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17/1/20

A MI BISABUELO LO MATARON LOS ROJOS


“Pues a tu bisabuelo lo mataron los rojos”. Si hay una frase que se repite en nuestra familia cuando se habla de la guerra y del franquismo es esa. Tardó un tiempo en acuñarse con ese tono de réplica, quizás porque nunca hizo falta repetirla con tanta vehemencia hasta que no pasaron 3 generaciones. 

Pero la perspectiva histórica que dan más de 70 años y la ruptura del relato de los vencedores después de 40 años de 'democracia' han acabado por convertir aquella historia de sobremesa en una suerte de Paracuellos en versión familiar, "un arma arrojadiza que vendría a probar que los rojos no eran unos santos y que víctimas hay en todos los bandos".

Demasiado simple pero muy efectivo, todavía hoy, más aún cuando "todo sucedió en Caminomorisco, una aldea semiperdida en las recónditas Hurdes, donde acaba Cáceres y empieza Salamanca", y no mucho después de que Luis Buñuel grabara aquellas imágenes de 'una tierra sin pan y casi sin tierra', del atraso español de principios de siglo, del neolítico en plena Edad Contemporánea, "una larga noche muy anterior a la penumbra fascista".

"Sí, madre, ya lo sé, a tu abuelo lo mataron los rojos, aunque la primera vez que me hablaste de eso los llamaste bandoleros". Así se les llamaba entonces, cuando a ti te lo contaron, porque, entonces, a las cosas no se las llamaba por su nombre.

"Costó muchos muertos, fusilados, encarcelados y torturados denominar 'gloriosa cruzada' a una guerra contra la democracia, 'caudillo' de España a un sanguinario dictador o 'bandoleros' a los guerrilleros antifranquistas que se echaron al monte huyendo de la represión".

Francisco Javier Martín con su esposa, Leonides Martín Martín.- ARCHIVO FAMILIAR
Francisco Javier Martín con su esposa, Leonides Martín Martín.
ARCHIVO FAMILIAR

Durante y después de la guerra, "la persecución caminaba impune, enfundada en tricornios y capas negras o bajo camisas azules y brazos en alto". Los mismos brazos que sacaban de paseo y metían bajo tierra "a los sospechosos de no pensar como ellos". 'Vencieron, pero es evidente que no convencieron', y mi bisabuelo es una buena prueba.

Bandoleros. "Esa palabra sigue esculpida en la piedra que encierra los restos de tu abuelo, los de su mujer, sus hijos y alguno de sus nietos, todos juntos. No todas las víctimas tienen esa suerte, madre",seguro que lo sabes, que lo puedes imaginar cuando quitas las telarañas del panteón familiar cada día de Todos los Santos.

“Francisco Javier Martín Martín. Asesinado por los maquis o bandoleros el día 12 de noviembre de 1946 en el sitio de La Hoya a los 61 años. D.E.P.”. Recuerdo la tarde que fui a buscar esa tumba para encontrar respuestas. Yo tendría 10 años. Recuerdo el bigotillo perfilado de la foto de la lápida, la mirada seria y la camisa que, después, supe que sería azul "por las flechas que se cruzaban con el yugo a la altura del corazón".

"Mi bisabuelo era falangista", pero eso me lo dijiste mucho después. "Al principio solo era secretario del Ayuntamiento", después entendí que "era la autoridad de un régimen impuesto por las armas y la violencia y objetivo de la guerrilla por su comportamiento represor durante la Guerra Civil”, como explicaría varias décadas después –cuando pudo regresar de su exilio en Francia– el famoso maquis extremeño Gerardo Antón, más conocido como el maquis Pinto, uno de sus secuestradore y asesinos.

“Llegamos al pueblo de noche y nos presentamos en su casa. Lo detuvimos y nos lo llevamos". A los hijos los citamos en un punto cerca del municipio. "Les pedimos 50.000 pesetas de rescate". Al alarmarse el vecindario y al enterarse la Guardia Civil, y ante los gritos y voces que escuchábamos, "superado ya el tiempo para el pago del rescate, matamos al rehén. Chaval le pegó dos tiros".

Maquis (guerrilla antifranquista)

"Recuerdo que tenía puesta la camisa azul con el escudo de Falange y que estaba tiritando. Chaval le preguntó cómo era que tenía tanto frío si debía estar cantando cara al sol”. Así recordaba Pinto aquella operación, una de las últimas de la compañía guerrillera en el norte de Extremadura, "meses antes de que fuera desmantelada y sus integrantes abatidos en emboscadas de la Benemérita o detenidos gracias a confidentes, infiltrados o delatores bajo tortura".

"Pinto fue de los pocos maquis extremeños que pudieron escapar y regresar para contarlo tras la muerte de Franco". El catedrático de la Universidad de Extremadura, Julián Chaves recopiló en un libro la historia de estos desgraciados que pensaron, que "creyeron de verdad, que el fascismo estaba a punto de caer en España tras la derrota de la Alemania nazi y la Italia fascista", después de que algunos de ellos ayudaran a liberar París. "Pero aquello nunca sucedió", y la mayoría lo pagó con su vida después de llevarse algunas otras por delante.

"El día que murió Pinto, yo estaba en la redacción de El Periódico de Extremadura", mi primera redacción, cuando entró el teletipo que, al día siguiente, saldría impreso, rodeado de columnas que "homenajeaban al guerrillero cacereño". Era julio de 2011 y yo no encajé ese puzle hasta pasados unos cuantos años.

