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28/2/21

COSAS DE MILLONARIOS

Las cosas más raras, inútiles y extravagantes que los millonarios compran

"El dinero mueve al mundo"... dicen por ahí. Hay personas que lo poseen en grandes cantidades y pueden darse ciertos lujos que los simples mortales no podemos. Un ejemplo puede ser el estilo de vida que tienen las Kardashian, un estilo peculiar y extravagante.

Aunque parezca difícil de creer, estas 'socialités' no son las más excéntricas a la hora de darse sus gustitos. Mira, si no, las cosas más raras y hasta absurdas que los millonarios han comprado.

Un corte de cabello

Hassan al Bolkiah, Sultán de Brunei

¿Cuánto estarías dispuesto a pagar por que te corten 'sólo las puntas'? Pues el Sultán de Brunei, Hassan al Bolkiah paga más de 20 mil dólares por su corte de cabello, ya que manda traer a su estilista desde Londres.

Además de pagar todos los gastos del viaje de su estilista, como medida de prevención lo somete a estudios para asegurarse de que no haya contraído ningún tipo de enfermedad antes, durante y después de su visita. Ya saben, "mejor prevenir que lamentar".

Autos únicos

 

Continuando con el Sultán de Brunei, si de algo más puede presumir es de su extensa colección de autos, valorada en más de 300 millones de dólares

Entre sus preciados autos se encuentra un Rolls Royce de 14 millones de dólares.

Y hablando de autos caros, excéntricos y únicos, qué tal un Mercedes Benz con diamantes incrustados. Alwaleed Bin Talal, príncipe saudí, tiene en su colección un auto con 300 mil diamantes incrustados que más o menos cuesta 4,8 millones de dólares.

Pero el príncipe ve todo como una inversión. A pesar de ser este un pequeño lujito que se dio, obviamente no va a comprar las cervezas en este auto, así que lo alquila a quienes puedan pagarle 1.000 dolares por subirse en el ostentoso vehículo y dar una vuelta entre diamantes. Seguro que éste sería un 'outfit' perfecto para el lujoso paseo.

Siguiendo con los transportes extravagantes, te presentamos un auto-submarino, basado en el famoso automóvil de la película de James Bond, 'The Spy Who Loved Me', y que costó más de 1 millón de dolares.

Este auto es el medio de transporte del multimillonario Elon Musk, quien lo compró en 2013

 

Yates para dar un paseo

Los yates son quizá el lujo más común de los millonarios (y las celebridades). De acuerdo con los estándares de los más ricos, tener un yate te posiciona automáticamente como 'millonario de la alta sociedad'.

Pero no todos los yates son iguales y Roman Abramovich -dueño del equipo de fútbol del Chelsea- lo sabe. El millonario no se conformó con un yate, así que compró un 'megayate' cuyo valor oscila alrededor de los 450 millones de dolares. Es el más grande del mundo e incluye helipuerto y detector de misiles.

 

Por otra parte, ¿qué te parecería comprar el famoso barco Titanic? Es algo casi imposible, aún con todo el dinero del mundo. Pero Clive Palmer, un político y hombre de negocios australiano, mandó construir una replica exacta del barco que se hundió en 1912

Este adinerado individuo pagó 425 millones de dólares para que el 'Titanic 2' sea, centímetro a centímerto, igual al anterior. O bueno, quizá no todo, porque asegura que en esta nueva versión "habrá suficientes botes salvavidas para todos".

¿Qué tal una isla?

Lanai Island, Hawaii

Cuando se tiene todo el dinero del mundo, quizá una simple mansión o un auto ya no basta. Al estilo de Edward Cullen, algunos millonarios compran (¿por qué no?) islas completas que se convierten en su lugar de descanso. Un ejemplo de esto es el millonario Larry Ellison, quien compró una isla hawaiana llamada Lanai. Se la vendieron por 300.000 millones de dólares con todo incluido, ya que cuenta con dos hoteles de lujo y un poblado con 3.200 habitantes.

Y si una isla con población y todo no es suficiente, se puede seguir el ejemplo de Sheikh Hamad Bin Hamdan Al Nahyan, miembro de la realeza de Abu Dhabi, quien compró la isla Al Futaisi y mandó grabar su nombre en la arena. Cada letra mide aproximadamente 1 kilómetro de longitud y lo hizo con el afán de que su nombre se viera desde la Luna.

