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2/5/20

METIENDO EL DEDO EN EL OJO


Carlos Herrera recrimina a Sánchez que no se ponga corbata negra, y los tuiteros le recuerdan su infame selfie en París

Carlos Herrera

"Es que ni una mísera corbata de duelo": con estas palabras, el presentador Carlos Herrera (que al parecer aún no se ha exiliado a Somalia), cargaba este lunes contra el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en la cadena de los obispos, la Cadena Cope.

En el monólogo de su programa, Herrera en Cope, acusaba al Gobierno de "falta de empatía", alabando a la vez la imagen de las lágrimas de la presidenta de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, durante una misa: "Una imagen emotiva". Según Herrera, el presidente "ha escogido alejarse de las víctimas".

Isabel Díaz Ayuso

Las acusaciones de Herrera han despertado multitud de comentarios en las redes, muy especialmente su frase, "es que ni una mísera corbata de duelo".

Además de las críticas, muchos han decidido recordar su polémico 'selfie' frente a la sala Bataclan, en París, donde mataron a casi un centenar de personas.


¿Por qué corbatas pudiendo ser selfies con cara de interesante?


Algunos acudieron al Congreso de riguroso luto

Llevar corbatas negras o soltar lagrimitas en misa, no creo que arregle nada.

Y en caso de que se avinieran a ello, les acusaríais de 'teatreros'  echando bilis de igual modo.

Lo vuestro es odio ideológico.

 BUZZ

FUENTE: publico.es
Tremending
28/04/2020


Y da igual qué tipo de ojo. La cosa es hacer daño,  pero siempre bajo la pátina de la santurronería.

¡Ah! y muy respetuosa la corbata de Herrera con las víctimas de la Sala Bataclán.

13/9/19

46 ANIVERSARIO DEL GOLPE DE ESTADO EN CHILE QUE DERROCÓ A SALVADOR ALLENDE

Pinochet, el triunfo del fascismo de mercado y su admiración mutua con el general Franco

El doctor en Historia Mario Amorós publica 'Pinochet. Biografía militar y política', una obra que aspira a convertirse en una referencia mundial para estudiar la figura del dictador chileno desde sus inicios en el Ejército hasta sus últimos días de vida.

El general Augusto Pinochet (l), jefe de la junta militar chilena, saluda el 11 de septiembre de 1973 en Santiago, poco después de la muerte del presidente Allende, elegido en las urnas.- AFP
El general Augusto Pinochet, jefe de la junta militar chilena
tras el golpe de estado y muerte del presidente Salvador Allende.
AFP

Era el 11 de septiembre de 1973. La República de Chile era la democracia más avanzada de América Latina, pero el contexto internacional era complicado. Muy complicado. Tres años antes, el candidato de la Unidad Popular, Salvador Allende, se había impuesto en las elecciones presidenciales con su "vía pacífica al socialismo".

Pero Estados Unidos tenía muy claro que la Unidad Popular no podía triunfar. Lo había dejado clarísimo su secretario de Estado, Henry Kissinger durante una reunión del Consejo para la Seguridad Nacional celebrada en 1970:

Henry Kissinger

"El éxito de un gobierno marxista elegido por el pueblo constituiría un claro ejemplo (e incluso un precedente) para otras partes del mundo".

Ahí mismo, en 1970, comenzaron los ataques a la economía chilena para aislarla, debilitarla y desestabilizarla hasta hacer de Chile un país ingobernable. "Pero Allende resistía". La Unidad Popular seguía en el poder y conservaba el apoyo social. Fue entonces, un 11 de septiembre, cuando se recurrió a la violencia. A las armas. A la sangre. Cuando el Ejército de Chile conquistó su propio país y Allende se quitó la vida acorralado en el Palacio de la Moneda. "La historia es nuestra y la hacen los pueblos", lanzó el socialista en su último mensaje a la nación chilena.

El ejército chileno atacando el palacio de la Moneda,
sede del gobierno del país, el 11 de septiembre de 1973

"Ese 11 de septiembre de 1973 se consumó la infamia". Un acto de guerra, como el bombardeo del palacio de La Moneda, acababa con la democracia chilena. Se prohibían los partidos políticos, se suprimían las libertades y derechos de la ciudadanía. Llegaba el exilio y la represión sistemática. También se acababa el control de precios, el reparto de leche en colegios y la protección laboral de los trabajadores.

