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25/3/21

GAIA VS HUMANOS (2ª PARTE)

...CONTINUACIÓN: 

Esta pandemia es un síntoma más de que el ser humano no está en paz con el planeta Tierra. Desde el punto de vista semántico podríamos decir que la relación con el Planeta es violenta», opina Unai Pascual, economista del Centro Vasco para el Cambio Climático (BC3) y uno de los autores del último informe del IPBES sobre biodiversidad y pandemias. Se refiere el experto a otros impulsores directos de procesos de zoonosis, que a su vez aceleran o contribuyen al cambio climático

«Los cambios del uso de la tierra son determinantes», sostiene. En este punto, el experto señala que «la deforestación tiene unas implicaciones notables, ya que la 'tala masiva de árboles' es una forma directa de destrucción de la biodiversidad, además de ser una de las causas principales de la aparición de enfermedades infecciosas de origen zoonótico» como el SARS o el ébola, cuya propagación estuvo condicionada por el desplazamiento de especies de animales tras la devastación de selvas y bosques, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), que estima que el 70% de los brotes tienen que ver con esa pérdida de espacios verdes.

La deforestación –que lleva asociada una carga de emisiones de CO2 y destruye sumideros de carbono que ayudan a combatir el cambio climático se relaciona directamente con el modelo agropecuario industrializado, en tanto que "donde hoy se eliminan bosques, mañana se plantarán monocultivos de soja o aceite de palma, destinados a la alimentación del ganado en las macrogranjas". Tanto es así, que según el Instituto Real de Asuntos Internacionales, el 76% de la tala masiva de árboles tiene que ver con este tipo de cultivos.

El peso que ha adquirido la ganadería industrial en la economía neoliberal es, según Valladares, «una bomba de relojería» de cara a la irrupción de nuevas epidemias. Y es que las macrogranjas –además de generar una importante masa de gases de efecto invernaderohan sido, en las últimas décadas, reservorios de patógenos que han terminado saltando al ser humano. La 'gripe aviar' o la 'gripe porcina' son los ejemplos más recientes.

No sólo la 'ganadería intensiva' es un factor de riesgo; el 'coronavirus' también ha puesto en el foco mediático el impacto en la salud que pueden tener los mercados húmedos y la cría de especies invasoras. El mercado de Wuhan, epicentro de la pandemia de la Covid-19, ha sido determinante para entender "cómo el ser humano se expone al entrar en contacto con especies sacadas de sus hábitats".

No en vano, esta epidemia también ha revelado los problemas de otras prácticas peligrosas que se desarrollan en Europa, como la cría intensiva de visones americanos, una especie invasora que ha sido el origen de múltiples rebrotes en el viejo continente durante 2020.

Gema Rodríguez, cuya organización reclama el cierre de las fábricas peleteras, argumenta que «la cría de especies salvajes equivale a criar vectores de enfermedades». La cría de especies silvestres es muy común en España, donde existen granjas de jabalíes o de liebres destinadas a las sueltas cinegéticas, cuya concentración en espacios reducidos "debilita su sistema inmunológico y favorece la propagación de patógenos y enfermedades como la tuberculosis".

La raíz del problema

La ganadería industrial, la deforestación, la cría de especies salvajes o el propio cambio climático son impulsores directos para la aparición de nuevas epidemias como la del 'coronavirus'; prácticas concretas y visibles que, según Valladares, "conducen a la humanidad hacia una era donde las pandemias pueden ser cada vez más frecuentes".

«Si seguimos así, es objetivo decir que tendremos más procesos de 'zoonosis'. De hecho, es posible que haya múltiples epidemias al mismo tiempo. Es una cuestión de probabilidad y estadística, cuanta más biodiversidad perdamos, menos capacidad tendrán los ecosistemas de protegernos», expone el biólogo.

Para el economista del BC3, es importante entender que los impulsores directos de la pandemia se sustentan en impulsores indirectos relacionados «con la gobernanza, la economía y las normas que regulan el comercio a nivel local, regional y global».

En otras palabras, la 'tala masiva de árboles' o la financiación de la agricultura y la ganadería no son prácticas aisladas, sino que responden a los mecanismos económicos del 'sistema neoliberal' de crecimiento expansivo y a una cosmovisión sociocultural basada en el consumo material. «Que haya unas normas que permitan estas actividades no quiere decir que estas sean buenas. Eso es de lo que debemos empezar a hablar; de meter mano a todo metabolismo económico», argumenta Pascual.