Estaba dejando por escrito la muerte de uno de los asesinos de mi bisabuelo, pero yo aún no lo sabía. "Cuántas veces he lamentado no haber podido entrevistar a ese anciano que murió sin funeral y donó su cuerpo a la ciencia, que nació en Aceituna, otro pueblito de Las Hurdes, más pequeño, más pobre y perdido que el nuestro".

La Historia es, a veces, caprichosa, y el mismo verano que el nombre de Pinto recorría toda España, el de mi bisabuelo era descolgado de la plaza de mi pueblo. "La otrora Plaza del Secretario Francisco Javier Martín ahora se llama Plaza de la Libertad"; cambió de nombre el mismo día que "se movió la cruz de los caídos al cementerio" y que "la calle José Antonio dejó de llamarse como el fundador de la Falange". No sé cómo se llama ahora, pero recuerdo que también escribí aquella noticia. “No te metas en política, hijo”, me dijiste tú, "siempre incómoda con este oficio mío de contar".
Gerardo Antón (Pinto)
Famoso maquis extremeño

Desde entonces he pensado mucho en el 'comportamiento represor' de mi bisabuelo, aunque "no he encontrado ningún crimen con el que se pueda justificar su asesinato, más allá de ser el 'líder falangista del pueblo', que no es mucho, pero tampoco poco a ojos de quienes tuvieron que elegir entre muerte, exilio o silencio".

Tus hermanos recuerdan que vuestro padre les contó que alguna vez, cuando se mandó buscar a los izquierdistas de mi pueblo, "mi bisabuelo intercedió para que nadie acabara fusilado". Al profesor Chaves "tampoco le constan ejecuciones fascistas en el pueblo, aunque sí que hubo algunas en la comarca".

También sabe que "Chaval, el asesino de tu abuelo, murió pocas semanas después, en un tiroteo con la Guardia Civil"; y que "Fabián, el líder de la compañía de maquis extremeños, acabó condenado a 'garrote vil' tras ser detenido en Madrid cuando iba a entregar al Partido Comunista el dinero conseguido con los secuestros".

Podría alegrarme de ese final que, seguro, madre, tú no conocías hasta ahora, pero entonces no habría comprendido que "no es lo mismo un asesinato que una venganza, que venganza no es lo mismo que justicia y que las cosas no pasan porque sí, que la historia, a veces, no solo la escriben los vencedores, 'también la escriben los vencidos', aunque sea tarde y aunque no la leamos todos".

FUENTE: temas.publico.es
Jairo Vargas Martín, 30 años
23/12/2019

30/11/19

ENTREVISTA A ROLDÁN JIMENO


“La justicia española, en gran medida, aún es franquista”


Roldan Jimeno (Pamplona, Navarra, 1973) es "historiador y jurista. Autor de numerosas obras de investigación", su último libro, 'Amnistías, perdones y justicia transicional: El pacto de silencio español (Pamiela, 2018)', tiene por objeto la 'Ley de amnistía de 15 de octubre de 1977', "pilar del actual régimen español", y las políticas de memoria aplicadas desde entonces en el Estado español, sin perder de vista la perspectiva internacional.

En el subtítulo del libro habla del 'pacto de silencio español'. Sin embargo, se ha hablado mucho de la Guerra Civil. El problema, más bien, es "el punto de vista relativista sobre la República, la guerra y el franquismo, que equipara democracia y fascismo" y que ha sido un lugar común de la cultura política española durante años y, hasta cierto punto, aún perdura...

Ambas cosas están estrechamente ligadas. "Como en el tipo de transición que hemos tenido ha habido olvido, el franquismo ha quedado legalizado, tanto jurídicamente ―sobre todo jurídicamente― como socialmente", porque existe la garantía jurídica: la Ley de Amnistía, las prescripciones… "Todo ello ha supuesto un blanqueamiento del franquismo", que ha implicado que, por ejemplo, las sentencias militares, que son políticas, aun estén vigentes. Eso sería impensable con el nazismo, con el régimen de Mussolini o con la dictadura chilena. Y aún se mantiene.

Si analizamos las medidas excarcelatorias de presos políticos aprobadas por el segundo gobierno de la monarquía y lo hacemos prestando atención a la cronología, vemos que fueron precedidas de fuertes movilizaciones, que, en 1977, ya se limitaban prácticamente al País Vasco.


Hay dos o tres planos distintos, a pesar de que se encuentren en el seno de la misma ley. Uno es lo que reivindicaban los movimientos antifranquistas, de modo muy especial en el País Vasco: "la amnistía de los presos políticos, que no eran sólo de ETA, ya que también había de otros grupos, como, por ejemplo, el FRAP. Junto a ello estaba la amnistía laboral, en torno a la cual también hubo un movimiento muy importante". Y, en tercer lugar, también tuvieron fuerza las reivindicaciones de otras amnistías, como la despenalización del adulterio, impulsada por el movimiento feminista y, por tanto, "la amnistía de las personas condenadas por adulterio".

También había otros movimientos, mucho menores, como los que reivindicaban la amnistía para los homosexuales. "La homosexualidad era tratada como si fuera una enfermedad y, a la práctica, se encerraba a los homosexuales". Todos estos movimientos crearon una reivindicación general a favor de la amnistía, en el País Vasco, especialmente, y en el conjunto del Estado, en general.

