Miguel Ángel G. Yanes
23/5/21
22/12/20
EL PAPEL DE LA IGLESIA EN LA CONFIGURACIÓN DEL FRANQUISMO
El apoyo de la iglesia española al alzamiento nacional franquista
Los obispos se exhibían en público brazo en alto
El elemento religioso fue fundamental una vez iniciada la guerra, ya que sirvió para dar al levantamiento militar la justificación que necesitaba, tanto de cara al interior como al exterior, para lavar la imagen de 'perturbadores del orden legalmente establecido' que tenían. Así, "gracias al apoyo de la Iglesia, al golpe militar se le dio el sentido de cruzada religiosa, el cual mutaría hacia el de reserva espiritual de occidente una vez que la guerra terminase y se impusiera definitivamente el régimen franquista".
Ahora bien, es necesario señalar que el levantamiento en su origen no se realizó ni en nombre de la religión, ni tampoco de la monarquía. Se hizo en nombre de España, para salvar una unidad nacional que desde ciertos sectores se consideraba en peligro. Y también se hizo en nombre del orden público y la seguridad, que asimismo se sentía mortalmente amenazada, sobre todo desde la subida al poder del gobierno del Frente Popular. (1 Esta afirmación tiene una excepción: Navarra. En esa región la guerra si fue confesional desde el principio. Aquí, incluso, se legisló antes que en Burgos, capital de la España franquista, para derogar todo lo que se consideraba legislación anticlerical de la República.)
"Desde que estalló la guerra, la Iglesia se alineó claramente con los franquistas". Dicho alineamiento con el golpe de Estado, que los sublevados aprovecharán en beneficio propio, tuvo su origen en diversas razones. Partía de la base de las "malas relaciones que la Iglesia mantuvo con la II República, no solo porque se sintió acosada y perseguida por ella, sino también porque la institución religiosa era poco proclive a modernizarse y aceptar los cambios que desde los gobiernos republicanos querían imponerle". Además, "tampoco estaba dispuesta a perder las parcelas de poder que significaba su separación vincular del estado, ni a hacer concesiones a la liberalidad de costumbres que quería implantarse en España a partir del año 1931".
Una vez posicionadas, las autoridades eclesiásticas realizaron una serie de escritos en los que manifestaron sus simpatías hacia el movimiento de los generales. Destaca en este sentido la Pastoral de Pla y Deniel, publicada el 30 de septiembre de 1936 y titulada “Dos ciudades”, en clara alusión a la obra de San Agustín y "en la que contraponía la ciudad de Dios contra la de Satanás, representadas cada una por uno de los bandos en lucha". En esa Carta Pastoral el obispo decía que "los anarquistas y los comunistas eran los hijos de Caín, fratricidas de sus hermanos, envidiosos de aquellos que hacen un culto de la virtud, y es por ello que los asesinan y martirizan”.
El obispo Enrique Pla i Deniel
Debido a esta situación descrita por Pla y Deniel, el mismo añadía que la Iglesia no debía ser criticada por ponerse al lado de los rebeldes (que representaban a Dios en el enfrentamiento), porque ello significaba “ponerse a favor del orden contra la anarquía y de un gobierno jerárquico contra el disolvente comunismo, a favor de la defensa de la civilización cristiana y sus fundamentos: religión, patria y familia”. Fundamentos éstos que a su vez configuraron los pilares sobre los que se sustentó el régimen de Franco.
Muy importante fue también la carta del cardenal Gomá, titulada “El caso de España” (23.11.1936), donde explicaba a los católicos del mundo cómo la Iglesia española concebía la guerra estallada en España y que significado le daban: “La guerra que sigue asolando gran parte de España y destruyendo magníficas ciudades no es, en lo que tiene de popular y nacional, una contienda de carácter político en el sentido estricto de la palabra".
"No se lucha por la República, aunque así lo quieran los partidarios de cierta clase de república. Ni ha sido móvil de la guerra la solución de una cuestión dinástica, porque hoy ha quedado relegada a último plano hasta la cuestión misma de la forma de gobierno". Ni se ventilan problemas interregionales con las armas, en el seno de la gran patria, bien que en el período de lucha, y complicándola gravemente, se hayan levantado banderas que concretan anhelos de reivindicaciones más o menos provincialistas.
Esta cruentísima guerra es, en el fondo, una guerra de principios, de doctrinas, "de un concepto de la vida y del hecho social contra otro, de una civilización contra otra. Es la guerra que sostiene el espíritu cristiano y español contra este otro, si es que espíritu puede llamarse, que quisiera fundir todo lo humano, desde las cumbres del pensamiento a la pequeñez del vivir cotidiano, en el molde del materialismo marxista". De una parte, combatientes de toda ideología que represente, parcial o integralmente, la vieja tradición e historia de España; de otra, un informe conglomerado de combatientes cuyo empeño principal es, más que vencer al enemigo, o, si se quiere, por el triunfo sobre el enemigo, "destruir todos los valores de nuestra vieja civilización”.
