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27/11/20

"HAY QUE SER MISERABLE"


La exministra Ana Pastor critica la falta de sanitarios para la pandemia, y los tuiteros le recuerdan la etapa de recortes del PP.

Ana Pastor

Ya son 83.282 los sanitarios contagiados por la Covid, 3.511 más en los últimos 7 días. Y de ellos nadie habla. Ni una palabra de la autoridad sanitaria de nuestro país. También en esto ¡somos récord! Todo mi apoyo a los sanitarios.


Ana Pastor Julián, exministra de Sanidad y Consumo durante el Gobierno de José María Aznar, exministra de Consumo durante la etapa de Mariano Rajoy y actual vicepresidenta segunda del Congreso de los Diputados, publicó ese tuit que le ha servido para recibir duras críticas.


"Hay que ser miserable", después de dedicarse a fondo a despojar de recursos y personal a la sanidad pública para intentar privatizarla, salir en su 'defensa' cuando se están viendo las consecuencias de su política destructiva. Culpar a otr@s de sus fechorías es la técnica preferida del PP.
 
 


Si no hubierais vendido la sanidad a los amigotes, intentando destruir la publica, seguro que habríamos podido hacer frente a esta pandemia en mejores condiciones. Mucho bla bla bla pero donde estáis, seguís maltratando lo público.

 
FUENTE: publico.es/tremending
21/11/2020
 
Tirando de hemeroteca, encontraremos el dato de que el gobierno de Mariano Rajoy recortó el gasto sanitario en 3.896 millones de euros tras ganar las elecciones de 2012. Y ahora vienen a criticar a los que han recibido ese marrón.

24/3/20

¿ESTAMOS EN GUERRA?

'No es una guerra, es una catástrofe'

Para esta batalla no se necesitan soldados sino ciudadanos; y esos aún están por hacer. La catástrofe es una oportunidad para ‘fabricarlos’


Se ha impuesto con inquietante espontaneidad la metáfora de la 'guerra' como 'imagen y justificación de las radicales medidas tomadas contra el virus'. Conte en Italia, Macron en Francia, Sánchez e Iglesias en España han declarado la 'guerra' al 'virus' o han hablado sin cesar de una 'situación de guerra'. En nuestro país, al mismo tiempo que se desplegaba el Ejército en algunas ciudades, hemos visto al 'portavoz' de Sanidad, Fernando Simón, escoltado en las ruedas de prensa por el JEMAD, general Villarroya, cuyas intervenciones, por su parte, adoptan muchas veces el tono de una 'arenga de trinchera': habla de una 'contienda bélica' y de una 'guerra irregular' en la que todos 'somos soldados', invocando una 'moral de combate' y reivindicando los 'valores militares' para afrontar la amenaza colectiva.

Digámoslo con toda claridad: lo que estamos viviendo 'no es una guerra, es una catástrofe'. En una 'catástrofe' puede ser necesario 'movilizar todos los recursos disponibles para proteger a la sociedad civil', incluidos los equipos y la experiencia del Ejército, pero el hecho de que una 'catástrofe' exija tomar 'medidas de excepción', 'no autoriza' sin peligro a emplear una 'metáfora' que, como todas las metáforas, 'transforma la sensibilidad' de los oyentes y 'moldea la recepción' misma de los mensajes. 'Llamar a las cosas por otro nombre', si no estamos haciendo 'poesía', si estamos hablando además de 'cuidar', 'curar', 'repartir' y 'proteger', puede resultar además de 'una pésima política sanitaria'; una 'pésima política' en general.


Ahora que estamos 'afrontando la realidad' –frente al mundo de ilimitada fantasía en que habíamos vivido en Europa las últimas décadas– 'no deberíamos deformarla con tropos extraídos del peor legado de nuestra tradición occidental'. Como marco de 'apelación', 'interpretación' y 'decisión', 'la metáfora de la guerra' –salvo que la utilicen los médicos y los sanitarios abrumados por las muertes que no pueden evitar– nos debe suscitar 'una enorme preocupación'.