Arte que solo unos pocos pueden ver

 

Interchange - William De Kooning

Ken Griffin es un millonario conocido por su colección de arte, pero la joya de su corona son 'dos pinturas de arte abstracto'. No parece gran cosa, pero las compró a la vez, pagando 500 millones de dólares por ellas. A esta adquisición se le conoce como "la más grande compra de arte de la historia".

Por su parte, el adinerado Steven Cohen se compró un William De Kooning por 137 millones de dólares y un cuadro de Pablo Picasso por 150 millones de dólares. Algo normal, ¿no?  

Pero por si esto fuera poco, Cohen también adquirió una pieza de arte moderno estimada en más de 8 millones de dólares. Esta pieza es nada más y nada menos que un tiburón disecado de más de 14 pies (4,2 m.) de largo, dentro de un estanque. Por lo visto, las peceras normales están pasadas de moda entre los millonarios

Pero hay veces en que comprar sólo una pintura o escultura no convence y es mejor comprar -o construir- un museo completo, como fue el caso del millonario mexicano Carlos Slim.

El mexicano decidió invertir parte de su fortuna en el Museo Soumaya, el cual es un recinto sin fines de lucro y cuyo único interés es acercar la comunidad al arte y que las obras estén al alcance de todos.

El diario de Leonardo Da Vinci

Bill Gates, cofundador de la empresa de software Microsoft, se gastó 30 millones de dólares de su fortuna en el diario personal de Leonardo Da Vinci, el cual contiene apuntes sobre sus 'estudios del Sol, la Luna y la Tierra'.

¿Se imaginan una guerra de compras excéntricas entre Gates y Jobs? Si Gates compró los secretos de Da Vinci, tal vez Steve no hubiera descansado hasta tener los secretos de Galileo.

Muebles antiguos

 

El príncipe Hans Adam II compró un mueble que data del siglo XVIII, conocido como el Badminton Cabinet. Es considerado una obra de arte, tanto es así que antes de la subasta se dio una exhaustiva explicación de su importancia histórica.

Está adornado con piedras preciosas y su costo fue de 36 millones de dólares. Está valorado así por ser uno de los pocos objetos sobrevivientes de esa época.

Este periódico no es para cualquiera

Para quienes creen que ya nadie compra periódico impreso, Jeff Bezos -fundador de Amazon- prueba que se equivocan, pues pagó 250 millones de dólares por el Washington Post. El precio fue calificado de 'miseria'. La idea de que la familia Graham, que convirtió el periódico en uno de los pilares de referencia del periodismo mundial, vendiera el diario parecía “tan poco probable como la abdicación del rey Enrique V”.

Hace poco Bezos declaró: "ni siquiera lo pensé dos veces" cuando le dijeron el valor de dicho periódico. Se dio el lujo de no regatear el precio y pagó lo que le pidieron.

Un reloj súper lujo

La joyería, en especial los relojes, pueden llegar a ser extremadamente costosos. Sin embargo, este reloj sobrepasa el límite. Obviamente está hecho de oro, pesa una libra (casi medio kilo) y contiene  874 diamantes. Su precio es de 25 millones de dólares. El tiempo ¿al alcance de tu mano?

Y como si el oro no fuera suficiente, también es algo difícil de leer. Da la hora en distintos usos horarios, la fecha y hasta el calendario zodiacal.

El violín más caro y raro del mundo

En 2008, fue tocado por primera vez el 'instrumento más caro del mundo': un violín Guarnieri del siglo XVIII propiedad del ruso Maxim Viktorov, y cuyo valor asciende a 3.9 millones de dólares. Le cupo ese honor al músico israelí Pinchas Zukerman.

Este millonario ruso se enamoró de su sonido y no descansó hasta que fue suyo. Además, este instrumento está considerado como una de las 600 piezas más importantes del siglo XVIII.

Cirugías plásticas


Jocelyn Wildenstein 'Catwoman'

Este 'lujito' es de los más comunes, aquí el punto no es la cirugía, sino cuántas se pueden hacer y cuánto llegan a pagar sólo por retocarse un poco o verse más joven. Algunos millonarios están tan acostumbrados a esto, que llaman a esas cirugías "las de rutina".

Jocelyn Wildenstein tiene casi 70 años y durante muchas décadas se ha dedicado a gastar más de 4 millones de dolares en cirugías plásticas. Se ha realizado cirugías de la cabeza a los pies, y debido a su apariencia tras tantas cirugías, le han apodado 'la mujer gato'.

