Mostrando entradas con la etiqueta Catástrofes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Catástrofes. Mostrar todas las entradas

14/12/19

TODO ERA FALSO (2ª PARTE)

...CONTINUACIÓN:

Con un pie en el precipicio


Luego está el fenómeno llamado 'caer por un precipicio', según el cual "un nuevo material o técnica funciona a las mil maravillas durante una generación o dos e impulsa a todos los competidores de un sector, y luego comienza a tener consecuencias negativas o sencillamente deja de funcionar". La 'revolución verde', como se señaló antes, podría terminar siendo un buen ejemplo.

Otro ejemplo podría ser la 'silvicultura de plantación', que ha fracasado en ocasiones porque "el complejo sistema ecológico de apoyo que necesita un bosque sano se pierde en un bosque de explotación comercial". Y los precios del petróleo son tan volátiles, y las reservas tan hipotéticas, que "es posible que también haya un precipicio, o al menos una gran piedra en el camino, en nuestro futuro".

Easterbrook escribe que quiere hacer que el optimismo sea 'intelectualmente respetable otra vez' (la misma misión que emprendió con el anterior volumen que publicó en 2004, La paradoja del progreso); e insiste en que "el optimismo no es pura complacencia". No necesariamente, no lo es. Pero "el optimismo puede significar confianza en que los grandes problemas de la humanidad puedan resolverse".

Easterbrook asegura continuamente a sus lectores que las 'fuerzas del mercado' tienen todo bajo control. “Si se hubiese creado una agencia gubernamental para desarrollar sismología en tres dimensiones -bromea- la agencia habría construido edificios imponentes, habría contratado cientos de administrativos asociados, presionado para obtener incrementos presupuestarios anuales y nunca habría producido nada de petróleo”


“La producción de gas y petróleo ha aumentado en Estados Unidos y en otros países sobre todo porque hubo iniciativas privadas que burlaron los lentos sistemas políticos plagados de clientelismo, quejas de intereses especiales y carentes de la más mínima comprensión de economía básica”. Tras esa labia hechicera sobre la suprema sabiduría de los mercados se encuentra "un estado crónico de corrupción organizada".

"Las iniciativas gubernamentales nunca han conseguido competir con la empresa privada en Estados Unidos porque las empresas son las dueñas del gobierno". No comprender este hecho es carecer de la menor idea de "cómo funciona la política en una democracia capitalista". Por otra parte, Easterbrook sí que se toma el cambio climático en serio y, ¡oh, sorpresa!, incluye un capítulo hacia el final en el que defiende la ' renta básica universal'.

A pesar de su irregularidad ideológica, Es mejor de lo que parece es un libro útil porque pondrá a prueba el temple de los tecnoescépticos. Pero por encima de todo, supone un contundente recordatorio de que "existen grandes fuerzas, con una tremenda inercia, con una inmensa experiencia acumulada y con ideas propias sobre cómo solucionar los principales problemas materiales del futuro: alimentación, salud, energía y transporte". Cualquier 'proyecto revolucionario' que merezca la pena considerar tendrá que comenzar "elaborando planes de transición detallados".

El futuro, calculado


Los planes detallados no son algo que interese a la celebridad futurista Yuval Noah Harari, ya que, "mientas Easterbrook es sincero, lógico y justo, Harari es caprichoso, imaginativo, atrevido y muy dado a escribir frases saltarinas y vertiginosas" como la siguiente, con la que Easterbrook ni siquiera puede soñar: “A medida que la Inquisición española y el KGB dan paso a Google y Baidu, lo más probable es que se demuestre que el ‘libre albedrío’ no es más que un mito y el liberalismo pierda sus ventajas prácticas”.

"Harari, un enjuto historiador israelí, saltó a la fama con Sapiens (2014), una historia generalista de nuestra especie, y Homo Deus (2017), una mirada hacia el futuro de nuestra especie (o, posiblemente, ausencia de él)". Ambos libros transmitían una cantidad considerable de información interesante, junto con numerosas ideas muy serias, y todo con un estilo desenfadado y despreocupado; y por eso han vendido, entre los dos, cerca de 12 millones de copias. Con tantos lectores pendientes de cada una de sus palabras, ¿quién podría resistirse a la tentación de ofrecerles consejo o, más bien, como Harari prefiere describir su objetivo, 'claridad'?

En 'El graduado', un astuto empresario le susurra al oído ¡'plástico'! a Dustin Hoffman, y abre así una ventana al futuro. La visión de Harari también se puede resumir en una palabra mágica, que suena tan poco glamurosa como 'plástico', pero que está no menos cargada de futuro.

"Algún día (en algunos casos ya) cuidaremos de nuestra salud, gestionaremos nuestros negocios, libraremos nuestras guerras, elegiremos nuestros líderes, llevaremos a cabo nuestra investigación científica, formaremos nuestros gustos estéticos, impartiremos nuestra educación, administraremos nuestra psicoterapia, organizaremos nuestras amistades, planearemos nuestras vacaciones, limpiaremos nuestras casas, conduciremos nuestros coches y seleccionaremos nuestro entretenimiento hogareño por medio de… ¡algoritmos!"


"Los algoritmos (si necesitas una explicación, probablemente estés anclado en el siglo XX y deberías reiniciar de forma inmediata) son métodos generalizados para solucionar problemas". Existen algoritmos para realizar diagnósticos médicos, búsquedas en bases de datos jurídicas, jugar al ajedrez, cocinar una sopa de verduras y, el más famoso de todos, para realizar búsquedas en Google. Los algoritmos siempre han existido (había algoritmos para evitar a los depredadores de la sabana hace un millón de años), pero "gracias a dos desarrollos trascendentales que han tenido lugar en el siglo XXI están preparados para apoderarse del mundo".