El sistema de crecimiento económico se está topando con los límites físicos del planeta, del que cada vez quedan menos recursos que extraer. La naturaleza, de una forma casi mitológica, envía sus señales de alerta con forma de pandemia; con forma de colapso. Y es que la tiranía del PIB, "la cultura de medir la prosperidad de un Estado en función de su riqueza material, está empezando a tener resultados paradójicamente antieconómicos".

«Necesitamos reducir el consumo y reorientar la economía. Pero antes de pisar el freno tenemos que distribuir y asignar los recursos productivos de las economías de una forma sostenible. Si no cambiamos los mecanismos de gobernanza a todos los niveles, seguiremos perdiendo biodiversidad, acelerando el cambio climático y padeciendo pandemias» con un gran coste, no sólo humano, sino en la economía de los países».

«La única forma de prevenir nuevos virus es desacelerar. No es una opinión, es un hecho basado en toneladas de artículos científicos que nos dicen que es más costoso reaccionar ante una pandemia que prevenir, sostiene Pascual.

Para Valladares, los estragos causados por 'la covid' debería bastar para que la humanidad «aprenda» una lección valiosa sobre la importancia de la biodiversidad. «El enfoque, hasta ahora, ha sido muy paternalista y marcado por actuaciones simbólicas. Hemos tratado de salvar al lince, al lobo, al oso panda, pero no hemos ido a la raíz del problema, que es avanzar hacia un sistema que garantice que los ecosistemas nos puedan aportar seguridad», advierte Valladares.

Sin embargo, "un año después del estallido de 'la covid', con la vacuna cada vez más cerca, los datos no dejan entrever que las cosas puedan cambiar. No se observa, de hecho, retroceso alguno en actividades económicas vinculadas a la deforestación". Buena prueba de ello es que, tal y como apunta Pascual, mientras el precio del petróleo se tambaleó durante 2020, el de 'commodities agrícolas' como la soja o el aceite de palma ha experimentado un crecimiento lineal durante todo el año.

Cuando 'la covid' llego hace un año, los cimientos del sistema económico se tambalearon. Las grandes ciudades prácticamente se vaciaron, los hospitales colapsaron y las economías nacionales se desplomaron. En cierto modo, "la pandemia es un espejo que devuelve el reflejo destructivo de la actividad humana".

Ahora, la luz que 'anuncia' el final del túnel parece tan lejana como un pinchazo de aguja, pero la pregunta, tras este mal sueño, "es si la 'nueva normalidad' traerá también una vacuna para los ecosistemas".

FUENTE: publico.es

Alejandro Tena

10/03/2021

29/5/20

COMPONER CON GAIA

El problema de la libertad en tiempos del coronavirus

La pandemia actual es el signo de que la naturaleza se ha vuelto un agente histórico, que está forzando a la humanidad a entrar en una senda de decrecimiento.

Remise de chevreuils au ruisseau du Plaisir-Fontaine (Gustave Courbet, 1866)

"Un día, de repente, estábamos en el futuro. El futuro era esto. Y todo por culpa de un misterioso virus que aparentemente tiene el poder mágico de transportarnos en el tiempo".

"Por fin vivimos en ese futuro que tantas veces se nos había ofrecido como espectáculo", y que pintaba cada vez más negro, del color de nuestras peores pesadillas, desde que "el capitalismo se había alzado como triunfador incontestable en las luchas sociales modernas, estableciéndose como único mundo posible".

Pues bien, ahora, "desde este futuro que por fin se ha vuelto presente, podemos entender que ese futuro pasado que la sociedad pre-pandemia proyectaba como su sombra no era en absoluto 'distópico', sino perfectamente 'tópico'". Es decir, que era una extensión, una profundización de ciertas tendencias propias a nuestra sociedad normal: "era el destino específico y el único horizonte posible de la sociedad neoliberal".

Es cierto que las circunstancias han cambiado. "Ahora, como habitantes de la radiante sociedad futura, estamos en cuarentena", confinados en nuestros habitáculos, separados indefinidamente sin posibilidad de tener encuentros con otros cuerpos y de participar físicamente en algún tipo de sociabilidad. "Solo nos quedan las redes sociales virtuales, que son la reconstrucción capitalista descarnada de esos mismos vínculos espontáneos que el capitalismo ha ido destruyendo".


