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23/5/21

LA MUJER QUE SOLO USA LA ''A'"

 

Queridos oyentes, bienvenidos una semana más a 'Entrevista a la vista'. Nuestra invitada de hoy es Tamara Sagasta, una mujer que asegura hablar usando únicamente la vocal “a”. 

José Luis Almuedo entrevistando a Tamara Sagasta

—¿Es correcto, Tamara?

—Ajá.

—Bien, comencemos con unas preguntas sencillas para conocerla un poco mejor y comprobar si es cierto eso que dice. ¿Le parece?

—¡A la carga!

—¿Cuál es su nombre completo?

—Ana Tamara Sagasta Cañada.

—¿Estado civil?

—Casada.

—¿Profesión?

—Azafata.

—¿En qué pueblo o ciudad vive?

—Casafranca.

—No lo conozco… ¿a qué provincia pertenece?

—A Salamanca.

—¿Me diría el nombre de la calle?

—Santa Bárbara.

—¿Cuál es su color favorito?

—Naranja.

—¿Su película preferida?

—Casablanca.

—¿Y alguna más moderna?

—Cazafantasmas.

—Esa es de los ochenta. Una más reciente, por favor.

—Avatar.

—Vaya, parece que viene bien preparada. Pero estoy dispuesto a lograr que diga alguna vocal que no sea la “a”.

—Fracasarás.

—Le apuesto cincuenta euros a que lo consigo.

—Va, arranca.

—Vamos allá. ¿Programa de televisión favorito?

—Pasapalabra.

—¿Y alguno que no soporte?

—Las campanadas. Vaya mamarrachada…

—¿Qué países le gustaría visitar?

—Madagascar, Panamá, Canadá, Malta, Bahamas…

—¿Dónde veranea?

—Matalascañas.

—¡Qué casualidad! Yo también.

—¡Caramba!

—¿Y qué suele hacer allí?

—Bajar a la playa cada mañana para nadar a braza hasta acabar cansada.

—¿Todos los días?

—A rajatabla.

—¿Cuál es su comida favorita?

—La lasaña, las gambas a la plancha, las patatas asadas al azafrán, la fabada…

—¿Le gusta la tortilla?

—¡Vaya!

—¿La española o la francesa?

—Ambas.

—¿Una fruta?

—La papaya.

—¿Un dulce?

—Mazapán.

—¿Su bebida preferida?

—Cava catalán.

—¿Y si no hay cava?

—A las malas… Fanta naranja.

—Caray, es un hueso duro de roer. Sigamos. ¿El mejor invento?

—La batamanta.

—¿Un refrán que suela utilizar con frecuencia?

—“La mala llaga sana, la mala fama mata”.

—¿Y sus insultos favoritos?

—Tragaldabas, papanatas, cantamañanas, patán…

—¿Un animal que le guste?

—La salamandra.

—¿Su fiesta predilecta?

—Carnaval.

—¿Hace ejercicio?

—Andar a largas zancadas.

—¿Y cómo ha llegado hasta aquí?

—A pata, al tran tran.

—Ya, claro. ¿Una canción de la infancia que recuerde?

—La tarara.

—¿Y un olor?

—A sábanas lavadas.

—Cuando era niña, ¿qué quería ser de mayor?

—Maga.

—¿Y aprendió algo?

—A barajar las cartas hasta machacarlas. ¡Abracadabra!

—¿Practicaba algún deporte en la escuela?

—Saltaba vallas.

—Con esas piernas, seguro que se le daba estupendamente.

—Anda, anda… calla, galán.

—¿Cuál es su merienda favorita?

—Las bambas.

—¿De crema o de nata?

—Nata.

—Ahí se lo he puesto fácil… ¿Tiene alguna manía?

—A patadas.

—Dígame alguna.

—Planchar las mantas, marcar las bragas, cantar a las plantas, alargar las faldas…

—¿Y alguna fobia?

—A las arañas.

—¿A quién admira?

—Al gran Rafa Nadal.

—¿Qué aficiones tiene?

