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1/2/21

'PÍS'

Años ha, en una entrevista ocasional, el entrevistador me preguntó el porqué de ese término 'pís' (con tilde) que utilizo a menudo en mis blogs al referirme a España.

 

- Es en homenaje - le dije- a uno de los grandes maestros del humor, Antonio Fraguas 'Forges'. Él utiliza con sorna en sus viñetas la palabra 'país' para recalcar cosas del mismo que le desagradan. Y, yo, pidiendo públicamente su permiso, le quité la 'a' y, respetando la tilde, la introduje en mi vocabulario con toda la lógica del mundo.

Forges

- ¿Lógica, qué lógica? - me preguntó el joven.

- La de seguirle el juego... ¿Es o no es un 'pís' de Franco esta versión de España?

Desconozco si se habrán olvidado de Canarias, de Ceuta y de Melilla, o si pensarán que las 'colonias africanas' estaban de más.

 Miguel Ángel G. Yanes

9/5/20

EL PAÍS DE LO QUE YO TE DIGA

Imagen de archivo.

En una de sus magníficas reflexiones filosóficas, Juan de Mairena -libro que deberíamos llevar todos en el bolsillo de la chaqueta o del chándal para los momentos de duda o aflicción- habla de la generosidad del pueblo español como una de sus grandes cualidades, reseñando también como uno de sus mayores defectos su incapacidad para el diálogo: “En España -escribe Machado- no se dialoga porque nadie pregunta, como no sea para responderse a sí mismo. Todos queremos estar de vuelta, sin haber ido a ninguna parte. Somos esencialmente paletos”. Aunque la definición que la Academia hace del término paleto se refiere en su primera acepción a “personas poco educadas y de modales y gustos poco refinados”.

Pero Machado no utiliza el término de ese modo, sino como "sinónimo de provincianismo, de intolerancia, de incapacidad para el aprendizaje, la reflexión o la aceptación de la propia ignorancia", hecho este que incapacita para escuchar y asimilar todo aquello que se desconoce. El paleto es un ser lleno de soberbia que cree estar de vuelta de todo y que no acepta la razón del otro porque el otro, sea quien sea, no tiene ninguna autoridad sobre él, salvo que esa autoridad venga del uso de la fuerza o la riqueza, nunca del intelecto, la persuación o la sabiduría.

Antonio Machado - Pintura de Joaquín Sorolla

España, digan lo que digan los conservadores de toda laya que la han usado en provecho propio cubiertos por enormes banderas, es un gran país. Un país que ha sido capaz de renunciar a su libertad de movimiento durante más de mes y medio para protegerse y proteger a sus vecinos de una enfermedad de la que a día de hoy todavía se desconoce casi todo, desde su origen hasta su evolución, pasando por la ausencia de tratamientos específicos que la hagan desaparecer.

Es ese el mismo país que encabeza la lista mundial de donación de órganos y de trasplantes, el mismo que fue capaz de crear -contra la reacción- una de las primeras leyes del mundo para dar carta de igualdad a la unión entre personas del mismo sexo, el mismo que logró ahorrar casi 70.000 millones de euros para cubrir las necesidades futuras del sistema de pensiones, el mismo que quiso reconocer la identidad de cada territorio como algo justo y necesario, el mismo que trabaja sin descanso para que todos tengamos lo que necesitamos en nuestras casas.

En rojo gobierno del PSOE - En azul gobierno del PP

Pero junto a ese país maravilloso y generoso del que hablaba Juan de Mairena, está el tradicionalista, el del privilegio, el opuesto a la razón y a la moral humana, el país del “lo que yo te diga”, del “como digo yo”, del “me va usted a decir a mí”, del “para gustos colores”, que es tanto como negar que hayan existido personas excelsas que se han dedicado a lo largo de los siglos a estudiar lo bello para que todos aprendiésemos a diferenciarlo de lo mediocre o lo feo. “Allí donde a la razón y a la moral se jubila -prosigue Machado- sólo la bestialidad conserva su empleo”.

Y podemos estar en vísperas de eso, de que se imponga de nuevo la España castiza, madrastra y cruel, la España superficial que grita desaforada en los campos de fútbol, en los bares hoy cerrados, en la calle. La España que siempre tiene razón porque es incapaz de escuchar a los otros y reniega de los que son diferentes, de los que padecen y sufren sin haber cometido ningún pecado original que les obligue a ello. Es la España que jamás ha dudado en "cortar por lo sano", en limpiar el cuerpo de impurezas, de intromisiones, de malas yerbas que debilitasen el manantial del que nacen prerrogativas, exenciones, bulas, fueros, desafueros, prebendas, inmunidades, inviolabilidades, patentes, regalías, nepotismos y dispensas.


