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18/8/19

EL ANTIGUO PALACETE DE LAS TERESITAS

Las Teresitas de antaño y los Duques de Würtemberg

por Charo Borges

En estos últimos días, la playa de Las Teresitas ha recobrado actualidad, porque el nuevo concejal responsable del área ha dispuesto su mejora, por medio de la remoción de determinadas zonas. En estas fechas, todo el que vaya por allí se encontrará brigadas de trabajadores dedicadas a reparar, aunque sea un poco, muchas de las deficiencias que muestra la citada playa. Quien esto les cuenta lleva acudiendo a ella hace más de cuarenta años y casi a diario. Haga sol, viento, lluvia o esté nublado. Por eso, he visto cómo la han ido transformando. Merece, pues, hacer algo de historia sobre ella.


Este rincón del litoral chicharrero se encuentra a unos ocho kilómetros de Santa Cruz de Tenerife y hasta los primeros años 70 era de fina arena negra, propia del asentamiento basáltico de gran parte del norte y noreste de esta isla tinerfeña. Hasta entonces, no existía ninguna clase de escollera que contuviera las fuertes corrientes marinas del invierno y, con la marea baja, - excepto en esa estación del año -, había una magnífica y amplia alfombra de arena que llegaba hasta una ancha franja de callaos de todo tamaño. Esos callaos llegaban hasta la base de los riscos que, a modo de pared, siguen jalonándola a todo lo largo. Cuando la pleamar estaba en su punto más alto, alcanzaba el borde de aquella zona de cantos rodados, pero apenas los cubría.

Dentro de este espacio de piedras había algunas construcciones que podríamos calificar de prefabricadas, con la excepción de una hermosa y recoleta residencia de dos plantas, que se encontraba poco antes del final de aquel gran arco natural. En el inicio y a la derecha de la playa, estaban el campo de fútbol y el minúsculo cementerio del cercano barrio de San Andrés. A la izquierda, un amplio chiringuito hecho de cañas y madera, propiedad de D. José Ramos. Fue punto de encuentro obligado, entre los que frecuentaban el lugar, para tomarse un buen arroz amarillo con mero o bocinegro frescos o unos calamares en anillas, casi vivos. Para acompañarlos, vino del país o cerveza bien fría. Se mantuvo en pie hasta no hace mucho tiempo.


Desde San Andrés, algo más allá del castillo caído, partía una pista de tierra que transcurría a lo largo de los laterales del campo de fútbol y del cementerio y desembocaba en una explanada, delante del Bar Ramos, hasta la que podían llegar los coches. Para adentrarse y llegar a la arena, había que hacerlo a pie. El que quisiera acceder directamente al final de la playa, tenía que bajar, - también a pie -, por otra pista de tierra, que arrancaba en la curva siguiente a los semáforos que hoy se encuentran en el acceso a Las Teresitas y su cruce con la carretera que se dirige a Las Gaviotas e Igueste de San Andrés. De ese camino, apenas quedan vestigios debido a los movimientos de tierra que se han hecho a lo largo de los anteriores intentos de transformación de la playa. Era relativamente corto y pasaba por detrás de aquella única edificación formal que se encontraba cerca de donde terminaba la playa.


Las únicas referencias de la ubicación de la citada vivienda, que se conservan hoy, son los dos grandes laureles de Indias, que están al borde del nivel de aparcamientos más alejado de la arena,- entre los accesos 7 y 8 - y un trozo del parapeto que defendía la construcción del oleaje de las mareas altas. Más atrás, aún hay restos de los muros que la sustentaban y protegían de la montaña, así como parte de los pisos de sus estancias.

Hay que tener en cuenta que el estacionamiento actual se levantó sobre el que, en la primera fase de transformación, fue de tierra y, éste, sobre la antigua explanada de arena, por lo que el mencionado parapeto era más alto que lo que hoy queda de él. Los laureles, hace cerca de cincuenta años, eran bastante más pequeños y estaban integrados en el bonito jardín que formaba parte de la gran terraza que antecedía a aquella casa. También había árboles frutales y, en particular, recuerdo un magnífico aguacatero, en la parte de atrás, que llamaba la atención por el buen aspecto de sus frutos.


