24/10/10

EL COLCHÓN DE LA FELICIDAD

Alguien ha intentado convencerme de que existe el colchón de la felicidad. Al parecer es un colchón económico sobre el que se puede saltar y ser feliz. Por lo visto debe de estar muy lleno de billetes, para que amortigüe bien los golpes, porque si no, los costalazos son tan morrocotudos que eres incapaz de volver a levantarte, a no ser que alquien te ayude y lo rellene convenientemente, metiendo muchos más billetes en él, para que puedas subir de nuevo.


El problema es que para hacerte con un colchón de esos, necesitas primero tener un capital, así que, si eres un simple trabajador; a no ser que te caiga del cielo, merced a una herencia o una lotería... iba a decir también a través de un crédito bancario, pero tal cual están las cosas, va a ser más viable lo primero. Bueno, pues a lo que íbamos; que trabajando asalariadamente, nunca vas a reunir dinero suficiente para comprarte uno. Y por lo visto, sin ese colchón, no hay nada que hacer.

¡Ah! Pero no desesperes, porque aunque posea una clara utilidad, no creo yo que tenga nada que ver con la felicidad; como mucho será el colchón del bienestar o el de la seguridad económica, y poco más. Tengo claro que la felicidad no es nada parecido a un colchón.

Es sistema capitalista se ha ocupado de convencernos, generándonos necesidades a diestro y siniestro, de que la felicidad es comprar, comprar, comprar... para tener, tener, tener... "porque cuanto más tengas más feliz vas a ser", pero el consumo desmedido al que estamos abocados, lo que realmente nos está creando es una angustia vital  que nos impide ver la realidad.

No existe un colchón de la felicidad. Sólo existe saltar, saltar libre, desnudo de perjuicios, al espacio vacío de la vida, sin colchón y sin red, porque, caigamos donde caigamos... ¡el propio salto es la felicidad!


Miguel Ángel G. Yanes

22/10/10

LA ANCIANA Y EL SEMÁFORO (AÑOS HA)

Avenida de Anaga, 11,30 de la mañana.

Una anciana, bastante ágil a decir verdad, intenta cruzar un paso de peatones con el semáforo en rojo. Frenazos, pitadas, gritos.

Me acerco a ella y tomándola del brazo la hago retroceder hasta la acera.


- ¡Maleducados, que son unos maleducados! Apostilla.

- ¡Señora!, es que ahora mismo ellos tienen preferencia.

- Pues “Allí” siempre paran.

- ¿Y dónde es “Allí”? Pregunté. 

- ¡En La Palma!

- ¡Ah...!

De inmediato lo vi claro; en aquella época, el ritmo de la vida "Allí", era otro bien distinto, sosegado, distendido, amable... nada que ver con la barahúnda de aquí. De hecho, el único semáforo que existía en la isla estaba en la zona de los Cuarteles, y con toda probabilidad, ella no lo habría visto nunca.


Intento explicarle qué debía fijarse también en la luz del semáforo.

- ¿Ve Vd. aquel muñequito rojo? Pues cuando cambie de color es el momento de cruzar.

- ¡Ay, no me haga reir!… y si se avería y no cambia ¿voy a estar aquí toda la vida?

Miguel Ángel G. Yanes

20/10/10

LA NUEVA PLAZA DE ESPAÑA

A mí, personalmente, no me gusta nada.

Por fortuna, en el país en el que estamos y en los tiempos que corren, ya se puede opinar sobre cualquier cosa con total libertad sin que te metan mano, y hoy voy a decir en voz alta: ¡No me gusta! No me gusta en absoluto cómo ha quedado la Plaza de España.


Entiendo bien poco de arquitectura, y supongo que no estoy capacitado para ningún tipo de valoración, pero me basta con mirar alrededor para comprender que aquello, no tiene nada que ver con el entorno. Un entorno de corte neoclásico (Cabildo, Correos) y racionalista (Casino) destrozado desde hace tiempo por la imagen del Edificio Olimpo, sustituto del antiguo hotel Orotava, que era, cabe decirlo, menos pretencioso y más acorde con el resto de edificaciones.


No me gustan los negros mamotretos (léase pabellones, si se quiere) aunque me admire la belleza del "jardín vertical". Yo había entendido que se trataba de abrir la ciudad comunicándola con el puerto y no de ponerle muros que dificultaran su visión.