'Guerra', ¿contra quién? ¿Quién es el enemigo? En cuanto pronunciamos la palabra 'guerra' comparece ante nuestros ojos 'un humano negativo' que merece ser 'eliminado'. Con esta 'metáfora de la guerra', en efecto, ocurre algo paradójico: 'se humaniza al virus', que adquiere de pronto 'personalidad' y 'voluntad'. Se le otorga 'agencia e intención' y se 'deshumaniza' y 'criminaliza' a sus 'portadores', que en realidad son las 'víctimas'. El 'enemigo' de este 'desafío sanitario', si se quiere, está potencialmente 'dentro de uno mismo', lo que excluye de entrada su transformación en objeto de 'persecución' o 'agresión bélica'.


Por eso, esta resbaladiza idea de 'guerra' da razón sin querer a los que, llevados de un 'pánico medieval', acaban 'convirtiendo en enemigos a los portadores del virus', olvidándose de que ellos mismos –al menos potencialmente– 'también lo son'. Sólo se puede hacer la guerra entre humanos y a otros humanos pero, si hay que 'guerrear' contra el 'virus', acabaremos 'haciendo la guerra contra los cuerpos que lo portan' o, lo que es lo mismo, 'contra la propia humanidad' que 'bélicamente' intentamos proteger. 

En estado de 'catástrofe' es sin duda muy necesario 'reprimir' severamente, como se hace con los 'transgresores' del código de circulación, a quienes 'violan el confinamiento' poniéndose en peligro 'a sí mismos', 'a sus vecinos' y 'al sistema sanitario' en general, pero ni siquiera esos pueden ser los 'enemigos' de una 'contienda bélica', salvo que queramos confundir, en efecto, el 'virus' con sus 'portadores', y generar, además, una 'guerra civil' entre los 'potenciales portadores'.


¿Vale el discurso del enemigo para atajar el efecto de un virus? Los seres humanos somos 'vulnerables y frágiles'. Nuestra historia  ha estado y está atravesada por la 'enfermedad' y la 'exposición al hambre', los 'virus' y el 'abandono'. Hemos 'sobrevivido' construyendo 'relaciones' con 'la naturaleza' y entre 'las personas' para tratar de minimizar 'el riesgo y la inseguridad'.

El 'cuidado' y la 'cautela', el 'apoyo mutuo', la 'cooperación', la 'sanidad' y 'educación pública', las 'cajas de resistencia', el 'reparto de la riqueza' han sido los 'inventos' que han ido poniendo las sociedades en marcha –de forma marcadamente desigual e injusta en ocasiones– para 'asumir' y 'bregar' con el inconveniente de que 'la vida' transcurra encarnada 'en cuerpos que son frágiles y vulnerables e incapaces de vivir en solitario'.

Camiones del ejército italiano cargados de ataúdes

Un virus no es un enemigo consciente y malvado, es un riesgo inherente a la propia vida. Lo 'terrible' es construir sociedades 'ajenas e ignorantes' de que los 'virus', la 'enfermedad', la 'mala cosecha' o la 'tempestad' existen. Construir 'economías y políticas' sobre la 'fantasía del ser humano', como un ser sin cuerpo y sin anclaje en la tierra que le sustenta es lo que genera 'una guerra contra la vida',  'contra los ciclos', 'contra los límites', 'los vínculos' y 'las relaciones'. En los momentos de 'bonanza' se esconden e invisibilizan, 'restándoles valor y despreciando', precisamente las 'tareas', 'oficios' y 'tiempos de cuidado' que solo se hacen 'visibles' en las 'catástrofes' y en las 'guerras'.

'La guerra, violencia armada', es precisamente 'la negación del cuidado', masculinidad errada, 'justificación del sacrificio de vidas humanas en aras de una causa superior'. Ahora bien, no debemos olvidar que aquí la 'causa superior' es precisamente 'la salvación de todas y cada una de las vidas humanas en peligro'. No se trata de dar virilmente la vida por la causa gritando ¡viva la muerte!, sino que 'la causa es el mantenimiento de la propia vida'. No existirá una 'victoria final' que dependa de la 'disciplina' y de la 'conversión en soldados', como señalaba en su comparecencia el General Villarroya. 