Se imponía el imperio del terror. En la cúspide de la brutal dictadura y como cara visible se fue imponiendo la figura de Augusto Pinochet, el que había sido jefe máximo de las Fuerzas Armadas durante la presidencia de Allende. El militar se presentaba así ante el mundo como un paradigma de dictador despiadado y entronizado desde la traición. Como escribió el histotriador Josep Fontana, "Pinochet simbolizó, como nadie, la imagen del fascismo en América Latina".
Portada del libro 'Pinochet. Biografía militar y política' (Ediciones B)

Ahora, cuando se cumplen 46 años de este momento clave, el doctor en Historia por la Universidad de Barcelona, Mario Amorós publica "Pinochet. Biografía militar y política (Ediciones B)", la primera biografía histórica del dictador fundamentada en archivos y bibliotecas de cuatro países diferentes, cientos de artículos y referencias en prensa, discursos, entrevistas, testimonios y opiniones de familiares y colaboradores. En definitiva, una obra de más de 800 páginas que aspira a convertirse en referencia mundial para tratar una de las figuras del siglo XX: Augusto Pinochet.

El título llega, además, en un momento nuevamente complicado. Líderes como Jair Bolsonaro, presidente de Brasil, se han mostrado a favor de Pinochet y de su golpe de Estado. También seguidores de Donald Trump, que han escogido su nombre para una polémica camiseta que lleva como lema Pinochet no hizo nada malo!" y en cuya parte posterior se ve a "un helicóptero lanzando personas al vacío". E incluso Vox, en España, ha establecido contacto con José Antonio Kast, líder de la ultraderecha chilena. Así, la ola reaccionaria que recorre el mundo trata de recuperar para sí la figura de Pinochet.


El golpe de Estado del 11 de septiembre no sería un acto de guerra sino "una intervención para salvar a Chile del comunismo". Pinochet no sería un dictador sino un gobernante autoritario que, a través de la Constitución de 1980, se puso límites. En definitiva, Pinochet habría sentado las bases para un Chile moderno. Quizá por ello la obra de Amorós es ahora más imprescindible que nunca. La Historia frente al olvido, frente a la manipulación. "Pinochet simboliza la imagen del fascismo en América Latina". Pero en este caso no hablamos del fascismo de la Europa de entreguerras. Se trata de un fascismo de mercado.

"El golpe en Chile fue el golpe de una clase social, la burguesía, que se sirvió de la fuerza del Ejército para aplastar a las organizaciones de izquierdas e implantar un modelo neoliberal de economía de la manera más descarnada", explica Amorós a Público. El autor, de hecho, describe a Pinochet como "un dictador despiadado que demostró una insaciable ambición de poder". Y su instrumento fue el terror, puesto que no vaciló en desencadenar la única guerra en la que participó a lo largo de su vida:

"la guerra contra un pueblo desarmado", 
escribe Amorós.

El exdictador chileno Augusto Pinochet ante sus tropas en 1975 - REUTERS

Así, la represión de la dictadura chilena sirvió también para convertir a Chile en el "laboratorio mundial del neoliberalismo". El dictador cedió en 1975 el timón económico del país a un grupo de jóvenes profesionales formados en la Universidad de Chicago y que aplicaron las recetas neoliberales de Milton Friedman y Arnold Harberger.


En definitiva, la dictadura chilena llevó a cabo una "contrarrevolución capitalista" en toda regla que deshizo el proceso de nacionalizaciones iniciado por Allende, devolvió a sus antiguos propietarios las tierras ocupadas por los campesinos, liberalizó los precios, redujo el gasto público en más de un 25% y derogó leyes que impedían los despidos de los trabajadores. Todo ello fue recomendado por los Chicago Boys y por el "plan diseñado por Friedman para Chile". El plan contó conla represión y la violencia como principal apoyo.


Milton Friedman

"El 'milagro chileno' de los Chicago Boys, tan exaltado por determinados sectores, supuso que, tras su derrota en el plebiscito de 1988, el 11 de marzo de 1990, Pinochet entregara un país que "tenía al 40% de su población en la pobreza más absoluta". Y sus efectos se dejan sentir hasta el día de hoy "con unas pensiones miserables, una atención sanitaria adecuada solo para quienes pueden pagarla, la enseñanza superior más cara de América Latina y una brecha social de las más acusadas del mundo", denuncia Amorós.