Una casa de más de mil millones

Mukesh Ambani, un magnate de la India, gastó un poco de su fortuna en una casa -o mejor dicho rascacielos- que cuenta con cine, billar, 6 niveles de estacionamiento, 9 elevadores y un equipo de una 600 personas a cargo del mantenimiento y la limpieza.

Esta 'casita' está ubicada en el mismo vecindario en que creció el magnate. Lo hizo para recordar su infancia y estar conectado con sus raíces.

Iphone de oro

¿Qué buscan los millonarios cuando quieren comprar un teléfono nuevo? ¿La mejor cámara? ¿La mejor cobertura? ¿Internet ilimitado? ¿O la máxima capacidad? La respuesta: Todo lo anterior, pero que esté bañado en oro, por favor.

iPhone Xs Billonaire Solid Gold Edition es una edición especial de la compañía de Steve Jobs. Está bañado en oro de 24 quilates y tiene un valor de 114 mil libras.

Mascotas exóticas

Mientras las celebridades como Paris Hilton andan de aquí para allá con sus tiernos perritos, otros millonarios salen a su jardín para jugar con sus ¿gatitos? Los príncipes millonarios se dan el lujo de tener felinos como mascotas, ya sean guepardos, tigres o leones e incluso osos.

Las carreras de camellos son un deporte nacional en Dubai, así que comprar camellos para las carreras, apostar y divertirse con los amigos son actividades comunes entre los millonarios.

Dispensadoras de oro

En tu oficina seguro que tienes algo parecido: una dispensadora de galletas, chocolatinas, refrescos, e incluso algunas más sofisticadas que permitenque que cargues tu celular.

Pues estos excéntricos millonarios tienen algo similar, sólo que no están diseñadas para quitar el antojo, sino para 'dar oro'.

Traje cohete

Para algunos millonarios, los autos ya no identifican el nivel social que a 'ellos' les gustaría. Todo les parece poca cosa. Hay un sector que ya no se conforma con los diamantes y autos submarinos.

Así que prefieren llegar con estilo a sus fiestas o reuniones, usando sus trajes cohetes. Sólo deben vestirse y desplazarse volando de un lugar a otro, así deslumbran y a la vez  evitan el tráfico.

El postre más caro del mundo

¿Has visto los helados y cafés que relucen con brillo? Pues rompiendo la ilusión, es sólo diamantina comestible. Se ve bonito, pero para los millonarios no es lo suficientemente caro como para ser ingerido.

'Ellos' prefieren algo con un poco más de oro. Por ejemplo, un 'helado de Tahiti bañado de vainilla ahumada de Madagascar y envuelto en una lámina de oro de 23 quilates'. Para comerlo, se utiliza una cuchara de oro y se acompaña con un tazón de caviar dulce que se toma con una cuchara de nácar. Suena bien, ¿no? Sólo hay que pagar 25.000 dólares por él.

El vestido de Marilyn Monroe


Marilyn dejó un importante legado en el cine, la cultura y la moda. Uno de los momentos más icónicos de la 'cultura pop' lo marcó usando un vestido blanco, que se volvió inolvidable y su sello personal. Pero, ¿cuánto darías por tener ese vestido entre tu guardarropa?

El inolvidable atuendo es conocido como 'el vestido del metro' y lo usó en la película titulada  The Seven Year Itch (1955). El 'outfit' se vendió por 5.6 millones de dólares, en una subasta de Beverly Hills de 2011.

Un vino de miles de euros

Alza la mano si te gusta disfrutar de una botella de bueno vino. Una copita, un buen libro, ¡suena a un plan perfecto! 

Los millonarios también lo creen, por eso no dudan en pagar 340.000 euros por una edición especial de AurumRed.

FUENTE: vix.com/es
Nohemí Silva

Todo esto me parece una auténtica inmoralidad, una tremenda falta de respeto hacia el resto de habitantes del planeta, una impiedad, principalmente hacia los pobres y desheredados de La Tierra. 

Lo triste es que la mayoría de ciudadanos-as querrían ser igual o más ricos que ellos, sin caer en la cuenta de que, para vivir así, no solo se esquilma gran parte de los recursos que Natura nos dejó en préstamo, sino que también cuesta una ingente cantidad de vidas. Solo para qu, con el ajeno sudor de la mayoría, unos pocos privilegiados vivan como dioses.

