A LOS QUE QUIERO Y QUISE (POEMAS) 001 A 034

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No consigo crear, en este maldito blog, un vínculo que enlace
los títulos del índice con sus respectivos poemas,
por lo que, si los quieren leer, no tendrán más remedio
que bajar por la página en pos del número correspondiente.

ÍNDICE

001. A Adolfo Martín Coello (POR TUS BLANCOS Y AZULES)
002. A Agustín Millares Sall (LA MANO DE UN DIOS)
003. A Alberto Montesdeoca (INESPERADOS TRINOS)
004. A Ale, Ángel y Laura (LOS DRAGONES DEL ALBA)
005. A Alejandro De Menezes (DAMA DE CARNAVAL)
006. A Alejandro Luque (TAMARAGUA)
007. A Alguien (EL AMOR DE ALGUIEN)
008. A Américo González Brito ()
009. A Andrea Nélida Hernández (DE LA HIGUERA Y EL SOL)
010. A Ángel José Pozo García (LA LIBERTAD DEL VUELO)
011. A Ángel Morell (MATUTINA ESTRELLA)
012. A Anselmo Ortega Mtnez. (UN VUELO DE PALOMAS)
013. A Antonio Abdo y Pilar Rey (MINÚSCULO)
014. A Arturo Maccanti (CAMPANA ROTA)
015. A Aury y Cande (LA VOZ CONJUNTA)
016. A Baby Trujillo (PRIMAVERAL REGALO DE LOS DIOSES)
017. A Begoña Badillo Acea (LAS FRÁGILES ESFERAS)
018. A Bernardo Benítez Falcón (EN MITAD DEL INVIERNO)
019. A Blanca Fdez. Palacio (CHARCOS DE LUZ)
020. A Cándida Mtnez. Pecci (LA CABELLERA DE LA ESPUMA)
021. A Carl Gustav Jung (EL VAMPIRO DE LA LUNA LLENA)
022. A Carlos Epifanio Marrero (NÚBILES Y ENGAÑADAS)
023. A Carlos Lorenzo Pérez (VELIS NOLIS)
024. A Carlos Miguel Bethencourt (VOLVERÁS A PINTAR)
025. A Carlos y Mary (EN UN CHARCO VIOLETA)
026. A Carmelo Chaparro (Y SE FUERON LOS PÁJAROS CON ÉL)
027. A Carmen Teresa Delgado (EN LAS CRESTAS DE ANAGA)
028. A Casiano Expósito Riera (APRENDIZ DE ATEO Y DE POETA)
029. A Cat Stevens (MORNING HAS BROKEN)
030. A Cirilo Orán Sacramento (PIERROT)
031. A Cristina Estévez Artiles (UNA LLUVIA BLANQUÍSIMA)
032. A Cristina Jorge Romero (BAILANDO SOBRE TALCO)
033. A Eduardo Molowny (ESE PUNTO DE LUZ)
034. A Electra Ojeda (LA ÚLTIMA NEVADA)
035. A Elena Glez. Luis (EL DARDO)
036. A Eloy... (A HORCAJADAS DEL TIEMPO)
037. A Emeterio Gutiérrez Albelo (LA PRISA)
038. A Enrique Abelló Correa (DICIEMBRE NACE ALTIVO)
039. A Facundo Cabral (ESTA NARANJA AZUL)
040. A Facundo Fierro (VUELO INFERNAL DE LLAMA)
041. A Fátima Said (EL BRILLO DE LOS OJOS)
042. A Federico Jiménez (EL ABRAZO DE ANAGA)
043. A Felisa San Martín () 
044. A Félix Casanova de Ayala (VIENE)
045. A Félix Fco. Casanova (BAJO EL ECLIPSE DE LA LUNA LLENA)
046. A Fermín Higuera (TRIÁNGULO ISÓSCELES)
047. A Francisco Camacho Remedios (TERCIOPELO Y TROMPETA)
048. A Francisco Medina Brito (SOBREVOLANDO UN MAR...)
049. A Francisco Navarro Ortega (AQUEL PROCESO ILÓGICO)
050. A Francisco Viñas (TORMENTA NOCTURNA)
051. A Herminia de Lamo Bas (ANOCHECER)
052. A Hermógenes Afonso de la Cruz ()
053. A Ignacio Minelli (LA HIEDRA)
054. A Inmaculada Hdez. Ortega (GOLPE DE LUZ)
055. A Inmaculada Trujillo Corrales (REGALO DE OTRO INVIERNO)
056. A Ione Morera (ROZANDO EL PRIMER AÑO DE OTRA VIDA)
057. A Irene Arteaga Aguilera (EL ROSTRO)
058. A Isaac de Vega (ACRÓSTICO)
059. A Isabel Glez. Glez. (ATARDECER PRIMERO DEL ESTÍO)
060. A Isabel Medina (DESPERTAR)
061. A Isabel Rdguez. Cabezas (BLANCO OLEAJE...)
062. A Javier de La Rosa (LA VOZ DE LOS POETAS)
063. A Joan Puig Bolta (AMISTAD SIN MÁS CREDO)
064. A John Oregon (UN REGUERO DE LUZ)
065. A Jordi Barral Mañé (ESTE FRÁGIL PRESENTE)
066. A José Antonio Armas Herrera (UNA MANCHA EN EL SOL)
067. A José Antonio Escudero (CAUTIVOS)
068. A José Antonio Labordeta ()
069. A José Fco. Bethencourt (UN GERMEN DE ESPERANZA)
070. A José Luis León (EN LA MAGIA DEL ARPA)
071. A José Luis Pérez Glez. (LOS OBREROS DE LA PAZ)
072. A José Mª Trujillo (DONDE MORA EL AMIGO)
073. A José Manuel Díaz Álvarez (TORRENTES)
074. A José Manuel Gª Torres (ASOMARSE...)
075. A José Manuel Martín (LIBÉLULA NOCTURNA)
076. A José Manuel Pérez Morales (UN HALO IRIDISCENTE)
077. A José Manuel Vargas (ÍGNEO CORPÚSCULO)
078. A Juan Antonio Marchal Cabrera (JUGUETES)
079. A Juan Antonio Peraza (ESTA ROSA QUE LLEVO)
080. A Juan Carlos Franco (APRENDIENDO A FUMAR)
081. A Juan César Mtnez. (DE CUANDO ALGUIEN...)
082. A Juan Glez. Albertos (UN SUEÑO DE GAVIOTA)
083. A Juan José Delgado (ESCRITOS EN LA NIEBLA)
084. A Juan Manuel Gª Ramos (EN MEDIO DEL DESIERTO)
085. A Juan Rdguez. Álvarez (A TRAVÉS DE TI)
086. A Kory Glez. Luis (SACERDOTES DE LA IMAGINACIÓN)
087. A Laura, mi hija (NANA)
088. A Leonor Ravelo (ISLA BLANCA)
089. A Leopoldo Cabrera Gil ()
090. A Leopoldo Mª Panero ()
091. A Loli Afonso (LUMINOSO DESTELLO)
092. A Loli Armas Donate (EL ÁNGEL DE LA PAZ)
093. A Los Majuelos (ALMA ISLEÑA)
094. A los Servidores de la Luz (UN SIMPLE GESTO...)