—Cantar baladas, cabalgar la jaca, danzar bachata hasta las tantas, armar trampas para atrapar a las ratas…

—¿Su peor defecto?

—Malgastar la pasta.

—Ha dicho que está casada… ¿cómo se llama su marido?

—Baltasar Cámara Parada .

—¿A qué se dedica?

—A agarrar la azada, cavar zanjas, plantar patatas… la labranza.

—¿Qué aspecto tiene?

—Cara achatada, barba blanca rapada, gafas, gran panza, nalgas planas, patas largas… calza alpargatas.

—¿De dónde es?

—Catalán.

—¿Y qué hace cuando está en casa?

—Dar la tabarra.

—Hablemos de sus padres. Tengo entendido que pasaron por una época difícil…

—Mamá andaba amargada, aplatanada, agazapada tras las mantas…

—¿Y usted qué le decía?

—“Pasará la mala racha, mamá”.

—¿Era por culpa de su padre?

—Para nada. Papá jamás trataba mal a mamá. La amaba hasta las trancas.

—Pasemos a un tema más ligero… ¿cómo es un día normal en su vida? ¿Qué es lo primero que hace cuando se levanta?

—Lavar la cara.

—¿Y luego?

—Caca.

—Vale. ¿Qué hace después?

—Trabajar para pagar la casa.

—¿Y después de trabajar?

—A zampar.

—Claro, como todos… ¿Qué ha comido hoy?

—Patatas bravas, calamar a la brasa, caballa a la sal, pan.

—¿Y de postre?

—Manzana asada.

—¿Algún chupito después? ¿Limoncillo? ¿Licor de hierbas…?

—Pacharán.

—Vaya, no hay manera de pillarla.

—Jajajajaja…

—Y encima se ríe.

—A carcajadas.

—Dígame, ¿qué va a hacer cuando llegue a casa?

—Abrazar a Baltasar, bañar a la gata, planchar la falda malva.

—¿Y después?

—A la cama.

—¿Lo último que hace antes de dormir?

—Apagar la lámpara.

—Está bien, me doy por vencido. Los cincuenta euros son suyos.

—¡Vaya ganga, chaval!

—Ha sido muy amable concediéndonos esta entrevista, Tamara. Muchas gracias por venir.

—A mandar.

—Hasta la próxima.

—Hasta mañana.

—Y que no la pillamos en un renuncio, ¿eh?

—Jajajajaja… Anda, saca la pasta, gañán.

FUENTE: elcapitancarallo.com
04/12/2018

19/6/18

UNA PLÉYADE DE HP


Daba sus últimos coletazos la década de los 60 del pasado siglo XX, y en la lejana Francia cocían habas revolucionarias, mientras que aquí, en las Islas, los incipientes jóvenes que aún éramos, apenas nos enterábamos de nada y estudiábamos "con auténtico fervor" los últimos cursos de bachillerato en el Colegio Cervantes de Santa Cruz de Tenerife. Fue por aquel entonces, cuando dos alumnos, Joaquín Vizcaíno Sosa y Jesús Espila Noda (un tándem inseparable) pusieron de moda el término HP en el diario devenir de las clases: 

 "Ahí viene HP", "HP está cabreado", "¿Dónde está HP?... 
 

Todo ello vino a raíz del día en el que, el profesor de turno, nos explicó el tema de los caballos de vapor: unidad de medida de potencia que se define como la potencia necesaria para elevar verticalmente un peso de 75 kilopondios a 1 metro de altura en 1 segundo, y cuya abreviatura en castellano es CV, y en la lengua de Shakespeare, HP (Horse Power). Y ellos lo adoptaron de inmediato para identificar a alguien. 


Hoy, que en pleno siglo XXI, una pléyade de HP aposentada en la política española se ha llenado los bolsillos "a manos llenas" (y valga la redundancia) no puedo por menos que rememorar aquella gracieta de mis compañeros, y aunque haga ya 50 años que les perdí la pista, reconocer públicamente el humor y el ingenio que derrochaban. 

Miguel Ángel G. Yanes