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9/5/21

¡CÓMO DUELE COLOMBIA!

Un manifestante sostiene un aviso durante una protesta reciente en Cali (Colombia).- ERNESTO GUZMÁN / EFE

De forma recurrente se habla de más de 50 años de conflicto armado en Colombia, el que se supone debió de haber terminado en 2016 tras la firma de la paz con la guerrilla de las FARC. Gabriel García Márquez ya nos contó que eran 'Cien años de soledad' (o de muerte, violencia y represión). Estudiosos contemporáneos se van 200 años atrás, cuando se produjo la gesta bolivariana que desembocó en la independencia y en la etapa republicana, seguida de guerras civiles y disputas.

Pero los historiadores y, sobre todo, los pueblos originarios datan el inicio de la gran violencia hace más de 500 años, con la colonización española y la instauración de la encomienda, ese modelo feudal de otorgar tierras y personas a los lugartenientes, convirtiéndolos en 'dueños de todo y de todos', transformándolos en apisonadoras de cualquier derecho humano.

"Colombia es un reguero de muerte desde hace tanto tiempo que no se conoce generación que haya vivido en paz". Un país que tiene capacidad para producir alimentos para todos sus habitantes y con sobrante para las naciones vecinas; con oro, plata y recursos naturales, incluidos los energéticos, suficientes para haberse convertido "en una de las naciones más ricas del mundo, pero hoy en día es una de las más desiguales". Era la tierra prometida, 'el país de la canela', en la que el conquistador extremeño Gonzalo Pizarro, en vez de las codiciadas especias, se topó con otros tesoros, como relata William Ospina en su literatura.

"Un territorio rico en biodiversidad, lenguas, ritos ancestrales, lleno de campesinos humildes y trabajadores, pero por contra, los colombianos sólo han padecido 'el azote del tirano'". Paradójicamente fue el único país de Sudamérica que no sufrió una dictadura de la llamada Doctrina de la Seguridad Nacional. No hizo falta que Estados Unidos diera un golpe de Estado en los años 70 u 80, como ocurrió en otros Estados latinoamericanos, porque las oligarquías bogotanas eran tan dóciles que la Casa Blanca les podían gobernar desde Washington.

Colombia también es el único país de Sudamérica que no ha tenido reforma agraria, como consecuencia de una maniobra perfectamente orquestada por el poder económico. Era mejor provocar, y más si se cuenta con unas fuerzas militares expertas en amedrentar al pueblo. Y así nacieron las guerrillas, primero las liberales, durante la guerra civil que siguió en 1948 al magnicidio del caudillo del nuevo liberalismo, Jorge Eliécer Gaitán; y luego las socialistas y comunistas que bebieron de la revolución cubana: FARC, ELN, EPL, M-19 y algunas otras con distintas siglas.

La ausencia de esa necesaria reforma agraria, "que podría haber amputado las herencias de la encomienda", fue el origen del conflicto armado contemporáneo, basado en el despojo progresivo de la tierra, que llenó el país de masacres, éxodo y desplazamiento masivo de la mano del factor más desestabilizador: el 'paramilitarismo'.

El germen fueron unas organizaciones de civiles armados llamadas Convivir, nacidas en Antioquia en los años 90 del siglo pasado bajo el amparo del entonces gobernador de ese departamento, Álvaro Uribe. De ahí a las temibles Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) fue un paseo. La violencia se desató hasta límites insospechados y el 'revolutum' de actores armados estaba servido.

En Colombia aprendí el significado de la palabra 'resiliencia' cuando conocí a las madres que habían sido arrancadas de sus hijos víctimas de los 'falsos positivos', un eufemismo intolerable para denominar las ejecuciones extrajudiciales del Ejército. También cuando entrevisté a los secuestrados que, tras años de cautiverio, encontraban la libertad; o cuando escuché, con un nudo en la garganta, a mujeres violadas y usadas como armas de guerra; a jóvenes reclutados de manera forzosa para combatir contra su propio pueblo; o a campesinos que ven cómo arrasan sus cultivos de yuca y  se ven obligados a sembrar coca a cambio de unos pesos. Sí, "los cocaleros siempre han sido 'el eslabón más débil de la cadena del narcotráfico' porque las bombas caían sobre ellos, nunca sobre el patrón".

