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3/3/21

LAS TINIEBLAS Y EL ALBA

He terminado de leer 'Las tinieblas y el alba' del británico Ken Follet, un tocho de casi mil páginas, como a mi me gustan los libros para que duren al menos un buen rato, pero que, aunque entretenido y con gran lujo de datos y detalles de la época en la que se desarrolla la historia (Alta Edad Media o 'Edad Oscura'*), no me convenció. Es una obra con un fnal tremendamente previsible; suena más a cuento de princesas que a otra cosa. No llega, ni por asomo, a la calidad literaria de 'Los pilares de la Tierra', de la que pretende ser secuela, en un intento por sacarle rédito, retrocediendo en el tiempo como ya han hecho otros antes que él.

Ken Follet

(*) El término 'Edad Oscura' para referirse a la Edad Media fue aplicado en el siglo XIV por el erudito italiano Francesco Pretrarca, tomándolo del peridodo de la historia de Grecia también llamado así, que comprende desde el colapso de la civilización micénica (entre 1200 -1100 a. C.) hasta la época arcaica griega (siglo VIII a. C.)

Miguel Ángel G. Yanes

11/9/20

ENTRE LA HISTORIA Y LA POESÍA

Continúa la polémica sobre el concepto de vanguardia y su extensión en América Latina. Contrarréplica a propósito de 'Tierra negra con alas', la antología de Juan Manuel Bonet y Juan Bonilla

Agradezco a Juan Bonilla que haya aceptado este momento de interlocución, y a CTXT y su sección 'El Ministerio' por su apertura a este intercambio intelectual.

El bibliotecario (1566)
Giuseppe Arcimboldo

1. Mi objeción principal sobre 'Tierra negra con alas' era su interés insuficiente por la poesía, con la que "exhibe una relación de orden externo, ajeno a la experiencia interior propiciada por el arte poético". El prólogo muestra una menguada sensibilidad por la dimensión estética y la ejecución artística de los poemas, pero notable querencia por los elementos episódicos y su narrativa; de allí que a Juan Bonilla le resulte inaceptable que se estime la contemplación como elemento esencial de la experiencia poética.

Las notas bio-bibliográficas se prodigan en información secundaria y anécdotas biográficas. De la poeta Blanca Luz Brum, por ejemplo, se dice que “su obra más singular fue su vida, y se detalla un rosario de maridos y amantes: "tuvo 5 maridos, fue amante de un magnate de la prensa, amiga ‘íntima’ de Perón y cómplice en la fuga de una cárcel de un pistolero peronista".

Del poeta paraguayo Manuel López Guerrero, que fue un enfermo de lepra de vida legendaria y que en su epitafio dice “su mejor poema fue su vida. De la mexicana Nahuí Olin, pseudónimo de Carmen Mondragón, lo mejor parece ser que “Juan Bonilla ha novelado su vida en 'Totalidad sexual del cosmos', que se trata de un 'personaje inverosímil', amante del Dr. Alt y de un 'capitán español', que Matías Santoyo, otro de sus amantes, la llevó a Hollywood, que se casó con un pintor e hizo de modelo de pintores y fotógrafos...

Carmen Mondragón

¿Con qué estado de espíritu puede alguien acercarse a la poesía después de leer notas introductorias de ese género? Fascinación por la anécdota, acaso por el relato: "obliteración de la poesía".

La justificación de Bonilla para la ausencia en 'Tierra negra' de grandes poetas del Caribe revela una actitud similar. “Faltaron páginas”, dice. La deducción: "solo el escaso interés por la poesía puede explicar que en un libro de más de mil páginas no haya lugar para un poeta enorme como Aimé Césaire pero sí para más de un centenar de 'poetas menores'". 'Grosso modo', el lector encontrará unos 65 poetas consagrados por la historia  y 15 recuperados con justicia: aproximadamente 350 poemas y 330 páginas para su placer estético. No es poco. Pero 'Tierra negra' incluye 825 poemas en unas 824 páginas.