Sentarte en la terraza del British o del bar Atlántico, ya sin su balaustrada de madera y sin sus típicas macetas colgantes, nunca ha sido lo mismo de antaño, pero es que ahora, y por muy bonito que esté decorado, tienes un muro a cuatro palmos de tus narices que te impide ver la plaza, y no digamos los barcos o la mar.
Tampoco me gusta la telaraña de cables que pende sobre nuestras cabezas, por muy originales que sean las "gotas". Pero si ya habíamos prescindido de ellos por incómodos y antiestéticos. Es como retroceder hacia épocas pasadas, cuando los cables se tendían de fachada a fachada para sostener las viejas luminarias.

No me gusta la "lámina de agua". Lo desmesurado de su tamaño hace que, al bordearla, no pueda reprimirme y diga lo de… "vuelta al ruedo y oreja".

¡Sí! Sé que se puede cerrar el grifo y aprovechar la zona para cualquier tipo de evento, pero no es eso lo que me molesta, sino la cantidad de espacio útil que ha quitado, sobre todo a los críos.

No me gusta la situación en que la han quedado los guerreros de bronce. Antes, sus enormes pies, quedaban a la altura de nuestros ojos y la perspectiva los hacía parecer gigantescos. Hoy, al haber perdido sus pedestales, en comparación me resultan enanos.

Tampoco me gusta un prisma negro situado frente a la fachada principal del Cabildo, supongo que será la caja del ascensor para acceder a unos garajes subterráneos, merced a los cuales no se pudo instalar la arboleda que figuraba en el proyecto original. Con media docena de laureles nos taparon la boca.


Echo de menos los hermosos parterres: el césped, los rosales, y ya no digo nada de los bancos de piedra con sus respectivas pérgolas, y las enredaderas ofreciéndonos el amparo de su sombra en las horas de sol.


No era lo mismo dar la vuela a la plaza entre las esculturas, la torre y los jardines que hacerlo ahora alrededor de un charco.

Miguel Ángel G. Yanes
05/10/08

17/10/10

32 AÑOS DESPUÉS

Pocas emociones pueden compararse al encuentro de un grupo de amigos tras más de 30 años sin verse. Algo vibra muy adentro del pecho y los ojos se nublan de repente en la fuerza efusiva del abrazo.

Los años y la distancia nos había separado más de lo previsible, pero merced a la labor y al empeño de Joan, pudimos darnos ese abrazo tanto tiempo postergado. Fue a orillas del Ebro, en plena plaza del Pilar de Zaragoza, al peso de un mediodía de plomo derretido. “Lorenzo” no quería perderse tampoco aquel encuentro y nos iluminó con toda la fuerza de su agosto.


A mí, como isleño de las “colonias de ultramar”, viviendo a tantas millas de la metrópolis, es a quién más le cuesta desplazarse; no tengo más opciones que el barco o el avión, pero ellos que pueden hacerlo con mayor facilidad, bien en coche, en autobús (allí no hay guaguas) o en tren, apenas se habían visto en alguna ocasión. La verdad es que la vida nos encarrila y nos absorbe de qué manera.

En principio habíamos previsto aquel encuentro para la primera semana de mayo, aprovechando la festividad del día 1 (ya no me atrevo a llamarla por su santo nombre) y que aquí, en Santa Cruz, el día 3 también era festivo, pero un problema de índole familiar me hizo postergar el viaje, de modo y manera que, a la postre, viajó la familia al completo, a excepción de mi suegra, que ya se encontraba atendiendo a su hija mayor en Palamós (Girona), hacia donde nos dirigimos.


Me ha faltado apuntar que del grupo de amigos, siete en total que, además de la mili, compartíamos piso en Cartagena, hubo dos a los que nos fue imposible localizar:Guillermo Contreras González (chicharrero como yo) y Tomás Velasco Alonso (vasco de pro) y un tercero: Jesús Mir Mur (catalán, está claro) quién, a pesar de que Joan logró contactar con él, no pareció muy interesado en el proyecto. Así que nos reunimos:Joan Puig Bolta (artífice del encuentro), Pere Casajuana Soler, Jesús Mutuberría Ibarra y el que suscribe, amén de las esposas de todos, y de mi hija y su novio, que no quisieron perderse el acontecimiento.