A los miembros de algunos grupos opositores no se les aplicó la Ley 46/1977 de 15 de octubre de amnistía. A finales de diciembre de 1977 aún había 48 presos políticos por acciones realizadas antes de la entrada en vigor de la Ley, relacionados con el Partido Comunista de España (reconstituido), los Grupos de Resistencia Antifascista Primero de Octubre (GRAPO), el Movimiento por la Autodeterminación e Independencia del Archipiélago Canario (MPAIAC) o el Partido Comunista de España (internacionalista).

Y no sólo eso. ¿Qué es la amnistía? ¿Qué la diferencia del perdón, del indulto? "Que, cuando se te aplica, desaparecen tus antecedentes penales, como si se borraran todas tus acciones anteriores". ¿Qué pasó con esta ley de amnistía? Los casos que has mencionado están ahí, y fueron muy duros, pero también hubo otras cosas, "como gente que había sido de ETA y salió a la calle con la amnistía, pero a la que, cuando la paraba la policía en un control, inmediatamente le aparecían todos los antecedentes". Y eso pasó casi "hasta la década de 1990. Y no pasó sólo con la amnistía política, sino también con la laboral"; a mucha gente le pasó que cogía un avión hacia Estados Unidos y no podía entrar en el país por unos hechos que, en teoría, estaban amnistiados. ¿Dónde está la amnistía?


A pesar de la Ley de Amnistía, en diciembre de 1977 fue juzgado en consejo de guerra el miembro de la Unión Militar Democrática (UMD) José Ignacio Domínguez.

Lo que ocurrió con la UMD tuvo mucho eco, no sólo en la década de 1970, sino también después, "cuando se produjo el golpe de estado". Hablamos de amnistía, pero la justicia transicional tiene más cosas: búsqueda de la verdad, reparación, la propia justicia y garantías de no repetición. "Los militares, maestros, etc. de la Segunda República tuvieron reparación (a pesar de que, al ser muy mayores, ésta no fue para tanto)". Pero "a los militares de la UMD no se les aplicó la amnistía; se convirtieron en un símbolo, porque eran los únicos militares que no eran franquistas". Pero, al mismo tiempo, eso tapó todo lo demás. Pienso que "a la derecha y, de modo especial, a UCD, que entonces estaba en el Gobierno, también le interesaba eso", porque así parecía que éste era el único problema de la amnistía. Y tan pronto como la Ley entró en vigor, enseguida aparecieron problemas graves: los que hemos comentado o que la amnistía laboral no fuera tan amnistía, entre otros.

Sobre la amnistía laboral, sostienes que “el confuso e incompleto ordenamiento jurídico laboral español no facilitó al trabajador amnistiado la readmisión en su puesto de trabajo” (p. 114).

Si lees la Ley de Amnistía y te fijas en la parte sobre la 'amnistía laboral', ves que, de entrada, la metieron de un modo algo extraño. "El texto es muy torpe estilísticamente y se ve que lo metieron como consecuencia de una negociación". Está metido de una manera muy abierta. Con las leyes pasa eso: tú puedes elaborar una ley, pero, para que sea práctica, necesita un desarrollo reglamentario. Pero, "aunque se aprobara la Ley de Amnistía, como la transición no implicó ruptura con el franquismo, las leyes laborales del franquismo siguieron en vigor" y, además, cuando las modificaron, no lo hicieron precisamente para dar garantías a la amnistía laboral.


Por lo tanto, "cuando una persona amnistiada por la amnistía laboral quiso ejercer sus derechos, a menudo el empresario tuvo todo tipo de resquicios para no readmitirla". Durante los siete primeros años de la década de 1970 "hubo un montón de huelgas en todo el Estado, pero muy especialmente en el País Vasco (y no digamos en Navarra)"; había una crisis económica y grandes huelgas, en que participaban centenares de personas, huelgas violentas y de motivación no puramente laboral, ya que también tenían connotaciones políticas: pro amnistía, etc. "Hubo centenares de despidos". Cuando se aprobó la amnistía laboral, el texto de la Ley hizo que para el empresario fuera muy fácil decir: “yo no le despedí por eso, sino por las necesidades económicas de la empresa”. Surgieron situaciones muy complicadas.

"Paradójicamente, 'los dirigentes' de aquellas huelgas tuvieron más suerte, porque les era muy fácil demostrar que les habían despedido por eso, pero los simples trabajadores no". Así que aquellos que acudieron a la huelga y fueron despedidos, sufrieron. La amnistía laboral fue importante, pero también hubo muchos dramas personales: gente que pensaba que recuperaría su puesto de trabajo pero que, al final, no lo hizo.

En el libro (p. 88) apuntas que "UCD aceptó la amnistía laboral a cambio de la amnistía de los crímenes del franquismo". Sin embargo, Luis Enrique de la Villa y Aurelio Desdentado sostienen que lo hizo a cambio de que los partidos obreros aceptaran una política de rentas.