"El primero es la revolución biotecnológica". Las antiguas bases de datos sobre la unicidad del ser humano se están volviendo irrelevantes, a medida que los científicos continúan entendiendo cómo funciona un sistema interno y un órgano detrás de otro y, cada vez con mayor frecuencia, cómo arreglarlos y hasta sustituirlos. "Nadie se opone a que la bioingeniería correctiva ayude a las víctimas de enfermedades o accidentes -pero como indica Harari- la tecnología no se detendrá ahí (ni en ningún punto) por sí sola".

"El perfeccionamiento, ya sea mediante mejoras corporales al por mayor o mediante ingeniería genética personalizada, es nuestro futuro predeterminado". Bueno, no 'nuestro'  futuro: durante algún tiempo, por lo menos, "solo los ricos podrán comprar poderes sobrehumanos e inmunidad frente al dolor y la muerte. Y si no tenemos cuidado, los nietos de los magnates de Silicon Valley y los multimillonarios rusos podrían convertirse en una especie aparte que sea superior a los nietos de los 'hillbillys' de los Apalaches y los aldeanos siberianos”.

La mente no importa


"La revolución de las tecnologías de la información está avanzando de la mano de la revolución biotecnológica y es difícil decidir cuál de las dos es más preocupante". Una de las características de la primera es la miniaturización: cualquier móvil inteligente actual posee mayor potencia de cálculo que el módulo que aterrizó en la luna en 1969. "Otra de sus características es el aprendizaje automático". Harari nos cuenta una anécdota enigmática.

Google decidió desafiar al actual campeón de ajedrez electrónico, Stockfish 8, con un nuevo programa, AlphaZero. Stockfish era capaz de evaluar 70 millones de posiciones de ajedrez por segundo; "AlphaZero era solo una milésima más rápido, pero incorporaba algunos nuevos principios de aprendizaje automático".

"AlphaZero no estaba programado con ninguna estrategia de ajedrez, solo le dijeron cuáles eran las reglas y le dieron 4 horas para que aprendiera por sí solo. AlphaZero barrió a Stockfish por 28-0, con 72 empates". Que un equipo amateur ganara la liga profesional de fútbol (por goleada) habría sido menos sorprendente.

"Harari distingue entre inteligencia y conciencia. Estamos acostumbrados a verlas en conjunto, pero puede que nunca haya máquinas con conciencia. Sin embargo, eso no significa que las inteligencias artificiales no aprendan a conocernos mejor de lo que nos conocemos a nosotros mismos" o, en cualquier caso, lo suficientemente bien como para realizar la mayoría de los trabajos interpersonales que existen en el sector servicios, donde los trabajos que ha reemplazado la automatización han quedado por lo general relegados al pasado.


En ese caso, "los humanos resultarán bastante innecesario". Harari advierte con frecuencia a los lectores de que "el problema político del futuro no será la opresión o la explotación, sino más bien la irrelevancia". Puede que la reorientación continua a cargo de las arcas públicas (la solución escandinava) no sea suficiente: "habrá un montón de gente que no podrá aprender nada que una máquina no sea capaz de hacer mejor y más barato".

"La solución humanitaria sería la renta básica universal" o, en caso alternativo, unos servicios básicos universales gratuitos (educación, asistencia sanitaria, transporte, etc.). "La solución inhumana (en la que sencillamente mueren innumerables personas superfluas, en su mayoría de países pobres) la evita Harari con esta patética broma: ¿Pero estarían también de acuerdo los votantes estadounidenses en que estos impuestos se dedicaran a asistir a personas desempleadas en lugares que Trump ha calificado de ‘países de mierda’?"

"Si piensas que eso es así, lo mismo te daría pensar que Papá Noel y el conejo de Pascua solucionarán el problema”. Este es un ejemplo más (junto con su incapacidad en todo momento para recomendar, o incluso exponer, que la gente actúe en conjunto por motivos políticos) de por qué '21 lecciones para el siglo XXI', a pesar de toda la brillantez de Harari, no excede de los límites morales de una charla TED (Tecnología, Entretenimiento y Diseño): "nunca describas los crímenes de, ni exhortes a que la gente actúe contra, los poderes corporativos, financieros y gubernamentales establecidos, que son, al fin y al cabo, tan buenos amigos de las buenas personas que dirigen las charlas TED".

Eso no se puede hacer aquí 


Dudo que alguna vez hayan invitado a Chris Hedges a dar una charla TED. Si le han invitado, estoy seguro de que alguien perdió su trabajo por hacerlo. "Hedges es tan colérico y elocuente como mordaz y moderno es Harari". En 'Estados Unidos: la gira de despedida', "crónica de una decadencia, retablo de una anomia, retrato de un deterioro", al igual que en sus otros libros, "Hedges sale a la calle y encuentra gente desamparada o abandonada, cuenta lo que le dicen y utiliza su sufrimiento como base para dar un sermón político". En su libro, el elenco de personajes incluye a ludópatas, adictos, manifestantes antifa, supervivencialistas, presos y la ciudad de Scranton, en Pennsylvania.

"Hedges tiene un don para dramatizar esos encuentros". Aparece una adicta/prostituta de Nueva Jersey, cuyas experiencias son casi demasiado dolorosas de escuchar. Asistimos a una escuela de San Francisco donde se enseña a los estudiantes que el abuso verbal puede hacerles sentir 'empoderados'. Las actrices porno nos guían a través de las extraordinarias variedades de perversión sexual. Hedges acude a una 'convención de preparacionistas' en Logan (Utah), donde "algunos survivalistas como regaderas nos informan del aspecto físico de Jesús y María y nos explican la comida y armas que hay que aprovisionar para el fin de los tiempos".