El 'sacrificio' al que se apela, tanto en la 'catástrofe' como en la 'retaguardia' de cualquier 'guerra', no es más que la 'intensificación' de la lógica del 'cuidado', de la 'precaución', del 'sostenimiento cotidiano e intencional' de 'la vida' en 'tiempos de catástrofe', que son los mismos esfuerzos que hay que hacer para sostenerla cotidianamente.

En toda guerra, decía Simone Weil, "la humanidad se divide entre 'los que tienen armas y los que no tienen armas', y estos últimos están siempre 'completamente desprotegidos', con independencia del bando o la bandera". En el estado de 'catástrofe' actual, los españoles, 'todos potencialmente víctimas del virus', se dividen, en cambio, entre los que 'no pueden hacer confinamiento' y los que 'sí pueden hacerlo', o si se prefiere, 'entre los que se exponen más o se exponen menos al virus'".


Los que se exponen más al 'virus' –el personal médico, los transportistas, las cajeras de supermercado, las limpiadoras y cuidadoras, etc.– ni tienen 'armas' ni se pelean 'entre sí' con el propósito de proteger 'a los suyos'. Al contrario de lo que ocurre en las 'guerras', este 'anti-ejército desarmado' –provisto solo de microscopios, termómetros, bayetas, manos y sentido del deber– ni se hacen la 'guerra' entre ellos ni se la hacen a los que están 'encerrados en sus casas', menos expuestos y completamente 'desarmados'.

Es, como dice Leila Nachawati, 'exactamente lo contrario': "se exponen para 'protegernos a todos', a sabiendas de que de esa forma también 'se protegen a sí mismos' y al 'orden civilizado' del que dependen y que depende de ellos. Por eso debemos 'admirarlos y apoyarlos'; y por eso 'es una irresponsabilidad inmoral y suicida incumplir la normativa sanitaria'". Pero si hay una situación distante de la 'guerra' –en su temperatura ética, anti-identitaria y 'universal'– es precisamente la 'catástrofe' que estamos viviendo.


En todo caso, lo que opera en contra de la 'causa superior' –la salvación de todas y cada una de las vidas humanas en peligro– son las 'medidas económicas y políticas' tomadas en la última década y  que ahora es necesario 'corregir a toda prisa' para proteger a los socialmente 'vulnerables'. En este sentido, y allí donde la responsabilidad individual y la institucional, donde 'lo común y lo público', se cruzan, 'nuestros políticos y nuestras élites económicas son más responsables' –pues conjugan ambas condiciones– que los 'ciudadanos privados'. 


'No es una guerra, es una catástrofe'. Es verdad que para dos generaciones de europeos (en otros sitios la verdadera guerra es su normalidad cotidiana) esta 'paliza de realidad' es lo más parecido a un 'conflicto bélico' que hemos vivido. Pero la 'crisis del coronavirus' es en sustancia lo contrario de una 'guerra'. Que sea lo 'contrario' de la 'guerra' también merece un análisis en profundidad. 


Lo real no se nos ha presentado como mala voluntad o identidad belicosa sino como 'contingencia impersonal adversa en un contexto capitalista' que (aquí sí está justificada la metáfora) lleva años 'haciendo la guerra a la naturaleza', los cuerpos y las cosas. Es la 'impersonalidad' no bélica de la 'catástrofe capitalista' la que hay que 'revertir y transformar': por eso es tan importante esta 'convergencia trágica de responsabilidad individual e institucional' que nos muestra ahora la importancia de los 'cuidados personales y colectivos'. 

El 'fin del capitalismo' puede estar acompañado de 'guerras' pero no será 'una guerra': su anticipo y su metáfora, como colofón de su dinámica interna de ilimitación incivilizada, es este 'virus replicante y sin rostro' que aparecerá una y otra vez en forma de 'catástrofe'. Para esta batalla 'no se necesitan soldados sino ciudadanos'; y esos aún están por hacer. 'La catástrofe es una oportunidad para fabricarlos'.