No puede dejar de citarse, por ser el documento más significativo y desde luego el más conocido, la “Carta colectiva de los obispos españoles a los de todo el mundo con motivo de la guerra de España”. Aunque iba firmada por la gran mayoría del obispado español, fue redactada por el cardenal Isidro Gomá y publicada el 1 de julio de 1937. En ella justificaban su publicación porque “es un hecho que nos consta por documentación copiosa, que el pensamiento de un gran sector de la opinión extranjera está disociado de la realidad de los hechos ocurridos en nuestro país”. Exponían que “la guerra de España es producto de la pugna de ideologías irreconciliables; en sus mismos orígenes se hayan envueltas gravísimas cuestiones de orden moral y jurídico, religioso e histórico”.
Asimismo, alababan la prudente actitud de la Iglesia desde 1931 y, aunque deploraban la existencia de la guerra, la justificaban en este caso concreto porque “es a veces el remedio heroico, único, para centrar las cosas en el quicio de la justicia y volverlas al reinado de la paz”. Del Alzamiento como tal, decían que "estaba apoyado por grandes masas”, calificándolo de "movimiento cívico-militar” y añadiendo que la guerra se había convertido de esta manera en un “plebiscito armado”.
Hacían referencia, asimismo, a la presencia y revolución comunista existente en el bando republicano y a la injerencia de la URSS en la lucha. Por todo lo anterior, concluían que la Iglesia, “a pesar de su espíritu de paz y de no haber querido la guerra ni haber colaborado en ella, no podía ser indiferente en la lucha; se lo impedían su doctrina y su espíritu, el sentido de la conservación y la experiencia de Rusia”, añadiendo que “hoy por hoy, no hay en España mas esperanza para reconquistar la justicia y la paz y los bienes que de ellas se derivan, que el triunfo del movimiento nacional”.
Con esta frase, además se ponían de manifiesto dos de las vertientes que siempre estuvieron presentes en el franquismo: el sentido patriótico y el sentido religioso. Junto a los obispos, hubo “una legión de miembros de diversas órdenes, jesuitas y dominicos, principalmente, y del clero secular, como Joaquín Azpiazu, Constantino Bayle, Ignacio González Menéndez-Reiga y Aniceto Castro Albarán, que contribuyeron a la configuración del régimen franquista, que después vino a llamarse, por estos motivos, el nacional-catolicismo”.
Con el documento anterior, el bando franquista adquirió una importante legitimación y además obtuvo una herramienta de propaganda fundamental, ya que le sirvió para poner de su parte a una mayoría de católicos de todo el mundo. "En dicho sentido propagandístico, el apoyo de la Iglesia le sirvió también a los franquistas para autoconvencerse y convencer a los demás, de que 'Dios estaba con ellos', con lo que era imposible que perdieran la guerra", ya que la historia de España venía marcada por un designio superior en el que los franquistas encarnaban la voluntad divina en la tierra, erigiéndose en los salvadores y defensores de la fe que había sido atacada por 'los rojos', como eran denominados los republicanos en la parte de España por ellos controlada.
Es importante señalar que esta base religiosa que en realidad es ideología del régimen, no se presenta como tal, sino como algo mucho más global, como la ideología y la base de todo el país, de España en su conjunto que, no olvidemos, "para los franquistas era un todo indivisible". El resultado fue que en la práctica hubo una simbiosis casi circular y autoalimentada entre el catolicismo, el franquismo y España como nación, de tal manera que conformaron un todo inseparable e indivisible.
La religión era esencia española, el franquismo encarnaba la españolidad y España como nación era católica y tenía en el régimen su mayor baluarte y defensa. “El régimen franquista se sirvió de la instrumentalización política de la religión en torno a devociones y mitos religiosos populares, retomando símbolos católicos claves en la historia del país por su defensa del catolicismo, para ofrecer una imagen de continuidad con el pasado”. E igualmente hay que tener en cuenta que este principio ideológico nacional y religioso, dado que el franquismo en sí mismo no tenía una ideología propia, se alimentó también de la anti-ideología. Es decir, España y el franquismo no solo se definían por lo que eran, sino también por lo que no eran y contra lo que luchaban: anti-masonería, anticomunismo, anti-nacionalismos periféricos…
Finalmente y para concluir este apartado, es interesante hacer una referencia a la presencia de la simbología religiosa en el parte de guerra, que también constituyó una importante herramienta de propaganda, sobre todo en las retaguardias, como mecanismo para mantener alta la moral de la población. El elemento y la mística religiosa estuvieron presentes en ellos de manera habitual, sobre todo cuando se hacía referencia a cuestiones como que las fuerzas del ejército franquista,al conquistar una ciudad, celebraban solemnes misas de campaña.
También en las descripciones que incluían sobre las entradas de las tropas en las ciudades que conquistaban. Así, por ejemplo, cuando se culminó la toma de Gerona, el parte relataba que “los habitantes se lanzaron a la calle haciendo una entusiasta acogida de nuestras tropas, aclamándolas constantemente y ofreciéndoles ramos de laurel (04-02-1939). Imagen que recuerda la de 'libertador y salvador' que el general Franco asumió para sí y sus tropas, que con sus entradas en las ciudades parecían evocar la de Jesús de Nazaret en Jerusalén, cuando el pueblo judío lo recibió con palmas y enalteciéndolo.
Una muy vívida descripción de estas misas de campaña es la que hace el profesor Palacios cuando cuenta que “eran ceremonias entre religiosas y militares, presididas por los generales, gobernadores o alcaldes, situación ésta que, a veces, resultaba difícil de entender (…) toda una liturgia y todo un juego de símbolos van configurándose en estas misas. Siempre eran presididas por las banderas y en ellas la hermandad militar de turno 'ejecutaba el himno nacional en el momento de la consagración'. Fervor religioso se entremezclaba así con fervor guerrero. El himno nacional, símbolo de España, se une al momento cumbre de la celebración religiosa”.
