30/9/14

EL PLUMERÍO


A pesar del excesivo calor, no apetecía demasiado bañarse porque un ingente plumerío flotaba sobre las revueltas aguas de la playa, pero contra pronóstico, no eran de gaviota ni de cualquier otra ave del entorno marino. Eran plumas de pato, cuyo plumífero cadáver la marea batía insistentemente contra los cayados; un señor pato, de color blanco y negro, y buen tamaño y peso que, al parecer, buscaba con desesperación su perdida cabeza.


Los restos de una fogata que las olas intentaban lamer a toda costa, y un trozo de vela roja junto a ellos, vinieron a darme la pista del evento que, posiblemente, la noche anterior -noche de luna llena- aconteció en la pedregosa orilla de Puntalarga: un rito de sangre, el cruento sacrifico de un pobre animal, palmípedo esta vez, decapitado por una mano cruel para intentar ganarse los "favores" de alguna deidad adormecida en la obtusa conciencia del humano.


Miguel Ángel G. Yanes

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