En esta época hubo negociaciones muy intensas, "todos los temas se tuvieron que negociar desde cero", y entre ellos estaba la amnistía. La negociación de la amnistía, además, era muy simbólica, porque, en aquel momento, era la cuestión que más se reivindicaba en la calle y porque era la primera ley. Por lo tanto,"UCD utilizó la amnistía a favor de sus intereses". Y ¿qué era lo más importante para el PSOE y el PCE? No tanto la amnistía política —aunque, en teoría, la reivindicaran— como la amnistía laboral. "No podemos olvidar que, en aquella época, la UGT y el PSOE eran gemelos y que CCOO y el PCE iban de la mano". Con ello, "UCD tenía la sartén por el mango y se aprovechó de esa situación".


"Cuando hablamos de los crímenes del franquismo, no hablamos sólo de los cometidos en la Guerra Civil o contra los 'maquis'"; también hablamos de Martín Villa, que en aquel momento era ministro, o de 'los sucesos de Vitoria', que, cronológicamente, eran muy próximos. A ellos también les interesaba amnistiarse a sí mismos.

Precisamente el aspecto más criticado de la Ley 46/1977 es "la protección que otorga a los agentes de la represión franquista", al extinguir su responsabilidad penal por los delitos cometidos durante la persecución de las acciones amnistiadas por la Ley y por vulneraciones de derechos de las personas, en general.

"Cuando se aprobó la Ley de Amnistía, la gente estaba tan centrada en esta reivindicación histórica que UCD aprovechó para meter también la amnistía de los delitos del Estado franquista".

"No quiero decir que no se percatara nadie de ello —allí estaba, a la vista—, pero la otra reivindicación eran muy fuerte y la acumulación de fuerzas, muy débil". Además, como era la primera ley de las 'Cortes democráticas', no había mucha tradición de negociación. "No existe documentación sobre el proceso de negociación, no hay actas de las reuniones de la comisión". Por otra parte, los debates fueron muy políticos, pero tuvieron escaso contenido jurídico. Y las cosas que salieron eran apuestas por el olvido o, si no, los presos vascos, la amnistía laboral y este tipo de cosas.

Rodolfo Martín Villa

Pero no se debatió sobre este blanqueamiento del franquismo. Al final, por muchas razones, "parecía que la Ley daba la amnistía que reclamaba el pueblo, pero, en realidad, la que después ha tenido más consecuencias jurídicas ha sido la otra". Por otra parte, salvo algunas excepciones, la doctrina tampoco estudió el tema. Además, en aquella época y "en los años siguientes no se dieron amnistías de este tipo en ningún lugar del mundo". La Constitución española descartó este tipo de amnistías, pero "la Ley de Amnistía quedó como una reliquia, intocable, y, aunque la ONU y muchos organismos internacionales digan que es una ley preconstitucional y contraria a los derechos humanos, se mantiene, por razones políticas".

La Constitución española de 1978 prohíbe los 'indultos generales' (art. 62.i), pero no menciona la amnistía. Antes bien, la Ley de enjuiciamiento criminal recoge la amnistía en los artículos de previo pronunciamiento (art. 666.4).

"El que la amnistía no aparezca en la Constitución es muy esclarecedor".

En la doctrina especializada existe un amplio acuerdo en torno a que, actualmente, "en el Estado español las amnistías generales serían imposibles". La referencia de la Ley de enjuiciamiento criminal no significa que se autoricen amnistías generales en el futuro; "sólo establece excepciones para interpretar decisiones relacionadas con amnistías anteriores".


Según tu interpretación (p. 208), el apoyo de los partidos de izquierda a la Ley de amnistía era, en realidad, a “la amnistía política de los opositores al franquismo y a la amnistía laboral”, no a la protección de los crímenes del franquismo. Sin embargo, la Proposición de Ley presentada en el Congreso por el Grupo Comunista preveía la “amnistía por todos los delitos o faltas de intencionalidad política cometidos en el período comprendido entre el 17 de julio de 1936 y el 15 de junio de 1977”, sin excluir específicamente "los crímenes de los insurgentes 'monárquico-fascistas' durante la guerra, ni los perpetrados por las fuerzas policiales del régimen franquista".

Además, ya desde antes se podían leer planteamientos semejantes desde el entorno del PCE, como, por ejemplo, en la declaración de la Junta Democrática de España emitida el 29 de julio de 1974. Y "ya entonces los grupos a la izquierda del PCE denunciaron este planteamiento como una amnistía para la represión franquista".

"El PCE se metió en este discurso ya en la década de 1950 y, después, lo recuperó". Es verdad que en 1974 tuvo otra posición, igual que el PSOE: la de la 'justicia universal'. Y, mediante los laboristas británicos, "intentaron impulsar un juicio al franquismo, como los de Nuremberg". ¿Eso por qué no prosiguió? "Porque el PSOE y el PCE entraron en otra vía: la apuesta por la transición pactada, con el apoyo de EE.UU." Y construyeron una estrategia nueva, donde el eje principal era el olvido de los crímenes tanto de un bando como el de otro.

"El PCE fue legalizado, claro, porque iba en el mismo paquete". Y, en este diseño de la transición, se descartó completamente este interesante plan de justicia transicional. "Y el PSOE se sumó a este discurso". Desde la perspectiva de hoy, nos puede parecer sorprendente que los partidos nacionalistas tanto del País Vasco como de Cataluña tuvieran también esta posición, pero, "como era la primera ley, la amnistía era una reivindicación importante tanto en el País Vasco como en Cataluña y desde todas partes se lanzaba este mensaje a favor del olvido, también entraron".


