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25/3/21

GAIA VS HUMANOS (1ª PARTE)

Y la guerra contra la Tierra desembocó en una pandemia global

"El origen del 'nuevo coronavirus' no es un pangolín, ni un murciélago, tampoco un laboratorio, sino una 'crisis ecológica' provocada por las sociedades neoliberales y su cultura del crecimiento material".

Imagen de un incendio forestal en la selva de Perú. - Ernesto Benavides/ AFP

Un año buscando un culpable. Durante estos 365 días de pandemia, los dedos de la humanidad han apuntado hacia todo tipo de causas sin encontrar respuestas, sólo estigmas y conspiraciones. Lo evidente es que las explicaciones a este colapso parcial de los sistemas socioeconómicos –que durante los primeros meses de epidemia adquirió tintes distópicos no están ligadas a la aleatoriedad de la naturaleza, ni a los intereses rebuscados de una nación asiática por alterar el orden geopolítico mundial, sino que se relacionan directamente "con la forma en la que el ser humano interactúa con la Tierra".

«No hay duda de ello», asiente Fernando Valladares, doctor en Ciencias Biológicas e investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Si bien no se sabe el origen exacto de la Covid-19, todas las certezas científicas del momento apuntan a la pérdida de biodiversidad generada por actividades económicas como la deforestación, el comercio y la cría intensiva de especies animales.

La propia ONU ha advertido de cómo la 'guerra contra la Tierra' y el 'deterioro de los ecosistemas' está llevando a la humanidad a una nueva era marcada por la aparición de epidemias. Tanto es así que el último informe del IPBES (Plataforma Intergubernamental Científico-normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de Ecosistemas) señala que en la naturaleza hay "1,7 millones de virus desconocidos que podrían saltar a la especie humana en cualquier momento en un proceso de zoonosis". 

Para Valladares, la destrucción de la naturaleza es esencial para entender el origen de esta coyuntura epidémica en la que las civilizaciones modernas se han visto inmersas. «Estamos defecando sobre los ecosistemas, los estamos volviendo prácticamente disfuncionales y eso tiene unas consecuencias», advierte el experto.

Donde hay un bosque, donde hay poblaciones de mamíferos y aves, hay biodiversidad, que no es otra cosa que un escudo protector que pone distancias entre el ser humano y los patógenos que se concentran en los reservorios naturales. Existen 3 niveles de variedad natural que contribuyen a controlar la proliferación de patógenos. Por un lado, La diversidad de formas de vida: "predadores y presas, carnívoros y herbívoros, de sangre fría y de sangre caliente".

Cada una de estas funciones aportan un equilibrio natural que impide que haya sobrepoblación de especies que alberguen mayor número de reservas víricas. Por otro lado, en los ecosistemas hay una biodiversidad que afecta a animales dentro de un mismo grupo, es decir, diferentes tipos de roedores, de aves, de mamíferos. «Esto es un mecanismo de dilución que ayuda a disminuir las cargas víricas», matiza el investigador.

Por último, hay una tercera escala de biodiversidad que afecta a un nivel genético, de tal forma que "un virus no afecta de la misma forma a todos los animales de una misma especie concreta". Este mecanismo lo tenemos los propios humanos y lo hemos visto con el coronavirus, cuando la enfermedad se ha manifestado de formas muy diferentes en cada uno de los pacientes.

La forma en la que el ser humano 'interactúa con animales', el modo en el que elimina indiscriminadamente hectáreas de bosques y expande sus ciudades sobre la naturaleza, contribuye a que todos estos mecanismos se alteren, provocando que los virus y bacterias que permanecen ocultos puedan saltar al ser humano. "La Tierra es un sistema muy complejo de relaciones, donde cada especie tiene su función".