095. A Luchi (UNA TARDE EN GUAMASA)
096. A Luis Morera (UN HORNO ALQUÍMICO)
097. A Mª Carmen Cedrés (EN EL CRISTAL DEL TIEMPO)
098. A Mª Carmen Fdez. Domínguez ()
099. A Mª Carmen Glez. Molowny (ROTA LA SOMBRA EN LUZ)
100. A Mª Carmen Marrrero (CONTRA EL MURO DEL MAR)
101. A Mª Carmen Sánchez (EL BAILE DE LOS DUENDES)
102. A Mª Cleofé Linares (COMO LA LAURISILVA)
103. A Mª del Pino Cubas (ENREDADA EN ESTRELLAS)
104. A Mª del Rosario Matos Abreu ()
105. A Mª Eugenia Alarcón Costa (DONDE VAN LAS ESTRELLAS...)
106. A Mª Isabel Sanfiel Cervós (LA INFANCIA ES LO QUE TIENE)
107. A Mª Jesús Lima (MUCHACHA DE OJOS CLAROS)
108. A Mª José García Suárez (VIGESIMOSÉPTIMA CADENCIA)
109. A Mª Luisa Mtnez. Solar (MAÑANA)
110. A Mª Nieves Aránzazu (SACERDOTISA NOCTURNA...)
111. A Mª Nieves Samblás (CUANDO EL AGUA Y LA PIEDRA...)
112. A Mª Paz Ballesta (LABORANDO)
113. A Mª Reyes Morales Febles (EL SENDERO DEL SOL)
114. A Mª Teresa Romo Pérez (VERTIGINOSAS GIRAN)
115. A Mª Victoria Jorge Romero (ANALOGÍA)
116. A Maca (DE TU LEJANO VUELO A LA ESPERANZA)
117. A Maki, mi esposa (SOY RESTO DE UN NAUFRAGIO)
118. A Manolo Correa (EL MURO INFRANQUEABLE)
119. A Manuel de los Reyes Peña Siverio (EL PAJARILLO HERIDO)
120. A Manuel Pérez Rdguez. (ÁRABES)
121. A Marcelo Abreu (INSOBORNABLE ANHELO)
122. A Margot... (SE DETUVO UN INSTANTE)
123. A Mari Mar y Paco ( LA LLEGADA DEL HIJO)
124. A Marián Guerrero de Escalante (DESDE EL MAR)
125. A Marina Hdez. Cabrera (DESCÁLZATE)
126. A Marinola (PRISIONERAS DE AZUL)
127. A Mario Rdguez. Martín (CRÁNEO, PALOMA Y DUEÑO)
128. A Marta Artiles Estévez (LIBRE EN LA LUZ)
129. A Marta Brito Hdez. (JUNTO AL VIEJO COLUMPIO)
130. A Mary... (SE ME HIZO DE PRONTO...)
131. A Mauro Pérez Sánchez (EN LA SENDA)
132. A Mauro Sánchez Henríquez (QUIÉN)
133. A Mercedes Pérez Rdguez. (AL ALBA...)
134. A mi abuelo paterno (HOY HAN VUELTO OTRA VEZ)
135. A mi bisabuela paterna (DESPUÉS DE TANTOS AÑOS)
136. A mi hermana Lala (COMPAÑERO DE JUEGOS)
137. A mi hermano Braulio (YACE UNA ROSA)
138. A mi hermano Palmiro (LA ARAUCARIA)
139. A mi madre (DESPEDIDA)
140. A mi padre (DEL POEMA PRIMERO DE LA INFANCIA)
141. A mi sobrina Cathaysa (ROTUNDO AMANACER)
142. A mi sobrina Pili (EL RESPIRO DE LA CIUDAD)
143. A mi sobrina Sara (SIGUE VIVA EN LA LUZ)
144. A Miguel Ángel Guerrero (A LA ORILLA DEL MAR)
145. A Miguel Hdez. Armas (SE HA QUEBRADO LA LUZ...)
146. A Montserrat Ortí (LA ISLA DEL CANGREJO)
147. A Natalia Patiño (CÓMO REVERBERABA EL CIELO AZUL)
148. A Nena (NOCTURNIDAD)
149. A Nicolás Gª Bethencourt (EL AROMA DE INVIERNOS...)
150. A Nino Bravo (AL BORDE MISMO DE LA LIBERTAD)
151. A Nuria Delgado (LAS LUCIÉRNAGAS)
152. A Olga Manzano y Manuel Picón (MACHU PICHU)
153. A Orlando Cova (EL CAUCE)
154. A Pablo Milanés (DOLOROSAS HERIDAS)
155. A Paco Morera (MIENTRAS QUEDE ALGÚN HIJO)
156. A Paco y Laly (NIDO DE ALGAS)
157. A Paquita Glez. Olivares (PORQUE SU VOZ ES VIENTO)
158. A Patricia Ferrerira Costa (LA SEGUNDA LLUVIA)
159. A Pedro García Cabrera (LA NIEBLA ES UN ESPEJO)
160. A Pepe Bastarrica (LA ESTRELLA DE LAS CUMBRES)
161. A Pepín (PESCADORES DE ESTRELLAS)
162. A Pilar Durán (LAS PALMERAS EN FLOR)
163. A Pilar Lojendio Crosa (SOLITARIA PALOMA DE LA TARDE)
164. A Pino Blanco Jardín (POR LA ESPUMA CELESTE)
165. A quien habita un sueño (SU CORAZÓN MINÚSCULO)
166. A Rafael Amor (CANTOR QUE AMA GUITARRAS)
167. A Rafael Arozarena (ROTO Y VENCIDO EL DÍA)
168. A Ramón González Brito (LA DIMINUTA FLOR)
169. A Raoni (HOMBRE CIVILIZADO=CODICIA SALVAJE)
170. A Roberto Toledo Palliser (AL DORSO)
171. A Rosa Hdez. Noguera (NUNCA TE IRÁS AUNQUE TU )
172. A Rosi Bethencourt (EL SUEÑO Y LA PALABRA)
173. A Rosi Hdez. Bethencourt (EN EL TEMBLOR DEL AIRE)
174. A Salvador Allende (SU DOLOR, SU MUERTE)
175. A Sara Pérez Díaz (AL PIE DEL TAJO)
176. A Sonia Celaya (POR LAS CUMBRES DE ANAGA)
177. A Silvio Rodríguez (EL UNICORNIO AZUL...)
178. A Tasito (DESHABITADOS BALCONES DE MADERA)
179. A Teresa Pérez Hdez. (DIÁFANA TRANSPARENCIA...)
180. A Teresa Lemus (LA ROSA DE TUS MANOS)
181. A ti, sencillamente (NI PRONUNCIAR TU NOMBRE...)
182. A Tono (SOBRE EL PINO Y LA CASA)
183. A Toñi Muñoz Mora (ME REMITO A LAS FORMAS...
184. A un desconocido (DESDE EL FRAILE)
185. A un hermano celeste (DESDE MI ESPERANZA)
186. A una niña llamada Silvia (FRÁGIL BESO DE FLORES)
187. A Vicente Araque (OTRO CANGREJO ERRÁTIL...)
188. A Yolanda (YOLANDA)
189. A Yumar (EN LA LUMINSCENCIA...)
190. Al abuelo Lorenzo Matos (LIBRE DE LA APARIENCIA)
191. Al eucalipto de La Granja (PRETÉRITO GUARDIÁN)
192. Al eucalipto de Machado (EL SILENCIOSO SER...)
193. Al flamboyant de la trasera (DESNUDO Y SOLO TIEMBLAS)
194. Al Taller Canario de Canción (LEVE, LEVE ES EL ROCE)