Los propietarios de aquella especie de palacete, al borde del mar, fueron una princesa y un duque, que, por largas temporadas, disfrutaban de las excelencias de nuestra eterna primavera. Es probable que algunos de nuestros lectores recuerden que se trataba del matrimonio formado por la Princesa Diana de Orleáns, hija de los Condes de París, y el Duque Karl de Würtemberg, hijo de Felipe Alberto, Duque de Württemberg y antecesor en el mismo título. Ella tenía entonces 20 años y él, 24.

En Septiembre de 1960, ambos pasaron algunos días de su luna de miel en aquella desaparecida vivienda. Se habían casado, en Alemania, el 21 de Julio del mismo año y, desde allí, iniciaron su viaje de novios por varios lugares del mundo. Uno de ellos fue este pequeño, pero incomparable rincón, según sus propias palabras. Habían llegado a nuestra isla casi de incógnito. Tanto, que algún periodista local que sabía del acontecimiento reciente de su boda, trató de confirmar su presencia en estas tierras, en el consulado alemán, y siempre se le dijo que no sabían nada. Era la consigna ordenada desde su país, para preservar la intimidad de la real pareja. Pero, como "el que la sigue, la consigue", ese mismo periodista vio premiada su tenacidad, logrando una entrevista en exclusiva, en el mismo escenario en que vivían los Duques.


Junto con el fotógrafo, - alemán, por cierto -, después de varios intentos de contactar con la pareja, lograron acceder a su residencia de Las Teresitas. En aquellos tiempos, no se estilaba contar con una férrea protección como la que proporcionan los guardaespaldas de hoy en día, y si los sujetos, objeto de la entrevista, eran amables y educados, el acercamiento a su domicilio solía tener un final provechoso. Fue lo que le ocurrió a Martin Herzberg y a Vicente Borges, profesionales colaboradores del diario La Tarde.

Según relata Borges en la publicación de la entrevista, fueron atendidos con mucha cordialidad y cortesía al exponerles su deseo de mantener una conversación con ellos. La sorpresa fue descubrir que a la primera pregunta formulada en alemán por M. Herzberg, la princesa contestó en un español prácticamente perfecto. La charla surgió fácil y fluida, a partir de aquel momento. Les explicaron que su presencia aquí, además de formar parte de su periplo de celebración de la boda, se debía a que querían acabar de equipar la casa y para ello, también se encontraban en ella los padres del Duque, que habían llegado en la víspera y estarían allí por más tiempo. Ella se mostró encantada con lo poco que había visto de nuestra tierra y, aunque salían hacia Portugal al día siguiente, tenían ya previsto regresar en 1961, para pasar dos o tres meses y conocer a fondo las islas. El Duque ya había estado en Tenerife, años antes, y le llevaron a ver el Teide. Se quedó tan impresionado que esperaba volver con Diana, para que ella lo conociera. Tenían fama de ser muy sencillos y afables y se cuenta que hoy continúan siéndolo. Recuerdo haberles visto en más de un verano, acompañados de sus primeros hijos, asomados a la terraza de su residencia.


Para completar esta crónica, me van a permitir que les haga una semblanza de cada uno de ellos, porque, en especial la de la princesa, la descubre como un personaje interesante. Diana de Orleáns, princesa de Francia, nació en el Brasil, en la ciudad de Petrópolis, en Marzo de 1940. Es la sexta de once hermanos y tuvo seis hijos con el Duque de Würtemberg. Su infancia transcurrió entre Marruecos, España y Portugal. Durante los años de la II Guerra Mundial, sus padres se vinieron a vivir a Pamplona con toda su familia y de ahí su dominio de nuestra lengua. Desde niña, nunca se manifestó como una princesa al uso y su personalidad la ha hecho romper el molde, generalmente estereotipado, de estas figuras monárquicas. Toda su vida ha sido una enamorada de las Artes, en especial, de la Pintura y siempre se ha dedicado a practicarlas con total entrega. El mundo de la escultura, en sus distintas técnicas, no le es desconocido, y una peculiaridad suya es la creación de muñecas artesanales. Expone sus obras por todo el mundo con la finalidad de venderlas y destinar, todo lo ganado, a las muchas fundaciones que auspicia, patrocina y preside. Están dedicadas a la nutrición, salud y educación de niños enfermos y desafortunados, de todo el planeta.


