29/7/18

EN CLARA SINTONÍA

Ayer, mientras descendía por la Rambla de Pulido vislumbré, calle arriba, a dos mujeres que cargaban un colchón sobre sus cabezas; nuevo, supuse, porque aún estaba envuelto en el plástico original de la marca. Posiblemente (son elucubraciones mías) no tuvieran vehículo para llevarlo, ni dinero para alquilar uno que se lo transportase. 

Ayer y hoy de la Rambla de Pulido (Santa Cruz de Tenerife)
 
Aquella curiosa imagen me retrotrajo a mi infancia y a una anécdota de mi padre y otro compañero de trabajo, acaecida curiosamente en la misma zona y en la misma época veraniega, pero con una diferencia de 50 años o más y que, tiempo atrás ya les relaté en este mismo blog: 

Aquélla en la que cargaban sobre sus maltrechos hombros media docena de tubos galvanizados con un diámetro de 3/4 de pulgada y 6 metros y pico de largo (unos 11,5 kg. por pieza) bajo un sol de justicia, cuando un niño, soltándose de la mano de su madre, se colgó en mitad del vano que formaban los tubos, al grito de: "¡Mira mamá, Tarzán!"


En esos recuerdos andaba cuando me crucé con las señoras, justo a la altura de una nueva cafetería en cuya terraza, un señor bastante mayor, más que abuelo diría yo, levantando los ojos del periódico, les dijo:

- ¡Me temo que se les cayó el santo!

Y una de ellas, en un alarde de agilidad mental, respondió:

- Lo dejamos en la iglesia echándose unos vinos.


"Trono vacío y santo borrachín, buenos argumentos de procesión profana", pensé con ironía. Fue entonces cuando un joven que iba de paquete en una moto, le gritó al motorista para que todo el mundo lo oyera:

- ¡Mira, Juan, dos ligonas!

Y en clara sintonía, sonó de pronto un rotundo dueto de colchoneras gritándole en estéreo:







- ¡¡¡M. C. E. L. M. Q. T. P.!!!

Miguel Ángel G. Yanes

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