Pero esto también significa que cierto proyecto civilizatorio se está realizando plenamente: por fin somos plenamente 'Individuos', y por fin solo hay "individuos aislados en el espacio público", siempre a una distancia prudente unos de otros, en la "prototípica relación policial de hostilidad común".

Aunque la realización de la idea liberal por excelencia también implica "la supresión de cualquier libertad política", y ya no son los derechos humanos, pero tampoco entes capitalistas del tipo Facebook o Tinder, ni las tecnologías que los permiten existir como teléfonos móviles u ordenadores portátiles, sino que "es el Estado mismo, quien fabrica individuos por decreto de excepción".

"La situación actual muestra que el supuesto conflicto liberal entre el individuo y el Estado es el 'falso conflicto por excelencia', pues son exactamente las dos caras de la misma moneda capitalista". Lejos de interrumpirlo, en un primer aspecto, "la pandemia no haces ino realizar a la perfección y llevar a sus últimas consecuencias el proyecto civilizatorio moderno". 

EL FUTURO ERA LA GUERRA
 

"La supresión total de las libertades públicas en el futuro se explica porque hemos entrado en una nueva guerra, y esto no es ninguna metáfora".

'El futuro era la guerra', ahora empezamos a verlo claramente. Y nuestra civilización, como de nuevo dejaban entrever las pesadillas de ficción con las que se nos mantenía entretenidos, no hacía más que "prepararnos para la guerra"

Esta guerra, es cierto, no se desarrolla entre naciones ni entre clases: "es una guerra de nuevo tipo, todavía más bizarra y anómala que la guerra inmediatamente precedente contra el terrorismo", y que es preciso tratar de comprender para orientarse en la situación.

"En esta nueva guerra inmunológica las relaciones de clase se mantienen, según el lugar que se ocupe en el campo de batalla". Están los que se sitúan en la vanguardia, en el frente más avanzado y con más riesgos, los 'heroicos soldados de élite de la sanidad'.


Esta vanguardia tiene su aspecto intelectual y estratégico, encarnado por los 'representantes avanzados de la ciencia oficial' que estudian al invisible y monstruoso enemigo, e investigan posibles armas definitivas en forma de vacunas.

"Luego está la masa anónima y proletaria de soldados de la producción y distribución, igualmente heroica, e igualmente expuesta al riesgo de contagio".

En medio se sitúan los que podemos llamar 'enlaces', los nuevos individuos que forman la única población de las calles desiertas, y que "vinculan el frente de la producción con el del consumo". La retaguardia del consumo, por último, es la más privilegiada y menos expuesta.

"El Estado de excepción o de alarma, que en realidad es un Estado de guerra, solo pide a los soldados del 'frente del consumo' que se mantengan en casa entretenidos como buenamente puedan", que jaleen de vez en cuando a quienes se encuentran en los puestos más cercanos a la línea de combate, y que dejen a los especialistas el resto.


"La situación actual muestra que el supuesto conflicto liberal entre el individuo y el Estado es el falso conflicto por excelencia, pues son exactamente las dos caras de la misma moneda capitalista". Si la guerra contra el virus no es en absoluto una lucha de clases sino que "mantiene y purifica las relaciones de clase habituales bajo la vigilancia del Estado de guerra", tampoco es una guerra entre naciones.

En el límite, "estamos viendo que ciertos equilibrios de poder geopolíticos se desplazan (China), pero de una manera más bien paulatina y sin grandes aspavientos", como efectos colaterales de la guerra, y no lo que es central en ella.

Ahora bien, del mismo modo que "la nueva estructura de clases que pone en juego la guerra contra la pandemia reduce las relaciones de producción y consumo a un mínimo de supervivencia", también prohíbe cualquier viaje y desplazamiento que no sea estrictamente necesario. "En el nuevo orden de la movilización inmunológica ya no somos turistas ni ciudadanos del mundo, sino como mucho habitantes de nuestra calle o nuestro barrio, en un brutal salto cualitativo de lo global a lo local".

EL JUBILEO DE LA VIDA
 

En el futuro que habitamos, "el ritmo de nuestra producción y consumo se está reduciendo tan drásticamente como la amplitud del círculo que dibujan los movimientos de nuestras vidas".

Esto quiere decir que "la terapia de shock de la pandemia está consiguiendo algo que ninguna campaña ecologista había conseguido": que entremos por fin en "una dinámica de decrecimiento, sin la cual, es preciso recordar, nos dirigíamos de cabeza y a toda velocidad al colapso".