"De alguna forma, llevamos décadas irrumpiendo en los ecosistemas , alterando hábitats y poniendo especies salvajes cerca de nosotros. Esto no ha hecho más que incrementar los riesgos de que haya zoonosis», expone Gema Rodríguez, responsable de Especies Amenazadas en el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF)

Un círculo vicioso de malas prácticas

En la pérdida de biodiversidad y el incremento de riesgos de zoonosis intervienen elementos que se retroalimentan en un círculo vicioso. Por un lado, el cambio climático provocado por la actividad económica del ser humano basada en la quema intensiva de combustibles fósiles y el cambio de usos de la tierra.

La subida de temperaturas del planeta resulta crucial para entender la propagación de la covid, tal y como apunta una investigación reciente de Science of the Total Environment, que detalla cómo los cambios en el termómetro han terminado alterando los ecosistemas de tal forma que las poblaciones de murciélagos animal que sirve de reservorio de diversos tipos de coronavirus de Myanmar o Laos se desplazarán hacia Yunnan, en China.

La economía fósil ha provocado una gran crisis climática que es determinante para entender cómo los 'vectores de contagio de virus de origen animal' se acercan cada vez más al ser humano. La covid no es un caso aislado. El zika, la malaria o el dengue también guardan relación con la forma en la que especies de mosquitos se trasladaron a nuevos hábitats con la progresiva subida de los termómetros.

En el caso de España, el último informe del Ministerio para la Transición Ecológica y la Fundación Biodiversidad advierte de cómo las transformaciones en el clima pueden convertir la península ibérica en un lugar perfecto para que se asienten mosquitos que transmiten el virus del Nilo o las garrapatas que propagan la Fiebre Hemorrágica Crimea-Congo (FHCC).

 
El ciclo de actividades humanas que contribuyen a la aparición de zoonosis. Ana Capdepón/Público

FUENTE: publico.es

Alejandro Tena

10/03/2021

CONTINUA...

19/3/21

HACE UN AÑO YA

El deterioro de los ecosistemas y su relación con la salud humana acaparan el 'Día Internacional de la Madre Tierra'

Foto por Gerd Altmann /Pixabay

Incendios, registros de temperaturas máximas históricas y hasta una crisis sanitaria mundial por un nuevo coronavirus, el COVID-19, con una gran relación con la salud de los ecosistemas. Es evidente que el planeta está mandando un 'mensaje a la humanidad', pues es precisamente 'el hombre' quien "ha provocado cambios drásticos en la naturaleza, y ésta responde a a la agresión".

Este miércoles, 22 de abril, se celebra el Día Internacional de la Madre Tierra, una efemérides proclamada oficialmente por la Asamblea General de la ONU en el año 2009, aunque se lleva celebrando desde 1970 con diferentes actos con el objetivo de sensibilizar a la población mundial sobre la magnitud del problema medioambiental.

En esta ocasión, la jornada coincide con el Súper Año de la Biodiversidad, declarado por la ONU para enfrentar las emergencias del clima y la biodiversidad, así que se centra en la 'diversidad biológica' como indicador de la salud de la Tierra, según el organismo mundial.

El brote de coronavirus representa un riesgo enorme para la salud pública y la economía mundial, pero también para la 'diversidad biológica'. Sin embargo, esta última puede ser parte de la solución, ya que una diversidad de especies dificulta la rápida propagación de los patógenos.

Y es que la 'biodiversidad' juega un papel fundamental en el mantenimiento de la vida tal y como la conocemos, según la Organización Mundial de la Salud (OMS)(1).

A pesar de los esfuerzos en curso, la 'biodiversidad' se está deteriorando en todo el mundo a un ritmo sin precedentes en la historia humana. En la actualidad, un 75% de los ecosistemas terrestres y un 66% de los marinos ya están 'gravemente alterados'(2). Esta disminución continuará o empeorará, según los modelos económicos, sociales y ambientales actuales.

