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25/5/14

"PA' MEAR Y NO ECHAR GOTA"


La nueva biblioteca del Puerto de la Cruz, ubicada en el solar donde antaño se hallaba el edificio de los juzgados que, sin ser una maravilla arquitectónica, le daba catorce vueltas a éste (al menos exteriormente), se inaugurará el próximo 28 de mayo, después de cinco años de dimes y diretes entre los distintos equipos de gobierno del ayuntamiento portuense. Con un coste total superior a 1.550.000 euros, y tras tres años de retraso desde la finalización de la obra; demora producida, al parecer, por la dotación del mobiliario y otras actuaciones pendientes, por fin se va a proceder a su apertura. En buena hora sea. 
 
Edificio de los antiguos juzgados

Lo que no entiendo es porqué no se realizó una construcción acorde con el entorno, y se optó por ésta, que será todo lo original y moderna que quieran, pero nada tiene en común con el resto de edificios de la zona. La verdad es que desentona y rompe el encanto estético circundante. No digo que sea un adefesio, pero tampoco una maravilla como opinan otros, no sé si por propio convencimiento o para agradar al reputado arquitecto que la diseñó; aunque los verdaderos responsables del desaguisado fueron quienes aprobaron tal proyecto, sin tener en cuenta el impacto visual que provocaría.

¿Miento?, ¿desvarío?, ¿estoy dando palos sin ton ni son?, ¿o hablo por hablar? Juzguen ustedes mismos. Pasen por allí y compruébenlo o simplemente fíjense en la siguiente fotografía .

 
El propio alcalde de la ciudad, Marcos Brito, reconoce que esta obra "se planificó mal, de forma incompleta, pero no es momento de mirar atrás, sino al futuro".

Lo dicho: "Pa' mear y no echar gota"*

(*) Frase coloquial referida a algo que nos ha dejado muy sorprendidos o que resulta verdaderamente incomprensible.

Miguel Ángel G. Yanes 
 

26/3/14

LA INAUGURACIÓN

Al hilo de lo que escribí anteayer sobre la vía del Barranco de Santos, quiero relatarles una curiosa anécdota acaecida el 28 de junio de 2010, día de su inauguración.


Bajábamos, mi amigo y tocayo Miguel Ángel Guerrero y yo, por la Avenida de Canarias (antigua General Mola) en nuestra diaria caminata, en un intento de eliminar kilos, toxinas, colesterol... y todo ese cúmulo de residuos que los años dejan, cuando nos llegó el eco megafónico de algún acto oficial amplificado por la cercanía del barranco. Nos picó la curiosidad, y como esa mañana disponíamos de todo el tiempo del mundo, decidimos acercarnos por ver qué era lo que allí se cocía.

Al asomarnos a la vera del barranco, vimos a autoridades, políticos, medios de comunicación y un escaso grupo de ciudadanos, que se hallaban bajo uno de los puentes de la nueva vía construída sobre el  Barranco de Santos, preparando, al parecer, su inmediata inauguración.


Observamos que de lado a lado de la carretera, una cinta con los colores de la bandera canaria impedía el paso, pero sólo sobre el asfalto, dejando libres las aceras, así que, cuando nos aburrimos de escuchar discursos, bajamos desde nuestra privilegiada atalaya, y pasando a espaldas de la joven uniformada que cuidaba la bandeja de plata y las tijeras que habrían de cortar aquella cinta, y qué, absorta en una discusión telefónica, si siquiera reparó en nuestra presencia, allá que seguimos, vía abajo, con nuestro paseo matutino.

De pronto, al volver la vista atrás, contemplamos cómo una nutrida comitiva se había puesto en marcha siguiendo nuestros pasos, lo que nos cogió por sorpresa, ya que, pensábamos que el acto se limitaría al corte de la cinta para abrir la carretera al tráfico y nada más.

 

Confundidos, decidimos acelerar el ritmo, pero enseguida vimos que no nos iban a alcanzar; aquello era sólo un paseo testimonial, mientras que el nuestro nos llevaría hasta el final de la vía, a las puertas casi de la Iglesia de la Concepción.

Curiosamente, ni los policías locales ubicados en el trayecto, ni los operarios que remataban detalles de última hora, se atrevieron a detenernos ni a decirnos ni pío, suponiendo (pienso yo) que pudiéramos ser una avanzadilla de aquella comitiva.


Así que, en realidad, fuimos nosotros, los "inauguradores fortuitos" de la vía.

Miguel Ángel G. Yanes