Y los efectos felices de este decrecimiento empiezan a sentirse alrededor nuestro: donde antes solo gruñían los coches, pájaros cantan de nuevo en el corazón de las grandes ciudades, los cielos eternamente oscurecidos por el humo de las fábricas se despejan, el agua de ríos y canales vuelve a ser transparente, jabalíes se asoman a las avenidas desiertas.

"La vida no humana comienza muy lentamente a celebrar su jubileo". Y en este punto, "la realidad se mezcla con los deseos utópicos más profundos de nuestro tiempo", que se expresan impacientemente en forma de 'fake news', con imágenes de delfines juguetones, elefantes borrachos y cervatillos despreocupados "invadiendo un mundo humano en cuarentena".

Animales recuperando el espacio que les hemos robado

"Es cierto que, mientras la vida no humana comienza a recuperar el aliento, muchas vidas humanas que ya tenían dificultades para seguir respirando dejan de hacerlo definitivamente, lo que es absolutamente terrible y forma parte de las calamidades y desastres de la guerra".

Pero a pesar de ello la probidad obliga, aun a riesgo de ser acusado de traidor en las propias filas, a "reconocer las virtudes del enemigo. Es un hecho que también está funcionando como una especie de extraño aliado ecológico".

¿Quién es ese temible enemigo, al que nuestra civilización declara la guerra, esa forma de vida absolutamente inocente que nos enferma y nos mata, pero que al mismo tiempo está reequilibrando la balanza de la vida terrestre? 

Hannah Arendt diferencia el pensamiento científico que se pregunta por el 'q' de las cosas, es decir, por su objetividad sin sentido, del pensamiento filosófico que se pregunta por el 'quién', es decir, por la significación de los acontecimientos. Desde ese punto de vista, ¿qué significa este nuevo virus?

Hannah Arendt

Respondamos directamente: "la pandemia actual es el signo de que la naturaleza se ha vuelto un agente histórico, con el que hay que contar de aquí en adelante".

Ese es el significado fundamental de lo que está ocurriendo: "nuestra civilización capitalista, aun siendo perfectamente consciente de que marchaba a toda velocidad hacia el desastre ecológico, era incapaz de revolucionarse, ni siquiera de reformarse de una manera mínimamente convincente; y solo la irrupción de una fuerza viva sin intención ni voluntad está consiguiendo forzar esta transformación".

"Ese ser vivo extrahumano ha provocado la interrupción y el volantazo necesario que la civilización moderna, con toda su impotente soberbia, era completamente incapaz de dar". En este sentido, a pesar de que le declaremos la guerra, "el virus nos está ayudando profundamente y a largo plazo, y nos está dando una lección que sería muy importante escuchar". 

NO ESTAMOS SOLOS, NO PODEMOS SOLOS
 
Un mar de inmundicias

"Esa lección tiene que ver tanto con reconocer que no estamos solos como que no podemos solos". Pero eso no significa que ahora vayamos a encontrar a Dios en la soledad de nuestras vidas confinadas o a otra especie inteligente en los confines siderales de la expansión capitalista. "Es en esta Tierra misma que habitamos donde no estamos solos, y el virus es, en efecto, la expresión de que existe una inteligencia terrestre mucho más amplia que nuestra humana conciencia narcisista y unilateral. No nos referimos a algo místico o esotérico, sino simplemente a la inteligencia de la vida como un todo".

"Se trata de ese tipo de inteligencia subterránea que se manifiesta abiertamente en todo los procesos de creación y procreación". Pensemos en los ejemplos más simples: cuando una mujer embarazada está cerca de dar a luz, se dibuja en su vientre "una línea vertical que une el pubis con los pechos, al mismo tiempo que se oscurecen los pezones", marcando así el camino que el recién nacido casi ciego tendrá que recorrer para conseguir su alimento.

"Esa especie de milagroso tatuaje espontáneo no es trazado ni por la conciencia humana de la mujer ni por Dios, sino por la inteligencia inconsciente e inmanente de la vida misma, la misma que ha producido el entramado de todo lo vivo, y que nos ha creado también a nosotros".

"Componer con Gaia implica desertar de nuestra 'civilización-guerra' que revela su rostro definitivo en estos momentos, para apoyarnos mutuamente y componernos mediante nuestras acciones con la inteligencia de todo lo vivo".