3/9/20
EL MAYOR CRIMEN DEL FRANQUISMO (2ª PARTE)
CONTINUACIÓN:
Ahí tenemos a Muñoz Molina con 'La noche de los tiempos' y a Trapiello con 'Ayer no más' y a otros intentando convencernos de que Manuel Chaves Nogales y algunos de sus escritos nos dan las claves de la guerra civil, al menos de la que imaginan gente como Muñoz y Trapiello, que ya sabemos que aunque escriben novelas son casi historiadores. "El objetivo final, como el de los revisionistas, es ofrecer una visión negativa y caótica de la República y hacernos creer que la guerra, en la que todos 'fueron iguales', era inevitable".
Tienen mucho terreno ganado, porque lo que se nos viene diciendo desde la Transición es precisamente eso. Chaves, al que llevan camino del santoral de la 'Tercera España', les permite no ya lo que nunca les permitirán sus admirados escritores fascistas, sino lo que jamás podrán extraer de las obras de gente como Aub, Machado o Cernuda. Y ese concepto de la 'Tercera España' viene perfecto para la equivalencia maniquea. "La 'Tercera España' no existe. La realidad es más simple. En 1936 solo había dos Españas: la del Gobierno legal surgida de las elecciones generales de febrero y la del golpe militar del 18 de julio".
"La terrible agresión fascista conmocionó y quebró el Estado, que vio cómo en cuestión de semanas más de medio país caía en manos de los sublevados, que estaban aplicando un calculado plan de exterminio". Sin embargo, "allí donde el golpe fracasa o es sofocado por el pueblo en armas se abre un proceso revolucionario de consecuencias imprevisibles que tardará varios meses en ser controlado por los gobiernos republicanos" que afrontaron la nueva situación. Debería estar claro ya que los responsables primeros de lo que pasó fueron los que iniciaron la agresión abriendo la cadena de violencia. La República fue la víctima de ese ataque, al que tuvo que responder entre múltiples dificultades.
Al respecto resulta muy interesante el último libro de Ángel Viñas '¿Quién quiso la guerra civil?' En él demuestra cómo desde el mismo 14 de abril de 1931 los monárquicos, encabezados por Goicoechea, jefe nominal de Renovación Española, estuvieron en contacto con el fascismo de Mussolini para derribar el régimen republicano. "Está claro quién quería la guerra civil". La huida de Manuel Chaves Nogales fue humana y no merma en nada su categoría personal ni la calidad de su obra, pero lo que no podemos hacer en modo alguno es convertirla en modelo ejemplar. Chaves Nogales, como otros muchos, optó por quitarse de en medio.
Y por otro lado durante los 5 meses que estuvo en Madrid nadie lo molestó; sí que hubiera tenido problemas de haber estado en Sevilla el 18 de julio. Sin embargo, hay que decir que la 'Operación Chaves', para reafirmar la 'Tercera España' encierra un desprecio absoluto por todos aquellos españoles que, desde diferentes posiciones ideológicas, defendieron la República hasta la derrota final. Hubo muchos otros periodistas que permanecieron fieles hasta el final al gobierno legítimo de la República, y por ello, algunos se exiliaron y otros fueron represaliados por la dictadura.
Frente a los discursos anteriores de que: "la República fue culpable de la guerra civil y el de la equivalencia de la culpabilidad entre ambos bandos, se ha abierto paso no sin dificultades el de la revalorización de la II República, coincidiendo en parte con el Movimiento por la Recuperación de la Memora Histórica". Se ha trabajado en tal sentido a nivel historiográfico, tanto en el ámbito universitario, como en el de las enseñanzas medias. Personalmente publiqué en el 2001 el libro 'La Segunda República en Híjar', periodo que para los hijaranos suponía el caos, la violencia y la revolución, producto de su desconocimiento y su tergiversación. En el 2006 otro titulado 'José Gálvez Oliver. El Tío Rullo. Vida y exilio de un socialista hijarano'.
Luego publiqué algunos artículos sobre el mismo periodo 'Las Misiones Pedagógicas en Híjar'; 'Las dificultades del republicanismo en Híjar en 1931'; 'Una página poco conocida de la II República: la primera vez que votaron las mujeres españolas', publicado en este mismo medio. Además de otros sobre 'La represión franquista en Híjar.' Todos estos trabajos me generaron problemas con algunos conciudadanos, llegando a algún enfrentamiento personal o retirada del saludo. Igualmente lleve a cabo con los alumnos del instituto de Alcañiz trabajos de 'historia oral', metodología de investigación que pude conocer a través de otro profesor de secundaria y gran especialista en el tema, Herminio Lafoz.
"En un trabajo de uno de mis alumnos, pude conocer el bombardeo terrible sobre Alcañiz por parte de la aviación italiana". Bombardeo que documentó en un gran libro José Mari Maldonado, también profesor de secundaria, 'Alcañiz 1938: el bombardeo olvidado'. En mis clases no tuve reparo alguno en explicar las atrocidades y represalias del régimen franquista, por lo que en cierta ocasión el director del instituto me presentó las quejas de algunos padres.