Bonilla señala mi 'poca generosidad' al mencionar todo esto, pero mi escrito del 26 de julio era un modesto ejercicio de crítica, y "la crítica está obligada a basarse en los textos, no en virtudes morales".


2. Lamenté asimismo que en 'Tierra negra' faltara un marco conceptual que informe sobre qué entienden los autores por vanguardia, un asunto que afecta a la periodización y a la selección de poemas, que a veces hay que deplorar. En la réplica que comento se insiste en que la vanguardia fue “no solo un movimiento estético sino una época. Entiendo por época lo que sencillamente dice el diccionario de la lengua: "un período de tiempo, un espacio de tiempo".

Pues bien: no cabe duda de que la vanguardia no ocupó de modo dominante el espacio de tiempo que va de mediados de los años 10 a mediados de los 30. Sus manifestaciones, protagonizadas por pequeños grupos, no alcanzaron el 'estatus' de un discurso social. Cuando en 1922, César Vallejo publica 'Trilce', ni en Perú ni en América Latina hay repercusiones ni muestras de aprecio. En cambio, ese mismo año Perú celebró "eventos apoteósicos en honor del poeta modernista José Santos Chocano, a quien el presidente del país impuso una corona de oro".

Si 'Tierra negra' subrayaba que la vanguardia fue "una época llena de episodios menores, un 'clima', un 'calambre' con ciertas novedades en el estilo, con muchos 'movimientos episódicos', un puñado de poetas inevitables y un 'ejército de poetas menores'", ahora Bonilla nos ofrece una conclusión asombrosa: todo aquel clima, calambre, movimientos episódicos y episodios menores habrían producido "poesía tan inmensa y memorable como la que produjo Europa". No hace falta comentar la falta de sindéresis.

Discrección, capacidad natural para juzgar rectamente

3. Es sorprendente la resistencia de 'Tierra negra' y Bonilla a considerar la vanguardia desde una perspectiva artística y estética. La vanguardia como concepto valioso remite a un fenómeno que rechaza la autonomía o más bien la degradada independencia que llegaron las artes en la modernidad. "La autonomía liberó en gran medida al artista, pero la modernidad hizo del arte una esfera desconectada del mundo, de la vida y provocó un estallido en la sociedad y la psiquis individual". En América Latina, la pintura, la escultura, la novela y la poesía se convirtieron en 'instituciones sociales' de la sociedad burguesa.

Contra la autonomía de la poesía de salón consolidada por el modernismo, se revela la vanguardia, que "concibe la meta de acabar con la institucionalidad –no solo los organismos públicos y privados sino también el poder inductivo de la tradición literaria y sus cánones– que separa la poesía de las personas: unir arte y vida".

"Una reflexión de este orden da sustento a la práctica artística del genuino poeta de vanguardia, que se lanza a la exploración de la ciudad moderna, al escudriñamiento de la psiquis del individuo y a una pugna intensa con el lenguaje para la recuperación de su capacidad de significar y comunicar". Así se entiende que el experimentalismo no sea una 'extravagancia', como parecen creer los autores de 'Tierra negra', sino un ejercicio para evitar que la palabra poética se falsifique y pueda discurrir fuera de la tradición retórica y la lengua cosificada.

Juan Bonilla

4. Hemos dicho que la falta de una definición estética y artística afecta a la periodización. Si ponemos la lente en el número de libros publicados, en eventos, acciones y textos programáticos y críticos, manifiestos, proclamas, panfletos y declaraciones se podría hablar, como hace Bonilla, de un período de ‘apogeo’, y afirmar que la vanguardia concluyó 'en los años 30', o incluso en 1935

Él apela a una ya 'venerable tradición' de investigadores que respalda esa cronología y califica de 'latido apagado de la vanguardia' a lo que se produjo en los años siguientes.

Pero erramos el tiro procediendo de ese modo. Con la tradición hay que dialogar de modo dinámico. "Lo estético es solo uno de los componentes del fenómeno vanguardista; el otro es el artístico". Si los textos programáticos no pueden sustentar por sí mismos una periodización sino que deben cobrar forma en la práctica poética, se nos impone una pregunta decisiva: ¿cambian acaso después de 1935 los presupuestos estéticos y la práctica artística de los vanguardistas latinoamericanos? No; aunque se admite prueba en contrario.