Esa España ya no es sólo la “Castilla miserable, ayer dominadora, envuelta en sus andrajos, desprecia cuando ignora...”, no, sino que lo es también la Cataluña de Torra, Puigdemont y Rufián, mediocridad en estado sublime, egoísmo de rico que desprecia al vecino menos dichoso y sólo aspira a mantener con él relaciones mercantiles con superávit, insolidaridad hasta en la gravedad más acusada, paletismo endogámico; lo es la Murcia de López Miras o la Andalucía de Juan Manuel Moreno.

Modelos ambos de tosquedad, demagogia, incompetencia e insignificancia, comprometidos con la caza, la tauromaquia, los cirios y los faroles, pero insensibles a la miseria en que viven quienes recogen frutas y hortalizas, quienes no tienen nada que llevar a su casa, con quienes llenan de mierda día a día, mes tras mes, año tras año esa joya natural que fue el Mar Menor o que es Doñana, asediada por proyectos urbanísticos delirantes que terminarán por derretir uno de los parajes más bellos de Europa; entregados a la causa del estereotipo, del murciano cazurro que grita y no escucha, del especulador como motor de la economía, del andaluz gracioso que ha de bailar y cantar, contar chistes, hablar gracioso para que rían los señoritos.

Manga del Mar Menor - Murcia (pasado y presente)

¿Es todo esto serio? ¿No es un mal chiste o una pesadilla de la que no conseguimos despertarnos así pasen décadas como siglos? ¿Es posible que en uno de los periódicos de mayor tirada del Estado escriba un Premio Nóbel poniendo en duda que el confinamiento sea compatible con la democracia en una pandemia como la que nos asola cuando no se conoce otro remedio para atajarla? Tal vez la respuesta no esté en el viento, sino en el propio devenir histórico de un país en el que las fuerzas retardatarias, ingratas, abusonas, esencialmente represoras del pueblo nunca vieron triunfar una revolución democrática y siguen hoy con la misma vitalidad de que gozaban cuando Fernando VII, Isabel II o Francisco Franco.

Aquellos españoles de la antigüedad que gritaron a toro pasado que se debió confinar a la población en Nochebuena, hoy desatados, exigen la vuelta a la normalidad cuando se está consiguiendo detener la pandemia. Existe la posibilidad de que impongan su criterio irracional como tantas veces a lo largo de nuestra historia, como también es posible que sean ellos los encargados de dirigir la política económica que haga frente a la crisis más grave de las últimas décadas. Las consecuencias pueden ser mucho más dramáticas que lo que ahora nos acucia, rebrote masivo de la epidemia, recortes y privatizaciones generalizadas y que cada palo aguante su vela.

Un señor de Perú

FUENTE: nuevatribuna.es
Pedro Luis Angosto
05/05/2020

Ese Premio Nóbel que usted menciona no es otro que el fascista peruano nacionalizado español, Mario Vargas Llosa, quien, en su día, optó a la presidencia de Perú y que, afortunadamente para los peruanos de a pie, no logró alzarse con ella.

No se pierdan este dato:  

Aunque en Perú los títulos nobiliarios fueron abolidos tras obtener la independencia, el último peruano al que le fue concedido uno de ellos fue Mario Vargas Llosa, a quien, a raíz de la obtención del Premio Nóbel de Literatura, el rey Juan Carlos I de España le otorgó el Marquesado de Vargas Llosa por Real Decreto el 3 de febrero de 2011. (WIKIPEDIA - La enciclopedia libre). 

Ya solo cabe decir aquello de... "cágate lorito".

12/1/20

SAN MARINO

Un país inexplorado en mitad de Italia

Es uno de los países más pequeños de Europa y 'el estado más antiguo del mundo', pero lo tiene todo para proporcionar una escapada de lo más completa.

Ubicación geográfica de San Marino en la península Itálica

"Es el estado 'más antiguo del mundo', el tercero más pequeño de Europa, tras el Vaticano y Mónaco, y de los pocos que está rodeado en su totalidad por un solo país". Nos referimos a San Marino, un coqueto 'microestado' italiano, muy próximo a la costa del Mar Adriático. Sin embargo, es uno de los grandes desconocidos entre los viajeros, a pesar de que lo tiene todo para brillar con luz propia. Dispone de una ubicación privilegiada, pues;"está encaramado en las laderas del monte Titano", culminado por peñascos macizos y picudos que se asoman a "un acantilado de más de 700 metros de altura", constituyendo un auténtico capricho de la naturaleza. 

