¿Sabían ustedes que existió un pan de poya?
Pues sí; se denominaba poya al
tributo que se pagaba en el horno público como precio por la cocción
del pan, habida cuenta de que, en la época medieval, la mayoría de las
familias carecían en sus casas de horno para cocerlo. Por ello, el
panadero recibía como recompensa por su trabajo una parte del producto,
de modo que pudiera obtener una ganancia revendiéndolo.
Así que no sólo existió un pan de poya, sino también un horno de poya, y un verbo poyar (pagar la poya).
Qué cosas ¡eh!
Miguel Ángel G. Yanes
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