Así, pues, ¿llama Bonilla 'latido apagado de la vanguardia' o quizá 'epígono' de sí mismo a César Vallejo, porque 'España, aparte de mí este cáliz' es de 1936-1938, como muchos de los 'Poemas humanos'? ¿Se puede llamar así a Neruda, que en 1937 publicó 'España en el corazón' y en 1939 'Las furias y las penas', y a Octavio Paz, que publicó 'Bajo tu clara sombra' y 'Raíz de hombre', de 1935-1938 y 1935-1936 respectivamente?

¿Es Oliverio Girondo un 'adepto' de sí mismo, ya que en 1922 publica 'Veinte poemas para ser leídos en el tranvía', diez años después 'Espantapájaros' y veintiún años más tarde 'En la masmédula', un libro tan importante y revolucionario como Trilce y con fundamentos y recursos equivalentes? 

¿Quiere Bonilla calificar de posvanguardia al más crítico y potente de los movimientos vanguardistas latinoamericanos, el surrealismo, que arranca en 1938 con la aparición de la revista Mandrágora en Chile? ¿Ignora la cantidad de títulos de vanguardia aparecidos en 1940 y en el resto de la década? La vanguardia no termina en los 'años 30'; aun en los años 50 mantiene su originaria criticidad iconoclasta.


5. Hice también una objeción sobre el carácter social y político que en España se empieza a atribuir a la vanguardia. Bonilla lo recalca mencionando “la apabullante cantidad de libros y poetas que […] hicieron poesía política. Pero lo social y lo político no son peculiaridad de la vanguardia. En el neoclasicismo y en el modernismo sobran nombres de poetas inscritos en esos subgéneros.

Lo social y lo político fueron solo dos de las múltiples direcciones en que operó la vanguardia. El negrismo, el indigenismo, cierta vanguardia brasileña, los estridentistas, las combativas Magda Portal y Blanca Luz Brum, Raúl González Tuñón, Pablo de Rokha y Pablo Neruda no pueden ser ignorados, pero tampoco cabe atribuir a sus preocupaciones sociales la forma a una corriente dominante; aquello quedaba integrado en el magma material, síquico y moral al que se enfrentó la vanguardia.

Sugiero al lector interesado que haga un careo con la vanguardia argentina, uruguaya, boliviana, ecuatoriana, chilena, colombiana y venezolana representada en 'Tierra negra' y compruebe si hay noticias de “una apabullante cantidad de libros y poetas […] que escribieron poesía política. ¡No la hay! La seña de identidad de la vanguardia como concepto grabado en la historia no es la preocupación social o política, sino la crítica: "crítica de la institucionalización y la instrumentalización de la literatura, la poesía y la cultura como herramientas de dominación simbólica".

Raúl González Tuñón

Finalmente, voy a permitirme poner sobre la mesa un asunto no considerado hasta ahora. 'Tierra negra' asegura que muchos poetas jóvenes latinoamericanos “aprovechan el viaje a Europa para cobrar plena conciencia de su americanidad. Europa, dice Bonilla en el prólogo, “habría de volverse importante para América […] porque fue allí, en Europa que muchos latinoamericanos cobrarían conciencia de su origen

Habría sido en Europa donde “se produjo una chispa que dotaría de personalidad propia lo que los artistas de avanzada latinoamericanos terminarían haciendo”. Lastimosamente estas son, otra vez, afirmaciones sin desarrollo argumental. Bonilla se atreve con la construcción de las subjetividades con desmañados versos sueltos. ¿Se trata solo de resabios de la colonialidad y la subalternidad? ¿Se cree tal vez que Vallejo, que en 1922 no había viajado aún a Europa, escribió 'Trilce' sin saber lo que hacía, cuál era su origen y si lo que escribía tenía o no 'personalidad propia'?