Además, el 'impacto positivo del virus', con una mejora de la calidad del aire, no es más que algo temporal debido a las medidas de contención. Por todo ello, este año en el que el Día Internacional de la Madre Tierra se centra en la 'biodiversidad' nos debería hacer reflexionar sobre nuevos modelos económicos más sostenibles. Por eso la ONU invita a promover "estar en armonía con la naturaleza y con la Tierra(3)".

“Con este panorama general y el escenario del coronavirus, nuestra prioridad inmediata es evitar la propagación del COVID-19, pero es muy importante también abordar la pérdida de hábitat y biodiversidad, admite la ONU, para añadir: “Estamos juntos en esta lucha con 'nuestra madre Tierra'”.

BIBLIOGRAFÍA:

(1) Cambio climático y salud humana. Organización Mundial de la Salud (OMS) https://www.who.int/globalchange/ecosystems/biodiversity/es/

(2) Zhang, J. (Mayo 2019). Cambio climático y Medio Ambiente. Noticias ONU https://news.un.org/es/story/2019/05/1455481

(3) Harmony with Nature. Naciones Unidas http://www.harmonywithnatureun.org/

FUENTE: greenandcleanmag.com

22/04/2020

25/5/20

PUNTO DE NO RETORNO

Una señal sobre el umbral de rotura, el punto de no retorno para la humanidad

Foto: Pixabay

A raíz  del Día de la Tierra, en ‘El Asombrario’ vamos a publicar una serie de artículos que enmarcan la pandemia que estamos sufriendo dentro de nuestra relación con la Madre Tierra. Comenzamos con este artículo que nos hace ver que conocemos la complejidad de la vida de la que formamos parte, pero nos seguimos comportando como 'inconscientes aprendices de brujos', alterando todo nuestro entorno, con soberbia e irresponsabilidad. Desconocemos cuándo pasaremos el 'umbral de rotura', el punto de no retorno para la Humanidad.

"Esta pandemia podemos verla como una señal, un síntoma, la fiebre que nos avisa de nuestro comportamiento enfermizo frente al equilibrio del planeta, el cambio climático y la pérdida de biodiversidad".

"Esta pandemia nos ha encerrado. Confinados con la familia o solos pero, en cualquier caso, replegados en nosotros mismos". Con más tiempo para reflexionar y bajo 'continuo bombardeo informativo'. Especialmente, por las redes sociales. Muchas informaciones son verdadera basura. Si conciernen a nuestra especialidad, detectamos a las pocas palabras la ausencia de base científica de las "prédicas conspiranoicas, místicas o, simplemente, disparatadas". Consultad a vuestros amigos expertos en cada disciplina para aclarar vuestras dudas.


"Pero también recibimos reflexiones y conexiones valiosas, que llaman la atención sobre las lecciones que deberíamos aprender de este auténtico drama que azota a toda la humanidad". Algunas de las consideraciones más interesantes tratan sobre la pandemia y el medioambiente. Especialmente, las relaciones, consecuencias y lecciones de nuestro comportamiento frente al cambio climático y la biodiversidad.

Permitidme comentar algo sobre este punto. "La biodiversidad se está considerando como una suerte de caja que guarda riquezas y amenazas potenciales y cuya irreflexiva apertura (rotura de su integridad) puede desencadenar calamidades inesperadas (pandemias, entre otras)".

No son advertencias nuevas; "hace más de 30 años que organizaciones como WWF y muchos científicos vienen advirtiendo que la apertura sin precauciones y la destrucción de bosques vírgenes, el comercio internacional de seres vivos o el cambio climático que desplaza ecosistemas y especies pueden traer consecuencias fatales para nuestra salud y economía".

WWF (World Wildlife Fund) - Fondo Mundial para la Naturaleza

 Algunos autores opinan que el término biodiversidad se ha quedado desfasado, resulta inconcreto y se debe ser más precisos con los conceptos. Clásicamente, "la biodiversidad viene definiéndose como el conjunto de las distintas especies, ecosistemas y variaciones genéticas dentro de cada especie". Pero, realmente, la mayoría de las personas, cuando piensan en biodiversidad, sólo imaginan el número de diferentes especies de seres vivos que habitan un territorio y, la verdad, sólo se nos ocurren especies grandes y vistosas.