He de decir que, físicamente, los reconocí sin problema, estamos más o menos conservados para nuestra edad: menos pelo, más barriga, algunas arrugas; lo normal después de los 32 años transcurridos.

Compartimos una comida fraternal en la mismísima plaza del Pilar, charlamos sobre los viejos tiempos, recordamos anécdotas, personajes, sitios, vimos fotos de la época… en fin, lo que suelen hacer unos amigos, en su intento de recuperar lo que han sido la vida de los demás durante todos estos años.


Tras el café, levantamos el campamento y, para cumplir con la tradición, nos decidimos a visitar la basílica. La verdad es que se agradecía huir del calor al amparo de bóvedas y cúpulas, a la vez que disfrutar de la magnificencia de su obra y de su arte. Lo primero que captó mi atención fueron los huecos abiertos en el techo, fruto de dos bombas (que aún se encuentran en el templo) al parecer, tiradas por la aviación republicana durante la Guerra Civil, y que no llegaron a explotar. Yo no tengo claro si fue un milagro o si carecían de espoleta… tampoco tengo muy claro quién las tiró. Otra cosa que me impresionó por lo inusual, fue el gran despliegue de banderas hispanoamericanas que adornan las columnas. No en vano, la Virgen del Pilar es la Patrona de la Hispanidad. Lo majestuoso de la basílica y la gran cantidad de obras de arte de su interior, sobrecogen el ánimo de cualquiera: pinturas, templetes, esculturas… pero sobre todo me sentí impresionado por el coro y el retablo mayor.


Concluida la visita, y a pesar de que el calor no había cedido un ápice, decidimos dar un paseo por los aledaños de la plaza. Recorrimos algunas calles, algunos rincones típicos, pero pudo más “Lorenzo” que nosotros y terminó obligándonos a buscar refugio en una tasca donde, entre ventiladores y cañas de cerveza, apuramos la tarde.

Tras un fuerte y emotivo abrazo nos despedimos en el mismo lugar en el que nos habíamos encontrado unas horas antes. ¡Ah! Y nos prometimos no volver a dejar pasar tantos años hasta la próxima reunión, ¡je, je! que posiblemente se haga en Tenerife.



Miguel Ángel G. Yanes

15/10/10

EL "ABURRAMIENTO"

"Cogito ergo sum" (pienso, luego... existo) o bien: pienso, luego... burro, o cualquier otro animal que se les ocurra y que se alimente de pienso, o sea que “piense”.

Que digo yo, qué en cuanto a entes pensantes que se supone somos, no estaría de más que tomáramos algunas medidas encaminadas a una clara diferenciación con el burro, asno, onagro o como quiera que llamemos a ése de las orejas grandes y la voz potente; no vaya a ser qué, estando en peligro de extinción en nuestro país, vayamos a ocupar ese nicho vacante porque, incomprensiblemente, ahora que poseemos un medio de comunicación tan poderoso como la televisión, corremos ese riesgo.


Las posibilidades culturales y educacionales de tal medio, rayan en lo infinito, pero no debe interesar demasiado que el pueblo llano se eduque y culturice (está claro que cuanto más culto es un pueblo, más difícil de manipular) y en vez de enseñarnos a pensar, nos echan pienso a destajo, y nos hartamos de él hasta tal punto que se nos atrofian las entendederas.

Fíjense ustedes que a mí, el burro siempre me resultó un animal encantador: noble, suave, cariñoso (supongo que estaré influido por la idea del Platero que nos legó Juan Ramón Jiménez)… pero, en contra de lo que se piensa, trabajador no es, porque si no se le obliga, no asume la maldición bíblica que intentamos traspasarle a toda costa, lo cual me parece hasta políticamente correcto por su parte. Sin embargo, desde pequeñito siempre oí decir aquello de... "no seas burro".


Por algo sería que se nos equiparaba siempre con ese animal y no con otros; hasta el punto de inventar aquel castigo consistente en unas orejas de cartón, que encasquetaban en la cabeza de los más “torpes” (entiéndase también los más rebeldes o poco maleables) para mofa y escarnio del resto de sus compañeros.