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POEMAS

001.
POR TUS BLANCOS Y AZULES
(A Adolfo Martín Coello)


Hoy tenemos las manos
teñidas de dolor,
pero aún así tocamos
la piel de las montañas
con un temblor ligero,
y el labio de la Musa
nos roza malamente
la pálida mejilla.

No pueden detenerse
los pasos del poeta.
Si él desfalleciera,
los azules serían
solamente un olvido
y los blancos,
perdidos,
volverían a esconderse
para siempre en la antigua
soledad de lo oscuro.

Hay que avanzar sin miedo
hacia la Luz,
serenos,
a costa de que puedan
quebrantarnos las manos
o acallar nuestros labios,
con furia, para siempre,
porque en nuestro interior
existe la certeza
de que jamás podrán
desarraigar el eco,
la estela azul del sueño
que deja tras de sí,
la voz de los poetas.

Miguel Ángel G. Yanes


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002.
LA MANO DE UN DIOS
(A Agustín Millares Sall )


Una esfera de sogas congeladas
guarda un sol de tungsteno en su interior.
Muerto de frío espera
que la mano de un dios
circunstancial apriete
algún interruptor de la galaxia y prenda
su filamento frágil
para dar vida a mundos
que en su interior habitan.

Miguel Ángel G. Yanes


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003.
INESPERADOS TRINOS
(A Alberto Montesdeoca)



Largas hileras
de verticales sombras sin sonido
transportan las palabras contenidas
en el alma metálica del hilo.

En la curva insensible que las une
se columpian las aves, y es por eso
que en ocasiones, cuando al final del cable,
atentos aguardamos la respuesta sonora,
nos llegan, de gorriones, inesperados trinos.

