hernández, le recomendó al dictador chileno "moderación y clemencia" y le señaló que la represión contra la izquierda estaba siendo "muy dura". Pinochet, según esta documentación, aseguró al funcionario español que tendría cuidado, especialmente, con casos concretos "como el de Neruda".Otro documento de la diplomacia española hacía un balance de cómo era la situación en Chile en aquellos días: "La situación está absolutamente controlada por la Junta de Gobierno; pero a punta de bayonetas y metralletas".

"La represión ha sido dura y continúa siéndolo. Alguien ha visto que no menos de 200 muertos son llevados al depósito de cadáveres cada noche e, incluso, nuestro Embajador ha llegado a verlos de día. El número de muertos se calcula que es de unos 4.000, de los que la mitad lo han sido en combates y la otra mitad fusilados sin juicio previo", informaba la diplomacia española.
El rey Juan Carlos junto a Augusto Pinochet

Sin embargo, mientras la diplomacia informaba al régimen franquista de las "graves violaciones de Derechos Humanos cometidas en Chile", el dictador español se carteaba con el chileno. Sólo un día después del golpe de Estado en Chile, Pinochet enviaba una carta a Francisco Franco para comunicarle la sustitución del embajador de Chile en España y transmitirle una admiración, que según Amorós, era mutua: "Os ruego aceptéis los sinceros votos que formulamos por el bienestar de Vuestra Excelencia y por la grandeza de España".

De hecho, dos años después, el 18 de septiembre de 1975, apenas dos meses antes de la muerte de Franco, el jefe del Estado Mayor del Ejército español, el teniente general Emilio Villaescusa, entregaba a Pinochet, en nombre de Franco, "la máxima distinción del Ejército español en tiempos de paz, la Gran Cruz al Mérito Militar".


Gran Cruz al Mérito Militar con distintivo blanco

La muerte de Franco estaba cerca, pero la correspondencia entre ambos aún no había finalizado. El 27 de septiembre, Franco ejecutaría los últimos cinco fusilamientos de la dictadura. "Tres miembros de ETA y dos del FRAP" serían fusilados tras unos consejos de guerra sin las más mínimas garantías procesales. El mundo daba la espalda al régimen de Franco. Pero Pinochet, aplaudía: "Estoy cierto que de esta dura prueba emergerá una España aún más fuerte, unida y respetada por la fortaleza de sus convicciones y la reciedumbre de sus actitudes y abrigo la esperanza de que en el futuro se valorizará mejor el esfuerzo de los pueblos de carácter para forjar su destino propio".

La carta sería contestada por el dictador español en los siguientes términos: "No podemos tolerar que la maquinación urdida por organizaciones enemigas de nuestra patria comprometa el normal desarrollo, en paz y prosperidad, de nuestro pueblo y es deber del gobernante preservar la paz y la seguridad de su país contra aquellos que subvierten el orden público poniendo en peligro la estabilidad y el sosiego de la sociedad”.


Esta fue la última comunicación establecida entre Franco y Pinochet. El español moriría el 20 de noviembre de ese mismo año y el chileno acudiría a España a su funeral. Llegó el día 21. Viernes. A los pies del avión le recibía Juan Carlos, heredero del dictador. Se dieron un abrazo. "En estos momentos Franco ha pasado a la historia, es un Caudillo que nos ha mostrado el camino a seguir en la lucha contra el comunismo", declaró Pinochet tras reunirse unos minutos con el que sería proclamado poco después rey de España.

Paralelismos entre ambas dictaduras

Militares chilenos golpistas

La admiración que Pinochet sentía hacia el dictador Franco también se dejó ver en aquellos días en los que se enterraba al autoproclamado "caudillo" de España. El asesor del dictador chileno Federico Willoughby-MacDonald leyó un comunicado en el que establecía paralelismos con la dictadura española: "España durante mucho tiempo ha sufrido como nosotros sufrimos hoy el intento perverso del marxismo que siembra el odio y pretende cambiar los valores espirituales por un mundo materialista y ateo. El coraje y la fe que han engrandecido a España inspiran también nuestra lucha actual...".

De hecho, Pinochet siguió una estrategia parecida a la de Franco para justificar, con el paso de los años, su participación en el golpe de Estado. "En Pinochet se aprecia un providencialismo presente. Tal y como hizo Franco, prácticamente justificó el golpe para salvar a Chile del comunismo. Sólo le faltó autoproclamarse Caudillo de Chile por la gracia de Dios", cuenta Amorós.

23 de noviembre de 1975. De izquierda a derecha, el vicepresidente dominicano, Rafael Gosico Morales, Imelda Marcos y Augusto Pinochet junto a su esposa participan del funeral de Franco. EFE
El vicepresidente dominicano, Rafael Gosico Morales, Imelda Marcos
 y Augusto Pinochet junto a su esposa en el funeral de Franco. EFE

Las similitudes son importantes. Pinochet, como Franco, no fue el instigador del golpe de Estado sino que se sumó al mismo a última hora, y fue lo suficientemente listo para imponer su poder al resto de militares golpistas. Pinochet, como Franco, justificó su golpe de Estado como un "deber patriótico" para salvar a Chile de las garras del comunismo y ante el riesgo de "quebrantar la unidad nacional". Los golpistas chilenos, como los españoles, contactaron con una potencia extranjera (Brasil) para tener armamento de guerra en caso de que el golpe de Estado fracasara y se llegara a una Guerra Civil, como en España. Y Pinochet, como Franco, se esforzó mucho en mantener una propaganda que le situara como "una especie de enviado de Dios" para salvar a su país.

De hecho, el mismo dictador chileno confesó al presidente del Cabildo de Gran Canaria, Lorenzo Olarte, el 24 de noviembre de 1975, en su escala de regreso a Chile, que le gustaría que en su país se construyera un "Valle de los Caídos" que le recordara para la posteridad, tal y como escribió el periodista Fernando Olmeda en la obra "El Valle de los Caídos. Una memoria de España".


Y así, tal y como relata Amorós, el fascismo español consideró a Pinochet como "uno de los suyos". La admiración se comprobó en las Cortes durante la ceremonia de juramento y proclamación de Juan Carlos de Borbón como rey de EspañaEl dictador chileno fue aclamado por el público apostado en la calle como cuando se sentó en el Congreso: "Particularmente, los militantes de Falange le vitoreaban y le lanzaban sus boinas rojas. Con toda razón el fascismo español le contaba entre uno de los suyos"

Sin embargo, el dictador chileno no tuvo su Valle de los Caídos. Sus cenizas permanecen enterradas en una capilla de una parcela privada de la familia Pinochet en Los Boldos, en el litoral central de Chile, bajo una lápida de mármol. En España, mientras tanto, "Franco continúa en el Valle de los Caídos" y el Tribunal Supremo hará público el próximo 24 de septiembre si permite su exhumación o no.


FUENTE:
Alejandro Torrús
Madrid - 11/09/2019

Lo que resulta inadmisible es que Pinochet llegara a estar hospitalizado en Londres y, una vez finalizado el tratamiento, lo dejaran regresar tranquilamente a su país sin entregarlo al Tribunal de Justicia Penal Internacional de La Haya. Lo que demuestra que todo es un merecumbé.

¡Ah! ¿Saben ustedes que era lo que más unía a Franco y Pinochet? Pues la fe... la fe católica.