Una admiración mutua entre dictadores

 Augusto Pinochet - Francisco Franco

El terror generado por Pinochet llegó a tal punto que, según documento del Ministerio de Asuntos Exteriores, el embajador español en Chile, Enrique Pérez-Hernández, le recomendó al dictador chileno "moderación y clemencia" y le señaló que la represión contra la izquierda estaba siendo "muy dura". Pinochet, según esta documentación, aseguró al funcionario español que tendría cuidado, especialmente, con casos concretos "como el de Neruda".Otro documento de la diplomacia española hacía un balance de cómo era la situación en Chile en aquellos días: "La situación está absolutamente controlada por la Junta de Gobierno; pero a punta de bayonetas y metralletas".

"La represión ha sido dura y continúa siéndolo. Alguien ha visto que no menos de 200 muertos son llevados al depósito de cadáveres cada noche e, incluso, nuestro Embajador ha llegado a verlos de día. El número de muertos se calcula que es de unos 4.000, de los que la mitad lo han sido en combates y la otra mitad fusilados sin juicio previo", informaba la diplomacia española.
El rey Juan Carlos junto a Augusto Pinochet

Sin embargo, mientras la diplomacia informaba al régimen franquista de las "graves violaciones de Derechos Humanos cometidas en Chile", el dictador español se carteaba con el chileno. Sólo un día después del golpe de Estado en Chile, Pinochet enviaba una carta a Francisco Franco para comunicarle la sustitución del embajador de Chile en España y transmitirle una admiración, que según Amorós, era mutua: "Os ruego aceptéis los sinceros votos que formulamos por el bienestar de Vuestra Excelencia y por la grandeza de España".

De hecho, dos años después, el 18 de septiembre de 1975, apenas dos meses antes de la muerte de Franco, el jefe del Estado Mayor del Ejército español, el teniente general Emilio Villaescusa, entregaba a Pinochet, en nombre de Franco, "la máxima distinción del Ejército español en tiempos de paz, la Gran Cruz al Mérito Militar".


Gran Cruz al Mérito Militar con distintivo blanco

La muerte de Franco estaba cerca, pero la correspondencia entre ambos aún no había finalizado. El 27 de septiembre, Franco ejecutaría los últimos cinco fusilamientos de la dictadura. "Tres miembros de ETA y dos del FRAP" serían fusilados tras unos consejos de guerra sin las más mínimas garantías procesales. El mundo daba la espalda al régimen de Franco. Pero Pinochet, aplaudía: "Estoy cierto que de esta dura prueba emergerá una España aún más fuerte, unida y respetada por la fortaleza de sus convicciones y la reciedumbre de sus actitudes y abrigo la esperanza de que en el futuro se valorizará mejor el esfuerzo de los pueblos de carácter para forjar su destino propio".

La carta sería contestada por el dictador español en los siguientes términos: "No podemos tolerar que la maquinación urdida por organizaciones enemigas de nuestra patria comprometa el normal desarrollo, en paz y prosperidad, de nuestro pueblo y es deber del gobernante preservar la paz y la seguridad de su país contra aquellos que subvierten el orden público poniendo en peligro la estabilidad y el sosiego de la sociedad”.


Esta fue la última comunicación establecida entre Franco y Pinochet. El español moriría el 20 de noviembre de ese mismo año y el chileno acudiría a España a su funeral. Llegó el día 21. Viernes. A los pies del avión le recibía Juan Carlos, heredero del dictador. Se dieron un abrazo. "En estos momentos Franco ha pasado a la historia, es un Caudillo que nos ha mostrado el camino a seguir en la lucha contra el comunismo", declaró Pinochet tras reunirse unos minutos con el que sería proclamado poco después rey de España.

Paralelismos entre ambas dictaduras

Militares chilenos golpistas

La admiración que Pinochet sentía hacia el dictador Franco también se dejó ver en aquellos días en los que se enterraba al autoproclamado "caudillo" de España. El asesor del dictador chileno Federico Willoughby-MacDonald leyó un comunicado en el que establecía paralelismos con la dictadura española: "España durante mucho tiempo ha sufrido como nosotros sufrimos hoy el intento perverso del marxismo que siembra el odio y pretende cambiar los valores espirituales por un mundo materialista y ateo. El coraje y la fe que han engrandecido a España inspiran también nuestra lucha actual...".