"Cartografía, más que antología, 'Tierra negra' tiene el mérito de ofrecer un registro cuantioso de materiales apreciables en una historia de la vanguardia poética latinoamericana, y asimismo el riesgo de neutralizar la posibilidad de que el lector pueda encontrar en los versos el poder de la verdadera poesía", los gérmenes de "el arte de la vida y su capacidad de percibir el futuro en el presente (Shelley).


Shelley

FUENTE: ctxt.es
Réplica
Mario Campaña
04/09/2020

3/12/16

ENTREVISTA A CARLOS SAURA

“Los políticos piensan que la cultura es una cosa de vagos”

El cineasta, uno de los ‘fundamentales’ del cine mundial, paga la deuda que tenía con su tierra con su nueva película, ‘Jota de  Saura’, y de paso denuncia el desprecio hacia la cultura por parte de nuestros políticos.

Carlos Saura

 
"Estamos perdiendo el tren de la cultura"

Carlos Saura y Luis Buñuel son los cineastas más grandes que ha tenido España y dos de los más importantes del mundo. La afirmación no es exagerada, aunque en nuestro país pareciera que durante decenios pocos se han dado cuenta. Ahora, el primero, este genio innovador, moderno, sabio con la cámara, de curiosidad infinita, reconocido con los más altos galardones en todo el mundo, sigue imbatible -terco aragonés- con 84 años y una nueva película, Jota de Carlos Saura, y “muchos proyectos frustrados”.

“Si fuera francés todo sería más fácil”, dice con su cámara colgando del cuello –“tengo más de setecientas”-, una digital ligera, preciosa, y con una vitalidad envidiable. “No sé qué son estas películas”, confiesa, refiriéndose a la serie que comenzó con Gades, con Carmen y El amor brujo, y ha seguido con Flamenco, Tango, Fados, Salomé… “Esta película, Jota, se la debía a mi tierra. ¡Me lo han reprochado tantas veces! Me han preguntado muchísimas veces: ¿Y para cuándo la jota?”


Está haciendo una especie de trabajo de recuperación con estas películas, ¿no pretende también un poco hacer una labor de renovación, de actualización del folclore?

Sí. Artistas de los que participan en las películas y muchos expertos están de acuerdo conmigo en la necesidad de la renovación. No hay que falsear las bases, pero sí hay que renovar. Yo, a veces, hubiera llegado todavía más lejos, pero todavía no he podido. Ya se lo decía a Gades, “en el flamenco no bailes siempre igual”, pero él…

De todas, ¿alguna ha sido más complicada?

La más difícil fue Fados, aunque los fados me han gustado desde que era niño, en España entonces se pusieron de moda, pero yo tenía muy poca información cuando hice la película. También tengo recuerdos desde la infancia de jotas. De pequeño me llevaban a concursos de jotas, una vez fui a Mora de Rubielos a una reunión de grupos joteros del mundo entero. Y me acuerdo del calor que hacía y de las chicas con esos refajos que algunas se desmayaban, claro. Esta película, Jota de Carlos Saura ya se ha vendido a siete países, a China, Japón, Alemania, Turquía… Y yo estoy contento por los productores.


Con estas película ha recibido el reconocimiento que siempre le dieron en el extranjero y le negaron en España, ¿cómo lo siente?

Bueno, todo llega en la vida. Ahora todo el mundo dice “¡qué buena era La caza!”, pero cuando se estrenó en Berlín (donde ganó el Oso de Plata al Mejor Director), un crítico español vino y me dijo: “Vaya mierda de película que ha hecho usted”.

Hay casi unanimidad en que es su mejor película, pero no es la que más le gusta a usted, ¿cuál es su favorita?

Ahora Io, don Giovanni, porque reúne todas las cosas que me atraen, y la falsedad del cine dentro del cine, los artificios… Debería hacerse cine a lo Buñuel, a lo Bergman, a lo Fellini, no conformarse con lo costumbrista, con lo de siempre.

Ara Malikian en 'Jota de Saura'
Ara Malikian, en 'Jota de Saura'

Y ¿no cree que es justamente esa la tendencia que prevalece?