'No es una guerra, es una catástrofe'. La imagen del ejército en la calle –y hasta la de un general en una rueda de prensa– puede estar justificada pero también 'inquieta, política y antropológicamente'. Para que dejen de inquietar –y hasta nos alegremos de su presencia, si es que es realmente necesaria– sería indispensable que nuestros políticos (todos hombres, por cierto) dejen de inscribir su intervención en el 'marco de una guerra', de una 'contienda bélica', de una recuperación de los 'valores militares'. 

Sólo los médicos pueden hablar de 'guerra' y, en cuanto al espíritu de 'sacrificio', citado por el general Villarroya, quizás deberían ser las 'madres', y no los 'militares', las que nos diesen 'lecciones'. Un amigo muy inteligente nos dice que necesitamos 'ejemplos movilizadores y épica salvífica'. Es verdad. Pero esto 'no es una guerra, es una catástrofe'. Bastante duro es afrontar una 'catástrofe' como para que, 'además de temer al virus', acabemos también 'temiendo a nuestras co-víctimas' y a los que están 'intentando protegernos'.


Los 'ejemplos' ya los tenemos y son tan 'banales' como los de la 'maldad arendtiana' a la que se oponen; y la 'épica' también existe y es igualmente de andar por casa: la de ese hombre o mujer que, 'en el balcón de enfrente', a 4 metros de distancia, descubre de pronto en su 'odioso vecino' (al que hasta ayer saludaba con indiferencia o desagrado) una existencia afín y casi amiga a la que no puede abrazar. No deja de ser 'hermosamente paradigmático' que sea en 'una situación de aislamiento social impuesta', cuando 'los besos y los abrazo se proscriben', cuando de repente conocemos los nombres de quienes viven en nuestro bloque, 'nos preocupamos de si tienen alimento o necesitan medicinas'.

'No es una guerra, es una catástrofe'. Al contrario que en una 'guerra', no hay ninguna causa superior que la 'salvación' de todas y cada una de las vidas humanas. 'Venceremos sólo si  hay la menor cantidad de víctimas posibles'.


'Venceremos quizás esta vez'. Pero habrá que 'prepararse para la siguiente' y esta sacudida que reordena las 'prioridades' puede ser un entrenamiento 'crucial'.

FUENTE: ctxt.es
Santiago Alba Rico / Yayo Herrero
22/03/2020


El problema grave no es que el ejército esté en la calle porque pueden hacer una labor impagable, sino el giro que determinados mandos puedan darle a la situación en un momento dado.

14/3/20

LA CRISIS DEL COVID-19

Sánchez decretará este sábado el estado de alarma para luchar contra el coronavirus

El jefe del Ejecutivo ha anunciado esta decisión en una declaración institucional desde el palacio de La Moncloa. Horas antes se conoció la suspensión de la habitual comparecencia del ministro de Sanidad, Salvador Illa, para informar de las últimas novedades sobre la crisis del Covid-19.

Captura de vídeo del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en una declaración institucional en el Palacio de la Moncloa. EFE/EFE-TV

El Gobierno decretará este sábado en Consejo de Ministros extraordinario "el 'estado de alarma' durante 15 días, para contar con 'recursos legales extraordinarios', que permitan combatir la expansión del 'Covid-19'". El jefe del Ejecutivo, Pedro Sánchez, ha anunciado esta decisión a través de una 'declaración institucional' desde el palacio de La Moncloa, en torno a las 15.30 horas de este viernes.

"El Gobierno ha pasado toda la mañana debatiendo esta posibilidad" y, finalmente, ha optado por dar el paso. "Por eso suspendió la 'conferencia de prensa' prevista para el mediodía por parte del ministro de Sanidad, Salvador Illa, en la que iba a informar sobre la evolución de la 'crisis del coronavirus'".