Miguel Ángel G. Yanes


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004.

LOS DRAGONES DEL ALBA
(A Alejandro, Ángel y Laura)


Fue su primer amanecer; jamás
Habían sentido la descarga, el golpe,
La sacudida energética que aturde
Los sentidos y muestra, tras un velo
Irracional, la magia, lo prohibido:
La desintegración de la razón
Mostrándoles durante unos instantes
Una grieta sin tiempo en la que flotan
Los universos múltiples que habitan.

Límpida y fría, la transparencia
De la mañana aún se hallaba en ciernes
Fraguando su esplendor sobre la oscura
Soledad de las aguas, cuando un grito
Común les hizo alzarse de pronto al ver
Monstruos marinos que de la mar brotaban.

Con las primeras luces se agitaron
Sobre la soledad salobre los dragones
Metálicos del alba, gigantescas,
Terribles criaturas, que de pronto,
Antes de alzar el vuelo transmutaron,
Sin saber por qué y cómo, en grandes barcos:
Petroleros al uso hechos de acero,
De silencios cuerpos que quedaron
Prendidos al amparo de la rada,
Mientras ellos, sonrientes, admirados,
Aún se preguntaban qué habían visto.



Miguel Ángel G. Yanes   


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 005.
DAMA DE CARNAVAL
(A Alejandro De Menezes)


Una espada invisible
Hiende con fuerza la alborada y apaga,
De un solo tajo el brillo,
La tenue luz de sol que despuntaba
Con ese resplandor
De estrella recién amanecida.
Y, aturdido, cede,
Rinde su hegemónico cetro, su corona,
Y su manto de rayos
-Transparente abanico de cristal-
Porque una dama etérea,
Sueño de carnaval, se manifiesta
Fúlgida entre las nubes,
Estremeciendo, con rotunda hermosura,
La frialdad celeste
Que incendia e ilumina con sus rasgos
De inadvertida diosa.

Miguel Ángel G. Yanes


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006.
TAMARAGUA
(A Alejandro Luque, in memoriam)


La primera palabra
de la raza perdida
me llegó de tus labios:

¡Tamaragua!

Qué sonido,
qué belleza,
qué cristalino impacto.

Escucharla y dejar
de lado el ¡buenos días!
fue todo uno, porque
aquella palabra
te llenaba la boca,
pero también el alma
de antiguas emociones.

Rescatar del olvido
el saludo del guanche,
prestar nuestra garganta
a voces diluídas
en los mares del tiempo,
hacer eco en los valles,
en las crestas de lava,
en los barrancos.

Estremecernos
su vibrante armonía.
Traer de las profundas
entrañas de la tierra
su mágica dulzura,
su cantarino ritmo,
su sin par armonía.

¡Tamaragua!

Como si la memoria
agitara cristales
cual incesante brisa,
como si en nuestros pechos
el límpido tañido
de una campana fuera,
como si un luminoso
destello nos tocara,
y en la palabra
un aliento divino
se sintiera.

Miguel Ángel G. Yanes


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007.
EL AMOR DE ALGUIEN
(A Alguien)


Alguien
vino una noche
a yacer al costado
vacío del tormento.
Sopló una tempestad
por las áridas tierras
de mi cuerpo,
por la inhóspita piel
de nuestra espera,
desgarrando un silencio
imponderable.

Desataron sus labios
la cuerda que apretaba
la sequía
y mojaron los valles
profundos, ocres, yermos,
con un beso furtivo
como invierno.

Aullando de placer
bajaron unos dedos
las laderas
desiertas de caricias.
Corrieron, rodaron,
se esparcieron sin tino
para caer,
sudorosos y exánimes,
al pie de las montañas
en que renace el día.

Alguien volvió a marcharse
en un suspiro,
pero en la nueva
laxitud un sesgo
de esperanza temblaba .

La primavera
vistió su traje-luz
y floreció fugaz
una sonrisa
despertando colores
a su paso,
sangrándome en los labios
aquel beso.

Alguien
olvidó acaso
su silueta
a la orilla dormida
de mi lecho,
pues la nueva mañana
se despierta
sin resecos estíos
como sueño.

Miguel Ángel G. Yanes


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008.
XXXXXX
(A Américo González Brito) 


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009.
DE LA HIGUERA Y EL SOL
(A Andrea Nélida Hernández)


La simétrica higuera,
blanquecino estandarte
despoblado de hojas
y de frutos silentes,
ha cubierto de pájaros
su desnudez y canta
a la sombra que yace
de su cuerpo escindida
sobre el sueño rebelde
de la tierra otoñal.

En los surcos abiertos
por la reja herrumbrosa
-herencia inmemorial
de los pueblos perdidos-

las palomas rebuscan,
con el polvo rojizo
adherido a sus picos,
algún grano distante.

Ocupa el horizonte
un disco anaranjado,
un círculo perfecto
de luz que se detiene
prendido en las espinas
ocultas de la mar.


Miguel Ángel G. Yanes


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010. 
LA LIBERTAD DEL VUELO
(A Ángel José Pozo García)


Canta el viento
su aguda melodía
entre los riscos
puntiagudos que asoman
del seno de la noche
y le hace eco
un altivo graznido
que revela
el capricho vernal
de su hermosura.

Fugaz, certera flecha,
o estática en lo azul,
grita y despierta
la luz de la mañana,.
desgarrando
las somnolientas nubes
con su afilado pico;
y entre jirones blancos,
vigila los espejos
donde el agua palpita
y el verde de mil tonos
donde el silencio chilla.