En Colombia resuenan dos nombres que provocan ‘amor y odio’ y permiten entender el horror: Pablo Escobar y Álvaro Uribe, ambos de Medellín. "El jefe del cartel de la droga más famoso del mundo (su historia ha dado de comer hasta a guionistas de Hollywood) tomó el control del país durante los años 80 y se apoderó, con el dinero del narco, de las instituciones del Estado; llegando incluso a ser congresista suplente".

Y Uribe ocupó oficialmente el poder entre 2002 y 2010, aunque para muchos lo retiene todavía. Durante su gobierno puso en marcha la llamada Política de Defensa y Seguridad Democrática, una excusa para la guerra total contra las guerrillas y opositores incómodos, una auténtica coartada para ejercer terrorismo de Estado. Pero ambos se ganaron el apoyo del pueblo porque parecerse a ellos es considerarse ‘un hombre hecho a sí mismo’, parecerse a Escobar o a Uribe significa ser fuerte. Resulta triste decirlo pero 'la cultura del narco’ impregna una amplia parte de la sociedad colombiana.

Pablo Escobar - Álvaro Uribe

Pero también Colombia tiene una capacidad de lucha inaudita. En su historia democrática abundan los magnicidios y asesinatos de candidatos en campañas electorales, aún así los movimientos sociales y comunitarios son increíblemente valientes, sus mujeres lideresas también. Las llamadas 'fuerzas oscuras' (otro eufemismo para denominar a quienes perpetran terrorismo de Estado y a sus aliados) saben muy bien "quiénes no deben llegar a la meta, y por eso les hacen desaparecer antes de obtener cualquier victoria que pueda entorpecer el plan previsto".

"Su historia democrática está llena de persecución a periodistas críticos; por eso, la mayoría de los grandes medios le siguen el juego al poder". Y aquí mi reconocimiento a los comunicadores de las regiones y las periferias, de lugares donde la guerra y la violencia están más presentes, lejos de la capital; les considero 'la gente más valerosa que he conocido' porque a muchos les llega la muerte ejerciendo el oficio. La historia democrática de Colombia está también llena de lucha comunitaria, de organizaciones sociales y culturales, de vecinos que se avisan entre sí para sortear la mala suerte de caer en manos de un victimario.

"Y esta última es la Colombia que hace una semana salió a la calle a protestar contra una reforma tributaria presentada por el presidente, Iván Duque", el delfín de Álvaro Uribe, el mismo que no respeta las condiciones del proceso de paz con las FARC. Los acontecimientos de estos días en Colombia resumen décadas de expolio, de gobiernos indignos, de violencia. El hartazgo de un Estado que alimenta una industria militar multimillonaria que nadie quiere perder, todo ello "en detrimento de la salud, la educación y la prosperidad". Sólo durante los años en los que se ejecutó el Plan Colombia (2001-2016), Estados Unidos destinó más de 9.000 millones de dólares a esta guerra.

No me voy a extender en lo ocurrido la última semana. Solo un apunte: "las masacres de campesinos, los descuartizamientos a machetazos, los bombardeos en regiones pobres y olvidadas, aunque se llevaran por delante niños y niñas, han virado esta semana hacia armas de precisión disparadas por policías en las calles de las ciudades". Colombia es hoy una suerte de estado de sitio. El hecho de estar en la calle, seas quien seas, significa ser un objetivo. Las fuerzas de seguridad del Estado entran por la fuerza a las viviendas, practican detenciones de forma indiscriminada. No hay cifras exactas de cuántos muertos, heridos, detenidos o desaparecidos está dejando esta barbarie. 

"Pero los colombianos resisten en las calles", aún después de que Álvaro Uribe "pidiera a gritos por Twitter" a su hijo político predilecto, el presidente Iván Duque, "que sacase de nuevo al Ejército para combatir al pueblo". Y así se hizo… 

FUENTE: publico.es
Dominio público
Esther Rebollo
07/05/2021 
 
Los  dirigentes nunca han terminado de entender que el pueblo tiene un tope de aguante y de resignación, y que, superado éste, ya no hay marcha atrás. Así han empezado todas las revueltas y revoluciones desde que el mundo es mundo. Se le aprieta tanto que ya no lo puede soportar, y entonces salta como si de un solo organismo se tratara, echándose a la calle para hacer valer su fuerza y su poder. Y si no lo consigue esta vez, será la próxima. La clave está en el número, en la unidad popular frente a los tiranos y sus fuerzas represoras. Resultará imparable cuando menos lo esperen.