Será el tercer Consejo de Ministros en sólo una semana. "Sánchez ha justificado la declaración del 'estado de alarma' -y el resto de decisiones excepcionales del Ejecutivo- afirmando que eso permitirá movilizar todos los recursos del Estado, 'para proteger mejor la salud de los ciudadanos'".

Declaración institucional del presidente del Gobierno sobre la crisis del coronavirus

En su breve comparecencia, "Sánchez ha explicado que se refiere a los recursos 'económicos', pero también a los 'militares', con el fin de responder a la 'emergencia social y económica' con la máxima contundencia".

El presidente del Gobierno también ha reconocido que "no puede 'descartar' que la próxima semana se alcancen los 10.000 'afectados por el virus'".  

"Quedan 'semanas difíciles', y aún estamos 'en la primera fase del combate contra el virus'", apuntaba.

Urkullu declara la emergencia sanitaria y advierte que aún

Entre otras cosas, "el 'estado de alarma' faculta al Gobierno para 'limitar la circulación de personas y vehículos'. También le habilita para ordenar el 'cierre de actividades industriales y empresariales', así como para adoptar 'medidas para garantizar el abastecimiento básico de la población'".

Por el momento, "Sánchez no ha detallado las 'medidas concretas' a adoptar, que previsiblemente se conocerán este sábado".

La Constitución establece, en su artículo 116, 2, que "el Gobierno puede adoptar esta 'medida de urgencia', en todo o parte del territorio nacional, ante 'crisis sanitarias', tales como 'epidemias' y situaciones de 'contaminación graves', pero también frente a 'catástrofes', 'calamidades' o 'desgracias públicas', tales como 'terremotos', 'inundaciones', 'incendios urbanos y forestales' o 'accidentes de gran magnitud'".

Varios clientes de un bar en Ourense siguen la comparecencia del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en la que ha anunciado que a partir de este sábado se decretará el estado de alarma. EFE/Brais Lorenzo
Clientes de un bar en Ourense siguiendo la comparecencia del presidente del Gobierno - EFE / Brais Lorenzo

Por otro lado, a diferencia de las declaraciones de los 'estados de excepción o de sitio', "el Ejecutivo puede declarar el 'estado de alarma' mediante la aprobación de un decreto en Consejo de Ministros, sin la intervención del Parlamento".

"La Carta Magna permite su declaración por un máximo de 15 días, después prorrogables si así lo autoriza el Congreso de los Diputados".

La Constitución recoge estos tres estados, pero además se ven regulados por la Ley Orgánica 4/1981 de 1 de junio, de los estados de alarma, excepción y sitio. "El 'estado de alarma' es el menos grave de los tres".

Madrid clausura las terrazas y recomienda cerrar los bares ante el coronavirus

"La única vez que se decretó fue en 2010, ante la crisis de los 'controladores aéreos'". En 2016 el Tribunal Constitucional amparó esta utilización del 'estado de alarma' por parte del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero.

En su comparecencia, "el presidente ha vuelto a reconocer 'la labor' a los profesionales de la salud, 'nuestro escudo contra el virus', y se ha dirigido a las 'personas mayores' para pedirles que extremen al máximo las precauciones, para mantenerse protegidas".

Además, el jefe del Ejecutivo ha aludido directamente a las personas más 'jóvenes'. Les ha pedido que se queden casa y reduzcan los contactos sociales,"para no actuar como transmisores".


"La victoria depende de cada uno de nosotros; el 'heroísmo' consiste también en 'lavarse las manos', en quedarse en casa, en protegerse a sí mismo para proteger al resto". 

"Tardaremos semanas", reconocía Sánchez, antes de incidir en que "lo pararemos unidos". 

FUENTE: publico.es
Manuel Sánchez / Alejandro López de Miguel
Madrid - 13/03/2020

Mientras tanto, Portugal nos adelanta por la izquierda, declarando el 'estado de alerta' con solo 78 casos de 'coronavirus'. Se ve que en el país luso pesa más la salud de la población que el puto dinero de los cojones.