Cuando se aprobó la Ley 46/1977, ¿existía alguna norma internacional para castigar los crímenes contra la humanidad, que pudiera considerarse vulnerada por la Ley?

Sí. "Para entonces el derecho internacional ya había recorrido un largo camino en lo tocante a los crímenes contra los derechos humanos". Existían, entre otros, los convenios de La Haya de 1899 y 1907, la cláusula Martens, la doctrina de Nuremberg o las resoluciones aprobadas por Naciones Unidas desde 1945. "Con la Ley de amnistía de 1977, se infringía el derecho público internacional vigente a la sazón".

En 1984, la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa resolvió que "las desapariciones forzadas constituyen crímenes contra la humanidad, no se pueden considerar delito político ni protegerse con leyes de amnistía". Y, de conformidad con el artículo 15.2 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, "no se puede aplicar el principio de irretroactividad de las leyes penales a los crímenes contra la humanidad". Asimismo, el Convenio para la Protección de todas las Personas contra las Desapariciones Forzadas, de 2006, establece que "el plazo de prescripción sólo empieza a contarse desde el momento en que acaba la desaparición” (art. 8.1.b).

"Sin embargo, la jurisprudencia española va en dirección opuesta" y establece que, cuando se aprobó la Ley 46/1977, "el Reino de España no había firmado tratado alguno que le obligara a perseguir los crímenes contra la humanidad". Esta ley fue la primera de la actual 'democracia parlamentaria' y sus disposiciones no están recogidas en la Constitución, pero, como concluyes, “a efectos prácticos, [está] por encima de ella” (p. 196).


"Ésta es la contradicción de la situación jurídica en España y que pone en duda el supuesto carácter democrático de este Estado".

En realidad, "existe un derecho internacional público anterior a la Ley de amnistía" y que, huelga decirlo, se ha seguido desarrollando posteriormente hasta hoy. Este derecho concluye claramente que "los crímenes cometidos por el Estado franquista no pueden prescribir y, por ello, deberían juzgarse". Y eso no es mera teoría.

También se ha podido ver en la práctica, cuando las víctimas han tenido que tomar el camino de la justicia universal, con la querella argentina. "Otra cosa es lo que ha pasado en España, donde no hubo una verdadera transición democrática".

"Aquí, los jueces franquistas se convirtieron en demócratas de la noche a la mañana". Y estos jueces, además, han controlado las oposiciones al poder judicial. "Por eso tenemos una justicia tan conservadora en el Estado". El franquismo tiene en ella una influencia tremenda y "se ha creado una sólida argumentación jurídica para no juzgar los crímenes del franquismo, a pesar de que la ONU y otras organizaciones internacionales digan que eso es contrario a la ley". Por lo tanto, no sorprende la doctrina creada por el Tribunal Supremo sobre la Ley de amnistía. Pero eso no ha ocurrido con otras dictaduras.

El Tribunal de Orden Público franquista se disolvió en1977. Al día siguiente, 
de sus 16 miembros, 10 pasaron a la Audiencia Nacional y 6 al Supremo.

En lo tocante a los crímenes del franquismo, la judicatura española ha interpretado de modo excesivamente amplio la amnistía contenida en la Ley 46/1977. Y es que, tal y como señala Pablo de Greiff, relator de la ONU para la verdad, justicia y garantías de no repetición, “para que la amnistía tenga efecto, tendrá que aplicarse una vez determinados los hechos, las responsabilidades y las penas correspondientes, en el marco de una investigación judicial”. En esta línea, recuerdas (p. 139) que las amnistías de Sudáfrica y El Salvador se aprobaron a cambio del reconocimiento, en Comisiones de la Verdad, de las vulneraciones de derechos humanos cometidas.

"Una grave laguna de la justicia transicional en España, que aún se mantiene, es no haber creado Comisiones de la Verdad". Entre 1977 y 1980 eso podía ser comprensible, porque aún no existía este tipo de comisiones. Pero tras las iniciativas internacionales que ha habido desde entonces, es incomprensible que no se haya creado ninguna en el Estado español. "La razón, claro, es la influencia del franquismo" y, por ello, una y otra vez se proponen al Estado español soluciones de este tipo, pero éste siempre responde con los argumentos de su amnistía y la prescripción.

El punto de vista relativista sobre 'democracia y fascismo' ínsito en la memoria histórica de la cultura política española actual se ve del modo más claro en la "legislación sobre víctimas de la insurgencia". En efecto, la Ley de 1999 de solidaridad con las 'víctimas del terrorismo' tiene como fecha de inicio nada menos que 1968. Esto es, "el propio sistema político español equipara el franquismo y la democracia parlamentaria, al establecer un 'continuum' entre ambos regímenes".

"En aplicación de esta ley, el Consejo de Ministros concedió una medalla póstuma al colaborador de la Gestapo y jefe de la Brigada de Investigación Social de San Sebastián, Melitón Manzanas". Tras el escándalo que eso desató, las Cortes reformaron la Ley, pero, en este reforma, "suavizaron y desfiguraron la represión franquista". Según el texto reformado de la Ley, las condecoraciones “en ningún caso podrán ser concedidas a quienes, en su trayectoria personal o profesional, hayan mostrado comportamientos contrarios a los valores representados en la Constitución y en la presente ley y a los Derechos Humanos reconocidos en los tratados internacionales”.