24/6/19

ENTREVISTA A FERNANDO PALOMO

"Los políticos no hablan de cultura por su falta de ella"

El cineasta madrileño retrata la realidad más pobre de Cádiz; en 'Antes de la quema', que también es un thriller, una película de atracos y un divertido homenaje a las chirigotas y al carnaval. Premio del Público y Mejor Actriz Secundaria (Maggie Civantos) en Málaga.


Referente de la comedia moderna, inconformista, inteligente, muy divertido, un hombre honesto… arquitecto, pintor y ahora también ex político, 73 años, más de cuarenta rodando películas… Fernando Colomo cogió carrerilla en los años setenta, arropó con su cine el legendario espíritu de la movida madrileña, y siguió y siguió… y ahora, en el siglo XXI, inseparable del humor, ha hecho realidad un sueño, rodar una película de atracos.

“Desde que vi 'Atraco perfecto' de Kubrick he querido rodar una de atracos”, dice el cineasta que es incapaz de esquivarse a sí mismo y de resistirse a sus naturales bonhomía y sentido del humor. 

Características que, todo el mundo sabe, no terminan de llevarse del todo bien con el género negro. A Colomo hasta los personajes más malvados le salen con mucha humanidad. Por eso, "su película de atracos, 'Antes de la quema' no es exactamente eso, ni tampoco un thriller al uso y, aunque en ella está el drama de la población pobre de España", lo que más brilla es, sin duda, la comedia inquieta, el sello inconfundible del cineasta. 

Premio del Público y Premio a la Mejor Actriz Secundaria (Maggie Civantos) en el Festival de Málaga, "la nueva película de Fernando Colomo es la historia de Quique (estupendo Salva Reina), un gaditano simpático y gracioso, que 'como media ciudad' está loco por el carnaval y está en el paro" .

Su hermana está a punto de salir de la cárcel, donde la han llevado unos trapicheos con la droga, y él ha encontrado trabajo justamente en la incineradora de droga más grande de Europa.

El Tuti, un narcotraficante local, le insiste demasiado, la presiona para que le ayude a robar la droga incautada antes de que la quemen. Su futuro “pinta ¡pero que mu' negro!”.

Fernando Colomo durante el rodaje de la película.
 
¿‘Antes de la quema’ es una película de atracos, un thriller, una comedia?
 
Lo que yo quería, por una parte, era potenciar el thriller, pero "me interesaba mucho mostrar a esa familia. A este hombre sin un duro, con la hermana en el talego y una madre con Alzheimer, pero que no se rinde y tira adelante con todo". No solo es una película de género, desde luego, no de una forma ortodoxa. O, por lo menos, no tiene nada que ver con el género como la mecánica de ventas que es en Hollywood.

Parece que la película está basada en una historia real…

Sí. La historia está inspirada en un hecho real. Un chirigotero, amigo de Javi Jaúregui, el guionista, apareció de pronto, le dijo que era un fan suyo y le seguía a todas partes, iba a todas sus actuaciones… el pobre hombre estaba agobiado. El narcotraficante desapareció durante una época y parece que ahora ha reaparecido. En la película hay una mezcla, hay ficción, hay un atraco, pero hay muchos elementos reales.
 
¿Reales, como el paro y la gente que subsiste gracias a la droga?
 
"En Cádiz la tasa de paro es del 30%, la más alta de toda España". Si lees los periódicos de allí, todos los días te encuentras con historias disparatada. Y, sí, en esa situación hay una parte importante de la población que vive del narcotráfico y de sus variantes. Estando en Cádiz y conociendo la realidad, puedo decir que en la película hay mucha verdad.

 Salva Reina y Maggie Civantos, en una escena de la película.
Salva Reina y Maggie Civantos, en una escena de la película.

¿Qué le parece a usted que se quemen los alijos de la droga que incauta la policía?

Y ¿qué van a hacer? Aunque, ahora que lo dices, sí hay una obsesión por quemar la droga, cuando en otros países ya están legalizados la marihuana y el hachís. Quizás fuera mejor que se reutilizaran con fines medicinales, por ejemplo.
 
