13/6/13

DORNAJO

"Dornajo" viene a ser un diminutivo de la palabra "duerna" (proveniente, tal vez, del celta durno: cierta medida de capacidad; y cuyo exacto significado, según el Diccionario de la Lengua de la Real Academia Española es:

Tronco hueco en forma de canal, cerrado por sus dos extremos, que sirve para dar de comer a los animales y para otros usos.


Aunque, también según el diccionario de la RAE, existe otra acepción de la palabra; es la de "artesa" (de origen incierto):

Cajón cuadrilongo, por lo común de madera, que por sus cuatro lados va angostando hacia el fondo. Sirve para amasar el pan y para otros usos.  


Pero es al primer significado al que quiero referirme. Traigo a colación la palabra "dornajo", por dos motivos:

Primero, porque el último que vi, hace ya tropecientos años, se hallaba en una propiedad abandona de la zona sureña de Taucho (Tenerife) justo en la linde misma del monte público, pintarrajeado de blanco por una compañía de operaciones especiales que, "jugando a la guerra", habían tomado aquel lugar al asalto, dejando la impronta de sus iniciales en la vetusta madera del dornajo. Hay que ver que cultura.


Y en segundo lugar, porque acudió a mi mente, una antigua anécdota que contaba mi abuelo Juan, en relación a otro de esos pesados troncos habilitados para la comida del ganado:

En cierta ocasión, dos luchadores de nuestro deporte vernáculo (la lucha canaria) se desplazaron desde el norte hasta el sur de la isla, con el único propósito de desafiar a un famoso luchador de la época, Pepe "El Niño de Adeje", al que, personalmente no conocían, pero del que habían oído hablar como un magnífico bregador.

Se presentaron en su domicilio, pero Pepe no estaba, sólo su hermana, una mujerona alta y fornida; así que decidieron esperarlo.


En un momento dado, la mujer les pidió ayuda para mover un dornajo que había en el patio. Y ellos, brutos pero caballerosos, intentaron hacerlo entre los dos, pero aquello pesaba tanto que no lograron moverlo ni un centímetro. Entonces ella, haciendo gala de un poderío físico incuestionable, rogándoles antes que se apartaran, levantó el dornajo por una punta y lo arrastró hasta colocarlo donde quería.

Se miraron asombrados el uno al otro y, sin mediar palabra, "cogieron carretera y manta" y desaparecieron.

Si la hermana tenía aquella fuerza... ¡¡¡¿Cómo sería él?!!!

Miguel Ángel G. Yanes

No hay comentarios:

Publicar un comentario