A mí me preocupa aún más la 'concepción estática', como congelada, de la biodiversidad. El progreso de nuestro conocimiento no tiene más remedio que "comenzar por el análisis y el conocimiento de las partes y los procesos simples". La panorámica amplia sólo llega tras muchos conocimientos parciales. Bien es cierto que la ecología investiga las relaciones, pero aún queda mucho por conocer y explicar.

Cuanto más sabemos, más complejo aparece el cuadro amplio. "No comprenderemos nuestra relación con la biodiversidad, con el mundo vivo, si no somos capaces de empezar a ver su funcionamiento de modo dinámico". Sería como querer conocer a fondo el argumento de un filme tan sólo con mirar unos pocos fotogramas fijos.


"Los bosques (o nuestro progresivo conocimiento de su funcionamiento y sus secretos) constituyen un buen ejemplo de lo que, realmente, implica la biodiversidad, los sistemas vivos". Algunos autores de ciencia ficción, como la magnífica Ursula K. Leguin, imaginaron fantásticos planetas cubiertos por 'bosques inteligentes'.

"Lo asombroso es que, a partir de la auténtica revolución en el conocimiento de los bosques iniciada en la década de los 70 del siglo pasado, hemos ido descubriendo que algo muy parecido ocurre en nuestro propio mundo". De pasada –sería materia para una distinta y larga reflexión–, aclarar que "inteligencia y autoconsciencia son procesos distintos y de muy diferente origen".

La ‘inteligencia’ de los bosques adultos
 

Como muy bien cuenta en sus libros el investigador italiano Stefano Mancuso, -experto en 'neurobiología vegetal'se ha demostrado que "los árboles en relación mutualista con los hongos del suelo y otras plantas, forman una red subterránea mediante la cual se intercambian información y materia". Entre otras funciones, a través de esta red, los árboles sostienen y aportan nutrientes a los individuos enfermos o que sufren otros tipos de estrés.

"Los árboles se comunican tanto mediante esta red como por la emisión de sustancias volátiles que transmiten mensajes por el aire, avisando de ataques de plagas y otros acontecimientos significativos". Por analogía con Internet, casi como una broma, se le comenzó a llamar a esta estructura la Wood Wide Web (WWW) y ahora se ha popularizado el término.

"Apenas se comienza a conocer esta extraordinaria comunidad en la que ocurren todo tipo de fenómenos sorprendentes como, por ejemplo, que los sistemas radicales de los árboles cuya parte aérea muere (enfermedad, tala, etc…) se integran en la red, en general por fusión directa (anastomósis) de las raíces, y son utilizados por otros árboles, incluso de diferente especie".


"A toda esta matriz básica -auténtica cuna de vida-" hay que superponer además toda la fauna del bosque; a su vez, con "ilimitadas relaciones de dependencia, tróficas, simbióticas, de comunicación, etc… con el estrato vegetal y entre ella".

A esta 'extrema y extraña complejidad' aún ha de añadirse la dimensión tiempo. "Para seres con vidas tan efímeras como las de los humanos, nos resulta muy difícil aprehender los dilatados periodos en que transcurren los bosques". Los procesos de sucesión (los itinerarios de maduración) de los bosques se miden en siglos y las vidas individuales de muchos árboles se cuentan en milenios.

"Se estima que el sistema radical (la porción aérea muere y se regenera una y otra vez) de la picea llamada Viejo Tjikko que crece en la montaña sueca tiene una edad superior a los 9.500 años". Por su parte, "la evolución de los bosques requiere millones de años".
 

Sistemas complejos e interconectados

"Nuestro intelecto se enfrenta así a sistemas estructuralmente muy complejos y que cambian a lo largo de muy dilatados tiempos". Esta realidad difícilmente se pueden conocer a fondo sin tener en cuenta que estos cambios entrañan 'procesos entrelazados'.