Sin trono, sin corona,
sólo plumas oscuras
como manto
y dos garras desnudas
como cetro;
majestad suficiente
por ser libre
para encontrar sin miedo
la trémula verdad
que desconocen
aquellos que no osaron
jamás alzar el vuelo.

Miguel Ángel G. Yanes


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011.
MATUTINA ESTRELLA
 (A Ángel Morell)

 
Islotes de algodón.
Charcos de cielo.
Solitaria navega
la matutina estrella
entre orilla y orilla
de silencios sin puerto.
Solitaria navega
desde la eterna sed
de aristas de los círculos
a rómbicos cristales
que perfilan
los vértices del tiempo.

Luego alcanza algún viejo
triángulo equidistante
de su vida y sus sueños,
resistente al empuje
metódico y tenaz
de las olas y el viento.

Atraviesa las blancas
latitudes, ocultas
a los ojos profanos
por vastos continentes
de símbolos sutiles
y penetra en el centro
de su propio destino,
descorriendo los velos
de su pecho el tañido
de la eterna campana
que convierte
humanos en estrellas
y a la inversa.

Miguel Ángel G. Yanes


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012.
 UN VUELO DE PALOMAS
(A Anselmo Ortega Mtnez.)


Clavicordio,
de seda azul marina
cubiertos su contornos.
Quietud, reposo, sueño.
Dos ávidas palomas
revolotean e intentan
desgranarle una nota
que se volvió silencio.

La sombra de un fantasma
se ciñe a la insegura
rigidez de las formas.
El aire se estremece.
Una cortina leve
acusa el movimiento,
y la música escapa
de su cárcel siguiendo
un vuelo de palomas
cual único sustento.

Miguel Ángel G. Yanes


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013.
MINÚSCULO
(A Antonio Abdo y Pilar Rey)


Un bosque diminuto
brotó sobre las rocas.

Húmedo y verde, el sueño
dormido entre sus grietas,
se elevó fugazmente
hacia la luz: un tacto
sobre la piel del aire.

Miguel Ángel G. Yanes


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014.
CAMPANA ROTA
(A Arturo Maccanti)





Dicen que el estropicio
Que se escuchó
De madrugada fue
Cosa del Diablo, quién,
Con nocturnidad y alevosía,
De fugaz dentellada
Arrancó aquel pedazo
A la nueva campana
De la iglesia del pueblo.

Piensan que lo hizo así
Para que los fieles
No acudieran a misa.

Yo sé que no fue Él
Porque esa noche estuvo
Conmigo y otros diablos
Jugando al escondite
Con Dios y sus arcángeles.

A Él le importa un pito
Que las gentes acudan
A rendir pleitesía
A su hermano gemelo.
Sabe que aunque a diario
Se decidan a hacerlo,
Para nada asegura
Que no pueda quedarse
Para siempre sus almas.

La campana fue rota
Por la ira profunda
De un ciudadano ateo.

Y no fue por llevarle
La contraria, ni al clero,
Ni a las tristes beatas,
Ni a la feligresía,

Sino porque el tañido,
Que estremecía incluso
La espadaña era
Un diario tormento
Para su atribulada
Conciencia  y sus oídos.

Miguel Ángel G. Yanes


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015.
 LA VOZ CONJUNTA
(A Aury y Cande)


Hemos dejado lirios silvestres,
tiernas raíces que se enredaban
entre los dedos de vuestras manos;
ligeras alas de mariposas,
seres sutiles que aletearon
en el remanso, frágil y alegre,
de vuestros brazos.

Trozos de sueño, mil transparencias
que despuntaron en el silencio,
dulce y amargo, de nuestros cuerpos.
Y como el soplo tibio del viento,
la voz conjunta de vuestras bocas,
mágica y cariñosa, los ha impulsado
en pos del Centro del Universo.

Miguel Ángel G. Yanes


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016.
PRIMAVERAL REGALO DE LOS DIOSES
(A Baby Trujillo)
 
 
La primavera puso
un beso en tu esperanza
y un cáliz palpitante
de amor entre tus manos,
colmado con el néctar
sagrado que regala
a tus labios sedientos
de eterna enamorada.

Miguel Ángel G. Yanes


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017.
LAS FRÁGILES ESFERAS
(A Begoña Badillo Acea)


Juego infantil;
nocturnos dioses
de diminutas bocas
insuflando su aliento
a líquidas,
transparentes,
ingrávidas esferas,
para formar
universos efímeros;
mágicos mundos,
que, silenciosos, viajan.

En los siete colores
de sus contornos tiemblan,
atónitas,
las desnudas estrellas
de sus ojos,
y en su temblor estallan,
frágiles, las esferas
para volverse lluvia
imperceptible
que acaricia los labios de la noche.

Miguel Ángel G. Yanes


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018.
EN MITAD DEL INVIERNO
(A Bernardo Benítez Falcón)


Una cortina de cristal ondula
a nuestro paso. Frías
sus múltiples gotas
repican insistentes
en la piel cenicienta de la tarde.

Poco a poco, la luz
se estrecha en los portales.
Persigue nuestros pasos
como huyendo también de la tormenta
que incipiente resbala
sobre desiertas calles.

El invierno se parte en dos mitades
con el ruido del trueno.
Un perro vagabundo,
con el rabo metido entre las patas,
huye presto a esconderse
bajo el vientre de un coche.

Tras el vaho adherido a las ventanas
humea una montaña
dorada de espirales.

Codo con codo entramos.
Agua y viento penetran con nosotros.

