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25/8/19

MERCURIO

Sí, tenemos mercurio en nuestro cuerpo


Los españoles tenemos mayor proporción de mercurio en nuestro cuerpo que nuestros vecinos europeos, debido principalmente al consumo más elevado de pescado, como lo ha confirmado un reciente macroestudio a nivel europeo sobre la presencia de tóxicos en nuestro organismo.

¿Debemos preocuparnos? ¿Cómo llega este metal pesado a nuestra cadena alimentaria? Hasta hace una década, la milenaria mina de Almadén era una de las mayores explotaciones mundiales de este metal y la investigación científica y técnica ha contribuido a conocer los efectos tóxicos del mercurio en el medio ambiente y en la salud humana. Tras el abandono de su uso comercial quedan las graves consecuencias de su utilización durante miles de años.

El mercurio fue muy útil para el ser humano, con usos muy variados. Termómetros, barómetros, desinfección de heridas -la conocida mercromina-, incluso los primeros tratamientos de la sífilis. Pero el uso industrial disparó su presencia en la atmósfera, dada la facilidad del mercurio de pasar de su estado líquido a gaseoso.

Interior de las minas de mercurio de Almadén, hoy visitables. Foto: Rafael Tello (Wikimedia)
Interior de las minas de mercurio de Almadén, hoy visitables. Foto: Rafael Tello (Wikimedia)

Los mineros de las minas de Almadén sufrían hidrargirismo, envenenamiento por mercurio, que les dañaba riñones, pulmones y cerebro por su prolongada exposición a los vapores tóxicos.

Hasta los protésicos dentales, cuando las amalgamas que se usaban para empastes eran aleaciones de oro y mercurio, y los fabricantes de sombreros del siglo XIX, que utilizaban mercurio en el tratamiento de las pieles, tenían riesgo de enfermar.

El personaje del Sombrerero loco en Alicia en el País de las Maravillas padecía los mismos síntomas que los mineros de Almadén.


Pero el verdadero problema de salud no está en los colectivos profesionales, sujetos en la actualidad a estrictas medidas de protección laboral.

El problema es que parte del mercurio que llega al medio ambiente puede transformarse en su compuesto más tóxico, el metilmercurio. Este complejo del elemento es soluble, y de nuevo, si no fuera por una cuestión adicional, representaría un riesgo muy limitado, puesto que nunca alcanza, de forma natural, concentraciones suficientemente altas como para representar un riesgo real. Salvo en un caso: su entrada en nuestra cadena alimentaria a través de los peces.

En los peces, el tóxico queda retenido en su organismo acumulándose con el paso del tiempo. El pez grande que come peces pequeños con contenidos relativamente bajos se va contaminando con cantidades cada vez más altas del elemento, con lo cual al final los peces más voraces, como el atún, con mayor ingesta de pescados menores, llegan a alcanzar concentraciones muy altas de este tóxico, susceptibles de afectar a la salud de los consumidores de pescado.

 

El ejemplo más extremo y trágico ocurrió en Japón en la década de los 50. Una industria vertió metilmercurio directamente a la bahía de Minamata, contaminando el pescado que servía casi de única fuente de alimentos a la población, que sufrió gravísimos efectos sobre su salud. No ha vuelto a haber un vertido directo, pero el metilmercurio sigue presente en grandes depredadores que además son especies migratorias, presentes en todo el mundo.

El consumo de pescado, como norma general, debe ser restringido. Nuestro país está entre los mayores consumidores de pescado a nivel mundial. Pero debe quedar claro que una cosa es restringirlo y otra evitarlo: el pescado nos aporta nutrientes esenciales, entre ellos ácidos Omega 3, muy beneficiosos para la salud, en particular de los niños.

La Asociación Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (AECOSAN) plantea recomendaciones de consumo en relación a la presencia de mercurio en el pescado potencialmente más contaminado, como el atún y el pez espada.


Recomienda a mujeres en edad fértil, y en particular a las embarazadas, mujeres en periodo de lactancia y a niños de corta edad, de menos de 30 meses, consumir una amplia variedad de pescados, por sus grandes beneficios nutritivos, pero evitando consumir las especies más susceptibles de estar contaminadas con mercurio.

