Cuando pensabas que no te veía, te ví pegar mi primer dibujo en el refrigerador, e inmediatamente quise pintar otro.
Cuando pensabas que no te veía, te vi arreglar y disponer todo en nuestra casa para que resultase agradable para vivir. Te vi pendiente de todos los detalles, y entendí que las pequeñas cosas son las que hacen especial la vida.
Cuando pensabas que no te veía, te escuché rezar, y supe que existía un Dios con el que que hablar y en quien poder confiar.
Cuando pensabas que no te veía, te vi preocuparte por tus amigos sanos y enfermos y aprendí que todos debemos ayudarnos y cuidarnos los unos a los otros.
Cuando pensabas que no te veía, te vi entregar tu tiempo y tu dinero para ayudar a quienes no tenían nada, y aprendí que aquellos que tienen algo deben compartirlo con los que no tienen.
Cuando pensabas que no te veía, te sentí darme un beso por la noche y me sentí amado y seguro.
Cuando pensabas que no te veía, te vi atender la casa y a todos los que vivimos en ella y aprendí a cuidar lo que se nos da.
Cuando pensabas que no te veía, vi como cumplías con tus responsabilidades, aún cuando no te sentías bien, y aprendí que también debo ser responsable cuando crezca.
Cuando pensabas que no te veía, ví lágrimas en tus ojos y aprendí que algunas veces las cosas duelen, y es bueno llorar.
Cuando pensabas que no te veía, ví que te importaba y quise ser todo lo que pueda llegar a ser.
Cuando pensabas que no te veía, aprendí casi todas las lecciones necesarias de la vida para llegar a ser una buena persona cuando crezca.
Cuando pensabas que no te veía, sí lo hacía; e interiormente daba las gracias por todas las cosas que aprendí de ti… ¡cuando pensabas que no te veía!
Un niño.
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"NO TE PREOCUPES AL CREER QUE TUS HIJOS NO TE ESCUCHAN...
TE ESTÁN OBSERVÁNDO TODO EL DÍA".
Madre Teresa de Calcuta.
Un lector anónimo, a quien agradezco profundamente el dato, me hace saber que la autora es Mary Rita Schilke.
Miguel Ángel G. Yanes
Miguel Ángel G. Yanes