"Existe un nivel de red en los ecosistemas pero, a su vez, cada organismo individual se asocia íntimamente con muchos otros organismos microscópicos. Sin ir más lejos, una parte significativa de nuestro peso corporal está constituida por la miríada de microorganismos necesarios que nos colonizan desde la piel a los intestinos".


"Dependemos de ellos. Por sólo apuntar un hecho sorprendente, el correcto funcionamiento de nuestro cerebro está influido por el estado de nuestra flora intestinal". Pero aún existe un nivel más interior. "Nuestras células (las de todos los organismos que poseemos células evolucionadas) provienen de la unión simbiótica de organismos diferentes".

"El caso más conocido es el de nuestras mitocondrias. Orgánulos citoplasmáticos que se encargan de la gestión de la energía intracelular y que proceden de la unión simbiótica con ancestrales seres independientes".

Debemos entender por tanto que, "aunque estudiemos la evolución de líneas (los homínidos, los équidos…), sólo existe co-evolución". Por supuesto, algo mucho más difícil de aprehender. Toda esta complejidad cuatridimensional no es exclusiva de los bosques. "Otros biomas ricos y estables (como los arrecifes de coral) seguramente tengan algún tipo de inteligencia estructural y todos los ecosistemas co-evolucionan de modos más o menos complicados".
 

Incluso a la escala de la 'corta existencia de nuestra especie', hace muy poco que empezamos a conocer las complicaciones de la vida de la que formamos parte. "No obstante, nos seguimos comportando como inconscientes 'aprendices de brujo', entrando a saco, alterando todo nuestro entorno, sin prever las consecuencias".

"Esa matriz que nos contiene y que nos proporciona todos los mecanismos de soporte vital sin los que no sobreviviríamos, es la que estamos dañando sin saber su capacidad de resistencia. Desconocemos cuándo pasaremos el umbral de rotura, el punto de no retorno".

La rotura de los equilibrios


"La pandemia que nos azota tiene su origen fundamental en la rotura de todos los equilibrios, en la falta de previsión y en modos de vida que desprecian las limitaciones naturales". Ese tan mentado principio de previsión que nunca llegamos a aplicar en su auténtica dimensión.

"Resultaría antropomorfizante e ingenuo (casi animista) decir que la naturaleza nos está enviando una señal". Tan tonto como pensar que la silla que se rompe bajo nuestro sobrepeso nos está diciendo que debemos adelgazar. "Lo que sí resulta cierto es que deberíamos tener la suficiente inteligencia para interpretar las señales, los indicadores o síntomas, que aparecen cuando las cosas van mal", cuando ponemos en riesgo nuestra propia vida.

Aborrezco ser un 'agorero sabihondo' que dice a los demás lo que deben hacer. En su lugar, sólo quiero dejaros un par de ideas para reflexionar: "Existen señales inequívocas (no sólo el virus desencadenado) de que las cosas no pintan bien para nuestra especie, que nuestras sociedades, economías y comportamientos no son sostenibles". Por otra parte, ha quedado demostrado que "cuando la humanidad se pone de acuerdo (no ha sido suficiente para contemplar la inequidad) puede alterar de un día para otro su comportamiento hasta extremos inconcebibles".


"Espero, realmente espero, que nuestros responsables políticos y cada uno de nosotros aprendamos lecciones importantes de esta crisis. El futuro de la humanidad, de nuestros descendientes, depende de ello". Y todos, cada uno de nosotros, podemos influir en la senda a nuestro futuro común. No salgáis indemnes de esta prueba, no olvidéis todo en las primeras vacaciones. "Todos tenemos nuestra parte de responsabilidad, no menos con nuestras opciones políticas".