Volviendo a la verdad de la película, de la España de hoy…
 
Sí, la película es un retrato de la realidad social, de las dificultades de las familias, del paro, de la búsqueda de ‘paguitas’. Y ahí está también esa picaresca, cómo la gente consigue sobrevivir a pesar de la dura realidad.
 
¿Son circunstancias como esas las que le animaron a presentarse a las elecciones?

Sí, pero sobre todo lo hice por dar visibilidad a la plataforma Recortes Cero-Grupo Verde, con los que colaboré en distintos manifiestos.

Director y actores de la narco-chirigota "Antes de la quema"

Fue uno de los pocos que habló de Cultura en las generales, ¿qué le parece eso?

"La cultura es la gran ignorada de la política". En el fondo del todo eso es por la falta de cultura, porque ésta es la que hace que la gente pueda votar a los que de verdad lo merecen. Los políticos no hablan de cultura por su falta de ella.
 
¿Está satisfecho con el resultado de las elecciones?
 
Por un lado, estoy contento con el resultado de las elecciones generales, con el de las municipales y las autonómicas, menos, como muchos otros, sobre todo los que vivimos en Madrid… Ahora resulta que es la ultraderecha la que va a dictar nuestra realidad. En las generales la gente estaba más acojonada y ha habido más participación de la izquierda.
 
¿Siempre nos quedan las chirigotas para denunciarlo?

Claro. En el carnaval las chirigotas hacen una crítica a todo el año anterior. Pero ellos todo lo ponen en solfa de humor. Los gaditanos de la película también son así, no cambiaban el tono nunca.

Rodaje con la chirigota de 'Antes de la quema'.
Rodaje con la chirigota de 'Antes de la quema'

En una reunión de las primeras del equipo, tenía a Manuel Manquiña, que es muy gallego, boquiabierto, rodeado de todos los gaditanos, que no paraban de hablar y contar chistes… Con esta película he descubierto de verdad el carnaval y todo el trabajo que lleva lo de las chirigotas. Es una forma de vida.

Ha sido una gozada trabajar con la chirigota de Vera Luque y con el Selu, que es un histórico del carnaval, con Costa y Javi Aguilera. Ellos me daban verdad y mucho humor.

Es real el retrato familiar, pero ¿hay mucha verdad en el personaje del Tuti, el narcotraficante?

Bueno… he intentado darle un lado más humano, convertirle en un loco al que le redime su pasión por el carnaval. La película es drama y comedia, con los hermanos hay más verdad.

Lo de la hermana del protagonista que sale de la cárcel es otra de las realidades de Cádiz. Por eso yo quería dar la mayor parte de verdad a través de esa familia y es lo que se ha potenciado. Porque la otra parte, la de la droga, yo no la conozco de primera mano.

¿Y la de la policía?

Vicente Romero

No está muy clara allí la función de la policía, pero es que la vida en zonas como La Línea es increíble, hay una especie de connivencia. Pero el policía de nuestra película es un tipo tirando a corto, no queríamos una especie de Chuck Norris. Es un personaje bastante más grotesco y ahí el trabajo lo ha hecho Vicente Romero.
 
¿Cómo se rueda una película de atracos sin los medios de Hollywood?
 
Bueno, las películas de atracos se hacen con presupuestos muy altos, es verdad. Yo tenía que medir mucho las fuerzas porque no me podía pasar, si no, hubiera tenido que cortar de otro lado. Hemos tenido que ensayar mucho y luego a rodar, sin tonterías.

Afortunadamente, he tenido un equipo muy rápido y Juan Hernández, el director de fotografía, planeaba muy bien cada secuencia. Ha sido un ejercicio duro, yo he tenido que estar al 120% y sabía que así tenía que ser todos los días.

Por otro lado, ahora hay ‘overshooting’, se rueda demasiado, hay muchísimos planos cortos… Nosotros teníamos poco tiempo y eso también le da un estilo a la película, más clásico que moderno, eso beneficia a la película.


FUENTE: publico.es
Begoña Piña
Madrid - 07/06/2019

¡¡¡MÁS CULTURA, COÑO!!!

Eso es lo que necesita este puñetero "pís", pero la clase dirigente sabe bien que cuanto más culto sea el pueblo, más difícil será de manipular, así que nos tupen a "soma".

Soma.- Esta palabra aparece en la novela "Un mundo feliz" (1931) de Aldous Huxley, e identifica una droga facilitada por el gobierno, que los ciudadanos consumen para mitigar sus penas.