Melitón Manzanas, colaborador de la Gestapo durante la Segunda Guerra Mundial
y jefe de la Brigada Político-Social de Guipúzcoa

" Así, según el legislador español, la represión no fue un factor estructural del régimen franquista, sino una mera cuestión de 'trayectorias personales'”. Y, más allá de las condecoraciones, el derecho a recibir las indemnizaciones establecidas en la ley de 1999 se mantiene intacto, también para las 'víctimas' con estas 'trayectorias personales'.

Sí, es terrible. "La Ley de Amnistía, combinada con las leyes que se han aprobado durante las últimas décadas, tiene consecuencias estremecedoras". El caso de Melitón Manzanas fue muy llamativo y provocó un escándalo tremendo. Si no hubiera sido por eso, hoy en día seguramente Carrero Blanco tendría todos los honores de la democracia.

"La Ley 52/2007, que amplía los derechos de las víctimas del franquismo, también adopta 1968 como fecha de inicio", siguiendo el criterio cronológico de las leyes de protección de 'víctimas del terrorismo'. "Eso, empero, ha implicado la exclusión de los miembros del 'maquis' y de los luchadores antifranquistas que sufrieron represión antes de ese año".

Si no bastaba con eso, en la aplicación de la Ley 52/2007 también se ha excluido a los miembros de grupos insurgentes, aun cuando fueran objeto de represión después de 1968. En este contexto, apuntas que “la Ley de Amnistía seguía siendo intocable para los criminales franquistas, pero no para los que habían pertenecido a grupos armados antifranquistas” (p. 186).

Maquis, los últimos guerrilleros

Así es. Si analizas la legislación española, ves que "las leyes para la protección de las víctimas del 'terrorismo' han sido muy generosas, metiendo también la época franquista en su ámbito de aplicación temporal. Y por eso aparecen como víctimas Melitón Manzanas o el propio Carrero Blanco, con todos los beneficios jurídicos y económicos que eso supone". Con los luchadores antifranquistas, en cambio, se ha actuado de modo muy mezquino. ¿Por qué se estableció 1968 como ámbito de aplicación temporal y no una fecha anterior? "Porque, para el Estado, sólo hay un tipo de víctimas".

Además, "el legislador español no considera 'víctimas del terrorismo' a aquellas víctimas fruto de atentados de grupos de 'extrema derecha'". El Grupo de Trabajo sobre Desapariciones Forzadas de la ONU ha denunciado tanto eso como que la Ley de protección de 'víctimas del terrorismo' de 2011 reconozca más derechos que la Ley 52/2007 y que se establezcan "discriminaciones entre víctimas".

"La endeblez de los valores democráticos del Estado español queda patente cuando éste es examinado por la ONU." 

"En el ámbito internacional, llama la atención que se excluya a las víctimas de las torturas policiales y de los crímenes de los grupos de extrema derecha, cosa que reprochan a España una y otra vez". Desafortunadamente, la ONU carece de potestad para imponer multas u otro tipo de sanciones al Estado español, por lo que, en la práctica, no pasa nada.


En la génesis de la Ley 46/1977 "tuvo una importancia capital la reivindicación de la liberación de los presos políticos vascos". ¿Qué vías ves para la liberación de los presos políticos vascos actuales?

"Las amnistías generales de antaño hoy en día son imposibles, no sólo en el Estado español, sino también a escala internacional". Lo vieron claramente en Irlanda del Norte, por lo que buscaron otra salida al problema de los presos políticos. En el País Vasco, "la izquierda abertzale también ha tenido que adaptar su discurso histórico y empezar a reivindicar otros caminos".

El descartar completamente una reivindicación tan arraigada y que ha tenido tanto simbolismo, cuesta, claro. No creo que vayamos a ver ninguna salida a la calle simultánea y masiva de presos políticos vascos, porque se parecería demasiado a una amnistía. Pero "el derecho tiene otros resquicios para liberarlos; el indulto, entre otros". Y, claro, "si cambias el derecho penal, puedes crear instrumentos nuevos para sacar a los presos. Pero, para ello, tiene que haber voluntad política".

FUENTE: http://www.sinpermiso.info
Daniel Escribano
30/10/2019


Yo, con mis pocas luces, lo más claro que he vislumbrado leyendo esta entrevista, es que la actual "democracia" española se la impuso Estado Unidos a PSOE y PCE que se la tragaron enterita.

9/10/19

FRANQUISMO Y REPRESIÓN - II

...CONTINUACIÓN:

La frontera de la muerte

Xosé Ramón Ermida señala que "los sitios escogidos para dejar los cadáveres eran ayuntamientos fronterizos entre provincias o regiones, para enmarañar administrativa y burocráticamente su hallazgo". Entre Asturias y Galicia, además, mediaba un río. “La represión de Franco fue muy dura contra los vecinos del pueblo”, explica el historiador de Foz, municipio lucense situado a media hora del asturiano Santiso d’Abres [en castellano, San Tirso de Abres], quien subraya la hermandad entre ambas orillas del Eo.