- ¡Por favor! Dos chocolates y churros
para cuatro.

Sorprendido, el camarero escruta
las dos sillas vacías.

- No se preocupe usted, que no les gustan
las bebidas calientes.

Miguel Ángel G. Yanes


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019.
CHARCOS DE LUZ 
(A Blanca Fdez. Palacio)


 Charcos de luz sobre la mar. Las barcas
en el párpado rosa de la aurora,
levemente pintadas, se estremecen
en el recuerdo acuoso de la pesca:
sangre nocturna y escamas parpadeantes
como trozos perdidos de su luz
por la pálida luna.

Las redes, aún húmedas, tendidas
en la negra epidermis de la playa
descansan, fatigadas, tras la cruda
faena de la noche: miles de gritos
que nadie oye en sus rotundos nudos.

Charcos de luz sobre la mar se expanden,
tocan el horizonte, vierten
una marea luminosa
con absoluta desesperación
para inundar un universo mágico
que imperceptible casi
en las nocturnas sombras pervivía.

Miguel Ángel G. Yanes


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020.

LA CABELLERA DE LA ESPUMA
(A Cándida Mtnez. Pecci)
 

Con frenesí agitada,
la cabellera de la espuma siembra
de sal la luz azul.

El aire es un efímero
universo de esferas diminutas
donde se rinde el mar.

Los pájaros no pueden volar
entre una infinitud
salobre de barrotes
en esta cárcel de agua.

Se antoja bruma el sueño
que humedeciendo el valle trepa
por sus glaucas caderas.

No en vano, es la isla mujer.

Miguel Ángel G. Yanes


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021.
EL VAMPIRO DE LA LUNA LLENA
(A Carl Gustav Jung)


La luna está bajando
despacio por su frente.
Toca el borde sediento
de sus labios y besa
la pretérita huella
de una pálida boca.

Vuela en su luz al cuello
de esta mujer dormida,
el vampiro que habita
su corazón estéril:
oscura vacuidad
donde el silencio hiere
con millares de agujas.

Los agudos colmillos
hunde en la carne
de la garganta: chupa
con especial deleite
la roja quintaesencia
de su cuerpo que invita
desnudo, a una caricia
más íntima, no en vano,

lo inconfesable
de su sueño radica
en la atracción que siente,
por encima del atávico miedo,
hacia la criatura
terrible que la envuelve.

Y estremecida espera
que, cada plenilunio,
hasta su lecho lleve,
entre sus membranosas
y puntiagudas alas,
el impulso sexual
que la libere.

Miguel Ángel G. Yanes


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022.
 NÚBILES Y ENGAÑADAS
(A Carlos Epifanio Marrero)


Entre dos mares blancos,
de nubes, el volcán,
ocre y atento atisba
por esa franja estrecha,
la inmensidad salina
donde sus hijas duermen.

Tendidas sobre un sueño
azul de soledades,
celestes y marinas,
núbiles y engañadas,
reposan tras el llanto
con sus doradas frentes
perfumadas de sol;
con sus negros cabellos
evanescentes, otras.

Es amargo el silencio
que las recubre. Duele.
Y la cólera oculta
del volcán se refleja
en el rubor que inunda
las trémulas orillas
de los flotantes mares.

Miguel Ángel G. Yanes


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023.
VELIS NOLIS
A Carlos Lorenzo Pérez


Lo quieras o no
estás imbricado
en el mundo que habitas:

como una teja más
del gran tejado,
como otro nudo prieto
de la urdimbre,
como una pluma,
un hueso,
o una escama,
recomponiendo sueños
entre dos horas mágicas.

Lo quieras o no
estás haciendo
lo que viniste a hacer,
ni más ni menos.
Sin entender acaso
las razones,
los ocultos motivos,
los impulsos,
la desazón terrible
de no saber si somos
o no somos.

Sin embargo,
lo quieras o no,
la soledad te busca
y encamina.
El dolor y la lucha
te redimen;
abren brechas de sol
en tus pupilas.

La amistad y el amor
estrujan,
hasta la última gota,
su sed de corazones.
la enemistad y el odio
también estrujan
heridos corazones
hasta la última gota.

Lo quieras o no
sólo queda el efímero
recuerdo del placer,
la terrible emoción
de haber vivido
sin saber para qué,
aunque a veces te asalte
la sospecha.

Mas un día el silencio
se clavará con fuerza
en tus pies y tus manos,
elevando despacio
tu ser a los confines
de este universo mágico.

Y...lo quieras o no
llegarás a la estrella
que te asignó el destino,
y en la transparencia
nítida de tu frente
quedará el brillo intacto
de su luz, desvelando
el profundo misterio
que presientes.

Miguel Ángel G. Yanes


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024.
VOLVERÁS A PINTAR
(A Carlos Miguel Bethencourt, in memoriam)


 Te he visto descender la calle pina
con una boina azul, un calzón ancho,
la inmaculada blusa salpicada
acaso de sangre o de pintura
y tirantes de mar sobre la espalda.
No he querido llamarte;
sé que iniciabas hoy un largo viaje.

Te vi marchar
flotando casi sobre las piedras frías,
parsimonioso, tenue, apenas bruma,
carente de equipaje,
sin bártulos que puedan denunciar
tu oficio de pintor a las estrellas.

Nada llevas y nada necesitas,
pero no viajas solo,
van contigo las técnicas pictóricas
al uso y en desuso,
los colores, las musas
y todos los pintores
desde que el mundo es mundo.