En relación a la inteligencia humana, habría que pensar esta inteligencia de la vida de un modo homólogo a como "Spinoza pensó a Dios", es decir, sin ninguna analogía. "A esa inteligencia no le importa lo más mínimo el destino singular de la humanidad, pues solo se interesa por la vida en su conjunto".

"En tiempos de catástrofes, Isabelle Stengers llama 'Gaia' a esa inteligencia no humana, de acuerdo con la hipótesis propuesta por Lovelock y Margulis en los años 70". Stengers también nos da la clave estratégica fundamental de nuestra situación:

“Luchar contra Gaia no tiene sentido, se trata de aprender a componer con ella. Componer con el capitalismo no tiene sentido, se trata de luchar contra su dominio".

QUÉ SIGNIFICA COMPONER CON GAIA
   
Isabelle Stengers

Evidentemente, "componer con Gaia, en nuestra situación, no quiere decir ayudar a que el virus se extienda o a que más personas se contagien, para que al final el capitalismo perezca junto a la especie humana entera".

Quiere decir "aprender a comprender y respetar a esta inteligencia de la vida que se ha manifestado espectacularmente con el virus, y sin la cual no somos capaces ni de sobrevivir ni de cuidar mínimamente el planeta en que vivimos"

"Componer con Gaia tiene que ver con aprender a limitarnos, a autolimitarnos en todos los sentidos para dejar espacio libre, abierto y salvaje a esa vida no humana que merced al virus ha empezado a campar de nuevo un poco a sus anchas por el mundo".

"Componer con Gaia quiere decir, por tanto, no abandonar ya nunca la dinámica del decrecimiento a la que el virus nos ha forzado, y luchar con todas las fuerzas contra toda tentativa del capitalismo por recuperar el control de la situación y retomar la senda suicida del crecimiento indiscriminado".

Cementerio de trenes en Uyuni (Bolivia)

"Aprender a componer con Gaia, en fin, es la única manera de honrar verdaderamente a héroes y víctimas de esta extraña guerra", y de que todo esto acabe por tener algún sentido.

"Pero componer con Gaia supone antes que nada entender que es completamente absurdo tratar a un virus como a un enemigo militar".

"Y eso implica, en un momento u otro, desertar de la continua guerra en curso", desertar de nuestra 'civilización-guerra' que revela su rostro definitivo en estos momentos, para "apoyarnos mutuamente y componernos mediante nuestras acciones con la inteligencia de todo lo vivo".

Ahora bien, como los movimientos libertarios siempre supieron ―y hoy en día se vuelve dramáticamente acuciante― "la desobediencia exige una responsabilidad infinitamente mayor que la obediencia".


"Desde esta necesidad de una deserción absolutamente responsable de la guerra en curso, se plantean, entonces, toda una serie de cuestiones prácticas, que solo la inteligencia colectiva será capaz de resolver":

¿Cómo des-estatalizar, cómo des-jerarquizar, cómo des-autorizar, cómo des-policiar nuestras vidas y al mismo tiempo cuidarnos y protegernos del virus?

¿Cómo reencontrarnos?

¿Cómo transformar el desierto urbano en el que estamos confinados en un mundo vivo?

¿Cómo descubrir una libertad nueva, propia a una cultura del decrecimiento?

¿Qué uso alternativo dar a esos grandes centros comerciales que ya nunca más abrirán, a esos cementerios de las finanzas?


¿Qué nuevo arte inventar, con toda la chatarra inútil de la civilización industrial?

¿Cómo, en lugar de desplazarnos a la playa, descubrirla bajo los adoquines?

¿Cómo crear en las plazas de nuestras ciudades huertos de albaricoques, donde antes solo había monumentos al imperialismo?

¿Cómo conseguir que nuestros jardines se vuelvan bosques?

Eso sí, para responder a esas preguntas la inteligencia colectiva ya nunca más estará sola: "la Vida asiste con expectación a nuestras evoluciones desde el otro lado de la barrera".


FUENTE: elsaltodiario.com
El rumor de las multitudes
Jordi Carmona Hurtado
Filosofía – 23/04/2020

 
Supongo que desde la óptica del resto de seres que habitan el planeta, el verdadero virus debemos ser nosotros, los humanos, que no dejamos títere con cabeza.