Su esposo, Karl, Duque de Württemberg, nació el 1 de agosto de 1936, en Friedrichshafen, en el estado alemán de Baden-Württemberg. A raíz de la renuncia de su hermano mayor, Luis, se convirtió en Jefe de la Casa Real de este estado. Se doctoró en Leyes y, desde siempre, se ha dedicado al mundo empresarial y a la administración del amplio patrimonio familiar. Su hobby preferido ha sido la fotografía y se caracteriza por su defensa y conservación de la fauna y vegetación de los grandes bosques que han formado parte de sus propiedades. Actualmente, a sus 71 y 75 años, respectivamente, viven entre Alemania y Mallorca, donde hace más de 30 años que pasan gran parte de su tiempo, en su residencia de Esporles.

Las imágenes que ilustran la presencia de los Duques en la antigua playa santacrucera, las he escaneado de la entrevista concedida a Vicente Borges y de la cual conservo un ejemplar del miércoles, 28 de Septiembre de 1960. No en balde era mi padre y, en gran cantidad de ocasiones, disfruté del privilegio de acompañarle a muchas de sus entrevistas, aunque, esta vez, me la perdí. En dos de esas imágenes, se puede observar, como fondo, el roque de San Andrés, sin las numerosas viviendas que hoy trepan por él. La foto en color muestra al matrimonio en la actualidad y, como todos los mortales, el tiempo también ha pasado por ellos y ha dejado las huellas de las canas, las arrugas y el sobrepeso. Sus muchos títulos nobiliarios, su gran patrimonio y sus posesiones no les han librado de nada.

FUENTE: Loquepasaentenerife.com

Llegué a ver la propiedad aún en pie, allá por los años 70. Recuerdo que, con la marea alta, el agua se filtraba bajo lo que hoy son los aparcamientos de la playa y formaba delante del palacete un profundo charco sobre el que se alzaba un puente de madera que permitía acceder a la vivienda.


6/10/13

EL ETERNO PLEITO DE LAS TERESITAS

Los dueños de Las Teresitas cedieron el frente de playa al Ayuntamiento en 1967


Documentos hallados por Urbanismo demuestran que la Junta de Compensación aportó las parcelas para que se hiciera la obra del dique y se acondicionara la costa

Las Teresitas en los años 30

El caso Las Teresitas ha dado un nuevo giro. El Ayuntamiento santacrucero anunció que ha enviado a la Fiscalía y al Juzgado de Instrucción número 6 de Santa Cruz de Tenerife una documentación que podría cambiar el curso del proceso abierto en la vía civil e incluso afectar a la instrucción penal. Según ha podido saber la opinión de tenerife, estas nuevas pruebas documentales vendrían a demostrar que los terrenos del frente de playa que compró el Consistorio en 2001 por 53 millones de euros a Inversiones Las Teresitas (ILT) con el pretexto de evitar la urbanización de la playa eran de propiedad municipal desde 1967.

Las fuentes consultadas por este periódico precisaron que dichas parcelas pasaron a ser de titularidad pública antes de que se llevaran a cabo las obras para construir la playa artificial de Las Teresitas. Fue la Junta de Compensación, un órgano que aglutinaba a muchos de los propietarios de las parcelas en esta zona del municipio, quien le cedió al Ayuntamiento los terrenos como contrapartida por mejorar el frente; es decir, los miembros de la Junta tendrían que haber ingresado en las arcas municipales 50 millones de pesetas (301.000 euros) pero, al no disponer de fondos, cedieron los terrenos a Santa Cruz hasta que lograran el dinero.

Pese a que este era el acuerdo al que llegaron ambas partes cuando Pedro Doblado era alcalde de Santa Cruz y la Presidencia de la Junta la ostentaba José Delgado, parece ser que la Junta nunca llegó a abonar la totalidad de los 301.000 euros que tenían que haber pagado los propietarios por la obra para construir la playa artificial y los diques que la protegían, por lo que los terrenos quedaron en manos del Consistorio capitalino.


José Delgado, primer presidente de la Junta de Compensación, explicaba todo este acuerdo en una de las últimas entrevistas que concedió antes de fallecer y apuntaba a la posibilidad de que el Ayuntamiento se hubiera comprado los terrenos a sí mismo.

Este no es el único documento que el actual equipo de Gobierno –formado por Coalición Canaria y el PSOE– ha enviado a la Fiscalía y al Juzgado de Instrucción número 6 de Santa Cruz de Tenerife, pues entre las pruebas remitidas también figura una ficha de Patrimonio –con fecha de 1998– en la que el frente de la playa está registrado a nombre del Ayuntamiento de Santa Cruz.