"Algunos reclusos de Ohio y Alabama describen la imaginativa crueldad de la policía y los celadores y, lo que casi siempre es peor, su habitual servidumbre por deudas". Al principio me mostraba crítico con los interludios sermoneadores de Hedges, que a menudo son impactantes pero que con la misma frecuencia son demasiado largos, pero me di cuenta de que "tienen una función adicional, y es que, además de informar y analizar, dan un respiro ante la dureza de sus retratos".

Mientras leía Estados Unidos me descubrí preguntándome: ¿Estamos hablando del mismo país que Gregg Easterbrook insiste en decir que nunca ha estado mejor? El alcalde de Scranton, que antes era un centro de distribución de productos industriales, se lamenta: “Somos administración, educación y medicina, y si observas todas las ciudades, eso es lo que son. En realidad, ya no queda nada de industria en ningún lugar”.

Scranton - Pennsylvania

Y ¿qué pasa con la afirmación de Easterbrook de que la producción industrial en Estados Unidos está en su máximo histórico? “En casi todas las 19.000 municipalidades del país -escribe Hedges- una recaudación fiscal en decadencia o estancada, junto con unos costes cada vez más altos, han alcanzado proporciones críticas”. En Es mejor de lo que parece no había indicios de nada de esto. Estados Unidos consume el 80% de los opiáceos mundiales… Las sobredosis por opiáceos son la causa principal de fallecimientos en EE.UU. para las personas menores de 50… El número de muertes por sobredosis se ha cuadriplicado desde 1999. El número de suicidios ha aumentado en un 30% desde el inicio del siglo". Easterbrook no menciona la ofensiva de las empresas contra los sindicatos, mientras que Hedges cita a los economistas Anne Case y Angus Deaton (este último ganador de un premio Nobel):

“Las estructuras tradicionales de asistencia social y económica se debilitaron poco a poco; ya no era posible que un hombre siguiera los pasos de su padre y de su abuelo en un trabajo manufacturero o que se hiciera miembro de un sindicato y comenzara a subir peldaños en la escala salarial… [El] derrumbe de la clase blanca y trabajadora con educación media tras el apogeo que experimentó durante la década de 1970 condujo a una variedad de ‘patologías’’… [y] estas fuerzas sociales cumulativas de acción lenta nos parecen candidatos plausibles para explicar el aumento de la morbilidad y mortalidad, y sobre todo el rol que desempeñan en los casos de suicidio”.

"Eso suena más a un país que está 'sufriendo', que a uno que nunca estuvo 'en mejor forma'". Entonces, ¿están las cosas mejorando o empeorando? Obviamente las dos: "cosas diferentes para gente diferente en lugares diferentes". Y cuál es la mejor manera de responder a esta pregunta: ¿recopilar estadísticas, invocar supuestos utópicos o distópicos de ciencia ficción o informar a fondo sobre la vida y sufrimiento de los individuos?

"¡Las tres!" Habrá desencuentros políticos reales y con frecuencia encarnizados entre los defensores de cada uno de estos planteamientos, pero "la presencia realmente dominante, en la política contemporánea estadounidense de 'plutócratas', 'irracionalistas' y 'autoritarios', con sus  'repulsivas visiones del futuro', debería obligarnos al resto, a escucharnos los unos a los otros".


FUENTE: ctxt.es
La boca del logo
Autor: George Scialabba
Traductor: Álvaro San José 

----------------------------------------------------------------------------------

George Scialabba es editor colaborador en The Baffler y autor de los libros 'Por la república' y '¿Para qué sirven los intelectuales?'  Fue una institución de la Universidad de Harvard, donde trabajó como jefe de mantenimiento del Harvard’s Center for Government and International Studies y se graduó gracias a una beca social. En 2015, Scialabba se jubiló y fue homenajeado por Noam Chomsky, Barbara Ehrenreich y Thomas Frank, entre otros.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en The Baffler

13/12/19

TODO ERA FALSO (1ª PARTE)


Lo teníamos todo ante nosotros y no había nada

El debate sobre el progreso debe incluir datos estadísticos y supuestos utópicos o distópicos de ciencia ficción, sin olvidar el sufrimiento de los individuos


El primer párrafo de la novela de Charles Dickens, 'Historia de dos ciudades', comienza así: “Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos”, y prosigue, “la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Lo teníamos todo ante nosotros y no había nada; íbamos todos directos al cielo, marchábamos en sentido contrario”. El comienzo del siglo XXI parece asemejarse al final del siglo XVIII en al menos este aspecto: "las garantías de progreso se alternan con amenazas de catástrofes"; las promesas de infinita mejora se responden con advertencias de declive terminal; cada Steven Pinker produce un equivalente y opuesto Wendell Berry.

La cuestión no es solo "cómo de precisas son estas predicciones antagónicas", puesto que solo los participantes más longevos en estos debates llegarán a ver si sus pronósticos se cumplen o no. En todo caso, "el futuro no es un experimento científico, en el que se cambia una variable y después otra, mientras las condiciones iniciales permanecen constantes".

Nosotros tenemos que tomar vitales decisiones políticas a largo plazo sin la esperanza de saber, incluso muchas décadas después, si una decisión diferente habría dado mejores resultados. (Sí, lo sé: 'nosotros' es una ficción placentera, puesto que son las élites quienes tomarán esas decisiones, pero finjamos que vivimos en una democracia).

Revisando los números 

Steven Pinker

"El debate sobre el progreso, al menos públicamente, es un debate sobre tecnología": lo que ha funcionado, lo que podría funcionar y a qué precio. Eso suena bastante sencillo, pero no es así. "A la economía neoclásica se le da muy bien ignorar el coste y los beneficios de aquellos con poco poder de mercado, como por ejemplo los agricultores o los pescadores de subsistencia, la gente indígena apegada a su tierra y los futuros habitantes de zonas costeras (aproximadamente un 50 % de la población estadounidense)", que podría no querer tener que decidir entre desplazarse tierra adentro o vivir en una casa flotante.