Volverás a pintar, que no te quepa duda,
pero lo harás sin lienzos, sin pinceles,
sin trementina, ni aceite de linaza;
no necesitarás barnices, hiel de buey,
ni aglutinante, gel o goma arábiga.

¡Sólo la luz!
con ella pintarás amaneceres límpidos
de rosáceos fulgores,
añiles cúpulas para cubrir el alba,
dorados mediodías,
anaranjadas tardes,
rojos ocasos,
hasta que el manto oscuro de la noche
vuelva a cubrirnos con esa soledad
que en nuestras almas pesa.

Y volverá la angustia de la sombra
a eternizar la espera,
y aguardaremos, tensos,
que tu luminiscencia nos alcance
para crear de nuevo
un universo mágico.

Miguel Ángel G. Yanes


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025.
 EN UN CHARCO VIOLETA
(A Carlos y Mary)


Nieve en polvo cubre las largas avenidas.
Tímidas hojas flotan
en un silencio hecho de sueños de cristal.

A la orilla del mar, blanca, fulge la playa;
rielan las barcas, mecen sus vegetales cuerpos
en el ritmo ondulante de minúsculas olas.
Sus vientres se han cubierto
del albo resplandor de las heladas gotas.

Duermen las viejas redes sobre la arena y quedan
arropadas también
por la sábana fría que los cielos extienden.

En un charco violeta,
donde un abeto entierra sus múltiples raíces,
nadan, ríen y juegan
divertidas estrellas que en la extrema
soledad de sí mismas
destellaban tristeza desde la infinitud.

Un pájaro marino intenta picotearlas
pero sólo consigue
una mancha violácea que, hasta el alba,
le hará ser diferente a los acróbatas
nocturnos de su especie.

Miguel Ángel G. Yanes


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026. 
Y SE FUERON LOS PÁJAROS CON ÉL
(A Carmelo Chaparro, in memoriam)



Murió Carmelo y se fueron también
Tras él, todos los pájaros cantores.
Canarios, belgas, mixtos y remixtos
Que poblaban su casa y su balcón
Dejaron de llenarnos la mañana
Con sus alegres trinos. 
Y el barrio se volvió
Un poquito más gris que de costumbre
Y así nos va, tristes y cabizbajos,
Escuchando un arrullo de palomas
Que se han hecho las dueñas de la calle.

Ojalá donde Carmelo habite,
Más allá de este mundo de las formas, pueda,
Transmutados sus pájaros en primorosas
Aves de luz y de cristal tallado,
Con encendidas plumas refulgentes,
Entonar cantos cósmicos que tornen
Más amena la soledad a esa diosa
A esa mujer galáctica que nos acoge
En su materno seno universal… de nuevo.

Miguel Ángel G. Yanes


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027.
 EN LAS CRESTAS DE ANAGA
(A Carmen Teresa Delgado)

 

Cuando ascendimos a la más alta cumbre
para otear el valle de Taganana, vimos
como intentando premiar nuestra osadía,
las nubes decidieron bajar a nuestro encuentro.
Mas, celoso, el altivo y pendenciero viento
presintió la caricia de las brumosas manos
y sopló, intransigente, desde la mar su furia.
Subió por los barrancos, trepó por las laderas,
ascendió hasta las cimas de las montañas negras,
azotó nuestros cuerpos, quebró nuestra atalaya.
y en blanquecinos rizos, las nubes, asustadas,
huyeron a los cielos perpetuos del mañana.

Miguel Ángel G. Yanes


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028.
APRENDIZ DE ATEO Y DE POETA
(A Casiano Expósito Riera)


¡Vaya! Si Dios no existe
Nos engañaron y eso
Dimos por cierto inútilmente.

Cuenta las veces que,
De niño, dijeron los mayores
Que Dios nos vigilaba.

¡Había que ser bueno!
Una y mil veces
Esa frase diaria nos seguía.

("Ser bueno, lo supe con los años,
era hacer siempre lo que ellos dijeran")*

Pero allí, en las esquinas
Infantiles del alma,
El sonsonete era

También un borde, un filo,
Una arista cortante:
Cuchillada...

Un arma, a fin de cuentas,
Hecha de miel
Y versos puntiagudos

Que, a diario, escribía,
Con temor y con rabia,
Éste, tu amigo-caracol que viene

Lento, lento... tan lento,
Que sigue siendo aún
Aprendiz de ateo y de poeta.

Miguel Ángel G. Yanes
(*) Rafael Amor

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029.
 MORNING HAS BROKEN
(A Cat Stevens)


Aún no toca un rayo de sol
la somnolienta ciudad que en nuestros ojos pesa.

El presuroso girar de los neumáticos
va secando su piel de humedecido asfalto
y una tenue neblina nos mantiene
tensos y estáticos, desamparados casi,
frente al círculo rojo del semáforo.

Todo el mundo está atento, preparado
para cruzar sin dilación la calle,
sin reparar siquiera en esa luna
pálida y ojerosa, que bosteza
harta de tanto y tanto trasnochar.

Nadie parece ver al lucero del alba,
partícipe también de su nocturnidad,
hacerle un guiño cómplice, una leve,
amorosa, señal de despedida;
ni al mirlo que, de teja en teja, salta
buscando algún insecto para desayunar.

Pero de repente… ¡Oh! ¡milagro!

Todos alzan la vista al escuchar
el profundo rugido de un avión
frío, liso, brillante, atronador,
que en dos mitades, con su humareda rasga
la frágil piel de un cielo apenas tibio.

