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12/4/19

LA BRONQUISTA

No sé si venía montada en rubíes, alcoholes o alcaloides, pero era una mujer peligrosa, capaz de meterte en un embolado a las primeras de cambio. De ahí que, conociendo su trayectoria, nunca le dirigiera la palabra.

Era joven, alta, guapa... físicamente poderosa sin llegar al sobrepeso, pero con una mala leche inigualable. Le encantaba armar líos y follones sin venir a cuento; como aquel día en el que, sentada en la terracita del bar le dijo a H, que se hallaba en la barra departiendo con unos amigos:
 

- ¡Tío, te estoy tirando los tejos y no me haces ni puñetero caso. ¿Tú eres maricón o qué?!

- ¡Sí! hoy me toca. Vuelve mañana a ver si ya se me pasó.


Sintiéndose ninguneada, se levantó y se fue hacia él con la clara intención de arrearle un sopapo. Entonces T, el propietario del negocio, se interpuso entre ambos, conminándola a abandonar el local si no se comportaba. Fue cuando creí que el castañazo iba a llevárselo él, pero echando chispas por los ojos y farfullando palabrotas, se dio la vuelta, recogió el bolso y se fue sin pagar.

T intentó salir tras ella a reclamarle la cuenta, pero lo detuvimos convenciéndolo de que era mejor así. Tal vez, sabiendo que había dejado una deuda pendiente tardaría más en volver.


Miguel Ángel G. Yanes

9/11/17

EL "ROMPECABEZAS"

Sebastián Baute "El Chachán" (q.e.p.d.)

Como digno sucesor del "Chachán" (peculiar personaje recientemente desaparecido) otro individuo ya mayor, delgado, bajito, violento y malhablado, aunque no mal vestido ni desaseado, como suele ocurrir con otros personajes que pululan por la ciudad, ha tomado por territorio propio una zona de la comercial Calle del Castillo en la ciudad de Santa Cruz de Tenerife, insultando a grito pelado y sin venir a cuento, a los viandantes que transitan por ella.


Un bronquista que, justo ayer, farfullaba improperios e impertinencias contra una joven que llevaba convenientemente atado a un pequeño perrito. Faltándole al respeto con frases ofensivas que consiguieron que la pobre muchacha, arrastrando a su mascota, huyera de aquel entorno como alma que lleva el diablo.


Y cuando alguien osó mirarlo fijamente (digamos este ciudadano) sin haber llegado a decirle ni media palabra para recriminarle su actitud, hecho un verdadero basilisco, dando patadas en el suelo y haciendo todo tipo de aspavientos con los brazos, se desgañitó gritando como un poseso:

- ¡¡¡TE VOY A ROMPER LA CABEZA!!!... ¡¡¡TE VOY A ROMPER LA CABEZA!!! 


Aparté la mirada para no darle cancha (es públicamente conocida mi fragilidad craneal*) y seguí calle abajo, llevando tras de mí su histérico y agudo sonsonete. Fue entonces cuando me hice la siguiente pregunta:

"¿Si la chiquita hubiera llevado esta mascota...


..."el fulanito" se habría metido con ella?"

(*) Por eso mis amigos no me dan demasiadas patadas en la cabeza. 

Miguel Ángel G. Yanes