De hecho, Pinochet siguió una estrategia parecida a la de Franco para justificar, con el paso de los años, su participación en el golpe de Estado. "En Pinochet se aprecia un providencialismo presente. Tal y como hizo Franco, prácticamente justificó el golpe para salvar a Chile del comunismo. Sólo le faltó autoproclamarse Caudillo de Chile por la gracia de Dios", cuenta Amorós.

23 de noviembre de 1975. De izquierda a derecha, el vicepresidente dominicano, Rafael Gosico Morales, Imelda Marcos y Augusto Pinochet junto a su esposa participan del funeral de Franco. EFE
El vicepresidente dominicano, Rafael Gosico Morales, Imelda Marcos
 y Augusto Pinochet junto a su esposa en el funeral de Franco. EFE

Las similitudes son importantes. Pinochet, como Franco, no fue el instigador del golpe de Estado sino que se sumó al mismo a última hora, y fue lo suficientemente listo para imponer su poder al resto de militares golpistas. Pinochet, como Franco, justificó su golpe de Estado como un "deber patriótico" para salvar a Chile de las garras del comunismo y ante el riesgo de "quebrantar la unidad nacional". Los golpistas chilenos, como los españoles, contactaron con una potencia extranjera (Brasil) para tener armamento de guerra en caso de que el golpe de Estado fracasara y se llegara a una Guerra Civil, como en España. Y Pinochet, como Franco, se esforzó mucho en mantener una propaganda que le situara como "una especie de enviado de Dios" para salvar a su país.

De hecho, el mismo dictador chileno confesó al presidente del Cabildo de Gran Canaria, Lorenzo Olarte, el 24 de noviembre de 1975, en su escala de regreso a Chile, que le gustaría que en su país se construyera un "Valle de los Caídos" que le recordara para la posteridad, tal y como escribió el periodista Fernando Olmeda en la obra "El Valle de los Caídos. Una memoria de España".


Y así, tal y como relata Amorós, el fascismo español consideró a Pinochet como "uno de los suyos". La admiración se comprobó en las Cortes durante la ceremonia de juramento y proclamación de Juan Carlos de Borbón como rey de EspañaEl dictador chileno fue aclamado por el público apostado en la calle como cuando se sentó en el Congreso: "Particularmente, los militantes de Falange le vitoreaban y le lanzaban sus boinas rojas. Con toda razón el fascismo español le contaba entre uno de los suyos"

Sin embargo, el dictador chileno no tuvo su Valle de los Caídos. Sus cenizas permanecen enterradas en una capilla de una parcela privada de la familia Pinochet en Los Boldos, en el litoral central de Chile, bajo una lápida de mármol. En España, mientras tanto, "Franco continúa en el Valle de los Caídos" y el Tribunal Supremo hará público el próximo 24 de septiembre si permite su exhumación o no.


FUENTE:
Alejandro Torrús
Madrid - 11/09/2019

Lo que resulta inadmisible es que Pinochet llegara a estar hospitalizado en Londres y, una vez finalizado el tratamiento, lo dejaran regresar tranquilamente a su país sin entregarlo al Tribunal de Justicia Penal Internacional de La Haya. Lo que demuestra que todo es un merecumbé.

¡Ah! ¿Saben ustedes que era lo que más unía a Franco y Pinochet? Pues la fe... la fe católica.
 

26/5/19

POLÍTICA BASURA

Cómo combatir la política basura de la derecha


Con la política está pasando lo mismo que con la televisión. Cuando crees que se han rebasado todos los límites de lo zafio, aparecen nuevos personajes que sorprenden por su capacidad de elevar el listón de la vulgaridad.

El "estilo Telecinco" llevado a la política ha conseguido que José María Aznar o Rafael Hernando parezcan un dechado de mesura en sus actitudes, comparado con el tono barriobajero de quienes les han tomado el relevo.

Esa delgadita marquesa con cara de asco insultando a Carmena en el peor estilo no tiene nada que envidiar a Belén Esteban durante sus mejores actuaciones estelares en una tele para cuya programación se inventó el término telebasura, que ya se ha quedado corto. ¿Telebazofia? ¿Teleespanto? ¿Teleinfamia?.