Sí. La mayor parte de las película son muy previsibles, nada más empezar ya sabes qué va a pasar y cómo. Pero eso es lo que demanda el público, sobre todo el de televisión. La televisión es lo que está machacando el cine. Y nosotros tenemos el problema de que estamos en manos de las televisiones.

Entonces usted…

Yo soy una excepción. He hecho más de cuarenta películas y todavía me sorprendo. Sobre todo porque siempre he hecho lo que me ha dado la gana, menos con mi segunda película, Llanto por un bandido, que la destrozaron en Italia. Yo había hecho una película con influencia de Kenji Mizoguchi y… Por eso luego hice La caza, que controlé completamente. Siempre me he sentido un privilegiado en el cine y en la vida.


¿Incluso ahora?

Ahora las cosas están… La cultura de este país no interesa para nada y gracias a que hay algunos francotiradores. ¿Qué político de hoy ha hablado de la cultura? Ninguno. Es impresentable. Cuando sales fuera de España en muchos sitios conocen al Real Madrid y al Barcelona, pero no en todos, pero sí se conoce en el mundo entero a Cervantes, a Picasso, a Miró, a Gaudí… Eso es lo que queda de España. Los políticos piensan que la cultura es una cosa de vagos.

¿No cree que algunos políticos han conseguido incluso que muchos españoles también crean eso?

Claro. Pero esto viene desde la educación. Si no se cambia desde abajo del todo, no va a cambiar nada. Últimamente viajo mucho a París, allí es todo estímulo para la cultura. Cuidan los lugares culturales, hay cines por todas partes, librerías en casi cada calle… A mi hermano, el gobierno francés le ofrecía un estudio para que pintara allí. Nosotros estamos perdiendo el tren de la cultura y perdiendo a mucha gente con talento que no recibe ningún estímulo.

París, capital cultural de Europa

En los últimos años se ha dedicado a este cine musical y al que usted llama ensayos sobre personajes, Buñuel y la mesa del rey Salomón, Goya en Burdeos… ¿qué pasa con el proyecto sobre Picasso?

Se cayó una vez y entonces escribí un nuevo guion con Ray Loriga, que está completamente paralizado. Antonio Banderas se debe estar cansando ya, además ahora se dedica a sus perfumes. Tengo otro guion sobre Felipe II. Si fuera francés o alemán, tendría todas las facilidades para hacer cine, pero aquí, no. El proyecto de Felipe II es más difícil que el de Picasso porque va contra la idea de ese Felipe II maravilloso que han descrito. Bueno, eso ya me pasó con Lope de Aguirre (El Dorado), me llovieron las críticas por el retrato que hacía de él.

Ha debido acostumbrarse a tanta crítica, porque le han caídos durante años por todos los lados ¿o no?

A mí me importa un pepino el estilo y lo que digan de él, pero me atacaban, incluso algunos grandes cineastas españoles, porque defendía el cine de autor. Y para mí, el autor es el que se hace responsable de lo que hace. Y, por otro lado, yo tampoco me he defendido mucho. Una vez recibí una carta de Ángel Fernández Santos que criticaba una de mis películas. Y le pregunté por qué hacía eso. Me contestó que éramos amigos y que yo era bueno y por eso a mí me exigía más. Es verdad, me caían por todos lados.


¿Tiene ganas de volver a hacer una película de ficción?

Sí, claro, tengo varias ideas, pero cada vez es más difícil. Tengo muchos proyectos frustrados. Antes era más fácil, cuando tenía unos productores fijos, Elías Querejeta, Emiliano Piedra, Andrés Vicente Gómez. Y, por otro lado, hoy cualquiera puede hacer una película con un teléfono móvil, así que…

Siempre dice que ve poco cine, que tiene poco tiempo...

Veo muy poco, algunas películas de catástrofes. Me encantan las películas de catástrofes. Es ese cine paralelo que hacen los americanos muy bien y que nosotros no podemos hacer. A mí no me gustaría hacerlo, yo soy más de cine de cámara con pocos personajes, pero me gusta verlo.


FUENTE: publico.es
Begoña Piña
Madrid - 05/10/2016