El principal efecto negativo se daría en las mujeres embarazadas, dado que el mercurio es capaz de pasar la barrera placentaria, afectando a la salud del feto. 

Puede producir retrasos cognoscitivos que no son recuperables, en concreto pérdida del coeficiente intelectual potencial del bebé, afectando a sus funciones cognitivas, la atención, el habla, la memoria y las actividades relacionadas con la visión espacial y funciones motoras finas.



Es algo muy difícil de medir y cuantificar -hasta qué punto estos efectos pueden estar en relación con la exposición al mercurio de la madre- pero es, sin duda, un riesgo real.

El miedo a sus efectos está plenamente justificado.

La presencia de mercurio por las actividades humanas durante miles de años no puede evitarse. Pero conviene acentuar las medidas de control y prevención. Y saber dónde se esconde.


FUENTE: publico.es
Otras miradas
Pablo L. Higueras Higueras, director del Instituto de Geología Aplicada de la UCLM  (Universidad de Castilla-La Mancha)
03/08/2019

Este artículo ha sido publicado originalmente en The Conversation

17/2/18

LA GRAN TUMBA CHINA

Ríos y mares de mercurio en la tumba del primer emperador de China, sellada desde hace 2.200 años

Ejército de guerreros de terracota / foto Maros en Wikimedia Commons

Los famosos guerreros de terracota son tan solo una parte del gigantesco mausoleo de Qin Shi Huang, el primer emperador de la China unificada, que reinó entre el 221 y el 210 a.C. En realidad el complejo, situado a 30 kilómetros al este de Xian al noroeste del país, alberga más de 400 tumbas cubriendo la impresionante superficie de 60 kilómetros cuadrados. En él trabajaron más de medio millón de obreros durante 38 años, siguiendo un plan minucioso que pretendía reproducir a escala toda la China conocida.

La cámara principal, donde está la tumba del emperador, jamás ha sido abierta. El gobierno chino, según recomendaciones de los arqueólogos que trabajan en el lugar, no permite que sea abierta y examinada hasta estar en posesión de la tecnología que permita con total seguridad evitar que lo que sea que haya dentro se estropee. Pueden pasar años, décadas o siglos hasta que eso ocurra. 

Vista exterior del Mausoleo / foto wit en Wikimedia Commons

Pero entonces, ¿como sabemos lo que hay en el interior de la tumba? La respuesta se llama Sima Qian. El considerado padre de la historiografía china vivió entre el 145 y el 86 a.C. y escribió una historia general del reino que abarca más de 2.000 años en retrospectiva desde su propio tiempo.

Conocida como Shiji (Registros históricos), había sido comenzada por su padre Sima Tan, y Qian la completó en el año 91 a.C., unos cinco antes de su muerte. En ella se cuenta la historia de la construcción del gran mausoleo, el enterramiento de los guerreros de terracota y se dan datos concisos, como por ejemplo el número de 700.000 trabajadores participantes en la colosal obra.










El historiador Sima Qian / foto Dominio público en Wikimedia Commons

Cuando sus escritos fueron examinados por los historiadores occidentales se tomaron con mucho escepticismo, como exageraciones e incluso leyendas míticas sin base histórica. Esto en parte estaba justificado porque Qian suele presentar a figuras legendarias e incluso mitólogicas de la historia de China como hechos históricos, asignándoles cronologías precisas.

No obstante los descubrimientos arqueológicos de las últimas décadas han confirmado muchas de las afirmaciones de los Shiji, como los guerreros de terracota y la situación de las tumbas de otros gobernantes. De modo que las afirmaciones de Qian se toman hoy con mucha precaución, y de ahí las reticencias a abrir la tumba de Qin Shi Huang.


Porque nadie sabe exactamente lo que hay en el interior, pero Sima Qian afirma que en el gran palacio subterráneo, de un tamaño mayor al de un campo de fútbol, hay una reproducción a escala de la China conocida en aquel momento. Incluyendo más de cien ríos, lagos y mares.