Igual que una propuesta es 'políticamente posible', en el argot de la Casa Blanca, no solo si una mayoría de la población la quiere, sino solo si tiene alguna posibilidad de reunir los apoyos clave en el Congreso. "Para un economista una tecnología no resulta 'viable' si solo puede servir para maximizar el bienestar humano, sino si puede atraer suficientes inversores que esperan sacar beneficio de ella". Ambos procesos de decisión, siendo generosos, distan mucho de ser ideales.

El reciente libro de Steven Pinker, 'La Ilustración ahora': argumentos a favor de la razón, la ciencia el humanismo y el progreso [Enlightenment Now: The Case for Reason, Science, Humanism, and Progress] inició la última fase del debate.

La mayor parte del libro está dedicada a presentar docenas de gráficos sobre casi todo lo habido y por haber: "muertes en vehículos de motor, populismo, armas nucleares, soledad, tiempo libre, alfabetización femenina, trabajo infantil, calorías mundiales per cápita, CO2 emitido por dólar del PIB y caídas de rayos, además de una sólida polémica contra la religión, el posmodernismo y (desafortunadamente) Nietzsche".

Frederich Nietzsche

Pinker es por lo general razonable aunque poco imaginativo, así que cuando habla de desigualdad, secunda la flagrante banalidad del profesor libertario Harry Frankfurt: “Desde el punto de vista de la moralidad, no es importante que todo el mundo deba tener lo mismo, lo que es moralmente importante es que cada persona tenga suficiente”, y luego sermonea de forma arrogante a Naomi Klein por "rechazar el incrementalismo del cambio climático" como si ella se hubiera dado el gusto de emplear una retórica subida de tono en lugar de ofrecer argumentos debidamente justificados. Así y todo, "los gráficos de Pinker son como una especie de servicio público".

"El libro de Gregg Easterbrook, 'Es mejor de lo que parece' adopta la misma estrategia repleta de datos (sin los gráficos) que Pinker para llegar a la misma conclusión: casi todo está mejorando, lo mismo da lo que piense casi todo el mundo". Empieza preparándose para la pelea: "el prefacio informa a los ignorantes partidarios de Sanders y Trump de que su rabia estaba injustificada".

Había pocas cosas que estuvieran mal en Estados Unidos en 2016 (¡matices de Hillary Clinton!): “Siendo objetivos, Estados Unidos estaba en mejor forma de lo que nunca había estado… los estándares de vida, los ingresos per cápita, el poder adquisitivo, la salud, la seguridad, la libertad y la longevidad estaban en sus niveles más altos, mientras que las mujeres, las minorías y los gais eran libres en grados que nunca antes habían alcanzado”.

De acuerdo, ¿cuál es la prueba de que “en ningún momento de la historia de Estados Unidos la gente estuvo mejor de lo que estaba en 2016, y (como afirma Easterbrook en otro lugar del libro), en ninguna época anterior “el típico miembro de la población mundial tampoco había estado mejor”? Para empezar, está el índice de miseria: 'desempleo más inflación', que en 2016 estaba en el nivel más bajo de los últimos 50 años.

Los gráficos de Pinker

"La desnutrición mundial había disminuido al nivel más bajo de la historia, mientras que la producción alimenticia estaba en su nivel más alto". El petróleo es abundante y no es caro, y lo mismo sucede con los minerales. "A lo largo y ancho del mundo desarrollado, los niveles de contaminación del aire y del agua están bajando".

En casi todos los países, "las muertes por enfermedades infecciosas han disminuido drásticamente, y la longevidad media está en el nivel más alto de la historia".

Casi todos los años el PIB mundial alcanza un nuevo récord. "Los casos de extrema pobreza nunca estuvieron en números tan bajos. El gasto per cápita mundial en armas ha retrocedido. La tasa de criminalidad ha bajado considerablemente y en casi todos los países excepto Afganistán, Irak, Siria y Sudán, las posibilidades de que una persona muera en circunstancias violentas están en mínimos históricos". Los viajes en coche y avión son más seguros que nunca. La escolaridad de las chicas es casi universal.

"Eso es lo que dicen las revistas Science, Nature y la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, el Departamento de Agricultura de EE.UU., la Organización Mundial de la Salud, la Oficina del Censo, el Cancer Journal for Clinicians y una infinidad de otras fuentes intachables que utiliza Easterbrook".


Una cosecha dispar 

La 'agricultura de alta tecnología' ocupa el panel central del retablo de Easterbrook. "Hace medio siglo, un 50% de la humanidad estaba desnutrida y las predicciones sobre hambruna y muertes en masa eran habituales". Entra en escena Norman Borlaug, pionero de la revolución verde y “la persona más importante del siglo XX.

Gracias a las 'variedades vegetales más resistentes y fértiles' que desarrolló Borlaug, "India, África, Brasil y otras regiones con gran cantidad de población han conseguido aumentar extremadamente su producción alimentaria, mejorar los ingresos de los agricultores (al menos de los agricultores que podían pagar los caros fertilizantes que necesitan las variedades de alto rendimiento) y hasta reducir el uso de pesticidas".