Pues bien, si no andamos listos, y dejamos de tragar esa ingente cantidad de basura televisiva, a parte de aburrirnos, vamos a terminar también por “aburrarnos”.

Miguel Ángel G. Yanes

12/10/10

EL REMOLINO

Nunca estuve afiliado a ningún partido político, ni, con la edad que tengo, creo que llegue a estarlo jamás. Ya me siento bastante manipulado por el Sistema y me debo a demasiadas disciplinas, para encima tener que aguantar una de partido. También es verdad que nunca aspiré a medrar en esas lides.


En los primeros tiempos de la actual “democracia”, amigos y compañeros de trabajo intentaron convencerme de afiliarme a un bando u otro, pero mi filosofía de la vida, me empujaba a ser lo más independiente posible, y a votar a quienes merecieran mi confianza (personas, no partidos) siempre que apoyaran a los más desfavorecidos y estuvieran en la ribera que yo consideraba la más justa del río.

Eso no quita para que tenga una tendencia política, unas ideas y unos ideales.

Me crié al amparo de un abuelo republicano que había pertenecido a la FAI (Federación Anarquista Ibérica) y que por ello estuvo preso en Fyffes, y a punto de que le dieran “pasaporte”, pero tuvo la fortuna de que un amigo, coronel del ejército nacional, con el que durante años formó pareja para jugar al dominó, le echó un capote en el momento justo. No supe nunca cómo, pero logró sacarlo de la funesta cárcel.


Aunque mi padre, que era su único hijo; no sé si por las circunstancias sociales y políticas de la época, o por razón de alguna extraña ley de compensación, el caso es que asumió desde joven lo de ser de derechas, y a fe que lo era, aunque nunca entendí el porqué.

Hoy nos quieren convencer, con discursos más o menos manidos, de que esos conceptos de izquierdas y derechas ya se han diluido, que son cosa del pasado, y que ahora, lo único que prima, son los dogmas del capitalismo neoliberal (globalizado y salvaje, añadiría yo) por encima de cualquier otra cuestión. Sin embargo, habría que puntualizarlo muy bien, porque esto es sólo un mecanismo de los neoliberales: presentar al oprimido/a bajo la forma del opresor. En realidad, con la búsqueda de su panacea, que no es otra cosa que el mercado libre total, lo que persiguen es anular las conquistas sociales que tanto han costado a los trabajadores.

Cuando Tierno Galván se decidió a volcar el PSP en las filas del PSOE, como única solución para fortalecer a la Izquierda, se produjo una profunda escisión entre sus miembros. Unos aceptaron el trasvase, otros se afiliaron al Partido Comunista que, más tarde, se iría disolviendo poco a poco, y el resto, juntos con una cohorte de simpatizantes, entre los que me hallaba, quedamos en medio de un remolino que todavía gira sin cesar.

Miguel Ángel G. Yanes

20/9/10

CARTA ABIERTA A MANUEL PÉREZ RODRÍGUEZ

Quiero disculparme públicamente contigo en tu calidad de amigo y presidente de la Asociación Canaria de Poetas  Uni-Verso, porque, a pesar de haber aceptado tu invitación para asistir al acto programado para el pasado día 17, en el Liceo Taoro de La Orotava, con motivo del vigésimo sexto aniversario de dicha asociación, no acudí a tal evento. Me lo impidió un repentino ataque de ciática (algo que suelo padecer con cierta frecuencia) y que, agravado, tal vez, por la extrema humedad ambiente, apenas me permitía caminar. 

De hecho, han pasado unos días y aún no he logrado recuperarme del todo.

Desconociendo tu número personal, esa misma tarde, intenté contactar a través de Rosi Bethencourt, a sabiendas de que ella acudiría a la cita y podría informarte, pero aunque llamé en diversas ocasiones, no conseguí hablar con ella.


