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20/8/19

BOMBAS ATÓMICAS

¿Por qué Hiroshima y Nagasaki no son ciudades fantasma como Chernóbil?

Se ha extendido el bulo de que las bombas atómicas estadounidenses no llegaron a lanzarse en Japón porque en esas ciudades se puede vivir y en Chernóbil no. Lo cierto es que la explosión de la planta nuclear "puso 400 veces más material radiactivo en la atmósfera de la Tierra que la bomba atómica", siendo este uno de los motivos por los que no es habitable. 

'Hongo' creado tras la explosión de la bomba nuclear de Hiroshima (izq) y el resultante tras el ataque a Nagasaki (der), el 6 y el 9 de agosto de 1945. WIKI
'Hongos' creados tras la explosión de las bombas nucleares de Hiroshima (izq) 
y Nagasaki (der), el 6 y el 9 de agosto de 1945, respectivamente. 

Existe un bulo cada vez más extendido en las redes sociales que niega que hace 74 años, se lanzara una bomba atómica. ¿La prueba definitiva? Que en Hiroshima y Nagasaki se puede vivir y en Chernóbil, no.

El 6 de agosto de 1945, el bombardero estadounidense "Enola Gay" dejó caer sobre Hiroshima a "Little Boy", una bomba que sería el primer ataque nuclear de la historia. Solo tres días después, "Fat Man" arrasaba Nagasaki.

"Little Boy" y "Fat Man"

Se calcula que el ataque nuclear acabó con la vida de unas 200.000 personas, según datos de la ONU, pero la evidencia no impide que vídeos y artículos especulen con que estas bombas eran incendiarias y de napalm y "que todo fue un montaje de Estados Unidos para exhibir su poder tras la Segunda Guerra Mundial".

Sus argumentos

Hirosima en la actualidad

El principal argumento de los escépticos es que Hiroshima y Nagasaki permanecen habitadas cuando, en teoría, la radiación generada por el ataque nuclear debería haber dejado tras de sí ciudades fantasma como Chernóbil. ¿Por qué no ha ocurrido lo mismo en ambas catástrofes?

Lo cierto es que el accidente de Chernóbil produjo, tanto inicialmente como a lo largo del tiempo, "una cantidad mucho mayor de materiales radiactivos debido a la naturaleza de la reacción", a los niveles de radiación de estos materiales y a que la explosión de la central ocurrió a nivel de suelo.

Chernóbil en la actualidad

Los distintos efectos de la radiación se explican por el desarrollo de los acontecimientos en tres fases: "antes, durante y después de la explosión".

Antes de la explosión


El reactor de Chernóbil estaba pensado para producir "plutonio para bombas atómicas y energía eléctrica". Las centrales nucleares normales “no explotan porque están hechas únicamente para generar electricidad", explica este investigador de la Universidad Politécnica de Madrid.

Durante la explosión


La explosión de la planta nuclear "puso 400 veces más material radiactivo en la atmósfera de la Tierra que la bomba atómica", según el Organismo Internacional de Energía Atómica International (OIEA). Datos de la Fundación para la Investigación de los Efectos de la Radiación lo confirman, pues la explosión del reactor ucraniano "contenía 180 toneladas de combustible nuclear, el 2% del cual (36.000 kilogramos) era uranio puro -más radiactivo que el enriquecido-"; las bombas de Hiroshima y Nagasaki "transportaban solo 63 kilos de uranio enriquecido y 6,2 de plutonio".

En esta línea, según el Departamento de Energía estadounidense: "el rendimiento de la explosión de Hiroshima fue de 15 kilotones (la unidad de cuantificación de la energía liberada en explosiones) y la de Nagasaki, de 21". El accidente de Chernóbil habría generado una explosión de entre 3.000 y 5.000 kilotones. "En una central nuclear, la fisión es mucho más eficiente y esto va a producir mucha más radiactividad", argumenta el portavoz de Jóvenes Nucleares.



Los materiales de desecho nuclear tienen una vida relativamente larga, lo que significa que "aunque la explosión de un reactor puede llegar a ser menor que la de una bomba atómica, sus efectos duran mucho más tiempo". No en vano, para algunos físicos como Javier Santaolalla el factor determinante que explica las diferencias entre Hiroshima y Chernóbil es el concepto de "vida media de la radiactividad", entendida como el "periodo de tiempo en el cual este material pierde su efervescencia y comienza a apagarse".

El material radiactivo se comporta como las palomitas de maíz en el microondas, según este doctor en Física de Partículas y popular divulgador científico en las redes: "Los granos de maíz se activan enérgicamente y comienzan a explotar, hasta que al cabo de un rato el frenesí termina". También "un pedazo de material radiactivo dispara partículas continuamente, hasta que finalmente se apaga", añade. "Los átomos radiactivos vertidos en Japón han decaído ya en estables, es decir, no radiactivos", explica a Efe, "mientras que en Chernóbil se prevé que lo hagan dentro de 30 años".


"Este es el principal motivo por el que Hiroshima y Nagasaki están habitadas hoy en día, y Chernóbil (en la zona de exclusión, a 30 kilómetros de la central) no".

Después de la explosión


Sin embargo, Vázquez incide en "los esfuerzos de Japón para repoblar las ciudades arrasadas" desde el primer minuto, empujado por su densidad de población, "frente al desdén de las autoridades de la extinta URSS" por recuperar una zona contaminada tan vasta. De hecho, el investigador desmiente que Chernóbil sea "una ciudad fantasma", ya que en la zona contaminada -que alcanza una distancia de 400 kilómetros desde la planta- viven unos 5 millones de personas, según el Comité de Naciones Unidas sobre los Efectos de la Radiación Atómica (UNSCEAR).