Carlos González Vallecillo (Ceuta, 1944) es biólogo y comunicador conservacionista, miembro de APIA (Asociación de Periodistas de Información Ambiental). Formó parte del equipo de redacción de ‘Fauna’, de Félix Rodríguez de la Fuente y trabajó más de 20 años en WWF España, donde creó su departamento de comunicación. 

FUENTE: elasombrario.com
Ventana Verde
Carlos González Vallecillo
21/04/2020


Apabullado por la rotundidad del artículo, solo me atrevo a decir que estamos al borde del abismo, pero la clase dirigente no siente aún su vértigo.

20/3/20

LA DESTRUCCIÓN DE LOS ECOSISTEMAS, EL PRIMER PASO HACIA LAS PANDEMIAS


Las primeras reacciones ante una 'pandemia' como la del 'coronavirus' tratan de buscar culpables.

El 'pangolín' o el 'murciélago' podrían estar detrás de la propagación del 'virus'. Sin embargo, los expertos señalan al 'ser humano' que, a través de la deforestación, la tala y el comercio con animales exóticos, se expone a estas 'enfermedades'.
 Un único árbol resiste en pie después de un proceso de deforestación. Reuters/Bruno Kelly
Un único árbol, dejado como muestra, resiste en pie tras una deforestación
Reuters/Bruno Kelly 

"El 'confinamiento' nos hace buscar 'culpables'. Unos,cargados de 'racismo', señalan a los 'malditos virus chinos'". Otros ponen el índice sobr el 'pangolín', mientras buscan en las redes una imagen que les dé oportunidad, al menos, de saber cómo es este 'animal exótico'.

También hay quien, 'lejos de cerrar filas en momentos de unidad', cargan contra el Gobierno, que parece no haber sabido gestionar la 'crisis sanitaria del coronavirus'. Se puede encontrar, incluso, "personas que defienden de manera 'férrea' que esta 'crisis viral' responde a 'intereses ocultos'", lo cual ha sido 'desmentido' por la ciencia en un 'estudio reciente' que niega que COVID-19 pueda haber 'nacido en un laboratorio'*.

Más allá de conjeturas,"esta 'pandemia global' pone sobre la mesa una evidencia relativa a la 'repentina aparición' de 'virus desconocidos' en las sociedades: el ser humano y sus 'acciones sobre el medio ambiente' favorecen que este tipo de organismos, 'ocultos' en la naturaleza, 'entren en contacto con las sociedades'".

Pangolín (mamífero con escamas, en peligro de extinción)

"Simplificamos los 'ecosistemas', reducimos el número de 'especies' y perdemos 'biodiversidad'. Esto hace que desaparezcan 'especies intermedias' que actúan como 'barrera', favoreciendo que contactemos con 'especies' con las que 'nunca antes tuvimos contacto' y, por lo tanto, estemos 'más expuestos'", explica a Público, Fernando Valladares, doctor en Ciencias Biológicas e investigador del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

"La reducción de La Tierra a 'producto de consumo' es, sin lugar a dudas, un 'condicionante' a tener en cuenta a la hora entender la razón por la que este tipo de 'enfermedades' –unas más virulentas que otras– se 'propagan' por el mundo cada vez con 'mayor periodicidad'".

"Existe una 'vinculación' probada científicamente entre la 'destrucción de entornos naturales' y la 'aparición de nuevas enfermedades'", expone Juantxo López de Uralde, diputado ecologista y presidente de la Comisión de Transición Ecológica del Congreso.

Primeros positivos en coronavirus de trabajadores de supermercados

"Con la 'destrucción de bosques tropicales' para, por ejemplo crear plantaciones de 'monocultivos', las 'especies' desaparecen y otras buscan refugio en zonas 'más cercanas al ser humano', que 'interactúa con el animal' a través de 'comercio de especies', o directamente se 'lo come', y termina 'contagiándose'", resume el experto.