Una especie de microcosmos donde en lugar de agua se habrían utilizado grandes cantidades de mercurio para simular el fluir de los ríos.








Distribución del mausoleo / foto ImpressiveMagazine

¿Es posible que Sima Qian tenga razón también en esto? En la década de los 80 investigadores del Instituto de Exploración Geofísica y Geoquímica de China hallaron que la tierra que rodea la tumba contiene concentraciones de mercurio considerablemente más altas que las del resto de la región.

Mientras que en lugares alejados de la zona los suelos contenían un promedio de 30ppb (partes por billón) de mercurio, el promedio sobre la cámara dera de 250ppb, y en algunos sitios llegaba a 1500ppb. Algunos de los arqueólogos que trabajan en el lugar creen que es una posibilidad muy factible.


Máxime cuando las últimas pruebas realizadas para medir la resistividad del suelo arrojaron una característica del terreno intrigante. Una anomalía de fase que se produce cuando una corriente eléctrica es reflejada por una superficie conductora, como el metal. 

Además, el análisis de la distribución de los niveles de mercurio reveló que era más alta en el noreste, y después en el sur, mientras que la esquina noroeste tenía niveles muy bajos. Superponiendo esta distribución sobre un mapa de China coincide curiosamente con la ubicación de los dos grandes ríos de China, el Amur y el Yangtsé, vistos desde la antigua capital Qin, a unos 30 kilómetros del monumento.


Según Yinglan Zhang, que dirigió las excavaciones entre 1998 y 2007, debería haber muchos otros artefactos culturales y reliquias enterrados en la cámara principal y en otras tumbas a su alrededor, posiblemente cosas que están más allá de nuestra imaginación. Pero también opina que es posible que la distribución del mercurio no sea un indicador fiable.

La cámara puede haberse derrumbado hace miles de años, igual que ocurrió con las fosas que contienen el ejército de terracota. El mercurio puede haberse volatilizado y drenado a través del suelo durante siglos.


Hay que tener en cuenta que los guerreros de terracota se hallaron fuera del muro de unos 2 kilómetros que rodea la cámara principal. En el interior del muro se hallaron edificaciones que contenían comida y otros objetos que el emperador podía necesitar en la otra vida. Igualmente es posible que el emperador no fuera enterrado solo. Sima Qian afirma que muchos oficiales fueron enterrados con él, aunque no está claro si estaban vivos o muertos en ese momento. Muchos de estos edificios y objetos pudieron se dorados empleando oro y plata diluidos en mercurio como pigmento, una práctica habitual en la época.

Si fuera el caso de que el mercurio detectado hubiera sido empleado con estos fines decorativos, los especialistas dudan de que haya una gran cantidad. Basándose en estimaciones sobre la producción de mercurio en la era Song, creen que a lo sumo estaríamos hablando de unas 100 toneladas, cerca de 7 metros cúbicos. Es posible que nunca sepamos los secretos que guarda la tumba del emperador Qin Shi Huang.

 Quin Shi Huang


Recientemente he leído un dato asombroso: "de entre los más de 8.000  guerreros de terracota hallados hasta ahora, ningún rostro se repite".

Otra curiosidad es el descubrimiento también, en un túnel del Templo de la Serpiente Emplumada (Quetzalcóatl) en Teotihuacán-México, de gran cantidad de mercurio; lo que lleva a los arqueólogos a plantearse seriamente el hecho de que las antiguas civilizaciones, por algún extraño motivo, relacionaban tal metal líquido con la vida eterna, a pesar de ser un poderoso tóxico y contaminante que suele afectar a los sistemas nervioso e inmunitario, al aparato digestivo, piel, pulmones, riñones y ojos.

7/2/18

UN SISTEMA BINARIO (POEMA)


 Los boliches de acero
Se me antojan planetas
Flotando sobre un mar
Helado de mercurio.

El sol es la mirada
De una niña que absorta
Apenas pestañea
Contemplando el misterio
De aquel sistema único
De esferas rutilantes:

Dos estrellas azules
De magnitud idéntica
Dan luz al universo
Mágico de sus sueños.

Miguel Ángel G. Yanes