Si la campaña de las generales me dejó exhausto tras el cúmulo de barbaridades que pudimos escuchar a Casado o a Rivera (de los otros ultraderechistas no quiero ni hablar), estas dos semanas de mayo previas a la convocatoria electoral del domingo 26 me tienen desesperado.

Necesito que acabe ya esta pesadilla, por favor. Lo peor no es el estilo, ni la mala educación, ni siquiera las barbaridades que profieren a diario, "lo peor es lo desnudos que se les ve: desnudos de conocimientos, de argumentos, de vergüenza, carentes del empaque mínimo exigible para los puestos que ocupan".

¿Estos mindundis son los que aspiran a representarnos a todos? ¿De verdad quieren que se les respete cuando lo que mejor transmiten es la falta de respeto que le tienen ellos a nuestra inteligencia? ¿En qué momento empezó a irse todo al carajo como para que los partidos políticos de la derecha hayan quedado en manos de semejantes chisgarabises?

Alberto Rivera y Pablo Casado

"Si estos son los que tienen para dar la cara ¿cómo serán los que andan en la trastienda?" No es que no demuestren altura intelectual, que por supuesto no la tienen, sino que además carecen de reflejos para salir al paso con una mínima habilidad de las novedades a las que tienen que hacer frente a diario. No saben improvisar y cuando lo hacen da pena la pobreza de sus argumentos. 

“Hoy se ha premiado a la señora Batet cuando es una persona que ha defendido un referéndum de secesión en Catalunya”, dijo ayer la ciudadana Arrimadas cuando se enteró de la persona propuesta para la presidencia del Congreso. Vamos a ver, doña Inés, ¿no se cansa usted de ese absurdo raca-raca en el que jamás existe una propuesta, sino solo una batería de protestas con frases hechas?

“Una vez más, el gobierno de España va a estar en manos de Ezquerra”, decía Casado al glosar la propuesta de los catalanes Batet y Cruz para presidir las cámaras. Si centrar en Cataluña el mayor porcentaje de invectivas, apostar por mantener a políticos en la cárcel y por el estado de excepción con el 155, les proporcionó tan escasa renta en las generales, ¿cómo es posible que no se bajen del burro de una vez?


Las encuestas les dicen que el camino es el diálogo y ellos continúan empeñados en la confrontación. Se entiende, y además están en su derecho, que Casado y Rivera no quieran que su abstención sirva para hacer presidente a Pedro Sánchez, pero ¿para justificar eso han de ir de mitin en mitin superando cada día, tanto ellos como sus adláteres, la chorrada que soltaron el día anterior?

(A mi juicio, dicho sea de paso, Ábalos tampoco estuvo fino este viernes cuando reclamó la abstención de la derecha amparándose en la ayuda que los golpistas de su partido, tras defenestrar a Sánchez de la secretaría general, otorgaron a Rajoy para que pudiera ser presidente).

Espero que el Partido Socialista no se deje intimidar por estos mequetrefes ni por quienes los sostienen, y ponga en marcha cuanto antes el mandato recibido el 28 de Abril de las urnas: distensión, búsqueda de entendimiento, serenidad, crispación cero…

Pedro Sánchez

En esa línea, sería un buen camino dar por acabado de una vez el período de prisión provisional para los nueve políticos catalanes que están siendo juzgados en el Tribunal Supremo y que continúan privados de libertad después de año y medio. Ya está bien, ¿no?

Que no me digan que no se puede hacer nada, que no me lo creo. Las fotos de esta semana que entra, cuando cinco de ellos lleguen a las Cámaras en furgones policiales, marcará para siempre la historia de España. "Serán unas imágenes absurdas, surrealistas que darán la vuelta al mundo" y contribuirán a aumentar las ínfulas de tanto profeta del cuanto peor mejor como abunda en un lado y en otro.

Espero que la razón para no apostar por la libertad provisional de los políticos catalanes no sea el miedo a esta derecha que copia en sus manifestaciones públicas los modos y maneras de la televisión más infecta. ¿Hace falta decir aquí que, haga lo que haga el gobierno, la Fiscalía o el Supremo; Casado y Rivera van a seguir apostando por la política basura, la bazofia y la infamia?


FUENTE: publico.es
Las carga el diablo
Juan Tortosa
18/05/2019