Quisiera resarcirte en parte por mi descortesía, dando mi visión a los lectores, a través de estas líneas, de cuales fueron los orígenes de dicha asociación, siempre y cuando la memoria me siga siendo fiel:

Fue allá por 1982 cuando comenzamos a reunirnos, en la tarde-noche de los sábados, en casa de Mª Nieves Sámblás, a la sazón, en el piso que habitaba en la Calle Buenaventura Bonnet, justo a espaldas de la parroquia de la Cruz del Señor. Allí acudíamos puntualmente con nuestros poemas bajo el brazo, y tras romper el hielo, acabábamos leyéndonos nuestras obras los unos a los otros, para, a continuación, entablar una distendida tertulia, no sólo sobre literatura, sino sobre pintura, música, religión, historia, cine... y lo que se terciara.


Si no recuerdo mal, los primeros integrantes de aquellas reuniones, obviándote a ti, a Mª Nieves y a sus hijos Carlos (q.e.p.d.) y Rosi Bethencourt, fueron: Mª Cleofé Linares Quesada, Adolfo Martín Coello, Juan Antonio Peraza, José Manuel Martín, Maki (la que hoy es mi mujer) y yo mismo, aunque, con posterioridad, se agregaron también: Juan Rdguez. Álvarez, Javier de la Rosa, Mª Eugenia Alarcón…

Todo iba perfectamente. Eran unas reuniones entrañables, relajadas, en las que incluso celebrábamos un pequeño ágape aportando alguna botella de vino, dulces, refrescos, etc., y en esa distendida armonía, hablando de las cosas más peregrinas, nos daban las tantas de la madrugada. Pero... en un momento dado, se decide que optemos por una asociación poética en toda regla, con sus estatutos, su estructura jerárquica, su bendición oficial, y sus correspondientes subvenciones.


Enseguida me opuse. Yo quería que siguiera siendo la reunión informal de un grupo de amigos, sin estructuras, formalismos y demás sarandajas. Intentaron convencerme de la idoneidad de aquella medida, sobre todo por la posibilidad futura de ver publicados nuestros trabajos, pero yo no estaba por la labor.

Se establecieron unos estatutos, unas cuotas simbólicas y se propusieron los aspirantes a la junta directiva, de la que me negué a formar parte. No obstante, necesitaban un mínimo de firmas para cursar la pertinente solicitud y, al final, accedí a firmar como vocal, con la condición "sine qua non" de que, con la entrada de un nuevo socio, cesaría en mi puesto, como así fue. Me había desencantado y, a los pocos meses, solicité la baja  y terminé desligándome por completo.

La Asociación ha pervivido durante 26 años, pero el grupo de amigos... se ha difuminado.



¡Sí! Me cupo el honor de haber sido, a tu lado, miembro fundador de Poetas Uni-Verso. Sé que lo recuerdas con cariño, y agradezco por ello tu invitación; lo que no sé si recordabas es que fui también el primer disidente.

Salud, amigo.

Miguel Ángel G. Yanes

16/9/10

LOS INTRÍNGULIS DE LA ECONOMÍA

No entiendo nada de economía, salvo de la familiar, pero hay algo que me tiene hablando solo desde hace algún tiempo:

Observo que los pequeños negocios se están yendo al traste. Basta caminar por General Mola (después de toda una vida, nunca voy a acostumbrarme al nombre nuevo) y mirar a ambos lados de la calle, para ver la ingente cantidad de comercios que han echado el cierre. Tres cuartos de lo mismo ocurre con la Rambla de Pulido.


Hay razones de peso para ello. En principio fue la llegada de las grandes superficies, abaratando los precios hasta un punto al que los pequeños comerciantes no podían llegar; más tarde, la implantación del tranvía, llevándose por delante los aparcamientos y la doble fila, que también daba juego para una compra urgente. Y por si fuera poco, la tan cacareada crisis económica que, a la postre, vino para quedarse.

Sin embargo, con la que está cayendo, hay tres negocios que proliferan como las setas: las tiendas de compraventa de oro, los bazares chinos y los kebab.

Lo del oro lo entiendo; en sus dos vertientes, claro. Una, comprándolo, como refugio económico seguro para los que tienen dinero, y la otra, vendiéndolo, como tabla de salvación para los que no tienen.



Lo de los bazares chinos, al principio no lo tenía claro, pero terminé enterándome de que China es el segundo gran inversor en España, después de Francia, y que ha comprado gran parte de su deuda, por lo que, como compensación, el gobierno ha abierto la mano (la rota), dando todo tipo de facilidades para la instalación de sus negocios.