2/11/14

CORAZÓN LIBRE

Como observarán, tras dos semanas sin hacerlo, hoy he vuelto a escribir . Se lo debo, de forma indirecta, al amigo Rafael Amor, ya que, fue un tema suyo: "Corazón libre", cantado anoche en el Teatro Leal, el que me hizo recapacitar sobre mi decisión de abandonar este blog definitivamente.



Había optado por despedirme "a la francesa" con aquella viñeta de Mafalda, gritando con ella que pararan el mundo para poder bajarme, pero nadie lo hizo. Todo fue a raíz de un importante "rebote" con mi propio demonio y con el mundo, pero al parecer, como no se sabe dónde está el maldito botón, aquí sigo viajando sin remedio.

Reconozco que, a veces, es menester que le den a uno un empujoncito, no demasiado fuerte claro está, porque se corre el riesgo de irse de boca y romperse los "piños". Pero tampoco es cuestión de bajarse en marcha y correr el riesgo de ser atropellado por este gigantesco "colectivo".
  


Doy las gracias aquí, públicamente, a Rafael por haber compuesto ese hermoso tema que me ha hecho reflexionar a tiempo, a los hados por haberme permitido escucharlo, a Laura y a Domingo por habernos invitado al concierto... y a aquel que tenía que apretar el botón de emergencias por no haberlo encontrado.

NOTA: Terminaré dándole la razón a mi difunto abuelo que me llamaba "el espíritu de la contradicción" porque, miren por dónde, hoy, Día de los Difuntos, me ha dado por resucitar.

Miguel Ángel G. Yanes

29/11/13

LA CODICIA Y LA ESTUPIDEZ

Iba a titular esta entrada "La codicia y la estupidez humana", pero enseguida me di cuenta de que ambos sustantivos no se le pueden aplicar a ninguna otra especie de las que, al menos a la vista, habitan el planeta. Sólo nosotros, "homo sapiens", último peldaño del reino animal, vértice de la pirámide evolutiva, "hijos predilectos de dios", somos codiciosos y estúpidos a más no poder.


Codiciosos porque lo llevamos no sé si en la sangre, en las entrañas, en los genes o en "salva sea la parte", y porque el propio sistema social nos empuja a ello; a desearlo todo, a tenerlo todo: dinero, poder, posesiones materiales, animales... e incluso personas, y estúpidos por dejar de lado nuestra conciencia y seguir ese "juego". Y es que codicia y estupidez son primas hermanas.

Para muestra un botón:

Dada la extinción oficial del rinoceronte negro en su entrono salvaje, los bárbaros de sus cazadores han llegado a atacar a animales cautivos, motosierra en mano, para cortarles el famoso cuerno, que se cotiza a precio de oro en el mercado negro, ante la absurda creencia de sus propiedades afrodisiacas. Pero el no va más ha sido el robo de cuernos en museos y exposiciones, hasta el punto de que en el museo de la universidad de Lieja se han visto obligados a sustituirlos por copias, acompañadas de un cartel que indica: 

"Se exhiben réplicas por culpa de la estupidez humana"*


Resulta que los humanos hemos dejado de vibrar al ritmo de Natura; nos hemos rebelado, la hemos explotado, envenenado, masacrado... Habiendo escapado a su control, somos para ella una plaga que lo fagocita todo, y se ve impotente, porque no dispone de otra especie que nos pueda enfrentar para frenarnos; así que no le va a quedar otro remedio, si no rectificamos cuanto antes, que ponernos en las manos nuestra propia destrucción.

Además, por si fuera poco, hemos hecho del dinero la máxima de nuestras vidas, lo que nos ha arrastrado a un culto al materialismo puro y duro y a un consumismo exacerbado, renunciando, de paso, a valores humanos incuestionables, lo que ha nublado nuestras entendederas, convirtiéndonos en una especie cada vez más codiciosa y tremendamente estúpida, que mira absorta a su alrededor sin entender lo que ocurre, mientras el nexo con la madre primordial y con el resto de seres, se deshace.  

Estamos asistiendo, a rabillo de ojo, a la pérdida de nuestro propio paraíso, sin que parezca que nos importe demasiado. Y esto ocurre porque no van parejos nuestros adelantos técnicos (cacharros al fin y al cabo) ni nuestra soberbia y  avaricia, con nuestra verdadera evolución de seres espirituales llevando a cabo una experiencia física. 


(*) Datos tomados del blog "Notas de campo y jardín" con el permiso del compañero Jesús Dorda

Miguel Ángel G. Yanes