21/5/20

EL ARTE Y LOS NAZIS


“La hegemonía cultural nazi consistió en recopilar el patrimonio europeo”

El investigador Miguel Martorell ahonda en su libro ‘El expolio nazi’ sobre la principal razón de los nazis para apropiarse de las obras de arte


Cada vez que escucho la palabra nazi u holocausto, un vértigo se apodera de mi cuerpo; la indignación hace acto de presencia con tales palabras mal sonantes, que seguramente escandalizarían a cualquier diácono. Trato de evitar este tema por mi salud mental, pero de acá a un tiempo, y no me pregunten el porqué, siento la necesidad omnímoda de adentrarme en los entresijos abyectos para comprender, sin dejarme llevar por la indignación y la pasión, "cómo un grupo de personas pudieron pergeñar y acometer un acto tan inefablemente despiadado".

Para comprender el porqué, no vale exclusivamente con estudiar el número de víctimas o la composición psicológica de los protagonistas y de la sociedad que los albergó. Debemos analizar todos los ámbitos disciplinarios relacionados con aquel proyecto terrorífico. Dentro de este intento de indagar, resulta de gran ayuda el trabajo del profesor Miguel Martorell titulado 'El expolio nazi', publicado por la editorial Galaxia Gutenberg.

“Cuando era un joven investigador universitario, estuve contratado para la comisión Múgica”. Así comenta Martorell que comenzó su interés por el expolio de los nazis, gracias a un trabajo de investigación que realizó justamente sobre obras de arte, pero la vida siempre caprichosa (y el interés intelectual más aún) le llevó por otras sendas. En su mente nunca cesó la cuestión del expolio, seguía muy presente, sobre todo cuando miraba la prensa internacional, “no tanto la nacional”, donde diariamente aparecen las noticias relacionadas con el arte y los nazis.

La estación ferroviaria de Canfranc (Huesca) símbolo del pirineo aragonés, 
es el escenario de la novela

“Me parecía que el tema estaba siendo tratado de forma muy material: solo se hablaba de litigios, reclamaciones a museos, valores económicos. Creo que era necesario recordar a la gente cuál es el origen de todo esto, que no es otro que el intento de los nazis de establecer una hegemonía en Europa en todos los sentidos, incluso en el cultural”.

Cuando el lector lea el libro, observará una estructura biográfica, es decir, el eje vertebrador lo compone la gran biografía de Alois Miedl, en la que se solapan otras de menor recorrido temático, pero de igual interés y relevancia para conocer en profundidad el expolio nazi. “La biografía es una fórmula muy asequible para explicar, no solo a los académicos, sino también al resto de personas, la importancia que tiene el expolio artístico”.

"La biografía reúne los tres elementos aristotélicos (planteamiento, nudo y desenlace)", convirtiéndola así en un texto accesible para el lector medio, incide el autor.

Alois Miedl

El personaje principal de su trabajo es Alois Miedl, un empresario y marchante de arte que aprovecha las crisis para hacer fortuna, ¿qué cree que haría en plena crisis del Covid-19?

(Risas). Sin ninguna duda estaría ahora mismo invirtiendo su dinero en comprar mascarillas, geles y respiradores. Alois Miedl, por encima de todo, era un especulador, que antes de meterse en el mundo del arte, había especulado con todo: cobre, minas de oro, caucho… Además sus posesiones estaban por todo el mundo, desde Latinoamérica a Asia. En realidad, fue 'el miedo a perder este gran imperio' la razón que le condujo a invertir en el mundo del arte durante la Segunda Guerra Mundial. Vio un negocio seguro y fructífero, ya que 'los nazis se ocupaban del trabajo sucio'.

Tras la Segunda Guerra Mundial fue muy difícil 'dar al César lo que es del César', es decir, devolver las obras de arte a sus respectivos dueños.


Administrativamente todo era un caos, sin olvidar que 'Europa se encontraba dividida'. La Europa del Este rompe las relaciones con los Aliados al poco de concluir la guerra; si a esto añadimos que los rusos, al igual que hicieron los alemanes, según iban avanzando hacia Berlín, realizaban su propio saqueo, lo que ellos consideraban una 'recompensa por los avatares de la guerra', y que por la misma configuración del sistema soviético, las piezas eran depositadas en los museos, podemos concluir que las reclamaciones no se pudieron realizar porque era 'litigar contra un imperio entero' convencido de que esas obras de arte le pertenecían.