"El problema de 'eliminar bosques' para 'llenar bolsillos' va más allá de la 'moralidad ecologista' y abre la puerta a que se aumenten los 'riesgos de propagación de enfermedades'". Según explicaba en la BBC, Peter Daszak, ecólogo e investigador clave en el 'descubrimiento de los murciélagos como origen del SARS (Severe Acute Respiratory Syndrome)', se estima que en las zonas más 'recónditas' del planeta se esconden en torno a '1,7 millones de virus sin descubrir', lo que revela hasta qué punto de revertir espacios naturales al antojo de la economía –sea deforestación o sea tráfico de especies exóticas– puede aumentar los 'riesgos' de una 'pandemia' como la actual.

"Estamos gastándonos una 'ingente cantidad de dinero' en contener un 'fracaso', que es lo en realidad es el 'coronavirus'"



"Uno de los mensajes más importante durante esta 'crisis' es que 'la biodiversidad nos protege'. Es algo que debe de quedar claro. Estamos gastándonos una ingente cantidad de dinero en 'contener un fracaso', porque el éxito no es vencer la 'pandemia', sino que 'no se produzca' y para ello es necesario 'recuperar los ecosistemas y mantenerlos intactos'", advierte Valladares, que pone el foco en el valor de 'la naturaleza como barrera' ante este tipo de fenómenos.

"En el caso del 'coronavirus', las tesis principales hablan del 'murciélago' como uno de los animales que habría podido propagar el 'virus'. Lo que no está claro es cómo y si hubo animales intermedios –aquí podría entrar en juego el 'pangolín'que hubieran estado 'infectados por el mamífero volador' y pudieran haber 'propagado el virus'".

En cualquier caso, "las similitudes con la 'propagación de otras pandemias' como la del 'Sars' o el 'Ébola' son evidentes: 'seres humanos' que entran en 'contacto con animales' con los que en el pasado no guardaban 'relación alguna'"

Lo que necesitas saber si tu empresa va a realizar un ERTE

"Esta irrupción del ser humano en la naturalez" se convierte, según un informe reciente del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), en un 'boomerang' que se vuelve contra la 'salud global'.

Así, "la expansión del COVID-19 se se debe, según las primeras publicaciones, a un proceso de 'zoonosis' (enfermedades que los animales pueden transmitir a personas) que lejos de tener su origen en los mercados de 'especies exóticas', comienza en las actividades de 'deforestación' y construcción de 'infraestructuras' en 'territorios boscosos'". Este es el primer paso para que "animales prácticamente 'desconocidos' se acerquen al 'ser humano'".

"El éxito no es vencer la 'pandemia', sino que no se produzca, y para ello es necesario recuperar los 'ecosistemas' y mantenerlos 'intactos'"



Los 'murciélagos' estaban detrás del SARS, el 'mono' pudo ser el paciente cero del VIH, las 'gallinas', a su vez, extendieron la 'gripe aviar' y, ahora, se señala al 'pangolín' y al 'murciélago' como posibles transmisores del COVID-19. "Tendemos a buscar un origen y siempre recurrimos al 'animal', cuando el 'culpable real' es el 'ser humano', que de manera directa o indirecta ha sacado a las 'especies' de sus 'ecosistemas'", argumenta López de Uralde.

"Hasta ahora hemos conservado los ecosistemas por pura ética, sin saber que estos ecosistemas nos protegen", agrega Valladares, haciendo énfasis en que esta 'crisis' puede servir para entender el valor de 'protección' que tiene la 'naturaleza'. Así, el experto incide en que la 'victoria' sobre el 'coronavirus' pasa por la 'complejización' de los 'ecosistemas' y para ello, según explica, es necesario "cambiar las estructuras 'sociales' y 'económicas'" que favorecen la depravación de la naturaleza. "Es la única forma de conseguir que dentro de un tiempo no llegue otro 'virus desconocido' a las civilizaciones", zanja.

FUENTE: publico.es 
Alejandro Tena 
Madrid - 18/03/2020