Todo se debía por haber dicho en clase que "Franco había sido el mayor genocida de la Historia de España". En definitiva, en mi trabajo profesional "he tratado de explicar la II República, la guerra civil y el franquismo, desde una perspectiva muy diferente a las de los dos discursos anteriormente mencionados". Por lo que ya no pongo la mano en el fuego es porque otros colegas de profesión hayan hecho lo mismo, quizá por falta de compromiso y no querer problemas. Allá cada cual con sus razones.
No puedo sino terminar con una reivindicación de los valores de la II República. Para ello utilizaré las palabras del maestro ya fallecido Josep Fontana de su conferencia de 2009 'Los historiadores son gente peligrosa. La Interferencia de los políticos en la enseñanza y divulgación de la historia':
“De 1975 para acá –y eso son ya muchos años no se haya hecho nada desde arriba para alentar el trabajo de recuperación de la historia de la II República, algo que ha habido que hacer desde abajo, y con demasiada frecuencia al margen de las universidades, que no se han sumado a esta preocupación hasta hace muy pocos años".
"El retraso con que se ha abordado esta tarea tiene una consecuencia negativa, como es la de habernos dejado atrapados en la trampa que nos tendió el franquismo, contando muertos y haciéndonos olvidar que el mayor de sus crímenes, mucho mayor que las ejecuciones en las cunetas, en los descampados y en las cárceles, era el de haber acabado con esa gran esperanza de reforma que implicaba la República, relegando al olvido los esfuerzos realizados en aquellos años en terrenos tan diversos como son los de las libertades democráticas, los derechos sociales o, sobre todo, en el de la educación, entendida como un medio para convertir a los súbditos en ciudadanos".
"Hemos estado elaborando hasta ahora el censo de los numerosos maestros asesinados en los primeros días de la guerra civil. Tal vez haya llegado el momento de ponernos a explicar qué enseñaban estos maestros y de qué modo contribuían a un proyecto de transformación de la sociedad española, algo que algunos temieron que pudiera afectar a sus intereses y mermar sus privilegios, lo que les llevó a condenarlos a muerte”.
En la introducción del libro “Enseñar Historia con una Guerra Civil por medio' (1999) el mismo Fontana nos dice: “Vivimos en tiempos de revisionismo en que se pretende sostener que en la contienda civil española ambos bandos fueron igualmente culpables y que la sublevación militar de julio de 1936 fue una consecuencia inevitable de los errores y abusos del régimen republicano. Pienso, por el contrario, que un análisis de lo realizado por cada uno de los dos bandos muestra que les movían razones muy distintas".
Y que es imposible entender lo que significó la Segunda República Española, y los motivos por los que la combatieron los sublevados de 1936, si se pasan por alto diferencias tan fundamentales como ésta:"la República construyó escuelas, creó bibliotecas y formó maestros; el 'régimen del 18 de julio' se dedicó desde el primer momento a cerrar escuelas, quemar libros y asesinar maestros”.
FUENTE: nuevatribuna.es
Memoria histórica
10/08/2020
Conscientes de que cuanto más culto es un pueblo, más difícil resulta manipularlo, la dictadura franquista llevó a cabo una trágica depuración de docentes. Fue un proceso encaminado a desmantelar la obra educativa republicana, caracterizada por el laicismo, la coeducación y la introducción de nuevos métodos pedagógicos. Dicha tarea que comenzó una vez terminada la guerra civil en 1939, fue encomendada a tribunales designados por la Comisión Superior Dictaminadora, y se extendió hasta 1945.
Me place dejarles la reseña de uno de los grandes baluartes educativos de la II República Española: Francisco Giner de los Ríos.
Francisco Giner de los Ríos fue un pedagogo, filósofo y ensayista español, creador y director de la Institución Libre de Enseñanza (ILE), impulsó también el Museo Pedagógico Nacional (1882-1941), la Junta para Ampliación de Estudios (1907-1938), la Residencia de Estudiantes (1910-1939), las Misiones Pedagógicas (1931-1937) o las Colonias Escolares. Tras la guerra civil española, la obra de Giner en general, y la ILE en particular, fueron condenadas por el régimen de Franco dentro del proceso de depuración del magisterio español.
WIKIPEDIA - La enciclopedia libre
2/9/20
EL MAYOR CRIMEN DEL FRANQUISMO (1ª PARTE)
Según el CIS de febrero de 2010, para el 40% de los españoles la culpa del estallido de la guerra civil se reparte en los dos bandos por igual. Para el 36% ambos bandos causaron las mismas víctimas. Para el 58% el franquismo tuvo “cosas buenas y cosas malas”. Y para un 35% “con Franco había más orden y más paz”, aunque a continuación "admitieron, menos mal, un 80% y un 88% respectivamente, que se violaron los derechos humanos y no había libertad de expresión". Un 74% consideran con orgullo la Transición. El 56% "no sabe cuándo se aprobó la Constitución". El 69% confirmaron que recibieron poca o ninguna información sobre la guerra civil en el instituto o colegio.
El mismo Fernando Hernández Sánchez, en su reciente artículo El presente en un país extraño, expone algunos hechos no menos preocupantes en relación al desconocimiento de acontecimientos de la historia de nuestro presente, como la Segunda República, la guerra civil y el franquismo. Menciona que hace unos años participó en un curso de verano de la Universidad Complutense sobre lecturas de la guerra civil española. Entre el público, numeroso y muy interesado en el estudio de la España contemporánea, abundaban los docentes de secundaria.