Por el contrario, en la Europa Occidental, cada gobierno era el encargado de devolver las obras de arte a sus respectivos dueños. Pero 'los requisitos para la devolución eran muy exigentes', las familias necesitaban demostrar que las piezas habían sido de su posesión antes de la guerra y para eso se necesitaban una serie de papeles que seguramente estarían bajo los cascotes de las casas. También los estados, 'víctimas del expolio nazi', tuvieron la sensación de que el arte nacional había sido requisado, por ello fueron mucho más cicateros a la hora de devolver las obras.

¿Y durante la Guerra Fría?


Por logeneral, la situación quedó paralizada, salvo por algunos coleccionistas, como la rama francesa de la familia Rothschild, que hicieron lo que pudieron por localizar las obras de arte que les pertenecieron, incluso 'llegaron a buscarlas en los mercados de arte'.

Pagando por lo que fue suyo.

No necesariamente, también recurrían a los tribunales, aunque los pleitos fueron escasos. Además solo unas pocas familias contaron con la suficiente capacidad económica como para querellarse contra los museos y los estados. Muchas otras familias, con recursos limitados a causa de la guerra, 'tuvieron que conformarse con indemnizaciones ridículas'.


¿Ninguna institución privada continúa luchando para que las obras de arte sean devueltas a las familias de sus legítimos dueños?

Sí, claro; hay varios bufetes de abogados y varias asociaciones que se dedican a investigar y asesorar a las familias. De especial interés es Lootedart.com, que cuenta con un repositorio de información permanente donde recopilan todas las noticias que hay sobre el expolio

En su libro relata el expolio acometido en Austria, donde estaban las piezas de valor: los Tizianos, los Rubens… Hitler mostró un especial interés por el país y sus obras, ¿quería sacar un buen rédito económico del expolio? 


Hitler no se movía por dinero; antes de la guerra, había hecho una fortuna gracias al 'Mein kampf', al dinero que le otorgaban porque su efigie apareciera en las postales, postales que circularon salvajemente por toda Alemania. No necesitaba rédito, es más, el dinero que amasó con los derechos de autor lo invirtió en la adquisición de obras de arte. En realidad, Hitler tenía una especie de 'alucinación', su deseo era "convertir a Linz, una ciudad con un profundo simbolismo para él, en el gran centro cultural de Europa".

Para él Linz era perfecta, "una ciudad sin atisbos de modernidad", no como Berlín y Viena, ciudades odiadas profundamente por el futuro Führer, debido a la relación que estableció entre 'modernidad y decadencia'. Quienes sí mercadearon con las obras de arte fueron los funcionarios más bajos de la pirámide depredadora: delatores, marchantes, comisionistas; estos obtenían entre un 10% y un 15% de las ganancias por cuadro expoliado.

Su ensayo me ha ayudado a plantear el nazismo en otros términos: el nazismo como un depredador que destruye el talento y la inteligencia. 


Desde luego que sí. Hasta el comienzo de la gran guerra, la potencia hegemónica cultural era París; en la capital francesa residía una 'fuerte pujanza creativa'. Con la invasión, los nazis, al sentirse los ganadores, se creyeron también con el derecho a ejercer como potencia cultural europea, cosa que, en un principio, no pudieron llevar a cabo pues "ellos mismos habían exterminado su propia capacidad creativa". Solo contaban con una alternativa: volver la vista al pasado y retomar los cánones, porque los suyos propios estaban muertos, sin futuro. En definitiva, "su hegemonía cultural no consistía en creaciones propias, sino en la recopilación del patrimonio europeo y su traslado a Alemania".

Entonces, el nazismo no buscaba tanto acabar con el arte contemporáneo, sino hacerlo suyo.

También "buscaban acabar con el espíritu cultural europeo cercenando toda la creatividad existente". Como ya he dicho es un arte muerto, capaz de recopilar, pero no de crear; solo tenían todo el pasado por delante. 


¿Dentro de esta rapacidad contra la cultura europea, el lenguaje cosmopolita de la vanguardia lo convirtió en un blanco fácil para el nazismo?

Efectivamente. "Para ellos el cosmopolitismo era la antítesis del Imperio alemán"; estaban convencidos de que detrás se escondían dos grandes fuerzas rivales: el 'bolcheviquismo' y el 'judaísmo'. El nazismo defendía la nación alemana frente a esos dos ejes internacionales.

