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9/7/14

MURO Y TÚNEL

 
Muro en obras

No es el muro que dividió Berlín durante 28 años y que se ganó a pulso el apodo de "Muro de la vergüenza" (Schandmauer), pero casi... Lo digo porque a mí, este tropezón que nos encasquetaron, me parece un verdadero despropósito, como otras tantas infraestructuras actuales que no terminan de encajar en esta ciudad ¿nuestra? Parece que todo se hubiera hecho con el culo, dejando paso franco a la improvisación, sin gusto alguno por la estética y con una absoluta falta de lógica y de perspectiva. Y sí no, fíjense ustedes en la transición entre los viejos y los nuevos elementos: desniveles insólitos, jardines enterrados, vallas absurdas, basureros múltiples... ¡un verdadero desastre!


Más de uno me dirá que sólo es una fase de un proyecto más amplio, pero hay un dicho popular que dice: "lo que mal empieza, mal acaba"... si es que acaba.  


Antaño era una verdadera gozada, no sólo acudir al encuentro del mar, siempre al alcance de la mano, en nuestra abrupta pero acogedora costa, sino contemplarlo desde una gran cantidad de lugares desde los que hoy, para nuestra desgracia, no se divisa. Da la sensación de que nos hayamos empeñado en vivir dándole la espalda como un castigo, como si nos avergonzáramos, o como si le temiéramos... cuando, en realidad, se lo debemos todo. Tengo la impresión de que hemos sido bastante desagradecidos con él, máxime cuando fuimos pueblo de pescadores. No olvidemos que nuestro propio gentilicio: "chicharreros", nos viene dado por la dieta básica de chicharros de la que nuestros antepasados se sustentaban.

Santa Cruz de Tenerife, años 60

Con el jodido muro ahora nos taparon la poca visión que, al transitar por esa zona de la Avenida de Anaga, los chicharreros aún teníamos del mar.

Monumento al chicharro

Otra castaña es el famoso túnel de la vía litoral: una obra que, prácticamente, no soluciona nada; si acaso la cartera, buchaca o faltriqueira de algunos, porque al sumergirse antes de llegar a la Plaza de España y volver a salir a la superficie al principio de la Avenida, ¿qué es lo que ha resuelto en realidad, salvo ganar en su techo una supuesta superficie para celebrar eventos o practicar deportes?

 Túnel de la Vía Litoral

Tal vez haya algún imponderable que lo impida, pero digo yo (que soy medio "fabeto") si nadie pensó en la posibilidad de hacer llegar el túnel a la confluencia con la Rambla, justo dónde el famoso monumento de Ávalos: "ése del ángel y el hombre con la espada". Está claro que habría resultado mucho más caro, pero tendría lógica, ya que, el tráfico atravesaría la ciudad discurririendo por completo bajo la Avenida, quedando sobre ella sitio suficiente para dos carriles: uno de salida y otro de acceso al centro, amén de espacio suficente para el ocio; pero sobre todo para una gran cantidad de aparcamientos ¡GRATUITOS!

Antigua Plaza de España

No sé si es por la edad, porque tengo mucho tiempo para darle vueltas a las cosas, porque la neurona que me queda está cansada de tanto ir y venir o porque ya no me muerdo la lengua ante nada (y es que corro grave peligro de envenenamiento) pero noto que me estoy volviendo un viejo cascarrabias. "Siéntolo".

Bueno, a lo que iba: Éste no es el muro de Berlín, ni el de Adriano, ni el de las Lamentaciones. Sencillamente es...

El muro "de no ver el mar".

Y eso que la idea era abrir la ciudad hacia él, menos mal que no se trataba de lo contrario.

Si fuera gallego, supongo que diría ¡"manda carallo"!; si catalán ¡"manda collons"!; pero como soy canario, nacido, criado y ensolerado "soleado" en las orillas del puerto de Santa Cruz de Tenerife, diré aquello de...

¡¡¡Manda cojones!!!

Miguel Ángel G. Yanes

31/12/13

LA LUZ AL FINAL DEL TÚNEL

¡La expectración era máxima!... Todos mirábamos con avidez hacia el fondo del túnel y... ¡sí!... parecía ser cierto lo que auguraban a diario los dirigentes gubernativos: ¡Había una luz!... Un diminuto destello, allá a lo lejos, parecía alumbrarar por fin algún futuro. 

Gritamos, lloramos, aplaudimos... y la mayoría echamos a correr, a trompicones, hacia aquella salida que brillaba en la distancia, poniendo fin a la oscuridad de este eterno Presente Popular. 

Pero algo extraño sucedía... A medida que avanzábamos hacia ella, la luz no acrecentaba su tamaño como era menester; seguía igual... incluso parecía oscilar levemente a un lado y a otro. 

Una terrible sospecha frenó en seco nuestra alocada carrera... ¿Qué demonios...? Y entonces pudimos ver la realidad:


¡Un negrito!.... era un muchacho de color, con el cuerpo cubierto de cortes y laceraciones qué, linterna en mano, regresaba triste y desencantado, tras constatar en una exploración infructuosa, que todo lo que le habían contado era una puñetera mentira, y que por allí no había puerta alguna que condujera al paraíso. 

Así supimos que aquello no era un túnel, sino una oscura cueva sin salida: la cueva del Capitalismo... o de  Alí-Babá, que viene a ser lo mismo (y perdonen el ripio).

Miguel Ángel G. Yanes