En 1997 se calculaba que la 'revolución verde', afirma Easterbrook, había salvado 1.000 millones de vidas. “Dos décadas después, la cifra puede que alcance los 2.000 millones”, escribe. (Es algo complicado, por cierto, cuadrar esa afirmación con el menosprecio que demuestra Easterbrook por las alertas de muerte por inanición de las décadas de 1960 y 1970 que califica como 'fingidas'. Si la intervención milagrosa de Borlaug salvó 1.000 millones de vidas, entonces no cabe duda de que los 'alarmistas' que predijeron que morirían 1.000 millones de personas, salvo que ocurriera algún tipo de milagro, estaban totalmente en lo cierto).
Norman Borlaug

"Las nuevas tecnologías, por muy benignas que sean, rara vez son una bendición absoluta. Uno o dos mil millones de vidas salvadas suponen un montón de efectos secundarios". El siguiente es un fragmento de un artículo que el académico indio Saidur Rahman escribió en 2015 en la 'Revista Asiática de Agua, Medio Ambiente y Contaminación':

La revolución verde ha transformado a India de ser un país con superávit de cereales a ser un país con déficit de cereales… La intensificación de la agricultura a lo largo de los años ha provocado una degradación general del frágil ecosistema agrario". El alto coste de la producción y unas ganancias cada vez menores de las actividades agrícolas están afectando a las condiciones socioeconómicas de los agricultores. 

"La pérdida de fertilidad del suelo, la erosión y la toxicidad del mismo, unos recursos hídricos cada vez menores, la contaminación del agua subterránea, su salinidad , una incidencia mayor de enfermedades humanas y del ganado y el calentamiento global" son algunos de los efectos negativos que tiene que los agricultores sobreadopten las tecnologías agrícolas para conseguir que la revolución verde tenga éxito. "Un uso indiscriminado y desproporcionado de químicos contamina el suelo, el aire y el agua, además del alimento y el forraje que se da a los animales…"

Diversos estudios y exámenes científicos que se han realizado durante [los] últimos 45 años indican la "presencia de residuos de fertilizantes y pesticidas en niveles más altos de los permitidos en productos como la leche, los lácteos, el agua, el forraje, el alimento para el ganado y otros productos alimenticios… La magnitud de "los daños sistemáticos que se han causado en el suelo, las aguas subterráneas y el ecosistema" durante el proceso de la revolución verde tienen que ser cuantificados. "Podría tener consecuencias irreversibles… si no se toman las medidas oportunas, adecuadas y sostenibles" para mitigar el daño que ha provocado la revolución verde.


"Easterbrook disfruta lo mismo burlándose de las preocupaciones sobre la escasez de recursos que sobre la escasez de alimentos".

"Todo está bien (salvo por el calentamiento global)" es una afirmación que refleja claramente su postura general, y tampoco es que se muestre muy pesimista con respecto al calentamiento global. Por supuesto, 'el petróleo es el recurso estrella'. "Los que se asustan por las advertencias alarmistas que afirman que los combustibles fósiles no pueden durar para siempre se preocupan de forma innecesaria", nos asegura.

Morris Adelman, un economista del MIT que fue importante durante el período de posguerra, sostuvo que no se agotaría ningún recurso natural, durante al menos milenios, porque los precios y la tecnología extenderían las reservas de una estructura geológica que es inmensa en comparación con la acción humana. La experiencia confirma este punto de vista”.

"¿Sí? Pues suena ridículo". Y también suena como Julian Simon, a quien los devotos adoradores del capitalismo siempre tiran a los medioambientalistas, y quien, según creen ahora muchos economistas, ganó su famosa apuesta con Paul Ehrlich (sobre la posibilidad de que se produjera una grave escasez de recursos a raíz de un incremento de población mundial) gracias a un golpe de suerte. "Es cierto que los precios del petróleo están muy bajos y que las reservas de petróleo registradas son muy elevadas, pero ¿significa eso que el gas y el petróleo son 'inagotables en la escala de tiempo humana'?"


"Pues no necesariamente. En primer lugar, los números de las reservas no distinguen entre petróleo ligero y de otros tipos". El petróleo ligero es fácil de extraer, fácil de refinar y es comparativamente limpio. "No queda una cantidad 'ilimitada' de petróleo ligero, es más, no queda mucho".

Sion embargo, "el petróleo pesado, el petróleo de esquisto bituminoso y las arenas bituminosas son otro tema. Por el momento, al menos, es difícil llegar hasta donde están, es difícil refinarlos y están bastante sucios".

Prosperidad fantasma

¿Cómo de convincente es el argumento de Easterbrook en general? Las estadísticas no mienten, pero los promedios pueden llevar a confusión. "Puede que las ganancias del 20% más alto en la clasificación de distribución de ingresos hayan aumentado drásticamente, pero el porcentaje de 'crecimiento salarial' de los que se encuentran en el 90% más bajo ha aumentado solo un 0,6% al año desde 1980, y el número de personas que se ha quedado sin trabajo ha alcanzado los niveles más altos de los últimos 40 años".


'El interior de Estados Unidos', que un día estuvo repleto de pequeñas ciudades pobladas de agricultores, artesanos, obreros, comerciantes y ministros, todos ellos independientes, "hoy en día es una región fantasma, llena de megagranjas fuertemente endeudadas, en cuya colosal productividad (que se alimenta de enormes dosis de pesticidas y fertilizantes que fluyen río abajo del Mississippi y otros ríos hacia el golfo de México, y que han creado una zona muerta de 23.000 km2 o, lo que es lo mismo, del tamaño de Nueva Jersey) Easterbrook confía ciegamente".

"Los antiguos habitantes de esas pequeñas ciudades están suicidándose y volviéndose adictos a los opiáceos en cantidades nunca antes vistas".

En un estudio reciente que llevó a cabo la Reserva Federal, "un 40% de estadounidenses adultos afirmaba que serían incapaces de reunir 400 dólares para cubrir una emergencia sanitaria", lo que supone "un estado de precariedad tal que habría resultado catastrófico si los republicanos hubieran conservado la Cámara y hubieran derogado (como era su idea) el Obamacare, dejando a 'decenas de millones de personas' sin seguro de salud para cubrir al menos algunas de esas emergencias".