Pero la proliferación de los kebab la entiendo menos. En principio no sabía si eran iraníes, turcos, hindúes o paquistaníes, pero logré averiguar que el “Döner-Kebab”, esa carne que gira sobre un eje vertical, es la variante turca. Un tipo de comida rápida que se está imponiendo en medio mundo.

Mi pregunta es simple: ¿Cuánto le debemos a Turquía?

Miguel Ángel G. Yanes

14/9/10

OOTECA

Es "ooteca" una extraña palabra que no figura en el Diccionario de la R.A.E., pero en Internet aparecen aproximadamente 31.500 resultados sobre ella, y según la biblioteca libre Wikipedia, procede del griego óon, "huevo" y theke, "depósito", dando nombre el depósito de huevos que crean diferentes animales, principalmente insectos; lo que yo, desde mi ignorancia semántica y entomológica, interpreté como una especie de "biblioteca o archivo de huevos". Lo que me llevó a pensar si no sería "ovoteca" la palabra correcta en castellano.

 "Ooteca"

¡Que cosa tan rara! ¿Qué insectos - me pregunté - utilizarán ese método de almacenamiento? E inmediatamente me dispuse a hurgar en la Red con el fin de enterarme.

Pues, principalmente, los que más me repelen: las cucarachas.

Enseguida caí en la cuenta de que dejaban tras de si, casi simpre oculta a la vista, una vaina marrón, parecida a una judía estrecha, de aproximadamente un centímetro de largo y que siempre conocí como "huevo de cucaracha". No imaginé jamás que, en su interior, protegidos y debidamente ordenados, hubiera una verdadera colección; en el caso de la cucaracha roja o Periplaneta Americana (la mayor y más abundante en nuestras islas) del orden de 16 a 32 huevos por estuche u ooteca, que viene a ser una cápsula totalmente sellada que impide por completo la acción de depredadores e insecticidas. En el caso de esta variedad se estima, que si cada hembra pone a lo largo de su vida entre 10 y 15 "ootecas", el número de crías de cada cucaracha podría acercarse al medio millar.

 Cucaracha Roja o Periplaneta Americana

No me cabía la menor duda de que, a parte de una increible vitalidad, lo que les permite estar hasta tres meses sin comer y un mes sin beber agua, y su enorme resistencia a las radiaciones, el éxito de su supervivencia como especie (llevan más de 300 millones de años en este planeta desde su aparición en el Periodo Carbonífero) se debía a ese sofisticado sistema de protección de los huevos.

Miguel Ángel G. Yanes

10/9/10

PLAN DE BARRIOS

Aprovechando La Red, a los responsables de Urbanismo del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife públicamente me dirijo.


Como vecino de la zona Cruz del Señor-Bº del Perú, no voy a criticar las molestias que nos ocasionan las obras en sí (y eso que cada día nos lo ponen más difícil a los peatones), ni su necesidad real, ni tan siquiera el oportunismo de las mismas. Sólo quiero saber a quién se le ocurrió la brillante idea de colocar esos bolardos metálicos planos, que parecen espadas en cuanto a forma y color, en diversas esquinas de la zona, cuando existen otros tipos muchísimo menos peligrosos, por no decir agresivos para los viandantes. Y no digamos nada si alguno de ellos, como el existente en la confluencia de las calles Santiago Beyro y Ramón Trujillo Torres, se ha partido al ser golpeado por algún vehículo ¡hace ya algunas semanas! y continúa así. Ése tiene un plus añadido de peligrosidad apuntando a tétanos con sus afiladas puntas herrumbrientas, sobre todo para ancianos y niños.

Mirando con detenimiento el resto de pivotes fijos instalados en diversas calles de la ciudad, observo que los hay: bajos y con forma de arco, altos y cilíndricos, altos y curvos, bajos y cilíndricos, esféricos... ¿Era muy difícil instalar alguno de estos? ¿Resultaban muy caros? ¿O habrá sido para que hicieran juego con los postes de la catenaria... o con los bancos de aluminio que flanquean el recorrido del tranvía?



¡Válgame Dios! ¡Que diferencia con los bancos de La Rambla! Y yo que creía que se instalaría un mobiliario urbano elegante, de calidad, que contribuyera a dar a la ciudad la imagen estética y el prestigio que se merece. Pero no. Qué le vamos a hacer.