El reloj de bolsillo de Clemente Amago, víctima de la represión franquista.
ARCHIVO FAMILIA AMAGO

“Era una zona republicana, pero las tropas nacionales llegadas de Galicia a finales de julio de 1936 tenían como objetivo la zona minera de A Pontenova [12 kilómetros río abajo]. Entraron por dos frentes, instalaron ametralladoras y la iban a liar gorda, si bien ese día no hubo muchas bajas, pues los mineros lograron huir porque conocían las galerías y las vías de escape”, añade Pedro Amago.

Ejecutados o a la fuga, el escarnio no cesó con la muerte ni con la ausencia. Saqueaban a las víctimas después de asesinarlas y algunos matones lucían el botín en público. “El robo del reloj por su verdugo es un hecho recurrente y hay miles de ejemplos. Fue una práctica muy extendida”, afirma Ermida, quien este domingo estará presente en el "homenaje que Memoria da Mariña brindará en Santiso a las víctimas del franquismo en la cuenca del Eo, entre ellos Amago, Miranda y Llenderozos".

Además,"los seis represaliados sin identificar que yacen en la fosa común del cementerio parroquial, asturianos de localidades vecinas encarcelados en Castropol, serán honrados con una placa". Rendirán una ovación a Pablo Martínez Crespo, maestro en Trabada, quien trató de defender la República en Figueiras hasta que fue encarcelado. "Tampoco habrá olvido para otros dos asesinados en Santiso, Xosé Suárez Novás y Xosé María Jardón, cuyos cuerpos nunca fueron hallados".

En los actos, donde se ensalzará la figura del guerrillero Luís Trigo O Gardarríos, estarán presentes su nieta, Fernanda Cedrón, y "uno de los últimos maquis antifranquistas vivos, Francisco Martínez Quico".

Luis Trigo Chao "Gardarríos", un mito del maquis lucense

"El escenario del homenaje tiene sentido y una significación especial, pues este Ayuntamiento fronterizo entre Asturias y Galicia fue usado tanto como lugar de ejecución como para cavar fosas comunes, pues así dificultaban el reconocimiento de las víctimas”, insiste Ermida.

Robar el reloj, un acto “degradante”

"¿Volverán algún día los relojes a dar la hora? ¿Contarán el tiempo transcurrido desde que se paró? ¿Señalarán las agujas a sus verdugos? ¿Habrá reparación y justicia?... Tic tac... tic tac".

La historiadora Ana Cabana Iglesia, en "La derrota de lo épico (Universitat de València)", subraya que “quedarse con las pertenencias de un muerto era visto como degradante, incluso en el caso de un asesino que, en principio, podría parecer que no podía incurrir en un acto que lo denigrara más”. Pero así fue.

Ermida recuerda que el falangista José Bargueiras, un casero de A Pastoriza que participó en la derrota y represión de la resistencia en la frontera lucense-asturiana, se quedó con el bien más preciado del republicano Antonio Álvarez tras detenerlo en A Fonsagrada y asesinarlo en Negueira de Muñiz. “Su actuación como represor está documentada por múltiples testimonios, aunque ninguno como una causa militar que refleja ese crimen”, indica el historiador.
El falangista y represor José Bargueiras,en una foto 
del 'Diario de Burgos' tras ganar una quiniela . / C.T.

“Tras matarlo, la columna fascista se reparte todas las posesiones del muerto. Dos mil pesetas y todo lo que llevaba encima: uno se queda con el chaquetón; otro, con la boina, otro, con los zapatos; y Bargueiras, con el reloj, que intentó vender en la feria de Castro de Rei. Ese documento oficial confirma un hecho transmitido a través de la memoria oral: los asesinos y represores se quedaban con las pertenencias y los relojes de las víctimas”, explica Ermida.

Cabana define a Bargueiras como “un represor sin escrúpulos que tuvo uno de sus centros de operaciones en el Ayuntamiento de Castroverde, pero que no dudó en asesinar a un vecino suyo". Por ello, la comunidad justificaba la ejecución de "los falangistas que rompieron los códigos", del mismo modo que "los ajustes de cuentas no estaban sancionados", subraya la profesora de la Universidade de Santiago en su libro.

"Este tipo de muerte se entiende como merecida y se insiste en que no le faltaban objetos personales que, primero, no igualaran ese acto de justicia con un robo cualquiera y, segundo, no implicara uno de los aspectos que más se les reprochaba a los represores falangistas, el mancillamiento de un cadáver y el robo de sus enseres”, escribe Cabana. Es decir, que un guerrillero no debía hurtar las pertenencias de un represor para dar fe de que aquella muerte era política y respondía a una venganza.

Así, insiste la historiadora en "Sobrellevar la vida". Memorias de resistencias y resistencias de las memorias al franquismo, era clave que no pudiera alegarse que se había ultrajado “con violencia post-mortem” el cuerpo de un matón ni quitarle sus posesiones, por insignificantes que fuesen. Hacerlo se consideraba “una actuación despreciable y denigrante, incluso en el caso de un represor que ya había cometido la vileza de asesinar”, explica en el citado texto, incluido en el libro colectivo "No solo miedo. Actitudes políticas y opinión popular bajo la dictadura franquista (Comares)".