Y mientras que Easterbrook se burla de la afirmación de Sanders de que “Los estadounidenses están siendo ‘envenenados’ con los contaminantes que produce la avaricia corporativa” (la esperanza de vida ha subido, bromea Easterbrook: “Si nuestros cuerpos está siendo envenenados, vivir durante más tiempo es una curiosa forma de demostrarlo”), la revista Time publicó el año pasado un estudio de Lancet que concluyó que se habían producido 155.000 muertes prematuras en Estados Unidos como consecuencia de la 'contaminación atmosférica'


"Los investigadores añadían que seguramente esa cifra era un cálculo subestimado, ya que no disponían de datos sobre muertes por exposición a los alteradores endocrinos, los agentes ignífugos, los pesticidas y otros contaminantes".

CONTINÚA...

FUENTE: ctxt.es
La boca del logo
Autor: George Scialabba
Traductor: Álvaro San José 

21/6/19

CHERNOBYL, LA ADVERTENCIA INCOMPRENDIDA

Si un país realiza pruebas nucleares o registra un accidente en una central nuclear, toda la humanidad paga por ello.

La serie de HBO ignora el carácter universal de este riesgo.

Máscaras antigás en una escuela de la ciudad abandonada de Prypiat (Ucrania).
Jorge Franganillo (CC BY 2.0)

La serie "Chernobyl" del estadounidense Craig Mazin y los canales HBO y Sky ha fascinado a mucha gente. Aquel terrible accidente y la URSS quedan lo suficientemente lejos como para resultar desconocidos a toda una generación. Los escenarios están muy bien recreados, las psicologías no tanto. Algunas escenas y detalles son vulgares concesiones a la denigración del enemigo histórico.

Los personajes centrales, el académico Valeri Legásov o el vicepresidente Boris Sherbina, han sido caricaturizados para que encajen en la habitual estructura maniquea de la industria del entretenimiento gringa, alérgica por definición a las realidades de tonos grises, precisamente las que dominaban en la URSS y en la humanidad en general. Pero todo eso son detalles sin importancia, al lado de su peor defecto: "la serie ignora por completo el carácter universal de aquel accidente".

Accidente nuclear en Chernobyl  - Ucrania (URSS)
26/04/1986

Chernobyl no es un caso aislado. Tampoco la estupidez del sistema soviético, ni la mentira, ni el secretismo, ni la irresponsabilidad técnica. "Al dar la vuelta al mundo, las nubes radiactivas de la central ucraniana fueron una advertencia para toda una civilización". El peor defecto de la serie es, precisamente, su ignorancia de todo eso.

Desbarajuste

Estado en que quedó el reactor nº 4 de Chernobyl

Viví aquel accidente en la redacción de la agencia alemana de prensa en Hamburgo, la DPA, seguramente la peor agencia de prensa del mundo occidental. Cuando acababa mi turno de guardia llegó un teletipo extraño fechado en Estocolmo en el que se daba cuenta de una anormal radiación junto a una central nuclear sueca, en la que, extrañamente, no se encontraba fuga alguna. Cuando volví al trabajo al día siguiente ya se había declarado el incendio informativo.

"La agencia Tass no emitió su primera nota hasta dos días después y el gobierno soviético no divulgó su primera información oficial hasta pasados cuatro días". En occidente se interpretó como ocultación de datos y mala fe lo que en gran parte era pura desorganización y chapuza. Al secretismo y la irresponsabilidad se sumaba el desconocimiento al más alto nivel.

Expansión de la nube radiactiva sobre Europa (03/05/1986)

“No sabíamos qué demonios estaba pasando allí. Aquella misma mañana decidimos en el Politburó concentrar directamente toda la información disponible, nuestra máxima preocupación era que reventara el reactor y que su contenido llegara a los ríos Prypiat y Dnieper poniendo en peligro la vida de millones de personas, sobre todo en Kiev”, me dijo años después Mijail Gorbachov recordando aquellos días.

Pero el peligro no estaba en el sur, donde se encontraba Kiev con sus tres millones y medio de habitantes, "sino que venía determinado por la dirección del viento que empujó la nube radiactiva", primero hacia el oeste y luego hacia el norte, en dirección a las ciudades de Gomel y Mogiliov, en Bielorrusia.


Aquel abril, en Alemania el desbarajuste era total. Cada región improvisaba sus medidas preventivas, cuyo catálogo era más abultado allí donde había gobiernos de coalición verdes-socialdemócratas, con lo que la peligrosidad o no de la radiación dependía de quien gobernara la región."El resultado era que los camiones que venían del este eran rociados con agua en algunos puntos y en otros no".

En Hamburgo, de repente, la lluvia se convirtió en algo peligroso. Se procuraba no salir de casa, se lavaban impermeables, y letreros colocados en los parques infantiles desaconsejaban que los niños jugaran con la arena. En otras ciudades y “länder” todo eso se ignoraba.

Hamburgo - Alemania

En Francia, el país más nuclearizado del continente, las consecuencias de Chernobyl no eran noticia y las autoridades no tomaban ninguna medida "ante los mismos parámetros de radiación que en Alemania provocaban pánico".

Al este del edén

París- Francia

En todo el bloque del este el accidente se vivió, sobre todo, como una calamidad más provocada por el “hermano mayor”, dominante pero política y tecnológicamente retrasado. Esa común sensación no impedía una gran diversidad de percepciones y actitudes. 

Si en la politizada Polonia había restricciones de lácteos y manifestaciones antisoviéticas, en Hungría, Chernobyl no parecía quitar el sueño a la opinión pública. Aquel julio de 1986 atravesé en bicicleta la Rumanía de Ceaucescu para hacer un reportaje.