En su intervención, que versó sobre el "tratamiento de la guerra civil y sus consecuencias en los libros de texto", propuso al auditorio un supuesto. Ante el último ejercicio de la oposición de acceso al cuerpo de profesores de Secundaria y, habiendo obtenido una alta calificación en la primera fase del procedimiento, debían exponer ante el tribunal del que dependía su aprobado final uno de estos dos temas, extraídos al azar: el franquismo y el arte prerrománico.
Invitados a responder con total sinceridad, ¿imaginan cuál fue la opción aplastantemente mayoritaria? Y también comenta que un reciente examen de prueba de acceso a la universidad (EvAU) en un instituto de Madrid la gran mayoría del alumnado "rechazaba el tema de la Segunda República, la guerra civil o del franquismo", inclinándose por temas más complejos del siglo XIX. El temor a pronunciarse sobre el pasado reciente en situaciones de las que depende la promoción profesional o académica es más que una anécdota.
Todo lo expuesto por Hernández Sánchez debería provocarnos una serie de reflexiones. La primera es que "todavía hay miedo en el aula, en los medios y en la sociedad a hablar sobre la Segunda República, la guerra civil y el franquismo". Y eso que estamos ya en una democracia moderna, producto de un proceso 'ejemplar' de Transición democrática, que, para algunos, vendría a ser "el segundo acontecimiento más importante tras la creación del mundo"; proceso pivotado por el emérito, al que deberíamos por ello estar siempre agradecidos los españoles. "Y quien tiene la osadía de cuestionar la ejemplaridad de la Transición y el papel del emérito sufre ataques por tierra, mar y aire".
La sombra de Franco o lo que es lo mismo el franquismo, es alargada. Muchos de nuestros abuelos por haberse significado políticamente fueron represaliados con brutalidad. Y en el 'súmmum' de lo perverso les hicieron sentirse culpables. En el prólogo del libro, Desenterrar las palabras. Transmisión generacional del trauma de la violencia política del siglo XX en el Estado español, de Clara Valverde, dice Montse Armengou que en su trabajo como directora de documentales sobre la represión franquista, le sorprendió que frecuentemente "las víctimas adquieran conciencia de serlo en el marco de un programa televisivo".
"Esa manía de papá de meterse en política, acarreó la desgracia a toda la familia", a él el primero, pero de rebote nos salpicó a todos. Mira que mamá se lo tenía dicho: ¡tú no te metas en política! Le hicieron sentirse culpable. Las frases actuales "No te signifiques" o "No te hagas notar" son una herencia de la dictadura. En definitiva del miedo. Y ese miedo todavía persiste tras 45 años de la muerte del 'Funeralísimo', según denominación de Rafael Alberti.
Mas quiero referirme ahora a los datos del CIS del 2010 -no pienso que sean hoy muy diferentes los resultados- en los que una parte importante de españoles consideran que "ambos bandos fueron culpable de la guerra civil y que cometieron las mismas víctimas y que en el franquismo hubo cosas buenas y cosas malas, y que había más orden y más paz". Todas estas actitudes muy preocupantes en un sistema democrático, son producto de un desconocimiento de nuestra historia, cuyos efectos todavía siguen presentes. Todo tiene un porqué.
"Para legitimarse, la dictadura necesitó deslegitimar el régimen de la II República". Por ende, lo primero que hizo fue "denigrar y desmontar totalmente la escuela republicana". Reorientó la enseñanza basada en el nacional-catolicismo, en la que la Iglesia tuvo un protagonismo fundamental, no en vano "había apoyado a la dictadura en la Carta Colectiva de los obispos". Construyó un doble discurso escolar: "uno catastrofista, culpabilizando a la República; y otro heroico en beneficio de los sublevados, que no tuvieron otra opción que levantarse en armas para que España no acabase en el abismo".
La Enciclopedia Escolar Edelvives. Segundo Grado. Editada en Zaragoza en 1944 decía: "El Ejército en cumplimiento de su sagrado deber para con Dios y con España, decidió lanzarse a su salvación. Así empezó el Glorioso Movimiento Nacional".
Tras la muerte de Franco y la implantación de nuestra democracia 'ejemplar', aún manteniéndose tal discurso de la dictadura, se fue abriendo paso el discurso no sin esfuerzo de una equivalencia maniquea: "ambos bandos fueron culpables del desencadenamiento de la guerra civil". Discurso muy extendido en medios, en la sociedad, e incluso en las aulas. No tanto en la historiografía. Lo cual significa un total desconocimiento de todo lo que supuso de modernidad el proyecto de la II República.
"La izquierda tuvo que hacer muchas concesiones y entre ellas la de asumir la idea de que la democracia se inició en España con la Constitución de 1978, y no en los tiempos de la II República". Lo malo del caso es que la forma en que se hizo la Transición a la democracia tendió a perpetuar los viejos silencios e impidió que se apoyaran desde arriba los esfuerzos que algunos investigadores estaban haciendo para "recuperar la verdadera historia de la II República y de la Guerra Civil".