Aún sigo sin saber si alguien ha reparado
en la negrura del mirlo, el brillo del lucero
o la opacidad blancuzca de la luna.
Mucho me temo que esto no ha sido así,
porque han tornado todos, al unísono,
a mirar el semáforo anhelantes
y, de reojo, las puntas de sus pies.

Miguel Ángel G. Yanes


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 030.
PIERROT
(A Cirilo Orán Sacramento)

Anda la soledad
vestida de Pierrot
tocando las esquinas
de esta ciudad perdida
bajo la niebla. Busca
comprender el sentido
de la niebla y la esquina.

Bucólica sonrisa,
sus labios suspendidos
en blanco difuminan
la forma de una lágrima
lejana qué el olvido
no ha podido arrastrar.

De entre las campanas
rumorosas de seda
de las mangas, escapan,
albas y sutiles,
dos tímidas palomas
que persiguen un cielo
lejano de andoriñas.

Rozan sus pies, descalzos,
un frío pavimento
de baldosas que huyen
en el temblor rojizo
de su quietud y alcanzan
las orillas de un mar
neblinoso de nardos
donde no existe el ángulo
perfecto de la esquina.

Todo es aroma y niebla,
todo silencio, espejo
donde la soledad
se repite insistente
con su disfraz de sueño.

Miguel Ángel G. Yanes


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031.
UNA LLUVIA BLANQUÍSIMA
(A Cristina Estévez Artiles)


Perfumadas, minúsculas,
inundan el otoño
de luz sobre las ramas
incólumes del sueño.

Y cuando el viento sopla
intempestivo, escapa
una lluvia blanquísima
de pétalos al agua.

En su mejilla posa
el árbol encantado
su grávida esperanza.

Miguel Ángel G. Yanes


******************

032.
BAILANDO SOBRE TALCO
(A Cristina Jorge Sánchez)


Danzando sin cesar
sobre una tenue alfombra
de blanquecino talco,
perdiste pie en un giro
fugaz, y un golpe heló,
de pronto, la alegría
de la fiesta; tu cuerpo
contra la dureza
del granito estrelló
la luminosidad
de su sonrisa.

Rota muñeca fuiste
envuelta en una nube
de polvo blanco y gritos.

La música detuvo
su impetuoso fluir.
Cesaron al unísono
las palmas y los golpes.
Y un rictus de dolor
frunció tu frágil boca,
desmadejó tu rostro,
anegando tus ojos
en un mar de sal fina.

Lo intentaste tú sola,
pero el punto de apoyo
que buscabas cedió.
El excesivo peso
del dolor impedía
el intrépido acto
de elevarte.

El mundo se rompió
para ti en mil pedazos
cuando viste, aterrada,
tu fracturado brazo
y el solitario piano
flotando tras la bruma
lunar de los espejos,
dejando ver, abierto
de par en par, las hebras
del silencioso sueño
gestado en tus entrañas.

Pero yo siempre supe
que aparte de la luz
de la armonía, eras
la luz de la constancia.

La perseverante muchacha
cuyas manos,
ingrávidas gaviotas,
sin cesar, aleteaban
sobre un mar blanco y negro
de cristalinos peces
que intentando huir de ellas
salpicaban el mundo
con sus mágicas gotas,
aliviando las almas
de dolores,
de terribles olvidos
y de miedos.

Más temprano que tarde,
supe que volverías
al sagrado misterio
de tocar.

Miguel Ángel G. Yanes


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033.
ESE PUNTO DE LUZ
(A Eduardo Molowny)



Abro los ojos
cuando la noche aprieta
los sueños contra el pecho
y descubro el silencio
de ese punto de luz
que sorprendido escapa
hacia el ángulo triedro
donde mi estancia acaba. 

Miguel Ángel G. Yanes


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034.
 LA ÚLTIMA NEVADA
(A Electra Ojeda)


Blanca,
pura,
fría,
la nieve,
adherida al volcán,
con suavidad resbala
tras el verde
terciopelo del valle.

La mañana despunta
entre algodones
húmedos que repiten
la añoranza del sol.

Taoro, revestido
con sus galas mejores,
asiste a la partida
del anciano viajero,
cuya helada sonrisa
ya se estaba poblando
de pájaros y flores.

Arrastra tras de sí
ese manto blanquísimo,
la última nevada
que en las lindes de Marzo
adorna e ilumina
las cumbres de las Islas.

El cernícalo grita
desde la altura; avisa
que la aurora despierta
tras un sueño larguísimo
de invisibles silencios.

De las águilas,
tan sólo un epitafio
corona el promontorio
oscuro, donde antaño
su majestad se alzaba
taladrando
los espejos azules
en una conjunción
perfecta de espirales.

Al pie de la colina,
blanca brilla la casa
arropada en murmullos
de rosa y buganvilla,
en cuya espina oscilan
las esferas brillantes
que les dejó el rocío.

A lo lejos, el mar,
blanda llanura
rizada por la espuma,
palpita, mientras hiende
un rayo fugitivo
su superficie y clava,
amorosa, la luz
en su líquida entraña.

Miguel Ángel G. Yanes


*******************


Debido a un problema técnico, y a un posterior intento, infructuoso por mi parte, de solucionarlo, esta página estática (que contenía un buen montón de poemas propios) se fue a hacer puñetas. Así que, una vez recuperado su índice, ahora me toca, poco a poco, ir localizando los ficheros de texto y las correspondientes imágenes para volver a reestructurarla. 
En ello estoy.
Ruego paciencia, porque ésta es labor para muchísimo tiempo, casi tanto como el que empleé en crearla.

Observen que la página está dividida en dos, ya que, el problema de marras impide unificarlas.

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