La tradición oral ha traído hasta nuestros días la copla dedicada al comandante José Moreno Torres, "asesinado por falangistas en A Fonsagrada tras combatir junto a otros anarquistas en el frente de Asturias, que cayó en manos de las tropas rebeldes en octubre de 1937". Un romance de ciegos dedicado a su figura relata el robo de su zamarra y su reloj una vez muerto:

Con una buena zamarra del comandante Moreno,
paseaba en Fonsagrada el otro día un caballero.
Paseaba en Fonsagrada con la zamarra de cuero,
y un chistoso le decía:
¿qué buen mozo estás, Moreno?
¿Dónde está el reloj de oro del comandante Moreno?
Seguramente se gasta en el pueblo del Acebo.
¿Dónde está la cazadora del comandante Moreno?
Seguramente se gasta muy cerquita de San Pedro.

Ana Cabana también se hace eco de la rapiña que sufrió el alcalde de Arzúa, Juan Manuel Vidal García, quien había construido escuelas en varias parroquias de su municipio con el dinero que mandó cuando estaba emigrado en Argentina. “Su cartera y un reloj de oro que tenía se lo vieron luego a uno de Arzúa, a un señor de derechas”, le dijeron a Daniel Lanero, quien recogió el testimonio en el libro "Os remendos da memoria - A represión franquista no Concello de Arzúa", editado por el Ayuntamiento coruñes. “Sí, le robaron el reloj, pero no se lo quitó una persona de Arzúa, y quien lo llevaba era un municipal de Santiago”, aseguró otra fuente.

La profesora de la Universidade de Santiago sostiene que las fuentes orales coinciden en la carga metafórica del hurto. “Lucen los enseres sustraídos delante de vecinos y familias de las víctimas, para mayor escarnio. En ese reloj que funciona para el represor como un trofeo (era un efecto personal que inequívocamente identificaba al propietario), hay mucho más que la apropiación de un objeto (probablemente el único) con valor económico. Detrás se encuentra otra fórmula de represión simbólica, de ahí que el relato incida en ese punto:

Universidad de Santiago

"El reloj se acostumbraba a heredar de padres a hijos en las comunidades rurales", su sustracción rompía con la cadena, impedía al sucesor tener un recuerdo físico del progenitor muerto que posibilitara "una memoria cotidiana y viva del represaliado”, escribe en "Sobrellevar la vida".

El reloj de Clemente sigue en manos de Pedro, "pese a que no dé la hora". Clemente no está en manos de nadie, "aunque ya va siendo hora".

El “trágico talismán” de Alonso Román

"Otros relojes fueron conservados por las familias antes de que los quitasen a los suyos". Cuando la investigadora estadounidense Francie Cate-Arries entrevistó a Lucía Román en su casa de Benamahoma, en la sierra de Grazalema, la nieta de Alonso tenía a su lado el “tesoro familiar que su abuela Fermina había escondido a raíz del asesinato de su esposo”. El legado de Pepe, su padre, quien "se había librado de la muerte tras recibir la extremaunción ante la tapia de la iglesia de aquella pedanía gaditana".
Clemente Amago, víctima de la represión franquista, cuyo cuerpo jamás apareció. 
ARCHIVO FAMILIA AMAGO

"Un maestro falangista intercedió antes del fusilamiento y pudo contarlo", incluida la venganza que acabó con el cabeza de familia. "En realidad, los matones iban a por él", mas como se había echado al monte y no lo encontraron en casa, arrestaron a su progenitor, escribe la profesora de la Universidad William & Mary (Virginia) sobre "el terror caliente en Cádiz" en el Journal of Spanish Cultural Studies. "Setenta años después, sus restos fueron exhumados del cementerio de El Bosque y trasladados a Benamahoma, donde reposa la memoria de Alonso Román".

“Rara vez habló Pepe del trauma que sobrevivió. Pero siempre durmió al lado del reloj del padre desaparecido, trágico talismán que se colgaba como crucifijo en la cabecera de la cama, recordatorio en este caso del sacrificio no del hijo sino del padre”, recuerda Francie Cate-Arries en el artículo “De puertas para adentro es donde había que llorar”: El duelo, la resistencia simbólica y la memoria popular en los testimonios sobre la represión franquista.

La opresión del régimen amordazó a la familia, silenciada durante décadas. “No pudo llorar a los muertos. Estaba prohibido”, le contaba Lucía en 2013 a la profesora de Lenguas y Literaturas Modernas, quien subraya que aquel reloj de bolsillo “permite activar un duelo subversivo en privado para la generación que vivió el trauma y también estructurar la posmemoria de la nieta que narra el testimonio”.

En el extremo opuesto de la península, Pedro Amago sigue residiendo en el viejo caserío de su abuelo, después de que sus antepasados lograran comprarlo en una subasta celebrada en 1944. “Aquí nacimos tres hermanos y aquí seguiré viviendo yo”.

Pedro Amago, candidato a la alcaldía de Santiso d'Abres

¿No rezuman demasiados recuerdos luctuosos esas paredes? “Vivir aquí trae añoranza”. ¿Y el retrato de sus abuelos? “Ahí sigue colgado. Regina murió en 1979 y me quería contar cosas, pero yo era joven y no le tiré de la lengua. Ella deseaba relatarle todo lo que pasó a sus nietos, al revés que muchas familias, en cuyas casas no se habló jamás del tema”.

“Mi abuela, en cambio, no calló. Quería hablar. Me arrepiento de no haberla escuchado entonces”.

Ahora nadie le da cuerda al reloj de Clemente.

FUENTE: publico.es
Henrique Mariño
Madrid - 01/10/2019