"Este discurso de igual culpabilidad en ambos lados fue reafirmado tras la publicación del libro de Manuel Chaves Nogales titulado A sangre y fuego - Héroes, bestias y mártires de España, publicado en Chile en 1937, mientas que en España no se publicaría hasta el 2001". Está compuesto de un impresionante prólogo, y 9 relatos, a cual de ellos más truculento, que son todo un paradigma del nivel de crueldad al que pueden llegar los seres humanos en determinadas circunstancias.
Del primero titulado ¡Masacre, masacre!, ambientado en el Madrid sitiado por las tropas fascistas es este: "Es inútil --arguyó el miliciano del pistolón-- con los aviones de Italia y Alemania no podremos. No hay más táctica que el terror. Por cada víctima de los aviones, 5 fusilamientos, 10 si es preciso. En Madrid hay fascistas de sobra para que podamos cobrar en carne".
Del segundo, De la gesta de los caballistas es este, que no le anda a la zaga: "De Sevilla ha salido el Algabeño con su tropa de caballistas con los mejores jinetes de la aristocracia sevillana y los hombres de su cuadrilla, sus banderilleros y picadores, capaces de lidiar lo mismo una corrida de Miura como un ayuntamiento del Frente Popular". Por ello, en el prólogo escribió: "De mi experiencia personal había contraído méritos para haber sido fusilado por los unos y por los otros".
"Sé de buena tinta que antes de la guerra civil, un grupo fascista de Madrid había decidido asesinarme, sin perjuicio de que los revolucionarios, comunistas y anarquistas, considerasen que yo era perfectamente fusilable". Esa es la palabra clave 'fusilable'. Por ello, decidió huir, y pasó a convertirse en paradigma de la 'Tercera España'. Supone un reduccionismo injustificado, el convertir la guerra civil en un enfrentamiento entre comunismo y fascismo. Lo cual es una falacia, del lado de gobierno legítimo de la República había otras fuerzas políticas.
Sobre este libro y su contribución al fortalecimiento de la 'Tercera España' es muy interesante el artículo de Francisco Espinosa, Literatura e historia. En torno a Manuel Chaves Nogales y la 'Tercera España'. Nos dice “a esta concepción maniquea, de que ambos bandos fueron culpables, se ha incorporado también la literatura".
CONTINÚA:
FUENTE: nuevatribuna.es
Memoria histórica
10/08/2020
18/7/20
ENTREVISTA A VÍCTOR MORENO (2ª PARTE)
¿Podemos imaginar si estas personas se plantearon el dilema de si sus acciones eran moralmente correctas o no?
Nos equivocaríamos si lo hiciéramos. No hubo tal dilema. "Los habían convencido de que 'asesinar a sus vecinos' formaba parte de un 'Bien Superior'. Cómo llegaron a asumir 'tamaña barbaridad' es algo que podemos comprender, aunque nunca aceptar".
"Había que ser unos auténticos 'disminuidos mentales' para ignorar que estaban haciendo 'daño, mucho daño'. Y no lo eran". Les bastaba ver a los familiares de los asesinados 'sumidos en el dolor' para darse cuenta del mal que estaban haciendo. "El hecho de que argumentaran que aquello les pasaba por ser familiares de 'rojos' o de 'republicanos', mostraba a las claras que 'sabían que estaban haciendo el mal' y que ellos lo consideraban como bien". Un planteamiento que les sirvió de 'coartada' durante 'más de 40 años' y que, en algunos casos, sigue funcionando, 'mutatis mutandis', hoy mismo.
Es decir, no fueron agentes pasivos. No actuaron ciegamente.
"No. Estaban al servicio de un Bien Superior", como dijeron los obispos españoles en su Carta Colectiva, alentada por Franco al cardenal Gomá: “lo mismo que los cruzados cuando 'mataban moros' para echarlos de los 'santos lugares'”. Esto no significa que les agradara 'matar y asesinar' pero "el daño que infligieron, lo sublimaron porque 'creían que lo era por una causa superior que obviaba cualquier escrúpulo moral'". Así que 'líbrenos el sentido común' de quienes luchan por 'causas superiores'.
La Iglesia, como apuntas en el libro, también, ayudó lo suyo.
"La Guerra 'no habría tenido lugar' si la Iglesia se hubiese 'plantado' desde el primer momento. Lo tenía que haber hecho el Cardenal Gomá desde un principio y luego sus subalternos, pero 'se pusieron del lado de los golpistas' contra un gobierno 'democrático'". En Navarra, el obispo de la diócesis, Marcelino Olaechea, escribiría en los periódicos que “no es una 'guerra civil', es una 'guerra santa'”. Por lo que "el 'asesinato' era 'justo y bueno' a los ojos de Dios". ¡Menudo aval! Porque en una guerra en la que 'se defendía a Dios', "matar a los 'herejes' era justo", como decía Santo Tomás de Aquino y en cuya doctrina se apoyó la Jerarquía eclesiástica.
"Y 'herejes', es decir, 'hombres malos', eran, ahora, los 'republicanos', los 'socialistas', los 'anarquistas' y los 'comunistas'. Y eran 'peor que las bestias'", como señalaba el doctor angélico. "Gracias a las 'arengas de los curas', quienes participaron en esta 'masacre' se sintieron 'bien consigo mismos' porque formaban parte de esa 'cruzada en nombre de Dios y de España'…"
¿Se puede decir que en Navarra, al no haber frente de guerra, se creó un clima de guerra de exterminio?