Nicolae Ceaucescu en 1986

En una aldea sajona de Transilvania, la minoría alemana procuraba alimentar a algunas de sus vacas con forraje del año anterior y sólo consumía leche de ellas. La producción del ganado alimentado con el forraje del año corriente, “contaminado por Chernobyl" según la opinión general, se vendía a lo rumanos, me explicó un pastor protestante de Brasov, que hablaba en voz baja de política en su propia casa y se refería a Ceaucescu como “él”

En las oficinas de turismo de Cluj, grandes carteles informaban de que "la costa del Mar Negro reunía óptimas condiciones sanitarias para pasar las vacaciones". Se intentaba desmentir el pánico soterrado sin ni siquiera mencionar el accidente.

Cluj - Rumanía

Justo un año después, en 1987, estuve en Bielorrusia estudiando ruso. Minsk, la capital, se parecía a la actual Pyongyang. Los domingos se cortaba el tráfico en la principal avenida de la ciudad, la Avenida Lenin, y la gente paseaba por ella en silencio mientras por megafonía se retransmitía la radio local. Mi petición de entrevistarme con un académico para hablar de ecología provocó un pequeño seísmo en la universidad. 

Todas las relaciones con los estudiantes extranjeros, incluidas las sexuales, estaban controladas por el KGB a través de las juventudes comunistas. Unos jóvenes me contaron que el 26 de abril del año anterior habían estado todo el día en el parque tomando el sol y que luego tuvieron problemas de impotencia con sus parejas a causa de la radiación recibida.

Minsk - Bielorrusia

Si en Rumanía casi todas las fuentes disidentes de mi reportaje resultaron ser confidentes de la Securitate (de eso me enteré luego, cuando mi nombre apareció en los archivos policiales abiertos por el poscomunismo rumano), el de la impotencia de los jóvenes de Minsk fue el máximo secreto que logré desvelar aquel verano bielorruso.

Los accidentes soviéticos


La URSS disponía de una dramática experiencia en materia de accidentes y desastres nucleares. Antes de Chernobyl, cerca de un millón de soviéticos habían sido afectados por radiación en diversos accidentes, pruebas y trabajos, vinculados al estatus de superpotencia nuclear. 

Sólo en la flota submarina nuclear se habían producido 500 casos de “enfermedades por radiación aguda”, 433 de ellos mortales, pero los tres grandes accidentes anteriores a Chernobyl habían tenido por protagonista a la gran fábrica secreta de reprocesamiento Mayak, en la región de los Urales.

Submarino nuclear soviético

El primero de ellos consistió en el vertido continuado de sustancias radiactivas, entre 1949 y 1952, a los ríos Techa e Iset, contaminando a un colectivo de 124.000 personas. El segundo, el llamado “accidente de Kyshtum”, en 1957, fue la explosión termal de uno de los contenedores en la misma factoría.

Su resultado fue la contaminación de una superficie de 23 kilómetros cuadrados poblada por 270.000 personas. El tercero se registró en 1967, cuando el viento dispersó el polvo radiactivo deficientemente almacenado, a 75 kilómetros de distancia, en el lago Karachai, un área poblada por 40.000 personas.

Lago Karachay - Rusia, considerado el lago más contaminado del mundo

Esta experiencia dio lugar a estudios y conclusiones médico-biológicos, pero era desconocida por la mayoría de los científicos que trabajaron en el accidente de Chernobyl, en parte a causa del secretismo que rodeaba a todo lo nuclear, y en parte también por la estupidez administrativa característica del régimen soviético, enraizada en los mismos fundamentos del sistema desde antaño.

En las situaciones de emergencia como la de Chernobyl, "la improvisación, el voluntarismo y el sacrificio personal compensaban aquella realidad".

Equipo de "liquidadores" que dejarían la vida en el empeño

Aunque la propaganda de la guerra fría se encargó de ventilarla con particular ahínco, la serie nuclear soviética tenía claros paralelismos con las pruebas nucleares estadounidenses en Nevada o las islas Marshall, o con las francesas en África, porque "el problema no es el régimen político sino la tecnología nuclear".

70 años de radiación sin fronteras

Prueba nuclear en Nevada (EE.UU.)

En 1998, un estudio encargado por el Congreso de Estados Unidos (accesible aquí) reveló el precio humano que los propios americanos han tenido que pagar por las pruebas nucleares. Se trata de 33.000 casos de cáncer, 11.000 de ellos mortales, que, según el Center for Disease Control and Prevention (CDC), se produjeron en Estados Unidos "como consecuencia de once años de pruebas nucleares, entre 1951 y 1962".

Según Robert Álvarez, un funcionario del Departamento de Energía de la administración Clinton, "19 pruebas nucleares estadounidenses lanzaron cada una de ellas a la atmósfera niveles de radiación de una escala comparable al accidente registrado en abril de 1986 en Chernóbil". El estudio del CDC no es completo –las pruebas continuaron hasta mucho más allá de 1962– pero demuestra que los efectos de la lluvia nuclear y los casos de cáncer se registraron por toda la geografía de Estados Unidos.

Detonación nuclear en el Pacífico

“Desde 1951, cualquier persona que vivió en Estados Unidos estuvo expuesta a lluvia radiactiva y todos sus órganos recibieron alguna exposición a la radiación”, señala el informe oficial. El estudio no contabiliza las pruebas atmosféricas chinas realizadas en Lob Nohr (provincia de Xinjiang) desde 1964 hasta 1980, ni las francesas, de 1963 a 1974, ni las explosiones anteriores a 1951 (estadounidenses en las islas Marshall, y soviéticas en Kazajstán), ni las tres explosiones pioneras de 1945 en Nuevo Méjico, Hiroshima y Nagasaki, ni la contaminación de Hawai por las pruebas americanas del Pacífico, ni la de Alaska por las soviéticas en Nóvaya Zemlya.