Ya sabía yo que, tarde o temprano, aparecería "el tío Pedro" con las rebajas.

Miguel Ángel G. Yanes
11/04/08

8/9/10

"CÁGOME EN TODO LO CAGABLE"

Ruego a los lectores disculpen lo soez de la frase, pero no me he podido reprimir. Explicaré por qué:

Contra todo pronóstico, y a pesar de la crisis económica que nos estruja los bolsillos, este verano nos vimos obligados, por motivos familiares, a viajar a Gerona (Girona) Obviando las incidencias del viaje de ida, los imponderables de las tormentas veraniegas, los dos intentos de aterrizaje abortados ante la densa niebla, la tremenda mojada que nos dimos, corriendo por la pista (no había transporte) desde el avión hasta el edificio terminal… y otras fruslerías, quiero detallar lo que nos aconteció a la vuelta.


En principio tuvimos que darnos un señor madrugón, porque nos alojábamos a bastantes kilómetros del aeropuerto. Nos levantamos a las 4 AM., cargamos los bártulos en el coche y, noche cerrada aún, nos dirigimos al Girona-Costa Brava, guiándonos por el famoso GPS. Todo iba bien hasta que, de repente, el tal cacharro se quedó sin cobertura, justo en una rotonda con cinco posibles salidas, ninguna de las cuales indicaba la dirección del aeropuerto. A esa hora éramos los únicos usuarios de la vía, por lo que comenzamos a girar lentamente con la esperanza de que algún otro vehículo se incorporara a la misma. En ello estábamos cuando, en el cuarto giro, el GPS recuperó el aliento y nos indicó la carretera de Barcelona. Juro por Dios que fue la primera que había descartado.


Llegamos por fin, amaneciendo ya; entregamos el coche, facturamos nuestros equipajes, y siguiendo las restrictivas medidas de la compañía de bajo coste con la que viajábamos, nos dispusimos a partir. He de decir que siendo los aviones de Ryanair los únicos que operan en dicho aeropuerto, el vuelo salió puntual y sin ningún tipo de incidencias, pero ya no recordaba la paliza auditiva de la ida. A cada rato, justo cuando, presa del cansancio, intentabas dar alguna cabezada, la estridente megafonía del aparato te lo impedía, ofreciéndote toda suerte de productos: comidas, bebidas, perfumes, relojes, cigarrillos sin humo y… ¡hasta un “rasca”! Todo un supermercado ambulante.


Deshechos y ojerosos aterrizamos en el Tenerife-Sur, donde la temperatura alcanzaba los treinta y tantos grados y, bajo un sol de justicia, tuvimos que aguardar, durante casi media hora, la llegada de la guagua; porque ya no existe (no sé si por culpa de Titsa, del Cabildo, de la presión ejercida por los taxistas, o de la madre que parió a Paneke) la línea Santa Cruz-Aeropuerto y viceversa, ¡no! Ahora hay que esperar a que llegue la de Playa de Las Américas, como así hicimos.

- Va llena. Nos dijo el conductor.

No me lo podía creer.

- Bueno, pues esperaremos a la próxima. Contesté.

- Es muy probable que también venga llena. Lo único que puedo ofrecerles es la posibilidad de viajar de pie.

Nos miramos los unos a los otros y asentimos. Sé que era un riesgo. Cualquier golpe o frenazo brusco, podía dar con nuestros cuerpos en el suelo; es por ello que, cuando se circula a más de 60 Km. por hora, no está permitido viajar de pie, pero…


Después de una hora de bandazos y traqueteo (la autopista del sur está que da penita) arribamos a Santa Cruz y, arrastrando de nuevo las maletas, aún tuvimos que llegar a la parada de taxis del Corte Inglés.

Estaba realmente molido, somnoliento, muerto de sed, me dolía la cabeza y tenía los pies hinchados y “endormidos”.

¿Cabe o no cabe la frase del principio?

Miguel Ángel G. Yanes

21/7/10

A VUELTAS CON LA HERRUMBRE Y OTRAS LINDEZAS

Tiempo atrás dejé patente mi descontento, a través de estas páginas, por lo que di en llamar “el culto a la herrumbre”: miradores, barandillas, esculturas, vallas…que, al mojarse, destilan óxido u orín, manchando y afeando el entorno, ya sea rural o urbano.