"Sin lugar a dudas. Los 'dirigentes carlistas y falangistas', junto con el 'poder eclesiástico', crearon el 'clima social necesario' gracias a un discurso permanente que hablaba de 'muertos por la patria', los nuestros; de 'funerales colectivos' en cuanto había un muerto por el 'Glorioso Movimiento Nacional'; de 'entrega de medallas' a los mutilados que regresaban del frente y elevados a la categoría de 'héroes'; de 'erección de monolitos', de 'monumentos', de 'cruces', de 'cambio de nombres de calles', de 'manifestaciones continuas por los motivos más nimios', de 'actos religiosos', 'misas y rosarios', de 'desagravios', de 'entronizaciones', de 'procesiones', de 'colectas' y de 'recolección' de cualquier cosa, de 'adhesiones a los líderes'"…
"No hubo día en que no se celebrara una 'efeméride religiosa' donde no apareciera este discurso, en el que los 'republicanos' eran considerados 'rebeldes' al Movimiento Glorioso por no adherirse a su causa y por tanto 'dignos de ser fusilados'". De alucinar. "Los 'golpistas' ya no eran los 'militares y sus secuaces', sino los propios 'republicanos' por 'no rebelarse' contra la República". Parece cosa de locos, pero fue así, Y cuando se tienen las 'armas', "las palabras dicen lo que el poder de las mismas quiere que signifiquen".
La prensa jugaría un papel importante en la creación de este discurso.
En Navarra, el periódico más beligerante fue Diario de Navarra, que 'se convirtió en el púlpito de los golpistas'. Ya lo fue durante la Dictadura de Primo de Rivera. Junto con él, El Pensamiento Navarro, órgano de los 'carlistas'. "Podríamos calificarlos tan 'responsables' o más que los que dispararon el fusil, de la muerte de los '3.500 navarros asesinados' porque 'justificaron y alentaron' lo que llamaron la 'obra depuradora', que incluía la 'muerte' de los republicanos y socialistas y su 'degradación física, humana y moral'".
"La 'responsabilidad' de ambos periódicos fue tan grave como la de Mola". Recuérdese que el Bando de éste fue tipografiado en las dependencias del propio periódico.
Llama mucho la atención la lectura del discurso de Pemán a las Comisiones Depuradoras de Enseñanza en diciembre de 1936. Produce escalofríos. Es puro nazismo.
En efecto. He aquí un breve fragmento para que el lector lo calibre en su justa 'medida perversa': “la perspectiva del 'resurgir' de una España mejor está en razón directa de la justicia y 'escrupulosidad' que pongan, ustedes, en la 'depuración' del magisterio 'en todos sus grados'”.
Luego añadía: “El carácter de la 'depuración' que hoy se persigue no es solo 'punitivo', sino también 'preventivo'. Es necesario garantizar a los españoles que 'con las armas en la mano' y sin regateos de 'sacrificios y sangre' salvan la causa de la civilización, que 'no se volverá a tolerar', ni menos a 'proteger y subvencionar' a los 'envenenadores del alma popular' primeros y mayores responsables de todos los 'crímenes y destrucciones' que sobrecogen al mundo”.
¿Conoces cómo fue la experiencia de quienes obedecieron de este modo, al modo Pemán, quiero decir?
No dispongo de sus confesiones. En una ocasión, 'el hijo de un asesinado' me dijo que oyó decir a un supuesto matón del pueblo: “Contentos os podéis ver en Villafranca que solo fueran asesinados 42, en otros pueblos fueron el doble”. Para pensarlo.
Se habla de matones y cerebros intelectuales. ¿Hay alguna manera de saber sus nombres?
"Una fuente clave sería la declaración de quienes heredaron 'la memoria de los vencedores'. Pero es muy probable que la mayoría tampoco lo sepan, porque también fueron hijos y nietos de 'una generación del silencio y, luego, de la vergüenza'". Pero, "aunque sepan algo, por poco que sea, 'tampoco lo dirán'. Y, mucho peor aún, si hablan, lo harán 'justificando su comportamiento'".
"Esto es lo terrible de esta historia después de 80 años. Que los 'herederos del franquismo' sigan 'justificando el comportamiento inmoral de sus antepasados'", basándose en una equidistancia de la culpabilidad que no es tal.
"Cuando he hablado con familiares 'herederos del franquismo' y les dices ciertas cosas, te replican que 'no fue así'. Pero al pedirles que te expliquen, entonces, cómo fue, 'callan y no dicen nada'". O, si dicen, lo es para encomendarse al 'territorio de las conjeturas', de las 'inculpaciones generales', del 'a mí me dijeron que…' Al no hablar, al no decir la verdad, lo que se crea es el 'territorio de la sospecha y de la fabulación'.
"Es evidente que la única manera de terminar con este prolongado 'silencio de 80 años' sería 'contando la verdad'", pero cada vez se va haciendo más difícil.
Desde la otra orilla, lo que ves de forma muy clara es que el proceso de aniquilamiento de las izquierdas en Villafranca tuvo dos momentos claves. Primero: Aniquilamiento físico. Segundo: Represión brutal en todos los órdenes.
"En efecto. Fue la 'aplicación bárbara y cruel' del Bando de Exterminio de Mola. El 'exterminio' -como forma de escarmiento- fue lo más cruel". Claro que hay gente que ha llegado a decir que el hecho de que no hubiera un 'frente republicano' fue mejor para Navarra, porque, si no, entonces habría habido 'muchos más muertos'. Al no haber más que un bando armado, se redujo considerablemente el número de 'asesinados'. "Puede que dicha tesis sea 'verosímil', pero suena 'tenebroso'".