"La radiación no conoce fronteras y si un país realiza pruebas nucleares o registra un accidente en una central nuclear, toda la humanidad paga por ello".


Víctima de "El Polígono" el mayor laboratorio nucelar del mundo

En 2011, poco después del accidente de Fukushima, entrevisté en Viena a Yuli Andreyev, el ex vicedirector del Spetsatom, el organismo soviético de lucha contra accidentes nucleares. Andreyev fue asesor del ministerio de Medio Ambiente austriaco y de la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA), un organismo del sistema de la ONU que es la principal agencia de cooperación internacional en materia de energía nuclear.

Me dijo que "Chernobyl continuaba rodeado de mentiras, que el accidente no fue responsabilidad de los operadores de la central, como se dijo, sino de un claro defecto de diseño de los reactores RMBK resultado de la economía de coste".

La ciudad fantasma de Prypiat, después de haber sido abandonada hace 33 años 
tras el accidente nuclear de Chernobyl

Un diseño apropiado de aquellos reactores soviéticos exigía una gran cantidad de circonio, un metal raro, así como todo un laberinto de tubos, técnicas especiales para la soldadura de circonio, acero inoxidable y enormes cantidades de hormigón. Era un dineral, así que se decidió economizar, explicaba Andreyev, que puso a caldo al académico Legásov, el héroe de la serie de marras. “Responsabilizó a los operadores de la central, que fueron encarcelados, mientras él continuó libre y aún pretendía que le condecoraran”.

Sin control independiente

Explosión en la planta nuclear de Fukushima (Japón) el 11/03/2011

Hoy, en el mundo hay unos 570 reactores –sin contar los construidos por los chinos en los últimos años–, de los que cinco (Harrisburg, Chernobyl y los tres de Fukushima) se fundieron accidentalmente. Eso arroja una probabilidad de accidente nuclear grave cercana al 1%. Además está el problema de los residuos y muchos imponderables sanitarios. 

Sin KGB y siendo una superpotencia tecnológica, Japón se comportó de forma semejante a los soviéticos con Chernobyl, o a los estadounidenses con sus pruebas. "Cinco años antes de Chernobyl, entre el 10 de enero y el 8 de marzo de 1981, hubo un grave accidente en la central nipona de Tsuruga. Se vertieron 40.000 litros de material radiactivo desde los depósitos de residuos de la central a las cloacas de la ciudad de Tsuruga, donde vivían 100.000 personas". La empresa silenció lo ocurrido y el público no se enteró hasta el 20 de abril.


La mítica “seguridad” se sacrifica a cuestiones egoístas, decía Andreyev. “En la URSS por razones de prestigio y por el coste del enriquecimiento del uranio, en Japón pura y simplemente por dinero. La localización de las centrales de Japón junto al mar es la más barata. Los generadores de emergencia no los enterraron en Fukushima y, claro, se inundaron enseguida". 

"Detrás de todo esto hay corrupción: ¿cómo puede diseñarse una central nuclear en una zona de alto riesgo sísmico, al lado del océano, con los generadores de emergencia en superficie? Llegó la ola y todo quedó fuera de servicio. Fukushima no fue un error, fue un delito”.

Fukushima en la actualidad

En la URSS, el abaratamiento de costes y el diseño de los reactores RMBK incrementaron los riesgos. “Todo eso era contrario a las normas de seguridad, pero la supervisión nuclear en la URSS formaba parte del ministerio de Energía Atómica. Algo parecido ocurre hoy con la AIEA”, decía Andreyev, pues la agencia de la ONU depende de la industria nuclear. La ausencia de instancias de control independientes es un problema añadido a una tecnología peligrosa e inhumana por su escala.

“La misión de la AIEA es contribuir a la extensión de la energía nuclear y todo lo que vaya en contra de ella no lo va a divulgar”, explicó Andreyev. “No es una conjura, sino la conducta estándar que cabe esperar cuando se pone a la cabra de hortelano”.


La historia sugiere que la humanidad solo aprende a fuerza de batacazos. El problema de la energía nuclear, y de las tecnologías y armas de destrucción masiva, es que su escala temporal y destructiva es definitiva. Apenas hay margen para un batacazo didáctico-instructivo. Por eso Einstein ya dijo en los años cincuenta "que lo nuclear lo había cambiado todo, menos la mentalidad del hombre”. En ese retraso temporal entre la mentalidad y la tecnología reside el peligro. Con su fundamental defecto de ignorar la perspectiva universal del asunto, la serie Chernobyl, tan bien realizada, confirma modestamente el problema.

FUENTE: ctxt.es
Rafael Poch
12/06/2019

Hay un dato de aquel terrible accidente que me impactó de manera singular, y fue el enterarme de que Chernobyl al parecer proviene del ucraniano "polin girkii" cuyo significado es ajenjo. No pude por menos que recordar que, el Apocalipsis de San Juan, en el texto relativo a la tercera trompeta de dicho Apocalipsis, menciona el ajenjo:


El ajenjo,  asensio, ajorizo, artemisia amarga o hierba santa, de nombre científico "Artemisia absinthium", es una planta herbácea medicinal de fuerte sabor amargo, nativa de las regiones templadas de Europa, Asia y norte de África. Se utiliza como tónico, febrífugo y antihelmíntico, así como en la elaboración de la absenta y del vermut.

WIKIPEDIA - La Enciclopedia Libre

Planta de ajenjo

Decían las abuelas
bondadosas y buenas:

"No hay peor ciego
que el que no quiere ver"