Pues bien, hoy vuelvo a la carga sobre el mismo asunto porque, el evidente deterioro, sobre todo de las denominadas “mesas de información” en los distintos miradores, clama al cielo, no sólo por el riesgo de mancharnos la ropa a poco que nos arrimemos a ellas, sino por el lamentable estado en que se encuentran: más que mesas de información parecen de desinformación.


En algunas de ellas, la incidencia del sol ha borrado totalmente los mapas y los datos; en otras, los cristales que los vándalos rompieron sin recato, dejan filtrar el agua, con lo cual, las láminas terminan manchadas e ilegibles. Incluso las hay en las que se han desplazado unas sobre otras, solapando así parte de la información.

¿Es que no hay un mínimo mantenimiento para estos paneles? ¿De qué sirven si apenas los podemos leer?

Al hilo de lo expuesto, cabe reseñar también que, para mi asombro, existe una de dichas mesas en el Mirador de la Garañona (municipio de El Sauzal) en la que se lee perfectamente la información, pero… ¡qué información! Detalla la ubicación de basuras, escombros, aguas residuales, ratas...


A pesar del insoportable hedor de las aguas fecales, no me lo podía creer.

¿Qué necesidad había de detallar todas esas lindezas? Me imagino a los turistas leyéndolas y echando a correr a toda prisa.

¿No sería más lógico solucionar el problema en aras de la salubridad del entorno, y detallar los diferentes tipos de vegetación del acantilado, en lugar de esas vergüenzas paisajísticas?



Es por ello que invito desde aquí a nuestro presidente, D. Paulino Rivero Baute, vecino de dicho municipio, a que se acerque a la parte izquierda del mirador (donde los feísimos muros de hormigón) e intente respirar a pleno pulmón, a ver si me da o me quita la razón sobre lo que, públicamente, denuncio. Lo digo por ver si así se decide a apretar las clavijas que permitan acabar, de una vez y para siempre, con esa nauseabunda pestilencia.


Los visitantes del mirador, seguro que lo van a agradecer, pero, más que nadie, lo harán los vecinos de las viviendas situadas sobre él.

Miguel Ángel G. Yanes

13/7/10

MARGULLIR

Cuando aprendí a nadar, ya tenía al menos diez u once años. No pude hacerlo con anterioridad porque estuve gran parte de la infancia embutido en una armadura de escayola que no me permitía flotar; condición "sine qua non" para poder nadar. De hecho, ni siquiera me permitía sentarme, pero... a lo que vamos: 

Cuando aprendí a moverme sobre el agua, sin un estilo definido, chapoteando a diestro y siniestro, pero sin hundirme (fue un día de primavera, en la antigua piscina municipal de Candelaria), me granjee el aplauso del abuelo; y cuando agotado, a punto ya de ahogarme, me aferré por fin a la salvadora orilla, se apresuró a decirme:


- Ahora tienes que aprender a margullir.
¡Dios mío! Qué terrible suplicio sería aquél. Porque, he de decirlo sin tapujos... no tenía ni la más remota idea de lo que significaba aquella palabreja.
Han pasado los años inexorablemente, y con ellos, esa extraña palabra se ha ido diluyendo en nuestro vocabulario, hasta el punto casi de desaparecer. Por ello quiero sacarla hoy a la luz, ponerla al alcance de los labios que no tuvieron la oportunidad de conocerla, recordársela a los que sí la tuvieron, y recuperar de esta forma un trocito de olvido.

Margullir tampoco figura en el "Libro Gordo de Petete", pero para nosotros sigue teniendo un significado claro y conciso: "bucear", "sumergirse"; aunque también se emplea en agricultura, en concreto para designar la técnica de "acodo" o "margullido", que consiste en enterrar un gajo de una parra para que brote otra junto a ella.


Si nos fijamos bien, vemos que, en ambos casos, se trata de hundir algo, ya sea un cuerpo en el agua o un sarmiento en la tierra. Así que, después de margullir un poco en nuestras raíces lingüísticas, voy a salir a tomar el aire, para permitir que ustedes puedan también respirar un poco.

Miguel Ángel G. Yanes