El lugar de la explosión también es un factor clave en el nivel de impacto de ambos accidentes nucleares. "En Japón, las bombas detonaron en el aire y las partículas radiactivas se dispersaron con la nube que provocó la explosión. En Chernóbil, el propio terreno se volvió radiactivo al fundirse el reactor de la central nuclear a nivel de suelo", algo clave en la recuperación de una zona contaminada, ya que en la superficie se requiere de mucho más tiempo para eliminar los materiales tóxicos.


"El período más peligroso después de la detonación de la bomba son las primeras semanas o meses", cuando se recomienda a las personas que no abran las ventanas, que usen máscaras, que no beban agua... pero el riesgo no persiste en el tiempo. Sin embargo, "Chernóbil estaba diseñado para utilizar todo el alcance de la fisión para producir energía a partir de un proceso de reacción lento y sostenido en el tiempo".

FUENTE: publico.es 
Agencia Efe

6/8/19

NEFASTO ANIVERSARIO

Se cumplen 74 años, para oprobio y vergüenza de la humanidad, del lanzamiento de la primera bomba atómica sobre la ciudad japonesa de Hirosima. Pero es necesario que recordemos lo ocurrido con todo lujo de detalles, por triste y doloroso que sea, para intentar no volver a repetir tamaña monstruosidad. Es por ello que dejo aquí este tremendo artículo periodístico, que define como pocos textos que haya leído anteriormente, la terrorífica masacre y sus posteriores secuelas.

Miguel Ángel G. Yanes 

*

 
Hiroshima: símbolo de la barbarie atómica 

Visitar esta ciudad japonesa, que mantiene sus cicatrices abiertas como recuerdo de lo que nunca más debe ocurrir, es dar un paseo por la más desgarradora encarnación de la crueldad bélica.

Explosión atómica fotografiada desde el avión que lanzó la bomba

Sucedió por estas fechas, en un verano triste y apagado. Cuentan que fue un relámpago silencioso, una detonación sorda, un soplo onírico de nube súbitamente transformada en bola de fuego. Un segundo y la destrucción absoluta. Era el 6 de agosto de 1945, a las 8.15 de la mañana.

"Little boy" fue el nombre dado a la primera bomba atómica

Hay acontecimientos históricos que escuecen como vinagre en las heridas, pero que a su vez son una lección de Historia que nunca se debe olvidar. Hiroshima, la ciudad japonesa que fue víctima de la primera bomba atómica durante la Segunda Guerra Mundial, vive con la huella indeleble de este funesto episodio. Y aunque ha logrado pasar página, mantiene vivo el recuerdo de lo que nunca, jamás, debe volver a ocurrir.

 
"Enola Gay", bombardero Boeing B-29 Superfortress


Porque el día en que el Enola Gay escupió ese hongo letal de nombre macabramente irónico (Little Boy o Pequeño Niño), los relojes se pararon en esta metrópoli de la región de Chugoku, en el oeste nipón. Un segundo y 85.000 muertos en el acto y unos devastadores efectos radiactivos que devolvieron muertes y más muertes hasta 20 años después de la catástrofe.

Efectos de la radiación atómica sobre el cuerpo humano

Fue el lanzamiento de la primera bomba nuclear y todo quedó reducido a cenizas. Todo, excepto el armazón desnudo y desangelado de un edificio que aún hoy puede contemplarse en su devastado estado. Un edificio que ha quedado como  símbolo eterno del holocausto nuclear. Su historia, claro, es una historia muy triste.

Auditorio para la Promoción industrial

Concebido como el Auditorio de la Prefectura de Hiroshima para la Promoción Industrial, esta construcción de corte occidental había sido diseñada por el arquitecto checo Jan Letzel para acoger bajo su cúpula verde iniciativas empresariales, ferias, exhibiciones y todo tipo de eventos comerciales tan comunes por aquellos tiempos de paz, cuando Hiroshima era una ciudad próspera y dinámica, ajena a la crueldad y la barbarie.

El Domo de Hirosima conocido antes de la explosión como "Bussan Chinretsukan"


Aquella mañana tibia del verano del 45, el cielo se iluminó unos instantes justo encima de su tejado. Todas las personas que se encontraban en su interior fallecieron en el acto y todo aquello que le rodeaba (casas, calles, barrios enteros) se fundieron hasta desaparecer por completo.

Un torii (arco tradicional japonés) increiblemente mantenido en pie.

Sin embargo, al caerle justo encima, la onda expansiva no ocasionó en este edificio más que algunos daños colaterales. Por eso, aunque sus muros quedaron perforados, su estructura pudo mantenerse en pie, testigo de la destrucción, erguida hacia ese cielo desde el que se había derramado el silencio acompañado de la muerte.


Con el tiempo, la ciudad de Hiroshima fue completamente reconstruida hasta convertirse en la ciudad moderna que es hoy. Pero la cúpula Genbaku, con sus hierros desdentados abrazando la nada, quedó para siempre inalterada como un símbolo del absurdo al que puede llegar el ser humano.

Hirosima en la actualidad

Como un recuerdo imborrable de una de las mayores tragedias que ha vivido la edad contemporánea. Por eso la Unesco declaró Patrimonio Mundial a este amago de monumento, que adoptó el feo nombre de Bomb Dome.

Bomb Dome

A unos metros está el Museo Conmemorativo de la Paz de Hiroshima y el Memorial, con ese cenotafio por las víctimas donde arde una llama permanente. Una llama que tan sólo será apagada cuando no quede una sola arma nuclear sobre la faz de la tierra.

Museo Conmemorativo de la Paz de Hiroshima y el Memorial

FUENTE:
Noelia Ferreiro 
Fotos actuales: georgeclerk / GETTY