"La única ocupación de los 'golpistas' fue 'asesinar' a quienes ya tenían previamente 'in mente'. No hubo ninguna 'improvisación'. Ya sabían de antemano a quiénes iban a 'asesinar'. Tenían, además, todo el tiempo del mundo, pues en Navarra 'no había frente de guerra'. Se lo tomaron con 'calma' y 'alevosía'".
¿Y la represión que siguió tras los asesinatos qué formas adquirieron?
"Hubo 'prisión' para los que sobrevivieron, 'campos de concentración', 'batallones disciplinarios', 'exilio', 'expulsiones de familias' y, sobre todo, 'hambruna'". Tanto en las cárceles de Tudela, Pamplona, Fuerte de san Cristóbal, estuvieron 'presos' una centena de 'socialistas', y en las Comendadoras en Madrid, Nicolás Jiménez, 'maestro', que en 1939 era Director General de Educación de Madrid, con el gobierno de Azaña. "En el 'campo de concentración' de Mauthasen estuvo 'preso' el 'maestro' Carlos Alonso y en GURS Luis Martínez Joaquit (CNT); Cristóbal Adrián Murugarren (UGT); Casimiro Pérez Nanclares (Izquierda Republicana) y Santiago Velasco Marcilla (UGT)".
"Hubo 'multas', 'requisas', 'confiscaciones de bienes', 'casas', 'comercios', 'tiendas', 'estancos', 'bares', 'ganado', 'cosechas', 'joyas', 'enseres domésticos', haciéndolos pasar después como 'donativos' voluntarios para la Cruzada". No sorprenderá, por tanto, ver en esas listas como 'voluntarios donantes' a familias de 'republicanos asesinados'. Pretendían librarse de una 'muerte o prisión segura'.
¿Y todas esas represiones están compulsadas en los archivos municipales?
Una por una. Conocía esta 'represión' por lo que me habían contado quienes vivieron esta época, pero, en efecto, "he comprobado que en el archivo 'se puede seguir paso a paso' esta 'represión sistemática' aplicada de forma rigurosa a personas con nombres y apellidos". En este aspecto, el libro relata cada uno de esos momentos, pues, a fin de cuentas, "los protagonistas del libro no son los 'fascistas' y 'asesinos' que por él pululan, sino quienes lograron salir de aquel 'infierno' a pesar de todas y cada una de las 'sevicias' a las que fueron sometidos" y que cuento con pelos y señales.
"'Falangistas' y 'carlistas', luego 'franquistas', más tarde 'demócratas de toda la vida', hicieron todo lo posible para 'hundir en la miseria' a los familiares descendientes de 'republicanos' y 'socialistas'". 'Todos sus nombres están en el libro'.
¿No hay, entonces, ley de amnistía para estos crímenes?
Sabemos que "en 1977 se proclamó una 'amnistía' para los 'crímenes' cometidos antes de esta fecha. Lógico, quienes la firmaron eran 'herederos directos del franquismo'". Se dice que 'estos crímenes no son genocidio' porque esa 'categoría' no se introdujo en el 'código penal español' hasta el 1 de octubre de 2004. Sin embargo, si echamos mano del Derecho Internacional, la perspectiva es bien diferente, porque "la norma de este 'derecho' está por encima de 'cualquier código' de alcance estatal".
Como dicen los juristas, "el principio de jerarquía en Derecho 'va a misa'". En concreto, "la llamada 'lesa humanidad' es 'supraestatal' y 'no prescribe' desde que el Tribunal de Nuremberg la tipificara en 1946, en unos 'juicios históricos' contra los 'execrables crímenes nazis'". Y lo hizo, además, con 'aplicación retroactiva', para que se pudiera aplicar desde el 30 de enero de 1933 contra el 'nazismo'.
El concepto de 'crimen de lesa humanidad', según el Acuerdo o Carta de París de 8 de agosto de 1945, que estableció el Estatuto del Tribunal de Núremberg, se definió como el "'asesinato', 'exterminio', 'esclavitud', 'deportación' y cualquier otro 'acto inhumano' contra la población civil, o persecución por motivos 'religiosos', 'raciales' o 'políticos', cuando dichos 'actos o persecuciones' se hacen en conexión con cualquier 'crimen contra la paz' o en cualquier 'crimen de guerra'".
"Si los 'crímenes franquistas', sus 'ejecuciones sumarísimas', las 'fosas comunes', el 'secuestro' y el 'robo de niños', no lo son, entonces, es que ya no entendemos nada. Ninguna 'ley de amnistía' puede estar por encima de tales 'crímenes'. Si es así, es que hemos dejado atrás la 'piedad' y nos hemos olvidado de las 'víctimas'."
FUENTE: nuevatribuna.es
Por todo esto, las derechas, herederas del régimen franquista, no quieren ni oir hablar de la Ley de Memoria Histórica, porque intenta contar la verdad de lo que ocurrió en este 'pís', destapando la persecución, la violencia y los crímenes nunca reconocidos ni condenados oficialmente, y que pesan como el plomo sobre esta... ¿democracia?

































