Pero ocurrió que llegó la hora de escolarizarlo y, el primer día, después de recogerlo su madre en la parada del microbús ("guagüita") que lo traía del cole, al pasar por delante del negocio, el fulano, que había salido a la puerta nada más verlo, obedeciendo a su jodedor impulso, tornó a despeinarlo repitiendo el consabido:
- ¿Qué pasó, Jorgito?
- ¿Qué pasó, hijo puta? le respondió el niño.
Y... ¡plas!... impulsivamente, su madre, avergonzada, le arreó un sopapo.
Miguel Ángel G. Yanes