Monte Titano (San Marino)

Además, conserva un "entramado urbano de origen medieval" sumamente precioso, pues está "decorado con bonitos palacios, iglesias del siglo XIV y tres torres, que perfilan su 'skyline'" y le otorgan un aspecto magnánimo. Y es que, como reza un viejo dicho del refranero, «las mejores esencias se guardan en frascos pequeños». Descubrimos este diminuto estado italiano.

 
"Las torres Guaita, Cesta y Montale presiden San Marino, y constituyen el tesoro de su patrimonio monumental". Tanto es así que aparecen representadas en la bandera oficial y en el escudo de armas. "Coronan las cimas de los tres picos del monte Titano", perfilando la silueta de la ciudad, imprimiéndole suntuosidad y un encantador aspecto medieval. La primera torre, también conocida como la Rocca, es la más antigua, ya que se levantó en el siglo XI; la segunda, a la que igualmente la denominan Fratta, es la más alta, por lo que regala unas vistas fantásticas; y la tercera, a la que también se la conoce como Montale, es la más pequeña. Además, "guarda intramuros, a unos 8 metros de profundidad, una vieja cárcel". Sin duda, su visita constituye una cita con la historia más pretérita de San Marino.

Palazzo Pubblico

"El Palazzo Pubblico, ubicado en la Piazza della Libertà, acoge el Ayuntamiento y la sede del gobierno". Su exterior, proyectado por el arquitecto romano Frencesco Azurri en el siglo XIX, constituye todo un homenaje al Renacimiento italiano, "luciendo elementos característicos que traen a la mente el Palazzo Vecchio de Florencia", como la torre del reloj o los arcos góticos. 

Piazza della Libertà

Merece la pena entrar en su interior para ver los bonitos salones, siendo "especialmente destacados el Salón del Consejo y la Sala dello Scrutinio" por su importancia histórica y la profusión decorativa que lucen. Si tu visita coincide entre mayo y septiembre, podrás ver "el cambio de guardia de la Unidad Uniformada de la Guardia di Rocca", que tiene lugar varias veces al día en frente del mismo.

Interior del Palazzo Público di San Marino

"La iglesia de San Francisco ostenta el honor de ser la más antigua de San Marino". Luce un impoluto estilo 'neoclásico', cuyos máximos exponentes son "la hilera de columnas clásicas y el frontón que presiden la fachada". Su interior es todo un despliegue de belleza y arte, donde "toma el protagonismo el enorme 'crucifijo de madera' del siglo XIV que preside el altar".

Iglesia de San Francisco

Por su parte, "el templo franciscano de San Quirino despunta por la arcada que muestra en su fachada". Además, goza de 'importancia histórica', por cuanto "fue el lugar escogido por Garibaldi para la disolución de la Legión de la República, tras la derrota de 1849" y la persecución por parte de las tropas austriacas y sus aliados. Su interior guarda obras interesantes como 'El traslado de Cristo', de Taddeo Zuccari.
 
Templo franciscano de San Quirino

"El templo religioso más importante de la ciudad está consagrado a San Marino, que es el fundador y el patrón de este diminuto estado". De hecho, su interior custodia las reliquias más valiosas de éste, pero también algunas obras interesantes como 'El trono de los capitanes regentes'. "En su exterior, 'neoclásico', las columnas corintias se apoderan de todo el protagonismo".
 Basílica de San Marino.
Basílica di San Marino

A pesar de su reducido tamaño, San Marino cuenta con buen número de 'museos', para resarcimiento de los viajeros más inquietos. Así, el Museo Estatal se perfila "una excelente opción para adentrarse en la historia, el arte y la arqueología de la ciudad".

Museo Estatal

El Museo de Armas Antiguas constituye una visita ineludible para quienes quieran ver in situ armas de antaño como ballestas, espadas e incluso vetustas dagas-pistola. Por su parte, la Galería de Arte Moderno y Contemporáneo contiene más de 800 obras, que ofrecen la posibilidad de adquirir una concepción más amplia de la historia artística de San Marino e Italia.

Museo de Armas Antiguas

FUENTE: publico.es
Sonia Fernández