El expolio no fue igual en la Europa Occidental que en la Europa Oriental.


Incluso antes de la gran guerra, podemos distinguir un trato diferente. "En la Europa Oriental, el expolio se realizó en condiciones muy violentas, rayano a lo destructivo". Esto se debe a que "los nazis concebían a los eslavos como una raza servil, sin ningún valor personal y mucho menos cultural". En la Europa Occidental, por el contrario, se les trata como enemigos derrotados, se les otorga una condición cercana a la de la raza aria, por este motivo, "salvo aquellos objetos o infraestructuras pertenecientes a los judíos y a los masones, los museos, iglesias y bienes artísticos fueron respetados".

En su libro nos comenta un caso concreto que tiene relación con España, un Pissarro (“Rue Saint-Honoré por la tarde. Efecto de lluvia”) robado a una familia judía francesa, que se querelló con el museo Thyssen y el gobierno español, ¿este es un caso particular o es común en España?

En España solo han aparecido dos casos de obras relacionadas con el expolio nazi. Uno de esos casos es "un André Masson, 'La familia en estado de metamorfosis'", que tiene el museo Reina Sofía. En este caso, el museo y la familia llegaron a un acuerdo privado, por lo que desconocemos si hubo pago de una indemnización o solo el reconocimiento por parte de la institución de la propiedad auténtica del cuadro. El otro caso, el comentado en el libro, es "un Pissarro que perteneció a Lilly Cassier, adquirido en el año 76 de siglo pasado por el barón Thyssen".


En el 2000, Claud Cassier, nieto de Lilly, se enteró, por casualidad, como suele ocurrir en la mayoría de estas situaciones, de que el cuadro se encontraba en la fundación Thyssen y dio comienzo a una serie de querellas, en las que se incluyó al gobierno español. "Claud contaba con una foto de la casa de su abuela, en la que aparecía el cuadro", a parte de su testimonio porque él recordaba haberlo visto cuando era un niño. "Antes de llegar a juicio se intentó negociar, pero la fundación Thyssen se cerró en banda, denegando cualquier tipo de acuerdo". Cuando comenzaron los pleitos, "el primero en desentenderse del asunto fue el gobierno español", que alegó no haber tenido ningún tipo de implicación en la compra del cuadro.

"El tribunal americano dio la razón a los Thyssen, amparándose en el derecho de usucapión", por el cual, si compras una propiedad de buena fe y la exhibes durante un tiempo, esa propiedad es tuya. No obstane "el gobierno español recibió un buen rapapolvo" porque en los años 1999 y 2009, respectivamente, había firmado dos declaraciones: 'los principios de Washington' y 'la declaración de Terenzi', por los cuales los gobiernos firmantes se comprometían a ayudar en todo lo posible a "restituir todo lo robado por los nazis" a sus respectivas familias.

Para finalizar, ¿por qué cree que no se habla de esta parte de la historia del holocausto?


Sin duda, esta es una parte del Holocausto fundamental y quiero que el libro lo deje bien claro. El expolio se produjo en condiciones de servidumbre total, ya que "los nazis hundían las economías de los países invadidos y obligaban a las familias a vender sus posesiones a precios irrisorios". Por desgracia, hemos olvidado esta parte de la historia, antesala, en la gran mayoría de los casos, de "todo lo que ocurrió posteriormente".

'Los nazis arrebataron todo a los judíos', desde sus bienes más opulentos y ostentosos, hasta los más mediocres o simples. Porque 'el Holocausto superó todos los límites'; debemos desarrollar un trabajo más concienzudo y ver la totalidad del desastre.

FUENTE: librujula.com
David Valiente 

Una curiosidad:

La estación de Canfrac, escenario principal de la novela de Martorell, fue cerrada en 1970 a raíz de un accidente sufrido por un tren de mercancías en el Puente de L'estanguet (Francia), y tras más de 50 años de aquella catástrofe, no se ha restablecido el tráfico ferroviario con el país vecino. Si bien en la actualidad, merced a un proyecto europeo, se trabaja en su reinstauración; para ello la explanada de la Estación se está reestructurando con una doble función: la primera, darle un uso hotelero al antiguo edifico terminal, y la segunda preparar el nuevo haz de vías y la nueva estación de cara a la reapertura de la Línea Internacional.