Entre los documentos remitidos a la Fiscalía y al Juzgado se encuentran también unas notas manuscritas de funcionarios de alto rango de la Corporación municipal que probarían, según el Ayuntamiento, que se llevó a cabo una confabulación que tenía por objeto que la titularidad de los terrenos volviera a pasar la Junta de Compensación, punto de partida imprescindible para el resto del proceso que actualmente se investiga.




Ahora, el hecho de que el actual equipo de Gobierno haya encontrado esos documentos en los que figuraría dicha cesión y notas manuscritas podría cambiar las tornas. El Consistorio reclama a Inversiones Las Teresitas –empresa montada por Antonio Plasencia e Ignacio González– que le devuelva no sólo los 53 millones de euros que en su momento le pagó por esos terrenos, sino también otros 21 millones de euros en concepto de intereses. La aparición de esta documentación vendría a reforzar los argumentos esgrimidos por el Ayuntamiento para que le sea reembolsado el dinero que, en su momento, pagó a ILT por los terrenos de Las Teresitas. 

Los servicios jurídicos de Santa Cruz presentaron esta demanda contra ILT como respuesta a una denuncia interpuesta previamente por la sociedad mediante la que los empresarios le exigían al Consistorio una indemnización de 116 millones de euros por no haber podido construir en el frente de la playa desde que adquirió las parcelas. Además, los empresarios consideran que el Ayuntamiento les debe devolver los terrenos.

En un principio, estaba previsto que tanto Ayuntamiento como los empresarios se vieran las caras en la vista previa que se iba a celebrar durante la mañana de ayer con motivo de la reclamación de los 74 millones de euros que le exige el Consistorio a Inversiones Las Teresitas. Sin embargo, la presentación de esta documentación supuso que el Juzgado de Instrucción número 6 no sólo decidiera suspender dicha vista, sino que también abriera un plazo de varios días para que la otra parte personada en este caso pueda presentar alegaciones.




Aún se desconoce si la Fiscalía decidirá elevar esta nueva documentación al Supremo, tribunal en el que se investigan todas las implicaciones penales que podría tener el caso Las Teresitas que afectan a Miguel Zerolo, por su condición de aforado al ser senador por comunidad canaria, y al juzgado de instrucción número de Santa Cruz de Tenerife, que lleva la parte penal del caso que afecta a los no aforados, 13 empresarios, funcionarios y exconcejales del Ayuntamiento santacrucero. La causa investiga la posible comisión de delitos de corrupción urbanística debido a los indicios de que el Ayuntamiento pagó a González y Plasencia –los empresarios están entre los imputados– por unos terrenos que ya eran de su propiedad, los que cedió la Junta de Compensación y un 30% del frente de playa que estaba dentro del dominio marítimo-terrestre y, por lo tanto, era público.

Varios años antes de que se constituyera la Junta de Compensación en 1964 –se creó cuando los propietarios de las parcelas se enteraron de que el Ayuntamiento tenía previsto redactar un plan parcial para la playa– ya existía un proyecto de 1956 para urbanizar Las Teresitas. En dicho plan, que nunca llegó a prosperar, se hablaba de la posibilidad de que se construyera un hotel encima de la batería militar de San Andrés.

Ocho años después de que se redactara este proyecto, los ingenieros Pompeyo Alonso y Miguel Pintor planteaban al Ayuntamiento crear la playa artificial de Las Teresitas, un proyecto muy costoso para el que se requeriría invertir mucho dinero por lo que llegan a la conclusión de que se deberán urbanizar los terrenos de la zona para conseguir los fondos. Fue por este motivo por el que los propietarios de las parcelas constituyeron la Junta de Compensación.



Pese a que la Junta de Compensación logró que se incluyeran las propuestas de Pier de Bonní, a quien le encargaron que elaborara una nueva solución, al proyecto de Alonso y Pintor, a principios de los años 70 ya se empezaba a construir la escollera y se traían desde el Sahara cuatro millones de sacos de arena rubia para embellecer la costa. A partir de entonces, comienza la carrera de algunos por enriquecerse a costa de la playa.


FUENTE: La Opinión de Tenerife
Haridian del Pino
03.10.2013

 


No he podido reprimirme a adjuntarles las fotografías de los muchachos en cuestión:




 Antonio Plasencia

 Ignacio González

Miguel Zerolo